Pseudo

Disclaimer: Los personajes y lugares reconocibles pertecen a JK Rowling, yo escribo por entretenimiento, sin ánimo de lucro.

"Este fanfiction participa en el reto Mañana será otro día del foro El escorpión que coleccionaba rosas." -Con la letra Q y el número 7 (Hannah Abbott y Recordadora)

...

Malfoy

Ella. Rojo. Azul. Fuego.

La odiaba. La detestaba. La aborrecia. La repelía .

Pero no podía dejar de pensar en su cabello. Su calor. Sus ojos. Su cuerpo.

Era deporable. Un Maloy pensando en una Weasley. Era impensable. Imposible. Pero ocurría, le ocurría constantemente.

Y ella. Ella le había dejado. No sabía como, porque no mantenían ninguna relación. De hecho no eran nada. Solo dos persona. Dos personas que se rozaban.

Todo en su vida se había convertido en una eterna disyuntiva. En un conflicto. Porque era una mestiza, una impura. Pero ese no era el problema. Todo difería a que ella era una Weasley. Una comadreja. Una estúpida y pequeña comadreja.

Y el abominaba a las comadrejas Weasley. Se creían superiores moralmente por ser hijos de heroes. Dominaban la escuela. Los profesores les conococian, y reconocian sus logros más que los de la mayoria.

Pero eso a Scorpius no le importaba. El los odiaba. Porque todos ellos representaban de lo que el llevaba huyendo toda la vida. La verdad. Sobre su padre. Sobre toda su familia. Y no podía sopotarles por ello.

Porque los Weasley. Siempre. Siempre eran los Weasley. Desde pequeño. Cuando salían esos largos articulo sobre esa familia en El Profeta.

Eran muchos. Eran valientes. Heroicos. Honrados. Siempre eran todo lo que los Malfoy no.

Por eso había ido desarrollando desde temprana edad esa capa de recelo y enemistad hacía ellos. Por ser algo, que el, ni su padre, ni su abuelo, todos Malfoy, habrían podido ser nunca. Bien porque no se atrevían o bien porque simplemente no querían serlo.

Scorpius miro su muñeca, donde relucía un hermoso reloj de plata, donde relucían tres manecillas.

12: 59: 35.

36. 37. 38. 39...

Se levantó elegantemente nada más sono la sirena que marcaba el final de la clase.

La Weasley, tres puestos por delante de él, se precipito rapidamente hacía la salida al lado de su primo sin dirigirle ni un vistazo por el rabillo del ojo.

Quizás en otro tiempo la habría seguido y cuando se hubiera separado de su primo la habría agarrado del brazo con firmeza, en un pasillo solitario, y se habría fusionado a ella en medio.

Pero ya no. Ella había puesto fin a esa pseudo relación que mantenían. Se había alejado.

Y el no pensaba destrozar el poco orgullo que conservaban los Malfoy. No pensaba perder su dignidad por una sucia Weasley. Y menos por esa. Esa con la que tantas veces había discutido. Que tantas veces había conseguído sacarle el furor de su interior.

Pero, joder, indescriptiblemente, no la sacaba de su cabeza.

Había llegado a pensar que una parte de Weasley le pertenecía. Y seguro que lo hacía. Aún, incluso.

Una antonomia se debatía en su interior. Su ser y su ego luchaban encandecidamente por la victoria.

Pero había cosas que él nunca había llegado a comprender. En las que no había deparado en todos esos meses de pasión. De ocasión. De antítesis.

Apoyo con fuerza la cabeza en la pared. Golpeandose la nuca. Acallando sus pensamientos.

¿Que había hecho? El había tenido muchos affairs ¿Porque unos simples meses de pasión le calaban tanto? ¿Porque era un Weasley? ¿Porque la odiaba? ¿La odiaba?

Muchas cuestiones, pocas resoluciones.

Necesitaba alejarse de toda, de ella, incluso de el mismo.

Aunque no se había sentido tan lejos de si mismo en la vida. Y a la vez tan cerca. Cerca. Era como si con esa sensación tan deprorable que no le dejaba en paz, por una vez pudiera rellenar un hueco de su yo. Como si sentirse tan impotente y estúpido fuera su verdad.

Una cosa era segura. La Weasley le arruinaba. Se estaba volviendo una ruina. Y sus sueños. Tambien ruinas. Y su orgullo. Más ruinas.

La maldecía por ello. Por todo. Y por nada.

¡Pero demonios! Comenzaba a pensar que la necesitaba.

¿Era posible que se hubiera hecho dependiente de todos esos momentos candentes?

Nadie sabe que fué feliz, hasta que camina entre las cenizas de la felicidad perdida.

Se había cumplido. Aunque no creía que jamás fuera feliz con ese vínculo fogoso y exiguo. Pero durante ese tiempo algún mecanismo se había removido en su interior, ocasionandole una invasión irregular.

¿Era posible que hubiera desarroyado sentimientos hacia Weasley?

Sonaba imposible. Pero algo dentro de él le decía que era más que correcto.

Daba igual, seguramente. Habían pasado una semana y la pelirroja no había girado siquiera su mirada. Notaba su incomodidad, pero no le divertía en absoluto. No era suficiente que supiera que no le era indiferente.

El día había transcurrido solemne y deficiente.

La noche tomaba su turno.

Con la Weasley colapsando su cabeza todo era tan avernal que le asustaba.

Tambien era un infierno estar sin ella. Había llegado a esa conclusión.

Camino despacio. Sobre el cesped. No le quedaban ganas de dormir. Le asustaba la idea de lo que podía llegar a soñar.

Ella. Rojo. Azul. Fuego.

De repente vio un destello pelirrojo junto al árbol cercano al lago.

Antes de poder reflexionar ya se estaba acercando.

Un color. Un aroma. Rojo. Rosas.

Ya estaba a diez centimetros de ella cuándo alzo la mirada.

Cielo. Mar. Azul.

Nubes. Tormenta. Gris.

Sus ojos chocaron silenciosamente. Ella con sorpresa. El incoherente.

Scorpius no sabía con exactitud cuánto tiempo estuvieron evaluandose mutuamente.

Puede que un minuto. Puede que apenas dos segundos.

Weasley bajó la mirada.

-Marchate Malfoy.

Guardo silencio.

Puede que un minuto. Puede que apenas dos segundos.

La pelirroja se incorporo. Dispuesta a marcharse.

No podía aguantar más que se fuera. Que le dejara. La odiaba por eso. Pero a la vez la necesitaba imperiosamente.

La tomó del brazo. Ella se zafó de su agarre violentamente, pero el volvió a tomarla casi al instante. Con suavidad pero con firmeza.

-Weasley...

-¡No quiero!-Le exigió.-Dejame Malfoy.

La apoyo contra su pecho de repente. Vio que ella se quedaba completamente rigida.

-Weasley.-Repitió.-No te vayas.

Seguro que había sonado ridículo y desesperado. Puedo que estuviera a punto de perder su orgullo.

-¿Porque Malfoy?-Suspiró.

Trago saliva. ¿Debía decirlo?

-Quiero que te quedes.

Weasley se tensó aún más. Y su respiración se hizo entrecortada.

-...Necesito que te quedes...

-No intentes mentirme.

Se sobresalto cuándo la chica dijo esas palabras. Se sintió caer.

La pelirroja le apartó con fuerza.

Esta vez la tomó y la pegó al tronco del árbol. Situandose a milimetros de ella.

Podía sentir como sus sentimientos por la Weasley le atenazaban.

-¿Que quieres de mi, Malfoy?-Le escupió.-Dime de verdad que quieres.

Tragó en seco.

-Quiero que te quedes. Ahora. Siempre. Quedate, Weasley.

La pelirroja apartó la vista.

-¿Para qué?

El se sintió confundudo.

-¿Para que me destruyas?-Continuó.-Siempre es lo mismo, Malfoy. No quiero eso.

-Weasley...

No podía creer lo que iba a decir. Se le hacía irreal. Pero nada había sido nunca tan real para el.

-Creo que te quiero...

Rose alzó los ojos azules, abiertos completamente, y lo miro impresionada.

Se acercó a ella. Se perdieron mutuamente en el contacto.

Pero no duro mucho, porque Rose cerró los ojos, fuertemente.

-Yo tampoco, Malfoy.

Y se escabulló de el. Dejandole completamente plantado. Humillado.

Y puede que por una vez en toda la vida del Malfoy, con el corazón completamente despedazado.

N/A: ¡Fin! He terminado. Lo siento por el final. Pero era necesario. Me ha dolido. Pero no veía sentido a que volvieran a si como así despues de lo trágico de su PSEUDO RELACIÓN. Espero que les guste. Votar, votar, si puede ser a mi pues mejor, pero si no pues nada. Y a las/los que participen ¡Mucha suerte! Aunque yo necesite más.