mi más reciente fic, les advierto, no esperen mucho, no estoy muy inspirada, pero es muy a mi estilo familiero y cómico.

solo aclaro que ZIM, DIB, SKOODGE, GAZ, MEMBRANA, IRKENS Y TODOS LOS PERSONAJES ORIGINALES DE LA SERIE SON PROPIEDAD DE JHONEN VAZQUEZ Y NICKELODEON

NIZ, VIVIAN, ZID Y DIX SON PROPIEDAD DE ELDAR LISSEN... LISWEN.. (ah, de Misuzu-chan) nunca me pego el nombre!


Un niño travieso

Gaz estaba concentrada en su trabajo como interna en aquel hospital. Todavía no podía creer que ese estúpido de Torke Smaky estuviera en su grupo como estudiante, aunque estaba segura de que el chico estaría mejor como espécimen de estudio, era un misterio como funcionara con tan pocas neuronas funcionales, y lo peor que estaba obsesionado con ella, dándose de galán.

Gaz estaba en la estación de enfermeras, cuando una fuerte explosión se escuchó muy cerca de ahí, para ser exactos, en la vieja eskuela primaria.

Gaz tomó su celular en sus manos suplicando internamente.

-¡No suenes! ¡No suenes! ¡No suenes! ¡No suenes! –pero fue inútil su ruego, un par de minutos después de la explosión, recibió una llamada del director.

Gaz ya conocía el número y sabía lo que iba a decirle, así que ni siquiera lo dejó hablar.

-Voy para allá,- dijo secamente y luego colgó.

-Gaz, Gaz, Gaz, - dijo Torque cantarinamente –Una chica tan linda como tú y con tantos problemas, mi preciosa, en serio, te admiro, no se como soportas a ese mocoso que ni tu hijo es –

-Cierra la boca, Torque, no estoy de humor, tenia planeado asistir a la cirugía del doctor Morgan, y creo que no voy a poder- Gaz comenzó a bajar las escaleras seguida de cerca de su entrometido compañero.

-Yo te entiendo, también soy padre soltero, mi esposa me abandonó…- dijo Torque dándose importancia.

-No me explico porqué – dijo la chica gótica con sarcasmo.

-Es un trabajo muy duro ser padre, pero no debes olvidar que los niños necesitan disciplina, Gaz, di-sci-pli-na – Puntualizó Torque, mientras Gaz caminaba hacia el vestíbulo.

-Creo que sé lo que necesita mi sobrino, Smaky, ¿por qué no vas a buscar a una rubia tonta para que entres a un armario de limpieza con ella a manosearse? – Gaz estaba a tan solo dos pisos de la planta baja.

-En serio, Gaz, debes enseñarle a ese mocoso quien manda, Dix ya tiene siete años y debe aprender a comportarse, y si te da problemas, solo toma una tabla gruesa y enséñale a hacerlo– dijo Torque dándose de experto.

-¿Tú haces eso con tu hijo? Creo que te acusaré a Servicios Infantiles – dijo Gaz con bastante enfado-

-Mi hijo no es un mocoso salvaje y malcriado como el tuyo – dijo Smaky sin pensarlo mucho. Los que lo oyeron retrocedieron asustados, pues sabían que nadie insultaba a Dix sin pagar las consecuencias.

Lo último que recordaba Torque fueron esos ojos que parecían emanar fuego, antes de caer por una ventana del segundo piso hasta los contenedores de basura, con todo su cuerpo adolorido.

Gaz caminó directamente a la oficina del sr. Elliot, su viejo maestro de primaria, el hombre le temía desde que era una niña, así que nunca se había atrevido a ser demasiado severo con Dix, por temor a que ella tomara represalias. En el interior sabía que estaba malcriando a su sobrino, pero lo amaba demasiado como para permitir que alguien con medio cerebro lo castigara.

Cuando llegó a la oficina, se encontró con Dix sentado con los brazos cruzados. Era increíble lo mucho que se parecía a Dib, solo que Dix era mucho más travieso. Dix miró a su tía con sus enormes ojos color miel brillando, tenía el ceño fruncido y parecía muy molesto.

-¿Qué rayos hiciste ahora? – gruñó Gaz.

-Nada – dijo mirando hacia otro lado.

-Eh, lo siento, Dix, pero lo que hiciste no se puede catalogar como "nada", creaste una explosión en la cocina – dijo con su habitual felicidad el sr. Elliot.

-¿Cómo rayos creaste una explosión en la cocina? – Gaz miró severa a su sobrino.

-Pues con dinamita – dijo el niño como si le preguntaran cuanto es dos mas dos.

-¡Lo que quiero decir es donde conseguiste la maldita dinamita, mocoso! – gruñó Gaz con furia.

-Esa es una pregunta diferente – Dix miró el rostro de su tía y pensó que no quería más problemas de los que seguramente tenía. – De la construcción afuera de la ciudad.-

-¿Y porqué rayos explotaste la cocina? – Gaz cerró su mirada con odio.

-Porque le dije a la cocinera que su comida era asquerosa, ella me dijo que si no quería no la comiera, que a los otros niños si les gustaba, le dije que a ellos no les gustaba, solo la comían porque no había algo mejor, ella me dijo que me callara y comiera, que era todo lo que había, yo le dije que el director debería derrumbar esa vieja y asquerosa cocina y hacer un comedor nuevo con comida agradable, y ella dijo que eso sucedería cuando esa cocina volara en pedazos, así que fue la cocinera quien me dio la idea.- dijo el niño tranquilo al terminar su relato.

Gaz se limitó a gruñir.

-Dígame cuanto suman los gastos – dijo la chica sacando su chequera, su padre le había dejado una buena herencia, además de que recibía la pensión por morir en un accidente trabajando para la ciudad, pero estaba segura que de tanto pagar por las diabluras de Dix, ese dinero iba disminuyendo drásticamente.

-Gaz, no se trata de dinero, bueno, si, pero también creo que esto es un grito por parte de Dix reclamando algo de atención, creo que deberías de… castigarlo un poquito, ¿No crees?-

-Escuché, Elliot, cuando Dix está aquí es problema suyo, haga con él lo que le plasca, en casa yo se lo que hago, no se meta- dijo Gaz de mala manera.

-Lo se, Gaz, es solo que, creo que está algo fuera de control, considero prudente que seas un poco más… severa con él…-

-¿Quién dice que no soy severa? – Gaz parecía a punto de desollar al primero que se le cruzara.

-E… él mismo – dijo el señor Elliot tímidamente. Dix solo levantó los hombros.- Por ahora, debo decirte que… Dix está suspendido hasta el lunes, lo siento, pero no puedo pasar por alto lo que hizo… ¿Tú lo entiendes, cierto? –

-Si, hace algo malo y lo castigan sin ir a la escuela, ¡Qué terrible castigo! – dijo con sarcasmo la chica. Dix se rió.- no te rías, no vas a estar de vacaciones.-

Gaz le hizo un cheque al señor Elliot y salió con Dix rumbo a casa.

Dix se sentó en el asiento del copiloto del auto negro de Gaz, e inmediatamente sacó un pequeño video juego de su mochila, pero Gaz se lo quitó.

-Nada de videojuegos, jovencito, estás castigado – le dijo molesta.

-Pero tía… - lloriqueó el niño.

-Pero nada, me sacaste del hospital cuando iba a asistir a una importante cirugía vascular, si vas a hacer tus diabluras, al menos hazlas cuando no tenga algo importante que hacer, porque si no…-Gaz no pudo terminar porque Dix la interrumpió.

-Tía, cómprame un helado – dijo el niño viendo su lugar de helados favorito.

-No- dijo Gaz secamente.

-Por favor- suplicó Dix.

-¡Que nó!- repitió Gaz.

-Por fis… - Dix usó el tonito de súplica que Gaz no podía resistir.

-No- gritó, pero detuvo el auto – cómpratelo tú, - le dio un billete de su cartera, y al tenerlo en sus manos, Dix corrió – y cómprame uno, ya sabes de cual me gusta –

Gaz salió y se sentó en una de las mesas mientras Dix volvía con dos grandes copas de helado con galleta y chispas en sus manos. Definitivamente, su sobrino le había cambiado la vida.

Gaz recordó la primera noche que tuvo al niño en casa. Ese irken, Skoodge, ni siquiera le había cambiado el pañal. El niño estaba rosado y sucio, y lloró cuando la chica lo bañó, aunque al rato suspiró al sentirse limpio.

Gaz consiguió un pañal desechable con una vecina, pero sabia que debía conseguir más. Así que salió a la tienda con Dix, además de que el niño necesitaría comida especial.

Llevaba al pequeño en el carrito, el niño la miraba extrañado y balbuceaba feliz, hasta que pasaron cerca de un hombre que abrazaba a su pequeño para que alcanzara un juguete.

-Gracias, papi – dijo el niño feliz, y el hombre le palmeó la cabeza.

Eso pareció detonar algo en la mente del niño. Gaz escogía algo de comida para bebés y no había notado la escena. Cuando llegó al carrito miró a Dix.

-¿Te gustan las calabazas? ¿O prefieres zanahorias? – dijo mostrando los frasquitos al niño.

-¿Papi? – fue la respuesta del niño. Gaz sintió que se partía su negro corazón.

-Eh, ya se, te gustaría mejor algo dulce, como manzanas y fresas – dijo mostrando un frasco distinto, pero el niño solo miró a todos lados.

-Papi-Lib… Papi-Chim… - dijo difícilmente, y luego comenzó a llorar.

-No llores, mira, ten un juguete – le extendió una pelota roja, pero el niño la lanzó.

-Papi-Lib… Papi-Chim…-

Gaz intentó calmar al niño, pero comenzó a llorar y ella carecía de paciencia.

Gaz compró pañales, leche, alimentos para bebé, una pomada para rozaduras, y otros artículos que jamás imaginó comprar, al menos no de momento, además compró un par de juguetes, pero aún así el niño no paraba de llorar en todo el camino a casa.

Lo recostó en su propia cama, desde la muerte de su padre, dormía en la habitación de este, ya que la cama era más grande. (gran desperdicio de espacio, nunca duerme aquí, pensó) y allí instaló al pequeño también. Después de darle de cenar, lo acostó, pero el niño casi no comió, solo lloraba. Gaz comenzaba a perder la paciencia, cuando un automóvil pasó cerca, y al parecer le estalló un neumático, provocando un ruido fuerte, haciendo que el bebé se estremeciera y se acurrucara a su lado temblando.

-Está bien, Dix, no pasa nada – dijo Gaz acariciando la cabeza del niño, que se abrazó con fuerza a ella.

Gaz tomó un video juego que tenía en el buró, y tal vez fue el sonido del mismo, lo que llamó la atención de Dix, que intentó quitárselo.

-¿quieres jugar? – dijo la chica, mientras le pasaba el juego a su sobrino, quien empezó a mover los botones. Minutos más tarde, el niño se durmió.

Al pasar el tiempo, Gaz se dio cuenta de que a Dix le llamaban mucho la atención los ruidos fuertes de explosiones, aunque al principio lo asustaban, pero conforme crecía, parecía querer escucharlos, como si al hacerlo, recordara algo…

-Tía, aquí está tu helado – dijo el niño con la copa de helado.

-Gracias, cielo, -

-Tía…-

-Si, Dix…-

-¿Estoy castigado? – dijo el niño levantando un poco el rostro.

Gaz frunció el ceño, pero miró el rostro de su sobrino, y no pudo permanecer así, de todo el universo, Dix era el único que la hacía sonreír.

-Solo prométeme que no volverás a volar nada en la escuela – dijo Gaz comiendo su helado, su sobrino sonrió.

Continuará...

GRACIAS POR LEER!