Se encontraba enfrente de la distinguida figura de Tsunade, mientras esta última estaba leyendo varios papeles en la mesa. Ten-Ten miraba a la Hokage esperando a que le indicara hablar; ya que no era su estilo tentar al demonio como lo hacía Naruto. Era mejor esperar.
Los ojos color avellana de Tsunade se posaron en la silueta de Ten-Ten, quien estaba iluminada con los leves rayos del sol. Enseguida se recostó en el respaldo de su asiento, midiendo con la mirada a la maestra de armas. Frunció el ceño súbitamente.
— ¿Se puede saber que haces aquí? Que yo recuerde no te he mandado a llamar — Preguntó con voz áspera la Godaime, Ten-Ten lanzó un suspiro nervioso y procuró que en su rostro se mostrara la mejor de sus sonrisas. Por lo visto no había sido un buen día para la Hokage
O, tal vez, Naruto la había ido a visitar. Pensó divertida.
—Tsunade-sama, hace unos días luego de completar una misión, usted me entregó otra misión. La que se llevaría a cabo en Suna; por el largo tiempo en que tomaría me permitió cavilarlo para luego expresarle mi decisión- explicó Ten-Ten, luego con aire determinado añadió- Se que ha pasado demasiado tiempo pero me preguntaba si todavía la misión esta vigente si es así la acepto.
Tsunade entrelazó sus dedos, mirando de forma penetrante a la Kunoichi; quién estaba esperando la respuesta que daría la Hokage ansiosamente.
—Tienes razón, ha pasado muchísimo tiempo, y nadie ha querido tomar la misión —dijo Tsunade manteniendo sus dedos entrelazados, otorgándole un aspecto determinado y serio—. Cómo sabes, esa misión dura tres años, y si no hay ningún sustituto en ese tiempo, existe la posibilidad de que esa persona se quede para siempre —agregó con seriedad. Sin despegar los ojos de Ten-Ten—. ¿Estás completamente segura? —Inquirió.
—Si, lo estoy —contestó Ten-Ten manteniendo la mirada de Tsunade.
—Neji, ¿Sabe de esta decisión? —Preguntó la Godaime, vigilando la reacción de la Kunoichi.
— ¡Claro que sí! Se imagina si no supiera —respondió con rapidez, lanzando una risa nerviosa.
En la estancia se hizo un silencio expectante, solo se oían los murmullos de afuera, Ten-Ten sentía como su corazón latía aceleradamente por la incertidumbre que se le presentó inesperadamente, la verdad era que ni ella misma sabía como reaccionaría él genio al darse cuenta que había aceptado la misión, no obstante; ahora era lo que menos le interesaba. La voz de la Hokage hizo que el silencio incomodo se acabara y que en el rostro de Ten-Ten apareciera una alegre sonrisa.
—La verdad… no, no me lo imagino pero bueno, mañana saldrás temprano hacia Suna, si tienes algún problema puedes mandarlo por medio de un halcón. Te deseo suerte en estos tres años, puedes retirarte —ordenó la Hokage desviando la cabeza al tomar otros papeles que estaban en la mesa.
Ten-Ten se inclinó con respeto hacia ella y salió del cuarto. Caminó por los pasillos con una sonrisa en sus labios, pero súbitamente comenzó a ver que todo comenzaba a moverse, sus rodillas temblaron mientras parpadeaba repetidamente para aclarar la vista, su espalda hizo un ruido seco al apoyarse bruscamente en la pared; con movimiento lento bajo hasta quedarse sentada en el suelo. Cerró los ojos mientras trataba de controlar su respiración. No supo cuanto tiempo se mantuvo en esa posición, de lo que si estaba segura es que nunca le había pasado. Poco a poco el malestar fue pasando hasta que comenzó a normalizar su respiración.
— ¿Estás bien Ten-Ten? —Preguntó una voz que se encontraba enfrente de ella, los ojos cafés de Ten- Ten dieron con unos oscuros.
—Lee, estoy bien, no te preocupes solamente me sentí mareada eso es todo —Contestó la Kunoichi con una sonrisa en el rostro.
— ¡Qué! ¿Te mareaste Ten-Ten? Vaya…eso es nuevo. Es seguro que no has desayunado si es así yo te invito a comer algo —Exclamó Lee con su típica sonrisa y su pulgar levantado, Ten-Ten río ante esa pose. Millones de recuerdos se reunieron en su mente, hacía bastante tiempo que no conversaba con Lee y ahora que lo tenía enfrente se daba cuenta lo mucho que lo extrañaba.
—Entonces acepto la invitación —dijo Ten-Ten con una adorable sonrisa en sus labios.
Caminaron por las calles de la aldea conversando nimiedades, entre ellas las misiones, los tipos de enemigos con quien Lee se había enfrentado y las clases en la academia. Ten-Ten reía de las ocurrencias de su compañero, a decir verdad nunca se había sentido tan tranquila desde hacía muchísimo tiempo.
Llegaron a un puesto de té en donde Ten-Ten ordenó unos dangos para acompañar su bebida mientras que Lee pidió unas bolitas de arroz.
—Y dime ¿Qué estabas haciendo donde la Hokage? —Preguntó Lee dándole un sorbo a su té.
—Fui a verla para que me diera una misión. La verdad…hace dos semanas que me la había mencionado pero yo la rechace, tenía que estar tres años fuera de Konoha y dado que estoy casada pues no cabía esa posibilidad pero ahora… —expresando esto, los ojos cafés que la caracterizaba fueron a dar al suelo, mientras que su ceño sea había formado. Ésta acción no paso desapercibida para Lee quien la miro con preocupación.
— ¿Pero ahora qué? —Inquirió Lee con voz neutra sin dejar de mirar a la Kunoichi.
—Digamos que Neji… me deseo feliz viaje —diciendo esto, la chica le sonrió tratando de ocultar su dolor.
Lee tomó la mano de Ten-Ten entre las suyas y le dio un leve apretón—. Es un imbécil por no valorarte —dijo la bestia verde lanzando un resoplido—. Después de tantos años juntos es el colmo que todavía no lo haga…
— ¡Oh! vamos Lee, la culpa ha sido mía. Yo soy la imbécil al tener falsas esperanzas; además bien sabia que solo soy un boleto de salida —interrumpió con tono de amargura mirando a su amigo—. Pero bueno ya mañana me voy, comenzaré desde cero y la verdad me siento bastante aliviada con ello.
Ten-Ten miró a Lee con una sonrisa en su rostro, él mantenía sus manos en la suya pero su ceño se había formado. Ella ya conocía esa cara, estaba preocupado y no era de menos.
Ten-Ten se sentía libre de demostrar lo que sentía cuando estaba con Lee, con él era el único con quien podía hablar del tema. Y al saber que la apoyaba le hizo saber que no estaba sola.
—No te preocupes Lee, pienso que irme de Konoha es la mejor decisión que he tomado, así que alégrate por mi —expresó Ten-Ten sacando una sonrisa a su amigo.
—Entonces… ¿Te has separado de él? —Preguntó confundido—. Es decir ¿ya no son esposos?
—La verdad… nunca fuimos esposos pero no creo que me dejen separarme de él, lo digo por el clan. Tu sabes sus reglas son tan obsoletas pero ahora que hay una misión de por medio sé que no se opondrán a que me vaya, después de estos tres años es probable que me quede en Suna para siempre; claro que este detalle no lo saben —Explicó Ten-Ten al tiempo que daba una mordida a sus dangos.
— ¿No crees que luego de esos tres años halla algunos problemas con el clan? —Cuestionó de nuevo algo dubitativo, expresando así su preocupación.
—Tal vez… —dijo ella con sencillez—. Pero durante ese tiempo pensare en algo para poder despistarlos y así no estaré atada a él, de todas formas no pienso casarme de nuevo. Y ya no hablemos de eso, mañana me iré así que conversemos de otras cosas —. concluyó Ten-Ten dado por terminado el tema.
Sintió la mirada pensativa de Lee pero él no volvió a preguntar de nuevo, si algo que le gustaba de su compañero era que respetaba el espacio de una persona y no lo presionaba. Ten-Ten podía notar en la cara de Lee que su preocupación no desaparecía, ella en el fondo sabía el por que de su inquietud.
Las manos de Ten-Ten presionaron sutilmente las de Lee dándole a entender por ese gesto que estaba segura en lo que haría más adelante. La bestia verde sonrío ante eso, comprendió por medio de esa seña que su compañera siempre había sido una mujer fuerte y no se dejaba abatir fácilmente.
Luego de esta muestra de cariño conversaron nuevamente de temas sin importancia, haciéndose reír mutuamente por los recuerdos de su niñez.
El día transcurrió hasta que se dieron cuenta que ya era tarde, los dos siguieron conversando dirigiéndose a la mansión Hyuuga. Al llegar, Ten-Ten se despidió afectuosamente de Lee.
—Lee, te deseo muchísima suerte y te prometo que te escribiré todas las semanas —dijo Ten-Ten abrazando a su mejor amigo mientras que Lee lloraba.
— ¡Oh! ¡Ten-Ten! ¡Prométeme que no dejaras que tu llama de la juventud se extinga! —Exclamó sollozante el Ninja abrazándola con fuerza.
—Lee, no… ¡No me dejas respirar! —Gritó la kunoichi haciendo un esfuerzo por separarse del abrazo que le estaba sacando todo el aire de sus pulmones.
— ¡Lo siento Ten-Ten! ¡Pero te extrañare demasiado! —Replicó lastimeramente la bestia verde mirando a su amiga con demasiadas lágrimas bajando como cascadas en sus mejillas. Ten-Ten sonrío dulcemente, no importaba cuantos años pasara al parecer su mejor amigo nunca iba a cambiar su forma de ser.
Luego de la despedida, Ten-Ten cerró el portón y se dirigió a su dormitorio pasando por los amplios pasillos de la mansión. Una voz la hizo parar en seguida, se dio la media vuelta para enfrentar a la persona que la llamaba.
—Ten-Ten, me alegra verla —expresó una voz masculina mientras se acercaba donde estaba la kunoichi.
—Hiashi-sama ¿Cómo se encuentra? —Preguntó Ten-Ten esbozando una sonrisa. Hiashi era una persona bastante respetable para ella, era de las únicas personas que parecía no presionarla con el tema de los hijos.
—Bastante bien, gracias por preguntar —contestó Hiashi correspondiéndole con una media sonrisa, pero súbitamente desapareció para dar paso a la típica cara de seriedad que llevaba siempre—. Ten-Ten, me han referido que todas sus pertenencias tanto como la ropa y los objetos personales han sido recogidos. ¿Se puede saber por qué?
—Mañana tendré que ir a una misión y será por largo tiempo —comentó ella un poco apenada y cohibida, no sabia que reacción esperar del líder de clan. La ponía nerviosa en solo hecho de pensar en ello.
— ¿Por cuánto tiempo? —Cuestionó seriamente el jefe del Clan, mientras con su mirada penetrante parecía absorber a Ten-Ten. La kunoichi comenzó a reír nerviosamente, esa mirada le causaba temor, parecía que Hiashi podía ser un hombre intimidante cuando quería.
—Mmm… poteños… —musitó en forma débil Ten-Ten desviando la mirada, el líder de clan enarco la ceja.
— ¿Puedes repetirlo? —Inquirió de forma áspera Hiashi, esperando a que la maestra de armas recuperara su actitud. Ten-Ten suspiró cansadamente en seguida enfrento la mirada de Hiashi.
Tenía que decírselo tarde o temprano. Trato de componerse y colocar su cara lo más seria que podía.
—Por tres años —respondió Ten-Ten mirando seriamente a Hiashi.
— ¿¡Tres años!? Eso es demasiado tiempo ¿Neji, lo sabe ya? —Preguntó de nuevo el líder con un tono neutral.
—Sí, me deseo feliz viaje —contestó Ten-Ten de forma seria—. Además no se preocupe, durante ese tiempo estarán buscando algún sustituto y cuando lo encuentren es probable que regrese —añadió, mostrándole una adorable sonrisa, Hiashi parecía mostrarse escéptico pero con un suspiro suavizo su semblante dejando el tema zanjado.
Ten-Ten se fue a su habitación a preparar sus cosas y algunas provisiones que le vendrían bien al emprender su viaje. Haciendo esto recordó lo que había hablado con Lee y la preocupación que mostró esté con respecto a su problema; Ten-Ten sabía lo que le inquietaba a su amigo, a la vez era lo mismo que le inquietaba a ella.
Después de esos tres años ¿Qué haría luego? ¿Qué pasaría si luego de esos tres años, Neji la fuera a buscar? Sonrío tristemente, tal vez él iría por que los de su clan lo ordenaron, no por qué él quisiera. Sacudió la cabeza para ahuyentar esa idea, tendría tres años para planear que haría después, por ahora solo se concentraría en llegar a Suna.
Mañana sería un nuevo día en el cual ella ya no estaría en Konoha, y poco a poco su alma se llenaría de paz conforme pasara el tiempo.
Los personajes de Naruto no me pertenecen.
Espero que lo disfruten, besos.
PD. ¡Saludos y besotes a Hagobi, suerte en los resultados!
