CAPITULO 2

Korra sintió el entumecido cuerpo helarse, un desagradable y fuerte olor la invadía, se encontraba débil y no podía moverse, levantó la revuelta cabeza con dificultad, haciendo consiente el eco de una melodía lejana que circulaba en su cabeza.

Abrió los ojos con ardor y por un segundo vio a Asami frente a ella, antes de desaparecer y luego aparecer nuevamente; las luces intermitentes y la neblina azulada hacían que todo pareciera un sueño distante.

Pudo concentrar su atención en el rostro de Asami, estaba llorando, las finas lágrimas le caían copiosamente por las mejillas, parecía estar diciendo algo.

Korra miró sus piernas, el pantalón estaba húmedo y sentía un frio ardor en el cuerpo, intentó mover los brazos percatándose de su aprisionamiento.

Fue entonces que comenzó a recordar, parpadeó un par de veces, abriendo los ojos con angustia al reconocer el terror de Asami y como si le destaparan los oídos en ese instante, pudo escucharla.

–¡Cuidado! –gritó Asami con todas sus fuerzas, desesperada.

Korra giró la cabeza para encontrarse con una bola de fuego verde que se dirigía con rapidez hacia ella. La estudió, como si el tiempo se detuviera, supo que algo no iba nada bien y sin pensarlo más entro en estado Avatar.

Jaló sus cadenas impulsándose hacia atrás, girando con increíble velocidad se posiciono en cuclillas arriba del barandal que la sujetaba. Con un derroche de fuerza halo las cadenas liberándose en un instante, para luego levantar ambos brazos empuñados erigiendo una barrera de metal que la protegió del impacto del fuego verde, que se extinguió en la barrera a unos peligrosos centímetros de ella.

– ¡No dejes que el fuego te toque! –soltó con angustia Asami desde el suelo.

El extraño miró con perpetuo odio a Korra y comenzó a soltar un fulgor de ataques verdes que iluminaron ácidamente el entorno.

Korra los desviaba con ráfagas de aire azulado, corriendo con agilidad por los barandales en los pasillos colgantes del circuito.

En su precaria posición Asami se deslizo con dificultad hacia la punta saliente de un tubo que había deshecho Korra y comenzó a cortar sus ataduras con enloquecida velocidad, poniendo completa atención a los movimientos evasivos de Korra. Con cada giro que daba para esquivar el fuego, Asami sentía su corazón detenerse.

El extraño mostró una agilidad increíble para alguien de su altura, seguía de cerca a Korra, lanzando fulgurosas llamaradas con pies y manos.

Korra desconocía la propiedad inflamable del líquido que la cubría, pero intuía el resultado de ser alcanzada por el fuego. Sintió el cuerpo cansado, ni el estado Avatar le era suficiente para mantenerse completamente alerta, se ocultó momentáneamente, intentando respirar, pensar.

Se concentró y escuchó los estrepitosos pasos de su perseguidor y en un arranque de valor se mostró frente a él, empuñó las manos bajándolas con rapidez, dejando caer un tubo de metal que el maestro fuego esquivo con dificultad, acto seguido Korra lanzo los puños hacia delante expulsando una gigantesca plataforma del circuito que dio de lleno al extraño, que cayó al suelo entre la maquinaria de las calderas.

De pie en una plataforma Korra respiraba agitadamente en el ahora silencio.

–Jjjrrrhhhjjjj –Escuchó en el eco.

– ¡Korra vete de aquí! –gritó con desesperación Asami que podía ver el destello azulado del Avatar a lo lejos. Sabía que algo muy malo estaba por suceder.

Korra percibió la adversidad y formando un gigantesco remolino de viento se elevó en el aire haciendo volar la neblina y algunos objetos que se encontraban en las plataformas. Se dirigió con rapidez hacia el cuarto de maquinaria.

La interferencia de la radio era mayor con cada segundo, Korra miró a Asami en el suelo que recién se liberaba de sus ataduras, planeó hacía ella y la tomó entre sus brazos, descendiendo vertiginosamente hacia el área de calderas.

Al aterrizar comenzaron a correr por los pasillos, sentían la imperiosa necesidad de escapar.

Korra salió del estado Avatar haciendo consiente la terrible pesadez en el cuerpo, fue entonces que ambas percibieron la presencia de las figuras oscuras que las habían atacado anteriormente y recién pudieron observarlas.

Aquellos seres eran mucho más altos que una persona, tenían una extraña forma humanoide, extremadamente delgados y alargados, con los brazos más largos que lo normal y de piel completamente negra. Y lo más extraño de todo, no poseían un rostro.

– ¿Qué carajo son esas cosas? –gritó Korra, mientras corrían por el pasillo central con dificultad, huyendo de las criaturas, que las perseguían avanzando en cuatros patas por las chimeneas y el suelo. Korra giró con rapidez para lanzarles una ráfaga de viento, que levantó objetos pesados del suelo que golpearon contra las chimeneas y algunos de ellos.

En ese instante las sombras humanoides la percibieron con avidez, atacando como bestias hambrientas. Asami la tomó de la mano obligándola a seguir corriendo.

Al llegar a la intersección central chocaron con dos cuerpos a gran velocidad. Opal y Mako cayeron al suelo con un sonido sordo al igual que ellas, que se incorporaron con relativa rapidez al ver la nueva ola de sombras que venían tras el resto del equipo.

– ¡Tenemos que salir de aquí! –gritó Opal desde el suelo, ayudando a Mako a levantarse; tenía una pinta terrible y no podía estar en pie por su propia fuerza.

– ¡Vallamos a la pared más cercana! ¡Hare una salida! –ordenó Bolín que venía detrás cargando a una inconsciente Lin en el hombro. El grupo siguió corriendo hasta el fondo de la refinería, dejando momentáneamente a ambos grupos de sombras detrás.

–Creo que los perdimos –dijo Mako atontado, que corría con dificultad apoyado de Opal.

– ¡No estaría tan segura! –expresó Korra al ver literalmente aparecer a través de la sombras decenas de criaturas frente a ellos.

– ¡Tenemos que continuar, la pared esta cerca! –ordenó Bolín decidido.

El grupo siguió corriendo, intentarían atravesar la aglomeración de sombras humanoides que los aguardaba con avidez.

Korra se adelantó haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban, corriendo con velocidad se elevo en un torbellino de viento, que giró incontrolablemente como un taladro hacia la pared.

Las sombras comenzaron a atacarla embistiendo su pecho y espalda; en aquel caótico torbellino Korra sentía perder su energía con cada golpe y nuevamente entró en estado Avatar.

Las sombras parecían un enjambre enardecido atacando incansablemente el brillante y azulado espiral del Avatar.

A punto de perder por completo sus fuerzas, Korra sintió el fuerte impacto contra la pared, dejando un inmenso hueco que desprendió pedazos de escombro a gran velocidad.

El grupo que seguía en movimiento se cubrió del derrumbe, un rayo de luz de día se filtro por el inmenso hueco. Se dirigieron hacia la luz saltando sin pensarlo.

Nadie advirtió la caída libre de treinta metros hasta el mar, mucho menos Korra que después de avanzar girando unos metros más en el aire, caía inconsciente, mientras las sombras humanoides pegadas a su cuerpo desaparecían en la luz.

Opal amortiguo la caída del grupo con una ráfaga de viento, aunque inevitablemente cayeron al mar sumergiéndose en las profundidades. Bolín fue el primero en salir a la superficie, seguido de Opal que ayudo a Mako a flotar.

– ¡La armadura es muy pesada! –dijo con desesperación Bolín que perdió el inconsciente cuerpo de Lin en el agua.

Volvió a sumergirse y entró en pánico al ver el pesado cuerpo hundiéndose en las profundidades. Nadó con rapidez desprendiéndose de la chaqueta y la camisa que le quitaban velocidad.

La observó a lo lejos, la jefa seguía inconsciente, el cabello ahora suelto flotaba con parsimonia en la densidad del agua, sumergiéndose a una velocidad constante.

Pudo alcanzar a Lin, la tomó del brazo y jalo nadando hacia la superficie, pero el peso era demasiado y comenzó a hundirse con ella.

Intentó quitar la armadura que estaba ceñida al cuerpo, pero le era imposible, solo un maestro metal podía hacerlo. La desesperación lo inundo por completo mientras seguía internándose en la oscuridad.

Aterrado tomó con ambas manos el peto de la armadura, introduciendo los dedos por debajo del cuello y en un momento revelador partió la armadura por la mitad, haciendo por fin Metal Control.

Sintiendo el aire acabarse, sacó todas las piezas de la armadura con rapidez, una tras otra sin pensarlo; en el apuro arranco la ropa por accidente, dejándola expuesta en la liviana y clara ropa interior.

Fue entonces que Lin despertó, se estaba ahogando. Bolín la abrazo por debajo del pecho y comenzó a nadar como un loco hacia la lejana superficie, sentía el pecho estallar y las piernas entumecidas, justo cuando diviso la luz en la superficie.

Ambos emergieron inhalando aire con desesperación, tosieron agua y se estabilizaron en el movimiento continuo del mar.

– ¡¿Qué demonios paso?! ¿Donde están Korra y Asami? –Preguntó Lin mareada, haciendo contacto con la realidad. Bolín flotaba sosteniéndola por debajo del pecho.

– ¡No han emergido! –indicó con angustia Opal a su inusualmente debilitada tía.

– ¡Asami! –grito Mako al verla emerger.

A unos metros de distancia Asami salió a la superficie, tosiendo un poco de agua.

– ¡No encuentro a Korra! –expresó angustiada respirando con agitación. Tomó aire y volvió a sumergirse. El resto miraba a su alrededor esperando alguna señal de Korra.

· · ·

Despertó sintiendo el cuerpo relajado y completamente descansado, se estiró con fuerza moviendo las finas cobijas y tras bostezar abrió los ojos.

Su mirada se encontró con el exquisito techo de madera que desconoció, se talló los ojos y se incorporó revelando su fornido y desnudo cuerpo. Miró a su alrededor buscando más información; una habitación gigantesca, vacía e impecablemente limpia era todo lo que la rodeaba en aquel cómodo y delgado colchón tendido en el suelo, entonces se percató del movimiento, sorprendida miró a un lado encontrándose con la desnuda figura de la mujer que dormía boca abajo a su lado.

– ¿Asami? –preguntó Korra con cautela.

Sigilosamente Korra movió el negro y largo cabello descubriéndole el rostro y se sorprendió al ver que la mujer con la que compartía el lecho no era Asami, ¿o sí?, se preguntó confusa.

Miró de nuevo a su alrededor buscando más información, todo aquello se sentía diferente, natural, pero diferente. Fue entonces que observó la extrañamente familiar ropa, una túnica verde y unas gigantescas botas yacían en el suelo.

– ¿Kyoshi estas despierta? –preguntó somnolienta la mujer.

Korra giró rápidamente la cabeza, encontrándose con la mirada de aquella hermosa mujer.

– ¿Haru? –pronunció Korra confusa.

Sintió un fuerte mareo y una salvaje oleada de diversos escenarios invadieron su mente conectándola con un profundo dolor.

Un anciano gritando iracundo sentado en un trono, la sincera sonrisa de una mujer de cabello oscuro, maestros tierra atacándola sin piedad en un campo de batalla, una gigantesca hoguera en medio de una plaza, gritos de desesperación, una llamarada verde y los oscurecidos y hundidos ojos de un soldado.

· · ·

En las profundidades Asami buscaba con desesperación, no había rastro de Korra. Nadó un poco más profundo y vio a lo lejos una silueta, se aproximó con decisión y sintió un profundo alivio al ver el cuerpo del Avatar flotando en la inmensidad. La abrazo por debajo del pecho y nadó hacia la lejana superficie con un desagradable ardor en los pulmones.

La luz brillaba en lo alto cuando Asami se quedo sin aire, sintió el cuerpo entumecido y un dolor de cabeza que palpitaba en sus sienes, pataleaba con desesperación, hasta que por fin pudo sentir el aire en la superficie, inhalando una bocanada gigantesca que sintió no le era suficiente.

Con la respiración aun agitada y llevando a Korra por un costado comenzó a nadar hacia la costa.

Todos sintieron un gran alivio al verlas emerger y comenzaron a nadar llevando a los compañeros debilitados a cuestas.

Después de algunos momentos desesperados de cansancio, lograron llegar a la costa; salieron arrastrándose en la pesada arena, mientras las abundantes olas los revolcaban.

Asami que había perdido la blusa en el agua sentía el cuerpo desfallecer, pero se exigió llegar hasta la arena más firme donde acomodo a Korra y comenzó a presionar su pecho con insistencia, una y otra vez, moviendo espasmódicamente el cuerpo inerte de la morena. Parecía no obtener respuesta pero seguía presionando.

Bolín y Opal se arrastraron hacia ellas observando el proceso. Lin y Mako tirados en la arena uno al lado del otro, las miraban con preocupación.

– ¡Por favor Korra! ¡Despierta! –suplicó agitada Asami, sintiendo sus ojos llenándose de agua. – ¡Despierta! –presionaba con obstinación, las lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos enrojecidos. –¡Por favor! –gritó con fuerza sollozando.

– ¡Coaf cof caf! –tosió Korra escupiendo medio mar, en uno de los mejores momentos en la vida de Asami, al ver a Korra abrir los ojos.

Asami la abrazó con fuerza, no podía dejar de llorar.

–No me importa si nos descubre hoy o mañana –soltó Korra con dificultad, respirando el salino aire. –Ni él emperador, ni cien años podrán separarnos –concluyó delirante, acariciando el arenoso y revuelto cabello de Asami, que seguía hundida en el hombro de Korra, llorando con soltura, completamente agotada.

Lin que miraba la escena, se cubría el cuerpo abrazando sus piernas, sentada en la arena, seguía debilitada e intentaba recordar que había sucedido en la refinería.

A su lado Mako la miró de reojo, ruborizándose por completo al estudiar con discreción la nívea piel de su atlética jefa, que gracias a la revolcada en el mar llevaba el cabello suelto. Entrando en razón se quitó la mojada chaqueta y sin voltear a verla se la ofreció.

Ligeramente avergonzada tomó la chaqueta y se la puso, aunque era una mujer adulta hecha y derecha no dejaba de sentir el agobio del pudor.

Por fin, se dejaron caer en la arena, mirando el cielo, escuchando los suaves sollozos de Asami junto con el chocar de las olas en la costa; todos estaban devastados.

– ¿Alguien puede contarme que sucedió? –preguntó Lin al desparramado grupo, que la miró con somnolencia.

· · ·

La resplandeciente luz entraba por el extenso ventanal con toda su fuerza, recién había amanecido y comenzaba a salir el sol, que daba de lleno en la inmensa cama de la heredera de la mansión.

El imponente dosel de madera enmarcaba la intimidad de los cuerpos desnudos de dos mujeres, extendidas en la suavidad de la cama, enredadas entre las húmedas sabanas blancas. Las tonificadas piernas cobrizas descansaban sobre las largas y níveas, que se dejaban abatir en el fuerte abrazo.

El sutil calor de la mañana veraniega les invadía la piel ligeramente humedecida, que tenía rastros de arena de mar pegada en la curvatura donde comenzaba la espalda de los entrelazados cuerpos.

Descansaban boca abajo, de espaldas al sol; el fuerte abrazo del Avatar se aferraba a la cintura de la joven de cabellos oscuros e inusualmente enmarañados, que reposaban bajando por el largo cuello hasta la espalda.

Un incandescente rayo de luz se filtro entre el cabello de Asami, dando de lleno en la cara de Korra, haciéndola despertar con gracia del cómodo sueño.

Abrió los ojos con calma, encontrándose con el fino rostro de la heredera, que seguía profundamente dormida. La contemplo un momento, intentando grabar la imagen en su cabeza; bajo la luz de aquella mañana Asami se veía hermosa, se acercó a ella con sutileza, besando la mejilla con ternura.

Korra se dio la vuelta recostándose boca arriba, descubriendo el fornido abdomen, coronado por los firmes pechos. Miró el pequeño cubo radio despertador, las manecillas marcaban las nueve de la mañana, se talló el rostro con ambas manos y peino hacia atrás el cabello que le cubría la frente. Sentía el cuerpo acalorado y la piel empapada, suspiro con fuerza antes de estirarse. Desde su posición pudo ver la tina en el cuarto de baño, se despego de las sabanas exhibiendo su bien torneado cuerpo. Miró a Asami aún acostada de espaladas en la cama, y ociosa, jaló con notoria malicia las enredadas sabanas, descubriendo los glúteos de la joven blanquecina. Con gentil tacto caló el glúteo izquierdo, para luego darle una suave nalgada.

–Mmm –Se quejó Asami con pereza. Sabía que era hora de entretener al Avatar, siempre se ponía muy activa después de despertar. No obstante, se sentía entumecida, pegada a la cama.

Korra miró por segunda vez la tina y se dispuso a levantarse, tenía mucho calor. Entró en el lujoso cuarto de baño, iluminado por la radiante luz de sol que se filtraba por la ventana, abrió las llaves de las cobrizas tuberías de la bañera de porcelana y se sentó a esperar en el borde de la tina.

Recién comenzaban a llegar los recuerdos del día anterior. Miró su cuerpo en el espejo arriba del lavamanos, tenía la piel cubierta de finos granos de arena y algunos raspones y magulladuras en las piernas, el corto cabello estaba enredado y revuelto, y el olor salino se revolvía con el aún ligeramente perceptible olor de aquel químico, que el día anterior podría haberle causado la muerte.

Resopló, moviendo el cabello de su frente, no tenía ganas de pensar en ello antes del desayuno. Aún así no podía dejar de sentir culpa por haberle causado tanta angustia a Asami; la pobre no dejo de llorar hasta que se quedo dormida en el trayecto de regreso al templo. Después de explicar a Tenzin lo que había sucedido, decidieron tomar sus cosas y trasladarse a la mansión Sato, donde se sentirían más cómodas; luego de lo que sucedió entre Phema y Asami, parecía difícil que pudieran volver al templo a dormir.

No obstante al llegar a la mansión, el ama de llaves las recibió con una sorpresa, el pequeño y silencioso Nahík había escapado y sin saber nadie como, llegó a la mansión por la mañana buscando a Asami. Recibieron al pequeño que se veía con muy mala pinta, ahora a la luz del día pudieron apreciar diversos magullones y raspones; Korra sintió un escalofrió subir por la espina al recordar al pequeño, aunque era solo un niño, albergaba una extraña aura de misterio. Al final decidieron que se quedaría con ellas por los próximos días, hasta que pudieran resolver el caso.

Usualmente su vida estaba de cabeza, pero tenía una racha sin descanso, y ahora que por fin encontró al asesino de la marca que tantos problemas estaba causando: lo había dejado escapar… corriendo despavorida, cazada por una multitud de sombras siniestras.

Korra sintió otro escalofrió, esta vez su piel se puso de gallina, movió los hombros con desagrado y se acaricio los antebrazos, no recordaba haber visto nunca algo similar a aquellas monstruosidades. Todo fue muy misterioso y había puesto en peligro a Asami; no es que nunca lo hubiera estado, pero esta vez Korra se sentía directamente responsable.

No obstante, aquellas extrañas visiones que tuvo mientras estaba inconsciente le habían arrebatado el sueño cuando se metió en la cama, no recordaba con exactitud qué había sucedido, pero recordaba aquel nombre: Haru… Korra resopló, sintiendo una melancólica sensación salir por la garganta.

El agua subió a un buen nivel, percatándose, entró en la tina, donde podría relajarse y pensar mejor.

Sintió la frescura en todo su cuerpo al sumergirse por completo en el agua, aún dentro se tallo el rostro con las manos y se peino el cabello hacia atrás con los dedos, emergiendo renovada. Respiró hondo y se escurrió el agua del rostro.

Desde su posición, observó la voluptuosidad del cuerpo de la heredera disuelto en la cama y como si Asami lo sintiera abrió los ojos, topándose con la vigorosa mirada de Korra.

–Buenos días –dijo Asami somnolienta aún en la almohada, sonriendo a la empapada Korra que estaba sentada en la tina.

Asami se giró, estirándose cual larga era, bostezó con somnolencia y se levantó de la cama con determinación, dirigiéndose hacia el cuarto de baño. Al entrar se examinó en el gigantesco espejo que se encontraba arriba del lavamanos; tenía la mejilla derecha abultada y roja por el golpe que le habían dado, y el cabello revuelto lleno de arena le picaba en la cabeza. Se acerco al espejo a revisar con cuidado el golpe, le dolía un poco, pero no era la gran cosa. Se percató también de las hinchadas muñecas, que se veían irritadas y enrojecidas.

Korra miraba de reojo a Asami mientras jugaba haciendo perfectos remolinos de agua; tenía los abultados glúteos blanquecinos a la altura, quiso molestarla para llamar su atención, pero se abstuvo al verla revisando el maltratado pómulo. La culpa la invadió de nuevo.

Asami eligió un adornado frasco de cristal que se encontraba en una repisa llena de enceres de belleza y se dio la vuelta destapando el frasco, se acercó a la tina vaciando una porción del contenido en la cabeza de Korra, que se agarro de las orillas de la tina con ambas manos, mientras Asami le lavaba el cabello con energía.

–Tengo arena hasta en el… –Se detuvo Asami insinuando el resto, mientras lavaba las orejas de Korra con la espuma que caía del cabello.

– ¡Hahaha! Yo también –rió Korra con los ojos cerrados a causa de la espuma.

Asami acerco unos frascos más a la pequeña mesa que estaba de lado de la tina y se metió al agua detrás de Korra, colocando sus piernas alrededor de ella. Korra sintió la resbalosa piel deslizándose por la espalda, el suave rose de los pezones contra sus omóplatos calentó su cuerpo.

Asami agarró una curiosa y rebuscada palangana de la mesa, tomó agua de la tina y la vertió sobre el cabello de Korra, que se quito el exceso de jabón de los ojos. Sintiéndose libre de la espuma Korra se recostó sobre el pecho de Asami, que comenzaba a lavarle el cuerpo con una esponja jabonosa.

– ¿Como estas? –preguntó Korra con cierta inseguridad.

–Estoy bien –respondió tranquila Asami, sumergida en su labor de limpieza.

Korra guardó silencio, levantando el brazo que Asami le limpiaba a conciencia.

–No sé como preguntar, pero necesito saber… –dijo Korra interrumpiéndose ella misma. Asami tallaba la espalda de Korra, escuchando atenta.

– ¿Te hizo algo? –soltó por fin.

– ¿Quién? –preguntó poniendo más jabón en la esponja.

–Ayer, el de la cicatriz, el que lanzaba fuego verde… seguro lo recuerdas ¿no? –refunfuñó sarcástica, mirando de reojo a Asami, que seguía en lo suyo.

– ¿A qué te refieres con algo?, digo, el me golpeo, como te dije ayer –agregó Asami.

– ¡Argh! –Gruñó Korra entre dientes, inquieta pues no era particularmente elocuente –lo que quiero saber es si se propaso contigo –dijo entonces.

–Bueno fue muy invasivo…estaba muy cerca –contestó con tranquilidad.

– ¿Te tocó? –preguntó Korra con seriedad, para luego erizarse por completo al sentir la esponja que pasó por entre sus glúteos, guiada por la mano de Asami.

–Pues como ya te dije ayer, me tocó el rostro –contestó impacientada. – ¿Qué es exactamente lo que quieres saber? ¿Si me manoseo? –soltó con rudeza Asami que comenzaba a lavar su oscuro y largo cabello. – ¿Para qué quieres saber? ya pasó.

– ¡¿Entonces si pasó?! –preguntó Korra exaltada, girándose en la tina para mirarla de frente. Asami detuvo su frenético remolino de limpieza por un segundo y miró a Korra a los ojos.

–No pasó nada… –respondió entonces y siguió lavando su cabello.

Korra seguía mirándola expectante y Asami se detuvo de nuevo.

–Bueno –soltó –pasó algo extraño… él metió su dedo en mi boca.

Korra trago saliva, sentía incomodidad en la garganta. Asami la miraba con seriedad.

–Pero no tiene importancia ya –se dijo cepillándose el cabello con una peineta. –La próxima vez estaremos mejor preparadas para el encuentro. Deja de pensar en eso –terminó, abriendo la llave del agua.

–Fue mi culpa –explicó Korra, en forma de confesión. –Yo me distraje y deje que nos atacaran esas cosas; si te hubiera pasado algo yo…

– ¡Detente ahí! –Soltó Asami con disgusto, quitando el tapón de la tina –conozco perfectamente esa actitud de "soy el Avatar" –dijo volteando los ojos hacia arriba. –Si pasó así, fue por culpa de ambas, sé los riesgos de andar por ahí atrapando peligrosos criminales y puedo vivir con ello –resopló.

Korra tapo el drenaje al ver el agua limpia de nuevo.

–Esto no va a funcionar si comienzas a tratarme como si fuera una inútil a la que hay que rescatar –dijo Asami molesta.

– ¡Sabes que no pienso eso de ti! –argumentó Korra, que sumergió la palangana, dejando caer el agua limpia en el cabello de Asami.

–Entonces, ¿por qué te importa tanto? –hizo una pausa limpiando el exceso de agua de su rostro. – ¿Si me hubiera tocado, qué? –preguntó Asami poniendo su cabello de lado, aún cepillándolo.

–Yo… estaría muy enojada, le patearía el trasero a quien se atreviera… –contestó Korra que movía la flotante palangana manipulando el agua con un dedo, haciéndola girar sin control en un pequeño remolino.

–Aprecio eso, pero ¿Y que si fuera al revés? –interrogó con interés Asami.

– ¿Por qué querrías tocar a un extraño? –soltó Korra enarcando una ceja, hundiendo la palangana en un sonido ahogado.

– ¡Hahaha! –rió olvidando ligeramente su enojo. –Boba. Me refiero a si un desagradable delincuente se propasara contigo –aclaró, tomando un pequeño frasco con esencia de jazmín que untó en su cabello.

– ¡Soy el Avatar! –dijo confundida señalando su rostro con el dedo. – ¿Quién se propasaría conmigo?

– ¡Aja! ¿Entonces tú piensas que eres inmune a la agresión sexual? –señaló, levantando una ceja inquisitivamente – ¡Y crees que yo soy vulnerable!... Es un pensamiento terriblemente retrograda –Soltó con resolución Asami, para luego jalar a la morena del brazo, haciéndola resbalar por la porcelana, atrayéndola hacia ella –en la situación adecuada, todos estamos expuestos… –terminó, recostando a Korra en su pecho.

Korra en la comodidad de los suaves y prominentes senos se mantenía pensativa, nunca había considerado la posibilidad de ser agredida de esa manera, y ciertamente creía que Asami corría peligro todo el tiempo; pero la realidad era que ambas solían estar expuestas a todo tipo de agresiones.

–Tal vez tengas razón… supongo que podría sucederle a cualquiera –pensó – ¡excepto a Lin! –bromeó entonces, levantándose un segundo para ver el rostro de Asami, que rió al imaginar la violenta reacción de la Jefa Beifong al ser abordada por un pervertido.

Se mantuvieron unos minutos recostadas en el agua tibia, sumergidas en sus pensamientos.

Korra escuchaba el latir del corazón de Asami, subió su mano y comenzó a jugar con el rosado pezón, que se endureció al tacto, Asami se inquieto sintiendo el sutil rose.

Korra levantó la cabeza encontrando los labios de Asami y comenzó a besarla con suavidad, quedando de frente a ella. Bajó su mano buscando la intimidad de la joven de piel blanca que abrió las piernas envolviendo la cintura de Korra.

– ¿Entonces crees que nadie puede propasarse contigo Avatar Korra? –le dijo al oído con la respiración agitada.

–No ha sucedido aún –contestó entre suspiros, besando el largo cuello con voracidad, sintiendo con la punta de los dedos el pequeño botón endurecido.

Asami agitada gemía con discreción.

–En la cama –pidió en susurros.

Korra se despegó de Asami y ambas se levantaron, derramando agua por los bordes de la tina. Se besaban con intensidad creciente, salieron con apuro, y sin despegar sus labios se dirigieron a la comodidad de la cama, escurriendo el trayecto.

La espalda mojada de Asami se pego a las sabanas calientes y enmarañadas de la cama. Fue entonces que la heredera decidió tomar cartas en el asunto y con un arrebato de fuerza se posiciono arriba de Korra.

–Siempre hay una primera vez –dijo perversamente Asami al oído de Korra, mientras le abría las piernas con rudeza.

Korra sonrió sintiendo el caminar de los labios de Asami bajando por su vientre, gimió al sentir la ardiente lengua devorándola, ávida y resbalosa.

–Puedes propasarte todo lo que quieras –dijo con voz queda, quitando el cabello de Asami de la frente.

Korra sentía la excitación al borde, comenzaba a gemir ruidosamente; sin previo aviso Asami salió de entre sus piernas, mordiéndose el labio inferior, tomó la pierna de Korra instándola a darse la vuelta.

– ¿Que tienes en mente? –preguntó ligeramente nerviosa, dándose la vuelta para quedar boca abajo, Asami nalgueó el prominente glúteo de la morena.

–Voy a propasarme contigo… –dijo con seriedad Asami colocándose arriba de Korra que giró la cabeza para verla.

–Cuando dices propasarte, ¿exactamente a que te refieres? –preguntó riendo con nervio.

– ¡Ya cállate! –ordenó entre risas Asami, aplastando la cabeza de Korra contra la cama; entonces comenzó a besarle la nuca con hosquedad.

Korra sintió con extraño agrado los enérgicos besos, que se convirtieron en pequeñas mordidas y chupetones; decidió dejarse llevar por aquella extraña sensación de ser dominada, disfrutando el tacto de los rígidos pezones de Asami en su espalda y el húmedo sexo tallando con suavidad por arriba de los glúteos.

– ¡No te muevas! –ordenó Asami.

Korra sintió el peso del cuerpo de Asami desaparecer, estaba excitada, bajó su mano introduciendo los dedos entre las piernas, sintiendo su propia humedad. Sabía lo que iba a suceder y esperaba con ansiedad.

Asami apareció y la nalgueo de nuevo.

–Abre las piernas –le dijo al oído con sensualidad, acariciando el cabello de Korra.

Korra abrió las piernas levantándose ligeramente para quedar apoyada con las rodillas y los codos sobre el blando colchón.

Advirtió el cuerpo de Asami detrás de ella y se resigno; sintió la lenta penetración con un ligero dolor que disfrutó en buena medida, mordiéndose los labios y bajando la ardiente frente hacia la cama.

Asami comenzó a embestirla con suavidad, usando el curioso y rígido artilugio de su autoría, que ambas habían aprendido a disfrutar desde hacía meses, cuando la interesante idea de aquella prótesis deambuló por la cabeza de la ingeniera.

Korra sonrojada, comenzó a gemir con soltura, su respiración era agitada y rítmica. Aunque nunca lo admitiría, le fascinaba la sensación de sentirse dominada, completamente sometida a los caprichos de la heredera de ojos verdes.

Concentrada en la tarea, Asami sentía con placer el golpeteo de los carnosos glúteos contra su vientre, se aferro de la cintura de Korra al escuchar la crecida excitación de la morena, arremetiendo velozmente para terminar el trabajo.

Korra notó el calor extendiéndose en todo su cuerpo, respiraba con sobrada agitación en la cercanía del colchón, con la espalda curvada y agarrándose con fuerza a las sabanas enmarañadas; sintió la explosión dentro de su cuerpo, que contuvo en silencio por unos instantes.

– ¡Mmmmmmmm! –gimió sonoramente antes de soltar la tensión en todo el cuerpo.

Aun dentro, Asami se aproximo a la desguanzada espalda de Korra, movió el húmedo cabello y le besó la caliente nuca, para luego dejarse caer en la cama.

Desabrochó el arnés y se quitó el rígido aparato de entre las piernas. Miró a Korra que seguía en la misma posición, exhalando el caliente aire a intervalos.

Asami complacida y risueña, la miraba con interés, siempre que le hacía el amor de esa manera Korra terminaba confundida, incluso parecía sentirse culpable; la joven de ojos verdes sabía perfectamente que no era la forma preferida de Korra, que era una mujer tan competitiva y dominante, pero con todo y eso, la de piel morena siempre terminaba disfrutándolo, aunque no pudiera aceptarlo.

Korra la miró de reojo, los grandes y azulados ojos le brillaban arriba de las mejillas enrojecidas.

–Pervertida –le dijo sonriendo.

–Muerde almohadas –contestó riendo, burlándose de la expuesta posición de la atlética morena.

Sin cambiar de posición, Korra tomó una almohada cercana y se la lanzó al rostro con pesadez, fallando el blanco garrafalmente.

–Hahahaha –se burló de nuevo, acercándose para besarle la mejilla con ternura.

· · ·

Las calles de la ciudad permanecían en desorden como en los últimos meses, aunque parecía que sus habitantes comenzaban a acostumbrarse a aquel ritmo de vida, Mako caminaba alerta por la avenida principal del centro, llevando consigo una pesada maleta.

El fresco olor a flores invadió su nariz, buscó con la mirada y encontró una florería, se detuvo, cruzó la calle y entró en el pequeño local.

– ¿Busca conquistar el corazón de una dama? –preguntó el florista al verlo entrar.

–Bueno, no precisamente –contestó sonrojado Mako.

– ¡Pero sí son para una dama! –exclamo el florista con exaltación al verlo sonrojarse.

–Bueno, algo así – contestó mirando a la derecha con duda –son para una mujer muy especial –atinó decir.

–Mmm, tengo lo que está buscando –dijo el florista mientras sacaba del agua un ramo de flores blancas coronadas por una mayor de pétalos largos.

Mako miró el deslumbrante arreglo dejándose encantar por él, pagó al florista y salió al ruido de la calle con el llamativo ramo.

Caminó unas cuadras mas hasta llegar al hospital central, atendido por médicos de la tribu del norte. La construcción cubierta de ventanales se erigía a lo alto con elegancia; era uno de los hospitales más caros de la ciudad.

Entró y subió por el elevador hasta el penúltimo piso, saludó a una enfermera con la cabeza y siguió por el elegante pasillo. Buscó con la vista la habitación seis dos seis, se acercó, arregló su chaqueta y ajustó su corbata, entonces tocó a la puerta con sutileza.

–Adelante –contestó la voz de una mujer.

Mako abrió la puerta y entró, encontrándose de frente con Lin, que reposaba en la cama debajo de las sabanas con tranquilidad, vistiendo una blusa blanca sin mangas, conectada a un suero por la muñeca.

– ¡Hola hermano! Qué bueno que llegaste –dijo Bolín con exalto.

Bolín perfectamente peinado, estaba sentado en la silla a lado de la cama de Lin, tenía en sus manos una cajita de pollo agridulce humeante, que recién había destapado.

–Traje estas flores –dijo rojo como un tomate, poniendo las flores a los pies de Lin, dejando la maleta por un lado.

–Muchas gracias, no debiste molestarte –contestó Lin mirando la blancura del lirio que coronaba el ramo. –Ninguno de los dos debió –agregó mirando el pollo agridulce de Bolín.

– ¡Claro que sí!, la comida en los hospitales siempre es horrorosa. –opinó Bolín sacando la lengua.

–La verdad no se qué hago aquí, debería estar en la jefatura, todo debe estar de cabeza –expresó Lin ligeramente angustiada.

–Lo mejor es que repose. Después de lo de ayer todos quedamos blandos –justificó Mako –de no haber sido por usted, hubiera perdido la vida contra esas cosas siniestras –terminó poniéndose rojo de nuevo.

Todos reflexionaron un segundo, lo que decía Mako era mitad cierto, Lin había logrado sacarlo del enjambre de sombras que los atacó sin previo aviso en el bastimento. Fue entonces que contraatacaron a Lin sin compasión, decenas de sombras comenzaron a golpearla al grado de debilitarla hasta casi perder la vida. Si Mako no hubiera corrido y llamado su atención para servir de carnada, Lin estaría muerta. Haciendo honor a la verdad, se habían salvado la vida el uno al otro.

–Soy yo quien debe agradecerles a ambos, ustedes vieron por mi cuando estaba inconsciente y salvaron mi vida.

–Debo admitir que me puse muy nervioso cuando nos hundíamos ¡Pero ahora puedo hacer metal control! –exclamó con felicidad Bolín.

Lin sonrió al emocionado maestro tierra, que comenzó a contar de nuevo como logro controlar el metal en las profundidades; Bolín no dejaba de impresionarla con su buen ánimo, incluso en los peores momentos.

Sin aviso, la puerta se abrió de par en par, los tres miraron expectantes, y cambiaron las caras alegres por una disgustada seriedad.

–Buen día, espero no importunar Jefa Beifong –dijo con voz estirada el joven vicepresidente Yon Fei, entrando sin ser invitado.

Lin incomodándose al instante, estiró el brazo libre intentando tomar su bata, la cual le alcanzo Bolín para que no tuviera que moverse.

–Buen día –contestó, ayudada por Bolín que le puso la bata sobre los hombros.

–Solo pasaba a verificar su estado, todos estamos muy preocupados y esperamos que se recupere pronto –dijo con un tono ligeramente sarcástico, mientras caminaba con soltura por la habitación –sobre todo, los miembros de la cámara de comercio, que esperan con ansia una excelente explicación al respecto de lo ocurrido en la refinería –concluyó mirando fijamente a Lin.

–Y la tendrán, mañana a primera hora –contestó Mako mirando con rudeza a Yon Fei, antes de que Lin pudiera pronunciar palabra –esperemos que el señor Uzano tenga una igual de buena, que nos convenza de por qué su refinería albergaba a un notorio asesino serial buscado desde hace mas de dos meses.

Yon Fei sonrió aviesamente, regresando la mirada hostil a Mako, el silencio se hizo, Lin expectante, los miraba.

–Agradecemos su visita vicepresidente, no podemos esperar para verlo mañana en el parlamento, no olvide decirle al señor Uzano que asista con su abogado, posiblemente obtenga cargos por complicidad o algo así. –Agrego Bolín rompiendo la tensión, de pie a un lado de la puerta, incitándolo a salir.

–Sin duda –dijo cortante, sin dejar de ver a Mako. Rompió el largo contacto, sacando una tarjeta del interior del elegante saco.

–Este es mi numero –señaló incomodo, extendiendo la mano hacia Lin. Mako tomó la tarjeta –llámeme si necesita algo –terminó y salió por la puerta, que Bolín cerro justo por detrás de él.

Lin estaba un tanto impresionada, los hermanos parecían un par de sabuesos alertas al pie de la cama.

– ¿Qué le pasa a ese tipo? –exclamó Mako molesto.

– ¡Lo sé! es un pedante estirado –le contesto Bolín.

Lin en silencio, pasaba la mirada de uno a otro.

– ¡Venir a molestar aquí! –agrego Mako.

– ¡Lo sé! No tiene respeto por nada –contestó de nuevo abriendo la caja de pollo para tomar un bocado con los palitos e introducirlo sin miramientos en la boca de Lin, que lo comió a la fuerza.

– ¡Y se atreve a amenazarnos! –soltó incansable Mako, doblando la ropa de Lin, empacando la maleta.

– ¡Ya no hay respeto Mako! –dijo metiendo por fuerza otro pedazo de pollo.

–Va a arrepentirse –dijo tirando la tarjeta al bote de basura.

– ¡Lo sé! solo espera a mañana –metió otro pedazo, uno de gran tamaño.

–¡Basta ya ustedes dos¡ –explotó Lin –¡hacen que me sienta como una anciana decrepita aquí sentada¡ –gritó exaltada con la boca llena de pollo agridulce que trago antes de continuar –les agradezco sus atenciones pero tenemos que ponernos a trabajar o las cosas se saldrán de control –agregó quitándose el suero y retirando las sabanas –¡Bolín! convoca una reunión con el Avatar y el resto del equipo –ordenó con fuerza.

Ambos hermanos sonrieron a la vez con complicidad. Mako abrió la maleta que llevaba consigo, mostrándola a Lin; una lustrada armadura de la policía lucía en partes, acomodada dentro de la maleta.

–La reunión es a las seis en la jefatura –Indicó Bolín levantándose de la silla para cerrar las persianas –un carro nos espera –terminó.

Lin los miro conmovida, ambos maestros demostraban conocerla bien.

–Estaremos afuera por si necesita algo Jefa –anunció Mako, ambos salieron de la habitación para dejarla cambiarse.

La jefa de Policía solo atinó a sonreír con agrado al ver a los hermanos salir.

El ligero viento corría por la arboleda hasta la ostentosa terraza, adornada con rebuscados doseles de madera debajo del tejaban. La mansión entera se escuchaba en calma, a excepción del inmenso patio trasero donde las exclamaciones guturales del Avatar resonaban a lo lejos.

En el patio Korra entrenaba con entusiasmo, lanzando ataques elementales a diferentes blancos de madera colocados aleatoriamente en la explanada. Los blancos se mantenían en movimiento, gracias a un curioso invento que Asami había diseñado como regalo para Korra.

El Avatar estaba en su área, ejercitándose mientras lanzaba ataques a los cuatro puntos cardinales; sudaba bajo el sol, dando vueltas patadas y giros.

En una posición privilegiada, fuera del alcance de los múltiples elementos que volaban por el patio, una elegante carpa recubierta de tafetán blanco se erigía protegiendo del ardiente sol a la heredera.

Asami se sentía en casa, cómoda por fin después de algunas semanas de movimiento.

Vestía su etéreo caftán de organza, que dejaba ver sutilmente la fina ropa interior; sentada frente a una pequeña mesa de madera, revisaba concentrada a través de las gafas sus papeles.

Trabajaba en los diseños para la propuesta de la jefatura, la fecha límite era a razón de un mes, dado que el equipo policial no soportaba más el peligroso esfuerzo. Y aunque tenía ya algunas geniales ideas, necesitaba desarrollarlas a conciencia para comenzar con los prototipos.

De cuando en cuando, Asami levantaba la vista para ver a Korra saltando por ahí, le gustaba verla moverse, vigorosa y enérgica, desplazando su atlético cuerpo con gracia y dominio a través de la extensión de la explanada. No obstante, lo que más le gustaba, era ver la brillante y húmeda piel de Korra modelando los prominentes músculos en movimiento, que le saltaban las recias venas por el esfuerzo; eso ponía de un humor carnal a la joven de ojos verdes, que sabía que no debía distraerse tanto si quería terminar los diseños.

–Señorita, tiene visita, la jefa de policía Beifong solicita una audiencia – dijo la voz del mayordomo, interrumpiendo secamente la erótica visión de Asami, que ligeramente ruborizada se giró de inmediato quitándose las gafas.

–Lin no te esperaba tan temprano –dijo ordenando con la mano al mayordomo traer otra silla – ¿gustas algo de tomar? –preguntó.

–Agua estaría bien –contestó Lin sentándose en la silla que le ofrecía el serio mayordomo.

Asami ordenó al mayordomo retirarse y se acercó a la pequeña mesa para servir un vaso con agua, que le ofreció a Lin, que a su vez miraba a Korra ejercitarse.

– ¿Lo hace todo el tiempo? –preguntó observando los intrincados movimientos del Avatar.

–Mas o menos –dijo primero –sí, todo el tiempo –corrigió sonriendo.

Asami se sentó y cruzo la pierna, que se escapaba con sensualidad por la abertura del caftán.

– ¿Como les fue ayer? –Preguntó entonces.

–No tan mal como esperaba –contestó Lin –al final tuvieron que retroceder el proceso penal, sus abogados no estaban suficientemente preparados para justificar la residencia del ignoto en la refinería y decidieron cancelar la demanda en contra de la República –suspiró –fue una suerte, de no ser así mi cabeza como jefa de policía estaría en riesgo.

–Lo sé, y son lo suficientemente estúpidos como para intentarlo en estos tiempos de caos; sabemos que Raiko y Yon Fei no te quieren cerca, algo deben estar tramando, algo que quieren ocultar del Avatar –dijo pensativa.

Una inmensa explosión de elementos se escuchó en la explanada, haciéndolas voltear. Korra en estado Avatar se elevaba a unos metros del suelo, haciendo girar los cuatro elementos a su alrededor. Comenzó a lanzar una serie de ataques fulminantes contra los blancos que terminaban destruidos y humeantes.

–Entonces ¿siempre hace eso? –expresó Lin mirando el derroche de energía.

–Está un poco nerviosa con lo del tipo de la marca, cree que me puso en gran peligro y…

–Estuviste en gran peligro –interrumpió Lin –también ella… a decir verdad todos –terminó desanimada.

–Lo sé, le dije lo mismo, pero cree que tiene que protegerme de todo porque es el grandioso y poderosísimo Avatar; la verdad creo que le dolió el orgullo que le patearan el trasero, y que nos sirvieran en el plato con tanta facilidad.

–No es la única –explicó Lin con desagrado –estuve inconsciente la mayor parte del conflicto, no estábamos preparados.

– ¡Le dije lo mismo!, pero es una cabeza hueca –concluyó, cruzándose de brazos.

Otra explosión elemental retumbo, haciendo volar ligeramente los pliegues de la carpa.

– ¿Cómo vas con los diseños? –preguntó entonces, después de beber un poco de agua.

–De maravilla –soltó con emoción buscando entre sus papeles un plano enrollado de buen tamaño que estiro para mostrarlo a Lin, que al tiempo sacó sus gafas de entre la armadura y se las puso.

–Soberbio –expresó con interés mirando un nuevo modelo de patrulla en cuatro ruedas mucho más delgado y compacto que los actuales. – ¿Y dónde está la maquinaria? –preguntó ajustando las gafas.

–Es mucho más reducida, la mayor parte iría por debajo del chasis, en el centro, y el motor en la parte trasera.

– ¿Y la velocidad?

–Sera rápido como una gacela león, tiene un diseño bastante ergonómico.

–Me gusta –dijo mirando de cerca el resto de los planos.

– ¡Y la mejor parte! no necesitara agua –soltó excitada Asami, buscando un plano alejado del resto, que extendió por encima de los demás, poniéndose las gafas de nuevo.

– ¿Cómo funciona? –preguntó Lin con interés, mirando a Asami.

–El agua en los Satomoviles convencionales sirve para enfriar el motor. En el prototipo que estoy diseñando, el motor es enfriado por una turbina propulsada por el generador, que envía fuertes corrientes de aire, principalmente a las cabezas del motor, que es la parte que más se calienta –dijo señalando un diagrama y agregó –este aire llega a través de la tolva por detrás del sistema de inyección y del generador –hizo una pausa y ajusto las gafas –entonces, a medida que aceleras el motor, es mayor la corriente de aire que produce y por ende mayor enfriamiento –concluyó con satisfacción.

Lin la miraba sorprendida, la verdad no había entendido casi nada, pero de ser posible, tendrían un vehículo mucho más veloz, compacto y resistente, uno que podría viajar largas distancias sin necesidad de agua.

–Impresionante –atinó decir.

– ¡Lo sé! y todo en la pequeña y compacta forma de un escarabajo metal.

–Son creaturas curiosas, sin duda –menciono Lin, pensando en aquella diminuta criatura que tenía el caparazón rocoso incrustado con metales pesados.

Lin revisaba los planos con calma, estudiando los detalles que alcanzaba a comprender; fue entonces que sintió una extraña presencia, levantó la mirada sin mover el rostro y en un segundo uno de los cables metálicos de su espalda salió despedido a gran velocidad atravesando el tafetán, cerniéndose con fuerza a un intruso.

– ¡Identifíquese ahora o atacare! –gritó Lin mirando con decisión el espacio donde intuía al intruso.

Asami sorprendida miraba el espacio en el tafetán. Ambas esperaron en el silencio unos segundos.

– ¡Mmmmm! –Se escuchó con disgusto, era la voz de un niño.

– ¡Es Nahík! –soltó Asami, que se aproximó abriendo un pliegue en la tela.

El disgustado niño luchaba contra el rígido cable que se cernía a su antebrazo. Lin suspiró tranquilizándose, soltó el cable que regreso al carrete en su espalda.

Nahík cayó al suelo de sentón, miraba a Lin con seriedad mientras se sobaba la mano.

–Lo lamento niño, no te esperaba rondando por aquí –Se disculpó Lin.

Asami se aproximó a él y lo ayudo a levantarse.

–Tranquilo todo está bien ahora –le dijo con voz tenue –pronto servirán la comida, ¿tienes hambre? –preguntó entonces.

Nahík se aproximo a su oído y le susurro algo. Lin observaba en silencio, recién recordaba que el pequeño niño había burlado a sus oficiales y escapado de la escena del crimen para encontrar a Asami; era un niño raro, silencioso y misterioso, pero, ¿quién no lo sería después de ver lo que vio? pensó.

–Muy bien, ahora mismo necesito hablar con mi amiga, pero más tarde iré contigo a ver esa ardilla gorrión, ¿te parece bien? –le dijo al pequeño, que asintió con la cabeza en silencio y salió de la carpa corriendo rumbo a la mansión.

–Tienes talento con los niños –señaló Lin sonriéndole a Asami.

–No demasiado, es solo que me enterneció su situación –dijo regresando a su silla –el pobre está solo. Recuerdo cuando mi madre murió, todo era muy confuso y doloroso, mi padre estaba destrozado y se alejo de mí, yo me sentía muy sola.

–Lo lamento mucho –atinó decir la jefa que no era muy buena para ese tipo de conversaciones.

Asami asintió con la cabeza.

–Afortunadamente hubo personas que cuidaron de mí y me ayudaron a seguir adelante, de no ser por ellos no sé en qué clase de persona me hubiera convertido.

–Tienes un buen corazón –expresó sin voltear a verla.

–Gracias –contestó sonriendo ligeramente –ni siquiera puedo imaginar cómo se siente Nahík después de perder a sus dos padres.

–Debe estar muy confundido, es bueno que pueda estar cerca de alguien en quien confía.

– ¿Quién confía en quien? –preguntó Korra entrando en la carpa.

Asami la miro de inmediato, Korra estaba bañada en sudor y llevaba una pequeña toalla colgada en la nuca.

Korra se aproximo a Asami y le dio un beso corto en la boca.

– ¿Cómo resultó? –preguntó dirigiéndose a Lin.

–Aún conservo mi cabeza –contestó con burla.

–Me da gusto escucharlo –expresó sirviéndose un vaso con agua, que bebió de un sorbo.

– ¿Te quedas a comer Lin? –preguntó Asami enrollando sus planos.

–No quiero incomodar –se disculpo Lin.

– ¿Como podrías incomodarnos? –preguntó con sinceridad Asami.

–Esta bien, muchas gracias –dijo mirando a la parejita – ¡por cierto¡ –recordó –venía a contarles algo muy importante.

Ambas miraron con interés a la jefa.

–Anunciaron por escrito la normativa para concursar por el contrato de la jefatura –contó sacando un papel de la bolsa del pantalón que le entrego a Asami.

Asami abrió el papel y lo leyó con rapidez.

– ¿Una carrera de prototipos? –Se preguntó Asami – ¡¿en dos semanas?! –anunció con exalto.

–Así es, no sé de dónde vino la idea, pero se aprobó sin consultar a nadie. La verdad me huele muy mal –expresó Lin, mirando a Asami, que lucía preocupada.

–Debió ser obra de Yon Fei, ese hombrecito me tiene cansada –expresó con disgusto Korra.

–Y que lo digas, algo están tramando, tenemos que ir con cuidado –agregó Lin.

–Disculpe señorita, el Avatar tiene correspondencia –dijo la apagada voz del mayordomo, acercándose a entregar una carta a Asami.

Asami tomó la carta palideciendo por completo al verla.

– ¿Qué pasa? –preguntó Korra, tomando la carta de entre sus manos y leyendo el remitente para sí; sobrecogida miró la carta en silencio.

– ¡¿Cómo se atreve?! –soltó con indignación y enojo Asami, levantándose de la silla.

–Es de Kuvira… – explicó Korra a la confundida Lin.

– ¡¿Kuvira?¡ –soltó Lin igualmente impresionada –¿Qué dice? –preguntó entonces.

Korra abrió la carta y la leyó:

"Solicito la urgente presencia del Avatar en la ciudad de Ba Sing See"

Atte. La Gran Unificadora

El silencio se hizo por unos segundos, Lin y Korra se miraban intrigadas.

– ¡De ninguna manera vas a ir con esa mujer! –decretó Asami enfurecida.

Korra abrió la boca para decir algo.

– ¡Está loca y es peligrosa! –la interceptó Asami, quitándole la carta de las manos.

–Pero… –intentó Korra.

– ¡Dije que no! –sostuvo con ira rompiendo la carta.

Korra sintió un escalofrió subir por la espalda, decidió guardar silencio por ahora, siempre que Asami se ponía así era mejor no llevarle la contra.

– ¡La comida está lista! –soltó con fiereza Asami.

–Si señora… –dijo burlona y quedamente, mirándola cautelosa con una sonrisa fingida.

Asami salió de la carpa hecha una furia, Korra soltó el cuerpo y exhalo el aire contenido. En silencio Lin observaba la situación con seriedad, suspiró al ver salir a Asami.

– ¿Qué piensas hacer? –preguntó Lin.

– ¡Gran unificadora! –Se escuchó a lo lejos con sarcasmo.

–No tengo la más remota idea… –respondió Korra.

– ¡Gran asesina, eso es lo que es! –refunfuñó sonoramente la heredera.

–Estas en problemas –se burló Lin.

–Me siguen como imanes… –expresó Korra con la cabeza gacha y los hombros caídos.

Lin se rio de ella con ligereza y ambas salieron de la carpa rumbo al comedor, escuchando las quejas de Asami a lo lejos.

· · ·