CAPÍTULO 2: "EXPLOSIÓN DE EMOCIONES"
Disclaimer: Los personajes de Big Hero 6 y de Coco no me pertenecen, pertenecen a Disney y a sus respectivos creadores. Sólo uso por afición y nada más.
NOTA: Personajes principales con +18 años, Contenido +13 (por el momento), palabras vulgares/altisonantes, situaciones graciosas, algo de angs, nothing more.
CAPÍTULO 2: "EXPLOSIÓN DE EMOCIONES"
Los días pasaron como de costumbre. Yo me relajé, intentando olvidar ese pequeño incidente de la apuesta, pero aquel chico me ponía nervioso. Y no piensen mal… simplemente lo veía practicando todo el tiempo. Cada vez que salía de clases e iba a la biblioteca, lo encontraba sentado en una banca cercana a la fuente; siempre llevaba con él un montón de partituras y su guitarra, que al parecer era algo cara. No le daba mucha importancia al principio, pero al ver su tenacidad comencé a preocuparme ¿y si él de verdad se estaba esforzando y yo sólo perdía el tiempo? Ese pensamiento me alarmó muchísimo. Comencé a pulir el proyecto, a entrar a las asesorías avanzadas y a investigar por mi propia cuenta.
Ese chico estaba despertando en mí una preocupación alarmante. Yo de verdad esperaba no volvérmelo a encontrar hasta el día del Concurso, pero desgraciadamente no fue así. Una semana y media después, él entró al Edificio de Robótica con un celular averiado.
Su excusa fue esa. Aún lo recuerdo: estábamos trabajando en una investigación exhaustiva acerca de la historia de la robótica cuando Miguel Rivera entró nuevamente por esa puerta.
—Hola chicos, lamento molestarlos, pero verán, estoy en un aprieto—Sonrió con algo de culpa mientras sacaba un celular—le descompuse el celular a un compañero porque derramé jugo encima. Una reparación sale demasiado cara y no le quiero comprar un iPhone a un güero superficial, entonces, me preguntaba si…—No lo dejé terminar.
—No Rivera, no vamos a componer ese celular por ti. Estamos algo estresados, como puedes ver. Por favor, no nos molestes ahora—Y por eso me dicen, el Señor Amigable.
Wasabi me regañó y tomó la palabra.
—Claro Miguel, no te preocupes. Para mí no es molestia, ni para ninguno de nosotros en realidad. —Wasabi revisó el teléfono y encontró la parte dañada— Sólo debo cambiar el procesador. En unos 15 minutos está listo.
Mientras tanto, el mexicano estuvo charlando con mis amigos, quienes abandonaron todas sus labores para escucharlo.
La presencia de Miguel era como una especie de distracción para todos. ¿Esa sería su estrategia? ¿Distraernos y echarnos a perder el proyecto? Ese era un truco barato.
—Ay Miguel, que divertido eres—Dijo Honey colocando sus manos en su barbilla.
—Sí, deberías venir más seguido por acá. De verdad necesitamos relajarnos de vez en cuando. ¿Por qué no salimos todos a tomar un helado o de paseo?—Gogo ya me estaba dando miedo. Como dije anteriormente, ella jamás se interesaba de esa forma en gente nueva.
—Me parece genial chicos, pero siendo honesto, no creo que pueda salir mucho. Debo practicar todo el día y parte de la noche. Quizá, después del Concurso, podamos salir todos—La sonrisa de Miguel me quemaba los ojos ¿Quién puede tener una sonrisa tan radiante? Parecía que no tenía ningún problema y que su vida era perfecta.
— Oye, ¿y por qué no vienes todos los días a almorzar? No creo que puedas cantar y comer al mismo tiempo—Fred, tan oportuno como siempre…
—Eso suena genial Fred. ¿Qué dices Miguel? ¿Vendrás a comer con nosotros?—Wasabi ya estaba probando el celular. Al parecer funcionaba a la perfección.
— ¡Claro! Con mucho gusto. Es un honor—Miguel estaba que no cabía en sí mismo de felicidad —Gracias chicos. Son los primeros amigos que tengo en éste lugar.
— ¿Qué dices? Pero si eres un chico muy escandaloso. Seguro te reconocen en el campus y en tu facultad—me uní a su plática. No quería ser el único que estaba callado en el rincón, fingiendo investigar.
—Pues muchas gracias, Hiro. Claro que me conocen, el problema es que casi no se interesan en mí como persona; siempre me piden que cante o que les ayude en solfeo. En mi departamento vivo sólo y no tengo amigos en la carrera.
— Oh no… pobrecito de ti, Miguel. Pero ya no te debes preocupar por eso. Nos tienes a nosotros—Honey le dio un abrazo gentil por encima del hombro. Miguel se lo agradeció profundamente.
AL DIA SIGUIENTE…
Los chicos y yo esperamos a Miguel en el comedor. Aun no me precia una buena idea, y se los dije, pero me ignoraron, soltándome un "Debes aprender a convivir, Hiro"
Él llegó feliz, contándonos que el celular de Charles (el güero superficial) incluso funcionaba mejor que antes. Le agradeció a Wasabi y le compró un helado de chocolate como agradecimiento.
Durante el almuerzo, Miguel nos contó acerca de su vida en un pueblito de llamado Santa Cecilia. Nos platicó acerca de su familia y de su forma de vida. Nunca me imaginé que ese chico hubiera fabricado zapatos; no es que fuera pobre, pero una carrera universitaria era sumamente costosa, por eso intuí que debió esforzarse mucho para obtener la beca de intercambio.
Faltaba mucho por contar cuando sonó la campana. Era hora de volver. Tomamos nuestras cosas y nos fuimos al aula, mientras Miguel se iba a su Edificio.
Miguel se fue uniendo a nosotros poco a poco, y en dos semanas ya formaba parte del "team". Yo seguía algo renuente ante esa idea. Debía admitirlo, él me estresaba con su presencia. Cuando veía que se acercaba, le gritaba un "LARGATE" cordial, otras veces él llegaba y me golpeaba la cabeza a propósito diciendo:
—Para que se te acomoden las ideas, pinche chino mamón.
En otras ocasiones discutíamos tanto que los demás decidían alejarse de la mesa para darnos espacio y todos nos miraban entre asustados y divertidos. Me daba vergüenza exponerme así, pero a él ni le importaba. Estúpido chico.
Sin embargo, un día si crucé la línea.
A la hora del almuerzo, Miguel había ido por su bandeja. Aproveché para quejarme con los chicos.
—Imposible, ya no lo aguanto. Por favor, aléjenlo de aquí. No porque no tenga amigos en su carrera voy a permitir que invada nuestro grupo.
Los demás se miraron con confusión y Gogo me respondió enojada:
—Hiro, ya basta. Hablamos de eso y TODOS estuvimos de acuerdo en incluir a Miguel en el grupo.
—Claro, todos, excepto yo. Jamás quise que él estuviera aquí y no pretendía ser su amigo.
—Te estás comportando como un maldito inmaduro. Deja de rechazar a Miguel—Gogo apretó los dientes y me recriminó mi actitud.
—Claro, quizá los únicos locos inmaduros son ustedes por aceptar a un tipo extraño y diferente al resto de nosotros. Debí colocar en la cláusula de la apuesta "el perdedor deberá abandonar la Universidad" o algo así. ¿Qué no se dan cuenta? No pertenece a éste lugar y tampoco pertenece a nuestro círculo de amigos.
Mientras hablaba, todos trataron de hacerme callar. Pero no soy muy bueno entendiendo señales ni siendo oportuno. Me percaté de que mis palabras sí fueron escuchadas por el mexicano…
Y COMO NO, SÍ ESTABA DETRÁS DE MI, SOSTENIENDO SU BANDEJA. Miguel me miró muy dolido, azotó la bandeja en la mesa, tomó sus cosas y se fue sin despedirse.
Esa actitud alarmó a mis amigos. Honey se apresuró a alcanzar a Miguel, mientras Wasabi me arrastraba con él y me daba un sermón acerca de la empatía y la discriminación.
Pero no odiaba a Miguel por ser mexicano o por ser músico, simplemente me molestaba. Era una especie de rechazo por ser… lo que yo no era.
Él era amigable y gentil, yo era huraño y directo, él tenía un esíritu libre, yo alguien que prefería estar sólo, él se preocupaba por los demás y yo quizá era egoísta…
Honey lo llamaba a gritos
—¡Miguel! Lo siento, disculpa a Hiro, es que no se ha acostumbrado a ti…
—Honey, no debes disculparte tú. El que debe disculparse es él. Yo de verdad los aprecio y los quiero mucho, pero si Hiro no se siente cómodo con mi presencia o me ve como un invasor… lo mejor es que me aleje un tiempo de ustedes. No te pongas triste, los seguiré viendo, sólo evitaré a Hiro. No puedo lidiar con esa clase de personas.
Escuché todo. Esas palabras también me hirieron. Comencé a reflexionar acerca de mis acciones con ese chico: desprecio, ley del hielo, insultos, gritos… sí, lo llegué a humillar en una ocasión. Pero… no, no había ningún pero. Estaba haciéndole daño a una persona.
Los días siguientes, Miguel no se apareció por esos lugares. Faltaba mínimo un mes para el gran Concurso y Miguel seguía sin dirigirme la palabra. Me molestaba su actitud, sumándole la tensión que sentía con mis amigos. Ellos insistían en que le pidiera una disculpa, pero me negaba rotundamente; finalmente yo terminaba odiándome a mí mismo por haberle hecho semejante grosería.
Un miércoles, terminando las clases me dirigí a la biblioteca para consultar algunos libros que formaban parte esencial de mi investigación, los demás se fueron al Edificio para seguir con el proyecto.
Cuando salí, estaba algo pensativo. Decidí disculparme con Miguel de una buena vez. No podía seguir con ésta culpa. Si, lo acepto, él era una gran persona y no se merecía nada malo.
Justo pensaba en él cuando un tenue sonido inundó mis oídos. Era un hermoso requinteo que provenía de una guitarra. Me dirigí hacia el lugar donde provenía el sonido y encontré a Miguel. Estaba sentado en una banca difícil de visualizar a simple vista, al lado de la fuente, Solo con su guitarra y sus partituras. Se veía algo melancólico.
Esa imagen… parece un deja vú.
Me recordó a mi cuando era más joven. Sé lo que se siente que te molesten por ser "un prodigio". Me llegó una especie de remordimiento por haberlo tratado tan mal los últimos días, así que me acerqué a él sigilosamente. Estaba tarareando una canción, mientras anotaba algo en un cuaderno pautado.
—Así que te gustan los lugares solitarios ¿eh?—Dije con mi tono de voz habitual.
—Ah, hola—la respuesta de Miguel fue corta. Ni siquiera me miró. Decidí sentarme en el suelo frente a él para verlo tocar. Esa acción lo confundió un poco y me preguntó—Ah… ¿Se te ofrece algo?—alzó la mirada y acomodó sus cosas para que me sentara
—Primero responde. ¿Te gusta este sitio?
— Si, me gusta éste lugar. Es muy calmado, puedo ensayar a gusto aquí sin que nadie me moleste.
Bien, parecía un poco más calmado. Era ahora o nunca. Si esperaba, seguramente me iba a arrepentir.
— Parece acogedor. Oye… Bueno, yo quería… disculparme contigo. Sé que me comporté como un idiota contigo, y te pido una disculpa de corazón. Es que… debo ser sincero. Cambiaste mi entorno de un momento a otro, y quizá estaba celoso o simplemente me resistía al cambio… Quizá sea eso. No me gustan los cambios bruscos, pero tú trajiste muchos, además, me estresas un poco. Pero ese no es el punto. Por favor, perdóname.
Esa era una expresión nueva en Miguel. Estaba sorprendido e incrédulo. Después de un momento de meditación, sonrió y se formó su hoyuelo en su mejilla izquierda.
—Vaya… no creí que te fueras a disculpar de esa manera—Se recargó en su guitarra y manteniendo su sonrisa me dijo—Te perdono, Hiro. Ja, al parecer los zapes que te metí si te acomodaron las ideas.
El momento emotivo se derrumbó cuando dijo eso. Pero nos empezamos a reir. De pronto, mis hombros se volvieron más ligeros y me relajé como no lo habia hecho en mucho tiempo.
Sin embargo, algo me tenía intrigado. Aproveché para cuestionarlo.
—Lamento mi indiscreción pero ¿por qué no tienes amigos en tu carrera?
Miguel se acomodó en la banca y me platicó:
—Verás, no me explico por qué, pero algunos me odian por ser mexicano o por llevar mejores notas que ellos. Digamos que algunos músicos son "de sangre pesada",
—Quieres decir, que hay envidia de por medio.
—Bueno, no quiero llamarlos "envidiosos", pero no hay una mejor palabra que los describa, excepto "mamones"—Miguel se empezó a reir; hasta su risa era melodiosa. MIERDA…
— No entiendo eso de "mamones" pero suena horrible. Sin embargo, no me desagrada.
—Así es; los chicos con los que me llevo bien son pocos, pero siempre están ensayando y el tiempo del que disponen es muy poco. También se van a inscribir al Concurso, así que tengo bastante competencia.
Y así, estuvimos hablando por un buen rato. Descubrí que a él también le fascinaban los dulces de gomitas. Me platicó que en "su tierra" existe una gran variedad de dulces de todo tipo y descubrí que los ositos de goma (que allá les llaman "panditas") los venden por kilo. ¡Moría por ir a México!
Él se sorprendió de que yo le confesara acerca de las peleas de robots y que estaba involucrado en apuestas ilegales. Al parecer él tenía una idea algo rara de mí: Miguel pensaba que yo era un sabelotodo malhumorado, gruñón y grosero (lo cual sí soy), pero no pensé que me considerara un insensible y egoísta. Eso sí me dolió.
Lo que parecían minutos se convirtieron en horas. Sin embargo, un instante, tan sólo un instante necesité para darme cuenta de que Miguel era una persona increíblemente cálida y leal. No entendía como sus compañeros se atrevían a tratarlo mal. Me estaba acuchillando a mí mismo mentalmente por haber tratado mal a semejante ser humano.
—Caray, a pesar de que dijiste que la música no era importante y de que me insultaste, me caes muy bien, Hiro. Te guardo un poco de rencor, pero cuando te gane se me pasará. Me inspiraste confianza.
—¿Ah, sí? Te lo agradezco. Jajaja, la verdad no me acordaba de ti cuando nos tropezamos cerca de los dormitorios, hasta que dijeron que cantaste en el campus central fue que te identifiqué bien. Pero eso no importa, porque te ganaré.
Estaba tan ensimismado en nuestra conversación que cuando miré mi reloj, me di cuenta de que ya eran las 8:00 pm ¿Cómo era posible…?
—Mierda, ya se hizo muy tarde—Miguel comenzó a guardar las partituras en su mochila. Yo me levanté de la banca y ayudé a Miguel a guardar sus cosas — Y tengo un hambre de los mil demonios, oye Hiro ¿quieres venir a cenar? Tengo algo de dinero, podemos comprar algo y comer en mi departamento.
Ok, eso sí me tomó por sorpresa. Ningún chico, ni siquiera chica, me había invitado a cenar en su casa. Y NO, MI TÍA CASS NO CUENTA.
—Ammm…este… es que… ya es tarde y… mañana tenemos que madrugar. Ya saaaabes—Mierda, me estaba poniendo algo nervioso ¿Eso no era algo precipitado? Como les dije, no soy bueno socializando. La primera vez que fui a casa de un amigo, fue por una situación extrema. Me refiero a la casa de Fred, cuando nos atacó Callaghan.
—No te preocupes, será algo rápido. Mi departamento queda muy cerca de aquí, vamos, comemos y te paso a dejar a los dormitorios
—Oye, no jodas, no soy una chica para que me trates así—Miguel me miró con picardía y comenzó a molestarme…
—Pero My Lady, no puedo permitir que se vaya a la cama sin cenar. ¿Me haría el honor de acompañar a éste humilde servidor a tomar un café?—Hizo una reverencia muy fingida y empezó a carcajearse. ¿Dónde quedó ese ambiente tan cordial de hace un momento?
— Ya cállate, imbécil. Está bien, vamos a comer a tu jodido departamento, pero te advierto que soy algo exigente con la comida.
— Jajajaa, pinche chino. Saliste muy delicado. Va, me parece bien, vamos. Es más, te apuesto a que yo puedo comer más que tú en menos de 10 minutos.
—Claro que no, me veo delgado pero tengo un estómago de acero.
—Uy si, estómago de acero. Y yo soy un experto en mecatrónica.
—No es mi culpa que seas un alcornoque.
Nos fuimos caminando hacia su departamento mientras discutíamos. Miguel tenía razón, no estaba nada lejos de la Universidad. De hecho, estaba muy cerca del Edificio de los Dormitorios. Por eso ya no me alarmé tanto.
Miguel vivía solo, en un departamento pequeño, del cual su familia se hacía cargo con los gastos. Estaba equipado con lo esencial: baño, cocina y un cuarto individual.
Al entrar, me di cuenta de que en la cocina estaban regados miles de libros de Historia del Arte y de la Música, manuales de partituras, correas para guitarra, fotografías de su familia, etc.
Me dijo que me sentara en la mesa mientras él preparaba el café y calentaba la comida.
Estuvimos conversando y peleando nuevamente. ¿En qué momento dejábamos de pelear para retomar un tema "interesante"?
Cuando la comida estuvo lista, Miguel la sirvió en unos platos redondos, sacó dos tazas enormes donde sirvió el café.
—Te encantará, es café de olla. Es muy común en México. Lo hice con algo de "piloncillo" que conseguí cerca de aquí.
La "grandiosa cena" que Miguel tenía en el refri fue un total engaño, o algo asi. Me dijo que había preparado el día anterior "perlas negras con salsa esmeralda y coraza de cerdo" y era un platillo mexicano exótico.
Días después descubrí que era un platillo bastante común en México y se llamaba "chicharrón en salsa verde con frijoles". Como sea, lo probé y No me quejé en lo absoluto, sabía muy bien, pero estaba algo…
—Mmmmm, no me gusta mucho la comida con picante, pero se aprecia tu esfuerzo. ¿Cómo dices que se llama esta cosa?
—Ya te dije, perlas negras con salsa esmeralda y coraza de cerdo.
—Músico y además, chef gourmet. Esta rico, pero le hizo falta sal.
— Lamento haber aprendido a cocinar para sobrevivir, señor genio.
Comimos mientras seguíamos discutiendo de varios temas: la escuela, el concurso, los dulces, incluso discutimos porque pasó volando una mosca y no pudimos matarla. Estuvimos compitiendo para saber quién tenía el estómago más grande. GRAN ERROR
Me percaté de que Miguel no come, succiona todo lo que encuentra a su paso. Me sorprendí, pues yo apenas llevaba medio plato y una taza de café cuando él ya se había comido tres raciones y cuatro tazas de café con un bizcocho.
—No jodas Miguel. ¿Te comiste todo eso?—Miguel sonrió triunfante. Se cubrió la boca con una mano y soltó un eructo.
—Ah perdón; es que estuvo delicioso. A ver cuando me invitas a comer, pero quiero que tú prepares la comida, de lo contrario, "no cuenta".
—Lo pensaré, pero debo aprender a cocinar primero—Miguel sonrió, ¿No había manera de arrancarle esos malditos dientes blancos?
Quizá, lo único que teníamos en común era que ambos teníamos un diente separado de los otros. Nuestra dentadura no era "perfecta", pero en Japón los dientes chuecos se consideraban atractivos. Tal vez por eso me gustaba la sonri… Fuck, ¿en que mierda estaba pensando?
—Pues provecho, Hiro. Ya es algo tarde, cuando termines, te acompaño a los dormitorios.
Caminamos menos de 5 minutos hasta llegar al edificio. Me despedí de Miguel chocando el puño como señal de tregua definitiva.
Aún tenía trabajo pendiente, así qué encendí la computadora y me puse a teclear la programación de los procesadores para el proyecto. Estaba feliz conmigo mismo, estaba feliz porque pude redimir el daño causado a Miguel y porque ya tenía un nuevo amigo; un detestable, desaliñado, testarudo y talentoso amigo.
Por primera vez, estuve cómodo con la presencia de Miguel. Sí, debo admitir que ese día sembramos algo llamado "amistad".
AL DÍA SIGUIENTE
El equipo y yo estuvimos en el comedor durante la hora del almuerzo. Los chicos seguían tensos conmigo, pero no les había comentado acerca de la reconciliación que hubo entre Miguel y yo. Quería sorprenderlos.
Aunque Miguel me sorprendió a mí, pues sentí un golpe en la cabeza, lo que él llamaba "un zape".
— ¡Miguel! No me jodas, esta vez sí me dolió, maldito—Me sobé la cabeza y el méndigo sólo se reía y se reía.
—Jajajaja, no mames Hiro, ni te pegué tan fuerte. Que pasó—Alzó la mano para saludarme, chocamos las palmas e hicimos "el puño".
Le mostré los avances del proyecto en la Tablet que llevaba y empecé a explicarle lo que iba a hacer ese día.
Los demás nos miraban atónitos. Al parecer sí se sorprendieron. No esperaban que de un día a otro nos lleváramos tan bien.
Ese chico me provocó de todo en poco tiempo: Celos, amistad, remordimiento… Conocer bien a Miguel fue una explosión de emociones.
Con el paso del tiempo, aprendimos a llevarnos mejor.
Faltaban dos semanas para el concurso, cuando todo comenzó a ponerse de cabeza.
FIN DEL CAPÍTULO 2
NOTA: ¡Halo halo! Les entrego el 2do capítulo. Espero que no odien a Hiro, traten de entenderlo. No se adapta tan fácil a los cambios y es muy necio XD
Sean pacientes, mis queridos. Les prometo que pronto será la declaración formal ¡Yei! Esto se va dando poco a poco
Les iba a preguntar algo… ¿Qué tan factible es que a Miguel le guste el rock/metal? Para que se vayan dando una idea de lo que viene después :D
Y aparecerá un personaje que de verdad le causará dolor de cabeza al pobre Hiro. Pero eso me lo reservo ;) será una sorpresa.
¡Gracias por leer hasta aquí! ¡Nos vemos pronto!
Con amor: Only Darkness
