Walking dead no me pertenece ni sus personajes. Algunos de los que se encuentran aquí si son de mi autoria pero solo forman parte de la imaginación de este universo.

"Si solo hay dos galletas para alimentar a cuatro partía una galleta en cuatro para engañar al hambre, la otra de reserva hasta encontrar un tarro de galletas pero si alguien del grupo roba es una lástima que tengamos que córtale una mano, es lo justo"

Jung Rhee

Era extraño, normalmente Jung y su hermano debían estar en la escuela pero algo debía haber ocurrido, algo importante porque su madre había salido temprano y ellos habían pasado un rato con Bunny y su tío Daryl. Era un poco triste pero para Jung Daryl era como su papá: era el hombre que ayudaba en los desperfectos de la casa, jugaba con ellos en ocasiones y se preocupaba por todos así que era lo más cercano que tenía como papá aunque su madre le inculcaba el amor por su padre contándole cosas de su padre todo el tiempo excepto su salvaje muerte.

A veces Jung en sueños recordaba un hombre que de modo cariñoso lo acunaba pero no recordaba caras; su hermano Conrad hacia lo mismo pues se lo contaba en ocasiones, se contaban todo y por eso Jung le había narrado su esperanza de que algún día su mamá y tío Daryl estuvieron e inclusive había envidiado a Giselle por el papá que tenía pero conforme fue creciendo se dio cuenta que cada quien debía vivir con sus inconveniencias.

—Ey, Greens —les llamó uno de los chicos del pueblo, un chico pecoso.

Jung y Conrad saludaron al amigo de camino a casa del tío Daryl, todo el mundo los llamaba "greene" a pesar de que su apellido era Rhee pero ellos estaban orgullosos de su mamá así que no importaba.

—Escuchamos rumores, parece que alguien atacó un pueblo vecino y destruyó todo— habló nada más los tuvo cerca, conforme decía eso se puso pálido.

—Son rumores— contestó su hermano Conrad —O de lo contrario nuestros padres estarían armados hasta debajo de las bragas—.

Jung puso los ojos, su hermano a veces podía ser mal hablado (influencia del tío Daryl) pero lo realmente alarmante era que no sabía tener tacto. Jung intervino al ver la cara de su amigo —Son rumores, mi mamá forma parte del consejo y no hemos escuchado nada—.

No es que hablaran de con ellos de eso, ni que las cosas del pueblo eran cosa de todos los días entre los niños pero incluso Jung a la edad de 12 años sabía que mantener la calma era importante. Su amigo más serenado se despidió de ellos y sin otro percance llegaron a la casa del tío Daryl que en honor a la verdad el tío tenía de un asco: ropa en todos lados, la cocina tirada y un largo etc.

Al parecer, la semana que Giselle tenía de resfriado había dejado al tío Daryl hecho polvo porque sus profundas ojeras se aferraban con mayor fuerza a su cara, al llamar a la casa el hombre se frotó la cara y les dio los buenos días. La casa no era tan grande en comparación con la suya pero también eran menos gente así que era perfecto para esa pequeña familia.

— ¿Pueden estar con bunny mientras preparo algo para comer? —les pidió un cansado tío Daryl.

—Por supuesto— contestó muy alegre Conrad mientras corría a la habitación de Giselle, Jung le miró con cuidado. Había escuchado de su madre que el tío Daryl hacia un sobreesfuerzo para compensar la ausencia de Beth y que posiblemente ni siquiera Carol podía ayudar en eso. Para Jung el tío Daryl era un excelente papá.

—Cuidaremos de Bunny el resto del día para que pueda dormir— dijo Jung antes de ir con su hermano.

Giselle respiraba de manera difícil y tosía con mucha fuerza, Conrad era muy dedicado con su prima menor, si algo tenía de valioso su hermano era su amor incondicional para su Bunny como todos la llamaban de cariño. Él no era tan cercano como Conrad, su amor incondicional era para su hermano pero Giselle estaba muy cerca.

—Son mis primeras visitas— dijo su prima con una pequeña sonrisa.

Conrad le reprendió por querer hablar y comenzó a envolverla en la cama para que durmiera pero Giselle siguió hablando —Me gusta estar con mi papá pero quería alguien más aparte de los adultos—.

— ¿Qué hay de Judith? —pidió Jung con ternura.

Giselle se ocultó en las sabanas, a pesar de eso escuchó la voz llorosa de la niña —Yo tengo ocho años y ella trece, Judi es una niña grande y yo no lo soy—.

Vio la cara de Conrad llenó de enojo pero no dijo nada, el propio Jung debía reconocer que ellos también habían dejado de lado a su pequeña prima porque la consideraban más infantil; no tenían derecho a reprochar nada a Judith pero por la cara de su hermano sabía que este iba decir algo.

Judith estaba sentada riendo con unas amigas, solo pasaba el tiempo porque ese día había escuchado la discusión de su padre y Carl: los nómadas eran salvajes y estaban dañando a los pueblos cercanos; si querían sobrevivir necesitaban alianzas no solo comerciales como hasta ahora sino alianzas de guerra para protegerse. Su hermano no estaba de acuerdo porque podían meterse en peleas que no eran suyas y perder estrepitosamente pero su padre le había dicho que era conseguir alianzas o hacer que gente cada vez más joven se involucrara en las peleas.

A diferencia de otros niños ella iba las clases de defensa de los chicos más avanzados no solo porque había demostrado talento para ello sino porque ella casi había suplicado por eso, alianzas o no necesitaba convertiste en una guerrera.

En eso pensaba cuando aparecieron los gemelos Conrad y Jung, Judith adoraba a esos niños, en especial a Jung por esa tranquilidad que parecía irradiar a pesar de todo, había escuchado decir a Michonne que le recordaba a su abuelo.

Las niñas comenzaron a reír tontamente cuando ellos pidieron hablar con ella pero Judith sabía que era algo serio por la cara de Conrad, cuando se quedaron solos el niño soltó —Tú mala amiga—.

Judith le miró con extrañeza así que Conrad continúo —Tal vez a ti se te olvido pero exista una niña que se llama Giselle y ella ha estado esperando por tu visita ahora que está enferma—.

Judith sintió un dolor al escuchar el nombre, hacia un tiempo que no hablaba con ella porque era una niña pequeña y quería que siguiera así; era una persona a la que podías contarle secretos y no diría a nadie como cuando se había robado todos los chocolates de cocina y se había ido a comer con ella en un jardín, la habían descubierto con las etiquetas en la mochila pero bunny se echó toda la culpa.

Judith la quería mucho para contarle todas las cosas que sabía y que podían asustarla pero sabía que no iba a quedarse callada por toda la confianza que tenía con Bunny así que había optado por dejarle sola. Sabía todo lo que ocurría a Bunny porque su hermano Federic aun jugaba con ella pero no significaba que iba a acercarse a pesar de estar enferma.

—Yo no quiero ser su amiga más— contestó ella con calma.

—Pues yo no quiero ser tu amigo de nuevo— le contestó enojado Conrad.

—Si cambias de opinión Bunny va a estar esperándote— le dijo Jung.

Tanto Conrad como Judith le miraron con desconcierto, él dio in suspiro —Hay cosas que ya no podemos compartir con ella y los dos lo saben bien— el dúo bajo la vista solo un segundo.

—Yo amo a bunny pero no quiero jugar lo mismo con ella, tampoco quiero distanciarme de ella porque no me gusta verla triste y no me había dato cuenta porque casi nunca dice nada— contestó él.

Los tres se quedaron pensando un momento, Bunny no era de hacer muchos amigos porque aunque era muy cariñosa era muy tímida, eso y que algunos niños le tenían miedo, no ha ella en general sino a todos los que la respaldaban porque la última vez que un niño la había molestado tanto sus primos como Judith, Federic, Charles etc habían golpeado a esos niños.

Esa noche Judith había llorado en los brazos de su hermano Carl hasta quedarse dormida, ella le había contado lo mala amiga que se consideraba; Carl había sonreído y le había dicho que era normal por la diferencia de edad pero que después todo volvería a la normalidad cuando se acostumbraran pero Judith no había dejado de llorar.

Pero por la mañana Judith se había levantado temprano y había llevado un par de galletas consigo. Tocó la puerta de la casa de Bunny, Daryl le dejó pasar, a Judith le ardía la cara de vergüenza pero no iba a retroceder; tenía que disculparse con Giselle.

—Hace un tiempo que no vienes Judith— comentó Daryl cuando caminaban a la habitación de Bunny.

—Sí, lo siento tío Daryl—contestó.

El hombre se veía tan cansado como para formular una respuesta descente así que solo asintió con la cabeza —Cinco minutos, que tiene que descansar—.

En cuanto se quedaron solas Bunny quiso llorar y extendió los brazos; Judith dejó las galletas en la mesa de noche y abrazo a la niña rubia, comenzó a llorar —Te extrañe horrores—.

A los quince años los chicos del poblado salían de las murallas, podían entrar en las carreras y si lo deseaban, involucrarse más con las guardias o la seguridad del lugar. Era de un modo menos metafórico su paso a la adultez pues se había acordado eso para no tener que realizar alianzas; por un tiempo realmente funcionaba.

Judith había despertado esa mañana con una amplia sonrisa porque acaba de cumplir quince años; era su primera vez en conocer el exterior, su hermano Carl le había explicado que no era nada impresionante pero ella quería verlo con sus propios ojos. Saltó de la cama emocionada y al abrir la puerta de su habitación su hermano Federic que esperaba en la entrada le recibió con un abrazo.

No tardaron en aparecer los demás miembros de la familia para darle el obsequio que tenían contemplado: su padre, un aparato de música con discos pues la consideraba lo suficiente madura para entender que la electricidad era un lujo que en muy contadas ocasiones se debía utilizar; luego Carl con su pequeño pastel que había conseguido de quien sabe dónde y por ultimo Michonne.

Judith apreciaba y veía como un modelo a seguir a Michonne pero también reconocía que no era su madre; no era como Federic porque aunque siempre la había tenido en su vida en su mente tenía a Carol como una parte importante y muy ligeramente a Beth a quien apenas recordaba. A veces era incómodo para ambas pero normalmente eran la familia.

La joven Judith recibió una caja blanca de parte de la mujer; con curiosidad abrió el contenido y vio un perfume en una hermosa botella de cristal, Judith no era de perfume ni nada parecido, a decir verdad pocas veces usaba vestidos pero agradeció el detalle. Luego de un desayuno familiar se preparó para salir con su hermano y su padre al exterior.

Había escuchado sus instrucciones un millón de veces en estos tres meses pero tuvo que recibir las instrucciones una vez más: siempre cerca de ellos, no se iba muy lejos y un largo etc. Que apenas fueron escuchados cuando en la entrada sus amigos le deseaban buena suerte, ella era la mayor del grupo pero se emocionaba con ellos además que todos la apoyaban.

Salió de las murallas con el corazón en la mano y buenos pensamientos, Judith a sus quince años tenía el cabello castaño muy claro casi como si fuera de miel; los ojos azules y la piel blanca. Era un poco alta además de poseer los conocimientos de batalla necesarios para enfrentar situaciones duras aunque claro, en teoría porque nunca se había enfrentado a nada en vivo.

Ella estaba maravillado con tanto verde en los alrededores; su hermano le había platicado de algo que llamaban edificios pero no se parecían a los que tenían dentro de las murallas porque estos estaban cubiertos de maleza; llegar a la zona de edificios y casas era algo tardado por la distancia pero a Judith no le había importado porque estaba perdida con todo lo que veía. Inclusive el primer caminante que había visto en toda su vida.

Conocía sus debilidades, había visto los esquemas y entendía lo que eran pero al verlos moverse era distinto aunque estaban descarnados, podridos pero apenas movibles de igual manera la había impactado. La regla era no matarlos cuando no representaban peligro para conservar energía que en un futuro podías necesitar pero al ver esa criatura tan decadente su corazón había ganado sobre su cabeza y había apuñalado en la cabeza esa alma.

Su padre de inmediato la había regañado por romper las reglas y sin más había ordenado volver, a veces Judith podía aceptar la dureza de su familia pero no entenderla, por lo menos hasta ese día porque al volver encontraron humo que venía de la ciudad. Habían forzado la puerta y todo se había vuelto gritos y muerte: Judith vio por primera vez el ataque de los nómadas.

Había hombres y mujeres atacando a su comunidad, Carl le ordenó refugiarse en donde los simulacros pedían así que Judith nerviosa por todo corrió al lugar que tenía forma de iglesia pero en ese momento vio a un niño pequeño caer al suelo entre todo el ajetreo; algo en su interior se despertó y vio a Charles corriendo en otras partes.

— ¡Charles lleva a ese chico al refugio! —ella sacó su machete y corrió a la iglesia para asegurarse que Federic y Bunny estaban ahí.

Estaban siendo protegidos por Carol quien para su edad pelear abiertamente no era posible pero tenía un arma en su amo; las armas y balas ahora eran un bien escaso así que ella no planeaba usarlas mientras no fuera necesario.

Charles empujó al niño al interior y Judith cerró la puerta por fuera, Jung y Conrad tenían miedo igual que otros de los jóvenes de la zona; por primera vez Judith deseo no ser la mayor del grupo para no tener que infundir valor—Vamos a proteger a los de adentro, nadie se mueve de aquí y si alguien quiere cruzar lo matamos—.

El pelirojo Charles sonrió —Ya saben, lo de todos los días—.

Judith quería reprochar a Charles pero el humor des estresó al resto del grupo y Judith se quedó de pie con su machete en la mano; en ese momento apareció una mujer que era más alta y fuerte pues lanzó un hacha que apenas pudo evitar la joven. Sin pensarlo dos veces se lanzó a la pelea pero fue recibida por un puñetazo en el estómago, Judith quería vomitar y el aire le hizo falta pero no perdió el tiempo y clavó el machete en las entrañas de la mujer, ni siquiera vio el rostro, por inercia se movió para sacar el machete y cortar la garganta que le salpicó toda la cara con sangre antes de caer al suelo pesadamente.

La escena le dejó paralizada porque era la primera vez que mataba a una persona, soltó el machete de pronto ante el horror de lo que había hecho pero al momento los disparos la volvieron a la realidad; los nómadas huían del lugar porque su padre y otros hombres apuntaban con sus armas a matar.

Sintió el brazo de Charles en su hombro, se veía tan desencajado como ella así que Judith trató de dar la apariencia de que sabía lo que hacía, el olor a humo y los gritos ahora de organización de su pueblo se mezclaron con su dolor en el estómago. Les dijo a sus amigos que abrieran la puerta para que los demás salieran y en cuanto los más jóvenes habían estado frente a ella la vieron con horror.

Ella se tocó el rostro y se dio cuenta que la sangre comenzaba a secarse en su piel, Conrad y Jung caminaron a Judith pero ella solo negó con la cabeza; tenían que asegurarse que todos estaban bien, confortar a los lastimados y muchas cosas con las que tuvo que organizarse mientras el resto de su familia hacía lo propio.

Rick se había encargado de dejar las cosas lo más tranquilamente posible y se arrepentía de no haber hecho alianzas, por su parte el pueblo no dejaba de elogiar la cabeza "sensata de su hija" como le llamaban pero el propio Rick sentía que era el peor regalo que la vida le podía haber entregado a su pequeña. Fue a la casa donde el resto del pastel de la mañana estaba sin tocar, vio que su hija hablaba con Federic y Carl permanecía a su lado junto con Michonne.

—Judith— comenzó a decirle al verla, se acercó y la abrazó con todas sus fuerzas.

—Estoy bien papá, me entrenaron muy bien para esto— le dijo ella con mucha calma —Yo solo tengo que ducharme—.

Rick asintió, superar el primer asesinato costaría más de lo que ahora ella se quería hacer creer pero su familia estaba aquí para ella —Siempre te voy a amar—.

Judith usó la regadera con cuidado y vio el piso: la sangre escurría con la mezcla del agua así que ella comenzó a llorar, no importa cuánto se lavara sentía que nunca se iba a limpiar.

Lento pero seguro, la historia se mueve. Y tambien para sacar un poco de frustración: se llama plagio cuando solo cambias unas palabras por otras pero conservas la esencia del escrito. Esta bien que te guste el estilo de una persona pero no copies tal cual.