Curiosidad: Carmen nunca lleva zapatos.

Fue el estudio de los poemas, cuentos y novelas que hablaban sobre esas mágicas aventureras lo que impulsó a Alice a convertirse en hada madrina. Ella, que siempre se había sentido como algo más que un hada archivadora, entendía en el mundo humano la oportunidad de demostrar lo que valía. Que podía ser más útil que ordenando papeles. Que podía convertirse en una reputada hada madrina si así lo quería. Y así lo quiso. Estudió y estudió cuanto pudo acerca de las hazañas, vivencias y miserias que las madrinas habían transmitido a través de los tiempos, encerradas en cortas narraciones. Se preparó para tomar contacto con los humanos, leyó sobre sus comportamientos, costumbres y gustos. Le encantaba. La idea de poder formar parte de aquellas que rompieron con lo establecido en la armonía del reino era como un sueño.

Cuál pudo ser su sorpresa al enterarse de que su objeto de admiración por tantos años planeaba una visita a la capital. Era solo otro viaje rutinario para informar a las dos Madres sobre su vida con los humanos, nada especial. Pero para ella significa el incio de su nueva vida. Finalmente estaba lista, ya sabía todo cuanto podía saber. Había desarrollado su propio método de madrina. Pero no sería sencillo. Todos los años, algunas hadas, deseosas de unirse a las madrinas, esperaban en la puerta del Gran Palacio su llegada. Pedían una oportunidad, una prueba. Las dos hadas accedían; escogían a la que parecía más cualificada de todas y la llevaban con ellas al mundo humano. Ninguna tardaba más de dos días en volver, arrepetentida y jurándose que jamás se le volvería a pasar por la cabeza convertirse en un hada madrina. Pero esto no desalentaba a las decenas de hadas que lo intentaban cada año, y mucho menos la desalentaba a ella. Se apresuró a preparar el viaje y cuando tuvo unos días libres partió, llena de ilusión, al encuentro de sus ídolos.

La bulliciosa ciudad era extraordinariamente bella. La gente iba y venía; algunos paseaban distraídos, otros se apresuraban demasiado conscientes, y algunos pocos contemplaban de pie las maravillosas estructuras y la poderosa naturaleza, entre los que Alice se encontraba. Pronto encontró la puerta del Gran Palacio, rodeada por las aspirantes. Se acercó allí y esperó a que las tan esperadas salieran. Mientras agurdaba, escuchó los murmullos de la multitud:

- Me han dicho que este año van a escoger a alguna sin hacer pruebas.

-¿Qué dices? Eso es imposible, ¿dónde lo has oído?

-Cuando han entrado estaban más contentas que otros años, ¿tú crees que si las pillamos a buenas cogerán a más de una?

-Me encantan los peinados de Annie, ¿tú crees que es lo que se lleva ahora en el mundo humano?

-¡Carmen me ha sonreído! Te lo juro que lo ha echo, cuando ha pasado me ha mirado a los ojos y me ha sonreído. ¡Seguro que me escogen este año!

Menudas idiotas. La mayoría se pensaba que ser hada madrina era hacer de niñera dos horas al día y el resto jauja. No tenían ningún respeto por la profesión, normal que no las eligieran. Menuda cara se les iba a quedar cuando ella volviera hecha un hada madrina. Muertas las iba a dejar.

Entre susurros y gritos, se oyó como la puerta del Palacio se abría. Nada más salieron dos siluetas de allí, la muchedumbre se avalanzó sobre ellas. Las acosaban con preguntas sobre su vida, pensamientos y decisiones futuras. Ambas respondían a lo que podían con la calma que podían, pero el respeto era nulo y se hartaron de la situación. Crearon un escudo de protección y calmaron a las jóvenes. Carmen fue la primera en hablar.

-A ver, ya sabemos que todas queréis ser hadas madrinas, o eso pensáis, pero os hemos dicho mil veces que nosotras no escogemos a las que pueden y a las que no. Simplemente reconocemos cuando un hada es de las nuestras, y hoy aquí no hay ninguna. Si queréis podemos hacer pruebas como todos los años, pero ya os digo que no... Un momento...

La castaña empezó a escrutar a la masa de hadas delante de ella. ¿Estaba buscando a alguien? No podía ser. ¡Había un hada madrina entre las candidatas ese año! ¡Tenía una oportunidad! ¡Podía ser ella! ¡Tenía que ser ella!

-La verdad es que tanto Carmen como yo hemos llegado muy cansadas, y ahora no tenemos mucha energía para ir haciendo pruebas. Tal vez mañana intentemos ver si hay algo de instinto maternal en vosotras, pero os pido que nos dejéis descansar un poco.

-Annie, espera. Hay algo.

-¿Algo? ¿Como un hada madrina?

-Algo así. Es muy débil, pero lo siento. Ayúdame a buscar.

Annie y Carmen sobrevolaron el montón de gente, buscando esa magia. Todas estaban demasido nerviosas para hablar, Alice incluida. Por primera vez, había posibilidades de que una de ellas se conviritiera en un hada madrina. Era como un maravilloso sueño, su sueño. Se podían escuchar los latidos de los corazones de las allí reunidas. Cuando Carmen o Annie se acercaban a alguna de ellas, esta aguantaba la respiración, esperando ser la elegida. Así pasó varias veces, hasta que las dos se posicionaron delante de un hada que había pasado desapercibida duranto todo aquel tiempo. Nadie había reparado en que ella se había unido al grupo que anualmente reclamaba una oportunidad como hada madrina; así que todas se sorprendieron cuando Carmen abrió sus labios y, de forma dulce pero a la vez firme, dijo:

-Parece que hoy es tu día de suerte, hada madrina.

Alice no se lo podía creer.