Imagine me & you
Capítulo II: Olvidando prejuicios,
olvidando amenazas.
Sé que el padre de Jeanne me habla. Lo sé. Aún así, no le escucho. No despego la atención de ti… y no entiendo qué demonios haces hablando con mi hermana.
No soy idiota, por lo que finjo escuchar a mi suegro, contesto con algún 'sí' de vez en cuando y río cuando Jeanne, colgada de mi brazo, lo hace. Cuando el silencio se extiende más de lo normal; es cuando supongo que se han dirigido a mí. La última vez que el hombre se dirige a mí, no me doy cuenta del extenso silencio –que ha esta altura debe de ser de unos treinta segundos ya-.
-¿Ren?
Le miro. Ahora sin darme cuenta, me había quedado mirando a mi hermana.
-¿Qué te parece?-insiste, al ver que le presto atención.
-Eh… claro.
Jeanne me mira, alzando una ceja. Sabe que no estaba escuchando; no es adivina, sólo me conoce.
-Genial, haré que te llamen. Ahora disculpad, sabes que tu madre suele excederse en las bodas- ambos reímos hipócritamente ante su comentario. Le besa la mejilla, me da la mano y se aleja. La miro, y pone los ojos en blanco. Ella también detesta la manera superficial y ególatra de tratar a los demás que tienen nuestros padres.
-Ren, ¿de qué hablabais?-pregunta, sonriendo un poco.
-De trabajo-adivino. Es lo único de lo que hablamos.
Ella sonríe un poco más.
-Te has salvado-ahora se ríe, antes de darme un beso. No insiste en preguntar sobre qué tema del trabajo; es obvio que no hacía caso a su padre.
-Jeanne, has hecho un trabajo precioso-cuando me giro, veo a mi hermana acercándose. Y me sorprende que te dejes arrastrar por el brazo, con una sonrisa-. ¿Ya habéis visto a Li?, estaba por ahí…
Jun se acerca a Jeanne, y la abraza, obligándola a soltarme. Siento que te acercas, hasta colocarte a mi lado.
-¿Cuántos años os lleváis?-preguntas. Cuando me giro hacia ti, separas la mirada de ellas, para sonreírme.
-Tiene treinta y seis años, si es eso lo que quieres saber-no puedo evitar que me moleste tu pregunta. ¿Es que quieres ligar con mi hermana? ¡Es mi hermana!
-Eso ya lo sabía. Lo que quería saber es tu edad-contestas, sincero y sonriente.
-Tengo veintiocho años, Horokeu.
Te ríes, como si fuese indignante.
-Eres un jovencito aún-comentas, con tono serio, aunque sonríes.
Guardo silencio un momento, antes de alzar una ceja.
-¿Cuántos años tienes tú?
Me miras. Ahora, te quedas serio, borrando la sonrisa de tu rostro. Y tienes que hacer fuerza, porque, al parecer, quieres que parezca que hablas en serio.
-Jamás lo sabrás.
Sin dejarme insistir, Jun se pone delante de mí. Extiende los brazos, como pidiendo que le dé un abrazo. Ella también sabe de mi rechazo hacia cualquier muestra excesiva de afecto.
Me acerco, dejando que me abrace, con una sonrisa. Después de todo, es una ocasión especial.
-Me alegro tanto por ti, Ren-comenta ella, aunque sé que se esfuerza. Porque… es complicado. Y sé que actuar de esta manera, celebrar una boda a lo grande, y fingir que Jeanne y yo nos amamos, cuando sólo nos queremos. Y ni siquiera de este modo.
Y Jun, aunque le parece mal lo que hacemos, lo entiende.
…
Estamos todos dentro. Te subes al escenario donde la orquesta tocaba antes, para golpear una copa con tu anillo dos veces delante del micrófono.
-Demonios-te quejas, haciendo una mueca ante el estruendoso ruido que provoca la copa. Se escuchan unas cuantas risitas.
Parece que no te gusta mucho hablar delante de tanta gente; de todos modos, te esfuerzas, y tampoco se te nota tan incómodo.
-Bueno-suspiras, y nos miras. No. No nos miras. Me miras-. Por ahí me han pedido que haga los honores, así que aquí estoy-se vuelven a reír. ¿Por qué se ríen sólo porque abras la boca? Tú también pareces desconcertado. Claro; se me olvidaba que esto es una boda. Y que están los hipócritas amigos de mis padres y los de Jeanne. Ahora todo tiene sentido- .No tenía pensado venir a dar un discurso, en realidad, sólo venía por la torta-nuevas risas. Frunces el ceño, con una pequeña sonrisa. Y, no sé cómo, pero sé que tú también piensas que son idiotas-. Sinceramente, aún no me creo que la niña que lloraba cuando le curaba las rodillas raspadas se esté casando-Jeanne aprieta un poco más mi brazo, y sé que sonríe. ¿Por qué me sigues mirando, y no a ella?-. Yo… realmente no me lo creo. Vi cómo la niña de rodillas raspadas se enamoraba una y otra y otra… y otra vez-nuevas risas, a las que estas también se suman la tuya y la de Jeanne-, vi cómo se negaba a cortarse el pelo cuando le dio por raparse la mitad de la cabeza-me gustaría girarme, ver cómo se ríe. Pero no puedo dejar de mirarte cuando me correspondes-… y ahora veo cómo te casas con un chico que… bueno, que parece fantástico-me sonríes. A mí-, y muy guapo- no puedo evitar sonreír un poco también-. Demonios, Jeanne, me haces hablar como un viejo-se queja, y todos se vuelven a reír-. En fin, que me alegro que hayáis encontrado el amor y todo eso en el otro. Y que seáis felices. Para siempre. Tienes suerte-sigues mirándome.
Sonrío, a lo que los otros aplauden. Jeanne me mira, como para avisarme, antes de acercarse a tu encuentro para darte abrazos y las gracias.
Siento un brazo sobre mis hombros. Sé quién es.
-¿Quién es ese que se te quiere tirar?-sonríe de manera obscena.
-Hao, tienes treint…
-Veintinueve, y si vas a decirme eso de 'es hora de que controles tus hormonas', guárdatelo. Te digo que quiere algo contigo.
Comenzamos a caminar hacia la parte de afuera; ya estaba oscureciendo, y la cansina presencia de tanta humanindad junta sólo se apaciguaba con el aire fresco que hacía que el largo cabello de Hao (recogido en una coleta pese a sus quejas, gracias a la insistencia de Jeanne) se moviese de un lado a otro.
-¿Te acabas de despertar, o es que sólo te haces el idiota? Hao, me acabo de casar.
Miré a los que estaban en la parte exterior de mi boda. No habían muchos presentes; la mayoría había salido para fumar.
-¿Y qué tiene eso que ver? Todos los maridos tienen aventuras, Ren- me obliga a mirar en tu dirección. Hablas con Jeanne.
-No seas cerdo- me quejé.
-Bueno, si tú no lo quieres, me lo quedaré yo. ¿Cómo se llama?
Hao era el único amigo que tenía, desde que tengo memoria. Y no era gay, ni hetero. Ni bisexual. Sólo un maldito depravado.
No supe por qué, pero no le quise dar tu nombre. Y, en el momento, me pareció lo más normal del mundo que la idea de que pudieses ser de alguien, me repugnase.
-¿No me lo vas a decir?-insistió, sonriendo un poco más y alzando una ceja.
-¿Interrumpo?-te plantas frente a mí. Hao se escurre de mis hombros. Sonríes, algo incómodo-… es que te estaba buscando.
-No nos conocemos-te giras hacia Hao cuando te habla. Correspondes su sonrisa-. Soy Hao-te tiende su diestra.
-Eh…-te apresuras a corresponderle-Horo-Horo-me miras. Te sonrío, porque no sé qué hacer-, o Horokeu.
Sonrío un poco más.
-Eres el hermano de Yoh, ¿verdad?
Hao parece sorprendido. Yo lo estoy; no sabía que conocieses al otro Asakura.
-¿Le conoces?-Hao re sonríe, de esa manera que yo conozco. Por una sonrisa así, comenzamos a ser amigos. Para llevarte a la cama.
-Poco. Es amigo de Lyserg y Jeanne… pensé que vendría.
-Su mujer está dando a luz-explicó Hao, sin poder evitar sonreír un poco. Aunque odiaba a Anna, era su sobrino de quien hablaba.
-¿Qué?-se rió ante tu reacción. Asintió, sin dejar de sonreír- Pues… dile felicidades de mi parte cuando le veas. Aunque es probable que no me recuerde.
-Mi hermano no se olvida de la gente agradable.
Te ríes.
-¿No decías que me buscabas?-me veo obligado a intervenir. No estoy dispuesto a presenciar un asalto de piropos , y menos si es contigo. Y luego me doy cuenta de que me molesta que me parezca normal.
Asientes.
-¿Por qué?-insisto, deprisa.
-Tranquilo, Ren, no voy a violarte- abro mucho los ojos, sintiéndome ruborizar. Aún. Sonríes-. Es sólo que me voy.
-¿Ya?-y no sé por qué, pero todo se me hace pesadamente gris. Tal vez por la aplastante probabilidad de que esta será la última vez que nos veremos.
¿Cómo demonios te das cuenta de que me hace sentir mal esa idea?
-Jeanne me ha invitado a vuestra casa cuando volváis de la luna de miel.
Malinterpretas mi cara sorprendida con una de desagrado. No me preguntes cómo, pero lo sé. Así que me apresuro a hablar:
-Genial. Me encargaré de todo-sonrío como un idiota-. ¿Cuál es tu comida favorita?
-Los tamales-sonríes, mordiéndote el labio inferior en señal de cuán apetecibles son… Deliciosos.
Sacudo un poco la cabeza, sin poder evitarlo, como para despejar la mente. Tú me miras con el ceño fruncido y una pequeña sonrisa en los labios, como divertido.
-Se le dan bien-Hao me salva el culo. Apartas la mirada (que había acaparado al intervenir) de él para mirarme, sorprendido.
-¿Sabes cocinar?
Sonrío de lado, casi automáticamente, ante tu tono incrédulo.
-Claro.
-No digas 'claro'. A mí se me da fatal-te ríes, haciéndome sonreír.
Miras para atrás, donde hay un chico que yo no había visto en la vida. Seguramente, no habría venido a la boda; viste unos vaqueros y una chaqueta, y Jeanne había insistido en la etiqueta. Haces un gesto, indicándole que espere un segundo.
-Bueno, me esperan…
-¿Es tu novio?- pregunta Hao, sin rodeos. Le miro con los ojos muy abiertos, y él entiende que es una clase de reprimenda-. ¿Qué?
Para mi sorpresa, te vuelves a reír. Y lo que me sorprende aún más es la palpitante punzada de molestia que siento en el estómago, al saber que ha sido Hao el causante. Y no es el hecho de que haya sido Hao. Es que no he sido yo.
Y eso hace que me moleste aún más.
-No, es mi mejor amigo- contestas, sin dejar de sonreír. Te encoges de hombros-. Os presentaría, pero es muuuuuy gay.
Sé que eso último lo dices por mí. Encima, me miras, sonriente. Eso consigue que olvide mi enfado conmigo mismo para avergonzarme y hacerme sentir extrañamente mal.
-Oye, yo no…-comienzo. No quiero que pienses que soy un maldito homófobo intolerante
-Sé que no- no me molesta que me interrumpas, porque yo no habría sabido cómo pedir o insinuar una disculpa. Te vuelves a girar. El chico golpea un par de veces un reloj imaginario de su muñeca. Nos miras-. Me voy.
- Podríamos quedar un día- te invita Hao, sonriendo.
Pareces sorprendido, pese a que era lo más evidente. Claro, se me olvidaba que tú no conoces a Hao
-Eh… claro- sonríes, antes de dictarle tu número de teléfono a Hao, mientras él te entrega una tarjeta con el suyo. Te giras hacia mí-. Dile a tu hermana que se pase por la floristería.
Claro, la floristería. ¿Qué maldita floristería?
-Como digas-frunzo el ceño. Sigo pensando que te quieres ligar a mi hermana.
-Nos vemos, Ren.
-Hasta la noche de los tamales-suelto como un idiota, cuando veo cómo te alejas. Me hace sentir un poco menos idiota cuando sueltas una carcajada.
-¡Un placer!- grita Hao, a lo que correspondes con un 'saludos a Yoh'.
Siento cómo Hao me descuartiza con la mirada. Atino a ver cómo te alejas. Sé que he sido un idiota.
-¿'Hasta la noche de los tamales'?, ¿en serio?-me mira, indignado.- ¿Es que no te he enseñado nada?
-Cállate, Hao.
-Vale, finjamos que no he visto cómo te mira. Tengo los ojos en el culo- se queja, comenzando a seguir el camino por al que me dirijo.
-No en el tuyo- comento, cuando repara en el trasero de Lyserg-. Tiene novio.
-Uuy, es marica. Así será más fácil-se ríe.
-Tiene novio-repito, cansado.
-¿Y desde cuándo eso importa?
Too young to have tied ourselves
Have tied ourselves
-Too young to be one (The turtles)
Mi gente, el segundo capítulo.
¿Soy a la única que vio a Hao bajito? De todos modos, NO: es el más alto y más seme de todos estos maricas. Y de todos los del mundo.
Gracias por leer, queridos.
