CAP 2
Llevas horas buscando documentos por su habitación, y nada, no hay nada. Debe de tenerlos guardados en su oficina, pero claro, ¿cómo ibas a ir tú hasta allí sin ser descubierta?
Descartas la idea de ir a su oficina y te rindes, dejas de buscar información por la habitación de Levi y te pones a ordenar todo lo que has revuelto. Si se despertara y viera un papel fuera de su sitio, sería tu perdición y el mundo llegaría a su fin esa misma noche.
Abres uno de los cajones para devolver unos papeles y te fijas en algo que no habías visto antes. Metes la mano en el cajón y sacas la bufanda azul que le regalaste a Levi por Navidad. Recordaste el momento exacto en el que se la diste. No sabías que la siguiera teniendo...
El haberla guardado, por alguna razón, hizo que te sintieras mejor e inconscientemente te llevaste la bufanda al rostro, olía a él. Te quedaste hipnotizada por el olor.
Un leve gruñido te devolvió al mundo y rápidamente guardaste la bufanda y los papeles en el cajón.
Te giras a ver a Levi, se estaba incorporando lentamente. Se llevó una mano a la cara y vuelve a gruñir.
-¿Somnífero?- Su voz sonaba algo ronca.
-Sí, la cantidad exacta para dormir a alguien. Te prometo que no la hubiera usado de haber sabido que eras tú.
Levi no te responde, en lugar de ello comienza a estirarse cual gato después de la siesta.
Te parece gracioso y sueltas una risita que no pasa desapercibida para sus oídos.
-¿Qué te resulta tan divertido mocosa? –Te mira desde la cama, sentado, medio dormido y completamente despeinado. ¡Levi despeinado!
Te ríes más fuerte, hace mucho que no le veías así y a quién ibas a engañar, ¡lo echabas de menos!
Unas manos te empujaron por detrás y caiste sobre la cama. Levi está encima de ti, sujetándote las muñecas a ambos lados de tu cabeza.
Le miras a los ojos.
Gran error.
Te mira serio y aparentemente sin el menor atisbo de emoción. Impone. Es imposible mantenerle la mirada y desvías la mirada hacia otro lado. El es más fuerte que tú y no puedes librarte de su agarre.
Estas completamente a su merced, al pensar en ello, notas que el calor te sube a las mejillas. Debes de estar haciéndole competencia a los tomates.
Eso le gusta. Lo sabes porque sonríe y se inclina lentamente hacia ti.
Se detiene en tu cuello y aspira su aroma. Ante esto una descarga recorre tu espalda. ¡Maldita sea, ni siquiera había llegado a tocarte todavía! ¡¿Cómo podía provocarte todas esas emociones?!
Estás tensa y nerviosa, el corazón te va a mil y crees que se te va a salir del pecho.
Te muerde el cuello.
Sueltas un gemido resultado de una mezcla de sorpresa y placer. Era una sensación contradictoria: sus dientes clavándose sobre tu piel, haciéndote daño, y sus suaves labios que provocaban descargar allá donde estuvieran.
La sonrisa sobre su cara se ensancha. Le encanta hacerte esto y decide seguir. Sus labios comienzan a recorrer tu mandíbula, llegando a tu oreja y mordiéndola suavemente.
Te estremeces cada vez que sus labios tocan tu piel.
Te estaba torturando, te estabas volviendo loca, te estabas desesperando y no aguantabas más. Lo necesitabas ya.
En un rápido movimiento consigue atrapar tus dos muñecas sobre tu cabeza con una de sus manos. La otra la lleva a tu mentón y te gira la cabeza, obligándote a que lo mires.
Lo miras, sabes que tienes un rubor intenso en las mejillas y que él también lo sabe.
Sus ojos grises se clavan en los tuyos, está claro que no quiere perderse una sola de tus reacciones.
Se va acercando poco a poco, tú diriges tu mirada a sus labios, y ves como se acercan a los tuyos, poco a poco. Impacientándote.
-L-Lev…-No consigues ni decir su nombre.
Tu intento de pronunciar su nombre ha debido de afectarle también porque se abalanza sobre tus labios y comienza a besarte salvajemente, ya no es suave ni delicado como hace unos instantes.
Te está besando con toda la pasión contenida durante este tiempo que habéis estado separados.
Su mano libre recorre uno de tus muslos y asciende hasta tu cintura donde cambia su rumbo y alcanza uno de tus pechos, presionándolo.
Sueltas un gemido que hace que cortéis el beso para respirar, un segundo más tarde él vuelve a la carga y giráis sobre la cama, ahora tú estás encima y él debajo. Sigue besándote con fiereza y notas como sus dos manos, sobre tu cintura, comienzan a levantarte la camiseta hasta conseguir quitártela. La lanza lejos.
Tú no te quedas atrás y comienzas a desabotonarle los botones de la camisa. Te vuelves un poco torpe en situaciones así, así que él termina ayudándote a desabotonarla.
Una vez abierta, recorres sus abdominales y músculos con tus manos, memorizando cada zona.
Espero que os haya gustado este también! En serio cualquier cosa que veáis que falte o lo que sea me lo deciis. Y bueno, el lemon no es lo mío, nunca lo he escrito, pero lo seguiré intentando si queréis.
Gracias por leeer :))
