Bien, técnicamente acá es lunes y yo decidí que tengo que hacer tiempo para ir a dar un examen en una horas... y ya que Ritchan quiere leer aprovecho de subirlo, para ti que fuiste la primera review :3
Ok, un par de datos anexos que mis gastadas neuronas recuerdan... La moto de Fate es una Harley Road King Classic, véanla, imaginen a Fate en ella y babeen -w- (si me da el atacaso artístico podría hacer una pic de eso... O si alguien más se ofrece~). Ehm, segundo, el video que mencioné antes es de la canción "Quien te quiere como yo" (lol qué azucarado) y... creo que eso es todo.
No está revisado y en gran parte no fue hecho en los mejores estados de la materia, si hay algún error o algo que necesite ser corregido puedo arreglarlo y re-subirlo luego. Muchas gracias por leer y espero que les guste~
Stirring of the Wind
-I-
~O~~O~~O~
La viajera que había llegado al pueblo, rápidamente se convirtió en toda una sensación, de por sí cualquier extraño que apareciera atraía las miradas de la gente, pero esta chica llama mucho la atención; rubia, alta, color de ojos exótico y atrayente, sonrisa deslumbrante y voz encantadora.
Desde la primera noche en que Shiro Takamachi, el amable hombre que la había ayudado, la llevó a su taberna como la nueva ayudante, todos los hombres, borrachines o no, inmediatamente comenzaron a lisonjearle —algunos llevándose reprimendas de sus señoras o avisos de Shiro—.
Fate sólo sonreía, se sentía muy bien en ese lugar con la cálida acogida. Shiro no sólo se había ofrecido a repararle la moto, sino que le dio un trabajo en su taberna —la única del pueblo— para que pudiera pagarle los repuestos y una de las habitaciones del segundo piso que hacían de hostal. Los demás residentes eran también amables con ella, las señoras no perdían oportunidad para abordarla y hacerle preguntas sobre sus viajes —cosa que siempre terminaba en alguna frase del tipo "que bueno es ser joven"—, los señores la adulaban pero siempre con respeto —aunque no faltaba el que pedía matrimonio— y para los niños la extranjera era como un enorme libro de historias inagotables.
Así se pasaba los días, tranquilamente. En la mañana tomaba desayuno en la cafetería-pastelería de los Takamachi, que estaba justo al lado de la taberna y era reconocida por sus delicias, luego salía a caminar y no le faltaba compañía; alguna señora que le pedía ayuda con sus bolsas o una tarea hogareña —ya que se corrió el rumor de que la chica era bastante habilidosa—, algún joven que trataba de dárselas de galán o un grupo de chicas que querían saber más de ella; por las tardes jugaba con algunos niños o ayudaba a Shiro en el taller —el hombre no sólo reparaba autos, pero tenía una tendencia por destruir las cosas primero para luego rehacerlas— y en las noches trabajaba en la taberna.
Aunque todos se portaran muy bien con ella, había alguien en especial que llamaba su atención… Le bastó levantar la vista de uno de los pequeños que jalaba su ropa hablándole animadamente de la lagartija que encontraron, para encontrarse con su mirada. Ahí, tras el ventanal de la cafetería, estaba ella sonriéndole. Esa chica, la hija de Shiro. Alcanzó a sonreírle de vuelta antes de que se apresurara a entrar en la cocina.
—Por Dios, hija, últimamente estás en las nubes —reprochó la mujer una vez que la cobriza llegara para ayudarle con el pan para las ventas de la tarde.
—Disculpa, mamá —se excusó ligeramente avergonzada.
No estaba avergonzada porque le tardara tres llamados a su madre lograr captar su atención, sino que la razón por la cual no la había escuchado; la viajera. Otra vez se había encontrado mirándola jugar con los niños… Se había vuelto muy popular en poco tiempo y es que rápidamente se ganó fama de ser una joven gentil, servicial y de muy buenas maneras.
Y la intrigaba.
Desde la primera vez que sus miradas se cruzaron, había sentido deseos de conocerla, de ser amigas. Algo tenían sus ojos que la atraían a querer saber más de ella, al principio no sabía por qué, pero no tardó en descubrir que la chica era realmente interesante y dejó de pensar en la extraña atracción que la había dejado sin aliento cuando la vio.
Una sonrisa se formó en sus labios mientras enharinaba el mesón para pasar la masa del cuenco.
Estaba muy entusiasmada de que la rubia tuviera su edad, porque en el pueblo no había mucha gente joven y por ende eran pocos sus amigos.
Secretamente daba gracias de que su padre fuera la razón de que la viajera hubiera llegado al pueblo, ya que eso, de alguna manera, la unía a ella. La rubia prácticamente dormía bajo el mismo techo, puesto que la cafetería, la taberna, el hostal y la residencia Takamachi propiamente tal, eran parte de una misma casona vieja divida para montar los negocios que sostenían a la familia, y aunque ese fuera el caso y estuvieran así de cerca casi no se veían. Nanoha pasaba todo el día ayudando en la cafetería desde muy temprano y Fate trabajaba por las noches, por ende en esos ratos no podía hacer más que mirarla, admirarla…
Tras fruncir ligeramente el ceño, volvió a sonreír animadamente, mientras continuaba extendiendo, doblando y retorciendo la pasta con un movimiento rítmico y regular, abstraída en su corriente de pensamientos.
Rememoró la primera noche, un recuerdo nítido que estaba segura jamás se borraría. Al principio Shiro sólo tenía pensado que Fate la ayudara a atender a los clientes, pero una vez que la rocola dejó de funcionar y esto causó disturbios por parte de los presentes, la extranjera tomó un banco, su guitarra y se puso a cantar, llenando el lugar de una hermosa melodía que dejó a todos en silencio hasta que terminara la canción. Nanoha, que había ido a conocer a la extraña que la cautivó esa tarde, se la encontró así, sentada en un banco alto, con una pierna flexionada para sostener el instrumento, en un rincón de la barra cerca de la rocola, con todos los ojos y oídos puestos en ella mientras reproducía esa preciosa armonía. Desde ese momento quedó fascinada, con su bella voz, su expresión tranquila cantando con los ojos cerrados, su sonrisa suave… y toda su presencia. Algo tenía, no sabía qué, pero era hipnotizante…
Dejó de amasar la pasta que ya se estaba notando suave al tacto y se perdió en algún punto fijo, con expresión ida. Esa chica… algo tenía, todavía se sentía hipnotizada de sólo pensar en ella… Le llegó un certero trocito de masa al costado del rostro, sacándola de su cavilación, para encontrarse con la severa mirada de su madre que le decía que continuara con su labor. Riendo apenada, así lo hizo.
Aparentemente ella no era la única que pensaba así porque apenas terminó la canción el imprevisto público estalló en vítores, haciéndole recordar que no estaban solas en ese lugar… y que ella todavía seguía en la entrada, pescando frío.
Luego de esa primera —perfecta— interpretación, Fate se convirtió en la nueva atracción del lugar, inmediatamente le pidieron más canciones y ella aceptó gustosa, si querían una en especial y ella la conocía la interpretaba sin problemas, pasando así de la balada más melancólica hasta la tonada más animada, para gozo de todos.
Al día siguiente el público se duplicó y cada día que pasaba asistían más personas, incluso en las primeras horas de apertura se veían a familias que iban a escucharla. A Nanoha nunca le gustó la cantina, iba rara vez y no se quedaba mucho tiempo, pero desde que la viajera llegó, ella estaba desde que se abría hasta que su cuerpo le decía que si no se iba a la cama no sería capaz de levantarse a primera hora para ayudar con la elaboración de los pasteles del día.
Estaba simplemente maravillada, cada nueva pequeña cosa que descubría de la extraña le encantaba, Fate era como todo un mundo por conocer y aunque a muchos lo que les importaba era las experiencias que había vivido, a Nanoha le interesaba la persona, quién era esa misteriosa chica de hermosos ojos y bella voz. Y es aquí donde daba gracias de que su padre la hubiera tomado como parte de la familia y la hiciera compartir las comidas y otros momentos familiares, dándole la oportunidad de conocer más de ella, en vista que las instancias que tenían para estar a solas eran casi un lujo.
Revisó su atuendo por enésima vez. Esa noche, como las demás, Fate cenaría con ellos. No es que quisiera impresionarla, pero la rubia, a pesar de andar con poco equipaje, siempre, siempre se veía bien y era una chica de mundo, por lo que ella… De acuerdo, tal vez sí quería impresionarla un poco o al menos no quería ¿parecerle una pueblerina aburrida? Bueno, tampoco se trataba de llamar la atención pretendiendo, solo quería verse bien… para que Fate no perdiera el interés… como amiga… ¿Siempre había pensado tanto a la hora de hacer amigos?
—¡Nanoha, la comida está lista! —llamó su madre sacándola de sus pensamientos.
—¡Voy!
Volteó a verse una vez más en el espejo, se acomodó apresuradamente el flequillo y corrió hacia la mesa. Al llegar se detuvo en seco al percatarse de la cantidad de platos dispuestos. Uno, dos, tres, cuatro…
—¿Sólo 5 puestos? —se cuestionó frunciendo el ceño—. Papá, ¿dónde está Fate-chan?
—No vendrá hoy —respondió el hombre sentándose en la cabecera—. Cenará en casa de los Harlaown.
—Ah… —Hizo una mueca, la decepción evidente.
—Hija, ¿no piensas sentarte? —dijo su madre sirviendo el último pocillo de arroz. Sólo entonces Nanoha se dio cuenta de que ya todos estaban listos para comer.
—¿Por qué en casa de los Harlaown? —No pudo evitar preguntar.
—Lindy la invitó –Kyoya, pásame eso por favor-, vieras lo encariñada que está —comentó su padre.
—¿Así que de verdad piensa emparejarla con Chrono? —inquirió Momoko con una sonrisa.
—Eso parece —afirmó su esposo llevándose un trozo de carne a la boca.
—¿Emparejarla… con Chrono-kun? —La voz de Nanoha salió casi sin ella ser consciente, sus palillos todavía suspendidos en el aire con una porción de arroz.
—Claro, quiere tenerla en la familia —informó Shiro—. ¿Pero quién no querría? —exclamó alzando la mano que tenía los palillos.
Momoko ocultó una risita, no era secreto el cariño que su esposo le había tomado a la viajera, siempre llegaba comentando lo rápido que aprendía la muchacha en el taller, lo aplicada que era para el oficio o de uno de los tragos nuevos que la rubia le enseñara a preparar que hubiera aprendido en uno de sus viajes.
—Kyoya, tú deberías ponerte en campaña —apuntó seriamente con los palillos a su hijo.
—¡¿Yo? —El joven casi se atragantó. Miyuki soltó una carcajada—. ¡Pero es mucho más joven que yo!
—¡Eso no importa! No me puedes negar que es un excelente partido.
—Bueno, no, pero…
—Onii-chan no puede —Se oyó nuevamente la voz de la menor, firme. Al darse cuenta de lo mortalmente seria que había sonado y cómo la miraban, carraspeó y agregó—: Él tiene a Shinobu-san.
Miyuki volvió a reír con fuerza, haciendo sonrojar más a su hermano. Su madre también parecía divertida por la situación, pero su padre frunció ligeramente el ceño, contemplativo.
—No creo que una relación de verano cuente como tener algo…
—P-pero a Onii-chan le gusta, así que no se puede —rebatió con terquedad.
—¡Nanoha! ¿No cuenta mi opinión en esto? —se preguntó el chico mirando a su padre y hermana alternativamente.
—Además, Fate-chan es… —prosiguió la chica sin tomarle importancia a su hermano, pero se detuvo y bajó la mirada—. Fate-chan es… como un espíritu libre ¿no es así? ¿De verdad aceptaría quedarse aquí por algo como eso?
Se hizo el silencio. Shiro se acomodó en su silla, pensativo. En el poco tiempo que había conocido a la joven, ella había dejado en claro que no era de permanecer mucho tiempo en un lugar, incluso aunque había reconocido a veces extrañar su hogar, eso no la detenía de seguir viajando. "Soy una nómada", había dicho.
—¿Cuánto tiempo más crees que se quede? —preguntó Nanoha mirando a su padre.
—No me ha dicho. Aunque ya le comenté que llegaron las piezas de repuesto y su moto estará lista pronto.
Nanoha fijó la vista en su plato y se llevó los palillos a la boca. El resto de la comida transcurrió en silencio, al menos para la cobriza que ya no prestaba atención a lo que su familia decía, lo último que había alcanzado a oír fue algo sobre el poder de convencimiento de Lindy y si eso podría tener efecto, aunque lo dudaban.
~O~~O~~O~
Unos días después, Nanoha enfilaba alegremente hacia el taller de su padre, donde esperaba encontrar a Fate. Había pedido el día libre en la cafetería para poder salir a pasear con la rubia, su madre tuvo que ceder a sus ruegos, no porque la cara de borreguito funcionara —que hace años había dejado de tener efecto—, sino porque sabía lo importante que era para su hija el aprovechar el tiempo con su nueva amiga.
Al llegar, inmediatamente distinguió una melena rubia debajo de la vieja camioneta de su padre —de verdad que no se aburrían de trabajar en esa cosa, pensó— y una sonrisa radiante se formó en su rostro, acelerando el paso.
—¡Fate-chan~!
La extranjera deslizó el carrito para salir de debajo del vehículo y se incorporó esbozando una sonrisa a la recién llegada.
Nanoha detuvo su avance y tragó pesado. A pesar de estar sucia y con el cabello desordenado, Fate lucía… ¿Cuál era la palabra que estaba buscando? Llevaba unos jeans ajustados y un top negro que dejaba al descubierto su bien torneado estómago, incluso las manchas de aceite y sudor contribuían a su apariencia… Sexy, sí, no había otra palabra que pudiera definirlo mejor.
—¿Nanoha? ¿Sucede algo?
La aludida se encontró con los ojos borgoña y recién entonces se dio cuenta que había estado contemplando a la rubia de pies a cabeza. Sacudió la cabeza para organizar sus ideas.
—Venía a invitarte a dar un paseo —informó sonriente.
—¿A pasear? ¿Dónde quieres ir? —cuestionó quitándose los guantes para tratar de arreglarse el cabello, atado en una coleta baja.
—¡Un picnic! —exclamó entusiasmada—. ¿Te parece?
Fate sonrió divertida, la cobriza la miraba con esa carita suplicante y la cabeza ligeramente ladeada, era realmente imposible resistirse. Y no es como si quisiera tampoco.
—Claro, deja que me duche y arregle un poco y salimos.
—¡Genial! —festejó juntando las manos—. Iré a preparar las cosas mientras.
—De acuerdo, paso por ti en media hora, ¿vale? —sonrió.
—¡Te espero! —dijo corriendo de regreso.
~O~~O~~O~
Media hora más tarde, Nanoha se encontraba terminando de acomodar los sándwiches que había hecho en una canasta, tarareando felizmente. Últimamente lo hacía mucho, las canciones que Fate interpretaba se le quedaban pegadas una facilidad increíble.
Escuchó unos golpes en la puerta que la hicieron sonreír de inmediato, acomodó rápidamente el mantel en la canasta, la cerró y corrió a abrir.
Por segunda vez en el día, la joven Takamachi quedó anonadada por la apariencia de la rubia; Fate la esperaba apoyada en su imponente motocicleta, con unos pantalones negros muy ajustados, botas, una chaqueta de cuero negra a medio cerrar sobre su camiseta amarilla y un casco en las manos, sonriéndole. Parecía una de esas modelos de catálogos. No le quitó el ojo de encima ni un segundo mientras la joven se le acercaba.
—Creo que este te quedará bien —dijo tendiéndole el casco y tomando la canasta—, si no es así vi algunos en el taller.
Nanoha pestañeó un par de veces e inmediatamente palideció.
—Espera… no querrás decir que iremos en… eso ¿o si? —señaló la moto, nerviosa.
—Pues sí, me gustaría que conocieras a Bardiche, ahora que está recuperado —sonrió con orgullo.
No había nada que pudiera decir ante esa sonrisa y mirada, prácticamente le estaba diciendo que quería mostrarle algo importante para ella y eso la dejó sin palabras, ¿cómo protestar? Se quedó ahí, inmóvil, mientras Fate ataba la cesta a la parte trasera con una cuerda elástica. Acto seguido se giró para mirarla.
—¿Lista?
—Fate-chan… no estoy tan segura si… No sé si sea buena idea…
—¿Tienes miedo? —cuestionó divertida ante la cara turbada de la chica.
—¿Miedo? ¡No! —exclamó, no quería que pensara que era una cobarde—. No, claro que no, es sólo que… nunca lo he hecho y… Un poco de nervios, sí.
La rubia se quedó mirando el cielo con expresión pensativa. Nanoha aferró con fuerza el casco entre sus manos, quería hacerlo, de verdad que quería complacer a Fate, pero no podía evitar sentirse insegura, con suerte salía del pueblo y si lo hacía era a caballo…
—De 12 a 14 por minuto… —escuchó que decía la rubia, todavía con la vista perdida en una nube.
—¿Eh?
—La frecuencia respiratoria de una persona promedio; de 12 a 14 respiraciones por minuto —informó sonriéndole cálidamente.
Nanoha se perdió en esa intensa mirada y la cálida sonrisa, trató de encontrarle el significado a las palabras, pero no estaba pensando claramente, Fate de verdad era capaz de hechizar mirando fijamente a alguien… No movió un solo músculo mientras ella se acercaba.
—Pero, ¿sabes? —Fate estaba demasiado cerca, tanto, que se encontró mirando únicamente sus labios moverse— La vida no se mide por las veces que respiras —acercó sus labios al oído de la cobriza y susurró—: sino por los momentos que te dejan sin aliento.
El aliento de Fate acariciando su lóbulo le había ocasionado un estremecimiento y tuvo que tragar copiosamente para lubricar la garganta que repentinamente se le había secado.
—¿Te animas? —le tendió una mano y Nanoha la tomó antes de darse cuenta de lo que hacía, no le quedó más que asentir lentamente.
Se aproximaron a la moto y Fate ayudó a Nanoha a ponerse el casco, para luego hacer lo propio. Le indicó que se sentara atrás y con un único y ágil movimiento se montó para encender la moto. Esperó unos segundos a que el motor se calentara, mientras la cobriza pudo sentir la leve vibración en el asiento. Casi sin querer, posó sus manos en la cintura de la rubia, sintiendo una inevitable emoción apoderarse de ella, todavía estaba nerviosa, pero el saber que iría con Fate era suficiente para calmarla y dejarse llevar a la aventura.
—Sujétate fuerte —dijo Fate, ladeando la cabeza.
Nanoha pudo intuir una sonrisa e hizo lo que le indicaba, abrazándose al vientre de la joven. Fate empezó a conducir con suavidad y al poco que dejaran el pueblo, aumentó la velocidad, haciendo que Nanoha se aferrara con más firmeza.
Estaba tan concentrada en el tacto que ya no se sentía nerviosa… o sí, pero no por el viaje, sino por estar así, abrazada a Fate —aunque no sabía por qué eso la ponía nerviosa—. A pesar de la ropa, podía sentir a la perfección el bien formado cuerpo de la extranjera, torneado y musculoso, pero con curvas muy femeninas, también esos pantalones dejaban ver lo fuertes que lucían sus piernas, excesivamente largas y con amplios muslos… Sacudió la cabeza, ¿por qué de pronto estaba pensando en el cuerpo de la chica? No es que tuviera algo de malo, no la estaba criticándola o algo así —más bien todo lo contrario—, pero… Mejor pensar en otra cosa.
—¿Qué decías? —preguntó Fate, volteando ligeramente.
—¿Ah?
—¿Decías algo sobre pensar en otra cosa?
Nanoha se sonrojó, agradeciendo tener el casco para cubrirlo, no había sido consciente de expresarse en voz alta. Reafirmó el agarre en Fate y dijo:
—S-sólo decía que te concentraras en el camino, no vayas a estar pensado otra cosa que te distraiga —logró cubrir—. No quiero sufrir un accidente.
—Tranquila, no pasará nada —volvió la vista al frente—. No me gustan los accidentes.
—¿Has tenido uno alguna vez?
—Unas cuantas veces —reconoció, para alteración de la otra—. Algunas con estadía en el hospital.
—¿No pensaste que sería buena idea comentarlo? —preguntó casi sin voz.
—No quería asustarte —ladeó la cabeza—. Tranquila, de verdad, eso fue antes, cuando era una chiquilla temeraria que recién aprendía a conducir. Además no dejaría que te pase algo.
—B-bien, pero no apartes la vista del camino y no vayas más rápido.
—¿Quieres que vaya más rápido?
—¡No!
—Tampoco quiero —volteó, mostrándole nuevamente su espalda—. Quiero disfrutar del paseo.
Nanoha se relajó notablemente ante la suavidad en la voz de Fate, toda ella era tranquilidad e intriga al mismo tiempo. Se sentía realmente segura cerca suyo, así que se recostó sobre su espalda y cerró los ojos para dejarse llevar, sintiendo el viento golpeando contra sus cuerpos.
En ese momento, estando ahí, apegada a la espalda de Fate, fue capaz de comprender por qué a la joven le gustaba tanto eso. La sensación de libertad, la paz que les entregaba la ruta, las ansias de saber qué esperaría por delante pero sin prisa por llegar… Supo entonces que ella también se había encantado con la sensación, mas no dejaba de preguntarse si el calorcillo que sentía sería producto de la emoción o algo más…
~O~~O~~O~
Fate conducía, mientras Nanoha le daba indicaciones, diciendo que conocía un buen lugar. Atravesaron por el camino de una sola vía internado en el bosque y pronto salieron a la carretera. De a poco, la cobriza logró cogerle costumbre al transporte e inclinarse al lado correspondiente cuando tomaban una curva. Minutos más tarde se encontraban pasando por una zona da grandes casas y mansiones, de diversos estilos, cercanas a la costa.
La rubia se sorprendió y aminoró la marcha para poder apreciar más el espectáculo, los terrenos eran inmensos y las construcciones hermosas, hacia un lado se podía ver el lago, hacia el otro; casas en las alturas. Nanoha le indicó que se metiera por un camino que subía una colina hacia una imponente mansión estilo victoriana, algo reluctante le hizo caso.
—No te preocupes, es la casa de una amiga —dijo Nanoha al intuir su preocupación.
Con eso dicho, Fate enfiló el camino a mayor velocidad, haciendo que Nanoha se aferrara con más fuerza a ella. Al llegar arriba, la cobriza se levantó la visera del casco y saludó alegremente a un señor que estaba podando las rosas que rodeaban la casa. El hombre sonrió inclinando la cabeza cordialmente. Fate estacionó la moto en una esquina como le señalaron y se apresuró a desatar la cesta para seguir a Nanoha que prácticamente avanzaba a brincos indicándole que la siguiera, sonrió y así lo hizo.
Nanoha se detuvo en un gran roble, se acercó para quitarle la canasta, sacó la manta y la extendió en el suelo, invitándola a sentarse. Cuando ambas estuvieron cómodas, empezó a sacar la comida.
—Es un lugar maravilloso, ¿no te parece? —comentó con una sonrisa radiante extendiéndole un sándwich—. A Suzuka-chan le encantan las flores y en este lugar se dan flores silvestres muy lindas, ahora no hay tantas porque la primavera recién empieza, pero en unas semanas más estará rebosante de colores. Además se alcanza a ver el lago de fondo.
Fate sonrió ante el entusiasmo de la otra y aceptó el vaso que le ofrecía, para que le pudiera servir té helado del termo. Definitivamente ese paseo había sido una gran idea, ambas lo estaban disfrutando y recién comenzaba.
Hicieron un brindis y empezaron a comer mientras comentaban sobre el lugar.
La conversación fluía natural y fácil, hasta que en un momento Fate la miró y trató de disimular una risa, Nanoha la miró interrogante y por toda respuesta Fate le acercó su mano derecha al rostro, la tomó del mentón y con el pulgar removió cuidadosamente unas migas que le habían quedado cerca de la comisura de los labios. Un profundo sonrojo se hizo visible en las mejillas de la joven que después de eso no fue capaz de seguir hablando con normalidad, de pronto se sentía increíblemente avergonzada y con su corazón latiendo arrítmicamente.
Por fortuna, la viajera no pareció notarlo —acostumbrada al silencio—, tomándolo como un indicio de que quería disfrutar tranquilamente del paisaje. Nanoha, por su parte, no se encontraba capaz de mirar a Fate —ni apartar la vista de ella—, refugiándose en su comida, con la cabeza gacha, de vez en cuando miraba a la rubia de reojo, preguntándose cómo ese gesto pudo cambiar súbitamente el ambiente,… al menos para ella, que se sentía tensa.
Pasaron los minutos calmadamente, el silencio sólo interrumpido por algunas aves o el viento meciendo las hojas del roble y hierba alta. Sin embargo, al llegar a los pastelillos de chocolate con relleno de crema, Fate no pudo contener una exclamación de placer.
—Mmm~ ¡Nanoha, esto está delicioso! —la miró con una sonrisa bailándole en los ojos—. ¿Los hiciste tú?
—S-sí… ¿De verdad te gustaron? —preguntó cohibida.
—¡Por supuesto! ¡Podría comerlos todo el día! —le dio una gran mordida al que tenía en la mano para probar su punto.
Nanoha sonrió tímidamente, dándose cuenta de que había estado esperando que Fate comentara sobre su comida y el que la opinión fuera tan positiva la dejaba con una extraña sensación en el estómago que se concentró en ignorar para poder agradecerle complacida.
—Entonces puedes quedártelos todos —dijo acercándole la fuente.
—¿En serio?
—Claro —contestó, conteniendo una risilla ante los ojos brillantes de su acompañante—. Después de todo, los hice… para ti —finalizó con voz más suave, sonrojándose sin saber por qué.
—¡Gracias!
Fate no se hizo esperar y se terminó de un bocado el que tenía en la mano para ir en busca de otro, pero se detuvo y Nanoha la observó curiosa al verla incorporarse para llevarse una mano al bolsillo de la chaqueta.
—Eso me recuerda… que te tengo algo —comentó trajinando su bolsillo ante la atenta mirada de la cobriza—. Cierra los ojos —pidió al encontrar lo que buscaba.
Nanoha alzó una ceja confundida, pero al ver que la rubia no le mostraría lo que tenía si no accedía, hizo lo comandado. Fate sonrió y le tomó una mano, haciendo que la cobriza pegara un respingo y casi abriera los ojos.
—Sin hacer trampa —regañó suavemente, para que los mantuviera cerrados.
La chica tragó pesado y apretó los párpados con fuerza, para evitar que se separaran sin su consentimiento cuando sintió las yemas de los dedos de Fate deslizarse por su palma. Nanoha se sentía más nerviosa de lo que recordaba haberlo estado nunca, por una parte, combatiendo el impulso de retirar la mano, puesto que los toques suaves y delicados de la rubia le estaban haciendo cosquillas —unas cosquillas que curiosamente se extendían por todo su cuerpo— y por otra parte deseando que siguiera haciéndolo, porque lo estaba disfrutando…
—Ya puedes abrirlos —dijo, para su decepción, soltando su mano.
Separó los párpados lentamente, pestañando un par de veces para enfocarse, sin querer se había dejado llevar por la sensación de las caricias de Fate. Y tan absorta había estado en ello, que no se percató de qué fue lo que hizo la rubia.
—¿Qué es esto? —preguntó al ver la pulsera que tenía atada en la muñeca.
—Un regalo —contestó simplemente, con una sonrisa—. Durante mi viaje aprendí a hacer artesanías para ganar algo de dinero con ellas y pensé que podía hacerte una. ¿Te gusta?
—Está muy bonita… —dijo como ida, acariciándola con la otra mano—. Gracias, Fate-chan —sonrió cálidamente—, pero yo no tengo nada que darte…
—Tú amistad es más que suficiente —le sonrió con ternura ante su expresión turbada—. Además cada noche me llevas deliciosas galletas al bar.
Nanoha sonrió con timidez y sus mejillas se tiñeron de rosa cuando Fate le guiñó un ojo. De verdad que no entendía qué le estaba pasando.
—A mí también me alegra tenerte como amiga, Fate-chan —reconoció con mirada brillante—. Ahora mismo eres la única amiga que tengo cerca.
Nanoha le contó sobre sus otras amigas: Arisa y Suzuka, dos niñas ricas que tenían esas mansiones como casa de playa y pasaban ahí las vacaciones, el terreno donde se encontraban ahora pertenecía a los Tsukimura, la familia de Suzuka. Se conocían hace años y se llevaban muy bien, y a pesar de verse solo unos cuantos meses cada vez, eran las mejores amigas. Aunque admitió que el resto del año se sentía un poco sola, en el pueblo tenía a Chrono y Yuuno, pero no era lo mismo.
Charlaron animadamente, volviendo a recuperar el ambiente relajado del principio, o al menos así lo sentía Nanoha, que ya estaba notoriamente más calmada a pesar que esa extraña sensación en el pecho persistía.
Rato más tarde, se tiraron en la manta a observar las nubes pasar. Aunque Nanoha, más que apreciar las enormes masas que recordaban al algodón, tenía su atención puesta en Fate, quien miraba fijamente el cielo, haciendo trazos en el aire con una mano para señalar lo que veía.
La contemplaba con expresión ida, como si la hermosa joven acostada junto a ella se tratase de una ilusión. No entendía lo que le pasaba, se sentía bien al lado de la rubia, le encantaba tenerla cerca, pero al mismo tiempo se sentía… insegura, un nerviosismo inexplicable.
—Siempre hacía esto con mi hermana… —susurró la rubia.
Nanoha se sorprendió y pareció volver a la realidad con esas palabras, si no hubiera visto a Fate mover los labios no se hubiera dado cuenta que habló.
—¿Tienes una hermana? —Se atrevió a voltear por completo la cabeza, hasta entonces la había estado mirando de reojo.
—Sí, hermana gemela —aclaró—, Alicia —dijo sonriendo con melancolía.
—¿Cómo es ella? —Se interesó la otra, sentándose, al ver que Fate al fin quería hablar de su vida privada y no solo de sus experiencias.
—Ella es igual a mí… físicamente. —Soltó una risita, incorporándose—. Pero en personalidad es muy opuesta —fijó la vista en el cielo—. No es muy aventurera, es más bien hogareña. Le gusta viajar, pero siempre sabiendo que tiene una casa a la que volver. Es algo torpe y se esfuerza mucho en todo para tratar de compensarlo. A pesar de todo… somos muy cercanas y nos llevamos bien.
La pueblerina la escuchaba atentamente, ansiosa por oír más —y tratando de que no se le notara—, pues hasta entonces, cada vez que le había preguntado a la viajera por su familia, ella respondía con un escueto "Deben estar en casa, seguramente".
—Ella y mi mejor amiga, Hayate, fueron las únicas que me tomaron en serio cuando decidí irme… —Su voz y expresión se tornó nostálgica.
Hubo un pequeño silencio, que Nanoha respetó, pero no quería dejar pasar esta oportunidad, por lo que preguntó:
—¿Hace cuánto que no las ves?
—Estuve en casa hace unos meses,… medio año tal vez —respondió pensativa—. Ahí fue donde conseguí a Bardiche. Mi antigua moto ya no daba para más —le dijo con una sonrisa apenada.
—¿Por qué dices que fueron las únicas que te tomaron en serio?
—Bueno, un día dije que quería dar la vuelta al mundo, pero nadie creía que de verdad fuera a hacerlo… Menos Alicia y Hayate, ellas me conocen más que nadie y sabían que era una decisión tomada, sin vuelta atrás —dijo con orgullo por la confianza que esas chicas le tenían.
—¿Cómo lo planificaste? —Fate rió.
—No hubo planificación ni conocimientos. Tenía algo de dinero ahorrado y unas enormes ganas. Nada más. Un día, preparé un equipaje ligero, tomé mi guitarra y decidí que me iría.
—¿Sólo así? —preguntó sorprendida.
—Sólo así.
—Ya entiendo por qué no te creían… —soltó antes de poder evitarlo. La rubia rió de nuevo.
—Sí, la verdad suena un poco difícil… Hayate siempre decía que tengo "síndrome de Forest Gump" —recordó divertida—. Creo que por eso no hubo despedida. Sólo estaban Alicia, Hayate y mi perrita Arf. —Agachó la cabeza—. El día que me fui… lloraron… pero lo aceptaron.
—¿Y… tus padres? —preguntó dudosa, esperando no presionar.
—Mi madre estuvo ahí, pero no lloró, ni me deseó suerte… creo que ni siquiera me dijo adiós —sonrió de medio lado, con una sombra de tristeza que hizo que Nanoha se arrepintiera de preguntar—. Ese día estaba especialmente fría… Cuando regresé fue similar… Supongo que me odia por haberme ido…
Nanoha quiso negarlo, pero por alguna razón no pudo, después de todo ella no sabía nada de cómo se sentía su madre o incluso la misma Fate, sólo sabía que verla con esa expresión de profunda tristeza y culpabilidad era más de lo que podía soportar. Su cuerpo le pedía casi a gritos que la abrazara, mas no lo hizo, sólo agachó la cabeza igual que ella y tras un breve silencio, expresó una pregunta que tenía atravesada hace mucho.
—¿No los… extrañas? —En realidad se preguntaba si, de alguna manera, Fate no se arrepentía de su decisión o estilo de vida, pero creía saber la respuesta.
—…A veces —respondió con calma—. Al menos a Alicia, Hayate y Arf… Esa mañana… lloraron tanto que por un momento me pregunté qué derecho tenía de hacerlas sufrir así, pero me puse el casco y partí, sin mirar atrás…
La cobriza fijó su vista en el pasto y comenzó a jugar con una hierba, eso confirmaba lo que creía y la entristecía sobremanera.
—Debes pensar que soy una persona horrible… —dijo de pronto Fate, haciendo que alzara rápidamente la cabeza.
—No —se apresuró en responder—, no pienso que seas una persona horrible… solo… diferente.
—Es una forma sutil de ponerlo —comentó con una sonrisa un tanto forzada.
—Bueno, no soy quién para juzgar a nadie… Digo, yo no podría hacerlo, dejar así a mis seres queridos, pero… No te hace mala persona o algo así, no conozco tus razones…
—¿Razones?
—¿Para viajar…?
—Hmm realmente no sé si tenga una "razón" para ello, es como si… simplemente… hubiera nacido para hacerlo… —respondió, perdida en algún lugar del infinito.
—¿Un alma libre?
—¿Eh? —alzó una ceja divertida.
—Ehm es lo que dicen… —abundó, apenada, la cobriza.
—Jaja supongo que sí… Desde pequeña,… he querido a mucha gente, claro, pero no siento que alguna vez haya tenido realmente una "atadura".
—¿Nunca has estado en una relación? —cuestionó sin poder evitarlo.
—Bueno, tuve una relación (estable) una vez… Era una linda chica.
Nanoha abrió mucho los ojos, perpleja, y Fate le dio una media sonrisa.
—¿Sorprendida?
—Mucho… —reconoció—. N-no es que sea algo raro… —agregó apresuradamente—. Bueno, acá es extraño… ¡Pero! —volvió a interrumpirse, completamente avergonzada—. No es que esté mal, quiero decir… —Cada vez hablaba más bajito, con la cara más roja.
—Tranquila, entiendo. Pueblo pequeño —La tranquilizó con una sonrisa.
—Lo siento… —murmuró apenada y carraspeó—. Continúa por favor.
Nanoha fijó su mirada en la manta, analizando su estampado de cuadrículas como si fuera lo más interesante del mundo, para intentar recomponer los latidos de su corazón, que había empezado a, inexplicablemente, tamborilearle el pecho con fuerza cuando Fate mencionó haber estado en una relación con una chica.
—Ella era linda y la pasábamos bien —escuchó que decía—, pero un día me di cuenta… —dijo cerrando los ojos, disfrutando de la caricia del viento en su rostro—… que extrañaba esto.
—¿Qué? —cuestionó confundida, atreviéndose a mirarla.
Corría una suave brisa que mecía apaciblemente sus cabellos, Fate lo dejó jugar con sus mechones más rebeldes un momento, para después abrir los ojos y sonreírle.
—El viento —contestó con suavidad, casi en un murmullo, dejando que las palabras fueran arrastradas por la corriente.
La cobriza se quedó mirando hipnotizada a la viajera. Por alguna razón, esa simple imagen le resultaba extraordinaria… En el poco tiempo que conocía a Fate se había dado cuenta que era de sonrisa fácil, pero no le había visto ese tipo de sonrisa hasta entonces, de hecho; no había visto una sonrisa así nunca. Sonreía con cariño, con pasión y aunque la dirigía a ella, sabía que no era ella quien producía esas emociones, los ojos de Fate se lo decían, ese brillo especial que tenían ahora destellaba con intensidad, expresaban lo mismo que su sonrisa y al mismo tiempo… una libertad indiscutible. En ese preciso momento, la rubia le recordaba a uno de esos seres mágicos que están hechos para admirarse, pero que si intentas acercarte se alejarán o desaparecerán al instante…
Nanoha le devolvió la sonrisa, desde lo más profundo, y sus ojos brillando con igual intensidad. Sin embargo, la sonrisa era una triste, una sonrisa de aceptación, y el brillo… se debía al ardor que sentía. Apartó la vista cuando creyó que ya no podría soportar más sin derramar alguna caprichosa lágrima. Fate la miraba, sí, pero su mirada no estaba puesta en ella, sino en un muy lejano lugar… En el mundo que tanto ansiaba conocer.
Ya lo sabía, ya lo había confirmado cuando Fate le dijo que se había ido de su hogar sin mirar atrás; su partida era un hecho. Y aunque no paraba de repetirse que lo sabía, no podía evitar sentirse desolada por pensar que su tiempo juntas tenía fecha límite.
Suspiró, intentando convencerse de que lo importante era aprovechar esos momentos, para atesorarlos después —tal como sabía que Fate lo hacía—, sin pensar en que tendría un final.
Recuperando un poco su estabilidad, pudo sentir la mirada de Fate puesta en ella. Dubitativa, volteó para encararla y descubrió que sí, esta vez la rubia la miraba a ella, fija e intensamente. Su corazón dio un brinco y sintió que algo se le atravesaba en la garganta —instantes luego descubriría que fue respiración contenida—. Nanoha estaba perdida, literalmente, en esos profundos ojos borgoña, ya no recordaba dónde estaban, ni qué hacían o de qué hablaban, lo único de lo que era consciente es que Fate se acercaba peligrosamente a su rostro… ¿Peligrosamente? ¿A qué venía eso? ¿Acaso creía que la rubia le haría algo?... ¿Y qué era ese incesante latido esperando que sí lo hiciera?
Vio la mano de Fate acercarse a su rostro y cerró los ojos por reflejo, podía jurar que estaba temblando, otra vez esa sensación de anhelar la cercanía y contacto de la viajera y al mismo tiempo unas ganas terribles de salir corriendo… Tras unos segundos de silenciosa espera, abrió los ojos, uno a la vez, para encontrarse con Fate mirándola curiosa. Podía ver el brazo de la joven todavía extendido hacia ella, pero no sentía el tacto de su mano en ninguna parte.
—¿Eh? —pestañeó intrigada.
—Una hoja —informó la rubia sonriente, sacándola de su cabello para mostrársela.
—Oh…
Nanoha de pronto se sintió ridícula. ¿Tanto alboroto por una tonta hoja? Aunque cualquier alboroto era todo culpa suya por… No, Fate también tenía que ver, ella se había acercado tanto, mirándola de esa manera, si vas a simplemente sacar una hoja del cabello de alguien ¡no haces tanto escándalo! Estiras el brazo, la tomas y listo. ¡Simple! ¿Por qué tenía que hacerlo con toda esa parafernalia que…?... Eso es, su corazón, era culpa de su corazón, ni suya ni de Fate, era su corazón el que estaba actuando extraño hace rato y no entendía por qué.
Así como no entendía por qué estaba tan molesta ahora. Bufó.
—¿Sucede algo, Nanoha?
—Ah, eh… no, nada —dijo con una sonrisa forzada—. Pensé que era un bicho nyahaha…
—Pues no, era una simple hojita que se encontró con un obstáculo en el camino —sonrió, haciendo girar la hoja en su mano.
—¿Las hojas tienen caminos? —preguntó divertida.
—En realidad no, el viento les crea uno —explicó sonriente—, las guía a cualquier lugar, les impone un ritmo y les traza un camino a seguir. Son esclavas de la brisa pero al mismo tiempo tienen libertad total. —Alzó la hoja—. Me gustaría… —La dejó ir—… ser como una hoja en el viento —finalizó observando cómo se alejaba con movimientos irregulares.
Nanoha pasó de observar la sonrisa y expresión soñadora de Fate, a seguir el improvisado trayecto de la hoja hasta que se perdió de vista. Agachó la cabeza y fijó su mirada en sus dedos que jugueteaban entre sí sobre sus rodillas.
—No te parece… ¿solitario? —cuestionó de pronto.
—¿Uh? —la miró interrogante.
—Ese camino —algo reluctante, le devolvió la mirada—. La hoja… —prefirió añadir—… no tiene hogar al que volver.
Fate contempló unos instantes la tristeza contenida en ese azul que le parecía tan bonito —no dejaba de admirarse cuánto era capaz de transmitir Nanoha con sus ojos— y por un segundo se sintió mal, casi culpable… pero suspiró y se recompuso, para apartar los ojos de la cobriza y concentrarse en el infinito.
—El mundo es su hogar —respondió con esa sonrisa calmada que a Nanoha se le antojaba tan distante, pero tan dulce que no podía odiarla.
Se hizo el silencio por un par de minutos más en que solo se escuchaba el sonido de la brisa y algunos grillos. Tiempo que Nanoha aprovechó para armarse de valor y preguntar algo que realmente no deseaba saber, pero necesitaba hacerlo.
—Fate-chan…
—¿Uhm? —murmuró sin apartar la vista del frente.
—Cuándo… —se mordió el labio y corrigió—: ¿Cómo decides cuándo irte de un lugar?
—Uhmm simplemente despierto un día y decido que es tiempo de seguir —respondió con calma—. El viento decide.
Definitivamente, no era algo que quisiera oír y casi se arrepintió de preguntar, pero asintió y se tragó el malestar, no había preguntado directamente lo que la aquejaba, mas esa respuesta había bastado para hacerla sentir mal.
—Nanohaaaa~
La voz cantarina de Fate la hizo voltear confundida y antes de alcanzar a cruzarse con la mirada borgoña, un rápido movimiento de mano de la otra la obligó a cerrar sus ojos por acto reflejo, sintió que le tocaba la nariz y una extraña sensación pegajosa. Pestañó un par de veces tratando de enfocarse en qué había pasado, le bastó ver un resquicio blanco en su campo de visión y dos dedos de Fate —quien sonreía cómicamente— cubiertos de crema para entender.
—¡Fate-chan! —regañó haciendo un mohín.
—Es que tenías una expresión tan seria que pensé que habías envejecido un par de años —comentó burlona, lamiendo sus dedos.
—Mou, solamente estaba pensando —bufó, tratando de limpiarse—. ¡Ahora tengo la nariz pegajosa! —se quejó sacándose la crema del dorso de la mano en el mantel.
—Ya, ya, no te quejes tanto, eso te volverá más vieja —dijo Fate con una risilla.
—¡Fate-ch-!
Su reclamo murió en su boca, junto con una bocanada de aire que se le agolpó en la garganta y un latido que se saltó. Fate, de la nada, se inclinó y le quitó el resto de crema que le quedaba en la punta… con la lengua. Fue un lamido corto y preciso, como un gato… y volvió a su posición sonriendo como uno. Nanoha sintió su cara y orejas arder.
—Wha… Qué… Tú… ¡FATE-CHAN! —exclamó al fin, llevándose las manos al rostro, completamente avergonzada.
—Ahora estás limpia, ¿no? —le guiñó un ojo pícaramente.
—¡Tonta! ¡Tramposa!
Nanoha, todavía roja, comenzó a darle de golpes en el brazo mientras Fate se reía. Al menos con esa pequeña broma, el ambiente había dejado de estar tenso y sumido en un silencio pesado.
Luego de que la cobriza se cansara y decidiera cruzarse de brazos, con un puchero infantil, declarando que no le hablaría más… Fate fue a buscar su cámara para capturar esa expresión que se le antojaba adorable, ocasionando otro berrinche por parte de Nanoha, quien al final accedió a ser tomada en fotografías después de que Fate le dijera con esa sonrisa impresionante que le gustaba llevar en su cámara los recuerdos más preciados. Por supuesto que eso trajo de vuelta el tímido sonrojo en la pastelera, que puso como condición el que ambas salieran en las fotos y que Fate no borrara absolutamente ninguna… ni siquiera esa en que justo cuando la rubia apretó el disparador, ella le estrelló un pastelillo en la mejilla izquierda con sonrisa triunfal.
Pasaron el resto de la tarde jugando, tomando fotografías y viendo las que Fate tenía guardadas de sus viajes, con las que aprovechaba de contare una historia a Nanoha con cada una. Ella estaba tan entretenida que no quería que ese día acabara, a pesar que la viajera le jugó un par de bromas y la avergonzó varias veces, era la primera vez que pasaban tanto tiempo a solas y descubrió que era algo que sencillamente le encantaba, por eso cuando Fate se puso de pie apenas el sol comenzó a descender tiñendo el cielo de tonos pasteles, no pudo ocultar su desilusión. Aun así, tomó su mano y la ayudó a recoger las cosas.
En el camino de regreso, Nanoha se aferró a Fate con ímpetu, hundiendo su rostro en la espalda de la joven para tratar que su calor llenara el vacío que sentía al pensar que ahora que Bardiche estaba listo para partir… Fate también lo estaba. Ahí entendió que el primer viaje lo había disfrutado porque estaba acompañando a la rubia, pero en esos momentos… no podía evitar odiar esa moto y cualquier otra cosa que contribuyera a que la viajera se fuera, continuando su camino.
~O~~O~~O~
Cuando llegaron al pueblo estaba oscuro y era bastante tarde, por lo que Fate pasó a dejar directamente a Nanoha a su casa, antes de encaminarse al taller a guardar a Bardiche y volver a trabajar a la taberna.
Nanoha se quedó estática en la entrada, mirando fijamente a Fate, no quería que ese momento se acabase, deseaba prolongarlo aunque fueran solo unos segundos más.
—Gracias por lo de hoy, Fate-chan… La pasé muy bien.
—Bueno, fuiste tú quien me invitó —dijo con una risita—, así que yo debería agradecerte.
—Ah, cierto nyahaha… —se rascó una mejilla.
—De verdad que fue una tarde muy agradable, gracias Nanoha —Le sonrió cálidamente—. Deberíamos repetirla.
—¿De verdad? —preguntó esperanzada.
—Si a ti te parece…
—¡Por supuesto! —afirmó animada. Fate le sonrió.
—Entonces… Que descanses.
—Uhm… —desvió la mirada.
—¿…Nanoha? —llamó preocupada, inclinándose para buscar su mirada.
—Hmp —negó sonriendo— ¡No es nada!
—Bien… —accedió dudosa—. ¿Nos vemos mañana?
—¡Sip!
La rubia le dedicó una última sonrisa complaciente y tomó el manubrio de la moto para marcharse caminando debido a la hora. No alcanzó a dar dos pasos cuando la voz de Nanoha la detuvo.
—¿Cuándo te vas?
Volteó para encontrarse con los ojos azules de la cobriza destellando a luz de la luna, la miraba limpiamente, sólo aguardando una respuesta.
La pregunta se le había salido sin poder evitarlo, era lo que la estaba aquejando desde hace tiempo —sobretodo desde que vio la moto reparada— y al parecer ya no pudo contenerla más. Ahora solo quedaba aceptar cualquier cosa que Fate fuera a decir.
—Pronto —respondió sinceramente—. En unos días, tal vez.
—Ah… —Logró articular, manteniendo la compostura—. Bueno… Buenas noches, Fate-chan.
Abatida como había quedado, Nanoha fue capaz de despedirla con una sonrisa y gesto de mano, esperando que se fuera.
—Buenas noches —correspondió sonriéndole.
Sin embargo, una vez que Fate se hubiera alejado, su mano se cerró lentamente en un puño que se llevó al pecho, donde sentía un dolor punzante. Corría una brisa fría que le desordenó el cabello. La sonrisa se había esfumado, tenía un extraño brillo en sus ojos, y mientras veía la espalda de la viajera hacerse cada vez más pequeña, perdiéndose en la oscuridad de la noche, siguiendo la dirección de la corriente, se preguntó sin saber por qué… si era posible detener el viento.
Bien, este cap. se trataba de conocer más a Fate y mientras lo hacía me di cuenta que estaba más enfocado en Nanoha, el asunto es que se hizo solo, varias escenas (como la crema en la nariz xD) se hicieron en el camino y no sé de dónde salieron, pero bueno, eso tiró varias cosas para el próximo... Ah, será una historia corta, originalmente no pensé que fuera a tener más de 2 capítulos, aunque suele suceder que se alargue cuando lo piensas más jaja
Nuevamente gracias por leer, sus comentarios, alert y todo lo demás :3
