CAPITULO II

En una total cordialidad iba transcurriendo la infancia de los hijos de los duques de Atenas, siempre con aquella sencillez por parte de Shion y siempre también con la constante preocupación de las normas sociales pro parte de la llego saori a cumplir los 16 años, sin cambiar en absoluto su carácter comunicativo y alegre, montaba a caballo a sus anchas, manteniendo el corazón de su madre en vilo, cuando, cruzando los prados y valles a galope tendido, hacia qué e noble bruto saltase matorrales y cuantos obstáculos se ponían enfrente. Gozaba aquella selvática libertad que le permitía nadar, pescar en el lago Pireo. Seguía cuidando sus animales, costumbres que anteponía a ciertas obligaciones, como era la de sentarse a la mesa oportunamente, cosa que casi siempre asía con retraso. Ella, en fin, era la que encontraba muy lógico que sus hermanitos comiesen las salchichas como ya sabemos, porque, cuando le venían a gusto, igualmente lo hacia ella así.

El conde Shion estaba encantado con ella y jamás la hacía objeto del menor reproche, muy al contrario: la felicitaba constantemente, y muy particular cuando saori demostraba un gran conocimiento en la equitación.

-Bien hija mía-dijo cierto día el duque a la linda princesa cuando esta descabalgaba -, estoy orgulloso de ti. Eres una perfecta amazona y esto me pone muy contento.

-Eres muy bueno, Papa-contesto saori, estampando un sonoro beso en una de las mejillas del muviano.

-¡Esta bien, saori! Exclamo Shion, desasiéndose del estrecho abrazo de su hija-.¿Que te parece si mañana organizamos tu y yo una partida de caza? Ya sé Que sientes una gran estimación hacia los animales, pero es la ley de la naturaleza el que el hombre tenga que basar una buena parte de su alimentación en aquellos.

Saori levanto sus ojos claros y sonrió.

-Te prometo no disparar sobre ejemplares jóvenes-explico el duque-; pero es mi deseo que eme acompañes iremos tu y yo solitos como ti te gusta. ¿Qué te parece?

Saori no dijo nada, pero su actitud esa sobradamente elocuente, tomo la mano del patriarca y le obligo a dar vueltas sobre si mismo, mientras ella marcaba círculos corriendo sin cesar

-¡Basta, basta, pequeña¡

Una mutua y sonora carcajada salió de las gargantas de aquellos dos seres felices, que inmediatamente cruzaron el parque, para penetrar pocos momentos después el suntuoso palacio

-¿Dónde están los pequeños?-pregunto el duque a su esposa que se hallaba sentada al lado de su hija mayor, atareadas ambas en sus fina labores.

La duquesa levanto los ojos vivamente y pregunta su vez:

-¿Pero no estabas pescando con ellos en el lago?

Shion a sabiendas de lo que pasaba por la mente de su esposa, exclamo sonriendo como era peculiar en él:

-¡Bah! No te preocupes, querida, estarán en la pasarela y además, son todos muy buenos nadadores.

La duquesa sonrió también y volvió a su labor.

-Vamos saori-ordeno Shion

-¡Vamos!-contesto esta, anticipándose para correr sin cesar hacia la orilla del lago.

Allí estaban sus hermanos, agarrados todos de una misma caña, luchando denodadamente con un formidable ejemplar que había tenido a la debilidad de picar el anzuelo.

-¡Papa¡ ¡Papa! - gritaron aun mismo tiempo los jóvenes hijos del duque-. ¡Fíjate que pez más grande!

-Vamos a ver. Déjenme-exclamo el peli verde, cogiendo la caña-. Pues sí que es grande, no será fácil sacarlo del agua. Acércate, Hyoga sujeta por este lado. Tu Jabu, toma el carrete.

Los dos jovencitos, ante la ilusión que la pesca producía, no se hicieron repetir la orden, acercándose precipitadamente a su progenitor, que se encontraba en la punta misma de la pasarela. Pero lo hicieron con tan mala fortuna, que los dos fueron a parar al agua sin remisión ante las carcajadas de sus hermanitas y el grito de angustia saori.

Sin embargo, este pequeño percance no tuvo mayores consecuencias que el remojón de los dos hijos del duque y la pérdida del pescado pudo escapar definitivamente, aparte, claro está, de la contrariedad que produjo en la Duquesa aquella nueva aventura de sus inquietos hijos.

Media hora más tarde se encontraban todos reunidos alrededor de una amplia mesa disfrutando de un delicioso almuerzo, durante el cual y como siempre tenia la duquesa necesidad de recordar las normas de etiqueta que era preciso observar; tal como requería una familia de su abolengo principesco. Pero solo sasha, también como siempre, era la única que tomaba en consideración las palabras de su madre, mientras los demás, sin que ello quiera decir que no dieses muestras de una elevada educación y hasta refinamiento, no se preocupaba demasiado de unas normas exageradas, ni de la austeridad con que eran servidos por varios criados, los cuales en más de una ocasión guiñaban el ojo al duque Shion, cuando al esposa de este hacia uso de una interminable batería de cubiertos, para comer simplemente una trucha al horno de la que su marido e hijos daban cuenta en un santiamén sin tanto aparato.

No quiere decir esto que la duquesa Metis hiciese gala de la menor cursilería en su procedes. No , eso sería faltar a la verdad, puesto que la ilustre dama, como hermana de la emperatriz Hera, se limitaba a observar en todo momento las normas sociales propias de su cuna.

Terminaban de comer, cuando uno de los criado anuncio…

-El señor Dohko acaba de llegar.

-puede pasar indico el duque Shion, al tiempo que preparaba una silla al lado de la suya.

-por favor-tercio la duquesa-. ¿Cómo es posible qUe hagas pasar a un simple tabernero al comedor?

-¡Bha! Dohko es un buen amigo mío y puedo recibirle en la intimidad.

La duquesa movió su cabeza con una ademan resignado. A los poco momentos aparecía en el Umbral de la puerta un hombre de unos treinta y cinco años, alegre y risueño que tedio la mano inmediatamente al duque.

-Buenos días, duquesa-exclamo, haciendo una leve inclinación de cabeza.

La aludida correspondió al saludo.

-Siéntate Dohko y dime lo que te trae por aquí-exclamo Shion, señalando la isla que había preparado a su lado.

El recién llegado no se hizo repetir la orden y tomo asiento inmediatamente

-Y bien tu dirás.

-Pues nada en particular-balbució el señor-, pasaba muy cerca de aquí y me he dicho que lo mejor que podía hacer era venir y saludar a los señores duques.

-¡Bien hecho¡-asevero el dueño de la casa. Dando una palmadita en el hombro del visitante.

Se hico una pausa, durante la cual la duquesa levanto repetidas veces los ojos, como para preguntar qué es lo que sucedía.

Por fin Dohko dijo:

-Ahora podremos saber con mucha rapidez las noticias de Elíseos.

-¿Y eso?-pregunto al que llamaban el patriarca

-se acaba de instalar-explicó Dohko –un maravilloso invento…

-Al …,al…tefonagro…,no…,no…,no es eso; se dice de otra manera…el telin…,no, no, tampoco.

El duque estallo en una sonora carcajeada, mientras su esposa no puedo menos que sonreír, Dohko se ruborizo.

-¡demonios¡ -tartajeo el visitante-; no acierto a dar con la palabrota con que se a bautizado el invento, pero voy a explicar de lo que se trata para hacerme comprender.

El duque adopto una postura expectante, mientras su esposa miraba interesadamente al moreno.

Este invento sirve para enviar mensajes a grandes distancias sin necesidad de correos, en una ciudad se coloca un hombre delante de un pequeño aparatito situado en la cima de una mesa, debajo de la cual hay muchos frascos e hilos y con la mano dando unos golpecitos a una especie de palanca que va haciendo ti, tit, ti, ta, tat, ti, tit y esta musiquilla pasa por dentro de los hilos y lo recibe otro hombre en otra ciudad, y como tanto el uno como el otro saben lo que quiere decir el ti, tat, pues se entienden perfectamente, muy fácil verdad.

Sus interlocutores rieron de nuevo ante la científica explicación del invitado, que a buenas seguro esperaba ser felicitado por la notica que acababa de traer, pero su asombro fue mayúsculo cuando el dueño de la casa exclamo:

-¡ah! Vamos. Te refieres al telégrafo.

-Si, si eso es, el teguifono, digo tenografo, bueno lo que ha dichos su excelencia. El caso es que es algo prodigioso, y como he dicho antes, será más fácil que ustedes sepan con toda rapidez las noticias de su familia en Olimpia y muy en particular de Rojita

-¿Ro…jita? –interrogo la duquesa Metis, paseando su mirada por todo el cuerpo de Dohko y clavándola después en su esposo.

Dohko quiso decir Hera la gran duquesa, la emperatriz.

-perdón su excelencia-balbuceo el visitante, inclinando su cabeza ante la duquesa.

Shion haciendo como si no se hubiese dado cuenta de nada, trato de continuar la conversación.

-Tienes razón viejo amigo-exclamo-, será una gran ventaja saber las decisiones de mi cuñada la rojita cuando…

-¡Shion¡ por favor-corto la dama tolerante.

Ahora fue Dohko quien quiso arreglar la situación.

Desde luego que de esta manera la emperatriz que los dioses guarden muchos años, podrá comunicarse con la familia por este medio tan sensacional, por qué hemos de pensar que nos eran pocas las cosas que pueda decir la rojita…

Metis ya no se atrevió a decir más ante la carcajada que escapo de la garganta de su esposo, y al ver que los colores habían subido a la cara de Dohko.

-¡valla, valla- comento el duque, sin dejar de reír-. Gran idea la del caballero que invento esa máquina, muy interesante eso de comunicarse dando golpecitos y haciendo ti, tit, ti, tata. la verdad, no creo que sea tan difícil este sistema-y como sea que en aquel momento cruzaba su criado de confianza, le hizo una seña sin que Dohko se diera cuenta y continuo-: a lo mejor Arles es capaz de comprender mi mensaje telegráfico veamos.

El criado esbozo una sonrisa y espero mientras el duque shion, con los nudillos de sus dedos, dio unos cuantos golpecitos encima de la mesa, mientras iba diciendo:

-ti, tít., ta, tat, ti, ti, tit- y mirando al criado término-: ¿comprendido?

-Si excelencia-asevero este.

Dohko estaba anonadado pensando para su adentros que es lo que el duque había podido indicar al criado, peor bien pronto salió de sus dudas, porque al poco rato aparecía este con una bandeja de plata en la que habían dos copas de fino cristal y una botella de un no menos fino vino.

La duquesa sonrió satisfecha ante el ingenio de su esposo y se retiró a sus habitaciones, mientras los dos hombres, con las copas a su diestra, se levantaban para brindar por Atenas y por el porvenir de todos ellos…