Ok, ya sé que el baile de Navidad en teoría es anterior a la segunda prueba, pero fingiremos que va después.
Ginny estaba delante del espejo de su habitación, probándose su vestido para el baile de Navidad. Le hubiera gustado verse excepcionalmente bella, pero ni siquiera con aquél vestido tan bonito que había alquilado con su madre conseguía ver ni el mínimo rastro de mejora en ella.
Se volteó un poco hacia ambos lados, intentando verse de perfil, pero seguía siendo la misma: baja, pelirroja, con la cara salpicada de pecas y dos ojos pequeños de color miel. Dejó caer un mechón de pelo anaranjado por su mejilla, pero no le gustaba que le cubriera la cara. Apartó los cabellos detrás de su oreja, pero ahora su rostro parecía demasiado amplio. Abrió un poco más los ojos para simular que eran más grandes, pero se le formaban arrugas en la frente. Forzó una sonrisa coqueta, pero le pareció hipócrita y poco natural.
Al final, se quitó el vestido y volvió a ponerse la túnica habitual en Hogwarts. Al fin y al cabo, aún quedaba una semana para el baile.
Se arrepentía enormemente de haber aceptado ser la pareja de Neville. Pero, ¿quién más se lo iba a pedir? ¿Harry? No, él ya debía tener pareja desde el primer día. ¿Fred?... Ella era su hermana, pero ¿había alguna norma que prohibiera bailar juntos a los hermanos?
Bajó al comedor para comer con esos pensamientos en la cabeza. Se imaginaba a si misma abrazando a Fred, los dos con los ojos cerrados. Y aquella música tan lenta de fondo, que les invitaba a bailar muy pausadamente, moviendo los pies al unísono. Ella reposaba su rostro en el pecho tibio de su hermano, y él rozaba la cabecita pelirroja de ella con su mentón, revolviendo muy delicadamente su melena lacia con cada movimiento. Sus grandes manos subían y bajaban por la espalda desnuda de la chica, recorriendo su columna con los dedos y provocando que se estremeciera. Sin nadie más en el salón para poder juzgarlos. ¿Qué había de malo en ello?
Estaba tan ensimismada que casi tropieza con Neville bajando por las escaleras. Él le sonrió, ilusionado. Ella le devolvió la sonrisa tristemente. Quizás sí fuera malo amar a un hermano de aquella forma. Aún así, no podía evitarlo.
- ¡Ginny! - la llamó alguien detrás suyo.
- Hola Fred, hola George.
Los dos gemelos apresuraron el paso hasta llegar a su lado.
- ¿Qué me cuentas, Ginny? - hizo Fred - ¿Ya has encontrado pareja para el baile?
La imagen que inundaba su mente hacia unos escasos minutos volvió a ella, y Ginny no hizo nada para ahuyentar esos pensamientos.
- Pues como no me invites tú... - insinuó ella, haciendo una voz resignada.
- Picarona – comentó George, guiñándole un ojo y riendo –. Fred irá con Angelina. Si quieres, te invito yo.
La muchacha forzó una carcajada, la cual no pareció natural en absoluto. Pero tampoco le importó, pues notó que un vacío en el pecho, el mismo que venía persiguiéndola desde hacía ya más de un año, volvía a asaltarla. Se preguntó si algún día podrían felicidad y amor convivir en su persona. Porque, cuanto más amaba, más desgraciada se sentía.
- Bueno, en realidad ya voy con alguien – dijo de pronto, acordándose de Neville.
- ¿Quién es el afortunado? - preguntó George, con su característico tono burlón.
Ella notó como las mejillas se le volvían rosadas.
- Neville.
George se aguantó la risa. Fred no tuvo tal consideración, cosa que hizo que Ginny se sintiera aún peor.
Al llegar al Gran Comedor, los gemelos fueron a sentarse con Lee Jordan. Ginny los observó un rato de pie, pero, al ver que ya no le prestaban atención, dio media vuelta y volvió a su habitación.
Sin saber muy bien por que, se echó en su cama y estalló a llantos.
HPHPHPHPHPHPHP
Aquella misma tarde, Ginny y Hermione susurraban en un sofá de la Sala Común.
- Por favor, Ginny, dime quien es él.
La pelirroja negó con la cabeza, sonriendo.
- No, no te lo voy a decir. Te reirías de mi.
Estaba segura de que, si le confesaba a Hermione quien era el chico que le gustaba, lo último que haría Hermione sería reírse. Ignoraba cual sería su reacción, pero fuera la que fuera, Ginny la temía. Porque nadie, y menos Hermione, que no tenía hermanos, podría entender nunca lo que ella sentía por Fred.
- Vamos, Ginny. Yo te conté que iré con Viktor al baile. ¿Sabes que eres la única a quien se lo he contado? ¿Y tú no puedes decirme a quién quieres conquistar?
- No – dijo Ginny, con una voz que quería ser contundente.
Su amiga la miró con el ceño fruncido y se quedó en silencio durante unos segundos, pero al final dijo, con voz resignada:
- Si quieres conquistar a alguien sin que él sepa quien eres (mira que eres complicada, Ginny), lo mejor que puedes hacer es olvidarle.
- ¡Hermione!
Ella sonrió. Sólo bromeaba.
- Está bien, está bien. Supongo que podrías enviarle cartas de amor, del rollo admirador secreto. Ya sabes.
A la pelirroja se le iluminaron los ojos.
- ¡Pues claro! Gracias, Hermione. Eres la mejor – se levantó del sofá y empezó a correr hacia su habitación.
- ¿Y no vas a decirme...?
- ¡No! - gritó Ginny, desde arriba de las escaleras.
Al llegar a su cuarto, buscó en su mochila un trozo de pergamino y una pluma. Empezó a escribir de inmediato.
