Advertencia: En este capítulo Shaoran hace su primera aparición y no estoy segura de si su personalidad clasifica como OCC, pero prefiero prevenir que lamentar.
Notas al final.
"La Planificadora de Bodas"
Por:
rotten pumpking
-2-
—Buenos días, Sakura-san; aquí tiene la agenda actualizada y los pagos del mes —Yuuka le entregó un grueso fajo de papeles—. El problema que teníamos con el salón para el matrimonio de los Yamada se solucionó, pero de todas formas quieren hablarle. Insisten en que sea usted quien planifique su boda.
Sakura soltó un pesado suspiro.
—Diles que vengan mañana, tengo algo de tiempo libre; avísame también cuando llegue Meiling con la reportera, vamos a comenzar con el artículo para la boda.
—¿No iban a hacerlo después de la recepción?
—La novia quiere que cubran hasta el último detalle, así que voy a tenerla siguiéndome todo el día por una semana. ¿Ya llegó Tomoyo?
—La está esperando en su oficina.
—Gracias, Yuuka.
Atravesó las puertas dobles al final del pasillo. Su oficina era un desastre monumental. Había ropa por todos lados, toda suya, toda nueva, toda carísima. Saludó a Tomoyo con un beso en la mejilla y se desplomó en su silla con evidente cansancio.
—Estás usando Limi Feu* de pies a cabeza, te queda de maravilla —le sonrió—. Vas a ser un éxito en los desfiles.
Desfiles. En plural. Enterró el rostro entre las manos. Tomoyo tenía la culpa de todo. Durante los ensayos para su desfile, otros diseñadores la habían visto modelar y decidieron contratarla también. Cuatro desfiles la misma noche. Como recompensa, le habían regalado un sinfín de ropa y cuando quiso negarse a semejante regalo, ninguno aceptó un no por respuesta. Si se detenía a pensarlo, tenía suficiente ropa para los siguientes dos años.
—Esta es la última vez que desfilo para ti —amenazó sin mucha convicción—. Eres cruel, Moyo.
—Vamos, no exageres. Fuiste modelo por tres años, pero decidiste retirarte; no hay nada malo con retomar viejos hábitos. Además, eres excelente. Toshikazu Iwaya* no podía quitarte los ojos de encima.
—Mejor cambiemos de tema, ¿te parece?
—¿Ya te llamó el hombre misterioso?
Sakura tuvo que reunir cada onza de su autocontrol para no estrangularla allí mismo. Y no. Shaoran no la había llamado todavía. Tres semanas habían pasado desde su cumpleaños y el muy bastardo no daba señales de vida. No sabía porque le importaba tanto, pero realmente no podía evitarlo. Ese hombre se le había metido debajo de la piel. Una conversación de cinco minutos y ya flotaba por las nubes como adolescente enamorada.
—Ya lo hará —le respondía siempre—. Cambiando de tema, otra vez, quiero que me acompañes al Hilton esta tarde. Voy con Meiling y una reportera a reservar el salón y quiero compañía.
—No puedo, lo siento. Voy a ayudar a Eriol con una sesión de fotos a las tres.
—Maldición. No quería quedarme sola con ellas.
Tomoyo chasqueó la lengua.
—Tu miedo a los reporteros se está haciendo irracional, Sakura-chan. En unos cuantos días cientos de ellos van a tomarte fotografías y te preocupa enfrentarte a una sola porque va a hacerte preguntas sobre tu trabajo.
—Eres de mucha ayuda, ¿sabías?
—Por eso somos amigas.
La línea fija de Sakura emitió entonces un pequeño ruidito y la castaña levantó el auricular. Escuchó un instante y su cara se drenó de todo color.
—Ya están aquí. Quédate conmigo, por favor.
—Lo siento, cariño, pero es momento de que crezcas —la besó en la mejilla—. Nos vemos esta noche en el ensayo.
Salió de la oficina a la velocidad de la luz. Unos segundos después entraba Meiling embutida en un sugerente vestido de color negro.
—¿Y la reportera? —preguntó al verla llegar sola.
—Esperando afuera, pero eso no importa ahora, tenemos problemas —se sentó frente a Sakura, temblando ligeramente—. Ren no va a venir a la prueba del vestido. Ni a ninguna otra.
—¿De qué estás hablando?
—Tuvimos una pelea ayer, larga historia, pero dejó bastante claro que ya no tiene ningún interés en participar en los preparativos y que tú serías la novia hasta el día de la boda. Tienes vía libre para hacer lo que quieras.
Sakura se pasó una mano por el rostro. Lo que le faltaba. Había tenido que lidiar con novias temperamentales y desinteresadas en el pasado, pero nunca había tenido que hacerse cargo total de un matrimonio. La idea de que le diese rienda suelta a su voluntad no le agradaba en absoluto. Respiró profundo. ¿En qué demonios se había metido?
—La reportera está esperando ver a Ren en la casa de modas —finalizó Meiling, con el ceño fruncido—. ¿Qué vamos a hacer?
—Ya se me ocurrirá alguna mentira, pero por ahora le diremos que la novia no puede venir. Yo me probaré el vestido por ella, tenemos las mismas medidas.
—¿No te molesta tener que hacerte cargo de todo?
—Eso no importa, Meiling, esa mujer está pagándome por casarla. Mis intereses no tienen nada que ver.
—Si lo pones de ese modo… ¿La hago pasar?
—No quiero que vea mi oficina así. La conozco afuera —se puso de pie de un salto y recogió sus cosas—. Llamaré a la casa de modas a avisar que vamos más temprano.
—Gracias, Sakura.
—Ni lo menciones.
La reportera se llamaba Amuro Hikaru; era una atractiva mujer de cabello rojo cereza y lentes de montura gruesa; vestía de negro de pies a cabeza y una sofisticada cámara le colgaba del cuello. Saludó a Sakura con una respetuosa reverencia y de inmediato saltó a hacerle preguntas. La castaña las respondió lo mejor que podía. Sinceramente ese día su mente estaba en otro lado. Se sentía cansada, física y mentalmente. Esta boda estaba drenándola de energía y los ensayos para los desfiles remataban la faena.
Se fueron las tres en el auto de Sakura a la casa de modas al otro extremo de la ciudad. En el camino, Hikaru continuó con su entrevista, preguntándole como había comenzado su carrera en la industria matrimonial y cuáles eran sus opiniones en la nueva tendencia de casamientos occidentales. Sakura debía admitir que la muchacha estaba preparada para todo. Por eso agradeció cuando llegaron por fin a su destino. Dentro, una de las asistentes de la tienda salió rauda a atenderla y trajo el vestido cubierto con una funda plástica.
—¿Dónde está la novia? —preguntó.
—Hoy no podrá acompañarnos, pero yo me lo probaré por ella —Sakura le entregó a Meiling sus cosas mientras Hikaru tomaba fotografías del lugar y charlaba con los clientes y las demás dependientas—. Ya regreso.
Acompañó a la muchacha a un cuarto tras la sala de exhibición y se enfundó el vestido. La tela le ponía la piel de gallina y de repente le dolía el estómago. Era la primera vez en toda su vida que se ponía un vestido de novia y le dolía en el alma que no fuese suyo. No tenía planes de casarse pronto, pero de todas maneras era incómodo. Conteniendo la respiración, regresó a la sala. Sin atreverse a mirarse en el espejo, se subió en el pequeño podio mientras que la modista le hacía ligeras correcciones al vestido.
—Sakura, te ves… —pero Meiling no encontró palabras para describirla.
—Se ve hermosa, Kinomoto-san —dijo Hikaru mientras le tomaba en par de fotografías—. ¿Puede darme la espalda y mirar a la cámara a través del espejo?
No quería hacerlo, pero no le quedaba más remedio. Lentamente se dio la vuelta y todos los colores se le fueron de la cara cuando vio su reflejo. El vestido era hermoso, sin tirantes, cerrándose a la perfección sobre sus pechos. Una cinta trenzada de color negro le ceñía la cintura y la falda, llena de vuelos, le llegaba hasta los tobillos. No entendía porque su corazón estaba comportándose de esa forma. No tenía motivos para sentirse como se sentía y aun así estaba al borde de las lágrimas. Apretó los puños, serenándose, y entonces le clavó la mirada a la cámara.
—No hubo muchos cambios, pero la novia no puede subir de peso o tendremos problemas para reparar el daño —intervino la modista—. La próxima visita está agendada para la siguiente semana. Asegúrese de venir con la novia, Sakura-san.
Sakura asintió en silencio y marchó a cambiarse de ropa. No aguantaba un segundo más en ese vestido. Soltó un aliviado suspiro cuando estuvo de regreso en sus pantalones y chaqueta e incluso su humor mejoró un tanto.
—¿Qué es lo que sigue? —preguntó Hikaru.
—Tenemos una cita en el Hilton para la reserva del salón y eso es todo por hoy —repuso Sakura de forma mecánica y se encaminó a la salida.
El camino al hotel lo hicieron en silencio. La recepcionista del lobby reconoció a Sakura y de inmediato llamó al encargado de las reservaciones. El hombre las recibió cinco minutos después y de inmediato las guio al cuarto piso, dónde quedaba el salón de eventos más grande del hotel.
—De acuerdo con las especificaciones que me envió, Kinomoto-san, el salón Kiku* es el que más se ajusta a sus necesidades. Tiene capacidad máxima para 1.200 personas, pero haciendo unos cuantos arreglos es posible incluir 100 más —le entregó una pequeña carpeta—. Ahí están las medidas de la sala y la lista de servicios que ofrecemos. ¿Van a rentar una suite matrimonial?
—Sí, pero quisiera que me envíe el catálogo virtual de las habitaciones para consultar con los novios y un contrato de arrendamiento con la cotización por el precio final.
—Por supuesto. ¿Algo más con lo que pueda ayudarla?
—No por ahora, esperaré por la información y entonces hablaremos. Muchas gracias.
Y tan rápido como habían llegado, se marcharon. Detalle que a Hikaru no se le pasó por alto.
—¿Todas sus reuniones son así de cortas?
—Depende, pero en este caso no hay mucho por hacer y aún contamos con tiempo de sobra para afinar detalles. ¿Tiene más preguntas?
—Por el día de hoy han sido suficientes. ¿A qué hora debo estar en su oficina mañana?
Sakura se lo pensó unos momentos.
—A las nueve, mañana tenemos la cita para decorar el pastel y la selección de aros. ¿Meiling, quieres que las lleve a algún lado?
La pelinegra negó.
—Tranquila, yo tengo unas cuantas cosas que hacer por esta zona y Hikaru se quedará conmigo. Gracias, Sakura. Nos vemos mañana —se permitió darle un breve, pero fuerte abrazo.
—Hasta mañana, Kinomoto-san. Fue un placer conocerla.
Sakura esperó a que las dos mujeres se perdiesen entre la multitud antes de regresar a su auto y marchar a su oficina.
Sakura soltó un cansado suspiro al tiempo que le daba un trago a su café en un intento de mantenerse despierta después de un día agotador. Había dejado el auto en el estacionamiento y había corrido a la cafetería más cercana. Se pasó una mano por el rostro. Su trabajo ya era complicado y ahora que tenía una reportera pegada a los talones se había puesto peor. Además tenía ensayos esa noche. Quería meterse en la cama y dormir tres días. Necesitaba un descanso. Pero era imposible, tenía demasiadas cosas que hacer.
—¿Sakura?
Le tomó un minuto reconocerlo. De camisa blanca, vaqueros ajustados, mocasines, parecía sacado de una revista. En la luz del atardecer su cabello castaño relucía en tonos ocre y sus ojos, de un ámbar profundo, parecían otro líquido. De todos los lugares en los que había esperado encontrárselo, su oficina era el último.
—Shaoran, que sorpresa —podía hablar como la gente normal, eso era buena señal—. ¿Qué haces aquí?
Le sonrió y vaya que le sentaba bien. Se abofeteó mentalmente y regresó a la realidad.
—Vine a verte. Te debo una disculpa por no haberte llamado como lo prometí.
¿Estaba escuchando bien? ¿Había ido a buscarla? Entonces se percató del problema.
—¿Cómo sabes dónde trabajo?
—No fue difícil encontrarte. Busqué tu nombre en internet y salió tu foto. ¿Enserio te dedicas a planificar bodas?
—Es la pasión de mi vida —repuso medio en broma, medio enserio. Todavía no se recuperaba de la impresión—. ¿Quieres pasar?
—En realidad quisiera invitarte a comer, si es que no tienes inconveniente.
Sakura se lo pensó unos momentos. Tomoyo era la única diseñadora para la que ensayaría esa noche, así que de seguro entendería la razón por la que cancelaba sus planes. Antes de darse cuenta ya había tomado una decisión. La llamaría desde el restaurante.
—No hay problema.
—Perfecto.
Algo en el tono de su voz le puso la piel de gallina.
Continuaron calle abajo, buscando un sitio, hasta que dieron con un diminuto puesto de ramen atrapado entre dos edificios. Se sentaron a la barra y ordenaron de inmediato.
—Lamento no haber llamado antes. Tuve unos cuantos… inconvenientes —su expresión se ensombreció un tanto.
—No te preocupes, tienes una vida que atender.
—Es por eso que estamos aquí. ¿Tu oferta sigue en pie?
—¿Oferta?
—Necesito hablar con un desconocido.
Claro, lo había olvidado. El atrevido ofrecimiento que la había llevado a esa situación.
—Cuéntame tus problemas.
Shaoran soltó una carcajada.
—Si no te molesta, prefiero dejarlo para después de comer. No es un tema que deba tratarse con el estómago vacío.
—Suena bastante grave.
—No se me habría ocurrido esa definición, pero sí, grave es una buena palabra para describirlo. ¿Hace cuanto tiempo te dedicas a planificar bodas?
El súbito cambio de tema la tomó por sorpresa. Respiró profundo para calmas sus nervios y la curiosidad que se la comían por dentro.
—Seis años, más o menos. Es bastante divertido.
—Yo no podría hacer algo así. Carezco de tacto y paciencia, además que las novias dan miedo. Se vuelven locas con los preparativos.
—Dímelo a mí; yo tengo que lidiar con ellas todos los días. ¿Trabajas?
—Manejo la compañía familiar, aunque no es mi mayor ambición.
—Siempre podrías dejarlo y dedicarte a hacer lo que tú quieras. Ya estás mayorcito para tomar cierta clase de decisiones, ¿no te parece?
El castaño soltó un suspiro.
—Tienes toda la razón.
El dependiente les entregó en ese momento sus tazones de ramen y dejaron de hablar por un rato, agradecidos los dos de tener una excusa para no mirarse a la cara. Pero cuando la comida se acabó, no les quedó más remedio que seguir hablando.
—Estoy llena —dijo en voz baja. La curiosidad iba a matarla.
Shaoran la miró fijamente unos momentos, decidiendo si es que aquella mujer era persona correcta para confiarle el secreto tan grande que traía a cuestas. Se la veía honesta y sensata, para nada como la clase de mujeres a las que estaba acostumbrado. Por un instante deseó que fuese Sakura quien estuviese metida en el mismo problema que él y no esa otra mujer.
—¿Pon dónde empiezo?
—Por el principio.
—No es una historia larga, pero sí complicada y se resume en una simple conclusión: voy a casarme —las palabras habían brotado de su garganta con pasmosa facilidad y aun así se le desbocó la respiración y comenzaron a temblarle las manos.
Por su lado, Sakura no podía creer lo que acababa de escuchar. Shaoran iba a casarse. Por fin conocía un hombre que le movía el piso y el maldito estaba comprometido. Tenía una suerte del asco. Se encargaba de que las parejas se casaran para toda la vida y era ella la gafada con las relaciones. Mierda de vida.
—¿Qué? —atinó a preguntar.
—Es un matrimonio arreglado —sonaba aliviado—. No le he contado esto a nadie. Es un secreto.
—¿Tus amigos no lo saben?
—No tengo amigos y supongo que mis clientes no cuentan, pero mis hermanas no están enteradas; si lo supieran matarían a mi madre y luego me matarían a mí por aceptar.
—¿Y era de esto de lo que querías hablar?
—Básicamente.
Sakura se pasó una mano por el rostro.
—Gracias por la comida, Shaoran, pero tengo que irme.
Se bajó del taburete de un salto y echó a correr a la salida. Tenía que ser una puta broma. No se lo veía mala persona, pero allí estaba, un hombre comprometido buscando el consuelo de una incauta mujer. Ella no iba a caer en esa trampa.
Shaoran la alcanzó afuera.
— ¡Sakura, espera! ¿Qué sucede?
—Si piensas que soy un pasatiempo o un plato de segunda mesa, te equivocaste de mujer. No tengo ningún interés en involucrarme contigo de esa forma.
Estaba furiosa, pero su enojo se transformó en confusión cuando Shaoran se echó a reír. La gente a su alrededor se lo quedaba mirando, alarmada.
—¿Estás loca? Nunca haría una cosa de esa clase, tampoco te estoy proponiendo que seas mi amante ni nada parecido —se acercó un tanto, eliminando poco a poco el espacio que los separaba—. No quiero casarme, Sakura. La mujer que escogieron para mí no tiene nada que ver conmigo; es preciosa, pero está vacía. He sacrificado mi vida por mi familia, cumpliendo cada maldito capricho. Pensé que por una vez me dejarían hacer mi voluntad, pero me equivoqué, de nuevo.
—¿Por qué me contaste todo esto?
Shaoran la observó en silencio y dio un paso hacia adelante. Estaban tan cerca que Sakura podía sentir la respiración agitada de Shaoran golpeándole el rostro.
—Necesito una amiga, una de verdad.
Aquellas palabras la desarmaron. Cerró los ojos un instante, tragándose sus emociones y le pidió disculpas por su desatinado comentario.
—No tienes de que disculparte, yo no me expresé de la forma correcta.
—¿Haces eso todo el tiempo? ¿Echarte la culpa de las fallas de los demás?
—No, en realidad, pero contigo me sale natural. ¿Puedo invitarte a tomar un trago?
Sakura consultó su reloj. Eran casi las ocho de la noche. Si se apresuraba tal vez podría llegar al estudio a tiempo para el ensayo.
—Esta noche no puedo, lo siento.
—Entonces nos vemos mañana, te llamaré durante el día. ¿Andas en auto?
—Sí, lo dejé en la oficina.
—Te acompaño.
Caminaron envueltos en una ligera conversación, haciendo preguntas sobre sus respectivos ritmos de vida. El tiempo se les pasó volando. Pronto llegaron a su destino.
—Gracias por invitarme a comer.
—Gracias a ti, por todo —le plantó un beso en la mejilla—. Nos vemos mañana, Sakura.
—Hasta mañana.
Se despidió con una sacudida de la mano y desapareció dentro del edificio. Subió hasta su oficina para recoger algo de su ropa nueva y la carpeta de la boda y luego marchó al estacionamiento. El camino hasta el estudio lo hizo perdida en una nube, su mente dándole vueltas a la velada más extraña de su vida. Había hecho un amigo nuevo de la forma más ridícula posible. Definitivamente lo había juzgado mal la noche que se conocieron. No era reservado para nada, o a lo mejor solo era así con ella. La idea le calentó el estómago pero pronto la hizo a un lado. No debía pensar de esa forma. Shaoran era un hombre comprometido y ella su amiga. Hasta allí llegaba el cuento.
La cancioncilla de su móvil interrumpió el silencio.
—Ya estoy llegando, Moyo, tuve un problemita.
"En realidad te llamaba a cancelar, las otras modelos tampoco pudieron venir, así que hasta ahí quedó el ensayo. Lo siento."
—No pasa nada. ¿Quieres que te recoja?
"Sí, gracias. Vamos a tu casa y así me cuentas porque me dejaste plantada. Te espero en la puerta. Nos vemos."
En cuestión de dos minutos Sakura detuvo el auto frente a una elegante casa de tres pisos dónde Tomoyo tenía su estudio y la tienda dónde vendía toda su ropa. La pelinegra se subió de inmediato y se pusieron en marcha.
—¿Estás hablando enserio? —Tomoyo no lo podía creer.
—Te lo juro. Está comprometido —aquellas palabras le dejaban un amargo sabor en la lengua—. Al menos me lo dijo.
—Bueno, ese es un punto a su favor. No sé qué decirte, Sakura. Por lo que me dices, es un hombre normal, pero ten cuidado, no quiero que te haga daño.
La castaña asintió en silencio.
—Somos amigos, Tomoyo, por más raro que suene. Nada va a pasar entre nosotros, nunca, así que quédate tranquila.
Su amiga le sonrió sin mucha convicción.
—¿Y cuándo se verán de nuevo?
—Dijo que me llamaría mañana.
—Esperemos que esta vez lo diga en serio.
Primero que nada, gracias por sus reviews en el capítulo anterior. A quienes pude hacerlo, les respondí por interno. A las demás, les digo gracias por aquí. Segundo, espero que hayan pasado unas felices fiestas y que el año esté tratándolas como se debe. Tercero, lamento la demora. He tenido un principio de año bastante movidito, así que mi tiempo e inspiración han caído en picada, lo que me lleva al cuarto asunto del que quisiera tratar con ustedes: este capítulo no termina de convencerme. Es básicamente el borrador inicial de lo que había planeado para un capítulo mucho mejor, pero la cabeza ya no me da para más. La vida me está rostizando a fuego lento últimamente y hasta consideré dejar de escribir por unos meses, pero me senté frente al computador y me exprimí hasta la última neurona. No voy a abandonar esta historia cuando recién comienza, espero que puedan entenderme. Muchas gracias por su paciencia. El próximo capítulo será muchísimo mejor, lo prometo. Por favor, dejen sus comentarios, que realmente los necesito. Dewa.
calabaza.
GLOSARIO:
Limi Feu: es una exitosa diseñadora japonesa que debutó con su marcha en el año 2000 y cuyo estilo se basa en la ropa de cortes asimétricos, capas y colores oscuros. Su ropa tiene una vibra bastante punk y citadina y se ha hecho famosa por el uso de poco convencionales modelos en las pasarelas, como mujeres embarazadas y mujeres con tatuajes.
Toshikazu Iwaya: Es el fundador de Dress Camp, una marca que resalta por sus diseños llamativos, colores fuertes y un estilo inspirado en las pasarelas de alta moda, recurriendo regularmente a estilos de épocas pasadas.
Kiku: Es el nombre de un salón de recepciones que realmente existe en el Hilton Tokyo Hotel.
