Hola, tres cositas antes...

La primera, el capitulo es más corto que el anterior. Mucho más corto. Pero asi serán de ahora en adelante porque de esa forma tendré más tiempo para continuar la historia sin retrasarme en las actualización. Pido disculpas si no es lo que esperaban.

La segunda, una leve mención a AleAgronSomerhalder que dice ser mi fan numero dos o algo asi. Aunque la mayoria sabe que siempre digo no tener fans. Es algo que no va conmigo y que siempre me deja sin saber que decir :D Igual, se agradece el gesto :)

Y por ultimo, pedir nuevamente disculpas por lo corto del capitulo pero prometo actualizar más de seguido asi no se hace larga la espera, ¿Ok?


II.


Día 07. 06:50 am.

No pudo dormir en toda la noche. Cada vez que cerraba los ojos una mirada chocolate la atormentaba, la fulminaba y la hacía sentir furiosa. Todo el fin de semana estuvo pensando en la morena maleducada y siempre con la misma pregunta en su mente: ¿Estaba haciendo lo correcto dejando que su hija pasara tiempo con una desconocida sin clase? ¿Qué le garantizaba que la chica haría bien su trabajo? ¡Ni siquiera tenía curriculum o referencias!

Ella jamás aceptaba empleados que no tuvieran una carta de presentación o una base sólida de empleos anteriores y ahora, para seguir dándole el ejemplo a Beth aceptaba a una chica que no solo no había llevado curriculum a la financiera, sino que había osado gritarle –delante de su familia y su secretaria– porque no había contratado a su amiga. ¡Su amiga! ¡Si no sabía quién era su amiga! Aunque de haberlo sabido tampoco hubiera contratado a la rubia de ojos verdes por la sencilla razón de que Beth no la había elegido.

Otra de las cuestiones que no la dejaba dormir era no saber las razones por las cuales su hija había elegido a la morena. ¡Justamente a ella! ¿Porque la había elegido? Ni siquiera le había preguntado si le gustaban los videojuegos para poder ponerla en su propia lista de «Posibles candidatas» o si sabía idiomas para ponerla en la lista de «Eliminada sin repechaje». Entonces, si no había hecho las preguntas de rigor, ¿Por qué la había elegido a ella? Una morena común y corriente que había conseguido un empleo caído de la nada. Supuso que eso sería un gran cambio en la vida de la chica. El mismo que seguramente representaba para ella misma.

Un gran y desconocido cambio.

Y con ese pensamiento casi certero clavado en su mente miró la hora en su reloj tras una enésima vuelta en su cama. Gruñó por lo bajo y se cubrió la cara con una de las almohadas cuando se dio cuenta de que ya eran las siete de la mañana, lo que significaba que debía levantarse e ir directamente a la ducha. Una vez que el agua tibia, casi caliente, tocó su cuerpo dejó su mente completamente en blanco. Quería dejar de pensar en todo, pero por encima de eso quería tranquilizarse antes de la llegada de la morena a su casa.

Ese día empezaba a trabajar la nueva niñera y ella estaba completamente nerviosa. No sabía cómo iba a portarse Beth o como iba a desenvolverse el reemplazo de Shelby. No sabía si tendría que faltar al trabajo para supervisarlo todo o, por el contrario, debía confiar en que la chica haría bien su trabajo. No sabía si debía hacerle caso a Puckerman o no. Porque sí, su amigo y padre de su hija había opinado al respecto y había dictaminado de qué lado estaba. Se lo había dejado bastante claro cuando le dijo: «No te pongas en perra odiosa y deja que la morena haga su trabajo». ¿Su trabajo? ¡¿Su trabajo?! Ni siquiera sabía cuál era «su trabajo» antes de hacer de niñera. No sabía absolutamente nada de esa chica. Nada además de su nombre.

El mismo que se negaba a pronunciar si podía evitarlo.

–Señorita Quinn, el desayuno ya está listo –anunció Julia, el ama de llaves, del otro lado de la puerta de la habitación.

–Dile a mis padres que bajo en un minuto, Julia. Gracias.

Volvió a su tarea de maquillarse. Cuando terminó, minutos después, se colocó los Alexander McQueen que ese día habían sido los elegidos para lucir sus pies y, tomando su bolso antes, salió de su habitación rumbo al comedor donde desayunaba cada mañana con sus padres y con su hija. La misma que se encontraba sentada a la mesa muchísimo antes que ella. Algo que jamás pasaba.

–Buenos días –saludó sentándose a la izquierda de su padre colocándose una servilleta en el regazo. Le sonrió a la empleada cuando ésta le sirvió café y le ofreció el periódico del día que ella dejó a un costado. –Por lo que veo, alguien cayó de la cama hoy. ¿Qué pasó, Beth? ¿Tus peluches te empujaron y te caíste al suelo?

–No, en realidad me desperté temprano para sacar a mi novio por la ventana así no te cruzabas con él y descubrías mi amorío clandestino– respondió la pequeña con ironía haciendo atragantar a su madre. –Es broma, mami. Respira tranquila porque no tengo novio ni quiero tenerlo. No por el momento. Desperté temprano porque hoy viene Rachel. Estoy muy emocionada, ¿Tú no?

¿Emocionada? No, no lo estaba. Estaba aterrada ante la idea de permitir que su hija, su única hija, pasara tiempo con una completa desconocida. Y no tenía nada que ver con que fuera la morena maleducada la persona en cuestión, estaba segura que si era otra persona estaría igual de aterrada. ¿Qué le garantizaba que su pequeña bebe estaría sana y salva cuando volviera de la financiera? ¿Que estaría en su dormitorio haciendo tareas y no en un galpón abandonado siendo presa de un secuestro? Era bastante obvio que cuando se trataba de Beth, perdía todo rastro de raciocinio.

–No te encariñes demasiado con la sustituta, Beth. Solamente se quedara aquí tres meses. Ni un día más, ni un día menos –sentenció con voz firme. –Ahora termina tu desayuno que esa chica no debe tardar en llegar. Aunque teniendo en cuenta como es, no me sorprendería para nada que llegara impuntual a su primer día de trabajo.

Pudo percibir las miradas desconcertadas de sus padres pero las ignoró y se concentró en desayunar. Por el rabillo del ojo podía ver como su hija miraba cada dos segundos el reloj pulsera que esa mañana tenía puesto. Otra rareza más en ese día que no presagiaba nada bueno por el simple hecho de saber que compartiría tiempo y espacio con el gnomo en patines. El hecho de que Beth llevara puesto reloj pulsera, siendo que jamás llevaba uno puesto, tampoco la ayudaba a pensar en una palabra que no fuera «catástrofe».

No le gustaba para nada esos pequeños detalles y supuso que quizás se lo había puesto para ir contando los minutos que faltaban para ver a la nueva niñera. Llegar a esa conclusión, errónea o no, le provocó un nudo en el estómago. No quería que su hija se encariñase con una completa desconocida. No lo quería porque eso significaba que la pequeña prefería a una maleducada que solo vio una sola vez en su vida antes que a ella.

–Bien, es hora de que me vaya para la financiera. Quinn, ¿Vienes conmigo? –preguntó su padre poniéndose de pie mientras dejaba la servilleta a un lado de la mesa. –Tenemos una reunión con la parte de grafica para la nueva campaña audiovisual. Necesito que estés presente.

–No te preocupes, allí estaré –afirmó imitando el movimiento de su padre. –Solo que llegaré un poco más tarde. Quiero estar presente cuando llegue la nueva niñera y quiero hablar algunas cosas con Shelby antes. Por cierto, Julia, ¿Podrías ir a buscarla? –recibió un asentimiento de cabeza por parte de la nombrada y sonrió antes de dirigirse hacia su hija. –Beth, ¿Terminaste de desayunar? Necesito que subas y te cambies ese pijama por ropa más presentable.

Pudo escuchar el gruñido que su hija dejó escapar por lo bajo y reprimió una sonrisa al recordar que ella hacía lo mismo cuando su madre le ordenaba hacer cosas que no quería. Siguió a la pequeña hasta la salida del comedor permitiéndole a sus padres tener un poco de intimidad para despedirse entre ellos. Le gustaba el tipo de relación que mantenían los dos después de tantos años de matrimonio. Su padre era un hombre reservado, distante, hosco por momentos; y su madre era casi todo lo contrario, aunque por momentos se complementaban formando el mejor de los equipos.

– ¡Shelby! –exclamó viendo como la niñera de Beth, una mujer de ojos verdes y cabellos color café, bajaba las escaleras con sus zapatos altos y sus faldas tubo. –Mande a Julia a buscarte. Quería hablar contigo.

–Dígame, señorita Quinn.

Durante los casi quince años que llevaba la mujer trabajando en la mansión Fabray había acatado todo tipo de órdenes pero había una que había desobedecido por completo: la del tuteo a sus empleadores. A pesar de que éstos les habían ordenado incontables de veces que lo hiciera. Incluso Julia también era así. Lo que llevaba a Quinn a respetar muchísimo más a ambas mujeres.

–Como bien sabes, hace quince minutos debía haber llegado la nueva niñera –señaló mirando su reloj pulsera con un deje de disconformidad en su rostro. –Es una chica bastante... diferente. No es como el resto de las niñeras convencionales con curriculum, referencias, carta de presentación. No tiene absolutamente nada en lo que podamos confiar.

–Pero aun así la dejara pasar tiempo con Beth –remarcó Shelby. –Señorita Quinn, sabe que si va a necesitarme puedo quedarme. No hace falta que...

–Hace falta –interrumpió mirando seriamente a la niñera. Miró a su alrededor antes de agregar por lo bajo, casi en un susurro: –Necesitas encontrar a tu hija, Shelby. Y necesitas hacerlo ahora. No puedes esperar mucho tiempo más.

Muy pocas personas conocían la historia de Shelby Corcoran. De hecho, ella lo supo de casualidad unos años atrás cuando escuchó a sus padres hablar de la niñera. La mujer había tenido una hija hacía poco más de veinte años atrás pero no había podido quedársela debido a que era muy joven. Algo que le hubiese pasado a ella sino fuera porque sus padres estuvieron a su lado apoyándola cuando quedó embarazada de Beth. Fue por eso mismo que no juzgó ni iba a juzgar nunca a Shelby, porque ella entendía lo que se sentía tener una vida a cuestas sin saber cómo manejar la suya propia. Y fue por eso mismo que, tras eso, respetó muchísimo más de lo que ya lo hacía a la mujer que le había ayudado muchísimo con Beth.

–Señorita Quinn, acaba de llegar la señorita Berry –comunicó Julia, el ama de llaves, seguida de una morena que si no fuera por el flequillo recto seria completamente irreconocible.

No supo por qué estúpida razón apretó con fuerzas sus manos sintiendo que apretujaba el portafolios o porqué de repente sintió una patada en el estómago. Sea cual sea la razón, la mujer que estaba al lado de Julia con expresión tímida estaba muy lejos de ser aquella morena maleducada, sin clase, con una blusa dos talles más grande y pulseras flúor. Al parecer la chica había tomado consciencia a lo largo de esos tres días que la vestimenta que había llevado el viernes y los días anteriores no era la adecuada para presentarse a trabajar.

Tuvo que abstenerse de hacerle otro repaso con la mirada al cuerpo entero de la chica. O sea, a su vestimenta. Le hizo un repaso con la mirada a su vestimenta. Quizás se detuvo demasiado en su falda gris, ignorando por completo la blusa blanca o la boina color mostaza que adornaba la abundante melena marrón con mechas californianas. Quizás esa fijación por la falda se debió a que no concebía la idea de que aquella morena tuviera más piernas que resto de cuerpo. A lo mejor eran las medias negras que llevaba por encima de las rodillas lo que le daba ese aspecto o, en un caso imposible, simplemente esas eran sus medidas. Sea cual sea la razón, aquella chica tenía unas piernas que excedían las medidas convencionales.

– ¡Rachel! –exclamó Beth trayendo a su madre de regreso a la realidad. –Qué bueno que ya estés aquí. Quiero que conozcas a mí... Ey, son iguales –señaló la adolescente alternando su mirada entre Shelby y la morena que seguía con esa expresión de timidez en su rostro. –Parecen madre e hija.

Después de esa observación por parte de su hija miró automáticamente a Shelby –borrando por completo las piernas de la morena de su mente–, sabiendo lo que esas palabras podrían significar o afectar a la mujer. Vio como la niñera de Beth respiraba profundamente antes de estrechar educadamente la mano de la morena que estaba enfrente y, sin poder evitarlo, una parte de ella estuvo completamente de acuerdo con su hija. Shelby y su sustituta se parecían demasiado. Tal y como había dicho Beth, parecían madre e hija. Tampoco pudo evitar ponerse en el lugar de Shelby, creyendo lo que seguramente estaría sintiendo la mujer al estar parada frente a una joven que no solo era idéntica a ella, sino que además debía tener casi la misma edad de la hija que estaba buscando. De repente una idea sobrevoló su cabeza.

¿Y si esa morena era...?

¡No! Sacudió la cabeza con fuerzas antes de que esa duda terminara de formarse en su mente. Eso no era asunto suyo. No era de su incumbencia. No tenía por qué meterse en esas cosas. Lo único que tenía que preocuparle era Beth y su bienestar. Seguramente la morena tenía una madre que no era Shelby en la ciudad donde nació y seguramente la hija de ésta última mencionada también la estaba buscando pero en otro lado. No había nada más que uniera aquellas dos mujeres que el parecido físico y el hecho de que ambas eran las niñeras de Beth. ¡Simple! ¿Porque tenía que pensar cosas que no eran?

–Shelby, ella es la nueva niñera de Beth –presentó tras haber respirado profundo para concentrarse en lo que de verdad tenia importancia. –Señorita Berry, ella es la antigua niñera de mi hija y a quien usted reemplazara solo por el plazo de tres meses –esperó algún tipo de palabras por parte de la morena pero solo recibió un asentimiento de cabeza por lo que continuó hablando: –Bien. Shelby, trabajaras con ella toda esta semana antes de que te vayas. Le mostraras el planning, los horarios de Beth, las horas de tareas escolares y las de descanso. Sus horarios de entrada y salida. Le mostraras la casa y por último, encárgate de que le quede claro quién es a partir de ahora.

– ¿Un robot sin libertad de movimientos? –ironizó la morena ganándose una risita por lo bajo de parte de Beth, una mirada horrorizada por parte de Shelby y otra mirada, pero fulminante, por parte de Quinn. – ¿Lo siento?

«Otra ironía» pensó conteniéndose de poner los ojos en blanco.

Ignoro a la morena –aunque pudo ver por el rabillo del ojo que tenía una sonrisa victoriosa–, y se concentró en seguir dándole instrucciones a Shelby. Quería quedarse y supervisar ella misma todo pero supo que no podía hacer tal cosa cuando recibió una llamada por parte de su secretaria. ¿Por qué Tina no era como las demás secretarias que se pintaban las uñas, entraban a Facebook desde el ordenador de la empresa o se sacaban fotos en el baño? ¿Porque no buscaba en Internet lo último de la moda en China, Japón, Corea, o de donde sea que fuera?

–Debo irme ya, Shelby. Te quedas a cargo de todo. Sabes que confió en ti –afirmó recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de la mujer. Respiró profundo antes de tomar su portafolios y caminar hacia donde estaba la morena que la miró con esa arrogancia de siempre. –Espero que haga bien su trabajo, señorita Berry, que sepa comportarse, que no sea tan vulgar u ordinaria. Y por sobre todas las cosas, espero que sepa mantener su falta de educación a raya. Haga y diga todo lo que la señora Shelby le diga u ordene. De lo contrario, tendré que pagarle el día y prescindir de sus servicios.

–¿Y darle esa satisfacción? –replicó Rachel por lo bajo para que solo ella la escuchase. La vio arrugar la nariz de forma irónica y graciosa antes de alejarse un poco de su rostro para sonreírle con sarcasmo molestándola muchísimo más.

Quince minutos. Solamente llevaban quince minutos compartiendo espacio y ya estaban chocando nuevamente. Estaba bastante claro que ambas eran de personalidades fuertes, lo que significaba que ninguna de las dos daría su brazo a torcer o cedería un segundo. Al mismo tiempo también significaba que la cosa no se quedaría en un nivel intermedio, cuanto más tiempo pasara con esa chica, más alto escalaría el nivel de enfrentamientos. Solo esperaba estar lo suficientemente preparada como para enfrentarse a esa morena sin clase ni educación.

Otra cosa que estaba en claro era que ella jamás perdía una batalla y la morena parecía ser igual, así que una de las dos estaba a punto de hacer historia. Al final una de las dos perdería y deseaba no ser ella.


Próxima actualización: Jueves 20 de Agosto.

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