2.-La serpiente dormida
Ninguno de los personajes me pertenece, todo el universo de HP es propiedad de J.K. Rowling, únicamente las ideas expresadas en este fic en específico son mías.
Granger sospechó desde el primer momento, desde que vio cómo Potter cruzaba la puerta en solitario, al mirar sus ojos verdes y precipitados revoloteando por el gran comedor buscando con frenesí y ansias sobresaltadas. Todo apuntaba a que algo inesperado había ocurrido. Aún más extraño era que Harry hubiera arrastrado a Poppy Pomfrey con él, con la misma rapidez con la que había llegado, sin comentar nada a nadie.
Esperó inquieta el regreso del joven y los tres mayores, pero las horas transcurrieron sin traer ningún cambio con ellas. Especuló una buena cantidad de teorías, quizás alguno había resultado herido al pasar bajo el sauce boxeador, no era fácil después de todo transportar un difunto y esquivar las ramas agresivas, quizás McGonagall que ya no era tan joven, había caído, eso explicaría la prisa de Harry, sin embargo ella había notado en el rostro del joven un gesto ambiguo de esperanza y emoción, de alguna forma algo no compaginaba, tal vez había malinterpretado su cara, quizás sólo estaba muy nervioso, pero ella lo conocía desde tanto tiempo atrás…
Hartos de la incertidumbre Granger y Weasley se encaminaron a la casa de los gritos, si alguien estaba herido seguro podrían ser de ayuda. Durante el camino Hermione estuvo pensando en la expresión de Potter imaginando la posibilidad de que hubiera encontrado sobrevivientes, algún alumno herido u mago que se hubiera quedado atrás.
El pelirrojo la jaló del brazo mientras corrían bajo el sauce, como si fueran uno solo, la arrastraba con él, la empujaba a los lados hasta que pasaron a través del peligro y entraron en la casa. Tanto contacto con Weasley la había hecho sonrojarse. Lo miró en la penumbra del lugar con una media sonrisa cómplice.
-Vamos arriba.-Le dijo el muchacho con una hebra amable enlazada en sus palabras. Escuchaban desde la escalera unas voces femeninas, furtivas y amortiguadas. Al subir el último peldaño el tono de Harry se aclaró en sus oídos.
Caminaron en silencio apenas apoyándose en la madera quejosa del piso, siguieron los ruidos hasta llegar a una puerta abierta.
-…alumnos heridos como para que me quede aquí, no voy a dejarlos para atender a…este hombre, ya he hecho suficiente.
Las personas en la habitación giraron sus cabezas hacia los jóvenes parados en el umbral, sorprendidos en medio de una conversación tensa e incómoda.
-Pensamos que alguien estaba herido.-Se apresuró a decir Weasley, deseando borrar aquellos gestos alterados y amenazantes.
La enfermera retomó el habla alzando su maletín con una mano, sin reparar en los recién llegados.
-No diré nada a nadie, pero ustedes tendrán que hacerse cargo.- Se retiró rauda, sin darles oportunidad para protestar, empujó ligeramente a Weasley con un hombro, abriéndose paso, unos segundos después el sonido de sus pisadas se debilitaba escalera abajo.
-¿Qué está pasando?
Los tres magos se miraron entre sí, dando la impresión de que se comunicaban con los ojos, entonces Hagrid se hizo a un lado, al moverse su enorme cuerpo dejó a la vista a un hombre en una camilla, cubierto de telas negras y jirones de sábanas. En un principio no pudieron reconocerlo, escudriñaban con la vista la figura decumbente. Tuvieron que meditarlo unos segundos.
-¿Snape?- Escupió Weasley conservando un sano escepticismo.
-¿Qué está pasando?- Preguntó la castaña como si no lo hubiera hecho una primera vez.
-Está vivo.-Harry dejó caer las palabras, como pedazos pesados de hierro.
-¿Qué?
-¡Lo vimos morir!
Potter miraba hacia el mago tendido, seriamente, con el aliento amargado por una punzada piadosa.
-Sobrevivió, no tengo idea de cómo, pero lo hizo.
Le sorprendía que Snape se aferrara a la vida de tal manera.
Los jóvenes Gryffindor esculcaban con la vista el cuerpo arropado y sangriento.
-¿Y qué vamos a hacer con él?- Inquirió Granger.
-La señora Pomfrey le dio los primeros auxilios, pero no ayudará más. Por lo pronto vamos a esconderlo aquí, no es seguro llevarlo al castillo. Alguno se quedará a cuidarlo.
Los cinco intercambiaron miradas.
-¿Es cierto que estuvo de nuestro lado?
Hagrid y McGonagall entornaron las cabezas hacia Harry, expectantes. El joven marcado asintió sin devolver la mirada. No era sencillo para ninguno creer algo de esa magnitud con tan solo unas palabras, ni siquiera si esas palabras venían de Harry Potter, sin embargo su halo de gravedad tampoco les permitía tornarse incrédulos.
El silencio de los magos era nebuloso y extenso, sus ojos se hallaban entre la luz diluida que fluía desde algún punto desconocido, un rayo turbio y claro.
-¿Quién va a quedarse?- Se atrevió a hablar Weasley, abrumado por la atmósfera afónica. El tropezar de las miradas se volvió más incómodo.
-Yo…a veces cuido animales heridos.-Intervino Rubeus con su voz ronca, luego pareció arrepentirse y agregó.- No es que sepa mucho, ni que Severus sea, no quise decir…
-Está bien, entendimos lo que quisiste decirnos, pero es mejor que regreses al castillo, puede ser de ayuda a Poppy.- Lo atajó McGonagall que no despegaba sus pupilas de Snape, que las mantenía enfocadas y firmes sobre él.- Yo me quedaré.- Agregaba con una resolución que algo tenía de temible y sospechosa.
Harry pensó en tomar la palabra, pero el rostro rígido de la mujer se alzó en un reto.
-Tengo que quedarme, Severus y yo…-No parecía saber cómo completar la frase y no era necesario "Severus y yo" eso era suficiente, su combate en medio del salón, las intrigas, la desconfianza, la interminable red de dudas tejida en medio de ellos eran suficiente argumento y todos en Hogwarts lo sabían.
-Me quedaré con usted profesora.-Se ofreció Granger casi de inmediato, trastocada por la solemnidad conmovedora de su maestra, que parecía más vieja y más endurecida que nunca. La mujer la miró directamente por primera vez durante esa conversación.
-Gracias Miss Granger.
Su levísima sonrisa pareció triste y forzada.
Ronald le dedicaba a la joven a su lado una mueca de extrañeza y desagrado, ella le devolvió el gesto, observándolo con desaprobación.
-No digas nada Ronald.-Le susurró sin que la profesora pudiera oírla.- Alguien tiene que ayudarla.
-Yo también me quedaré.
-Ni hablar señor Potter, hay muchas cosas que usted tiene qué hacer, aún falta mucho por limpiar, si sabe a lo que me refiero.
A Harry le pareció que la profesora no deseaba mucha compañía y dada la situación decidió no insistir a pesar de la fuerte sensación de que era su responsabilidad cuidar a aquel hombre, después de todo Snape estaba en ese estado por causa suya, por él y por Lily. Miró el bulto de trapos manchados durante unos momentos más. No sabía qué sentir, si lástima o culpa, solamente experimentaba la sensación de que un manto de silencio se desplegara dentro de él, un simple observar distante.
Se sorprendió de nunca haber sospechado el verdadero rostro oculto del "traidor", quizás había sido muy engreído u había estado demasiado concentrado en odiarlo. No podía cambiar las cosas que habían ocurrido entre ellos, tenía una única certeza con respecto a la situación de Snape: él tenía que sacarlo del atolladero en el que estaba metido, tenía que sacarlo y asegurarse de que viviera.
Antes de irse Potter se detuvo fuera de la habitación. Ron y Hagrid se habían marchado ya, Hermione lo esperaba en el piso de abajo, ella haría un viaje al castillo en busca de pociones y material de curación, luego de eso regresaría a la casa de los gritos.
Minerva se detuvo a su lado, como si esperara que el joven le hiciera una pregunta o como si ella misma quisiera llenarlo de ellas. Había algo no dicho entre los dos, que estaba flotando a su alrededor.
-¿Usted me cree?- Empezó el joven.- ¿Usted cree que Snape es inocente?
No le gustaba ese aire sigiloso que despedía la actitud de la profesora.
-No estoy segura de qué creer señor Potter, pero no tiene que preocuparse por mis intenciones.-Le dijo haciendo gala de una suspicacia digna de una jefa de casa.- Mi único propósito es descubrir la verdad y no lo haré si Severus muere.
Harry la miró fijamente, absorbido por su postura rígida y neutral, por la determinación honesta de su rostro que parecía haberse remarcado con el paso de los años y de las vivencias. Entonces Potter asintió y se marchó, bastante más tranquilo.
Hermione había disminuido los frascos de pociones y los pocos manuales de medimagia que había logrado sacar de entre los escombros. Después de eso se remontó hacia las afueras de Hogwarts, con los bolsillos cargados.
Corrió por debajo del sauce boxeador, evitando sus latigazos, sus embestidas monumentales de ramas y hojas.
Entró en la casa armando un gran escándalo al pisar sin recato el suelo de madera vieja y delatora que chirriaba bajo su peso.
En la habitación, McGonagall esperaba, arrodillada junto a la camilla, revestida de un aura de silencio y religiosidad, mirando la cara del moribundo como si pretendiera desentrañar los misterios del espía a fuerza de escudriñar las líneas de su semblante pálido.
-Profesora…- Granger se arrodilló también, vaciando ante la mujer todo su botín y ampliándolo a su tamaño natural.
Coagulantes, desinfectantes, gasas, algodones, auxiliares para la producción de sangre, potentes antídotos… todo lo que pudo encontrar.
-Es mejor que empecemos cuanto antes Miss Granger, no soportará demasiado.
Hermione recordaría esa tarde como un ir y venir incierto, un volar de frascos, una colección de manchas de sangre sobre todas las cosas que tocaba, el rostro de McGonagall reflejado en sus retinas continuamente. La respiración sofocada de Snape, sus estertores y esa espantosa convulsión que tuvo a medianoche y que las despertó horrorizadas.
Durante un segundo Hermione aún en el umbral entre el sueño y la vigilia creyó que estaba en la mansión de los Malfoy esperando a ser torturada, Snape le había recordado eso.
No pudo volver a dormir después del ataque del hombre y permaneció en vela hojeando los manuales de pociones, McGonagall le hizo compañía, leyendo también con atención, buscando y memorizando cualquier cosa que pudiera serles de utilidad.
Hermione estaba absolutamente desconcertada, en alguno de esos libros había leído sobre venenos y sus antídotos, se mencionaba un poco sobre el veneno que producían las grandes serpientes, según el texto era extremadamente letal y rápido, prácticamente ineludible, a menos que fuera contrarrestado en el acto, por un antídoto poderoso. Sin embargo Snape había sobrevivido durante horas sin ninguna clase de atención. No parecía posible y sin embargo él estaba allí, desafiando a la lógica y a las leyes de la vida, como un prodigio de resistencia. La joven no encontraba a qué adjudicarle esa gran suerte, después de todo nadie sabía lo que un mago oscuro podía esconder bajo su manga. Habló de eso con McGonagall durante largo rato pero ninguna de las dos pudo hallar alguna explicación.
Despertar en la casa de los gritos…
Hermione tallaba las vendas sucias en un cuenco, dada la cantidad de heridos, no había muchas, por lo tanto era necesario reutilizarlas, así que allí estaba ella, arrodillada como una lavandera campesina, tallando y lanzando hechizos de limpieza para borrar las manchas por completo.
McGonagall por su parte bufaba, con las manos embadurnadas de pociones gelatinosas ungüentos y rastros escarlata, se limpiaba el sudor con el antebrazo y reanudaba su tarea. En ocasiones poniéndose nerviosa, al sentir el pellejo levantado y las ranuras sanguinolentas bajo sus dedos.
-Esto es...-Alzó los brazos, mostrando las manos, nerviosa. La castaña pudo ver sus palmas, manchadas de rojo, de sangre espesa, deslizándose en sus dedos.
Hermione volteaba hacia ella, un poco estremecida, mientras tallaba las gasas.
-El profesor, siempre ha sido resistente, aguantará.- No sabía si ese hecho en lo personal la tranquilizaba o la asustaba, Snape después de todo les había quitado a Dumbledore y Hermione temía lo que pudiera hacer si se recuperaba.
Después de trabajar todo el día las dos se sentaron frente a él. Minerva devolvía a su chongo los cabellos rebeldes que le caían en la frente. Hermione miraba con una melancolía pacífica la gran habitación oscura y silenciosa, completamente desprovista de muebles exceptuando por esa camilla, de algún punto entraba una luz, un velo lunar que se fundía en el cuarto y lo inundaba todo, a ella, a McGonagall, al rostro dormido de Snape.
Las dos se tendieron en el suelo de piedra, Minerva más próxima al herido, para inspeccionarlo durante la noche y auxiliarlo si llegaba a tener una convulsión.
-Usted ¿Qué cree sobre Severus miss Granger?
Hermione movió la cabeza, incómoda, habló en una voz apenas audible.
-El profesor, ha hecho cosas…muy malas.-Minerva miraba apesadumbrada hacia el rostro del hombre.- Pero, Harry dice que es inocente -Se encogió de hombros dando a entender, que no sabía qué pensar.
Se fueron a acostar en silencio, aunque Hermione sabía que McGonagall no iba a cerrar los ojos esa noche, le daba la espalda y estaba quieta como si durmiera, pero la joven presentía sus párpados abiertos, sus pupilas fijas en la cara de Snape.
Que largos eran los días para Hermione, leer y releer las páginas de los manuales, ya casi había aprendido todas las instrucciones que contenían. Sin embargo ella ni siquiera había tocado a Snape, se dedicaba tan solo a lavar los vendajes y diluir las dosis de antídoto según fuera necesario. McGonagall hacía en realidad todo el trabajo práctico. La joven Gryffindor tenía mucho tiempo para pensar. Así con las manos sumergidas en el agua rojiza de su cuenco se dedicaba a pensar en la prodigiosa sobrevivencia del hombre. ¿Por qué? De todos los que habían muerto ¿por qué él sobrevivía? ¿Por qué no Remus o Tonks? ¿Por qué Snape entre todos? Snape el de las múltiples caras, el asesino, el traidor. Harry no podría borrar todas las culpas de ese hombre con unas cuantas frases, Hermione simplemente no lograba imaginar qué podría redimirlo de lo que había hecho y sentía miedo al observar la cara inmóvil y pálida, cada día más pálida…Creyó en Snape durante mucho tiempo, incluso cuando Harry y Ron ya no lo hacían. Su decepción fue cruda y contundente. Nunca pudo encontrar una explicación y al fin igual que todos se convenció de que ése hombre era un mortífago, quizás el más peligroso, porque los había engañado durante años.
Snape, la serpiente dormida, el filo oculto, la daga acechante.
-Miss Granger.-La voz de McGonagall atravesaba sus muros de silencio, estremecida, vibrante.- Miss Granger por favor, ayúdeme.
La joven se giró apresurada hacia Minerva, quien sostenía con una mano la cabeza exánime del mestizo. Se acercó rápidamente, sus manos temblaron al sentir como la maestra depositaba entre ellas el cráneo del hombre.
-Deténgalo y apriete fuerte en la herida.
Sus dedos nerviosos viajaron al punto carmesí entre los vendajes, hicieron presión y Hermione se dio cuenta de que ya casi no sangraba. Todo le parecía tan extraño, su resistencia al veneno, el cese espontáneo de la hemorragia, no parecía posible.
El pelo de Snape desprendía un olor a sangre y tierra, estaba caliente y trémulo a causa de la fiebre. Su nariz parecía aún más grande de lo que era, su piel estaba húmeda y amarilla.
Hermione experimentó una desagradable mezcla de lástima y repulsión. McGonagall regresó con un frasco y lo vertió entre los labios del oclumante, una parte del líquido resbaló desde las comisuras inmóviles. La cara de Minerva se contraía con ademanes rígidos de concentración, sus cejas estaban muy juntas y sus manos envejecidas temblaban ligeramente.
Las pupilas de trigo se deslizaron entre el aire espeso, viajando sobre la cara de la mujer, sobre su boca fruncida, mirando el líquido viscoso del frasco que bajaba perezosamente hasta los labios indefensos y entreabiertos del hombre.
Los ojos cerrados de Snape, su frente húmeda de sudor, su respiración jadeante y entrecortada.
Los ojos de Hermione descendieron: los ojos, la nariz colosal, los labios indefensos, el líquido resbalando, el inicio del cuello pálido, la piel fina y de insano color, la prominente manzana de Adán, la sangre, los vendajes empapados, el traje desgarrado, el pecho , negro y más negro, las ondas de la capa, las curvas complicadas de la tela. El andar de sus pupilas se detuvo, en medio de los pliegues delicados y oscuros halló una pluma brillante y suave, alargó los dedos para tomarla despacio, como a una reliquia etérea.
-Miss Granger, eso…- Minerva había levantado los ojos y bajado el frasco.
-¿Una pluma de Fawkes?
-Creí que había huido.-El susurró de la mujer se disipó como humo, su contemplar vidrioso se dirigía hacia el resplandor inusitado de la pluma en medio de la tenebrosa casa de los gritos.
Hermione únicamente acertaba a mirar estupefacta hacia el mismo punto en el que se perdían los ojos de McGonagall. De alguna forma estar viendo esa pluma era como estar viendo el rostro de Albus Dumbledore, como sentir entre los dedos la figura de su espíritu, esparciéndose por toda la habitación, cubriendo a Snape, salvándolo, porque ahora le resultaba evidente que el pocionista no podría haberse salvado sin el fénix.
Las razones por las cuáles Dumbledore había querido proteger a Snape, no las conocía, no se imaginaba ni siquiera cómo podría haber sabido que tendría la oportunidad de salvarlo.
-Albus…-Las palabras de Minerva provocaron que se encendiera aún con más fuerza el recuerdo azul de la mirada del anciano.
-¿Por qué?- Preguntó la joven como si le hablara a la pluma. Al regresar sus ojos a la maestra se encontró con sus retinas mojadas, con el goteante recorrer de sus ojos, que caían fatídicos una y otra vez sobre el hombre.
-Por Merlín, lo que dice Potter, lo que dice Potter ¿es verdad?
Hermione doblegó la mirada hacia el rostro silencioso de Snape y no pudo hallar más que el mutismo asfixiante de su condición de moribundo. Quizás la magia negra de Nagini y su veneno eran tan fulminantes que incluso las lágrimas de Fawkes no habían conseguido nada más que detener la hemorragia y la conquista de la muerte.
Pero las heridas no se cerraron.
-El profesor Dumbledore lo salvó.-Se repitió Hermione, pensando en las palabras de Harry, en su cara de gravedad pétrea. Un espantoso nudo le obstruyó la garganta, un golpe fuerte en la boca del estómago…de pronto aparecían frente a ella unas manchas de luz, nacidas dentro de sus propios ojos.
-Entonces… ¿Snape? ¿Snape?
Y no pudo hablar más.
Saludos, solo quiero especificar por si olvidé ponerlo en el summary que este es un sevmione. Para los que ya me habían leído antes, una disculpa por mis caídas en oc, para corregirme estoy por fin leyendo los libros, al menos el último, así que esta vez estoy mejor preparada. Pondré todo lo que tengo en este fic, saludos y por favor, por favor, déjenme un review, son la razón e inspiración de estos fan fics.
Gracias a los que comentaron en el primer capítulo y por cierto los que siguen la historia anonimamente, también dejer review por favor, XD. Saludos.
