Disclaimers en el capítulo 1
Estoy demasiado contenta con la aceptación que ha tenido esta historia que además, recién comienza! Sus reviews han alimentado mi creatividad a tal punto de que, creo, que esta historia será más larga de lo que pensé, así que olvídense de lo que les dije al principio.
Agradecimientos especiales al grupo de face Barcedes World por el apoyo que me han dado para seguir con esto, a la gente en twitter que me ha dado RT promocionando el fanfic, y a quienes comentaron acá en fanfiction: Leticia FHernnd, Camila, Priscilla, Soraya, , harmxnxzxr, mimi1981, delvalle156, iran e Iris Baudelaire (Iris también escribe Barcedes, les invito a leerla también) :3 Sé que hubieron más comentarios pero no me dejaron su nombre :( de todas formas, a ustedes también les agradezco de todo corazón.
Capítulo 2: Entre el miedo y los celos.
Bárbara se quedó perpleja al ver a Mercedes en la puerta de su casa, no esperaba verla después de que la había visto en la plaza paseando con ese hombre. Una cantidad de preguntas se le venían a la mente ¿A qué demonios venía? ¿A enrostrarle que ya había pasado página? ¿A darle explicaciones? O incluso, ¿Sería ella capaz de mantener la calma después de todo el llanto derramado por su culpa? Tenía que hacerlo, estaba con visitas, y una muy en particular.
—Perdona que te moleste, sé que quedamos en un acuerdo pero necesito advertirte de algo ¿Está Nicanor?
Bárbara trató de esconder su dolor pero su cara la delataba, cerró la puerta y negó con la cabeza.
—Nicanor debe estar por llegar –la invitó a seguir por el pasillo- pero no estoy sola así que tienes que ser discreta.
Mercedes asintió pero por dentro los nervios hacían lo suyo, no esperaba que Bárbara estuviera acompañada en estos momentos, así que sería mucho más difícil poder hablar con ella del peligro que corría. Siguió caminando hasta llegar a la sala principal, y fue ahí cuando se quedó perpleja al ver quien estaba en sillón.
—Sofía –dijo Mercedes cruzándose de brazos- ¿Qué hace por acá a esta hora?
La joven bajó su cabeza y luego miró hacia otro lado tratando de ocultar su disgusto al ser interrumpida.
—Sofía vino a hablar conmigo, vino a pedirme disculpas por la situación embarazosa en la que nos metió.
—Lo encuentro muy bueno señorita Quiroga, pero le recuerdo que usted me chantajeó y yo soy su directora, una consideración mínima tendría que tener para visitarme también ¿no?
Mercedes se dio cuenta de que su actitud estaba siendo un poco altanera, al rato que recordaba a lo que había venido inicialmente.
—Claro que también quiero hablar con usted señorita Mercedes, pero será en otro momento –se levantó nerviosa del sillón- Me tengo que ir, mi hermano debe estar por llegar a buscarme.
—¿Estas segura? –le preguntó Bárbara tomándola por los hombros mientras le sonreía- ¿No quieres que te vaya a dejar?
—No gracias, en serio –le sonrió de vuelta al tiempo que llamaban a la puerta- ¿Ve? Ese debe ser mi hermano.
Una punzada en el pecho de Mercedes hizo que su rostro mostrara el disgusto que trataba de ocultar con esa cercanía con la que se estaban tratando. ¿Celos de Sofía? Se preguntaba, era algo que hasta ni ella misma se lo estaba creyendo, sin embargo había algo que le molestaba en esa niña, no podía estar tan equivocada, más todavía, cuando Sofía pasó por su lado y le regaló esa pequeña mueca de desagrado que siempre lograba dilucidar en ella.
Bárbara acompañó a la joven hasta la puerta y luego volvió con rostro más serio del que tenía cuando se despidió de la joven.
—Veo que hasta tomaron café y comieron pastelitos –dijo mientras miraba las sobras en la mesita de centro- ¿No crees que es demasiado?
—Bueno y ¿Qué? Vino a visitarme, lo mínimo es atenderla con algo ¿No? No puedes tenerle rencor, Mercedes, menos a una alumna.
—Sí pero estas teniendo demasiadas consideraciones con ella y te recuerdo que por culpa suya estamos en esta situación, Bárbara –Mercedes subía el tono de voz- Además, qué es eso de estar ofreciéndole ir a dejarla cuando ves que vine a verte, y esa cercanía ¿Desde cuándo?
—No lo puedo creer –dijo enojada- ¿Me estas celando? ¡Y por Sofía! ¿Con qué cara? ¿¡Con qué cara Mercedes!? Cuando tú fuiste la que se anduvo paseando del brazo con un hombre por la plaza a los días de nuestra discusión.
Bárbara comenzó a pasearse de un lado a otro tratando de mantener la calma, finalmente cedió ante la tristeza y no pudo evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas. Hubiera querido seguir firme, pero estaba sufriendo, más de lo que había creído, y a pesar de que había sido su decisión la de no tratarse más, esto la estaba destruyendo por dentro lentamente. Limpió sus lágrimas rápidamente y se quedó cruzada de brazos esperando una respuesta de Mercedes.
Para Mercedes verla así era desgarrador, cada vez que Bárbara le ponía esa cara ella no podía seguir ni siquiera un poco enojada, tenía esa necesidad imperiosa de protegerla, de consolarla. Esta no sería la excepción, se le acercó lentamente con el miedo de ser rechazada, al quedarse casi pegada a su cuerpo y notar que seguía mirándola y no se distanciaba de ella, le tomó la mejilla para limpiarle con el pulgar una lágrima que había quedado reposando en la comisura de sus labios.
—No Bárbara, no te pongas así, lo que viste ese día no es lo que piensas –volvía a limpiar otra lágrima- Ese hombre no es más que un amigo mío de infancia que vino a visitarme -Bárbara bajaba el rostro y Mercedes volvía a buscarla en la mirada- te juro que cuando vi tu carita a lo lejos se me revolvió el estómago al imaginarme en cómo te sentías.
—Pero la noticia que me llegó fue otra, me dijeron que ya tenías novio –dijo apenas entre sollozos- lo que yo vi lo confirmaba.
—Eso fue culpa de mi papá ya sabes cómo está de ansioso porque no se me pase el tren –ahora le tomaba el rostro con ambas manos para obligarla a mirarle los ojos- Pero asumo la culpa, yo creí que si salía a pasear con él a vista y paciencia de todos nos iban a dejar tranquilas, pero veo que te hice daño. Perdóname, Bárbara, yo no quiero que estés así por mi culpa.
Bárbara no quedó indiferente ante su sinceridad, tan solo con ver su rostro de angustia por verla sufrir le hacía olvidarse de su promesa de evitar cualquier tipo de acercamiento íntimo entre ambas. Le creía, por Dios que le creía, y al verla así, tan afectada por su propio dolor le hacía querer tomarla ella misma y presionarla contra la pared para besarla hasta quitarle el aliento. La abstinencia, el no poder siquiera tocarla hacía que la pasión en ella creciera de una forma que no había imaginado, esto no se le estaba haciendo nada fácil.
—Yo te creo Mercedes –le tomó las muñecas e hizo que dejara de sostenerle el rostro antes de que el beso fuera consumado- pero ¿A qué viniste realmente? Esto que haces tampoco me hace bien, yo estoy haciendo un esfuerzo enorme en cuidarte, y si vienes a visitarme no me ayudas en nada.
Mercedes recién caía en cuenta que la razón de su visita era más importante que lo que estaban hablando, pero haberle dejado las cosas claras ahora hacía que su cabeza se ordenara de forma más calma que cuando se paró frente a su puerta.
—Bárbara, supongo que ya escuchaste la radio
—No pero Sofía me lo contó ahora –dijo preocupada mientras se separaba de Mercedes- Seguramente cuando llegue Nicanor voy a tener más detalles.
—Te das cuenta de que es peligroso para ustedes estar aquí solos con ese hombre suelto ¿No?
—No te preocupes Mercedes, no va a ser primera vez que un hombre que Nicanor haya metido a la cárcel salga libre, seguramente vamos a tener protección policial.
—Yo de Quiroga no me fío, la misma María Elsa me fue a advertir, él va a venir a vengarse. Bárbara, por qué no te vas a la hostería por mientras dura el juicio, tu esposo podría quedarse aquí con la protección necesaria, pero tú no te expongas, seguramente las cosas se van a calmar luego, pero ahora mismo a Quiroga debe estar ardiendo en rabia por ponerle las manos encima a Nicanor –la tomó por los hombros con fuerza, cansada de que le evitara el contacto- Bárbara, si te pasa algo, yo, yo me muero.
—¿A la hostería? –Comenzó a reírse de forma nerviosa- Mercedes, ¿Te das cuenta de lo difícil que sería para nosotras estar así de cerca? Yo entiendo que estés preocupada pero también me hace pensar que estas sacando provecho de esta situación –se sacaba las manos de Mercedes de los hombros.
—Yo no soy esa clase de persona –dijo con tristeza- cómo no entiendes que estoy tratando de protegerte.
—Por si no te has dado cuenta yo estoy haciendo lo mismo –Bárbara dejaba caer los brazos, con esa actitud infantil un tanto suplicante- ¡Ay Mercedes! En serio no va a pasar nada, ya deja de buscarme porque no vas a conseguir nada.
Mercedes se tomó la cabeza, un dolor palpitante le decía que no iba a pasar buena noche después de todo esto.
—Aunque no te guste, voy a estar pendiente de ti. Y por favor, no dudes en ir en mi búsqueda si necesitas algo.
—Está Bien –suspiró- Ahora debes irte, se está haciendo muy tarde y tampoco quiero que andes sola por la calle.
Bárbara la acompañó por el pasillo hasta llegar a la puerta, tuvo que detenerse al notar que Mercedes por última vez se le plantaba en frente.
—Al menos piénsatelo –insistió.
—Buenas noches Mercedes –le dijo cortante, pasando por encima de ella para agarrar el pomo.
Antes de que Bárbara pudiera abrir la puerta, Mercedes le tomaba el rostro rápidamente y la besaba sin que ella pudiera siquiera alcanzar a objetar. Se quedó ahí unos segundos, apretando sus labios con los de ella, respirándola rápido, ansiosa. Y así como de sorpresiva se había lanzado hacia sus labios fue que se separó de ella.
—Ladrón que le roba a ladrón tiene cien años de perdón… Te recuerdo que tú también me robaste un beso.
Bárbara se había quedado con sus manos en sus labios, saboreando aquel escueto y brusco beso. Y aunque fue demasiado rápido, fue lo suficiente como para hacer que en su interior afloraran las pasiones que había frustrado con tanto esfuerzo. Parecía que ahora incluso era distinto, por lo general Mercedes no tomaba la iniciativa, verla así de decidida, tan protectora, le ponía el corazón a latir de forma desenfrenada. Por un momento pensó en hacer una excepción, por su mente pasó de forma rápida la idea de tomarla por la cintura y acercarla hacia su cuerpo, sin prisas, sin miedos. Quería mirarla a esos ojos claros suplicantes que tanto la derretían, quería besar sus párpados, respirar en su cuello para guardar aunque fuera por última vez su olor, añoraba enterrar sus manos bajo su cabello y besarla como si no hubiera un mañana. Lamentablemente, ese mañana estaba a la vuelta de la esquina, y era peligroso para ellas si permanecían juntas. Con el dolor de su alma, nuevamente frustró aquel deseo, ya vería como iba a ir juntando los trozos de su corazón roto. Tarde o temprano se les pasaría, este amor equivocado, en algún momento debería menguar, pensó.
—Buenas noches Mercedes –repitió mientras abría la puerta.
Bárbara puso su mano en la espalda Mercedes invitándola a salir, y evitando con eso que se volteara a verla, no soportaría tener que ver esa carita suplicante otra vez sin sucumbir ante ella. Sin embargo, no pudieron dar ni siquiera un solo paso, ambas se sobresaltaron al ver un hombre parado afuera a punto de tocar la puerta.
—Discúlpenme –dijo el hombre, nervioso- No fue mi intensión asustarlas. Busco a la señora Bárbara Román.
—Sí, soy yo –dijo Bárbara- Y usted ¿Quién es?
—Soy el abogado de Santiago que la contactó por telegrama hace unos días atrás –le dio su tarjeta- espero que haya podido recibirlo a tiempo.
—Sí, claro, es solo que no esperaba que viniera a esta hora.
—Bárbara ¿Pasa algo? –Preguntó Mercedes confundida- No estarás metida en algún problema ¿Verdad?
—No te preocupes Mercedes, es solo un asunto familiar – la miró con sensatez para dejarla tranquila.
—Debo disculparme –dijo el abogado- tuve un desperfecto en mi automóvil y me retrasé. Sé que es tarde, me gustaría saber si puede indicarme algún lugar donde pueda hospedarme esta noche y mañana vengo a hablar con usted con más calma, y a una hora más prudente.
—No se preocupe abogado –miró a Mercedes- aquí la señorita Mercedes lo va a guiar al lugar correcto. Así aprovechas de irte acompañada, ya está oscuro.
Mercedes asintió mientras salía por la puerta.
—Piensa en lo que te dije Bárbara, voy a estar pendiente de ti.
Las noches para Bárbara estaban siendo demasiado difíciles, ya no recordaba cuantas veces había sonado con Mercedes, y lo que era peor, se despertaba confundida para luego sobresaltarse al darse cuenta que estaba en su propia casa, con un hombre al cual ya no amaba. A veces tenía miedo, miedo de decir el nombre de su amada mientras dormía, y como consecuencia alertar a Nicanor de que algo estaba pasando. Sabía que Nicanor algo sospechaba, sobre todo ahora que ya no salía de casa como antes, y aunque el comisario pasaba más tiempo trabajando que en su casa siempre se daba cuenta de que algo andaba mal con Bárbara, la notaba triste, lejana, casi sin vida.
El comisario mucho no podía hacer con su esposa en estos momentos, Quiroga ya había vuelto al pueblo a cumplir su arresto domiciliario, y sus energías las ocupaba para hacer que Ángela se retractara de su declaración para hacer que Quiroga volviera a la cárcel de Chillán. Bárbara seguía sola y con mucho tiempo para pensar en si había alguna remota posibilidad de permanecer junto a Mercedes sin correr peligro. La verdad es que ya estaba cansada de su esposo, sabía que estar con él no tenía ningún sentido, sentía que estaba perdiendo tiempo preciado en ese matrimonio. Ya hacía tiempo que había aceptado que ese no era su lugar, y aunque en su mente se repetía que no podía pasar a llevar la seguridad de Mercedes, sabía que tarde o temprano la buscaría, porque ya estaba harta de todo, estaba cansada, ya casi todo le daba lo mismo. Lo único que la retenía era saber que si las descubrían Mercedes iba a perder todo lo que había logrado con tanto esfuerzo, y lo que era peor, ella se echaría la culpa tarde o temprano. ¿Cómo vivirían en esa situación? Seguramente ambas perderían su puesto en el colegio de señoritas, Nicanor no se lo iba a perdonar y probablemente la echaría de la casa, le pediría la nulidad, cosa que por su pecado sería otorgada sin ningún problema, lo más probable es que sin ningún tipo de ingreso económico tendría que volver a Santiago, y separarse de su amada para siempre. Para Mercedes la suerte no sería mejor, ya no podría hacer lo que le apasionaba, no podría enseñar, ya no sería respetable ante nadie en el pueblo, la misma iglesia la apuntaría con el dedo, su familia le daría la espalda, o en el peor de los casos, la internarían a algún psiquiátrico para que se sanara. Esta última idea, la hacía querer llorar de impotencia, la verdad, sí, tenían tanto que perder. Estar juntas no era una opción.
Se levantó un día temprano por la mañana, antes de que los primeros rayos del sol comenzaran a iluminar Villa Ruiseñor. Nicanor seguía durmiendo luego de una larga noche de trabajo, cosa que ya estaba acostumbrada, lo veía solo dormir, prepararse en la mañana y marcharse. Era demasiado temprano para preparar el desayuno, pero su pecho dolía ante el recuerdo el último sueño que había tenido con Mercedes. Se preparó un té para pasar el nudo que tenía en la garganta y se quedó mirando por la ventana mientras se preguntaba si acaso Mercedes estaba igual que ella, o si acaso soñaban lo mismo. Bárbara se sonrió de gusto al recordarla en su sueño mientras la desnudaba, pero luego su rostro se ensombrecía al darse cuenta de lo injusto de todo esto, ni siquiera habían alcanzado a consumar su amor, ella sentía que tenía tanto que entregarle a Mercedes. Ella quería ser su primera vez, quería mostrarle qué se sentía al ser amada por alguien como ella, que la amaba tanto. Sus lágrimas comenzaron a caer al darse que cuenta que jamás le había dicho lo mucho que la amaba, nunca había sido capaz de decirle un "te amo" tan solo por miedo a asustarla, por hacerla sentir de forma natural y no como algo pecaminoso entre dos mujeres. Se había dado cuenta de que llevaba tiempo reprimiéndose para darle tiempo, para ir a su ritmo. Y todo para esto, sentía que todo su esfuerzo había sido en vano, y todo el amor que tenía para ella iba a tener que guardarlo para siempre.
De pronto un sonido extraño desde afuera la sacó de sus oscuros pensamientos, pensó que podría ser algún animal rondando por la casa, pero pronto se dio cuenta de que una sombra rondaba por los alrededores. Entró en pánico al recordar la advertencia de Mercedes ¿Sería posible que Quiroga estuviera ahí para hacerles daño? Era imposible, afuera había una patrulla de policía que los resguardaba hace casi dos días, y además Quiroga estaba en la misma situación. No era lógico que alguien pudiera estar rondando en su casa sin levantar sospechas. Siguió caminando hacia la cocina, mirando por las ventanas, nuevamente veía pasar aquella sombra de forma rápida y ágil, pero ella quería cerciorarse de que quizás era solo un perro callejero, no quería armar un escándalo sin razón alguna, eso haría que Nicanor encendiera mucho más las alertas que algo pasaba con ella.
El miedo comenzó a dominarla, ya no tenía ninguna duda, escuchaba pasos afuera, y de un momento a otro un olor a gasolina casi inaguantable comenzó a sentirse. Corrió donde Nicanor para despertarlo, estaban en peligro.
—¡Nicanor! –le dijo mientras lo movía bruscamente para que despertara.
—¡¿Qué?! –se levantó de golpe asustado.
—Hay alguien afuera y creo que quieren quemar la casa –le dijo angustiada.
—Tranquila mi amor, es imposible – se volvía a tapar con las sabanas- afuera hay policías, nadie se atrevería a hacer nada, ya acuéstese que todavía es temprano.
—Nicanor ¡te estoy diciendo que vi a alguien afuera!
El comisario se levantó con la frente arrugada al darse cuenta que efectivamente había olor a humo, y al voltearse para mirar hacia la puerta de la habitación ya no hubo más dudas, la casa se estaba quemando.
Nicanor se levantó hecho un demonio en dirección a la cocina, Bárbara lo siguió desesperada. Al llegar las llamas ya habían entrado por la ventana que se encontraba entreabierta tomando una de las cortinas.
—¡Llama a los bomberos! –Gritó Nicanor mientras buscaba cualquier recipiente con agua para tratar de apagar el fuego.
Bárbara tomó el auricular del teléfono pero de inmediato notó que habían cortado la línea. Volvió con un balde y comenzó a ayudarlo, sin embargo parecía que se seguía extendiendo.
—Nicanor –Bárbara tosió- El teléfono está muerto, salgamos de acá, es inútil, el fuego viene desde afuera.
Los vidrios comenzaron a estallar por el intenso calor y el humo se hizo cada vez más intenso. Nicanor se tomaba la cabeza ante la suerte que corrían, hace tan sólo un par de meses habían decidido ponerle rejas a las ventanas. Corrieron hacia la entrada de la casa para escapar por la puerta pero no pudieron abrirla, la habían trabado desde afuera. Nicanor la pateó una y otra vez pero no había manera, incluso estrello su propio cuerpo en vano.
Si bien las llamas aún no lograban entrar a la casa por completo, el humo se hacía cada vez más denso. Nicanor obligó a Bárbara a tirarse al piso mientras iba a la habitación por sábanas para mojarlas y hacer una barrera contra el dióxido de carbono. La envolvió en ella y la hizo respirar por la tela mojada.
—No te preocupes, alguien se va a dar cuenta pronto y nos van a rescatar –dijo Nicanor para tratar de calmarla.
—No quiero morir Nicanor, no ahora.
CONTINUARÁ…
¡Calma! ¡Calma!
Si Bárbara muere se me acaba la historia, y por lo demás tendría un tumulto de gente queriendo lincharme, y yo quiero seguir haciendo esto jajajaja.
¿Mucho drama? Pues no les mentiré diciendo bajaré las revoluciones, todo lo contrario, quiero que se desesperen tanto que ya no puedan contenerlo más. Aun así, el próximo capítulo se viene muy emotivo, sé que lo disfrutarán.
Nuevamente, les pido que dejen sus comentarios haciendo "review" un poquito más abajo. No es obligación, pero déjenme decirles que cuando un ship logra lectores que opinan, suele suceder que escritores se animan, y queremos más escritores haciendo historias de Barcedes ¿No? Les invito, además porque soy muy abierta a las críticas, incluso a las sugerencias, por ahí puede que les dé en el gusto en algún momento de la historia plasmando algo que quieran leer.
Un beso y gracias por el apoyo!
