El sol sobre su ventana marcaba el comienzo de un nuevo día.

De mala gana saca su fuerte y bien definido brazo derecho de entre sus sabanas donde dormía plácidamente, en busca de detener aquel molesto sonido que taladraba su cabeza.

Cuando este paro, cerró sus ojos decidido a entregarse una vez más a los brazos de Morfeo.

Un fuerte portazo resonó en las cuatro paredes de su pequeña habitación.

— ¡Ya levántate perezoso! —El grito autoritario de su madre lo hizo levantarse en un sólo movimiento. Sólo existían dos cosas en el mundo que lo hacían temblar del miedo, los espíritus y su madre enojada, y aun así preferiría ver un espíritu antes que recibir un regaño de la pelirroja.

Dio pasos autoritarios hacía el centro de la habitación hasta colocarse delante de él, entrecerró sus ojos y lo inspecciono detalladamente. Su instinto lo orillo a desviar su mirada en un reflejo de supervivencia.

— ¡Estuviste bebiendo de nuevo con Sasuke! — Por el tono acusatorio de su voz dedujo que no era una pregunta.

—N-no mamá.

—No mientas, la madre de Sasuke llamo anoche preguntando por él, pues aquí se quedaría a dormir ¿No se supone que pasarían la noche estudiando en casa de los Uchiha, Naruto? —El filo de su mirada traspasaba su piel como navajas, sentía que la sangre le fluía más a prisa, el sudor comenzaba a manifestarse en todo su cuerpo.

—Está bien, si me vas a matar hazlo de una vez —acepto su culpa derrotado, y es que cuando a su madre se le metía una idea en la cabeza nada la hacía cambiar de opinión.

— ¡Yo lo sabía! No puedo creerlo ¿creíste que me engañarías? Tu padre y yo hemos dado todo de nosotros por ti y así es como nos pagas. ¡DIOS MÍO! ¿Qué hice yo tan malo para merecer un hijo así? — Naruto miro como su padre asomo el ojo por el rabillo de la puerta. Le hizo señas con la mirada para que lo auxiliara pero al ver el estado de su esposa se marchó en silencio.

Traidor Pensó molesto el rubio menor.

—No exageres mamá, sólo fueron un par de cervezas —se colocó de pie y la miro dulcemente—. No hagamos un drama ¿sí? Te prometo no lo vuelvo hacer —Patrañas.

—Ese es el problema Naruto. Siempre prometes y no cumples nada, te hemos malcriado mucho y eso tiene que cambiar. —Naruto alzo una ceja en forma de duda.

— ¿Qué quieres decir con eso?

— ¡Estás castigado!

— ¿Es una broma? Porque no tengo 8 años mamá.

—Ninguna broma, nada de fiestas y alcohol, te dedicaras al estudio y de lo contrario, te sacaremos del equipo de basquetbol ¿entiendes? —El rubio palideció.

— ¡Esto no es justo! Ni siquiera fue mi idea, todo fue culpa de Sasuke.

— ¡No metas a Sasuke en esto! Él es un buen muchacho, debería darte vergüenza.

— ¿Sasuke bueno? Si, y yo me chupo el dedo.

— ¡Haz lo que quieras! Advertido estás Uzumaki Naruto. —El nombrado trago saliva al escuchar su sentencia.
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Risas era sólo lo que podía escuchar de parte de sus "amigos" después de haberles contado lo que su madre le dijo esta mañana.

—Ay no Naruto ¿también te mando con pañal y biberón? — Se burló Shikamaru.

— ¡No es gracioso! Estoy frito.

—Deberías seguir más mi ejemplo. — Hablo entre burlas Sasuke ganándose una mirada asesina por parte del rubio.

—Bueno, bueno... ya basta de burlarnos de este pobre diablo. Esta noche daré la más grande fiesta de toda la preparatoria, y obviamente tú vendrás Naruto. — Dijo Kiba altanero mientras pasaba su brazo por atrás de su hombro.

— ¿A caso eres sordo? ¿No escuchaste toda la historia que acabo de contar?

—Claro, pero alguna excusa se nos ocurrirá.

—Si claro, y después planean mi funeral —sonrío sarcástico.

—Vamos Naruto, no seas aguafiestas. Sai siempre tiene los mejores planes, ya ves como sales vivo de esta.

—Hablando del diablo ¿dónde está?

Todos giraron automáticamente hacía un costado del gimnasio.

Y ahí estaba él, tan despreocupado como siempre coqueteando con una de las chicas más guapas del colegio, Ino Yamanaka.

Rubia con un largo y precioso cabello, alta, ojos azules, con un trasero que te invitaba a estrujarlo entre tus manos, sus perfectos pechos traicioneros y sus peligrosas curvas era lo que la convertían en una de las chicas más populares del Inogio.

—Dios, como lo envidio —susurro Kiba mientras se mordía el labio.

—Bueno, vayamos antes de que esto se salga de control —Shikamaru los arrastro consigo fuera del gimnasio y todos dividieron su camino.

Naruto caminaba por los pasillos de la escuela acompañado de sus amigos y como era costumbre, intentaba ignorar la mirada depravada que le lanzaban todas las chicas que hay a la redonda.

Son las consecuencias de ser el chico más popular. Capitán del equipo de basketball el cuál los ha llevado dos veces a ganar el campeonato. A pesar de ser un rebelde sin causa, era un joven excepciona, ciento y uno por ciento fiel a sus sueños, siempre hablaba de cumplirlos a toda costa. Eso era lo más admirable de él, pero nadie lo reconocía, sólo veían su fama y físico.

— Por dios, venga Hina que están buenísimos. — El susurro descarado de una peli rosa lo hizo girar discretamente.

Se trataba de Sakura, quien al percatarse de su mirada sonrío descaradamente mientras se mordía el labio en un intento de seducirlo.

Prácticamente se lo comía con los ojos.

— Shh... Sakura, te van a escuchar. — Una sensación cálida recorrió su cuerpo al escuchar esa delicada voz. Su rostro era un libro abierto: Estaba notoriamente avergonzada.

Una sonrisa involuntaria se formó en su rostro.

Se trataba de Hinata Hyuga.

Una joven tímida y retacada con grandes problemas de inseguridad, heredera de una de las familias más poderosas de California.

Sinónimo de perfección, el sueño de todos los padres y últimamente, el de Naruto.

No había manera de describir como llego a este punto. Comenzó con simples miradas de curiosidad hasta convertirse en su mayor admirador y sobre todo, su secreto favorito.

La miraba siempre, en el salón, en la cafetería, en el jardín leyendo, pero su parte favorita, la hora de deporte. Cuando aparecía sobre la cancha con ese diminuto shorts mostrando sus finas y curveadas piernas que lo invitaban a perderse entre ellas, esa pequeña blusa era su tormento, definiendo las curvas de su cintura y apretándose contra sus grandes y perfectos pechos, oh mi Dios.

Más de una vez se había sorprendido a él mismo pensando en ella, en como sabrían sus labios, que forma tomaría su rostro si besaba su cuello, si era tan deliciosa y suave como él lo imagina.

A veces agradecía a Dios que fuera tan retacada y se cubriera toda, pues, no soportaría que todos la miraran como él lo hace; y es que, sólo Hinata es tan tonta para no darse cuenta de lo linda que es en verdad.

Cientos de veces la sorprendió mirándola con ese par de perlas que miran de la manera más tierna posible, y cuando intentaba sostener su mirada ella se giraba avergonzada, no la culpaba. Hinata es perfecta, y él era sólo un bueno para nada que se metía en problemas.

Claramente no se relacionaría con un vago como él, eso le quedaba más claro que el agua, y lo había comprobado varías veces cuando intento acercarse a ella con torpes intentos de conversación que terminaban en fracaso, pues la Hyuga siempre lo rechazaba y huía.

— ¡Chicas, chicas! — La voz chillona de Ino lo abstrajo de sus pensamientos, se acercó corriendo y les hablo de la fiesta que habría esta noche.

La fiesta... acaso ¿Hinata iría?

Hina—susurro.

¿Qué dices? —pregunto un azabache sacándolo de sus pensamientos.

Naruto se avergonzó drásticamente, nunca se había permitido hablar de Hinata con nadie, mucho menos con sus amigos. Más de un millón de veces la habían catalogado como una mojigata y nunca como una opción, si se enteraban que la veía de forma diferente sería un blanco fácil para las burlas.

—Na-nada —se rasco la cabeza nervioso—. Dime ¿Qué pasará entonces con la fiesta? —

—Creí que no irías, por lo de tu castigo —se encogió de hombros.

Es verdad, no recordaba su castigo... pero tampoco podía perderse la oportunidad de hablar con ella ¿Qué debería hacer?

—Veo que tienes un repentino interés por ir Naruto ¿Qué te hizo cambiar de opinión? —lo cuestiono.

—Estamos juntos en esto ¿no? Para eso somos jóvenes, para cometer un millón de locuras y después arrepentirnos —sonrío confiado, esto lo dijo más para convencerse a él mimo que a Sasuke, el cual sólo asintió sin prestarle mucha importancia.

. . .

El plan era sencillo.

Todos irían a casa de Naruto con la excusa de hacer tarea, para que su madre vea que no le mienten. Una vez allá y pasadas las 10:00 p.m., Sai llamaría a su prima quién fingiría sentirse mal, todos se ofrecen a ir con él para ayudarlo y pasar la noche a su lado.

Al principio la pelirroja no estaba muy convencida, no confiaba en los chicos y en Naruto.

—Vamos mamá, todo estará bien —le dedico una gran sonrisa.

—No lo sé, todo esto me parece raro.

—Naruto, no existe ningún problema si no vienes. Son todos muy amables en querer acompañarme, pero no quiero ser un impertinente.

—No Sai, quiero apoyarte como tú lo haces siempre. —Que mentirosos se habían vuelto.

—Naruto.

¡Esta bien! Ustedes ganan. Sai, dame por favor el teléfono de tu tía para llamar más tarde y saber cómo siguen. —Sai asintió con una sonrisa—. EN CUANTO A TI —el rubio trago saliva—. Te quiero aquí mañana a las 7:30 a.m. sin ningún pretexto.

Si —dijeron todos al unisón.

Bueno, no pierdan más tiempo conmigo, vayan. —Y así fue como todos partieron su camino.

—Tengo un mal presentimiento de esto —dedujo derrotada.

Su esposo se aproximó a ella mientras comenzaba a masajear sus hombros.

— Déjalos Kushina, son jóvenes. Además ¿Hace cuánto que no tenemos la casa para los dos solos? —comenzaba a besar suavemente su cuello y ambos sonrieron cómplices.

...

La noche transcurría lenta para un rubio quien recorría aquella gran casa inspeccionando cada rincón en búsqueda de aquella misteriosa joven.

No podía evitar ser asechado por cada chica que veía, era una molestia.

Quizás su plan había sido en vano, ahora que lo pensaba claramente ¿Por qué Hinata asistiría a una fiesta de ese tipo? Ella pertenecía a otro nivel, uno fuera de su mundo de porquerías.

— ¡SALUD! —el grito de una peliazul lo hizo girar instintivamente, lo que captaron sus ojos a continuación no le daban crédito.

1.63 centímetros de sensualidad lo hicieron gruñir, maldijo en voz baja mientras pasaba su mano por su cabello, ella no podía ser su tierna Hinata.

Aquella joven completamente ebria reía deshinibidamente.

Movía tan sexy sus caderas al ritmo de la música, dislocando la quijada de todos los jóvenes a su alrededor, por supuesto, él no era la excepción.

De pronto, aquel par de zafiros lo contemplaron y sonrío tan jodida mente sexy para él que sintió como su corazón se detenía y el pantalón comenzaba a apretarle.

Comenzó a bailar más, más, maldita sea, cada vez MÁS sexy que poco le importaba ya que los demás se dieran cuenta de a quién miraba con tanto deseo. Cuando le hizo una seña con su dedo indicándole que se acercara a ella sintió todo su cuerpo arder, se pellizco el brazo para saber si se trataba de un sueño, pero no fue así.

Sosteniendo su mirada se acercó a ella en pasos indecisos, la peliazul lo observaba pícara y divertida mientras se relamía los labios.

— ¿Hinata... eres tú? —preguntó el rubio con una risa que delataba sus nervios. Se percató de la sorpresa que se asomaba por sus ojos al pronunciar su nombre.

— ¿Eres el increíblemente sexy Naruto? —enarco una ceja divertida mientras se acercó un poco más a él de manera sensual, cautivadoramente sensual.

El rubio trago saliva.

La música los envolvió, Naruto colocó su mano sobre su diminuta cintura y comenzaron a bailar juntos, demasiado juntos para soportarlo.

— Nunca pensé... verte aquí —confesó mientras se sonrojaba.

— ¿Por qué no? Aquí me tienes —susurró la ojiperla a su oído logrando erizarle la piel. Sintió todos los músculos de su brazo contraerse y sonrió satisfecha ante su reacción.

— ¿Qué haces? —titubeo el rubio.

Coloco ambos brazos alrededor de su cuello y contemplo fijamente aquellos deliciosos labios que me moría por probar.

— Lo que siempre he querido hacer. —Ni siquiera tuvo tiempo para procesarlo cuando la joven ya estaba sobre él, disfrutando de su boca sin su consentimiento.

Sus labios sabían a tequila, su cabello olía a violetas y él sentía que se volvería loco.

Ni lento mi perezoso correspondió rápidamente su beso, calentándose los labios. Quería ser tierno con ella, pero Hinata no se lo permitía, exigiéndole más de aquel apasionado beso.

En un arrebato de locura tiró de la joven para pegarla bruscamente a él y poco a poco sus traviesas manos cobraron vida acariciando cada rincón de su sensual cuerpo. Ardían en pasión y por un instante se obligaron a separarse para recuperar el aire de sus pulmones.

Joder.

Hinata lo miraba de la manera más pecaminosa y sexy que pudiera existir. Nunca imagino sentir tanto deseo. Dios mío, estaba tan excitado que no podía detenerse ahora.

— Sígueme —ordenó y la tomó de la mano arrastrándola consigo escaleras arriba. Conocía la casa de Kiba de memoria así que rápido encontró la habitación de huéspedes, entraron y cerró la puerta, dejando con ella la poca cordura que le quedaba.

Su aroma violetas comenzaba a impregnar la habitación, sentía un instinto animal por saltar sobre ella y romper su fallido intento de vestido violeta con los dientes.

Sus respiraciones se hicieron presentes, delatando el pulso acelerado de ambos. El rubio se acercó lentamente a ella decidido, no había marcha atrás.

— Hinata —susurró y el deseo se manifestó en su tierna mirada.

Rompió la distancia entre los dos y se invitó de su boca, saboreándola sutilmente para poco a poco subir la intensidad de aquellos deliciosos besos. Beso su boca, su frente, su nariz, hasta bajar a su cuello, víctima de un arrebato de pasión al inhalar su esencia a violetas, ciego de deseo mordió su cuello ocasionando un leve gemido por parte de la ojiperla, pero lo suficientemente fuerte para excitarlo aún más, como si eso fuera posible.

Sintió el temblor de sus piernas, Naruto sonrió ante su bella reacción. Comenzó con la tarea de desvestirle, ganándose un espectáculo al descubrir cada parte de su piel desnuda. Sin apartar la mirada de su perfección, la llevo a la cama y la recostó con cuidado.

Comenzó con la ardua tarea de proporcionarle suaves caricias sobre su desnudo cuerpo. Le beso los pezones tan descaradamente, mientras con sus manos acariciaba sutil su entrepierna, provocando pequeños gemidos de placer en la pelinegra, los cuales excitaban al rubio de sobremanera.

Con sus dedos se adentró a sus cavidades ya húmedas ocasionando que gimiera aún más fuerte y se aferrara a su espalda hundiendo sus uñas en él.

El roce de sus cuerpos calientes comenzaba a quemarle, necesitaba sentirla. Se detuvo en seco y se colocó de rodillas ante ella.

— Ya no puedo soportarlo más. —susurró a su oído rogando porque prosiguiera ella.

Ella sonrió y abrió lentamente su pantalón. Sonrió victorioso ante su cara de asombró al momento de descubrir su miembro, dudosa se mordió el labio inferior. Tomó su grosor entre sus manos y comenzó a frotarlo de arriba hacia abajo, él echo su cabeza hacía atrás para disfrutar de la sensación y de su garganta salió ronco gemido de placer.

La observo arqueando su cuerpo decidida y sensual hacía él. No pudo evitar titubear ante sus movimientos y se sonrojo de tan sólo pensar en lo que haría a continuación.

— ¿Hi... Hinata? — Preguntó nervioso.

— Gracias por la comida. — Acto seguido probó su sabor.

MALDITA SEA.

Un placer indescriptible se apodero de él. El calor de su boca sobre su miembro lo orillaron a mover lentamente sus caderas dentro de ella.

Sintió como se separó bruscamente, rápidamente la miro un poco decepcionado de que aquello terminara, pero al verla colocarse sobre él dedujo que venía la mejor parte de la noche, la cereza del pastel.

Naruto —susurro seductora a su oído logrando provocar sensaciones desconocidas en él.

Introdujo lentamente su pene en ella, era tan apretada y jodidamente deliciosa que se mordió su labio para no venirse, el proceso se detuvo brutalmente y un chillido de dolor escapo de los finos labios de Hinata. De principio sintió miedo ante su reacción, pero rápidamente todas las piezas fueron encajando en su rompecabezas hasta comprenderlo todo.

— Eres virgen —dijo impresionado mientras ella asentía tímidamente.

Una felicidad única e indescriptible recorrió todo su cuerpo y el deseo de besarle y protegerla floreció en su pecho. La beso de la manera más tierna para distraerla de aquel sufrimiento mientras se movía lentamente dentro de ella. Pasaron los minutos y poco a poco ese dolor iba desapareciendo y a medida que él aumentaba el ritmo.

Las fuertes embestidas se presentaban a mayor escala. Ella se giró para quedar sobre él y tomar el control por un momento, comenzó a torturarlo mientras alternaba los movimientos de su cadera de rápido a lento. Naruto rugía y ella se divertía con ello, hasta que lo provoco demasiado, el giro de nuevo a su posición inicial y comenzó a embestirme contra la pared, entonces sucedió, sintió todo su miembro siendo envuelto entre sus espasmos, ambos llegamos juntos al éxtasis sin poder dejar escapar sonoros gemidos de sus labios.

Era lunes por la mañana, había salido más temprano que de costumbre. Todo el fin de semana lo paso soñando con ella y no podía esperar por verla de nuevo así que se apresuró a llegar a su casa. La observo salir de su casa con obvias intenciones de ir clases, sus ojos se toparon con los míos y su rostro exploto en un color rojo.

Ahí estaba ella, mi tierna Hinata, de la que sin haberme dado cuenta, me había enamorado perdidamente.

— ¿Qué haces aquí? —pregunto confundida y completamente apenada.

— Vine por ti, es obvio.

— ¿Por qué? —demando saber.

— Porque a partir de ahora tú eres mía —le guiñe un ojo mientras sonreí descaradamente para ella.

— ¿Eeeeh?

Se sonrojo a más no ser posible, pero a pesar de eso no puso ninguna oposición.

A partir de ahora Hinata era mía, y sin hacer falta decirlo, yo era suyo.

La tome de la mano y emprendimos nuestro camino juntos, y para siempre.