Frisk lo consiguió. Salvó a los monstruos, los sacó de su prisión. Por fin todo lo que habían deseado estaba ahí.
Las estrellas, el aire puro... Y todo sin haber matado al último niño. Asgore no podía estar más contento, al igual que los demás. Pero a su vez una infinidad de problemas asaltaron en cuanto se reveló la existencia de los monstruos. ¿Qué esperaban? 300 años habían pasado desde aquella guerra, y los monstruos sólo existían en las pesadillas o en los cuentos de terror, en la mente de los niños pequeños, quiénes creían que los seres malvados estaban bajo la cama o en el armario.
La gente se escandalizó, era obvio. Pero los monstruos se mostraron pacíficos en todo momento. Nunca alzaron la voz, solo dejaron que todo pasase. Los medios no dejaban de hablar sobre ello, y el mundo se estaba enfocando en ese gran acontecimiento. Asgore estaba todo el día en reuniones y ruedas de prensa, aclarando lo que pretendía hacer con su pueblo, estaba demostrando cuán se había preparado para aquel momento.
Esa primera semana fue demasiado loca, y todos se mostraban muy ocupados, tanto que Frisk estaba muchas horas solo, sin saber qué hacer. Nadie le creía siendo "embajador", era solo un niño. Aun así, él sonreía. Porque había algo que quería hacer desde que cayó en el agujero.
Era domingo por la noche, día de descanso. O eso se creía, porque Asgore seguía sumergido en papeles. En realidad todo el pueblo de Undertale estaba a rebosar de papeles. Para conseguir una casa debían llevar a cabo muchas cosas. El dinero no era ningún problema, tenían tanto oro ahorrado tras cientos de años que podían comprar lo que quisieran: tiendas, casas, ¡incluso edificios enteros!
Toda la "familia" ya había decidido comprar una casa, una mansión, y tardarían unos días en llevar a cabo todo. Sí, decidieron quedarse juntos, como una familia. No querían separarse, y menos ahora que debían apoyarse frente a todos aquellos grupos que se oponían a los monstruos. Aunque no eran agresivos, por suerte.
Asgore había invitado a todos al castillo, que estaba cerca de la superficie. Así podían salir y entrar a la superficie cuanto quisieran. Ya incluso habían decidido la casa, solo quedaba la reunión con el notario y podrían instalarse la semana que viene. Pero Frisk tenía algo en mente, y debía hacerlo en ese momento. Y menos mal que era domingo, ya que a pesar de haber sido unos días muy locos, todos se habían reunido para descansar. Él estaba en el regazo de Toriel, mientras veían en la tele un reportaje a Asgore, todos aplaudían ante cada discurso que daba el rey monstruo, sobrecogidos de tanta alegría.
Frisk se levantó, y tras apagar la tele sin utilizar el mano, se giró para plantar cara a su familia, quienes lo miraban expectante.
-Cielo, ¿ocurre algo? -Toriel sabía que su hijo estaba nervioso, quería hablar de algo. El niño asintió, y aclaró su garganta para hablar firme, aunque estaba nervioso.
-Tengo que contaros una cosa.
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Era lunes por la mañana, una limusina negra se detuvo frente a un orfanato, dicho edificio estaba algo deteriorado por el paso del tiempo, pero estaba bien cuidado. Tenía su patio trasero, y el edificio era alto. Algunas grietas se dejaban mostrar pero las ventanas estaban intactas. Era un lugar melancólico, o al menos eso sentía Frisk, quien salió del coche totalmente nervioso. Tras él salieron los demás, y Toriel le cogió la mano mientras llamaban al timbre. Tenían una cita, y llegaban a la hora exacta.
Iban a buscar a la hermana de Frisk.
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-Yo... Tenía un motivo para salir de aquí, y aunque sabíais que lo tenía nunca os expliqué cuál era -todos se pusieron rígidos desde sus asientos, Undyne apoyó los brazos en sus piernas, Alphys se puso nerviosa, Toriel le miraba con las manos en el pecho, Papyrus también se puso nervioso, Sans nada, seguía igual, Mettaton cruzó los brazos expectante, Asgore... Estaba callado. No sabían nada sobre la vida de Frisk, y al fin lo iban a descubrir. Obviamente todos se habían hecho muchas preguntas pero el chico nunca respondió, y ese era el momento.
-Tengo... Tengo a alguien a quien quiero sacar de un orfanato -miró a todos a los ojos uno por uno- a mi hermana mayor.
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La directora del centro salió a los segundos de haber llamado al timbre. Estaba nerviosa, ¡los monstruos venían a adoptar a dos niños! ¡Y hace una semana que habían salido a la superficie!
Ella les dedicó una sonrisa y un "adelante" mientras habría la puerta principal y los acompañaba a la entrada, comentando lo inesperado que ha sido descubrir a los monstruos y que Frisk fuese quien los salvase. Pero más aún que ellos lo quisieran adoptar. Bueno, a él, y a su hermana.
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-Mi niño... -murmuró Toriel, levantándose y abrazándole, todos tenían el corazón en un puño- Si hubiera sabido que tenías una hermana, habríamos ido a por ella mucho antes -acarició su pelo y luego su mejilla, viendo cómo el pequeño sonreía nerviosamente, buscando la aprobación del resto, la cual fue instantánea.
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Todos entraron en el edificio, observando a su alrededor. Era un lugar algo rosoño, se escuchaban voces a través de las paredes, las cuales en su mayoría provenían de niños, y aunque el lugar pareciese viejo y deteriorado, había decoraciones por todas partes, dibujos de animales, paisajes... Y foto de los niños con carteles que rezaban "¡Adopta!", y demás. Frisk les contó que él prácticamente se había criado ahí, y huyó para buscar un lugar donde vivir junto con su hermana, ya que ella pronto sería mayor de edad y tendría que marcharse, por eso acabó en Undertale. Y al final hubo un final feliz, ¡habría un final feliz!
La primera planta solo tenía el despacho de la directora, el comedor y secretaría. Las clases y dormitorios se encontraban arriba. Las puertas al patio estaban justo al final del pasillo, de las cuales se oían muchos gritos y risas.
Frisk buscaba por todas partes a su hermana, pero lo único que vio fue a una profesora del centro yendo al patio de atrás, nerviosa. Ella sabía quién era Frisk, ella sabía que alguien lo llevaba buscando desde hacía 2 semanas: Su hermana.
La directora seguía hablando con Asgore y Toriel, Frisk no les hacía caso. Su corazón latía rápido, esperando a que la puerta del patio se abriese, lo cual sucedió al minuto, y una cara muy conocida y querida para Frisk apareció.
Era su hermana, eras tú.
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Habían pasado 2 semanas desde que desapareció Frisk. Tu vida, tu mundo, ya no estaban ahí. Y cada día que pasaba sentías que una parte de ti moría lentamente. No ibas a durar mucho así. Habías ayudado a los equipos de búsqueda, en el campo, en la ciudad. Todos los lugares habían sido visitados por ti.
No comías, no dormías... Tu mente y alma estaban enfocadas en encontrar a Frisk. ¿Qué le podría haber pasado? ¿Lo habrán secuestrado? ¿Ha huido? ¿No quería estar ahí? ¿No te quería en su vida...?
La depresión era tal que incluso los niños del lugar habían intentado apoyarte, entreteniéndote, haciendo bromas. Pero hasta tu risa había muerto. Quedaban pocos días para llevar a cabo el funeral de Frisk -eso especulaba la ley- y tus ánimos de encontrarlo disminuían, al igual que tus ganas de vivir. No podías creer eso, si tenías que enterrarle te ibas a morir. Él lo había sido todo para ti, arriesgaste TODO por él. Le necesitabas. Por las noches dormías en su cama -la cual estaba en la misma habitación que la tuya al ser hermanos- y mirabas sus dibujos sin parar, llorando. ¿Tantas lágrimas tenías que cada día estabas horas llorando en silencio? Era muy duro todo eso, si él era infeliz podría habértelo dicho, y habríais buscado soluciones juntos, porque erais familia.
Pero él no estaba. Había desaparecido.
Estabas en el patio, ayudando a los niños mientras se columpiaban, evitando que se hicieran daño. En ese lugar eras como una madre para ellos, siempre habías velado por su felicidad y seguridad.
Pero cuando Frisk desapareció todo tu ánimo cambió, y ellos lo sabían.
Una profesora salió del edificio y fue corriendo hacia ti. Agarrándote del brazo, te hizo girar para mirarla cara a cara. Su mirada hizo que tu corazón diese un vuelco: Algo había pasado. Entonces, dijo una frase en voz baja, pero lo suficientemente alta como para saber qué decía.
-Frisk ha vuelto.
Sin dudarlo empezaste a correr hacia la puerta, abriéndola con fuerza pero no lo suficiente para no romperlo. En cuanto abriste la puerta tu mirada empezó a rastrear el lugar, buscando ese jersey morado que tanto te gustaba. Y lo encontraste, tardaste 0, en notarlo. Y él estaba ahí, vivo, corriendo hacia ti, sonriendo. ¡VIVO! ¡Frisk estaba vivo!
Tus lágrimas caían a medida que corrías hacia él, gritando "¡Frisk!", mientras te lanzabas a abrazarlo, arrodillándote en el suelo. Empezando a llorar en su hombro. Había vuelto, estaba sano y salvo, todo iba bien. Sentías que un pedazo de tu corazón volvía a su sitio. Podías descansar ya. Pero la emoción era tal que no parabas de llorar, insistiendo a Frisk dónde había estado, qué había pasado.
Era tal la conmoción que ni siquiera le decidiste preguntar por la gente con la que había venido, aunque tan solo viste sus espaldas; tu mente estaba solo enfocada en Frisk, de quien en ese momento no dejabas de abrazar, acariciar, y mucho menos rogar por saber todas las respuestas a las preguntas que te habías hecho durante los peores días de tu vida.
La directora, al ver que necesitabas un tiempo con él, encaminó a todos los visitantes a su despacho, para disputar sobre los papeles de adopción. Las profesoras, para mantener la seguridad en el lugar, llevaron a los niños a las aulas. Todos se quedaron atónitos al ver de nuevo a Frisk en tus brazos, pero no iban a molestaros, al menos por el momento, necesitabas estar con él y solo con él.
Pasaron unos minutos, y cuando te sentiste mejor miraste a Frisk a los ojos, sonriendo.
-¿Sabes que casi me matas del susto? -acariciaste su mejilla, la cual estaba arrugada por la enorme sonrisa que tenía el niño en su rostro.
-Sí -dijo, tomando tu mano y empezando a llevarte al patio. Tenía muuucho que contarte.
