Título: Un arma secreta
Autor: BlackSensei
Clasificación: M (por posible lenguaje o lemon)
Advertencias: Slash, relaciones homosexuales. Se mantiene toda la historia igual hasta justo antes de la batalla final. Posiblemente utilizare tanto hechos de los libros con los de las películas.
Disclaimer: Harry Potter, su mundo, trama y personajes no me pertenecen. Son creación de J.K. Rowling.
Notas: Gracias por los comentarios, su emoción me dio fuerzas para completar este capítulo. Aquí es el punto en el que la historia oficial de Harry Potter cambia, recuerden que hay mezclas de los libros y las películas en esta historia.
Capítulo 1
3 de Mayo de 1998
La batalla de Hogwarts había terminado sin un vencedor. Ahora solo quedaba un abrumador sentimiento de angustia por el futuro y cientos de víctimas dentro de las paredes de piedra.
Hogwarts olía a muerte. Destrozado y pintado de rojo sangre. Habían sido horas de batalla, la horda de mortifagos había arribado a la edificación pasada la medianoche con el cuerpo sin vida de Potter y el mundo de Draco había muerto.
Entre la multitud de capuchas negras y máscaras de muerte había, desesperadamente, intentado encontrar a los cabellos rubios de sus padres. Su terror por haber dado su lealtad al lado incorrecto lo hicieron actuar como sirviente del señor oscuro dirigiéndose a su lado y aceptando su abrazo, todo el sentimiento de asco que sintió contra sí mismo en ese momento quedó en el olvido cuando los brazos de su madre lo rodearon y pudo ver al lado de la mujer los ojos grises y aliviados de su padre tras una de las máscaras de calavera.
Sin embargo, Potter de repente había vuelto a la vida e iniciado lo que, todos creyeron, sería la última batalla. El rubio había sido rápido en enviar un Desmaius directamente a su padre, cuando tuvo el cuerpo de Lucius en sus brazos no dudo en tomar el brazo de su madre y aparecerse.
Con toda la confusión que se había causado con el regreso de Potter nadie había visto su huída. Y tras obligar a su madre a permanecer junto al rubio mayor él se había aparecido de regreso a Hogwarts.
Todo había terminado mal, si bien Potter estuvo a punto de vencer a Voldemort este, consciente de su desventaja, se había retirado cobardemente en el momento preciso. El señor oscuro dió una rápida orden de retirada a sus vasallos y antes de que Draco comprendiera que sucedía todo el lado oscuro había desaparecido.
Nada era peor que la derrota cuando creías saborear la victoria definitiva.
De repente estaban a punto de ganar la batalla y luego estaban solos rodeados de muerte.
Fue McGonagall quien reaccionó primero e inició a dar órdenes de tratar a los heridos. Los aurores fueron enviados a traer provisiones y personal médico a San Mungo, a los que se quedaron tanto de la Orden del Fénix como estudiantes la bruja les impuso llevar a los heridos a la enfermería.
Lo primero que hizo Draco fue correr al embarcadero, levito a su mentor y padrino hasta la enfermería, entre todo el caos logró conseguirle una camilla al moribundo hombre y se puso manos a la obra.
En quinto año Draco había tomado una decisión que cambió el rumbo de su vida. En medio de una de las sesiones de pociones avanzadas que Severus le daba semanalmente había tomado la confianza para contarle el temor que sentía de ser obligado a ser un mortifago.
Tras revelar eso su padrino le había dicho que ese era el único destino que le esperaba por ser parte de su familia y que no podría huir de su deber. Cuando el rubio estaba apunto de abandonar con un aristócrata portazo el salón de las mazmorras Severus había ofrecido lo que cambiaría todo y él, Draco Malfoy, había aceptado.
Algo que ni su familia o mejores amigos podían saber.
Desde entonces el profesor Snape lo había entrenado para ser un espía, para luchar para el lado de la luz desde las profundidades del lado oscuro. Y con entrenamiento en legeremens, oclumancia, pociones y hechizos de alto nivel lo había lentamente convertido en el reemplazo de Snape como espía, aunque mucho después se enteraría de eso.
Todo sea dicho, Severus era muy amigo del vejete de Albus Dumbledores y el anciano había estado enterado de todo desde el inicio… así que si, los intento de asesinato contra el hombre en sexto año también, habían sido el plan tapado por el plan de Snape que a su vez tapaba el de Dumbledore… sea como sea, terminó como debía hacerlo, con la muerte de Dumbledore.
Sin embargo, entre los entrenamientos, Draco había descubierto lo bien que se le daban los hechizos de sanación y con ayuda de su mentor había logrado perfeccionar la magia medicinal.
Ahora con el profesor Snape agonizando en una sala de enfermería repleta y con la única presencia de Madame Pomfrey como profesional Draco supo que era el momento de probar sus habilidades medimagicas.
Sacando la varita que había usado los últimos meses inició a recitar el hechizo que sabía permitiría extraer el veneno de la sangre del doble espía.
Tras complicados movimientos y un esfuerzo equivalente a la dificultad del hechizo que estaba realizando, un hilo de veneno líquido flotaba en la punta de su varita. Con su otra mano tomo un frasco sobre una de las mesas del lugar y con un último movimiento deposito el ponzoñoso líquido dentro de este.
Un par de hechizos para cerrar las heridas de las mordeduras de serpiente bastaron para estabilizar al hombre.
Draco, orgulloso de sí mismo, decidió girarse para buscar las pociones que necesitaba para terminar la curación. Al hacerlo se encontró frente a frente con una sorprendidisima Pomfrey.
— Usted, tiene un don - murmuró la mujer - señor Malfoy, las medidas de seguridad del ministerio no permiten que los medimagos se aparezcan aquí, vienen vía escoba pero el tiempo no es suficiente. Tenemos al menos 40 pacientes en estado moribundo, vaya a atenderlos.
Draco abrió la boca sin emitir sonido, sorprendido por la firmeza de la orden de la enfermera.
— ¿Qué hace? No hay tiempo, muévase… los marcados con cintas rojas son los casos más urgentes, por lo que ví usted sabe que hacer.
— Aún debo suministrarle a Severus algunas pociones…
— ¿Cuales? - afanó la bruja, Draco solo boqueo - yo soy enfermera no medimaga señor Malfoy, lo que usted acaba de hacer es algo imposible para mi. Al igual que muchos tratamientos que los pacientes marcados con rojo requieren. Aquí - La mujer le mostró la hoja de papel sobre una tabla colgada a los piés de cada camilla.
— ¿Que...?
— Aquí, un hechizo vola pluma basta, anote lo que hizo con cada paciente y las pociones que necesite. Yo me encargaré de dárselas como se debe. Todo queda en el registro, ¿que espera?
Esta vez el rubio finalmente se movió, aún desconcertado lanzó el hechizo y una pluma apareció copiando en la hoja, que mágicamente había tomado el nombre e información de Severus, las tres pociones que necesitaba el hombre para sobrellevar los efectos colaterales del envenenamiento y recuperar fuerzas. Además, de buena dosis de poción para dormir sin sueño para mantenerlo al menos dos días en cama mientras su cuerpo se recuperaba.
Tras eso Draco y madam Pomfrey hicieron equipo para curar a los enfermos. Que vueltas da la vida, y el que creía que ya que nadie podía enterarse de su verdadero bando podría seguir actuando como el hijo de puta Slytherin de siempre… pero la guerra no daba opciones, solo tareas, y la suya era salvar todas las vidas que pudiera. Después de todo, ese era el motivo por el que había decidido convertirse en "espía", aunque ahora no sintiera que hacía mucho, para salvar vidas porque en el fondo el sabía cuál era el bando de los asesinos y él podía ser un hijo de puta, pero no quería ser un homicida.
El rubio se encargó primero de los marcados con lazos rojos. Quienes de no ser tratados moriría, entre magos con órganos desgarrados internamente que requerían hechizo de nivel quirúrgico y casos de golpes craneales al borde de la muerte cerebral como el de Fred Weasley.
Tiempo después, si le preguntarán a Draco por esa noche, él diría que fue puro instinto. Instinto que logró que sin práctica y conociendo solo la teoría, trajera de la muerte a más de media docena de magos.
Pomfrey fue quién, con su experiencia, logró mantener el orden de una improvisada sala de emergencia creada en la enfermería y logrando, con lo poco que contaban, curar a cientos de magos.
Después de los peores casos, Draco pasó con los mutilados y huesos rotos. Pronto el horror de la enfermería fue menguando.
Algunos alumnos conocedores de hechizos curativos habían tratado los casos menores, de torceduras, cortes e inconscientes para darles menos trabajo a Draco y Pomfrey.
A la enfermería no dejaban de entrar magos cargando o levitando cuerpos, el primer filtro era la profesora Sinistra, quien revisaba cuales estaban definitivamente muertos y cuáles podían ser tratados. Luego estaba el profesor Flinn, dividiendo por gravedad a los heridas y marcandolos con un color antes de pasarlos a una camilla, o en los casos menos graves, a una silla. El profesor Slughorn estaba haciendo lo imposible creando al menos 20 pócimas diferentes a la vez ya que las reservas de la enfermería no fueron suficientes.
Tras lo que a Draco le pareció una eternidad arribaron los medimagos de San Mungo, corriendo y trayendo consigo todo el equipo necesario.
Pomfrey asignó a Draco como el encargado para explicarle la situación a los profesionales.
— Todos están clasificados y cada registro tiene toda la información para atenderlos - explicaba Draco al medimago en jefe de San Mungo - la mayoría ya está en condición estable, con el color púrpura, solo tenemos 5 personas en rojo que deben monitorearse permanentemente para mantenerlos estables.
— Este es un caso de Bombarda Internus - murmuró incrédulo uno de los doctores examinando el registro de una de las camillas.
— Si. El estómago y ambos riñones fueron los afectados. Todos los órganos ya tratados, pero tomará un tiempo para que inicien a funcionar completamente por lo que varios hechizos en el sistema renal la mantienen con vida - Draco revisó los hechizos que acababa de mencionar, asintió y una vola pluma agrego un par de líneas al registro - es insólito pensar que un mortifago conozca un hechizo tan preciso y complicado como un bombarda interno, y una suerte que fuera desarmado antes de estallarla en su máxima potencia.
— ¿Entonces es usted el único personal médico que los trato?
— No, la enfermera… - Draco miró a su alrededor hasta que vió a Pomfrey dándole una poción a una pequeña niña al otro lado del cuarto - madame Pomfrey, es la encargada de la enfermería.
— Sí, pero usted es el médico, usted fue quien realizó las curaciones. La enfermera ayudó con los casos de primeros auxilios y pociones solamente, ¿no es cierto? - insistió el medimago en jefe.
— Sí - asintió Draco, es que a veces debía dejar su humildad característica, y ante la sorpresa de los medimagos, que él comprendía, ni él podía creerse que todas las operaciones hubieran resultado exitosas.
Eso fue todo lo que la pequeña charla de introducción pudo durar, en un parpadeo ya cada medimago estaba atendiendo a algún paciente y las muchas enfermeras corrían de un lado a otro.
— ¿En qué hospital trabaja usted? - preguntó el director de San Mungo tras presentarse y tomar la mano de Draco con cordialidad.
— ¿disculpe?
El rubio miro confundido al hombre mientras avanzaba a la camilla de un pequeño que parecía de cuarto año que había recibido un hechizo que enloqueció su magia.
— Después de que pase esta locura tenemos que hablar - sonrió bonachonamente el hombre recordando a Draco el rostro satisfecho de Slughorn al encontrar una nueva adquisición a su estupido grupo - tengo una oferta que ningún medimago podría rechazar.
Antes de que Draco pudiera aclararle que no era medimago el hombre se giró dándole la espalda. El rubio bufó, claro, como si en medio de la guerra hubiera tiempo para estúpidas ofertas.
Fue entonces que Parvati Patil entró corriendo gritando para llamar la atención de algún médico.
— Es Lavender, por favor, no me atrevó a moverla porque temo herirla más pero les juro que sigue viva. Por favor - los medimagos se miraban entre ellos mientras la muchacha intentaba explicarles en qué lugar se encontraba su amiga.
— ¿Quién de aquí conoce Hogwarts? - levantó la voz el director hacia sus subordinados.
— Greta estudió en Hogwarts.. creo... - habló una mujer.
— Estoy en medio de algo - respondió una pelirroja no muy lejos de ahí mientras cerraba la herida de una auror con sumo cuidado.
— ¿Dónde está? - se decidió Draco llamando la atención de todos, Parvati lo miró con desconfianza y no habló.
— Dice que está después de la sala común de Hufflepuff - fue otro de los médicos quién le respondió, los demás entonces se movilizaron de nuevo a sus asuntos designando silenciosamente a Draco como quién iría a buscarla.
— Está justo tras una pared derribada de una antigua aula abandonada - Parvati parecía resignada a su suerte de que su única opción era Malfoy y tenía toda la intención de ir hasta el lugar con el.
— Un momento señorita Patil - la detuvo Pomfrey - no crea que no veo eso - la mujer señaló la sangre que caía del brazo de la chica al piso.
La enfermera obligó a la chica a hacerse tratar, la sentó en una de las pocas sillas vacías e inició a revisarle el hombro herido. Parvati hacia todo lo posible para librarse.
Draco se apresuró a tomar una bolsa médica e inició a introducir todo lo que creyó necesitaría para tratar a la herida, un escalofrío lo golpeó al recordar que la muchacha había estado peleando contra Greyback.
— No voy a dejar que él la toque - oyó que la chica decía a Pomfrey, Draco hizo como que no la oía.
— El señor Malfoy a tratado los peores casos de esta batalla exitosamente, no se preocupe - insistía la enfermera.
— Pero…
— Si no trata ésto ahora podría perder la movilidad del brazo - Draco, quien introducía la última poción a la bolsa de espalda a las otras dos, sonrió de medio lado al saber que Pomfrey exageraba, la herida de Patil no era tan grave pero el rubio agradeció que la apartara de su camino.
— Me niego a que…
Pero Draco no escucho lo demás, sin mirar atrás salió de la enfermería dispuesto a encontrar a Lavender antes de que fuera demasiado tarde. De todos las víctima que había tratado ese día ninguna era de Greyback, el hombre lobo se había asegurado de que todos estos terminarán en el área designada como morgue.
Mientras corría por los silenciosos pasillos la realidad pareció golpearlo como una bludger a 70 millas de velocidad por hora.
Aunque la mayoría de los heridos parecían ya haber sido encontrados la mayoría de los muertos seguían tirados sin ser tan siquiera cubiertos por una manta.
El rubio trago saliva, mientras aceleraba e intentaba mantener la mirada varios metros al frente y hacia el piso. Sabía que de desviarla un poco vería a alguien muerto y sabía que las posibilidades de que conociera la identidad de algún cadáver eran escalofriantemente altas.
Agradeció haber tenido la habilidad de sacar a sus padres del lugar antes de que todo se fuera a la mierda, agradecia haber tenido un lugar preparado para dejarlos y haber practicado tanto la aparición conjunta a larga distancia durante los últimos meses.
Sin embargo, no tenía idea del destino que habían corrido sus amigos. Cuando el caos se había desatado solo se había podido reunir con Crabbe y Goyle, aunque después del incendio en la sala multipropósitos fueron solo Goyle y él… Draco logró apartar la imagen de su amigo cayendo al fuego maldito lo más rápido posible.
Pero Pansy y Blaise… se sentía culpable, muy culpable. Porque incluso él sabía sus limitaciones en su situación actual. Sabía que, por mucho, podía defender a un par… y había elegido a Crabbe y Goyle sobre sus mejores amigos.
Pero, se repetía Draco, lo había hecho solo porque sabía que ese par moriría de no ser por él… mientras que sus otros amigos eran lo suficientemente listos como para moler a hechizos a cualquiera que se pusiera en sus caminos.
Crabbe y Goyle, desde que tenía memoria, habían estado a su lado… desde los cinco años habían dependido de él y nadie mejor sabía las carencias de ambos chicos… pero les había fallado y Vincent había muerto…
Ahora además, con todo lo descontrolado y bélico en que se había transformado la batalla ya no podía decir con certeza si sus amigos habían sobrevivido o no.
El pensamiento de perderlos fue suficiente para revolver el estómago de Draco, justo en el momento que sus ojos se toparon con una mano cubierta por una capa de Slytherin que salía de una gran pared de roca, justo sobre un charco de sangre.
El rubio no pudo evitarlo, su cuerpo se dobló y vomito todo lo que había en su estómago. Había sido demasiado… había intentado evitar esos pensamientos todo el rato para concentrarse en los heridos, pero ahora lo golpeaban con muchas más fuerzas… no había podido salvar a Crabbe y había abandonado a sus mejores amigos.
Sabía que tenía que continuar ignorando estos hechos para poder continuar. Para seguir su camino hacia Lavender, la idiota Gryffindor que solo recordaba por el tiempo en sexto año que la veía besuqueandose con la comadreja en cada esquina. Tenía que hacerlo porque Parvati había dicho que estaba viva… y de él dependía que se mantuviera así.
Un movimiento de varita bastó para limpiar su boca dejándole un sabor a menta. Reanudó su carrera con más energías que antes.
No demoró en pasar las cocinas y pronto divisó los barriles que enmarcaron la sala común de los tejones. El rubio recorrió el lugar con la mirada hasta que varios metros en frente divisó una pared colapsada.
El rubio corrió hacia el lugar y contuvo el aliento cuando finalmente vio un bulto envuelto en una túnica de Gryffindor.
Estaba destrozada.
Draco se arrodillo al lado de la inconsciente figura y con un hechizo la examinó rápidamente.
El corazón aún latía, respiraba con dificultad pero correctamente y aparte de una fuerte taquicardia todos sus signos vitales estaban dentro de lo normal para alguien que ha sufrido un ataque de ese calibre y se está desangrando.
Al contrario que el caso de Bill Weasley, la cara de la chica estaba intacta a excepción de un corte en una de sus mejillas, que dejaría solo una leve cicatriz.
Pero el cuerpo era otra historia, su pecho había sido destrozado por las garras de Greyback y uno de sus senos había prácticamente desaparecido destrozado entre los cortes, pero ningún órgano interno había sido afectado.
Draco divisó la mordida en uno de los brazos. Un hechizó más le hizo saber que, como suponía, el virus de hombre lobo ya había llegado a su corazón pero no completamente.
Con movimientos complicados muy parecidos a los que usó con Severus se dispuso a tratarla.
No podría evitar que se convirtiera, pero esperaba que si extraía lo que aún no hacía efecto en la chica las transformaciones serían mucho menores y su porcentaje de mujer lobo sería menor.
Cansado tras terminar el proceso procedió a sanar las heridas. Varios hechizos de cierre de cortes después permitieron que Lavender dejará de desangrarse, pero la condición aún se veía mal a la vista.
Con un suspiro se dirigió al bolso que aún no utilizaba, aplicó abundante ungüento sobre la maltrecha carne. Draco sabía que aunque, con el tiempo, el cuerpo de la chica se vería mejor que en ese momento, la deformidad que tenía enfrente seguiría siendo obvia.
Un par de pociones que aliviaría la pérdida de sangre y Draco se levantó. La chica sobreviviría, como una mujer lobo y con algunas partes deformes pero lo haría.
Con suavidad acomodo la destrozada túnica del uniforme sobre el cuerpo semidesnudo de Lavender y apareció una manta para cubrirla con ella.
El rubio estaba a punto de levitar el cuerpo cuando se giró y se topó cara a cara con Harry Potter.
Como siempre, desde el primer año de Hogwarts, su cuerpo se tensó y la ira creció dentro de él.
No sabía cuánto tiempo el moreno había estado ahí, pero sus ojos estaban fijos en Lavender.
Seguramente la idiota de Parvati no había podido soportar que "el mortifago" tratara a su amiga y había recurrido a Potter, y como el imbécil tenía complejo de héroe había ido hasta allí para salvar a la pobre y herida chica del malvado Malfoy. Si no fuera por la tensión del momento Draco habría bufado.
Típico de Potter, creyéndose el salvador del mundo mágico cuando no había ni siquiera podido matar a Voldemort a tiempo.
Una chispa brillo en el verde y una mirada de desprecio cayó sobre el rubió.
— Déjala ahí, aléjate de ella
Draco puso los ojos en blanco. ¿Cómo se atrevía? En otras circunstancias solo lo habría ignorado, después de todo la batalla era suficiente como para una pelea de rivales más… pero de repente su ira aumentó y todos sus temores se enfocaron en Potter como único culpable de sus desgracias.
Una risa maniaca salió de los labios delgados del rubio. Potter solo se tensó más apenas a un metro de él, con el poder de Potter podría matar al Slytherin ahí de un hechizo… pero el coraje mataba a la supervivencia en ese momento.
— Acabo de salvarle la vida a la ex novia de la comadreja¿y tú te crees con el derecho de decirme eso?
— Lárgate de aquí Malfoy
— No me da la puta gana, ¿Que puedes hacer tú al respecto?
— Seguro algo mejor que abrazar al peor monstruo del mundo mágico
— ¿Habla quién no pudo matar a ese mismo monstruo?
La sonrisa venenosa de Draco desaparecio cuando, en medio segundo, Potter se había lanzado contra el.
Una confusa pelea de empujones, puños y patadas inicio. Desde lejos podría parecer solo un abrazo agresivo pero dentro ambos hombres, que no se quitaban las manos de encima, tenían intenciones asesinas.
En cada forcejeo liberando sus frustraciones, en algún punto cayeron al piso, y en otro más se habían vuelto a levantar.
Una torcedura especialmente dolorosa impulso a Draco a empujar a Potter lejos, el chico terminó a un par de pasos del rubio. Ambos jadeando…
Entonces Draco lo entendió… todo sentimiento de odio desapareció del rubio cuando los ojos esmeralda volvieron a la chica comprobando su bienestar antes de volverse a posar en él.
Aparentemente Potter solamente estaba genuinamente preocupado por la chica y tenía razones confiables para creer a Draco su enemigo.
Al igual que él Potter se sentía impotente… igual que él se lamentaba no haber salvado a todas esas personas. E increíblemente, por primera vez desde que lo conocía, Draco entendió que con todo el moreno solo había intentado hacer lo mejor para lidiar con su papel como el elegido y salvar al mundo mágico, un papel que no había elegido sino que le había sido impuesto.
El rubio supuso que algo en su mirada había cambiado porque de repente la expresión de Potter también lo hizo.
Draco inconscientemente pudo sentir claramente cómo en ese momento una burbuja los apartaba del resto del mundo.
Harry Potter estaba cubierto en mugre y sangre, el cabello repleto de escombros, las ropas roídas pero sobre todo; se veía cansado.
Toda su presencia estaba inusualmente opaca, se veía peor que la mierda, era un pedazo de mierda completamente vencido y sin esperanzas.
Y precisamente por eso Draco no entendía cómo es que su mente era atraída hacía Potter como metal a un imán… un imán demasiado fuerte.
Sin verdadera voluntad el rubio dio un paso hacia el moreno y luego uno más. Entonces, no supo qué hacer.
De alguna forma pensó que Potter retrocederia a sus avances, pero el moreno seguía en su lugar y no parecía sorprendido por tenerlo a menos de medio metro de él.
Durante la batalla el moreno había salvado su vida en al menos dos ocasiones, Draco lo sabía. Pero también sabía que ese momento no se trataba de eso.
Cuando Potter suspiró librando repentinamente su cuerpo de cualquier tensión e imperceptiblemente recargando su cuerpo de forma que ambos pechos casi se rozaban Draco lo supo.
Aunque en ese momento no entendía completamente supo que ese instante no se trataba del pasado. Supo que aunque estaban rodeados de guerra y muerte en medio del destruido Hogwarts tampoco se trataba del presente.
Ese momento trataba del futuro. De que Voldemort no había muerto. De que aún tenía un horrocrux, porque la serpiente seguía viva.
Un futuro con decisiones demasiado radicales. Un futuro donde el señor oscuro no cometería los mismos errores y atacaría con más fuerzas. Uno en el que Draco pondría todo, lo que le importaba y lo que no, en riesgo por ser un espía para el bando de la luz… para el bando del hombre frente a él.
Un panorama demasiado incierto, demasiado negro y aterrador al que ambos, muy posiblemente, no sobrevivirían.
Draco dio medio paso uniendo definitivamente ambos pechos, los ojos verdes mostraron la sorpresa de Potter por el repentino contacto.
Sin pensarlo demasiado el rubio dejó caer sus labios suavemente hasta que encajaron completamente en los contrarios.
El mundo pareció congelarse, y la tensión de El Elegido era palpable por el rubio. Tras un instante eterno Draco movió sus labios con la suficiente fuerza como para espichar los contrarios en un lento pero profundo balanceo.
Fue entonces que Potter pareció reaccionar dejando escapar de golpe el aire de su boca por la sorpresa, el cálido aliento golpeo los sensibles labios de Draco. Antes de que el moreno se alejara de él el rubio posó sus manos en la nuca enterrandolas ligeramente en la raíz del enmarañado cabello.
Profundizó el roce hasta pegarse completamente al otro mientras su boca se volvía más hambrienta sobre la otra.
Decidido, el rubio beso concienzudamente cada milímetro de la boca contraria, olas de presión humedecieron lentamente los labios del chico que vivió mientras casi inconscientemente Draco acariciaba su nuca y sumergía sus dedos en el cabello de San Potter.
Pero besar a alguien sin respuesta no puede durar más de 10 segundos, y es que los besos son cosa de dos.
Sabiendo que no podía tentar más su suerte Draco atrapó el labio inferior del moreno succionando suavemente mientras su lengua daba una última caricia antes de romper el contacto entre ambas bocas.
Draco tenía los ojos cerrados y estaba decidido a solo alejarse de ahí rápidamente sin hacer contacto visual antes de que la mente de Potter entendiera que le acababa de robar un beso. Aunque tal vez era mejor si corria para que, de paso, su mente tampoco empezará a aventurar sobre el motivo de sus acciones.
Listo para huir el rubio se impulsó para atrás sorprendiendose al no poder alejarse. Fue entonces que se dió cuenta de que, en algún momento, los brazos de Potter habían tomado su cadera. Draco alzó la vista intentando buscar la respuesta en el rostro de Potter, pero el moreno tampoco parecía entender cómo sus manos había llegado ahí.
Y entonces los ojos grises cometieron el error de hacer contacto con los verdes, basto solo con sentir las pupilas dilatadas mirarlo para que la cordura lo abandonara y sus labios volvieran a besar al Gryffindor.
Esta vez nada importaba, el contacto fue más pasional. Tanto así que el rubio no supo exactamente en qué momento los labios del otro devolvieron sus movimientos con igual frenesí.
Se estaban besando. En medio de un destruido Hogwarts, en medio de la guerra, frente al cuerpo inconsciente y destrozado de Lavender Brown.
Pero nada importaba, de repente eran solo ellos. Solo dos personas atrapadas en la misma jaula decididas a olvidarse de todo lo demás aparte del otro.
La lengua de Harry reclamó el interior de la otra boca como suyo, la lengua de Draco luchaba con la contraria hasta que consiguió reclamar la boca de Potter como su territorio.
Una batalla que a ninguno le importaba perder o ganar, solo lucharla.
Las manos de Draco se habían deslizado por los hombros hasta los bíceps y después había rodeado en un agarre mortal la cintura del contrarío. Las manos de Harry acariciaban con hambre la espalda del rubio.
Malfoy sabía que Potter estaba en su peor momento, que el olor a mugre y sangre impregnaba sus ropas. Pero eso no le impidió, en medio del momento, ahogarse en el olor del chico. No el de la batalla, el olor único del otro.
No podría describirlo con palabras. Era un ligero toque de olor a jabón de baño muggle almizclado con el olor único del hombre entre sus brazos. Un olor que inconscientemente sabía que sus sentidos nunca olvidarían.
El sabor en la boca de Harry era adictivo, pero lo que sabía que lo llevaría a la perdición era reconocer que ese sabor era una mezcla de Potter y su propia esencia.
Los movimientos subieron de nivel y de repente el rubio sintió su espalda chocar contra la piedra de una de las paredes del pasillo.
Draco no pudo evitar gemir cuando el cuerpo de Harry lo espicho contra la pared. El moreno dejó salir en respuesta una grosería muy cercana a un gruñido que chocó contra los labios de Malfoy.
Una bruma se había apoderado de la mente del rubio y se había convertido en una masa sin raciocinio dispuesta a no parar de sentir.
Las manos del moreno alaron su ropa hasta que tuvo bajo sus palmas la piel más pálida. Draco no estaba dispuesto a quedarse atrás y se coló bajo la camisa del Gryffindor acariciando la suave piel del plano estómago.
Pudieron ser horas o años el tiempo que estuvieron así. Besándose sin control, solo separando ambas bocas cuando alguna de las dos decidía pasar los besos a la mandíbula contraria por un rato antes de regresar a la guerra de lenguas.
Draco pensó, en el momento que una embestida de la lengua de Potter coincidía con un sensual pellizco a la piel de su espalda y un duro roce entre ambas entrepiernas, que si era necesario morir en ese momento para sentir eternamente a Harry de esa forma lo haría sin miramientos.
El beso fue bajando su velocidad lentamente, las lenguas se enredaban perezosamente satisfechas con cada roce. Y ambos cuerpos se restregaban con parsimonia con suaves ondas contra el otro.
Y entonces, con una suave succión mutua las bocas se separaron, los ojos grises se entreabrieron lentamente observando el sonrojado rostro aún con los párpados cerrados de Potter.
Un ligero hilo de saliva aún los unía y cuando finalmente los ojos verdes se asomaron de nuevo el rubio no dudó en volver a besarlo.
La respuesta fue inmediata, un par de minutos después volvieron a separarse. Draco no pudo evitar echar su cabeza para atrás apoyándola contra la pared a su espalda, sintiendo toda fuerza abandonar su cuerpo.
Entonces Harry bajó su cabeza para darle un sonoro beso mariposa… y en medio segundo el rubio se había vuelto a lanzar contra el moreno en una nueva sesión de besuqueo.
Fue hasta la tercera vez que pararon para recuperar el aliento que la burbuja se rompió. Potter había elevado sus ojos hacia uno de los lados, concentrado.
Con la atención de Potter en otro lado los sentidos regresaron lentamente al rubio, y cuando lo hizo escucho la voz de la profesora McGonagall.
— … Repito, en quince minutos las protecciones de la escuela serán respaldadas y junto al ministerio se supervisará cada entrada o salida - Draco se enderezo y Harry se separó medio pasó del otro, aún con las manos frescas sobre la piel cálida del estómago del rubio - continuamos en guerra y se tomarán medidas de guerra. Repito, en quince minutos…
Mientras la voz de la profesora continuaba retumbando por todo Hogwarts ambos chicos regresaron sus pies sobre la tierra de nuevo.
— Ma-Malfoy - el tartamudeo de Potter hizo que la tensión se apoderara del rubio.
Los ojos grises sólo miraron al chico, ninguno sabía qué decir. No había una explicación lógica para lo que acababa de pasar y no había ningún motivo para que se repitiera.
Aún así Draco fue consciente de algo, la situación de ambos y su papel en la guerra. Eso y lo que les deparaba el futuro cercano, uno de ellos como la cara en todos los medios británicos y el otro huyendo hasta que el señor tenebroso los convocará de nuevo.
Con la derrota los medios querrían comerse vivo a Harry para alimentar a los temerosos magos que no hacían parte de ninguno de los dos bandos y el elegido debía vivir con eso mientras seguía las órdenes de Kingsley, nuevo líder de la Orden del Fénix, sobre su próximo movimiento.
Y Draco, de quién solo Snape y Kingsley conocían su identidad como espía. Debía volver con su familia para protegerlos esperando que sus amigos estuvieran vivos, y cuando Voldemort lo llamara a través de la marca debía ir y postrarse como uno de sus vasallos para mantener su coartada de mortifago y continuar su trabajo como espia.
Ahora más que nunca era necesario, ya que Snape estaba fuera de juego tras ser revelada su postura real y casi ser asesinado por el señor tenebroso.
Draco vio sus pensamientos y temores reflejados en las pupilas de Potter, y cómo si fuera algo que llevaba haciendo toda la vida atrapó con su mano una mejilla del moreno antes de volver a besarlo.
Esta vez con todos los sentimientos a flor de piel, con una despedida implícita en cada embestida de su lengua a la boca del moreno.
Harry hundió sus manos en el cabello rubio platinado respondiendo de la misma forma. Porque de nada servía darle más explicaciones al asunto, no cuando podían solo disfrutar el momento, un momento que no tenía cabida en sus futuros.
No era necesario explicar algo que solo los reconfortaba.
Harry gimió cuando el rubio atrapó su lengua, succionandola. Tras minutos en los que incluso dejaron de oír la voz repetitiva de la profesora McGonagall la pasión mermó, Draco posó ambas manos en las mejillas del moreno y estiró con sus dientes el labio inferior dándole una ligera mordida como última caricia.
Ambos se alejaron entonces, Draco fijó su atención en Lavender.
— ...Repito, en cinco minutos las protecciones de la escuela…
Ya no había tiempo, si se quedaba estaría bajo merced del ministerio. Debía irse.
Ambos se quitaron las manos de encima al mismo tiempo y Potter retrocedió liberando al rubio de su posición contra la pared.
El platino apareció uno de los papeles de registro médico e invocó un hechizo vuela pluma, la pluma siguió escribiendo cuando Malfoy se giró de nuevo hacia Potter.
Ambos ojos se encontraron un segundo antes de que ambos desviaron la mirada, no había nada que analizar… no ahora almenos.
— Brown ya está estable - habló lo más firme que pudo Draco - levitala a la enfermería, en este papel va todo lo que Pomfrey debe saber…
El rubio extendió su mano con el registro hacia Potter, el moreno la tomo mecánicamente. Los ojos verdes buscaron los suyos pero los grises lo evitaron.
— Ella está bien, sobrevivirá aunque será parte hombre lobo - murmuró el rubio, pero Potter seguía mirándolo fijamente, ¿porque tenía que hacerlo tan dificil?
Sin poder evitarlo más el rubio cedió y sus ojos se encontraron con los verdes. La conexión de ambas orbes parecía decir más de lo que las mentes de sus dueños podían procesar en ese momento.
Con todo su cuerpo temblando Draco acortó la distancia entre ambos y como si estuvieran en un trance sus labios se encontraron de nuevo.
Pero apenas tras un par de segundos las manos del moreno, que se encontraban aferradas a la cadera del Slytherin, afianzaron su agarre y apartaron el cuerpo de su lado.
El rubio abrió los ojos y frunció el ceño ante el acto, ante la muda pregunta Harry solo empujo levemente las caderas de Draco alejándose unos centímetros.
Cuando el rubio volvió a acercarse instintivamente el moreno repitió el empujón con un poco más de firmeza.
— Vete
La mente de Draco finalmente trabajó de nuevo, tenía menos de cinco minutos para abandonar los terrenos de la escuela. Con una última mirada el rubio se dio la vuelta y corrió.
Usando todas sus fuerzas el Slytherin logró contenerse para no mirar atrás, tras pasar los primeros árboles del bosque prohibido la voz de McGonagall anunciaba solo un minuto restante.
Jadeando Draco cerró los ojos y se apareció.
— Obliviate
La mano de Draco sostenía firmemente la varita aunque las rodillas del muchacho temblaban mientras, con todo el cuidado que podía, hechizaba a su madre.
Tras terminar el hechizo un ligero Desmaius bastó para hacerla caer dormida. El rubio la alzó entre sus brazos hasta posarla en la cama nupcial de la mansión de primavera Malfoy junto a un muy inconsciente Lucius Malfoy.
Cuando Draco se había aparecido en el lugar su padre ya estaba despierto, lo primero que hizo fue gritarle por haberlo atacado y transportado sin su consentimiento.
Luego, cuando el primogénito les explicó los resultados de la batalla la familia llegó a un acuerdo. Aunque los tres eran hábiles en las artes de lectura de mentes, los mayores no podían desviar un ataque directo de legeremens del señor oscuro sin levantar sospechas.
Por lo que la solución fue solo una. Draco debía borrar los recuerdos de su madre mintiendo sobre la muerte de Potter y la retirada traicionera antes de que terminara la batalla.
Recuerdos que fueron reemplazados con unos de corta lucha junto a Voldemort y una retirada después de las órdenes del malherido señor tenebroso.
El rubio suspiro saliendo de la habitación, él tenía suerte, el entrenamiento con Severus había vuelto a su mente una fortaleza e incluso había aprendido a fabricar recuerdos.
Él no tenía porqué temer a un legeremens pero lo que temía era el futuro, no sabía qué terreno pisaba ahora o cuando el lord regresaría. Ya que su regreso podría equivaler solo al asesinato de su familia o una temporada más como sirvientes.
Draco se acostó a dormir, sintió que justo apenas logró dormirse se desperto. Su alrededor era una locura, un dolor lo consumía y fuera de la casa un bullicio de múltiples voces junto a objetos siendo movidos lo desconcertó.
Aún medio dormido sintió el ardor y comprendió que el dolor que sentía era la marca tenebrosa en su antebrazo.
En ese momento se abrió la puerta y una risueña Bellatrix Lestrange estaba en el marco de la puerta.
— Sobrinito no es momento de dormir - dijo con su voz de loca - sal ¡Ahora!
En dos zancadas la mujer lo tomó del brazo arrastró fuera de la habitación, allí Draco pudo ver a varios mortifagos y a sus padres empacando algunos objetos en bolsas.
— ¡Padre! - el rubio se deshizo del agarre de su tía y camino hacia sus padres - ¿Qué pasa?
— Nos está convocando, Bella creé que lo mejor es llevar varios libros y objetos oscuros con él.
— ¿Porqué? - lo único que entendía Draco es que los mortifagos no estaban cazandolos porque aún los creían de los suyos y eso aparentemente, era bueno.
— Haces demasiadas preguntas Draquito - Bellatrix pellizco con demasiada fuerza una de sus mejillas antes de diriguirse a un par de mortifagos que Draco identifico cómo los hermanos Carrow.
— Muevanse
El grito llegó de afuera por parte de Greyback, quién estaba en los jardines del lugar con un zapato que claramente era un traslador.
Un escalofrío recorrió a Draco al recordar a Lavender.
Todo lo demás pasó muy rápido. Se trasladaron a algún lugar en las ultratumbas donde cientos de encapotados, que equivalen sólo el círculo más cercano al lord, se postraron de rodillas ante el señor tenebroso.
Lo que sea que le había hecho Potter había prácticamente destruido al hombre y Draco podía ver como con cada palabra el hombre se desmoronaba.
El rubio sabía que en esa condición no le quedarían más de un par de días de vida.
El discurso fue conciso, un nuevo plan encubierto duraría varios meses antes de una aparición pública. Pero era bastante obvio que solo era algo para decir y calmar a los mortifagos mientras el lord agonizaba.
— Ustedes no - los frenó la voz chillona de Bellatrix.
Todo había concluido tras un par de horas, el señor tenebroso se había retirado tras los primeros minutos. Ahora todos partían pero un grupo más reducido se dirigía a otra sala del lugar.
Allí la verdadera reunión había empezado, una para salvar la vida del autoproclamado señor de las tinieblas. Por cuestiones del destino no había ningún medimago en las filas del lado oscuro y ahora buscaban soluciones para curar a su señor en hechizos tenebrozos.
— Pero sí tenemos un medimago
Interrumpió de repente un rubio cenizo de estatura promedio que Draco había visto pero nunca se había aprendido el nombre.
— Él - uno de los morenos dedos señaló directamente al menor de los Malfoy.
— No soy medimago - respondió inmediatamente Draco intentando no mostrar su sorpresa al tener la atención de toda la sala, y el señor oscuro, sobre él.
— So lo eres, mi hijo estudia en Hogwarts y lo vió curar a los heridos de la batalla.
Draco lo pudo sentir claramente, incluso sin estarlo mirando Lord Voldemort acababa de entrar a su mente. Y con resignación Draco supo lo que debía hacer.
Debía dejarle ver lo suficiente para saciar la curiosidad del señor tenebroso y luego parecer desconcertado como si no entendiera que pasaba.
Dejó pasar recuerdos de la enfermería y estratégicamente se enfocó en los que incluían solo Slytherins lo más que pudo. Ahora recordaba que el hombre que lo había señalado era padre de un estudiante de quinto año de su casa.
Una vez la presencia dejó su mente Draco miró a su alrededor haciéndose el desconcertado. Ahora entendía, el cuerpo de Lord Voldemort estaba al borde de la muerte pero la magia del hombre no había sido afectada. Por eso ahora lo único que necesitaba era un médico que curara su cuerpo, alguién que le salvara la vida y Draco supo que ser esa persona no podría traerle más que beneficios.
— Solo me obligaron a ayudar- escupió con una excelente actuación de asco en su voz arrastrada - desde joven he sido bueno con los hechizos médicos y Pomfrey lo sabía - mintió.
Minutos después y sin mucha meditación por parte del señor oscuro, Draco estaba arrodillado al lado de la cama de seda del hombre recitando un hechizo tan largo como una oración una y otra vez mientras su varita revoloteaba sobre el pálido cuerpo.
Tras recitar los resultados y ganarse miradas de admiración de las personas en la sala volvió a sentir al señor tenebroso entrando a su mente. Esta vez los ojos rojo sangre lo miraban directamente... pero Draco estaba preparado y sabía lo que el Lord Oscuro quería encontrar.
Quería asegurarse de su lealtad.
— Hazlo
Y Draco supo que había engañado exitosamente al mago oscuro más temido del mundo. Sin embargo, él no era medimago. Y sabía que se no tener éxito o de fallar en alguna parte del proceso moriría... junto a toda su familia.
Hacerlo solo te causara beneficios
Lord Voldemort, a su manera, acababa de pedirle que le salvara mentalmente. Y Draco sabía que aunque podía perder mucho si lo lograba, el señor tenebroso estaría firmando su propio fin.
Deteniendo el temblor de sus manos Draco, en medio de la habitación con los más poderosos y temidos mortifagos del lado oscuro, levantó su varita y apuntó directamente al corazón de Lord Voldemort.
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