Era una mañana cálida de septiembre. Quedaba poco para el cambio de estación y el sol aprovechaba para salir y dar su calor.
Habían pasado dos meses ya desde que se le anunció cual era su nuevo instituto.
No eran ni las ocho y Marceline ya estaba de pie. Le gustaba disfrutar de la mañana sin preocuparse del tiempo. Salió de la ducha con un albornoz y su cuarto pronto se embriagó del olor de su gel de coco y su champú de flores silvestres.
- Um...- pensó mirando para la ropa de su armario – todavía hace calor, puedo llevar esto – dijo mientras cogía un crot top negro de manga corta y lo combinaba con un pantalón marrón con cremalleras a los lados y unas convers negras.
Se secó el pelo con la toalla y bajó a desayunar. Allí se encontraba su familia, sus hermanos seguían en pijama y su padre estaba listo para ir al hospital.
- Buenos días – dijo mientras se servía una taza de café con leche
- ¿Estás nerviosa? - preguntó su padre
- No – respondió rotundamente
- Menuda seguridad... Ojalá pudiera decir lo mismo – dijo Ted cabizbajo
- Tranquilo, todo irá bien. No tienes de que preocuparte.
- Y si va mal, siempre puedes hacer que te expulsen como a Marceline – añadió Jayce antes de darle un sorbo a su café
- ¡Bueno, ya está bien! - Gabriel interrumpió – Una expulsión no es algo para tomarse a broma. Vamos, daos prisa o llegaréis tarde.
- Vaaale... - respondieron los tres al unísono
Marceline acabó de tomar su café y se dirigió al cuarto de baño para terminar de secarse el pelo mientras su hermano pequeño se arreglaba. Al terminar se puso un poco de rímel en la pestañas y se puso un bombín, al que le colocó sus inseparables gafas steampunk que le dan, a todos sus conjuntos, un toque único.
Cogió su mochila y se dirigió a la puerta junto a Ted. Allí les esperaba Lucas, el mejor amigo de Marceline.
- Buenos días a ambos – dijo Lucas mientras comenzaba a andar en dirección a la escuela
- Buenos días – respondieron al unisono
- ¿Estáis nerviosos? - preguntó
- Yo no, Ted sí – respondió Marceline
Lucas miró a Ted – No tienes nada de lo que preocuparte, hay gente muy agradable. Y muchas chicas guapas – dijo guiñándole un ojo, lo que le hizo enrojecer
- No le metas cosas raras en la cabeza – dijo Marceline seria – Ya se fijará el solito en chicas
- Vale, tranquila – dijo con una sonrisa – Por cierto, sé que es algo egoísta, pero me alegro que vengas a mi instituto
- Oooohhhhh, que tierno – interrumpió Ted – Marceline y Lucas, sentados bajo un árbol dándose besitos...
- ¡Cállate Ted! - le replicó Lucas mientras Marceline se reía.
Llegaron al instituto y Lucas se dirigió a ellos.
- Voy a ir a la biblioteca a buscar los libros de texto de este año, mientras vosotros id a la sala de delegados a mirar si os falta algo en el formulario, después venid hasta aquí. Nos vemos luego.
Ambos asintieron y el joven se separó de ellos dirigiéndose al fondo del pasillo. Marceline y Ted se dirigieron a la sala de delegados que le indicó Lucas. Allí se encontraron con dos jóvenes: un chico rubio de ojos ámbar y una chica de pelo castaño y blusa azul. Se acercaron al chico.
- Disculpa
El chico levantó la vista de los papeles para toparse con el rostro de Marceline. El chico no pudo evitar enrojecerse al evidente atractivo de la joven – Oh, vaya. Soy Nathaniel, el delegado principal ¿En que puedo ayudaros?
- Somos nuevos en el instituto. Nos han dicho que viniésemos aquí.
- Vale, bien ¿vuestros nombres?
- Yo soy Marceline Sheppard y él – dijo con señalando a su hermano con un gesto con la cabeza – Es mi hermano Theodore
El joven buscó serio entre los papeles hasta que su expresión cambió al encontrarlos – Aquí, os faltan las fotos.
Ted buscó en su mochila y sacó dos fotos tamaño carnet, una de su hermana y otra suya – Aquí las tienes.
- Gracias – dijo mientras las cogía y las unía a los respectivos formularios con unos clips – Ya está todo.
Los dejó encima de la mesa y les dio un papel a cada uno – Estos son vuestros respectivos horarios, con vuestro curso y las respectivas aulas para cada asignatura.
Hicieron una leve reverencia como signo de gratitud.
Los hermanos se disponían a marcharse hasta que le interrumpió
– Por cierto – ambos se dieron la vuelta en dirección al delegado - ¿De dónde sois? No me malinterpretéis, pero tenéis un acento que no había oído hasta ahora.
Marceline sonrió – Somos escoceses, llevamos nueve años viviendo aquí. Aparte, siempre vamos de vacaciones de invierno y verano a nuestra ciudad natal, por lo que nos resulta difícil perderlo.
- Y ojalá no lo hagáis, es muy melodioso – respondió el delegado.
- Gracias, eres muy amable – sonrió Ted
Ambos salieron de la sala de delegado y se dirigieron al fondo, a la biblioteca. Marceline no pudo evitar fijarse en el patio. Un impulso la hizo decidir ir allí.
- Ey, Ted – su hermano la miró – Coge mis libros también por favor, luego me los das. Voy a explorar, pórtate bien.
Antes de que su hermano pequeño pudiera decir nada, ella ya estaba saliendo por la puerta en dirección al patio.
Era grande, con varios bancos donde poder sentarse y una cancha de baloncesto rodeada de hierba y algún que otro árbol. Pudo divisar un gran árbol que proyectaba una sombra posó la mochila frente al tronco y me senté encima de ella. Cogió su móvil y se colocó los auriculares para escuchar algo de música
Apoyó la cabeza en el tronco, cerró los ojos y suspiró mientras la música empezó a sonar.
Poco después notó una presencia. Se quitó los auriculares y dirigió su vista al intruso.
- Vaya, vaya, vaya... que tenemos aquí – Un chico estaba delante de ella cruzado de brazos. Era alto, llevaba una camiseta de un grupo de rock y era pelirrojo teñido – Un ratoncito se ha colado en la cama del gato.
- ¿Estás insinuando que este árbol te pertenece o algo por el estilo? - respondió.
- Ya lo has pillado. Ahora largo – dijo de mala manera.
- ¿Por qué? ¿Que derecho tienes tu sobre este árbol? El hecho de que frecuentes sentarte bajo el no significa que sea de tu "territorio". Estás usando una inexistente propiedad hacia este sitio como argumento para que yo me levante de aquí. Ergo, no tengo porqué moverme.
El joven abrió los ojos perplejo ante la respuesta que Marceline le había proporcionado.
- Veo que tu inteligencia brilla por su ausencia.
El chico se agachó, acercándose a ella rápidamente, dejando escaso espacio entre ellos – Niña no me vaciles, largo de aquí si no quieres pagar las consecuencias.
- Vaya, grosero y pelirrojo teñido. Lo tienes todo.
- ¿Que te dice a ti que soy teñido? - respondió
- Ese rojo "lata de Coca Cola" natural, lo que se dice natural, no es.
El chico miró al suelo y luego volvió a mirar a la chica. Ambos se mantuvieron la mirada durante unos segundos. Pero el joven esbozó una sonrisa
- Eres descarada y con agallas. Me gusta – Marceline parpadeó sorprendida – Me llamo Castiel.
La vista de la joven se posó en su móvil, el cual estaba vibrando debido a un mensaje recibido.
- Un momento – miró su móvil y divisó un mensaje de Ted, en el que le decía que tenía sus libros y que Lucas estaba con él esperándola en la entrada. - Tengo que irme – se levantó de golpe y cogió su mochila. El chico hizo lo mismo.
- No me has dicho tu nombre – replicó.
- No mereces saberlo – dijo mirándolo seria. De nuevo se mantuvieron la mirada hasta que Marceline le echó la lengua y esbozó una sonrisa – Es broma, me llamo Marceline. Y ahora, sí tengo que irme – dijo mientras comenzaba a andar.
- Un placer ratoncito – dijo Castiel a lo lejos.
Marceline, sin darse la vuelta, cerró el puño y levantó el dedo corazón. Pudo escuchar una risa floja de Castiel antes de entrar en el recinto.
Se dirigió a la salida, donde se encontraban su hermano y su amigo.
- Toma tonta, aquí están todos – dijo su hermano dándole sus respectivos libros.
- ¿Como es que has tardado tanto? - preguntó Lucas mientras salían del instituto, camino de su hogar.
- Estaba haciendo amigos – dijo con una sonrisa.
- Marcy, me das miedo ¿qué has hecho? - dijo Ted arqueando una ceja.
- Que no he hecho nada – dijo con expresión algo molesta – Ahora os cuento...
