¡Segundo capitulo! Había olvidado lo mucho que me gustaba escribir sobre estos dos. En las notas del primer capítulo está todo más especificado pero para resumir, regresé, la historia sigue siendo la misma pero la narración cambió. Subiré los capítulos que estaban antes con el nuevo estilo.
De corazón, espero que les guste.
CHAPTER TWO
"So now we've found our way to find each other. So now I found my way, to you."
Isabella podía decir que estaba demasiado aburrida viendo a Ángela y a Jessica salir del probador una y otra vez mostrando toda clase de vestidos, habidos y por haber mientras le preguntaban qué tal se veían, y entonces, luego de que les decía que el vestido les quedaba perfecto encontraban un mínimo detalle para dejarlo a un lado y probarse otro.
A pesar de ello, Bella en definitiva no estaba aburrida. Realmente encontraba la situación entretenida. Se consideraba una excelente observadora, y le gustaba analizar su entorno y a los que la rodeaban por lo que aquella salida no solo había sido un respiro para sus pensamientos sino también una oportunidad para detallar personas e imaginar sus historias, sueños y miedos.
Port Ángeles no era tan frío ni tan nublado como Forks. De hecho, la luz del sol tardío se filtraba suavemente por el vidriar de la tienda acariciando su piel. Le era asombroso ver el sol nuevamente después de casi una semana que no se apareciese por el pequeño pueblo de Forks. Si había algo que Bella amaba a aún más que tardes acurrucada contra su sillón mientras leía y la lluvia repiqueteaba por fuera, era un buen día de sol brillante e implacable.
"¿Qué tal éste, Bella?" preguntó Ángela mientras subía sus lentes. Era un vestido verde oliva que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas y entallaba su cuerpo. El color del vestido resaltaba el tono de su piel y la hacían lucir vivaz.
"Uhm, te queda terrible," dijo lo más seria que podía. Ángela la miró casi horrorizada.
"¿En serio?" sus ojos se habían abierto y pasaba las manos por su cabello, "debo cambiarlo entonces, es… ugh…" su amiga comenzó a murmurar cosas sin sentido mientras entraba nuevamente al probador. Bella tuvo que rodar los ojos.
"¿Ángela?" la llamó haciendo que su cabeza apareciera tras la cortina.
"¿Sí?"
"El vestido te queda precioso," dijo sin cambiar su expresión. Ángela frunció el ceño.
"Pero acabas de decir que…"
"Sé lo que acabo de decir," dijo cortándola y esta vez dejando que una sonrisa suave se extendiera por su rostro, "pensaba que quizá si te decía que no finalmente te llevases el vestido. Psicología inversa que aparentemente no funciona contigo," comentó ladeando la cabeza un poco. Un rubor se esparció por las mejillas de Ángela y el puente de su nariz.
"Lo siento, has estado sentada allí por varias horas y ni siquiera te has probado un vestido."
"No te…"
"¡Creo que lo encontré!" exclamó Jessica saliendo del probador e irrumpiendo de repente en la conversación. Estaba enfundada en un vestido amarillo que Bella podía definir como amarillo pollito. Por lo general le gustaba el color amarillo, y los pollitos pero no estaba segura si decir que aquel era color amarillo pollito era una ofensa a los pollitos. A menos que los pollitos fueran de un amarillo tan brillante y escandaloso que hicieran al sol pensarse su tarea de iluminar el día y dejársela a aquel vestido, "¿no es perfecto? Sé que apenas entre a la fiesta seré el centro de atención."
Bella le dio una mirada a Ángela quien estaba aún analizando el vestido y a Jessica en él. Al menos eso supuso Bella, porque era eso, o Ang había quedado ciega.
"Estoy segura que serás el rayo de sol de la fiesta," masculló Bella dándole otra mirada. El problema que tenía Bella con el vestido no era su amarillo fluorescente con algo de neón. Su problema era que Jessica era rubia y pálida y se perdía en el vestido y aunque Bella no era la experta en moda estaba segura de que la mujer debía lucir el vestido no el vestido a la mujer. Sumándole el color estaba el largo. Llegaba hasta el piso y no era hasta que ella se movía que te fijabas en las dos aberturas del tamaño del Gran Cañón a los costados.
"¿Dijiste algo Bella?" Jessica la miró como si no supiese si lo que ella había dicho había sido un comentario positivo o no. Y Bella no quiso ahondar en su comentario. Ángela salió del probador y se puso frente a Jessica.
"Creo que Bella piensa que ese amarillo es un color extraordinario," eso no era en definitiva lo que ella pensaba, "pero que deberías escoger otro color que resalte más tu cabello. Quizás rojo o verde," Ángela y su amabilidad siempre sorprendían a Bella. Esta le dio una sonrisa suave a Jessica pero luego le disparó una mirada a ella que decía que debía callarse su opinión y estar de acuerdo con lo que dijese.
"Sí, definitivamente eso," acordó. Jessica pareció meditarlo y asintió perdiéndose entre los vestidos nuevamente en busca de otro- y que Dios fuese misericordioso con Bella y todos en el baile- no fuese de ese color, "no quería sonar grosera," se excusó mientras Ángela se miraba en uno de los largos espejos del lugar y sus ojos viajaban por todo el vestido.
"Lo sé," respondió sincera, "sabes algo Bella," dijo mirándola a través del espejo, "y espero que sepas que no te estoy juzgando."
"Sé que no lo haces," se apresuró a responderle. Ángela había sido una dosis de tranquilidad en el instituto por el tiempo en que Charlie estuvo enfermo. Siempre la apoyó. Era atenta, amable y tenía una sonrisa y palabras sinceras para Bella todo el tiempo.
"Antes eras más… sensible a lo que tus comentarios pudieran causar en las personas," dijo dándose la vuelta y encarándola, "parecías meditar tus palabras antes de que salieran de tu boca. Ahora pareces pensar el doble pero tus respuestas son frías, un poco mordaces," le dio una suave sonrisa, "sé lo que las situaciones y los malos momentos pueden hacer en una persona. Soy hija de un pastor, a casa siempre llegan buscando a papá por consejos y ayuda, siempre veo como la gente tiene esa mirada vaga y triste, y tú la tuviste por un tiempo pero ahora… solo tienes ese tinte calculador en tus ojos y tantas emociones que no soy capaz de ubicar. Tú has sido el cambio más grande que he visto."
"¿Gracias?" Ángela rió, "eso fue bueno, ¿no? ¿O realmente era una forma sutil para decirme que ahora no te agrado?"
"No, eso fue una mera opinión. Muchas veces las personas olvidan que necesitan oír opiniones externas. Eso también hace parte del cambio y los cambios son buenos, al menos en cierta medida lo son. Es solo que a veces parece como si tuvieses un interruptor."
"¿Interruptor?" inquirió frunciendo el ceño. Bella no había notado que se habían sentado en algún punto de la conversación hasta que Ángela se puso en pie.
"Sí," admitió, "cuando te sientes de ganas lo prendes y otros días lo apagas, como si eligieses qué sentir y cuando."
Las palabras de Ángela chocaron e hicieron eco en su cabeza. Parecía ser que Ángela Webber era después de todo una mejor observadora que ella. Quizá Bella nunca lo había mirado de aquella forma. Sabía que había algo en su corazón que era diferente pero nunca asoció todo ello a un interruptor que pudiera encender o apagar a su antojo.
"Interesante, pero debatible," Ángela negó divertida.
"Ve y busca algo lindo que ponerte Bella, y por favor trata de lucir feliz mientras lo haces y no como si te hubiese puesto un arma en la cabeza y obligado," asintió y se puse en pie.
"Oye," la llamó nuevamente, "realmente lo decía enserio."
"¿Lo de Jessica?" susurró.
"Oh, créeme eso sí lo decía enserio, pero me refiero al vestido, te ves muy bonita," no dijo nada pero sus ojos hablaron por ella.
Isabella no podía recordar la última vez que había entrado a buscar un vestido para un baile. O la última vez que había ido a un baile.
O quizás si lo hacía pero los recuerdos eran demasiado incómodos por las personas que eran parte de ellos por lo que era más fácil suprimirlos y hacer de cuenta que tenía mucho tiempo sin sentir la expectativa de un baile.
Pasó la siguiente hora nadando entre un mar de vestidos de todos los colores y diseños. Ángela había optado por llevarse finalmente el vestido verde al que Bella le había dado el visto bueno, mientras que Jessica por otro lado seguía en busca de otro vestido pero Bella podía jurar que de vez en cuando la escuchaba murmurar algo sobre el vestido amarillo.
"¿Qué tal este? Negro como mi alma," sacó uno de los últimos percheros y se lo mostró a Ángela haciendo que ésta rodara los ojos y se lo arrebatara de las manos para meterlo nuevamente entre los otros.
"Definitivamente no," refutó, "oh Dios," abrió los ojos, "¡que estúpida soy! Lo siento Bella, sé que estás de luto."
No la miró y no porque se sintiese ofendida de alguna forma sino porque algo había llamado su atención.
"El luto no debería tener color," respondió con sus ojos centrados en el color rojo que la estaba hipnotizando. Ella le había prometido a Charlie no usar colores oscuros después de su muerte porque estuviese de luto, si ella usaba el negro o el café o cualquier color considerado apropiado para llorar una muerte, sería porque quería usarlos. Por lo general ella no era una persona de colores brillantes, le gustaba mucho usar negro pero también colores que le recordaran que incluso en el frío Forks había un sol al final de una historia tormentosa. Por lo que los tonos verdes, rosas y tonalidades del crepúsculo la hacían sentir alegre. Excepto el azul. Definitivamente había renunciado casi que al completo a usar tonos azules.
Ángela siguió su mirada y tomó el vestido rojo que estaba a solo un paso a la izquierda de ella.
"¿Te gusta?" preguntó. Ella asintió. Sin añadir nada más, Ángela la arrastró hasta el probador y la empujó dentro.
Si había algo que Bella realmente, realmente le agradecía a Alice Cullen era que de todos sus parloteos sobre moda y estilo, algo se le había quedado a ella en la cabeza y definitivamente iba a usar ese conocimiento al máximo.
Salió a buscar la aprobación de Ángela.
El vestido era de un rojo alegre pero a la vez opaco que le recordó de una forma espeluznante al color de la sangre. Era ceñido al cuerpo sin ser ajustado y eso era quizás lo que más le gustaba del vestido aparte de sus tirantes gruesos y escote en forma de corazón. Giró para verse mejor en el espejo. El vestido era de espalda baja y le llegaba en un corte recto hasta un poco más arriba de las rodillas.
"¿Qué piensas?" su amiga detalló el vestido y la miró con una sonrisa. Más atrás Jessica la observó y asintió con una sonrisa suave.
"Te queda horrible," Bella rio.
"Me lo llevaré entonces."
.
Se sentía extraña. Más que eso, era como si se viese a sí misma desde afuera de su cuerpo y no pudiese creer lo que estaba viendo. La experiencia era ajena a ella. Estaba en un restaurante, cenando con dos personas de carácter humano, teniendo una conversación banal y que oiga el mundo entero, lo estaba disfrutando.
Bella estaba segura que hasta su madre la miraría en ese preciso instante como si de repente le hubiese crecido otra cabeza porque estaba manteniendo una conversación sobre chicos. No es como si no lo hubiese hecho antes con Leah, pero la situación era diferente. En el último año no se había relacionado profundamente con personas que no fuesen parte del mundo sobrenatural que por un momento pensó que no sabría cómo proceder sin incluir temas que tratasen de sangre, imprimación, vampiros, hombres lobos o probabilidades de una guerra.
"¿Qué piensas de eso?" preguntó Jessica. Bella tomó un sorbo de su bebida y la miró por un momento antes de encogerse de hombros.
"¿Honestamente? Me da igual," admitió.
"¿Es decir que no quieres salir con él?"
"Ni con él ni con nadie," aclaró. Vio los ojos de Jessica iluminarse por un segundo, "¿tú quieres salir con Mike?" preguntó provocando que la rubia se ruborizara, "invítalo, ¿no es la chica la que invita para este baile?" preguntó mirando a Ángela quien asintió con una sonrisa. Todo el protocolo de bailes no era lo suyo, su única experiencia en esa clase de bailes había sido con Edward y ella estaba usando muletas.
"¿Tú crees?"
"¿Por qué no? Por vergüenza se han perdido buenas oportunidades, inténtalo."
"Está bien, se lo pediré mañana… ¿y tú Ángela, siempre se lo has pedido a Ben?" la susodicha asintió con una sonrisa.
"Hace dos días, me dijo que sí, que… que lo había estado esperando."
Bella le sonrió. Le gustaba ver a las personas como Ángela ser felices, que realmente la vida les diera la oportunidad de sonreír, de tener una vida normal. Ella lo merecía.
"¿Y tú y todos los tipos de La Push con los que sales, Bella? ¿No has pensado pedírselo a alguno de ellos?" preguntó Jessica.
"Oh no," se imaginó a alguno de la manada dispuesto a ir a un baile de 'gente blanca' y usando traje, "salir cualquiera de ellos, la mera idea… no, en definitiva no."
"Pero son guapísimos," refutó.
Eso no podía negárselo. Todos ellos además de ser ridículamente acuerpados y altos, tenían esas facciones fuertes y varoniles con ojos tan profundos que te hacían sentir o incomoda o como la mujer más suertuda del planeta. Sus constantes salidas con ellos y el tiempo excesivo que pasaba en La Push hicieron que corriera uno de esos rumores locos por todo el instituto. Rumores que ella no se había tomado el trabajo de aclarar y que debía de haberlo hecho pero que simplemente había dejado de importarle lo que la gente hablara, lo cual avivó más el pequeño fuego y ahora era más como una fogata fuera de control. Su vida era la entretención más grande en el Instituto de Forks, que para entonces había llegado a la conclusión de que ella, Isabella Marie Swan, estaba acostándose con todos los jóvenes entre los dieciocho y veinticinco años de La Push.
"Iré sola Jessica, enserio no estoy con afán de pedirle a alguien que me acompañe," le dio una mirada condescendiente pero dejó el asunto hasta allí lo cual Bella agradeció.
Hablaron un rato más hasta que el reloj marcó las ocho y Ángela comenzó a inquietarse sobre el regreso por lo que Bella las apresuró a irse en el auto de Jessica de vuelta a Forks, y las tranquilizó cuando les dijo que iba a quedarse un rato más en Port Ángeles alegando que iba a hacer una pequeña compra a un supermercado para abastecer su refrigerador. Ya le daba lastima abrirlo y encontrarlo vacío, y si comía comida enlatada o empacada nuevamente le iba a dar un ataque.
Compró lo necesario para comer apropiadamente por semana y media, pagó y finalmente salió con sus compras en busca de su monovolumen que por culpa de un estacionamiento lleno había sido aparcado en la parte de atrás del lugar que ya limitaba con el denso bosque y llegaba a ser un terreno baldío al que solo un ligero rayo de luz eléctrica proveniente de la carretera lo iluminaba.
Como si la vida no le diera suficiente escenas tétricas en su diario vivir.
Tomó una bocanada de aire y comenzó a caminar con ese constante escalofrío que produce la incertidumbre a la oscuridad y la noche. la brisa ya no soplaba tan suave.
Junto con dos autos más estaba su viejo monovolumen. Sus ojos recorrieron el lugar rápidamente antes de abrir la puerta para meter las compras.
Decían por ahí que uno era capaz de sentir una presencia antes de verla. Y ella en definitiva había comenzado a creer en ello. Aún más cuando se dio cuenta de que la repentina inquietud que sentía era justificada cuando una voz suave y sensual la llamó.
"Bella," quedó paralizada, "que descortés, querida, ¿no piensas dar la vuelta y saludarme?" tragó en seco y lentamente giró. Ojos borgoña, tez morena y una sonrisa juguetona. ¿Por qué la vida era tan cruel con ella?
"Laurent," masculló. Trató de mantenerse serena pero los latidos de su corazón fueron aumentando.
"Pasé por la casa de los Cullen, ya sabes para darles una visita, hablar del clima y de la vida pero no los encontré, de hecho la casa estaba vacía," anunció como si hablase con un viejo amigo. Sonó casual y genuino. Demasiado genuino.
Su sentido común comenzó a gritarle que saliera de ahí, pero como siempre su sentido común era probablemente el sentido menos común de la historia porque salir de ahí era ir a ningún lado y ser cazada por el vampiro frente a ella que obviamente ya no seguía una dieta animal y estaría más que feliz de drenar toda su sangre.
"Se mudaron," dijo lo más tranquila que le fue posible. Cruzó sus brazos por sobre su pecho para evitar que la viese temblar. Y también porque se suponía que aquella era una postura de desinterés, o al menos eso había leído en algún lado.
Su cabeza comenzó a rondar muchos escenarios y lo único que venía a ella en ese momento era comprar tiempo hasta que… no, comprar tiempo ni una mierda, ella iba a morir. Pronto.
"Lo he notado," la forma como Laurent comenzó a moverse disparó su sistema nervioso, se sentía como si fuese el menú en un restaurante y él decidiera qué parte de ella ordenar, "lo que me ha parecido curioso es que ellos se fueran y te dejaran después de todo el trabajo que se tomaron para que James no rompiera ese delicioso cuello," ladeó la cabeza, "por lo que verás, concluí algo que ya sabía… tú eras una clase de mascota para ellos, ¿no?" preguntó.
"Oh, sí, definitivamente," respondió con falso entusiasmo, "de hecho, ¿no has visto mi correa por aquí? Creo que la he perdido," trató de que su expresión fuese neutral. Y por Dios bendito, Bella realmente comenzaba a odiar haberse alguna vez cruzado con Edward Cullen, si no lo hubiese hecho quizá estuviese viviendo una vida regular. Comprando víveres sin preocuparse porque un vampiro apareciera en su camino y la reclamara como su cena.
Laurent rio.
"No recordaba que fueses tan divertida."
"Creo recordar que estabas en Alaska," se encogió de hombros.
"Así que, ¿están por aquí? Quiero saludarles," su mirada le decía que él quería hacer todo menos saludarles. Lo que ella no entendía era qué parte de que se habían mudado no entendía.
"Uhm, si, no creo que sea posible, pero les daré tus saludos cuando vengan."
Laurent se movió demasiado rápido para acercarse a ella. Bella había olvidado lo increíblemente asombroso y desesperante que era la velocidad de un vampiro.
"¿Están muy lejos Bella?"
"Bueno, no creo que estén muy cerca."
"Perfecto."
"¿Perfecto?" su aliento rozaba su rostro haciéndola estremecer.
"Estoy hambriento y realmente necesito un bocadillo para seguir mi camino y, créeme no quiero hacerlo, eres una humana tan divertida pero eres apetitosa," Bella tragó en seco.
"¿Apetitosa?" asintió divertido, "realmente no, sabes, tengo un sabor bastante horrible, no te recomiendo probarme," rió.
"Ya veo por qué ellos te tenían cerca, realmente eres una pequeña mascota divertida, hasta me dan ganas de quedarme contigo," extendió la mano y la pasó por su cabello mientras la otra acunaba su mejilla provocando que ella se paralizara y sostuviera la respiración.
"Deberías, soy un ser humano bastante entretenido."
"Lo sé querida, pero es una pena que tenga hambre, pero porque me agradas te prometo que seré rápido, no dolerá," se apartó y le dio una última mirada. Bella mantuvo sus ojos en los de él y lentamente dejó ir el aire que estaba reteniendo. Si ella iba a morir, iba a morir viéndolo a los ojos.
Bella esperaba el golpe que iba a terminar con su vida, solo que dicho golpe no llegó. De hecho, él ya no estaba ahí y ella había mantenido sus ojos abiertos todo el tiempo. Su mirada buscó por el lugar y a unos pocos metros de ella estaba Laurent… o al menos lo que quedaba de él.
Frente a ella estaba otra imagen un poco más placentera. Aunque igualmente aterradora. El hombre comenzó a acerarse a ella haciéndola retroceder y chocar su espalda contra la puerta del monovolumen. Sus labios estaban curvados en una sonrisa juguetona y tras de ellos un par de colmillos se asomaban.
Bella conocía la sangre, podía oler su esencia metálica y salada y reconocía su espesor y color pero lo que escurría por la barbilla y manchaba la boca del tipo era un líquido espeso y negruzco. Las venas de su rostro saltaban y sus ojos lucían como si estuviesen inyectados con sangre. Con un estremecimiento no bienvenido Bella hizo la conexión con el hombre con una criatura que parecía haber salido de un libro de Stephen King o de Anne Rice.
Se dio cuenta que había estado aguantando la respiración durante el minuto que le había tomado detallarlo y a su cerebro analizar la escena de su muerte, de nuevo.
Su rostro comenzó a cambiar frente a ella y sus facciones se volvieron más claras. Y más apuestas.
Ojos azules. Aquello fue lo primero que Bella notó. Hermosos ojos azules como dos lapislázulis claros y atrayentes. Pómulos altos y labios ligeramente rellenos. Su mandíbula cuadrada y perfectamente afeitada, su cabello era negro como la noche y liso. Tan liso que Bella podía jurar que si pasaba sus manos sobre él sus hebras se escurrirían por sus dedos como agua.
Hizo una mueca y escupió. Limpió su barbilla con la mano.
"Veneno de un frío, asqueroso," masculló. La observó con curiosidad. Los separaba una distancia de probablemente un metro quizás un poco menos, lo que le permitía a Bella notar aún más sus ojos. Jamás había visto un par de ojos azules tan interesantes como los de él, y que brillaran tanto en una noche tan oscura, "ahora, mira que yo pensé que este lugar era de lo más de aburrido," ladeó su cabeza, "no es que me guste espiar conversaciones ajenas, pero esta llamó poderosamente mi atención."
"¿Quién eres?" preguntó de inmediato sintiendo su cuerpo enfriarse por la noche y el temor. Casi, casi prefería a Laurent allí. No por nada decían que era mejor malo conocido que bueno por conocer. O en ese caso malo por conocer. Bella aún no podía darle una etiqueta al hombre, "¿qué eres?"
"¿No hay un gracias antes?" Bella lo observó limpiarse el respaldo de su mano contra su pantalón oscuro y volver a hacer una mueca.
"Yo pregunté primero," respondió con cautela, "si voy a morir por lo menos quiero saber a manos de quién y qué," se acercó aún más a ella. Era alto. Generalmente Bella se consideraba una mujer, si bien no muy alta, con una estatura buena con su metro sesenta y siete.
"Uno, no soy un qué, pequeña," dijo mientras clavaba sus ojos fijamente en ella, "soy un vampiro, aunque puedo entender la confusión," dio una rápida mirada al cuerpo de Laurent, "dos, no vas a morir, al menos no hoy y no por mí, eres una criatura muy interesante, y además… me recuerdas a alguien," Bella frunció el ceño. ¿Criatura? ¿Pequeña?
"¿Tercero?" sonrió.
"No hay un tercero," el supuesto vampiro de ojos azules respondió cruzando sus brazos sobre su pecho haciendo que la camiseta negra que traía se ajustara más a sus brazos. Y no es como si ella estuviese notando sus brazos, "esta es la parte en la que me agradeces por salvar tu vida."
Entre todas las cosas raras que le habían sucedido en lo que iban de sus dieciocho casi diecinueve años de vida, y debía recalcar que eran muchas, esa era por lejos la más extraña. Bella no sabía exactamente cómo proceder. O qué hacer. No tenía la más remota idea de si todo lo que salía de la boca del hombre… vampiro o lo que fuese, era cierto. La verdad de lo que le sucedía a ella en ese momento era simple. Estaba asustada. Tenía mucho miedo. Su cabeza estaba rememorando los últimos cinco minutos y preguntándole al resto de su cuerpo si todo había sido real.
Salió de su estado de shock cuando su cuerpo se tensó involuntariamente ante su acercamiento. Estaba cerca, lo suficiente para hacerla sentir nerviosa y hacer que su respiración y palpitaciones dejaran de ser regulares y se convirtieran en una montaña rusa sin fin. Vio sus labios moverse pero no escuchó nada salir de su boca.
"¿Ah?" preguntó parpadeando.
"Preguntaba, ¿qué hace una chiquilla hablando con fríos a tan altas horas de la noche?"
"No son altas horas de la noche," mantuvo sus brazos fuertemente a sus costados. En ese momento Bella daba gracias de que estaba arregostada a la camioneta porque de no ser así hace rato su cuerpo hubiese colapsado.
"Cuando vives en un lugar donde al ocultarse el sol los vampiros salen a cazar… cualquier hora a partir del momento en que se esconde la luz es considerada una alta y peligrosa hora de la noche."
Bella se llenó de valor.
"¿Quieres satisfacer tu ego escuchándome decir gracias? Muy bien, gracias por salvar mi vida. Pero si vas a estar toda la noche llamándome pequeña o criatura y quedarte allí de pie indefinidamente sin preocuparte en lo más mínimo de que en cualquier momento alguien vendrá y verá eso," Bella señaló con la barbilla a Laurent, "y a menos de que puedas borrar memorias te sugiero que sigas el camino que traías y me dejes solucionar esto rápido."
El vampiro rió y la miró divertido, y aquello la hizo parpadear sorprendida. Realmente no esperaba esa reacción. Ella esperaba su cuello partido en dos y su sangre drenada. De hecho, ahora que lo analizaba ella parecía no querer salir viva de la situación porque todo lo que su boca aparentemente tenía para decir eran puras sandeces.
"Esa ha sido una interesante elección de palabras," se alejó un paso y la escaneó, "para tu fortuna, ese súper poder lo tengo."
"¿De qué hablas?" Bella se enderezó. Seguía viéndose pequeña en comparación a él. Quizás ojos azules medía poco más de metro ochenta.
"Eres como ver a un pequeño gatito enfrentándose a un león," Bella ya había dejado de estar aterrada y la molestia e irritación se estaba abriendo paso en ella, "sabes que puedo romper tu cuello y aun así estás dispuesta a discutir conmigo," su sonrisa no se iba. De repente le dieron ganas de probar si a los golpes quizá podía hacer desaparecer aquella sonrisa ladina y socarrona. Probablemente Bella conseguiría quebrarse los nudillos antes de que algo le sucediera a ese bonito rostro, "escuché parte de tu conversación con el frío, y me da la impresión que no es al primero al que te enfrentas, por lo que por mi cabeza pasó…" hizo una pausa casi dramática, "¿cómo una pequeña humana como tú ha conseguido no solo salir viva de esta si no ya de varias?" su mirada viajó a la muñeca de ella donde la marca en forma de media luna descansaba. Casi siempre cuando alguien notaba su cicatriz Bella la cubría con la mano como puro acto reflejo, pero no esta vez. Ella mantuvo su mirada en él.
"Y vivirás con esa pregunta atormentándote por el resto de tu vida," enarcó una ceja.
"Quizás. O quizá no," fue demasiado rápido que no lo vio venir, pero en un momento el vampiro tenía su rostro peligrosamente cerca del de ella mirándola con esos ojos azules penetrantes. Sus pupilas se dilataron, "responderás todo lo que te pregunte y luego cuando te diga lo olvidarás todo."
"¿Disculpa?" Bella preguntó escéptica y para su satisfacción los ojos del vampiro brillaban con genuina sorpresa e incredulidad, "estoy segura de que estás acostumbrado a que la gente haga lo que dices pero conmigo eso no funciona, suficiente tuve siendo arrastrada como una muñe…"
"Esto es más interesante," murmuró mirándola, "¿tomas verbena?"
"¿Verbena? No entiendo ni una sola palabra que sale de tu boca."
"Así que no tomas verbena, y aun así no puedo usar la compulsión sobre ti…"
"¿Compulsión?"
"Lo que me deja con el dilema de que a pesar de que me causas curiosidad tengo que matarte."
Bella tragó en seco. Aquella conversación se estaba yendo por un rumbo que a ella no le estaba gustando. Tenía una nueva apreciación por la vida y no quería que terminara. No ahora.
"Dijiste que no ibas a matarme."
"Eso fue antes de darme cuenta que eres inmune a la compulsión," cambió su peso al pie izquierdo y a pesar de que no tenía una sonrisa en su rostro Bella podía decir que estaba ligeramente entretenido. Su postura relajada y su suave expresión chocaban con sus palabras amenazantes.
"No quiero morir," confesó, "he pasado el último año sobreviviendo a cosas que jamás pensé que iba a vivir y he estado a punto de morir más veces de lo que un humano regular ha estado," Bella lo miró tratando de que sus ojos demostraran sus ganas de vivir, "y había decidido comenzar a vivir mi vida, lejos de vampiros pero entonces viene Laurent y arruina mi tranquilidad, y todo por lo que había trabajado durante tanto tiempo…y ahora estás tú y, por favor, no quiero rogarte pero no quiero morir," Bella sabía que sus palabras habían salido atropelladas de su boca. Ella creyó ver como los ojos de su posible verdugo se suavizaron, "si te preocupa que hable sobre ti o lo que está pasando, o lo que vi… te lo juro, no lo haré, guardo muchos secretos y este sólo será uno más en mi larga lista. Créeme cuando te digo que nadie se enterará sobre ti."
Hubo un silencio demasiado largo y tenso. Su mirada azul era inescrutable. No había nada en él que le diese pistas de que posiblemente pasaba por su cabeza.
"Está bien," respondió tan suave que ella creyó haberlo imaginado. Bella no sabía si su sorpresa se debía a la rapidez con la que él había accedido o la mirada de comprensión que le daba, "confío en que guardarás este secreto."
"Lo haré," prometió aún cautelosa de que el vampiro cambiase de opinión. Bella aún no comprendía exactamente lo que había pasado o si de verdad lidiaba con un vampiro o cualquier otra clase de criatura sobrenatural, "es más, puedes irte de inmediato que yo me encargaré de Laurent," entre cerró los ojos por un minuto.
"¿Limpiaras este desastre?" Bella asintió. Pudo ver en sus ojos su falta de fe pero no le dijo nada sobre cómo haría desaparecer los trozos del cuerpo de un vampiro o sobre si realmente era capaz de hacerlo. Ella no lo era, pero sus amigos lobos sí.
"Gracias por salvar mi vida," dijo con genuino agradecimiento. El hombre asintió.
"Trata de no meterte en problemas," le miró antes de comenzar caminar lejos del lugar hacia la carretera.
"Oye," llamó, "no me dijiste quién eres," tan pronto como la pregunta abandonó su boca se arrepintió, ¿para qué quería saber ella quién era él? Entre más lejos caminase de ella y de su vida mejor.
Para su sorpresa se giró.
"Tú tampoco," sonrió y desapareció así como llegó: sin aviso y como una ráfaga de viento.
Isabella se permitió respirar tranquila por primera vez en lo que iba desde su encuentro con Laurent. Cerró los ojos y dejó que la tensión en sus hombros, y en todo su cuerpo se disipara. Le dio una mirada a su reloj de muñeca y comenzó a resonar sus dedos contra el capó del carro.
Tick tock.
Nuevamente había estado al borde de las puertas de la muerte.
Tick tock.
Un extraño vampiro que definitivamente no lucía como un vampiro para ella acababa de salvar su vida.
Tick tock.
¿Qué rayos iba a hacer ella con el secreto que había jurado guardar?
Tick tock.
Sabía que debía olvidarlo, por su bienestar tanto físico como mental debía de hacerlo.
Tick tock.
Más que nunca Bella extrañaba la tranquilidad y monotonía de su vida de hace dos años. La inocencia que solía tener su cabeza ante el mundo. Su pastosidad e inseguridad.
Tick tock.
Quería irse a casa.
Los latidos de su corazón volvieron a su ritmo normal y ella finalmente pudo sacar su teléfono de su bolso, y entre palabras cortas decirle a Leah lo que había pasado.
Más o menos.
Esperó cinco minutos. Tomó exactamente cinco minutos.
Escuchó sus pisadas entre el bosque, un poco más allá del terreno baldío. Eran imposibles de pasar por el alto porque para oídos que ya se habían hecho expertos como los de ella, sonaban como una pequeña estampida. Trató de que su pobre visión humana viese más allá pero solo pudo ver los ojos que brillaban por entre los matorrales.
Reconoció a Leah y le asintió para decirle que podía llegar. Abrió la puerta de su monovolumen buscando un pantalón de chándal y un top deportivo. Cuando levantó su mirada estaba frente a ella con una expresión de alerta y desconfianza. Sus labios eran una fina línea y sus ojos brillaban con adrenalina. Examinó su rostro y su cuerpo.
"Estoy bien," respondió a su pregunta no formulada mientras le tendía la ropa, se la puso de inmediato sin apartar sus ojos de ella.
"¿Qué ha pasado?"
"Yo… no lo sé," y aquello era realmente la verdad. Bella aún no tenía mucha idea de lo que había pasado, "un momento Laurent estaba diciendo que me mataría sin dolor y al otro…" se estremeció ante el recuerdo, "él estaba en el piso."
Isabella era una pésima mentirosa, de las más terribles que había. Ella estaba segura de que no era necesario usar un polígrafo en ella alguna vez porque en sus ojos se podía ver claramente la mentira. Pero cuando se trataba de guardar secretos de tal calibre, ella en definitiva se había vuelto una experta. Pero Leah no era estúpida, y si con alguien debía de tener cuidado con las palabras que salían de su boca era con ella. Y en efecto la mirada calculadora que le daba le decía que no creía ni una sola palabra de lo que ella decía.
"¿Calló al piso con sus extremidades desmembradas y con su cuello destrozado con marcas, así como si nada?" preguntó.
"Supongo que algo o alguien le hizo eso," respondió, "disculpa si no estoy atenta, la próxima vez le pediré a lo que sea que acaba de salvar mi vida que espere un momento antes de irse porque lo invitaré a un café a mi casa como agradecimiento."
"Asegúrate de verle la cara la próxima vez, así quizá adivinas si le gusta el café oscuro o con leche," Bella suspiró. Si no pensaba en algo rápido iba a tener a una loba temperamental con la que lidiar.
"Leah, si supiera qué demonios pasó, tú serías la primera en saber pero no tengo ni idea de quién le hizo eso," respondió con serenidad, "solo quiero salir de aquí, ir a casa y olvidar esto, ¿es mucho pedir?" le dio una última mirada y suspiró.
"Siempre en el momento incorrecto, en el lugar incorrecto," dijo pero no comentó más nada. Miró a los lobos y luego abrió la puerta de la camioneta, "vamos, te acompañaré a casa," aparentemente hasta allí había dejado el tema pero Bella sabía que Leah no le había creído, y que las preguntas seguirían el resto del camino.
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"¡Jake!" exclamó llamando su atención.
¿Por qué Jacob Black tenía la mala costumbre de invadir la tienda de los Newton mientras Bella trabajaba? Ella no tenía idea. Pero aquella mala costumbre venía acompañada de otra, y era hablarle sobre temas de los cuales ella definitivamente no quería oír mientras terminaba de acomodar los implementos de pesca.
"¿Qué?" levantó mi mirada.
"Cállate," pidió poniéndose en pie y sacudiéndose el jean, "te lo dije una vez y esta será la segunda y última. NO me iré a vivir a la aldea, por más que lo ruegues," puso un dedo en su pecho. Bella nunca dejaba de sorprenderse de lo caliente que estaba, en términos de temperatura corporal, o de lo ridículamente alto que se había puesto desde el último año, o de su cuerpo, sus músculos parecían tener otros músculos, "si es mi destino morir a manos de un vampiro o mientras caigo por las escaleras y golpeo mi cabeza contra el piso, entonces lo será. En el medio tiempo, cierra tu boca y déjame vivir mi vida," siseó. No habían clientes en la tienda, y como todas las noches en los que tenía turno, era ella la que estaba a cargo de cerrar por lo que no debía cuidar las palabras que salían de su boca.
"Pero Bella…"
"¡Pero nada!" exclamó, sabía que su voz estaba rozando un timbre molesto, "¿por qué no solucionas tu problema con Leah? ¿No has intentado manejar una vida que no sea la mía, ya sabes, como la tuya por ejemplo?" sus palabras fueron fuertes, ella lo sabía, y quizás se arrepintiese un poco de haberlo dicho, pero del lado positivo de la historia ella no debía de preocuparse por la forma como hablaba porque si de algo Bella estaba agradecida era que con los lobos podía ser todo lo agresiva y directa que podía. Aquello había forjado su carácter. Solo debía ser cuidadosa con las palabras que usaba para que no se molestaran demasiado. Un lobo enojado y volátil no era algo con lo que a ella le gustaba lidiar.
"Eso ha sido un golpe bajo," masculló. Bella caminó hacia la caja.
"Necesitas ser golpeado de vez en cuando," se encogió de hombros, "y dado que no puedo hacerte daño físico si puedo usar las palabras. Ahora vete de aquí, tengo trabajo que hacer y si permaneces aquí más tiempo para mañana todo el instituto sabrá que cerré la tienda por tres horas y nos dedicamos a practicar el Kama Sutra," Jake la miró con cautela divertida en sus ojos.
"¿Nosotros hicimos eso?" Bella rodó los ojos, "no recuerdo haberlo hecho."
"Vete."
"Quizás digan que estás embarazada de Paul, y que yo he venido a reclamarte y a decirte que no importa lo que pase yo cuidaré del bebé."
"Entonces deberías ir tú a decir eso," se sentó detrás de la caja y lo miró abrir la puerta.
"Eso suena como una buena idea, quizá diga que te propuse matrimonio para salvar tu reputación de tener un bebé sin su padre a esta edad."
"Sal de mi vista, Black."
Jake le guiñó un ojo y le regaló su mejor sonrisa.
"Nos vemos Bella."
Isabella negó y tomó una bocanada de aire. Su turno había sido largo y aburrido por lo que cuando el reloj marcó las nueve se apresuró en dejar la tienda impecable y cerrar.
El camino a casa siempre era oscuro y solitario, pero estaba lejos de ser silencioso. El bosque siempre producía ruidos que hacían que sus vellos se erizaran y su cabeza comenzara a divagar. Cada cierto tiempo echaba un vistazo a su alrededor. La sensación de que alguien la seguía era constante y los eventos de la semana anterior no ayudaban mucho para deshacerse de ese sentimiento de incomodidad que sentía.
A medida que se iba acercando a su casa, trató de ignorar los ruidos porque si llegaba a su cama y se acurrucaba contra las sabanas con el sonido de grillos, sapos y Dios sabe qué otra cosa en su cabeza, no iba a poder dormir.
Era simplemente asombroso para ella como podía dormir sabiendo que compartía existencia con vampiros y hombres lobo pero que la idea de animales en el bosque le aterraba.
Isabella había estado tan distraída que cuando las luces delanteras del monovolumen iluminaron el cuerpo en la mitad de la carretera casi chocó con el árbol más próximo al virar con violencia. Tuvo que tomarse un minuto para que la sensación de mareo se fuese de ella. Y la adrenalina bajara, al igual que los rápidos latidos de su corazón. Sus manos se sentían de piedra agarradas firmemente al volante y de no ser porque podía verlas, ella podía jurar que sus piernas ya no estaban.
Contó hasta diez antes de tomar una bocanada de aire y armarse de valor para salir porque así de grande era su falta de preservación e instinto de supervivencia.
Con sumo cuidado se acercó al cuerpo, teniendo su celular listo para llamar a la policía en caso de que realmente estuviese muerto. Pero a medida que se iba acercando reconoció el cabello negro y la tersa piel blanca.
Si ella no iba a morir por el casi accidente de unos minutos atrás, definitivamente iba a morir de un ataque al corazón producto de una fuerte impresión por la sorpresa de haberse encontrado al mismo vampiro de hacía una semana tirado en medio de la carretera a pocos metros de su casa.
Abrió los ojos de golpe y giró su cabeza haciéndola brincar. Allí estaban los ojos azules más bonitos que ella hallase visto jamás. Tuvo que recordarse que si bien él no necesitaba respirar, ella sí.
Isabella creía en las coincidencias. En que la vida tenía una forma retorcida de traer al presente el pasado. Que el mundo era como un gran teatro y todos estábamos sujetos a hilos de vida que podían entrecruzarse los unos con los otros. Pero incluso para ella, era de locos verlo ahí. Ni siquiera tenía pensado que lo iba a ver nuevamente en esta vida. O en la otra. De hecho ella tenía la esperanza de no verlo nunca pero ahí estaba él, desafiando todo en lo que ella había creído hasta ahora y mostrándole un mundo del que ella no estaba segura querer saber. Porque como siempre, ella era el único ser humano en Forks que se encontraba en el límite del conocimiento de todas esas clases de cosas sobrenaturales y todas las situaciones bizarras.
Cruzando los brazos sobre su pecho Bella lo analizó. O ambos lo hicieron en silencio. Él en definitiva no lucía para nada como un vampiro. Al menos de la clase que ella conocía.
Por un lado era apuesto.
Mucho.
Demasiado realmente. Y no es que los otros vampiros no fuesen apuestos, era que éste en particular era hermoso en una forma humana y natural que no hacía que los ojos de Bella o de cualquiera se cegasen ante tanta perfección. Su piel aunque era blanca no tenía ese aspecto pálido y casi mortecino. Y sus ojos, sus ojos azules eran preciosos. Nada de borgoña, nada de negro, nada de dorado. Azules, tan azules como el cielo que ella no podía ver porque vivía en Forks, Washington.
"¿Qué haces aquí?" preguntó sin levantarse. Bella enarcó una ceja. A pesar de él evocaba en ella una sensación de ansiedad y ligero pánico, Bella sabía que debía permanecer tranquila. O al menos lucir como si encontrarse con vampiros en las carreteras en medio de la noche era regular en ella. Cosa que al parecer lo era.
Lo que realmente la estaba preocupando en ese momento eran dos preguntas: ¿Estaba acechándola? ¿Cómo sabía que vivía ahí?
"¿Qué haces tú aquí?"
"Estoy tomando una siesta en la mitad de la calle, creo que eso era obvio."
¿Obvio? Habían muchas cosas en el mundo que eran obvias pero Bella no recordaba que entre la lista de tales cosas estuviese que cuando alguien viera a un vampiro acostado en la calle aquello significaba que dicho vampiro estaba 'tomando una siesta'.
"Por supuesto, es más que obvio."
Hubo un momento de silencio que ella dedico a pensar en mil formas como aquella situación podía ser un desastre.
"Esto debe dejar de ser una costumbre," comentó causal, "tú corres hacia mí, yo corro hacia ti, somos como una catástrofe a punto de ocurrir."
"Esa puede ser la cosa más inteligente que ha salido de tu boca desde que te conocí," sonrió dejándole ver sus dientes. Nada de colmillos, solo unos dientes blancos y pequeños.
"Pensé que el 'yo no voy a matarte', era lo más inteligente que había dicho, pequeña."
"Bueno, eso también," si para ella le resultaba un poco extraño e incómodo estarle hablando mientras él seguía acostado, él parecía estar más que a gusto, "es un poco aterrador que estés tendido en la mitad de la carretera durante la noche, en medio de ningún lado."
"No es ningún lado." Se puso en pie con lentitud y casi prefirió que se mantuviese acostado y siguieran hablando. Su figura era muy imponente como para ser ignorada.
"¿Me estás acosando?"
"¿Lo estoy haciendo?" su sonrisa fue burlona y enarcó una ceja.
"Estás a pocos metros de mi casa, disculpa si estoy un poco nerviosa aquí ante la idea que puedes estar acosándome."
Ladeó su cabeza y dejó la burla a un lado.
"¿Quieres la verdad?"
A Bella le tomó un minuto antes de asentir. Usualmente era amante de la verdad pero su mundo estaba suficientemente de cabeza. Por otro lado la verdad siempre era buena, incluso si no era lo que se estaba esperando oír.
"Tengo curiosidad por ti y tus múltiples secretos," se encogió de hombros, "eso no implica que te esté acosando," respondió volviendo a su rostro la sonrisa, "además estaba buscando un lugar donde quedarme, y ¡oh, qué casualidad! Tú tienes un cuarto disponible."
A Bella no le gustaba por dónde se estaba yendo la conversación, nuevamente. Con él al parecer las conversaciones tomaban un giro inesperado. Caminó dos pasos más. Se estaban metiendo a un terreno peligroso y ella no era experta en esa clase de terrenos.
"La carretera suena como un lugar agradable donde dormir," comentó. La sonrisa del vampiro se amplió.
"Lo es, pero no tan agradable como dormir en una cama bajo un techo… Entonces, ¿qué dices?"
"¿Hablas enserio?" él asintió.
"No espero sacar a relucir que te salvé la vida y como que me debes una," se acercó aún más, "pero… te salvé la vida pequeña humana, ¿puedes pagar esa deuda dejándome quedar en tu casa?"
"¿Un vampiro misterioso y peligroso del cuál no sé ni el nombre quiere quedarse en mi casa?"
"¿No suena divertido?"
"Aterrador y suicida, diría yo."
"Damon Salvatore."
"¿Ah?" el vampiro acortó la distancia entre ambos y de pronto Bella se sintió mareada ante su mirada azul profunda y su rostro que era una combinación perfecta entre seria y divertida. Algo intermedio a lo que ella no podía darle nombre.
"Mi nombre es Damon Salvatore. ¿Lo ves? Ahora ya no soy un completo extraño, piccola."
"¿Piccola?" Bella no era buena sacando los acentos y los idiomas pero aquello no era francés ni español y eso era por lo menos algo.
"Tu nombre," exigió.
"¿No deberías saberlo ya, no eres un acosador en potencia o algo así?"
"¿Cómo te llamas?" preguntó y esta vez lo hizo más suave lo que la sorprendió. Soltando un suspiro se lo dijo:
"Bella Swan."
"Ahora, Bella," la forma como acarició su nombre y lo hizo sonar extranjero, envió una corriente placentera por todo su cuerpo "¿puedo quedarme o no en tu casa?"
Le dio una larga mirada y si ella decía que lo estaba meditando profundamente, sopesando los pro y los contra y haciendo estadística mental de las formas como eso podía resultar realmente malo… bueno, ella estaría mintiendo. Porque Bella había tomado decisiones realmente estúpidas durante su vida, en especial en el último año, pero estaba segura que esa superaría a todas en una escala del uno al infinito.
Y realmente se cuestionó su amor por la vida o su reciente descubrimiento de apreciación por ella porque no tuvo que pensar la pregunta más de dos veces. Quizás una parte de ella quería morir después de todo. Sí, en definitiva era eso. Pero entonces la idea de que había una fuerza más grande que ella que parecía estar moviendo los hilos de su vida en ese momento y tomando decisiones por ella era demasiado real en ese momento porque en condiciones normales ella diría que no, sin embargo, ¿cuál sería la diferencia? Él ya sabía dónde vivía, probablemente había averiguado casi todo sobre ella, matarla sería sencillo y no le tomaría tanto tiempo, por lo que su respuesta no la sorprendió.
"Está bien Damon Salvatore, puedes quedarte en mi casa."
Al instante él sonrió, y ella supo… supo que estaba en problemas.
Sofía.
