Aviso: El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling. No se persigue ningún lucro con esta actividad.
Advertencia: El contenido de esta obra es para adultos, se sugiere discreción. Algunos temas incluidos son lenguaje fuerte, violencia, sexo non/con, dub/con, con. Lea bajo su propio riesgo. #Harmony #Dramione
THE WAR OF
HERMIONE GRANGER
Por
The Fox Lady
Parte uno
TAKE MY PLACE
Capítulo
1
* * * So lately, I've been wondering who will be there to take my place
* * * When I'm gone, you'll need love to light the shadows on your face
El aire el frío, cortante, y la niebla está recién levantándose mientras me encamino, tosiendo, al Ministerio. Cruzo Chelsea, desierta a las seis de la mañana, y el frío me muerde los dedos y la nariz cuando pago el tranvía. Hay cinco grados bajo cero, y mi respiración duele un poco mientras dejo el tranvía y subo la escalinata de la plaza que, por detrás de los leones de Trafalgar es uno de los pasos mágicos secretos que diseñó Padma Patil para nosotros antes de que las mataran a ella y a Parvati.
El sol es frío y seco, me deslumbra. Pero lo primero que me asombra es el silencio.
Las calles mágicas están desiertas.
Estoy sola.
No hay nada, ni nadie. Las calles parecen lavadas, y por un momento siento un deseo enervante de volverme a casa, de volver a las calles transitadas - vagamente transitadas, pero humanas al fin - muggles.
Pero camino, sola.
Creo que nunca he tenido tanto miedo...
Las calles brillan brutalmente, por el rocío, como espejos dorados, como reflectores en mis ojos cansados. Las piedras son duras bajo mis pies, y el cielo parece entero amarillo, amarillo y pálido y cruel, lento y quieto.
Hace frío...
El edificio del ministerio parece una lápida gigante alzándose ante mí. Y en cierta forma lo es, la sangre lavada de sus paredes cada mañana.
Excepto hoy.
Elevo la vista, y siento un mareo, un vahído en mi cabeza. Entro, bajando escalón por escalón, por el edificio vacío: y no me sorprende que mis pasos resuenen en ecos fantasmales.
¿Soy un fantasma?
¿Soy la única persona que ha quedado viva?
Bajo a mi oficina, para ver el escritorio de mi asistente, Alfred, desierto. No me sorprende. Supongo que todos los que no está muertos están durmiendo tras la fiesta de anoche.
Y de pronto, el miedo y los recuerdos me atenazan, mientras preparo mis pergaminos, y destapo mis tinteros.
Me siento y hundo la cara entre las manos. Sollozo, no sé porqué: me asumo aún en shock.
Arrullos.
Parpadeo. La ventana de pronto se ha llenado de búhos. Y más y más búhos, y más y más...
Tantos...
... y entre ellos, uno familiar.
- Pigwedgeon.- susurro. Esa querida lechucita moteada se posa en mi brazo, alargando su pata. Valiente y poderosa, sus alas parecen de hierro. Ha volado tanto...
Arrulla, y su voz es un extraño bálsamo. Recuerdo viajes, y aventuras, y horas pasadas junto a Harry y a Ron antes de que esta guerra nos devorara, antes de que me encadenasen a este escritorio y ellos fueran libres de volar en el viento ardiente. Y días en que sus voces sólo me han llegado ocultos en el arrullo de Pig…
¡Hermione!
¿Dónde te metiste?
Necesitamos comida y escobas para volver a Londres,
estamos persiguiendo a los últimos mortífagos rebeldes.
El ejercito se reunirá en Londres para luego desarmarse
-espero-.
Avísame cómo mandarás y cuándo los alimentos.
¡Por favor, que sea a la brevedad posible!
Harry.
Lo estrangularía. Podría cortarme lonjas y mandárselas, y el desgraciado la repartiría entre su team sin parpadear.
Y me aplico sobre mis tablas, maldiciéndolo...
¿Cómo habría sido mi vida sin él? ¿Suburbana, tranquila? ¿Acaso pensé que ser bruja iba a ser tipo Bewitched, con una casa, un marido, un hijito encantador?
En cambio estoy acá, mi matriz vacía, mi himen intacto, mis ojos cansados adornados con ojeras, mi espalda encorvada, mi rostro todo lo arruinado que puede estar un rostro que nunca fue bello, sola, y cuando esto acabe, ¿recuperaré una vida vacía que no he tenido nunca? ¿Es eso? ¿Dios mío, es esto todo lo que merezco?
- ¡Ey, Hermione!-
Del sobresalto casi me caigo de la silla: las lechuzas a mi alrededor, las muy traidoras, no han dado un solo chillidito para avisarme. Por un momento me congelo: porque quien está frente a mí es un mortífago, con capucha y varita, la máscara en la mano. Me levanto, buscando mi varita, un Avada surgiendo en mi garganta, súbitamente sabiendo que ésta es, ésta es... mi muerte...
Se echa la capucha atrás y tira la máscara. Y me paralizo, casi tropezándome.
Es él.
- Hola.-
Nuestro informante. Mi informante, una vez que Snape fue asesinado.
Draco Malfoy.
- Imbécil...- jadeo. Podría haberlo matado. Mi jadeo no se calma, sin embargo, y se agudiza. Tiro la varita, y me cubro la cara con las manos, la adrenalina mareándome.
- ¡Hermione!- lo escucho moverse, y de pronto estoy en sus brazos mirando el techo. Está pálido, pero tan guapo como siempre, aunque hay una oscuridad en sus ojos que antes no estaba allí. Tiene el pelo sucio, noto ausentemente, y sangre en el hombro. Pero sonríe esa sonrisa Malfoy y enfurecedora, que amerita que le den de palmazos como le di una vez.
- No quería asustarte con mi innecesariamente dramática aparición.- dice, con un smirk.
Mi jadeo se convierte en llanto, y para la sorpresa de ambos le echo los brazos al cuello y me desahogo a gritos, casi ahogándolo. No me aparta: me aferra tan fuerte como puede, y siento sus huesos, como si supiera que nada menos que toda su fuerza puede evitar que me ponga histérica.
Su boca encuentra la mía, y se aprietan juntas en hambre, en brutalidad. Lo aferro con fuerza, y él me responde, tanto que mi espalda duele bajo sus dedos, mis muslos bajo los suyos cuando de pronto se abalanza sobre mí, moviéndose. Gimo, y mi propio gemido me devuelve a la realidad.
Nos miramos con ojos desorbitados, y me alejo de él, medio arrastrándome, medio gateando. Una cosa es segura: se me han acabado las ganas de llorar. Sólo podemos mirarnos, jadeando.
- Yo sólo venía... a darte mi informe.-
- ¿Tu informe?- digo, parpadeando.
- ¿Bueno, es martes, no?-
Viene todos los martes.
Me echo a reír. O me río o me vuelvo loca. Y él se ríe conmigo, y todo es maravillosamente normal, por un momento.
- Te tengo unos archivos que me robé mientras el lugarteniente de Voldey, Frederick, arrancaba. Son los graneros y despensas... pensé que te gustaría tener qué comer. Hay hasta caviar... ya sabes, mi padre.-
Los reviso alelada.- ¿Draco, cómo podré pagártelo?-
- ¿Seguimos donde estábamos?-
Lo miro. Y no lo puedo creer, pero aún me queda sangre en las venas como para ponerme roja.
Él me sonríe sencillamente, como si hablara en serio.
- No. Pero te daré amnistía completa cuando regreses.-
- Por lo otro volvería más rápido.- Draco se encoge de hombros, y se Desaparece, a pesar de todos los complicados wards que he puesto.
Malfoy hijo de perra...
Vuelvo a trabajar. Pero estoy menos cansada...
0
- Hermione!-
Casi me voy de espaldas.
Estoy rodeada de trabajo, rodeada de Aurores, rodeada de montones de gente chillándome Ministra aquí y Ministra allá, cuando veo sus sombras en la puerta de mi oficina.
Las reconocería en cualquier parte. Cualquiera.
Arrojo todo al suelo, y me precipito a los brazos de Ron, que me alza y me abraza en esos brazos de hombre que tiene, su boca besándome el pelo, su mejilla pecosa y tostada junto a la mía, y su amado, suave calor envolviéndome. Lo abrazo, lo aprieto y lo abrazo, y no soy capaz de soltarlo, hasta que otros brazos amados me reclaman, y es Harry a quien adivino por el olfato porque no puedo separarme los suficiente para mirarlos, tibio y suave, su pelo más áspero que el de Ron, su piel más suave, su respiración. Me aparto pero no puedo mirarlos: estoy llorando, llorando a gritos, y creo que él también, y Ron, nos abrazamos y caemos de rodillas: siento los brazos de Ron, y la boca de Harry en la mía, y sólo beso todo lo que puedo de ellos, aferro todo lo que puedo, y al fin lloro y río histéricamente contra el pecho de Harry, la mano de Ron fuerte y confortadora en mi cabeza, sintiendo sus besos, y palabras vagas, torpes, sin sentido.
Volvemos a nuestros sentidos... de a poco. Supongo que todos nos miran, no me importa. Pido café fuerte, y pan duro en lonjas finas que es todo lo que tengo, y nos encierro en mi oficina.
Ron se sienta a mi lado, tomándome las manos, y casi empiezo a llorar otra vez cuando de pronto me levanta y me sienta en sus piernas, hundiendo el rostro en mi pelo.
Harry parece ya haber regresado a sus sentidos, porque intenta arreglarse el pelo. Está flaco, ojeroso, pero sus ojos verdes parecen brillar con más fuerza que nunca, luminosos en la oscuridad, aunque algo ferales, como ojos de gato hambriento y acosado. Lleva un sweater negro viejísimo que si mal no recuerdo era de Sirius, y pantalones de lona maltratados, casi grises. Ron, a su lado, lleva una camisa de franela vieja y jeans, y una manchita roja y celeste clara contra la oscuridad de Harry. Pero parece más hombre que él, más fuerte y musculoso, su rostro más cuadrado, mientras que Harry aún parece un muchacho, su rostro delgado, su figura apretada pero demasiado flaca. Y Ron sonríe, sus ojos tristes, pero aún mientras Harry sonría hay una tiesura, una quietud, una especie de peligro y de ansiedad en sus ojos, que no se calma.
- ¿Cómo estás?- pregunta, su pregunta tan sencilla y sincera – y estúpida que sólo puedo sonreír, cansadamente. Ron me aprieta otro poco, y voz suena ahogada.
- Pensamos que no te encontraríamos. Cuando no apareciste en la celebración, pensé que...-
- Pero si Ginny habló conmigo.-
- No importa. No estaría tranquilo hasta verte.- dice Ron, falto de toda lógica, y adorable como siempre.
- ¿Tienen... dónde quedarse? - susurro, intentando hacer funcionar mi mente en un tema lógico. Es obvio que no: con la Madriguera, Grimmauld Place y la casa de Lupin destruidas, no hay muchas opciones.- Quédense conmigo, en mi casa.-
- Okay.- Harry asiente como si lo esperase. Por un momento siento el fantasma de mi vieja irritación: ¿estás acostumbrado a que Hermy te provea tus necesidades básicas, no, Harry? Que Hermy se preocupe de dónde comes y duermes y te cuidan. Que Hermione se preocupe, que es lista y puede sacar soluciones de la nada...
Si tengo una hernia de cerebro, es culpa tuya.
Lo miro, flaco y agotado, y soy quien se siente culpable. Mi pobre Harry, no es tu culpa. ¿Has soportado más de lo que nadie podría, verdad? No eres el único, pero...
- Vamos a casa.- susurro, acariciándole el brazo.
0
Los dos se instalan en mi piso como si siempre hubieran vivido allí, y es casi verdad: al comienzo, fueron miles de reuniones secretas allí, en ese viejo piso muggle, antes de que dejara de ser nuestro asunto para convertirse en un asunto nacional y tuvimos que empezar a hablar de ejércitos y armamento. Harry usa el sillón, Ron un colchón hecho de cojines cosidos, y están durmiendo cuando me voy al trabajo y siguen durmiendo cuando regreso con comida para el almuerzo. Ven TV muggle por la tarde, y duermen, y a veces van a St Mungo o al Auror's Guild a ver a sus amigos.
Pasan así un mes antes de empezar a buscar un apartamento. Les asigno una pensión, bastante generosa considerando cómo está Inglaterra, y se buscan un piso no muy lejos, a unas cuadras, aunque ya en zona mágica. Se trasladan con la mitad de mis cosas, los ayudo a poner sábanas en las camas, a barrer...
Una vez a la semana, voy a ver que no les hayan crecido hongos a sus cadáveres. A darles de comer y lavar su ropa. Y no es hasta un mes después que exploto.
- ¿NO PIENSAN HACER NADA? ¿PIENSAN QUEDARSE SENTADOS EN SUS TRASEROS HASTA QUE INGLATERRA SE LEVANTE SOLA?- grito. Los dos, cada uno con una cerveza sentados frente a la TV viendo Barney - dear God - me miran.
- ¿Ah?-
- La guerra acabó, Hermione.- me dice Harry, como si hablase con un niño.
Me acerco, y le doy vuelta la cara de una palmada.
- No, Harry.- digo, con voz suave y amenazante que no tiene nada que envidiarle a Snape.- No ha acabado. La gente se muere en la calle de hambre y enfermedades que Voldemort expandió. No hemos ganado, porque lo que él hizo aún nos lastima. Tú lo mataste y fuiste el héroe, pero la que está peleando esta guerra soy yo, y tú desertaste.
Ron se endereza, rojo. - ¡Hermione, Harry ya ha hecho suficiente! ¡Ha sufrido mucho! Ocúpate tú de esos heridos, porque él... Él ganó la guerra, ¿sabes?-
- Déjala, Ron.- Harry me mira, y parece peligroso.- ¿Es eso? ¿Estás celosa?-
Le pego otra vez. Ron me sujeta, pero cuando hablo estoy llorando.
- ¿Cómo te atreves, Harry Potter? ¿Cómo te atreves a decirme...? ¡Me pasé toda mi infancia protegiéndote! ¡Es todo lo que he hecho en mi vida adulta, todo lo que he hecho mientras Alicia se casaba y mi prima era madre y Lavender se casaba y Parvati salía becada...! ¡Todo lo que he hecho ha sido pelear por ti, cuidar de ti, romperme la cabeza en planes e ideas y luchas para ti, por ti, por tu guerra…! - grito. Sé que no es exacto, pero a la vez, lo es. Son mis ideales, pero nunca me hubiera metido al medio de no ser por él. Siempre... él. Y nosotros... ¿nosotros éramos sólo comparsas, no? -Lo he perdido todo, y tú me acusas de inútil... estoy peleando una guerra sola, y no tengo armas, no hay comida, no hay sanadores, no tengo nada, y estoy cansada... cansada...- sollozo, y me cubro la cara con la manos. Huyo de allí antes de poder detenerme, y vuelvo a ciegas a mi casa, a ocultarme en mantas y llorar, porque estoy peleando con las manos desnudas contra un dragón que come gente y destruye vidas. Y no soy una heroína. ¡No lo soy! ¡Nunca lo he sido!
Me despierta el timbre. Y es Harry, pálido y tranquilo. Por la luna, me doy cuenta de que es más de media noche. Lo dejo entrar, y un momento después estoy en sus brazos, en mi cama.
- Perdóname.- susurra. Y luego, me hace el amor. Yo sólo yazgo con los ojos abiertos al techo, inmóvil, en shock.
Cuando todo acaba, sólo siento su calor a mi lado, como una bendición, aunque mi cuerpo sigue paralizado e insensible.
Harry, una vez más, ha tomado todo de mí.
Despacio, en silencio, empiezo a llorar otra vez.
