Ey, aquí está el segundo capítulo.
La historia y los personajes siguen sin ser míos, sólo la traducción lo es, que espero que les guste c:
Alec tenía una rutina por las mañanas que había establecido durante años.
Era un madrugador (que era la forma políticamente correcta de decir que era insomne), por lo que tenía que mantenerse ocupado hasta que sus hermanos se levantaran también, así que iba a correr todas las mañanas. Si Jace estaba despierto, iba con él. Había intentado cambiar su ruta todos los días para no terminar aburrido con caminos bien conocidos, pero después de un tiempo, había tenido que admitir que ni siquiera su manzana era lo suficientemente grande, ya que terminaba pasando por los mismos sitios dos o tres veces. Así que cuando salió a correr la mañana después de su llegada a California, fue más o menos revigorizante. No conocía estas calles, no estaba familiarizado con la sensación de la brisa que venía del mar refrescando su piel acalorada y no tenía ni idea de que el sonido de las olas estrellándose contra la arena sería tan relajante.
Era casi suficiente para compensar la terrible idea que había sido venir aquí en primer lugar.
Era muy obvio que había sido una equivocación. Alec no había querido ir en primero lugar, pero Jace e Isabelle habían insistido hasta que eventualmente había cedido, usando argumentos sobre vacaciones gratis, playas y, sobretodo, un enorme montón de dinero. De cualquier forma, no había ido por el dinero. Había ido porque posiblemente no podía dejar a su hermano y hermana lidiar con esto por su cuenta. Necesitaba protegerlos, como siempre lo había hecho.
Sus pasos lo guiaron muy lejos de la casa y tuvo mucho tiempo para aclarar su cabeza y ponerle algo de sentido a sus pensamientos. Se preguntó si Luke y Hodge estaban, como Magnus había dicho, dementes, o sólo eran increíblemente brillantes por reunirlos. No sabía más acerca de Valentine Morgenstern de lo que había encontrado durante sus investigaciones, pero eso sólo era que era increíblemente rico, lo que a cambio significaba que también era extremadamente poderoso. Por lo que Magnus había dicho, también era muy peligroso, y el pensamiento sólo se añadía a la reticencia previa de Alec. No quería trabajar con un equipo. Quería trabajar con ellos incluso menos si es que iban a ir en contra de alguna clase de psicópata. No podía poner su vida en manos de desconocidos, mucho menos las vidas de su hermano y su hermana.
Había hablado acerca de ello con Jace e Isabelle la noche anterior, pero se habían rehusado a escucharlo. Jace había proclamado estar demasiado cansado por el viaje e Isabelle había hecho de lado sus preocupaciones con un gesto, llamándolo demasiado prudente. Reconocía una batalla perdida cuando la veía, así que se había rendido y se había acomodado con ella en su habitación para ver televisión mientras Jace se iba a la cama en la suya. Alec había hecho su mejor esfuerzo para no preocuparse más mientras veían un episodio de Sherlock, pero en realidad no había nada que pudiera hacer al respecto, no cuando sus hermanos estaban envueltos.
Alec era sobreprotector. Siempre lo había sido y siempre lo sería. Que lo demanden.
Suspiró y finalmente decidió regresar a la villa. Sus pasos lo habían llevado mucho más lejos de lo esperado. Podía ver los inicios de una playa mucho menos privada y no estaba de humor para encontrarse con más extraños.
En su camino de regreso, sus pensamientos volaron de vuelta a la noche anterior y apresuró el paso, empujando su cuerpo más allá de lo que lo habría hecho normalmente cuando su mente fue invadida con pensamientos de ojos verde-amarillo y resplandeciente piel marrón. Isabelle había expresado en voz alta lo que Alec tenía que admitirse a sí mismo de mala gana: No había esperado que el infame Magnus Bane luciera tan… atractivo. Había esperado a un hombre blanco en la mitad de sus cuarentas, con cabello canoso y un montón de historias que contar. No dudaba por un segundo que Magnus Bane tuviera abundantes historias que contar, su reputación lo precedía. Pero de alguna manera, nadie nunca había pensado en mencionar lo endemoniadamente guapo que era. Tal vez era parte del misterio que lo rodeaba, en la misma medida en la que era popular en su profesión, nadie sabía en realidad nada acerca de él.
Y ahora, no sólo Alec sabía cómo lucía (y eso era algo), sino que iba a tener que trabajar con él. Era bueno que hubiera trabajado en su autocontrol enfrente de hombres atractivos este último par de años.
En realidad, estaba más perplejo acerca de trabajar con Clary y Simon, o incluso Luke, que parecían no tener experiencia en lo absoluto en su línea de trabajo. Era molesto, por decir lo menos, especialmente si Valentine era tan peligroso como Magnus decía que era.
Sacudió la cabeza mientras finalmente se acercaba a la villa. Demasiado como para aclarar su mente.
Entró por la puerta trasera, saltando por encima de la cerca. El sol apenas se había alzado y todos los demás probablemente seguían durmiendo, así que no quería arriesgarse a despertarlos con el ruido de la puerta delantera. Posiblemente no lo harían de todas formas por el tamaño del lugar, pero se consideraba a sí mismo considerado (y no quería arriesgarse a despertar a Jace, porque Jace no era una persona mañanera). Pisó por la veranda que llevaba al patio, levantando su camisa para limpiar su frente sudorosa y no pudo reprimir un grito sorprendido cuando fue súbitamente tomado y empujado contra la pared más cercana. Antes de que pudiera siquiera pensar en defenderse, había una cuchilla contra su cuello.
Las amenazas y maldiciones apunto de escapar de su boca murieron en su garganta cuando vio que su agresor no era otro que el mismo Magnus Bane. Por un segundo hubo un brillo aterrorizador en su mirada, algo que hizo a Alec temblar, y no de una buena manera, pero entonces el hombre pareció reconocerlo mientras sus ojos verdes se ensanchaban y dio un paso atrás, el cuchillo aún sostenido firmemente en su mano.
— ¿Qué demonios, Bane? — espetó Alec acusadoramente.
— Lo siento — dijo Magnus al mismo tiempo —. Pensé que todos aún seguían durmiendo y te escuche llegar y creí que eras…
— ¿Un ladrón? — finalizó Alec por él y no pudo reprimir una risita por la ironía.
— Algo así — eludió Magnus con una sonrisa divertida propia —. Otra vez, lo siento. ¿Te lastimé?
Alec se llevó una mano al cuello, frotando suavemente la piel adolorida y la apartó para darle un vistazo. No estaba sangrando.
— Estoy bien — replicó, aclarándose la garganta —. ¿Siempre caminas por ahí con un cuchillo? ¿De dónde viniste? ¡Ni siquiera te escuché!
Magnus sonrió con satisfacción y Alec se acordó de inmediato del gato Cheshire.
Ahí va, otra caricatura de la infancia corrompida, pensó amargamente. En sus recuerdos, el gato Cheshire no era atractivo. Era un gato horripilante.
— No sería un ladrón muy bueno si pudieras escucharme venir desde una milla atrás, cariño — replicó Magnus.
Alec asintió tímidamente, tratando de no concentrarse demasiado en el apodo cariñoso.
— Supongo que fuiste a correr — añadió Magnus, ojeándolo de arriba abajo y, esta vez, Alec no pudo reprimir el sonrojo, esperando silenciosamente que pasara como esfuerzo por trotar.
Asintió otra vez, reprimiéndose mentalmente por perder la voz.
— V-Voy a tomar una ducha — se las arregló para balbucear, señalando torpemente las escaleras que guiaban a su habitación y a uno de los baños.
— Qué pena — murmuró Magnus, casi para sí mismo, y se alejó de él, levantando el brazo, para mostrarle el camino con la hoja del cuchillo —. Ve. Prepararé el desayuno, si es que estás hambriento después de tu ducha.
— S-Sí — tartamudeó Alec, ya subiendo las escaleras —. Seré rápido.
Se obligó a no mirar atrás. No tenía razón para hacerlo.
— Ubícate, Lightwood — murmuró a nadie en particular mientras hacía su camino a su habitación.
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Isabelle no se encontraba intrigada muy a menudo, pero tenía que admitir que de verdad deseaba saber acerca de Magnus Bane. Estaba su reputación, por supuesto, pero lo que mayormente picaba su curiosidad era que no era para nada como se lo había imaginado. Primero que nada, era bastante joven. Segundo, era ardiente. De una forma misteriosa, casi animal, pero ardiente de todas formas. Tercero, no había dudado antes de echarle en cara a Hodge sus cosas. Isabelle amaba la honestidad en una persona, incluso si a veces daba la impresión de demasiada contundencia. Ella tenía tanto respecto por Hodge que no se hubiera atrevido a siquiera pensar en hablarle como Magnus lo había hecho. Por otra parte, era Magnus Bane, no un ciudadano cualquiera, exactamente.
Y por último, pero no como menos, en este momento estaba hablando consigo mismo, que era probablemente lo más curioso de todo. Estaba acostado en uno de los sillones del patio, con una taza de té en una mano y un archivo abierto en su regazo. Lo había visto desde lejos. Había tomado el desayuno en la cocina, donde había encontrado tocino y huevos aún calientes, y había decidido ir a nadar mientras esperaba a que los otros se levantaran cuando lo había visto. No podía oírlo, pero podía ver sus labios moviéndose de vez en cuando. Aunque no había nadie con él.
Frunció el ceño. Se preguntó si él era uno de esos genios que en realidad estaban completamente dementes. Eso explicaría definitivamente la excentricidad de su carácter. Pero de alguna forma, no creyó que fuera eso.
Caminó hacia él y sólo una vez que había llegado al patio se dio cuenta de que no había estado hablando consigo mismo. Fue increíblemente tranquilizador. En realidad había estado hablando con Alec, que había estado escondido de la vista de Isabelle por el sillón, ya que estaba sentado en el suelo. Sólo Alec se sentaba en el suelo cuando había sillones y sillas en todos los sitios alrededor de él, pensó Isabelle con una sonrisa afectuosa. Él también estaba mirando un archivo e Isabelle lo reconoció como la información que Luke les había dado acerca de Valentine.
— Chicos, es demasiado temprano para ya estar trabajando— intervino mientras finalmente se acercaba a ellos, dejándose caer en el sillón detrás de su hermano e inclinándose para besarle la mejilla.
— Ese rubí no se va a robar solo — dijo Alec impasible, pero se relajó contra ella cuando empezó a jugar ausentemente con su cabello, aún mojado.
— Eso no sería divertido — replicó Isabelle con una sonrisa descarada.
Le echó un vistazo a Magnus, que estaba sonriendo satisfecho detrás de su taza de té —. Así que, tú eres Magnus, ¿eh?
— En efecto lo soy — respondió él con una sonrisa divertida.
— ¿Realmente le robaste ese huevo de Fabergé al Conde von Fersen? — soltó ella directamente.
— Izzy —se quejó Alec, mirándola desaprobatoriamente.
— Está bien — interrumpió Magnus, un destello complacido en sus ojos —. Lo hice. El Conde se enfureció por ello, pero me perdonó eventualmente.
— ¿Te perdonó? — repitió ella, levantando una ceja a modo de pregunta —. ¿Lo viste otra vez?
— El Conde es lo que tú llamarías un… amigo — eludió Magnus con un gesto grácil, sus largos dedos revestidos de anillos moviéndose elegantemente.
— ¿Le devolviste su huevo? —preguntó ella ávidamente.
No había nada que amara más que las historias de otros ladrones. Usualmente era mucho más divertido de lo que podías pensar cuando lo oías desde una perspectiva interna.
— ¿Cuál es el punto de robar algo si lo vas a devolver? — desdeñó Magnus amablemente —. Le dije que lo había vendido, pero no lo hice. Aún lo tengo. Es demasiado hermoso como para desperdiciarse con alguien que no lo apreciaría.
Ella asintió en concordancia.
— ¿Qué hay de la Espada de Raziel? ¿Realmente robaste eso también?
— Izzy, deja de fastidiarlo — intervino Alec. Estaba de espaldas a ella, pero casi podía ver la forma en la que rodaba los ojos.
— Lo hice — contestó Magnus de todas formas, dándole una mirada tranquilizadora a su hermano —. Aunque esa la vendí, a un amigo mío. Un coleccionista.
— ¿Cómo lo hiciste? ¿Es verdad que casi te atraparon? — preguntó ella de nuevo.
Estaba consciente de que probablemente se estaba entrometiendo un poco demasiado, pero había oído demasiadas historias acerca suyo, y ahora que realmente estaba enfrente de ella, no podía evitarlo. Era como una niña en la mañana de Navidad.
— Un mago nunca revela sus secretos — replicó Magnus con una sonrisa enigmática —, pero casi me atrapan esa vez, sí. Sólo digamos que es bueno que conozca Venecia tan bien. Fui capaz de escapar por el canal. Ahora es una historia graciosa, pero no lo fue en su momento. Olí como un pantano durante una semana después de eso.
Ella soltó una risita, tratando de imaginarlo, perfectamente amanerado, vestido a la última moda, nadando lejos de una situación espinosa.
A pesar de que fingía estar estudiando el archivo (y ella sabía que ya conocía cada simple detalle porque lo había leído alrededor de cien veces antes), Isabelle podía ver que Alec no estaba concentrado en eso, sino que en realidad estaba absorbiendo cada palabra que salía de boca de Magnus, al igual que ella.
— ¿Qué hay de ustedes? — preguntó Magnus, cruzando sus largas piernas para estar más cómodo en el sillón —. He escuchado acerca de un hurto bastante épico en Las Vegas.
Alec soltó un quejido alto, dejando caer su cabeza en el sillón para elevar la mirada hacia su hermana. Isabelle no se perdió la manera en la que los ojos de Magnus permanecieron un momento en su garganta expuesta y sonrió satisfecha. Interesante.
— No fue épico — argumentó Alec —. Jace casi muere, yo me rompí un brazo e Isabelle estaba tan ebria que Jace tuvo que cargarla de vuelta a nuestra habitación de hotel.
— Eso suena a una historia bastante épica para mí — replicó Magnus con una gran sonrisa, haciéndole un guiño a Isabelle.
— ¡Lo fue! — exclamó ella alegremente —. A Alec no le gusta admitir que fue divertido porque casi nos atrapan. Y yo sólo estaba ebria porque estaba distrayendo a nuestro objetivo mientras mis queridos hermanos irrumpían en su habitación. Era un gran bebedor, tenía que seguirle el paso si quería ser creíble.
— Estabas tan ebria que vomitaste en sus zapatos — dijo Alec impasible, rodando los ojos.
— Yo lo llamo dedicación — intervino Magnus con una risa jubilosa —. Vómito en tus zapatos es siempre una espléndida distracción.
— Finalmente alguien que aprecia mis técnicas de diversión — rió Isabelle.
Alec resopló, sacudiendo la cabeza, pero fue demasiado afectuoso como para dar otra impresión que no fuera cariño.
Jace escogió ese momento para unirse a ellos, arrastrando los pies con cansancio. Bostezó sonoramente y le echó un vistazo al archivo de Alec en el suelo.
— Todos están despiertos — les informó con un aburrido tono calculado en el que había pasado años trabajando. Isabelle sabía que ese era su tono estoy-emocionado-pero-no-quiero-admitirlo —. Luke y Hodge nos están esperando con los demás en la oficina de arriba. Cara de nerd habla demasiado así que dije que vendría por ustedes antes de perder la paciencia y darle un puñetazo.
— Su nombre es Simon — dijo Isabelle con una sonrisa divertida.
Jace se inclinó para darle un beso en la mejilla —. Lo que sea.
Alec recogió su archivo y se puso de pie, Magnus e Isabelle imitándolo rápidamente.
— No puñetazos a nadie —se quejó con autoridad mientras entraban en la villa.
Jace suspiró profundamente —. Siempre le quitas la diversión a todo.
— Tú lo llamas diversión, yo lo llamo estupidez — dijo Alec impasible.
— Tu cara es estúpida — gruñó Jace e Isabelle sabía que sólo era él siendo una persona encantadora por la mañana, pero aun así lo golpeó en la parte trasera de la cabeza para asegurarse.
— Buena respuesta — resopló Alec —. No probaste mi punto para nada.
— ¿Por qué estás siendo mezquino conmigo? —casi gimoteó Jace —. Es demasiado temprano para que seas tan mezquino.
— No estoy siendo mezquino, Jace. No puedes usar la excusa de no ser una persona mañanera para ir por ahí golpeando personas.
— Puedo y lo haré — replicó Jace tercamente.
— No les hagas caso — le dijo Isabelle a Magnus confidencialmente, mientras enganchaba su brazo con el suyo.
— ¿Hacen eso a menudo? — preguntó él con una sonrisa divertida.
De alguna forma, eso lo hizo lucir como si no le importara, como si estuviera separado del resto de ellos de una forma definitiva. Era intrigante y perturbador.
— Todo el tiempo — suspiró ella —. Es su manera de mostrar que realmente se aman el uno al otro.
Magnus sonrió, pero no respondió. Lo atrapó con la mirada fija en el trasero de Alec cuando subían las escaleras, pero no hizo ningún comentario, sonriendo con complicidad para sí misma.
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Luke los estaba esperando, como Jace había dicho, en la oficina de arriba. Estaba parado por la ventana, murmurando con Hodge, mientras que Clary y Simon estaban sentados en un sillón de cuero al otro lado de la habitación, soltando risitas por algo que él le estaba enseñando en una tableta. Todos voltearon hacia la puerta en un movimiento perfectamente sincronizado cuando entraron y Magnus casi se asustó por un segundo.
— ¡Ah, ahí están! — exclamó Luke con una enorme sonrisa en el rostro.
— Actúas como si fuéramos los que durmieron de más — resopló Magnus.
— Nadie durmió de más — corrigió Hodge.
Magnus hizo a un lado su comentario con un gesto —. Bien, déjennos escuchar su plan para que yo pueda explicarles lo que están haciendo mal.
Hodge rodó los ojos, pero aparte de eso lo ignoró, manejando la pantalla de la pared. Una enorme foto de Valentine Morgenstern apareció de inmediato.
— Dennos una advertencia la próxima vez — intervino Simon —.Hay un serio material para pesadillas justo ahí.
Magnus estaba gratamente sorprendido al descubrirse divertido. Él no era el único, si es que las miradas asombradas de los Lightwood querían decir algo.
— ¿Qué? — añadió Simon cuando captó sus miradas —. También puedo hacer chistes, ya saben.
Luke se aclaró la garganta, el ceño fruncido en desaprobación haciéndolo lucir más duro —. Niños, concéntrense.
Había un timbre paternal en su voz que los obligó a obedecer. Magnus bufó indignado por si acaso. Nadie lo había llamado niño desde… probablemente desde nunca.
— Éste es Valentine Morgenstern — continuó Luke, y sonaba como un profesor dándoles una lección de Historia —. Nuestro objetivo.
— Soy bisexual — soltó Magnus —, y mi delineador está en punto el día de hoy.
Luke lo miró boquiabierto, mientras el resto de la habitación volteaba a verlo en shock.
— Lo siento — se eludió con una sonrisa satisfecha —. Pensé que estábamos jugando ese juego en donde todos señalamos lo obvio.
Isabelle soltó una risita, Alec resopló y Clary de verdad se desternilló de la risa, ocultándolo rápidamente tras su mano.
Hodge no se encontraba divertido —. Había olvidado el dolor en el trasero que era trabajar contigo.
— ¿Cómo es que tú siendo bisexual es tan obvio? — preguntó Simon, ligeramente desconcertado, pero mayormente curioso.
— No lo es. Sólo era un anuncio al servicio público — respondió Magnus descaradamente, guiñándole un ojo a Alec.
El mayor de los Lightwood enrojeció y agachó la cabeza para ocultarlo, jugando nerviosamente con el dobladillo de su camisa.
— ¡Magnus! — espetó Hodge, obligándolo a despegar sus ojos verdes de Alec —. Compórtate.
Él rodó los ojos y se cruzó de brazos, apoyándose en la pared para concentrar su atención en la pantalla.
Luke sacudió la cabeza, luciendo ya cansado, y presionó un botón en el control remoto de su mano. La foto cambió. Si la villa había sido impresionante, esto era otra cosa completamente. No era una casa, era más cercana a un castillo, enorme e imponente, toda columnas blancas y ventanas altas.
— Ésta es la mansión Morgenstern — dijo Luke —. Es ahí donde guardan el rubí. Valentine es ostentoso, así que probablemente está a la vista en algún lado. Eso no significa que no esté bien aislado. Como Alec dijo ayer, Valentine es un hombre muy protegido. Tiene guardaespaldas que nunca se apartan de su lado. Es un bastardo ostentoso, pero no es un idiota.
— Pudo haberme engañado — murmuró Simon, no lo suficientemente alto como para que todos lo escucharan, pero Magnus lo escuchó de todas formas.
— El jardín está protegido por la última tecnología en seguridad. Hay cámaras de vigilancia alrededor de toda la propiedad.
— Puedo apagarlas— intervino Simon, para todos esta vez, meneando los dedos con una sonrisa orgullosa.
— Lo sé — sonrió Luke —, pero eso no será suficiente. Las cámaras están conectadas a una red IP que activa la alarma si son apagadas.
— Voy a necesitar algo de tiempo para estudiar su sistema de vigilancia, pero aún me puedo hacer cargo de eso — contestó Simon, y Magnus estaba realmente sorprendido por lo confiado que estaba de repente —. No tengo que apagarlas, sólo tomar temporalmente el control de ellas.
— Puedo ayudar — repuso Isabelle seriamente —. Usualmente me encargo de las cosas informáticas en nuestros trabajos.
Luke la miró durante un segundo y asintió, volviéndose a la pantalla —. Una vez que estemos adentro, me temo que tendremos que escalar el ala Este para entrar por esta ventana — estaba señalando una de las torres del castillo —. Lleva al ático.
Ahora Jace estaba sonriendo como un maníaco, obviamente encantado con la idea de escalar algo.
— Una vez en el ático, tendrán que ser cuidadosos con los sensores del piso — continuó Luke. Captó un vistazo de sus miradas incrédulas y bufó, una mezcla de molestia y disculpa —. Valentine es paranoico. Les dije que no sería fácil.
— ¿Realmente es ser paranoico, viendo que justo ahora estamos conspirando para robarle? — expuso Alec.
Magnus sonrió.
— Bastante justo — respondió Luke y lucía realmente divertido —. Magnus, estaba esperando que pudieras usar tus contactos para averiguar qué clase de sistema de protección tiene para el rubí.
Magnus no contestó, pero asintió pensativamente, indicándole que continuara.
— Eso es todo — eludió Luke.
— ¿Eso es todo? — repitió Magnus, atónito.
— Sí. Eso es todo lo que sabemos.
Tuvo que reprimir un quejido frustrado y se las arregló para suspirar en su lugar —. No puedo ni empezar a decirles cuántas cosas están mal con todo acerca de este plan, si se le puede llamar así —gruñó.
— Me gusta la parte en donde tengo que escalar un castillo — intervino Jace con una sonrisa condescendiente.
— Eso es si, y sólo si, logras llegar a la pared — Magnus estaba llameando, sus ojos ardiendo con ira no disimulada —. Hodge, esperaba más de ti.
— Ilumínanos, Magnus — gruñó el último.
— Primero, hicieron su pequeña investigación acerca del sistema de seguridad, eso es brillante, pero olvidaron completamente algo muy importante.
— ¿Qué? — preguntó Luke, y parecía genuinamente curioso, no irritado como Hodge.
— ¿Guardias? — contestó Magnus, y sólo sonaba como una pregunta porque no podía creer lo despistados que eran —. ¿Realmente creen que alguien como Valentine tendría un sistema de seguridad de alta tecnología como ese y ningún hombre para protegerlo en caso de un error? Puedo asegurarles que tendrá hombres patrullando el perímetro y no sólo los jardines.
— Eso no debería ser un problema — intervino Jace y señaló a Alec con el pulgar —. No sería la primera vez que tenemos que pelear contra unos cuantos guardias.
— Podría ser la primera vez en la que no regresan — espetó Magnus con exasperación —. Valentine es un hombre peligroso. Sus hombres estarán armados y con órdenes de matar. Tiene suficiente dinero y falta de remordimiento como para hacer desaparecer unos cuantos cuerpos.
— ¿Qué sugieres? — preguntó Isabelle, una sola ceja arqueada en interrogación.
— Tenemos que conseguirlo desde adentro — esquivó Magnus.
— No podemos entrar — declaró Hodge —. Nos conoce.
—No — replicó Magnus, y su tono no dejaba lugar a discusión —. Los conoce a ti y a Luke. Por la cara que está poniendo justo ahora, supongo que también conoce a Clary. No me conoce a mí o a Simon o a ninguno de los Lightwood.
Hizo una pausa por un segundo, esperando alguna disconformidad, pero no hubo ninguna, así que continuó —. Dos, sus teorías acerca del rubí siendo expuesto son buenas, pero ingenuas. Valentine no es estúpido. Si tiene un rubí afuera, no va a ser el real. Será una copia.
— Puedo revisar con Catarina si a alguno de sus contactos le han pedido una réplica — admitió Hodge de mala gana.
— Haz eso — asintió Magnus —. Tres, obviamente no tienen ni idea de dónde está este rubí exactamente, salvo por el hecho de que está en la mansión. Vamos a necesitar los planos.
— ¿Cómo se supone que consigamos los planos? — intervino Simon —. No es como si Valentine nos fuera a dar un plano de su casa para que podamos robarlo.
— Valentine es un hombre rico y peligroso — replicó Magnus —. Como muchos hombres en su posición, tiene más enemigos que amigos, y probablemente tiene enemigos muy cercanos a él de los que no sabe. Son estas personas las que deberíamos identificar y elegir como blanco.
— Para alguien que no quería tomar este trabajo en primer lugar, realmente le pones mucho esfuerzo a pensar en ello — expresó Hodge, no sin amabilidad.
— Sabías que diría sí en el momento en el que viera el nombre de Valentine — aclaró Magnus, toda la conducta juguetona se había ido —. No creas que no sé lo que hiciste, Hodge. Te conozco al menos tan bien como tú me conoces.
— ¿Hay alguien en esta habitación que no tenga historia personal con Valentine, aparte de nosotros? — inquirió Alec irritado.
— Yo no tengo — contestó Simon.
— Era una pregunta retórica, imbécil — espetó Jace, fulminándolo con la mirada.
— Estoy sorprendido de que sepas la palabra — replicó Simon malévolamente.
Era bueno que Alec estuviera sentado al lado de su hermano, reflexionó Magnus para sí, porque era lo único que evitaba que Simon fuera golpeado. Jace apenas y se había movido un centímetro para levantarse de su asiento y Alec ya había atrapado su brazo, trayéndolo de vuelta por la fuerza. Sus nudillos emblanquecieron por cuan apretado estaba sosteniendo a su hermano, y Jace flexionó la quijada con enfado, pero no trató de levantarse otra vez, así que Alec lo dejó ir con cautela.
— Así que, ¿qué sugieres que hagamos primero? — le preguntó Hodge a Magnus, ignorando la riña infantil.
— A diferencia de ustedes, he investigado un poco— respondió Magnus, empujándose lejos de la pared —. Valentine celebra una gala en un par de semanas en el Carlton de San Diego. Será la ocasión para que estudiemos a las personas que lo rodean y encontremos a nuestro potencial blanco para los planos.
Luke asintió pensativamente, sus ojos perdidos en la foto de la mansión Morgenstern.
— Puedo conseguir invitaciones bajo nombres falsos — intervino Hodge.
— Eso no es todo — agregó Magnus.
— ¿Qué más? — preguntó Luke, volviéndose a mirarlo.
— No podemos sólo diseñar un plan de la nada y esperar lo mejor — explicó Magnus —. Necesitamos hacer una prueba de choque.
— ¿Una prueba de choque? — inquirió Isabelle, frunciendo el ceño —. ¿Qué quieres decir?
— Quiere decir que tenemos que entrenar — contestó Alec en lugar de Magnus, con las cejas fruncidas en consideración —. Tenemos que encontrar algo que esté tan bien resguardado como ese rubí y forzarnos la entrada.
Magnus no respondió, pero asintió en acuerdo.
— Bueno, parece que tenemos mucho por hacer — declaró Clary pensativa.
Nadie podía discutirlo eso.
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Cualquier duda o comentario son bienvenidos en forma de reviews c:
El link del trabajo original está aquí: s/11865508/1/The-Avengers-Initiative-Or-Something-Like-That
O aquí también, si AO3 es más de tu agrado: /works/6383116/chapters/14616823
Y aquí el adelanto del próximo capítulo:
["— Como sea, no vine a hablar de mi magnificencia, vine a hablar de su magnificencia.
Alec frunció el ceño, mirando protectoramente a su hermana —. ¿Por qué quieres hablar de Isabelle?
Magnus pareció desconcertado por un momento, sus ojos vagando sobre Alec, observándolo como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
— Me refería a los dos — aclaró y se volteó a ver a Isabelle, levantando una ceja inquisitiva —. ¿Realmente no lo sabe?"]
