Tenía 10 años cuando en el barrio se comentó que los Kuchiki habían tenido una hija. Todos los apreciaban, pues eran amables, sencillos y se notaban muy enamorados. El aún recordaba a Hisana cuando salía a pasear con la niña en el cochecito.

Rukia creció. Primero fue una niñita que correteaba por el barrio. Después empezó a ir al colegio. Los Kuchiki no querían que su única hija fuese a una escuela pública y la enviaron a un colegio de monjas, lo que representó una gran sacrificio para ellos. Y así pasaron los años, hasta que Rukia se convirtió en una mujer bellísima, con una distinción innata.

Ichigo contrató a Byakuya, pues era un empleado muy eficiente, y como encargado del taller podía confiar en él.

Rukia empezó a trabajar. Ganaba para ella, según decía su padre. Este también comentaba que su hija era tan bella, que llegaría hacer una gran boda. ¿Qué entendía Byakuya por un gran boda?

Un día la vio llegar desde la ventana de su apartamento con un hombre joven, muy elegante. ¡Una gran boda!...Se mordió los labios. Le dolió mucho. Recordó que a la mañana siguiente, cuando entró en el taller, estaban sus 15 empleados trabajando y una joven secretaria lo miró con ojos seductores. A Ichigo le tenían cuidado las miradas de su empleada. El amaba a una muchacha y no era de los hombres que cambian de sentimientos como de chaqueta.

Con fiera amargura pensó en las pretensiones de Byakuya Kuchiki . ¡Una gran boda para su hija!

Matsumoto Rangiku y Rukia Kuchiki trabajaban en la misma oficina y salieron juntas a la calle.

Matsumoto era una joven de grandes ojos grises claros. Rukia era mucho más bella, cabello color azul oscuro, ojos violetas algo oscuros y un poco pequeña de estatura. Quienes la conocían decían que había reunido todas las bellezas de la naturaleza. Y quienes la envidiaban afirmaban que "Rukia es una presumida".

La chica no era presumida, más bien era sencilla y cordial, pero tenía una aspiración: casarse con un hombre rico. Y creía que pronto iba a conseguirlo. Su novio se llamaba Kaien Shiba y pertenecía a una familia de militares millonarios, quienes, además, eran aristócratas. Las amigas, excepto Matsumoto, la envidiaban, y los hombres lo envidiaban a el.

Cuando salieron a la calle estaba lloviendo y Matsumoto le preguntó a Rukia:

-¿No viene Kaien a buscarte?-

-No. Tiene que acompañar a su madre a un desfile de modas.-

-¿Por qué no vamos al cine?-

-¿Estás loca, Matsumoto? Kaien me ha prohibido salir sin él.-

Matsumoto no aprobaba el noviazgo de su amiga y se lo había dicho.

-Pero Kaien va a divertirse en su esfera social. Yo, en tu lugar, no le tendría tanta consideración.-

-Kaien me quiere mucho.-

-Mira, Rukia, no confíes demasiado en él. A muchos hombres les gusta pasear con chicas guapas, pero a la hora de casarse buscan a una igual a ellos.-

-Está bien, Matsumoto, vamos al cine.-

A la salida del cine se encontraron con Ichigo Kurosaki. Este las saludó con un simple "hola", pero Matsumoto, quien hacía hablar hasta a las piedras, entabló una conversación con él. Los tres caminaron unas cuadras, pues el cine quedaba cerca del barrio donde Ichigo y Rukia vivían. Cuando se despidieron de él. Matsumoto le preguntó a Rukia:

-¿No te simpatiza Ichigo?-

Rukia se alzó de hombros.

-Me impone un poco. Ichigo es como una estatua, Matsumoto.-

-Yo lo encuentro muy interesante. Es un hombre serio, que no dice tonterías.-

-Cuidado, Matsumoto, podrías enamorarte de él- le dijo Rukia.

-No, Rukia. Yo estoy enamorada de mi novio y le soy fiel aunque esté lejos, en una base militar…¿Sabes? Me parece que Ichigo es difícil de conquistar.-

-Nunca lo he visto con novia.-

-¿Vive solo?-

-Con su madre. Papá lo admira mucho. Dice que es un muchacho muy esforzado. Pasó años de pobreza. Ahora tiene un taller de mecánica y le va muy bien reparando autos.-

-¿No te parece meritorio?-

-Sí, pero no querrás que por ello ame a Ichigo Kurosaki, ¿verdad, Matsumoto?-

Matsumoto se echó a reír.

-No te imagino amando a un hombre como Ichigo. El es….-

-Tosco- le dijo Rukia.

-No. Tosco no es la palabra. Es mu viril, enigmático… Hay algo en su mirada que indica que es un hombre apasionado.-

-Ves visiones, Matsumoto. Bueno, adiós, que tienes que caminar hasta tu casa.-

Un auto frenó a su lado. Era de color azul, bastante nuevo. Al volante iba Ichigo Kurosaki, quien le dijo a Rukia:

-Voy para la casa, Rukia, ¿quieres que te lleve?-

-Claro que sí, Ichigo.- dijo subiéndose -. Te lo agradezco. Hoy salí un poco tarde del trabajo. ¿Es tuyo este auto?-

-No. Lo reparamos hoy en el taller y lo estoy probando.-

Hubo un silencio. De pronto, Ichigo aminoró la marcha y la miró. Rukia pensó en Matsumoto. Tal vez tenía razón, pues la mirada de Ichigo era enigmática.

-Rukia, quiero decirte algo.-

-Dime.-

-Tú sabes que no soy un sentimental.-

Rukia frunció el ceño. ¿Qué le importaba que Ichigo fuera o no un sentimental?

-No te conozco mucho, Ichigo. Nunca hemos conversado.-

-Pero sabes que soy leal.-

-Sí.-

-Nunca he tenido novia.-

Rukia lo miró con curiosidad. ¿Por qué le decía todas esas cosas?

-Bueno, nunca te he visto con una.-

-No la he tenido, porque no me gusta engañar a una mujer. Antes no hubiera podido ofrecer matrimonio, pero ahora sí.-

Rukia se estremeció. Empezó a intuir lo que Ichigo iba a decirle y sintió molestar.

-Rukia, yo...-

-No me lo digas, Ichigo- dijo con temor-. Te lo suplico.-

Ichigo estacionó el auto.

-Tengo que decírtelo. Estoy enamorado de ti, Rukia.-

-No deseo hacerte daño. Eso debiste callarlo siempre.-

-Te amo desde siempre, Rukia. No sé conquistar a una mujer, pero te juro que a mi lado serías feliz.-

-Tu sabes que tengo novio. Nunca he pensado en ti como posible marido. Compréndelo, Ichigo.-

-Sé que tienes novio, Rukia. Un chico rico y despreocupado que no se casará contigo. Y pese a lo mucho que te quiero, desearía equivocarme, para que fueras feliz.-

-Ichigo- dijo Rukia, conmovida-, no quiero que sufras por mi causa.-

-Es inevitable, Quiero que sepas que si algún día me necesitas, en cualquier condición, siempre estaré dispuesto a ayudarte. No lo ovlides.

-Ojalá no te necesite...-

-Ojalá, Rukia, pero si eso ocurre...

Le habían enseñado a no ocultar nada, y cuando Rukia entró en su casa, Hisana y Byakuya se dieron cuenta de que algo muy serio le pasaba.