"TABRIS: EL DIARIO PERDIDO"
Disclaimer: NGE pertenece a Gainax, fic sólo con fines de entretenimiento.
Capítulo Primero: Ausencia
Era de mañana, el sol estaba oculto entre densos nubarrones que le daban un aspecto más que sombrío, como si la felicidad del mundo se hubiera extinguido para siempre, en un frío mar de indiferencia; soledad, angustia y tristeza. ¿todo rondaba sobre él? Así parecía indicarlo el cielo gris, mostrando su más deprimente, aciago luto a uno de sus ángeles. ¿era acaso el castigo divino que enviaba al más miserable de los hombres, al utilizado, al inocente incapaz de hacer valer su voluntad, a la marioneta estelar que mostraba lo débil y sumiso que era a cada segundo, al hijo de Gendo Ikari, de aquel bastardo que osaba contradecir la voluntad de Dios, al idiota que nadie quería por que a nadie y a todos hacia falta? Por que, ¿que importaba él, si encontrarían un sexto, séptimo, octavo y enésimo piloto? Primer lección de vida, dolorosa por cierto; no era indispensable para nadie. Eso se lo hizo saber su padre, y para colmo eso era totalmente cierto, todos eran reemplazables, debía hacerle ver a su vástago que en el mundo que le tocó vivir no había lugar para auto compadecerse, la fuerza debía salir de él, el debía no mostrar su valía, sino darse a si mismo su valor; no ser un pusilánime que solo se lamenta de lo miserable que era su vida, debía de madurar. Todo esto acaecía en la mente de Shinji, el asesino. Sí, admitía que era un vil asesino de ángeles, que protegía a una humanidad que era corrupta, pues dudaba ya si eran merecedores de la vida que poseían, ¿fantasear con un mundo ideal era lo que quería? ¿eso querría aquel ángel que prefirió morir en sus manos que mandar al diablo a todo el mundo, literalmente? Debía afrontar este mundo, Kaworu -pensaba- desearía un mundo con los lilims, esos curiosos seres tan acomplejados y bellos.
Se puso de pie, y noto las secuelas de lo que hizo la noche anterior, ¿como abandonar ese bendito placer ante tanto dolor? Además, nadie era nada para juzgarlo, le debían la vida de cualquier forma; la humanidad entera le debía la vida y eso lo hizo fuerte, lo suficiente como para cambiarse y limpiar aquellos rastros sin mayor dilación. Y suficiente como para abrir el diario poco tiempo después. Ahí estaba la carta; parecía incluso resplandecer en el lugar, se acercó lentamente, tomó el sobre y comenzó a leerlo.
[Querido Shinji, si lees esta carta es por que fallé en mi misión de encontrarme con Adán, y puedo asegurar que ya no estoy con vida, espero que hayas sido tu el que me haya aniquilado, nada me complacería más que mi bien amado amigo ponga fin a mis días.
Dudé mucho al inicio, pero me armé de valor y escribí un diario, no me preguntes las razones, sólo puedo de irte que sentía la necesidad de dar a conocer a un trozo de papel mis pensamientos, un poco de mi quedó en el diario que tienes en tus manos, con eso espero pagar la amarga y profunda herida que te causé, espero perdones las lágrimas que yo no puedo derramar y que tus ojos tiran con honda tristeza.
Lee mi diario y cuídalo como un tesoro, lo que tu significarás siempre para mi.
Kaworu Nagisa]
Su llanto no se hizo esperar, extrañaría tanto y tanto de él que volvía a sentir ese vacío en el pecho, ese dolor en la garganta y un inmenso impulso de tirarse a la cama, a buscar calma en cualquier rincón de la habitación, se llevo las manos a la cara, pudo sentir las yemas de sus dedos en sus párpados; estaban mojados de tanto llorar, sintió una pesadez inmensa en ellos, como si hace semanas que no hubiere conciliado el sueño, las ojeras se le notaban y parecían tener días así. Pudo recordar el momento en que le conoció, sentado en una roca y tarareando la oda a la alegría, con una paz y tranquilidad dignas de un ángel. Su mirada era como un lago de quietud, color rojo, como la sangre misma, sangre que ha visto derramarse una y otra vez, la de Rei, la de los ángeles, la suya... Pero la apacible y misteriosa mirada de Kaworu era más bella, la más divina, única. ¿por que su muerte parecía estar perenne en su mente? No parecía haber otra cosa mas que Kaworu, nada más importaba, nadie más en su vida.
Un par de horas habían transcurrido y ya era mediodía, pero no tenía hambre, no después de leer aquella carta de despedida, y no hasta abrir el diario que él le legó. Se levanto, y tomó aquél diario en el buró, para sentarse a leerlo detenidamente, soltó un suspiro y lo abrió, pudiendo leer así un prólogo dedicado a quienquiera que lo leyese, y que parecía el destino indicar que el ángel sabía desde mucho antes el final mortal que tendría… ¿pero acaso ya sabía que era Lilith la que estaba presa? Imposible, puesto que se daría cuenta hasta verle ahí, en los profundos confines de NERV.
