Llegaron al salón de lo que parecía una mansión antigua y señorial y Rose, con su curiosidad de Ravenclaw, no pudo evitar preguntarse de quién sería aquella casa.

- Menudo estilo. – Comentó Molly, saliendo de la chimenea y sacudiéndose las cenizas. - ¿Quién organizaba esta fiesta, Dominique?

- Un chico Slytherin de mi promoción. – Comentó. – Zabini, no sé si le conocéis.

- Fue Delegado de vuestro curso, ¿verdad? – Preguntó la pelirroja. Creía recordarlo, pero no estaba del todo segura.

- Sí, junto a esa chica de Hufflepuff, Macmillan. – Contestó su prima.

Rose asintió. Ya sabía quién era, pero eso no la tranquilizó precisamente. Sabía quiénes eran sus amigos e, imaginaba, quién podía estar en la fiesta. Sin embargo, no comentó nada, sino que siguió a las demás hacia el lugar del que provenía la música. Atravesaron un pasillo y llegaron a una habitación inmensa, probablemente un antiguo salón de baile, lleno de gente. Todo el mundo bailaba, reía y bebía.

- ¡Qué empiece la fiesta! – Exclamó Molly dirigiéndose rápidamente a la mesa donde estaban las bebidas.

- ¡Está completamente loca! – Dominique comenzó a reír, pero en seguida la siguió.

Victoire entrelazó su brazo con el de su prima pequeña y comenzó a andar por la pista.

- ¿Eres consciente de que tendremos que llevarlas a casa, verdad? – Le preguntó, conteniendo una sonrisa.

- Completamente. – Rose sonrió. – Pero esto puede estar bien, ¿no?

- Seguro que nos lo pasamos genial y, quizás, conozcas a algún chico guapo. – Su prima enarcó una ceja.

- ¡Vic!

- Oh, venga ya Rose. – La rubia lanzó una carcajada. – Si alguien te parece mono no tienes más que decírmelo y yo te lo presentaré. Para eso estamos las primas mayores.

- No quiero nada con nadie. – La pelirroja negó con la cabeza. - ¿Por qué no le buscas alguien a tu hermana o a Molly?

- Ya sabes que Dominique se va el mes que viene a Rumanía a estudiar los dragones con Finnigan.

- Con el tío Charlie, ¿verdad?

- Exacto. – La chica se encogió de hombros y recorrió con la mirada la sala, en busca de la morena. La encontró bailando en el centro de la pista, con una copa en la mano y rodeada de chicos. – Y no creo que Molly necesite mi ayuda precisamente.

- Quizás la necesite para salir de esta. – Añadió Rose. Molly y ella no podían ser más diferentes: ambas eran bastante inteligentes, pero mientras ella estaba completamente centrada en sus clases, su prima solo pensaba en chicos y diversión. Cuando llegaron sus TIMOS a casa, su padre sufrió una gran decepción ya que había esperado mejores notas de las que la chica había sacado aunque, por suerte, había aprobado todo. Suspiró ante aquella escena. A Molly no le importaba nada y parecía realmente feliz, pero aquello no era lo suyo. – No sé, quizás deberíamos controlarla un poco.

- Dominique está a su cargo; tú, al mío. – Respondió Victoire. – Anda, vamos a por una copa nosotras también. Todavía no hay mucho ambiente.

- Como quieras.

Terminaron de dar una vuelta por la sala y se acercaron hasta la mesa de las bebidas. La mayor cogió dos vasos y los llenó con dos líquidos distintos. Le tendió uno a Rose, que la interrogó con la mirada. ¿Qué se suponía que era aquello?

- Está muy bueno, ya verás.

- ¿Lleva alcohol? – La pelirroja miraba el vaso tratando de averiguar si debía o no beber su contenido.

- Tienes 16 años, no te vas a morir por beber un poco. – Victoire sonrió.

- Se supone que mi prima mayor debería cuidarme. – Rose enarcó una ceja, pero levantó un poco el vaso.

- Y también que debería enseñarte mundo. – Chocó ambas copas y las dos rieron. – Yo no diré nada, si tú no dices nada.

- Trato hecho.

Por fin la chica se atrevió a probar la bebida. El primer trago le supo un poco amargo, pero el segundo le gustó más. Estaba bastante bueno y, desde luego, no era whisky de fuego.

- Te gusta, ¿verdad? – Vic enarcó una ceja.

- No está nada mal. – Respondió, con cierto desinterés. Ambas comenzaron a andar de nuevo.

- Lo sabía. – La mayor bebió un tragó y miró a su alrededor. – No veo a nadie interesante, esperaba encontrar a algún conocido.

- Zabini es dos años más pequeño que tú, no creo que conociera a muchos de tu clase. - Comentó su prima. – Además, la mayoría de tu promoción estará trabajando.

- Es una suerte que Teddy y yo hayamos podido coordinar nuestras respectivas vacaciones para tener desde mañana hasta la semana que viene libre. – Contestó ella.

- ¿Iréis a algún sitio?

- A Francia, quiero ver a mi tía Gabrielle y Teddy nunca ha estado en París. – Explicó, con la mirada iluminada. – Va a ser un viaje genial.

- ¡Qué envidia me dais!

- Si encontraras a algún chico tú también podrías hacer escapadas así. – Victoire la miró y tuvo que aguantarse la risa. Le encantaba fastidiar a su prima, aunque, a menudo, le decía aquellos comentarios en serio.

- No lo decía por eso. – Su prima negó con la cabeza.- Yo también quiero ir a París, pero mis padres no me llevan.

- Iremos juntas el verano que viene, ¿de acuerdo?

- Sería genial, Vic. – Rose bebió otro trago. No quería beberse la copa en seguida, pero tenía bastante sed. - ¿Crees que me marearía mucho si me la bebiera rápido?

- Probablemente. – Contestó la rubia. – No estás acostumbrada y, aunque no está muy cargada, quizás te sentara mal y tenemos que estar sobrias para poder llevar a estas dos de vuelta al apartamento de Teddy.

- A vuestro apartamento, más bien. – Puntualizó la otra chica.

- No vivimos juntos. – Victoire se sonrojó.

- Pasas allí la mayor parte del tiempo. – Rose comenzó a reír. – He escuchado a tu madre quejarse en casa de la abuela un millón de veces.

- Solo duermo allí algunas noches, cuando llego de San Mungo estoy cansada y está mucho más cerca que la casa de mis padres. – Dijo a modo de excusa, aunque ni siquiera a ella le sonó creíble.

- Oye, no te estoy acusando de nada, no veo mal lo que haces. – Su prima se encogió de hombros. – Teddy y tú lleváis mucho saliendo ya, estáis en vuestro derecho de vivir juntos si queréis.

- Muchos años, sí. – La rubia suspiró. – Pero mis padres no quieren que nos precipitemos, dicen que somos muy jóvenes, ¡como si ellos no se hubieran casado jóvenes!

- Su excusa es bastante buena, estaban combatiendo en una guerra…

Victoire asintió. Su madre le había dicho aquello miles de veces, siempre le aconsejaba que esperara antes de sentar la cabeza con alguien, que no siguiera sus pasos, que lo suyo había sido un acto desesperado, una boda de dos personas que temían que la muerte les llegara. Como había pasado con los padres de Teddy. Rose, al ver como la mirada de su prima se nublaba, se arrepintió de sus palabras. No debería haber dicho aquello, no quería estropearle la fiesta.

- Vic, lo siento, no quería…

- No te preocupes, Rose. – Su prima se encogió de hombros y, finalmente, sonrió. – No dejemos que el pasado nos arruine esta fabulosa fiesta. – Se bebió lo que le quedaba de copa de un trago. - ¿Vienes a por otra?

- Claro.

Las dos volvieron a la mesa, donde dos chicos se servían copas. Uno era rubio y el otro moreno y ambos llevaban ropas similares. Rose se detuvo, estaba segura de saber quiénes eran sin tener que verlos si quiera de frente. Malfoy y Nott.

- ¿Por qué no volvemos más tarde? – Dijo entonces, nerviosa. No quería ver a esos dos y, mucho menos, que ellos la vieran a ella.

- Solo hay dos chicos y parece que ya están terminando. – Contestó su prima, sin entender lo que sucedía. – No tardaremos, ya verás.

- No es eso, Vic, es que son…

Rose no pudo terminar la frase ya que los chicos se giraron y se encontraron frente a frente. Scorpius Malfoy abrió mucho la boca al verla mientras su primo fruncía el ceño.

- ¿Weasley? – Preguntó el rubio, aún sorprendido.

- Malfoy. – Respondió ella, cruzándose de brazos.

- ¿Qué haces tú aquí?

- He venido con mis primas. – Se limitó a responder la pelirroja. La mirada de los dos chicos se posó ahora en Victoire, quien frunció el ceño. Acababa de entender por qué la pelirroja había querido marcharse.

- Creía que nunca salías de la biblioteca. – Nott rió ante su propio comentario, pero guardó silencio ante la mirada enfadada de su primo.

- ¿Por qué no te vas a bailar con alguien, Theo? – Sugirió el rubio.

- Eres un aburrido, primito. – El moreno puso los ojos en blanco, pero se fue.

Los tres se quedaron en silencio; Rose y Scorpius se miraban fijamente el uno al otro, con cierto desafío en la mirada.

- Creo que voy a echarme otra copa. – Murmuró Victoire, rompiendo la tensión que se había instalado en el ambiente. Miró a su prima. – En seguida vuelvo, Rose.

La rubia se acercó a la mesa y, finalmente, Malfoy sonrió provocando cierto desconcierto en la pelirroja.

- Me ha sorprendido mucho verte aquí, Weasley. – Dijo. – Incluso pareces una chica, mírate.

- Tan agradable como siempre. – Rose escupió las palabras, fulminándolo con la mirada. - ¿Qué tal el verano?

- Genial, mis padres me regalaron una escoba nueva, último modelo, después de que llegaran mis TIMOS a casa. – Scorpius sonrió ampliamente. – Dudo que me haya superado alguien.

- Probablemente te equivoques. – La pelirroja sonrió con superioridad. – Es imposible que hayas sacado más que yo.

- He sacado Excelente en todo. – Dijo el rubio.

- ¿Incluso en Estudios Muggles? – Rose enarcó una ceja.

- Aunque resulte sorprendente, sí. ¿Y tú, Weasley? ¿Ningún Supera las expectativas?

-Pues no, Malfoy. – La pelirroja negó con la cabeza. - ¿Esperabas acaso ser más inteligente que yo?

- Tenía esa esperanza.

- Sigue soñando. – La chica miró hacia la mesa de las bebidas pero, para su sorpresa, Victoire se había ido. Frunció el ceño.

- ¿Qué ocurre? – El chico se giró y, al ver que la Weasley rubia había desaparecido, entendió la expresión de la chica. - ¿No me digas que te has perdido?

- No necesito niñeras. – Replicó ella, molesta. ¿Qué se creía? – Ya soy mayorcita para cuidar de mí misma.

- Ten cuidado o papá y mamá se enfadarán mucho contigo. – Scorpius lanzó una carcajada al aire, divertido por la situación.

- No saben si quiera que estoy aquí.

- Oh, eres toda una rebelde. – El rubio sonrió y le tendió una petaca. – Pero quizás, no lo suficiente.

- No pienso beber lo que sea que hay ahí.

- Solo es whisky de fuego. – Respondió el chico. – Pero con tu respuesta me demuestras lo que yo ya sabía: sigues siendo la misma niña pequeña de siempre. Lo mejor será que te vayas ya a casa, se va a pasar tu hora de dormir.

- Oh, por favor.

Rose le arrebató la pequeña botella y bebió un trago largo. El licor le quemó la garganta, pero le dio igual, en ese momento solo quería demostrarle a Scorpius que estaba completamente equivocado. Cuando paró de beber, se la devolvió al chico quien le dedicó una mirada de aprobación.

- ¿Algo más? – Inquirió ella. Le ardía hasta el estómago, pero actuó como si nada.

- Creo que te voy a proponer un reto.

- Todos lo que quieras, Malfoy.