2: 2020

"Peggy, debo decirte algo" Steve se miraba al espejo intentando ocultar en su expresión el miedo que lo carcomía, no quería dejar este mundo, ni a ella, no podía dejar a Bucky, ni esta vida tan perfecta. Se mordió el labio y levantó la mandíbula.

"Peggy… hay algo que debo contarte" volvió a practicar con su mirada azul fija en el espejo.

"¿Hablaste con Howard?" La voz femenina de Peggy lo sacó de su trance, salto involuntariamente hacía atrás y ella soltó una risita mientras se quitaba su gorro de teniente.

"¿Cómo sabes?" preguntó algo asustado y ella sonrió ampliamente.

"Howard es mi amigo ¿Recuerdas?" preguntó sonriendo y Steve la imito, la siguió hasta la pequeña cocina de su apartamento en Brooklyn.

"No sé qué hacer Pegs"

"Lo correcto Steve, como siempre" dijo sonriendo y Steve al escucharla gano la pizca de confianza que le faltaba para tomar una decisión.

"¿Pero y si algo pasara?"

"Vamos Steve, son realidades alternas, en las cuales como tal tú no existes. Bueno, otro tú existe, pero no el tú de este momento. Es como ser un espectador" dijo y Steve le dio un cálido beso en los labios, cerró los ojos y pegó su frente a la de ella.

"Tienes razón, es solo que me da miedo dejar esto" Peggy sonrió asintiendo.

"Solo es una misión de algunos días, ni siquiera son meses fuera de aquí"

Steve asintió y tomó el vaso de agua que Peggy le orecía.

"Peggy… ¿estarás tu ahí?"

"Siempre y si no, recuerda que estoy aquí, esperándote"

"Estaba pensando en Paris, ¿Qué opinas?" Steve preguntó intentando sacar platica para distraer su creciente nerviosismo, Howard vestía un chaleco negro abierto y sostenía un puro en los labios, sus ojos distraídos danzaban entre línea y línea de las miles de hojas con estadísticas y fórmulas que cubrían el piso y la mesa de trabajo.

"¿Proponerle en Paris? Demasiado obvio" dijo sin mostrar peculiar atención y comenzó a caminar como buscando algo, Steve se mordió el labio nervioso.

"¿Reino Unido?"

"Steve no debes salir del país ni montar todo un escenario con rosas y velas para decirle a una mujer que la amas" Howard dijo entre risas y caminó directamente a él sosteniendo un pequeño aparato en las manos.

"Supongo que soy algo conservador" Steve dijo y Howard asintió.

"Peggy te dirá que sí en cualquier momento, más bien, ¿estás seguro de hacerlo?"

"¿Por qué no lo estaría? La amo"

"Disculpa, es solo que no sé qué sea amor" dijo sonriente y comenzó a preparar la máquina del tiempo.

"Pero María… Acabas de casarte con ella, y ella es perfecta"

"Sí, lo es. Es hermosa, inteligente, creativa, generosa, perspicaz… Pero no creo que eso sea amor"

"¿Entonces qué lo es para ti?"

"Tú dime, tú eres el que ama a una mujer"

Steve se quedó callado, sus labios temblorosos, no supo decir que era amor. La descripción que Howard había hecho de María era la misma que él tenía de Peggy, si eso no era amor para el científico, entonces ¿Qué lo era?

Howard río al ver la mirada preocupada de Steve.

"No me hagas tanto caso Cap, al final cada quien tiene sus propios demonios. No hay necesidad de compartirlos"

Steve asintió

"Sí, mejor pongámonos a trabajar" dijo intentando no indagar tanto en la idea que Howard acababa de sembrar en él.

"Perfecto. La capsula ya está programada, te arrojara a 1960 en la realidad alterna Z02, así le llamaremos. Steve necesito que siempre lleves este aparato contigo" dijo y le extendió un pequeño dispositivo con un botón negro en el centro "Cuando presiones el botón automáticamente vendrás a esta realidad, necesito que solo lo hagas cuando verdaderamente lo necesites, solo hay 3 oportunidades de utilizarlo"

Steve asintió.

"Muy importante Steve, vas a llegar a la época siendo tú, puede que tengas otras amistades, otras relaciones, otro trabajo, necesito que no te descubra nadie, actúa acorde a lo que entiendas que eres en ese momento, te dejaré solamente una semana en cada época, la idea es que esta misión dure 6 semanas, ¿estás de acuerdo?"

Steve asintió.

"Cualquier duda que tengas puedes consultarla en libros de historia, necesitas ser muy inteligente, pero sobretodo que nadie te descubra jamás"

"¿En qué año empezaremos?"

"1960, Realidad Z02"

1960

¿Dónde estaba? ¿Por qué no podía abrir los ojos? ¿Ese sonido qué era? Como si fuese el movimiento constante de agua… ¿Por qué no podía moverse? ¿Estaría muerto? ¿Habrá fallado algo? Que desesperante era cada segundo que pasaba, no podía ver nada, ni sentir nada, ni siquiera contraer el más pequeño de sus músculos, intento exhalar… no podía respirar, no podía siquiera presionar el botón que Howard le había dado….

Estaba muerto.

1950

"¿Y? ¿Qué tal? Cuéntamelo todo!" La voz de Howard estaba exaltada, los ojos de Peggy brillaban de emoción y Jarvis permanecía de pie en el marco de la puerta, su mirada curiosa y expectante.

Steve tomó aire, era tan placentero por fin volver a respirar

"Estaba muerto"

El silencio fue sepulcral.

"No puede ser, si estuvieras muerto no te habrías dado cuenta de que estabas" Howard dijo y Steve levantó la mirada angustiada.

"Además puedes vivir mucho más que el promedio de vida humano Steve, ¿Qué sentías?"

"Nada, no podía moverme, ni respirar, ni siquiera podía abrir los ojos… Todo era tan frío, tan sólido"

Peggy se acercó dándole un cálido abrazo al Capitán, plantó un beso en su frente.

"Todo está bien Steve, estas de vuelta"

La mirada de Howard lucía rota, la decepción inundándolo.

"No podía hacer nada, era como estar muerto pero ser consciente de eso"

Howard levantó la mirada después de un momento.

"Como si estuvieras inmovilizado, congelado. Como si te hubiesen capturado fuerzas Rusas" Peggy torció los ojos molesta

"Howard no creo que sea la ocasión, y no creo que debamos volver a intentarlo" dijo con voz áspera y ambos hombres le dirigieron la mirada, la de Steve estaba llena de dulzura y agradecimiento, la de Howard en cambio era demandante y caprichosa.

"Es por el bien de la patria"

"Es por el bien de Steve" Peggy contestó molesta

"No Peggs, está bien, es por el bien del mundo, volvamos a intentarlo unas décadas después"

"Steve no tienes que hacerlo" dijo ella algo irritada

"Pero quiero hacerlo"

La sonrisa de Howard se hizo incontenible.

1980

El frío era abrumador, le calaba hasta en los huesos. La imposibilidad de moverse un martirio… Una luz lejana…

Imposible respirar.

1950

"¿Estas muy estresado?" María pregunto con voz tenue mientras masajeaba delicadamente la espalda de su esposo, Howard no dijo nada, cerró los ojos y exhalo pesadamente.

"No logró entender que salió mal" murmuro en un susurro, María le plantó un cálido beso en la mejilla y camino hacía el baño, se desnudó sensualmente y sobre la piel desnuda se puso un camisón verde esmeralda, contrastando vívidamente con su piel marfilina.

"¿Salió? ¿Te has dado por vencido?" Preguntó asombrada y Howard exhalo de nuevo incapaz de decir algo, se levantó de la cama y caminó hasta la mesa de licores que tenían en la recamara principal, se sirvió uno doble.

"Peggy no quiere que volvamos a intentarlo, teme por la sanidad de Steve" María asintió.

"¿Y el Capitán?, ¿Qué opina al respecto?"

"Steve quiere volver a intentarlo, pero no quiere contradecir a Peggy, es demasiado manipulable"

"Todos los hombres son manipulables con la mujer adecuada" Howard sonrió pícaro ante las palabras de su bella y muy joven esposa, tan solo 18 años y sabía que decir en el momento preciso.

"¿Soy manipulable?" El millonario preguntó sonriendo.

María simplemente sonrió y dejo caer el camisón esmeralda al piso.

"Señor, hay alguien en la puerta"

"Jarvis te dije que no quiero ser molestado" Howard respondió absorto en su trabajo, una densa nube de humo cubriendo el espacio.

"Pero es el Capitán…"

Howard se mordió el labio y levantó la mirada, simplemente asintió. A los pocos minutos Steve estaba parado frente a él, su mirada nerviosa y sus mejillas sonrojadas, de seguro se había encontrado con María antes de llegar acá, Howard sonrió.

"¿Qué te trae por acá honorable Capitán?"

"Quiero volver a intentarlo"

Howard lo miró atónito.

"¿Peggy sabe?"

Steve negó con la cabeza, sus ojos azul cielos cargados de culpa.

"¿Cómo le harás para desaparecerte otra semana?"

"Le deje una carta, quiero intentarlo en un futuro más lejano"

"¿2000? ¿50 años después?"

"No, 2020"

Howard lo miró incrédulo.

"Es demasiado tiempo"

"Lo necesario para saber qué año es el que verdaderamente necesitamos"

Howard asintió, no podía contradecirlo en nada, después de todo esto era justo lo que Howard quería, descubrir horizontes a través del tiempo

"Perfecto"

2020

Un rayo de luz se fue recorriendo lentamente por las sabanas, llego hasta el rostro perfecto de aquel hombre que se sumergía en un profundo sueño, la luz le molesto en minutos, abrió los ojos tenuemente.

Su vista era borrosa debido al estado seminconsciente en el que se encontraba, intento seguir durmiendo hasta que notó que la luz cada vez era más, iba tarde. Abrió los ojos de golpe, su vista ajustándose a los detalles, frente a él un horizonte impecable, la salida de sol matizando de rayos rojizos el cielo, el océano a sus pies.

Se movió agitado entre las sabanas dándose cuenta que se encontraba totalmente desnudo, su paranoia alterándolo hasta que recordó a Howard, la máquina, el año… ¿Qué año era? Se mordió el labio intentando recordar las muchas advertencias de Howard, este iba a ser su último intento, si seguía despertando en aquel lugar frío, inerte, entonces se iban a dar por vencidos en esta locura, sin embargo esto no era nada parecido a la hipótesis de la muerte que sostenían Peggy y Howard… Esto era tan vívido.

Se sentó en la cama contemplando el paisaje deslumbrante, recordó el año… 2020. Se talló la cara adormilada con su mano, contempló su piel, se veía blanca, joven, ¿Dónde estaba? ¿Qué habría pasado? Entonces miro detenidamente su mano y contempló un anillo sencillo de un material que brillaba con luz propia, brillaba entre tonos plateados y azules. ¿Qué era ese material?

Se lo quito para analizarlo, no decía nada, sin embargo sentía que le pertenecía, analizó su dedo anular izquierdo, ahí debía ir la sortija de matrimonio… lo consideró un momento. Sintió un escalofrío en su interior, comenzó a captar con más atención los detalles del espacio, era amplio, la mayoría de cristal, los muebles pulcros y sobrios, de un diseño exclusivo, Steve no debía ser un genio para poder darse cuenta que la simple recamara valía mucho más dinero del que había contemplado en la guerra, la mansión de los Stark no era nada comparada a este lugar.

Tragó con dificultad, volteo hacía la pequeña mesa de noche contemplo un portarretratos, lo tomó, era él mismo vistiendo una camisa azul de cuadros, unos jeans oscuros, una sonrisa tímida. Su atención fue realmente cautivada por el hombre que lo acompañaba en la foto, se le hacía de alguna manera familiar… era de tez morena clara, barba perfectamente estilizada, cejas espesas, cabello quebrado y revuelto, sonrisa pícara y gruesas arrugas contorneando sus ojos… Esos ojos. Steve sintió su estómago revuelto de solo verlos, eran castaños sin embargo lo penetraban a través de la foto, brillaban audacia, inteligencia, valor. Sintió un nerviosismo susurrante y soltó la foto en la cama. ¿Quién era ese hombre?

La respuesta vino más pronto de lo esperado, sintió algo moverse en la cama y volteo hacía el lado al que le daba la espalda, contempló una espalda desnuda, tez morena clara, cabello castaño oscuro revuelto.

Inevitablemente se separó más de aquel cuerpo, sintió un miedo pulsante en su interior ¿Qué hacía desnudo durmiendo con un hombre en este espacio tan lujoso? Sintió un pavor y decidió que lo mejor sería salir del cuarto en busca de alguien que le explicara indirectamente las cosas, al momento en el que intentó levantarse de la cama, una voz inundo la habitación.

"Es domingo, no vayas a correr" Era una voz somnolienta, grave y atropellada, Steve miró aterrado a aquel hombre que permanecía dándole la espalda, iba a intentar levantarse de nuevo hasta que recordó que estaba desnudo y la vergüenza lo hizo sentarse de nuevo, cubriéndose lo más que podía con las sabanas de más de mil hilos blancas.

En eso el hombre desconocido volteó aflojerado, sus ojos permanecían cerrados pero en segundo Steve pudo notar que era el mismo hombre de la foto, el mismo corte de barba, la misma nariz respingada y cejas gruesas. Sintió un nudo en la garganta acompañado de ese presentimiento que había buscado ignorar desde que despertó.

"Iré a correr" mintió intentando seguir con la corriente, debía salir de ahí a como diera lugar, se sentía demasiado desprotegido, vulnerable, sucumbiente a este extraño

"Es domingo Steve" repitió aún con los ojos cerrados y Steve intentó resbalarse entre las sabanas para escapar, una mano áspera y dura lo tomó delicadamente del muslo, se sobresaltó al contacto retirando casi agresivamente su pierna, un sonrojo quemándole las mejillas.

Entonces aquellos ojos se abrieron….