Disclamer: Esta saga es de la genial S. Meyer y no mia (lamentablemente).

Disfruten!


Capítulo 2 - Toda violeta

Jasper con cuidado la depositó en su cama. No quería asustarla, pero tenía que estar cómodo para evaluar sus lesiones.

Edward se había ido a buscar el botiquín de primeros auxilios al el garaje y Emmett buscaba toallas y agua.

Jasper miró a la joven. Sentía un aleteo en el estómago que no había sentido antes. Era inexplicable. Pero, ¿era posible que ella fuera... ella? Él se sacudió esos pensamientos. Ahora no era el momento para pensar en el romance. Ella debía ser atendida.

La sangre empapaba el frente de su camiseta. Tal vez deberían haberla llevado a un hospital. Ella podría morir...

Él comenzó a desabrocharle la blusa, rompiéndola sin notarlo. Edward volvió en ese momento.

- ¿Qué estás haciendo? -

"Tengo que ver donde está herida." Jasper respondió, concentrándose en cada botón. Se sintió excitado e intento por todos lo medios calmarse. Incluso si ella era quien pensaba que era, era un error sentirse así... cuando la pobre muchacha estaba sangrando e inconsciente.

La mirada de Edward, sin embargo, le dijo que su hermano estaba en una situación similar. No había ninguna duda al respecto, entonces. Él sólo tendría que ver cómo reaccionaba Emmett, pero estaba seguro de que tenía razón.

Emmett estalló llego justo cuando terminaban de desvestirla con un cubo lleno de agua en una mano y una pequeña pila de toallas aprisionado bajo el otro brazo. Él se detuvo en seco al ver la belleza bañada en sangre.

- Mierda -. Murmuró, con los ojos vidriosos. Sacudiendo la cabeza y colocando el cubo y las toallas junto a él. Hizo un esfuerzo por no mirar el cuerpo inerte.

Sí, Jasper estaba en lo cierto.

La sangre se escurría por su estómago, pero la herida se encontraba de alrededor de la clavícula. Cada uno agarró una toalla, sumergiéndola en agua y limpiando con cautela la sangre y la suciedad.

- Oh mi dios - El aliento de Edward quedo atrapado en su garganta mientras revelaba su piel. Estaba furioso, no, furioso, preocupado, enfermo, y petrificado de la mujer que cuidaba. Las expresiones de sus hermanos eran iguales o peores. Ellos estaban enojados.

Había contusiones a lo largo de su cuerpo. Marcas violetas y marrones adornado casi cada centímetro de su piel pálida. Y algunos de ellos no eran nuevos. Ella incluso tenía un ojo negro. ¿Cómo no se habían dado cuenta antes?

Alguien la había lastimado. Golpeado, y dios sabe qué más. Se estremeció al pensar que ella podía haber sido violada... Seria lamentable. Acabarían con el hijo de puta que lo había hecho. No, había que torturarlo primero. Pero nada podía expiar el daño hecho a esta chica. Si no la hubiesen encontrado, podría haber muerto. Nunca podrían perdonar eso.

La herida estaba justo encima de su pecho izquierdo, curvada hacia arriba de la clavícula, llegando a su garganta. Era un corte superficial, para su alivio, y la hemorragia había cesado. Su respiración estaba alterada aún, y era obvio que estaba agotada y parecía también desnutrida. Sus costillas, además de estar golpeadas, sobresalían. Ella se encontraba insalubre y con bajo peso, pero eso pronto se remediaría. Se harían cargo de ella, y nadie le haría daño otra vez. Y que Dios ayude al hijo de puta enfermo ya que no podría escapar a su ira.

Después de que estaba lo suficientemente limpia y vendada, a los hermanos la dejaron sola en el dormitorio y se dirigieron a la cocina para hablar.

- Lo sienten, ¿verdad? – Pregunto Jasper. Él había querido hablar de esto con ellos desde que sintió el primer indicio de ello.

Edward se pasó una mano por el pelo, dejándolo mas despeinado que de costumbre. -Definitivamente. Es como estar bajo un hechizo. Ni siquiera podía pensar con claridad. Es ella. Lo sé.- Sacudió la cabeza, formando una amplia sonrisa en los labios. - No lo puedo creer. No pensé que esto iba a suceder. -

Emmett asintió con la cabeza. -Sí, estoy totalmente seguro de lo que siento, también. ¿Era yo el único cuya polla cobró vida propia? Me sentí como un pervertido. Quiero decir, no es como si yo quisiera tenerla en ese mismo momento. Pero si ella no estuviera en esa condición… - Dejó escapar un largo silbido de aire. -

- Muy elocuente, Em. - Jasper soltó un bufido. - Pero, sí, tuve la misma reacción. Es ella. Sin lugar a dudas. No puedo creer que la encontráramos.-

- ¿Crees que le gustemos? Sé que yo le gustare, pero ¿le gustaremos los tres? – pregunto Emmett.

Edward rodó sus ojos. - Todos estamos destinados a estar juntos, ¿verdad? ¿Por qué no ella? Supongo que no es exactamente normal, pero si la amamos, como se supone que debemos, ella nos amara como se suponía. No hay realmente ninguna otra forma. Ya está hecho. -

Jasper suspiró. -Estoy de acuerdo. Ella es única. Ella es nuestra alma gemela. No hay nada más que decir. Ahora, ¿qué pasa con ese hijo de puta que le hizo esto? -

- Yo me encargo de eso. - dijo Emmett haciendo crujir los nudillos.

- Una vez que se despierte y nos lo cuente todo -, agregó Edward, "Y no voy a quedarme aquí. Estamos todos en esto. Nadie le hace daño a nuestra mujer y sale con la suya."

Se quedaron en silencio durante un minuto, cada uno pensando acerca de lo trascendental que la noche había sido. Habían encontrado a su ángel, su maltratado ángel, que era únicamente para ellos. Ahora, aquí estaba en su casa, y ni siquiera sabían su nombre. Ciertamente no era un escenario ideal. La pequeña esperanza de encontrar a su alma gemela no incluía que su ser se encontrara herido de alguna manera. Debería haber sido fácil. Ellos así lo esperaban, que todo fuera realmente a su antojo, que ella simplemente entrara en sus vidas, sin problemas, y que fueran juntos sus felices para siempre.

Ya casi la habían perdido.

¿Quien querría hacer daño a un ángel? ¿Cómo es posible que alguien se manchara con su sangre y pudiera vivir con el mismo?

Los hermanos Cullen habían adquirido un carácter de protección desde el momento en que pusieron sus ojos en ella, por no mencionar una posesividad feroz. Era un rasgo peligroso, lo sabían, pero no podían controlarlo.

Ella era de ellos.

Sus párpados se abrieron lentamente, y se encontró rodeada por la oscuridad. Todo su cuerpo le dolía y de repente estaba conciente de cada nervio de su cuerpo.

¿Dónde estaba? ¿No había escapado ya? NO... no. ¡Oh, no, él la encontró! Ella estaba de nuevo allí y atrapada. Todo ese esfuerzo para salvarse sólo para ser arrastrada de nuevo a su propio infierno. ¡Todo para nada! Quería llorar, pero sus ojos estaban heridos por los golpes que recibidos. Seguramente había sido demasiado fácil capturarla. Ella se sorprendió de que habia escapado por la puerta para empezar.

Ahora iba a sufrir diez veces más. Un día, ella lo sabía, iba a pagar el precio final.

Ella trató de concentrarse y le molesto la falta de claridad de su mente. Debía haber estado mucho tiempo inconsciente. Probablemente, sabría el resto sólo en un rato. Rara vez la había dejado en paz.

¿Estaba aquí?

Se oyó un ruido procedente de fuera de la sala. Voces. Mierda. ¿Cuántos eran?

El pánico comenzó a trepar por su garganta. Debería estar acostumbrada a esto, pero no, estaba asustada hasta los huesos, no importaba lo bien que se escondía en ocasiones. Y siempre la encontraría.

Necesitaba salir de allí. Si sólo lograra que su cuerpo se moviera. Un gemido escapó cuando intentó bajar sus piernas de la cama. Estaba tan dañada! Trató de estar tranquila, tranquila, lógica y valiente, pero el sentido común le dijo que no tenía ninguna posibilidad de escape.

Paso a Paso se acercaban por el pasillo. Múltiples pasos. ¿Qué iba a hacer?

Su mente estaba a toda marcha.

De repente se abrió la puerta y antes de que se diera cuenta la luz estaba encendida.

Dios mío! ¿Quiénes eran? ¿Nuevos matones?

- Amor, estás despierta. – dijo uno de ellos, que venía hacia ella. Tenía el pelo muy extraño y ella estaba segura de que no lo había visto antes. Retrocedió hasta la que su espalda chocara contra la cabecera de la cama a medida que el avanzaba, seguido de otros dos hombres corpulentos. Ella comenzó a hiperventilar.

Y se acercaban. Tres pares de ojos sobre ella, tres hombres grandes iban tras ella.

No, no, no, no, iban a hacerle daño!. Ella quería desesperadamente hablar, decirles que se fueran, que se alejaran de ella. Pero de su garganta herida no salía nada.

Edward llego a la cama y se sentó junto a ella, se acerco y la acuno, colocando su cabeza en el hueco de su cuello y envolviendo sus brazos su alrededor mientras acariciaba su pelo. Se supone que seria reconfortante. - Amor, ¿qué pasa? Estás bien ahora. Nadie va a hacerte daño. Estamos aquí, cariño -, la besó en la frente, pero sólo parecía empeorar las cosas, - Amor, cálmate. Estas segura -.

Jasper se sentó del otro lado de ella, frotando su espalda. Emmett se colocó delante de ella, y con cuidado, puso una mano en su pierna. -Bebé? Míranos, bebé.- Ella estaba llorando en ese momento, y ninguno de ellos entendía por qué.

-Cariño, cálmate. Estamos aquí ahora.- la arrullo Jasper. -¿Me recuerdas? De antes? Soy yo, y tú estás a salvo. Todos estamos aquí para protegerte. - Quiso a besarla en la mejilla, pero se encontró rechazado.

-¡No!- finalmente consiguió su voz de nuevo, empujándolo débilmente. -¡Aléjate de mí! ¿Dónde estoy?-

Jasper frunció el ceño. –En casa, cariño.-

-Esta no es mi casa!- Gritó, ahogándose en sus propios sollozos. -No es mi hogar. Yo no te conozco. No sé lo que me has hecho. ¿Y qué demonios estoy usando?- Ella se había dado cuenta finalmente de que sus ropas habían desaparecido, y habían sido sustituidas por una camisa de gran tamaño, a cuadros abotonada. No llevaba ropa interior ahora, tampoco. Eran un grupo de pervertidos.

-Tu ropa estaba en ruinas, amor.- Edward habló. -Te he puesto mi camisa. He intentado no mirar, sin embargo.-

Pero era difícil hacerla entrar en razón ahora. Todos lo entendieron, a pesar de la terrible situación. Ella estaba histérica y no sabía qué hacer, pero sus malditas pollas tenían muchas ideas.

Honestamente no tenía control sobre si mismos.

-¿Cómo te llamas?- Edward gruñó, tratando de ignorar el latido en sus pantalones.

Ella no contestó.

-Bueno,- dijo Jasper, -si no nos dices, vamos a tener que llamarte Ángel. Esta bien Ángel? cálmate. No vamos a hacerte daño. JAMAS.-

-Por favor, no me toques.- Ella pidió en un susurro. Inmediatamente retiraron sus manos y las llevaron lejos de ella. Tal vez lo que necesitaba era espacio. Tal vez los vería en realidad, si simplemente la dejaban tranquila. La niña estaba traumatizada, después de todo.

-Yo deseo... tomar una ducha. Podría?- Parecía tan pequeña. Les rompió el corazón.

-Por supuesto.- Los tres respondieron.

Jasper se aclaró la garganta. -El cuarto de baño esta en el pasillo. Te mostraré.- Tal vez podría unirse, también.

Luchó por levantarse de la cama, pero negó su ayuda. Tuvieron que apretar los puños para no ayudarla. Era su deber cuidar de ella. Pero ellos obedecerían sus deseos irracionales ... por ahora.

Con sus pequeños dedos se tiró en el dobladillo de la camisa en un intento inútil de mantener su modestia. Todos la habían visto desnuda? Se pregunto. La idea la asqueaba. Sin embargo, ella no quería que vieran nada más de lo necesario. Podrían haberla violado. Tal vez lo estaba. Tal vez todo esto era solo un juego para ellos.

Se mordió el labio, lo que obligó a los hombres que se encontraban delante de ella a contener los gemidos. Ella no se dio cuenta, en lugar eso se preocupo por si debía caminar delante de ellos o no. Nunca le des la espalda al enemigo, recordó.

Ella hizo un gesto para que lideraran el camino.

Y tal vez ella no era la chica más inteligente, teniendo en cuenta lo que hizo a continuación.

Pero estaban distraídos y la puerta estaba muy cerca, tal vez diez o quince pies.

Tal vez no debería haber volteado.

Pero lo hizo.

Con tres hombres pisando sus talones.

Ella era suya, después de todo.


Bueno gente.. les cuento que estoy muy contenta de estar aqui con esta historia y reamente espero que disfruten leerla tanto como yo.

Porfaas dejen un review, que es lo que nos da fuerza a todos para seguir subiendo caps.

Saludos!

Shiishaa :D