Retazos de oscuridad

Por Lyraacuario

Capitulo 2

Duerme conmigo por esta noche

Mientras, el chico pelinegro se recostó contra la pared del baño, dejando que su pulso se regulase, porque la verdad, allí, en compañía con Tom, sintió que su corazón se iba a parar de tanto acelerar.

Odiaba eso, como el sólo verle hacia que su corazón brincase.

-Te odio… debo odiarte. -se dijo a sí mismo, dejando que sus piernas se venciesen por la gravedad. –Soy… un maldito cobarde. -

Y era cierto, siempre había sido así. Creía que podía tomar grandes decisiones, pero, una cosa era tomarlas y otra muy distinta cumplirlas. Y evidentemente, la idea del suicidio no le estaba funcionando.

-Lo pensaste, Bill. -se dijo. -¿Quieres seguir así? ¿Quieres seguir viéndote en el espejo y querer poseer a tu reflejo? -negó con su cabeza. –Está mal… está mal. -se repetía mientras sujetaba su cabeza con ambas manos. -¿Por qué te niegas a entender? -una lágrima solitaria bajó por su mejilla.

–Ya no quiero… no quiero seguir… por favor… déjame morir. -pidió al fantasma de la soledad. –estoy cansado… entiende, mi alma ha sufrido más que suficiente…-

Y así comenzó a sollozar, lo más silencioso que podía, hasta que, finalmente logró clamarse, recuperar la cordura de que debía seguir fingiendo, sonriendo como si nada ocurriese.

Así, cuando vio que ya no lloraba mas, se desnudó rápidamente, abriendo la regadera y dejando que el líquido cristalino empapase su cuerpo, haciendo que su piel se erizase al contacto.

Dejó escapar un suspiro, entonces caminó hasta el espejo, comenzando a mirarse.

Posó una mano en el espejo, inconscientemente, acariciando los labios en su reflejo. Susurró un débil "te amo". Entonces, se dio vuelta y abrió la puerta. Todo estaba en penumbras, como cuando él había dejado la habitación. Miró a todos lados, Tom estaba acostado, no se molestó en averiguar si estaba despierto, por lo que se recostó lentamente, cerrando sus ojos, dejando escapar un largo y pesado suspiro.

-Bill. -era el castaño, el menor no contestó. –De verdad… ¿te sientes bien? -preguntó bajito.

-¿Por qué me preguntas eso? -murmuró.

-No… no lo sé exactamente. -contesto, no sabía cómo lo hacia, pero él siempre acababa cediendo, intentando buscar el por qué su gemelo estaba mal.

-Estoy bien. -

-No es cierto. -replico.

-¿En qué te basas para decirme eso? -Tom sonrió confiado.

-Soy tu hermano. -Bill rió sarcásticamente.

-Eso no es nada…-

-¡Claro que lo es! -exclamó y giró para ver a Bill en la cama de al lado. –Nuestra conexión es muy fuerte. -

-Mmm… -murmuró.

-Bill. -le llamó.

-Yo creo... –comenzó. –Que nos hemos perdido. -

-No te entiendo. -

-Por eso. -ahora fue Bill quien le miró, quedando ambos mirándose frente a frente pero con la distancia de ambas camas separándolos. –Tom… ya no somos pequeños. -

-Eso lo sé. -

-Aún… aún cuando quiera decir que te conozco. –habló. –Aún cuando quiera decir que lo sé todo de ti… -

-Bill, estás hablando de un modo muy… -

-¿Triste? –preguntó. –Supongo que tendrás razón, pero… dime, ¿no es cierto? Que esta brecha cada vez es más enorme. -

-¡Claro que no! –replicó. -¡Seguimos siendo los mismos! Es sólo… que somos más grandes. -Bill tardó en contestar, pero después sonrió. Una sonrisa que engañaba a muchos, sin darse cuenta de los verdaderos sentimientos tras esa máscara.

-Tienes razón. -se giró y miró el techo. –Todo está bien ¿verdad? –preguntó. –No hay nada de qué preocuparse. -

-Billa. -susurró, el menor sintió un escalofrió ante ese llamado.

-Créeme. -dijo sin mirarle. –Confía en mí…. Estoy bien, se que lo estoy Tomi… -cerró sus ojos. –No soy tan débil. -sus manos se cerraron con fuerza. Tom le miró desde allí, viendo como el menor fruncía el ceño, entonces dominado por emociones que no conocía, se levantó de su cama.

-Siempre confiare en ti. -contestó y antes de que el menor hablase, sintió un segundo peso en su cama, el colchón que se hundía al sentir a Tom subirse en el. Los ojos del moreno se abrieron a la par.

-¿Qué… qué haces? -

-Lo mismo que tú hacías antes. -susurró y se acostó a su lado, abriendo sus brazos. –Ven. -pidió. Bill se colocó, un poco pálido, pero esto no se notaba por la oscuridad.

-Pero… -

-Vamos, Billa. –susurró. -¿Hace cuanto no dormimos juntos? -

-¿Seguro no tomaste? -

-De verdad, quiero tenerte en mis brazos. –cortó. –Y NO, no tomé más de lo necesario. –Bill, suspiró, cansado. –Vamos. –pidió. –No quiero que las cosas cambien entre nosotros… por favor, ven a mis brazos. -

Bill sintió un nudo en garganta, el vacío que se posaba en su pecho.

No pudo mirar a los ojos al mayor, por lo que sin emitir sonidos se pegó a él, notando que él mismo estaba sólo en bóxer. Eso lo colocó aun más nervioso, asustado incluso, de que sus latidos fuesen tan fuertes que el mayor los sintiese.

-Yo… -murmuró al estar junto al, el guitarrista pasó sus brazos a su alrededor, envolviendo en un abrazo.

-¿Ves? Nada ha cambiado. -musitó el mayor, el otro asintió levemente, dejando que una pequeña gota escapara de sus orbes. El mayor sintió aquella fría lágrima. –Bill. -le llamó.

-Es mi cabello. -contestó adelantándose. –Aún está húmedo. -el mayor no sabía si creerle, pero antes de poder mirar el rostro del menor directamente para comprobarlo, Bill se pegó aun más a él, escondiendo su rostro contra su pecho, sintiendo el cálido aliento del menor chocar contra su piel.

-Bi-Billa. -susurró, sintiendo el escalofrió recorrerle el cuerpo, además de ese extraño mariposeo que se posó en su vientre. El castaño tragó un poco de saliva, confundido por aquellas confusas sensaciones que le sofocaban, no entendía bien la situación, pero le gustaba tener a Bill así, a pesar de que hacía tiempo que no compartían tanto tiempo juntos.

Le abrazó con más fuerza confundido, sintiendo sus manos temblar con un extraño nerviosismo, esperó que el menor no notase eso, porque si no, no sabría cómo explicarle el por qué. Suspiró, e inconscientemente, dejó un beso en los cabellos del vocalista, comenzando a acariciarle levemente la espalda, así, hasta conseguir verle dormir.

-

Continuara…