Disclaimer: I don't own the carachters, they are property of Chris Carter and Ten Thirteen. No me pertenecen los personajes, son propiedad de Chris Carter y Ten Thirteen.
CUANDO ME BESAS
Desde el punto de vista de Dana Scully
Capítulo 2
Mientras me debatía en cómo invitarla a salir, también me pregunté con franqueza si quería que salieramos como simplemente amigas o como algo más. Pasó bastante tiempo antes de decidirme a hablarle a Mónica. Primero me aseguré de que mi mamá pudiera cuidar a William y luego reservé una mesa para dos en uno de mis restaurantes favoritos.
¿Esto era lo que sentían los hombres al tratar de invitar a una mujer a salir? Posiblemente no, ¿Acaso serían así de sensibles? Cualquiera que fuera la respuesa a mis preguntas, a mí me dio un ataque de ansiedad preguntándome si la elección que hice sobre el restaurante fue la correcta ¿le gustaría o no a Mónica?, ¿Se sentirá cómoda? ¿Los platillos le serán apetecibles? Por fin teclée el número 3 de marcado rápido y una voz alegre me contestó al otro lado de la línea.
- ¡Hola, Dana!
- ¡Hola, Mónica!
Hice una pausa, el escucharla me puso nerviosa y repentinamente, enmudecí. Mi breve silencio no pasó desapercibido para Mónica, ¡demonios, me conoce tan bien!
- ¿Todo bien, Dana?
- Sí, es sólo que quería invitarte a salir, noche de chicas, ya sabes.
Dije medio tartamudeando. Me dí un golpe mental en la cabeza ¿qué me pasaba? ¿Por qué me ponía tan nerviosa? Era Mónica, nadie más. Creo que precisamente por eso estaba nerviosa, porque era Mónica, y aunque eramos amigas, ahora en mi corazón parecía estar surgiendo algo más. Mi cuerpo, inevitablemente, comenzaba a delatarme porque reaccionaba a su cercanía; y mi mente reaccionaba al simple sonido de su voz.
- ¿Y William?
- Lo cuidará mi mamá, claro, si aceptas salir.
- Sí, claro, noche de chicas, me parece bien.
- Posiblemente me esté ilusionando, pero creo que también se puso nerviosa.
- Entonces, paso por tí a las 6, ¿te parece?
- Claro, me parece perfecto.
Se rió nerviosa; eso me agradó, parecía obvio que también yo causaba un efecto en ella y pensar en ello hizo que también yo sonriera en el teléfono.
- ¿A dónde iremos? No quisiera ponerme la ropa inadecuada.
Preguntó curiosa.
- Algo cómodo con un toque de formalidad.
- Wow, ¿a dónde planeas llevarme, Dana?
¿Escuché bien? ¿Dijo llevarla? Bueno, técnicamente es cierto, parece que ella inconcientemente lo está tomando como una cita ¿qué debo hacer? ¿Es cierto eso? O Dana, ¡responde por favor!
-Ah, mmm…es un lugar que espero te guste, hace mucho no voy, así que veremos qué nos parece.
- Ok, esperaré entonces a conocerlo. Nos vemos en un rato.
Colgamos los auriculares. Mis manos estaban sudando y me lancé al armario para elegir mi vestimenta. Hacía mucho no me encontraba como una tonta cambiándome más de 5 veces mi atuendo. Por fin elegí algo cómodo, en pantalón y saco, acompañado de una camisa y mascada de seda.
Dejé a William con mi madre, que me miró de manera sospechosa al verme en un atuendo poco usual; me puso nerviosa al decirme que hacía mucho no me veía tan arreglada. ¿Estaré exagerando? ¡Cielos! Me siento como una chica de preparatoria cuando sale por primera vez con la persona que le gusta. Y bueno, siendo honesta, es cierto, no es ortodoxo, pero es cierto. ¿Y qué importa si es ortodoxo o no? Es alguien que me gusta, ¡punto! Me miré el espejo retrovisor y me burlé de mí misma; vaya, creo que estoy comenzando a aceptarlo: Mónica tiene algo que me parece atractivo.
Llamé a la puerta del edificio donde está su departamento; me dijo por el interphone que bajaría en pocos minutos. ¿Por qué no querría que subiera a su departamento? Otra vez me miré en el espejo retrovisor ¿De cuándo a este tiempo me pregunto cada cosa que sucede? ¿Por qué hago suposiciones sobre lo que sucede o no con Mónica? ¡Soy un manojo de nervios!
Me quedé sentada en mi coche, esperando, nerviosa. Ví como una persona del sexo femenino y de estatura alta salía del edificio y bajaba las escaleras con elegancia. No pude evitar recorrer de arriba abajo la imagen de Mónica: enfundada en un traje azul, cóctel, ajustado en su cadera y en su torso. ¿Cómo no había notado su cuerpo discretamente curvilíneo? Era un hecho, es latina y debía tener curvas en los lugares adecuados, simplemente, no lo había apreciado con tanta claridad y cercanía.
Mónica sonreía, y era una sonrisa también nerviosa. Eso me hacía pensar que algo sentía por mí y que no era una situación meramente amistosa. Abrí la puerta desde adentro del coche y también sentía que mis mejillas estaban ya adoloridas por la sonrisa tan amplia que me arrancaba ver aquella imagen de Mónica.
Entró al coche cuidando acomodarse para no arruinar su vestido. Nos saludamos besándonos en la mejilla. Aspiré su perfume fresco y disfruté el roce de su piel en mi cara.
- Te ves muy bien, Mónica
Le dije casi cantando su nombre, decidiendo ser atrevida en esta ocasión y tomar la iniciativa. Mónica enrojeció.
- Gracias, tú también te ves muy bien, ese color te sienta perfecto.
Arranqué el coche y tomamos camino al restaurante que estaba cerca del centro de la ciudad. Pasamos por monumentos históricos y la música del estéreo sonaba suavemente. Extrañamente conversamos, precisamente, de los monumentos y sobre música, sobre esos gustos personales y privados que pocas veces habíamos tenido oportunidad de compartir.
Llegamos al restaurante y nos habían reservado una mesa hacia el centro, nada romántico, sin embargo, discreto. Probamos los platillos especialidad de la casa y también un buen vino tinto de mesa.
En el medio de la conversación, al acercarse una mesera, Mónica la observó con atención. Me desconcertó su insistencia, casi me dan celos porque no había percibido que ella me mirase así.
- ¿Todo bien, Mónica?
- Sí, creo…¿no reconoces a esa chica? Es una agente federal
La observé con extrañeza por su conjetura y discretamente observé a la mesera que me señalaba. Le creía a Mónica porque siempre ha sido mejor fisonomista que yo. Ambas notamos moretones en el cuello. Algo no andaba bien.
Mónica la observó con más insistencia.
- Scully, algo anda mal. Voy al tocador para ver si puedo alcanzarla.
- Mónica, ten cuidado.
Mónica desapareció en dirección a los tocadores. Tardó unos minutos, me puse ansiosa. Al momento de preguntarme mentalmente qué debía hacer, sonó mi teléfono. Era Mónica un poco alterada.
- Scully, pide refuerzos, tenía razón, algo anda mal. Estoy en el baño.
Me levanté de inmediato lo más discreta que pude. La alcancé. Nuestra colega estaba en su regazo, apenas escuché algunas palabras.
-Sacarán a las chicas en una van, está como servicio a domicilio…
- Dana, ven, ayúdala por favor.
Me dijo con voz apurada mientras cuidadosamente reacomodaba a nuestra colega ahora en mi regazo.
-Mónica, ¿a dónde vas?
- Debo detener esto, llama al 911 y yo llamo al equipo de refuerzo.
Instintivamente la tomé del brazo y la acerqué a mí. Nuestros rostros estaban a centrímetros. Me perdí en aquellos ojos obscuros, sentí calor en todo mi cuerpo.
- Por favor, cuídate, espera a los refuerzos.
Mónica asintió en silencio con una media sonrisa. Mientras desaparecía tras la puerta ya comenzaba a aplicarle presión a las heridas de nuestra colega. Repentinamente escuché gritos y disparos.
¡Mónica! Pensé de inmediato ¿qué debería hacer? No debía abandonar a mi otra colega, pero…¡Mónica! Grité en silencio, mi corazón daba un vuelco. Llegaron los paramédicos a mi lugar, y sin más aviso, corrí hacia donde se escuchaba el tiroteo. La ví en el pequeño patio de maniobras de la parte trasera del restaurante, estaba recargada en la pared, mientras otros agentes disparaban en dirección de la calle posterior y de la camioneta de carga salían despavoridas varias mujeres casi adolescentes.
