Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, la imagen de portada la encontré en google pero no tengo idea del autor, si alguien sabe favor de aclarármelo para agregar sus créditos.

Esta es una adaptación PARCIAL del libro Foreplay (Juego Previo) de la autora Sophie Jordan, por lo que es la misma trama del libro, y hay escenas que estarán calcadas tal cual y muchas otras escenas que serán escritas completamente por mi autoría para hacerla acorde a los personajes de la serie y la trama original que lleva, pueden descargar el libro traducido al español muy fácilmente y es totalmente recomendado.

Si alguien desea adaptar esta historia, utilicen el libro original tal cual vienen las escenas y no hay ningún problema. Pero en este fic, hay muchas escenas y diálogos de mi autoría por lo que no autorizo que la utilicen en ningún otro fandom o página. Prohibido el PLAGIO.

Errores de escritura favor de decírmelo para modificarlo.


Juego Previo

Capitulo 2

Obligué a mis labios a cerrarse para contenerme de seguir discutiendo con Chat Noir. El pensaba que yo era una chica buena porque así era como lucía. No lo haría cambiar de parecer con palabras. Esas eran el tipo de cosas que uno demostraba.

—Usa tus codos para poder pasar —me aconsejó Chat y le dio un golpecito a su codo.

En ese momento, Nathaniel vino hacia mí y repetí la orden que había derramado hace un momento. Él se alejó, llenó otra jarra y luego la colocó frente a mí. Busqué torpemente el dinero en el pequeño bolso sujeto con una correa a través de mi pecho, pero sorpresivamente Chat Noir se adelantó y colocó una mano enguantada encima de la mía, deteniendo mi movimiento.

—Considéralo un regalo por tu primera aventura en los bares —me guiñó un ojo, luego señaló la sala principal—. Sólo recuerda usar tus codos, good princess.

Con esa línea de despedida, Chat Noir se movió por la barra y caminó hacia lo que parecía ser un salón privado dentro del bar, donde desapareció tras cerrar la puerta detrás de él. Permanecí ahí y lo miré por un instante, contemplando nuestro intercambio.

—Supongo que no me sorprende que seas amiga de Chat Noir.

Mi atención voló de inmediato hacia Nathaniel, que miraba por donde Chat se había ido.

—¿No? —pregunté, ligeramente sorprendida.

Nathaniel volvió la mirada hacia mí y e hizo un gesto vago con los hombros.

—Debo admitir que trabajaron muy bien juntos cuando yo estaba akumatizado. Supongo que nunca dejaron de hablarse desde ahí —ante mi falta de respuesta, continuó hablando—. Es una gran persona, lo considero un buen amigo. Después de que me salvaron, me visitó para preguntarme si estaba bien, y luego simplemente comenzamos a hablar y nos hicimos amigos.

—Vaya —dije sorprendida, luego pensé en el hecho de que Chat dijo que él pagaría mi nueva ronda de bebidas, pero nunca lo vi darle ningún billete a Nathaniel, no como todos los demás que pagábamos inmediatamente después de ordenar—. Lo siento, Chat dijo que el pagaría esto pero debió haber bromeado.

Volví a intentar tomar mi bolso, y esta vez fue Nathaniel quien me detuvo.

—No estaba bromeando, Marinette, en realidad Chat Noir es el dueño de este lugar.

—¿En serio?

—Algo así —volvió a mover los hombros, restándole importancia—. Lo correcto es que él puso todo el capital y yo lo administro bajo mi nombre, con eso de que no puede revelar su identidad secreta y eso. Solo tenemos ocho meses de apertura pero nos ha ido muy bien.

Esto sí que era impresionante. Siempre vi a Chat Noir como un gato desinteresado y bromista, no como una mente de negocios. Aunque después de su triste declaración acerca de su vida personal, me doy cuenta de lo realmente poco que lo conozco. Y eso me cierto modo me decepcionó. Quería saber más de él, entenderlo. Pero de nuevo, no era posible saber quién estaba detrás del antifaz.

—Realmente me alegro por ustedes —sonreí—. Ahora este será mi lugar favorito —Y realmente sabía que no mentía. No con la repentina y disparatada idea que tenía en mente—. Nos vemos Nath.

Él se despidió y me di media vuelta, maniobrando de nuevo a través de la multitud, siguiendo el consejo de Chat y utilizando mis codos. Me consiguió malas miradas, pero funcionó.

—¡Por aquí! —Alya hizo un gesto salvaje desde una mesa.

Dejándome caer en la silla, dejé la jarra en la mesa.

—Bueno —Chloé se acercó a mí de inmediato—. ¿Es ardiente?

Llené un vaso y tomé un profundo trago, repentinamente sintiendo como si necesitara la fortificación, incluso si no era fan de esas cosas. Tomando un respiro, decidí soltar la bomba.

—Es Nathaniel.

A ambas les costó al menos cinco segundos asimilar lo que había dicho.

—¿Estas de broma? ¿Hablas de Nathaniel, nuestro ex compañero del colegio? —inquirió Alya, con una expresión que variaba entre la sorpresa y la incredulidad.

Asentí.

—Y la verdad es que ha cambiado para bien.

Repentinamente, Chloé soltó una sonora carcajada.

—Bueno, esto tengo que comprobarlo yo misma. Es una lástima que ya te lo haya cedido Marinette, el tonto pelirrojo me parecía lindo cuando éramos niños.

Mi cabeza se disparó hacia ella, totalmente sorprendida de su revelación. Luego, recordé el asunto del juego previo.

—No voy a coquetear con él, Chloé. No puedo hacerlo. Aunque sea atractivo, no siento ningún tipo de atracción, y si realmente voy a hacer esta locura debe ser con alguien que mínimamente me guste.

Ella bufo, y Alya asintió de acuerdo. Honestamente, no me molestaba ser virgen. Lo que me molestaba era ser invisible para el sexo opuesto, o que me miraran y lo único que pudieran pensar era en "Marinette, la chica buena e inocente".

Tomé un sorbo de mi vaso y paseé la mirada por la habitación, evaluando a la multitud. Había chicas hermosas por todos lados: riendo, hablando, ondeando su cabello en el aire con movimientos suaves y sueltos. Nunca me había sentido tan apartada de mi lugar como lo hacía en ese minuto.

Cualquiera de esas chicas tenía una mejor oportunidad con Adrien que yo. Todo porque no temían perseguir lo que querían. Todo porque sabían cómo hablar, cómo actuar, cómo ser en torno a los chicos. Si ellas lo descubrieron, yo también podría. Mi mirada regresó rápidamente a mis amigas, la determinación corriendo a través de mí.

—Claro chica, estoy de acuerdo —anunció Alya, mirando por la habitación—. A quién deberíamos…

—No —extendí un dedo—. Si voy a hacer esto no será con algún chico inútil que probablemente no es mejor besando de lo que lo soy yo —centré mi mirada en cada una de mis amigas—. Como hablamos más temprano, quiero a alguien que sepa lo que hace —tomé una respiración profunda, una imagen llenando mi mente—. Me he encontrado con un amigo en la barra que no es Nathaniel, alguien que es muy apuesto y claramente sabe lo que hace, porque se lo coqueto que es. Voy a intentarlo con él. Tomaré cualquier consejo que me den.

—¿Es en serio?

Ambas parecían desconcertadas. Asentí y tomé otro trago, encogiéndome ante el amargo sabor.

—Sí. Juego previo. Quiero aprender.


Nada sucedió esa noche. Una cosa es decidir acercarse a un chico, y otra muy diferente es levantarse y hacerlo sin mirar atrás. Todas decidimos irnos a casa y regresar armadas con algún plan. O al menos un atuendo mejor.

En realidad pude levantarme a tiempo para mi clase en la mañana, gracias a Tikki y su increíble ayuda para despertarme temprano.

Caminé rápidamente por el campus, admirando las hojas cambiando de color y disfrutando de la frescura del aire en Paris mientras caminaba. Apenas había comenzado el otoño, y cada tono de rojo, café y beige ya se encontraba adornando el ambiente. La baja temperatura de anoche aún me hacía morderme las mejillas. Y puede que incluso hiciese más frío pronto.

Después de clases, guardé todo y espere pacientemente a ser la última en el aula, para evitar el desastre que se hacía en la puerta con la marabunta de estudiantes queriendo salir. Me dirigí hacia casa, pensando el cómo deseaba comer un bolillo relleno de crema de los especiales que hace papá. Cuando no me daba tiempo de tomar un latte en casa, pasaba a la cafetería del campus por él, pero no tuve tiempo hoy.

Al momento de entrar a la panadería, me moría por un choque de cafeína. Mis padres debieron haberlo adivinado porque lo primero que vi cuando entre fue el brazo extendido de mi padre, con un bote grande de latte hacia mí.

Salude a mis padres con un beso mientras ambos estaban atendiendo a la clientela, que en ese momento estaba solo un poco concurrida. Me detuve en los estantes para tomar mi tan ansiado panecillo cuando mi teléfono vibró en mi bolsillo.

Lo saqué y leí el mensaje de texto de Chloé. "¿Hola, servicio a domicilio de la panadería Dupain-Cheng? ¡Tráigame a la suite 17 del Hotel Burgeois una docena de croissant de chocolate antes de que asesine a alguien!"

Aparentemente, ya se había levantado. Riéndome, me dispuse a contestar el mensaje cuando un saludo a mi lado de sacó de mi trance informático.

—Hola, Marinette —Las palabras besaron mi mejilla en una pequeña ráfaga de aliento. Me giré, y mi mirada chocó contra el blanco de mis deseos frustrados. O al menos de la mayoría. Mi corazón se infló dentro de mi pecho.

—Hola, Adrien.

¿Acaso mi voz sonaba así de chillona? Mi mirada lo recorrió, captándolo por completo de una vez. Su cabello rubio, arreglado con cuidado. Esos suaves ojos verdes, como el pasto recién cortado. Asintió hacia mi teléfono.

—¿Estás leyendo algo gracioso?

Guardé el teléfono en mi bolsillo.

—Lo habitual, nuestra Chloé dando órdenes.

Adrien se rió con reconocimiento. Un sonido bajo, discreto y suave que me pareció de lo más lindo.

—Uno nunca termina de acostumbrarse a su encanto, supongo… ¿Cómo has estado?

—Bien —asentí demasiado entusiasta, luego sentí como mi rostro se enrojecía de vergüenza. Con él siempre era así. Ligeramente incómodo. Al menos, yo era así. Él siempre se encontraba tranquilo, mientras que yo volvía a ser esa niñita de catorce años a la que él intimidaba, a pesar de que siempre era agradable conmigo. Se me quedó mirando durante un momento, antes de que yo añadiera—: Alya me contó lo que hablaste con Nino.

Resistí la urgencia de cerrar los ojos en un parpadeo largo y lleno de angustia. Aparentemente sólo podía hablarle en fragmentos cortados. O de hacer el ridículo. De cualquier modo, mi comentario puso un poco incomodo a Adrien, porque se tensó repentinamente y se frotó la cabeza con su mano.

—Sí. Supongo que me tarde un poco en delegar algunas cosas desde… ya sabes.

—No, ¡No! —me apresuré, ruborizada. Tenía que arreglar las cosas cuanto antes. Sus ojos se habían oscurecido de pronto, recordando a su padre y la razón por la que estaba tan atascado de responsabilidades en primer lugar—, Yo no me refería a eso… sino a la salida a Versalles. ¡Estoy muy agradecida por considerarme!

Casi suspire de alivio cuando el rostro de Adrien se relajó, y su sonrisa apareció en su rostro de nuevo.

—Claro, nunca es problema cuando se trata de mis amigos.

Y ahí estaba de nuevo. Amigos. Las palabras se desinflaron dentro de mi garganta, y un nudo horrendo se instaló en ella.

—Hola Adrien, ya está listo lo que pediste hace una hora por teléfono —interrumpió mi madre, sonriendo jovialmente. Mi atención se desvió hacia ella del otro lado de la barra, agradecida de su ayuda cuando más lo necesitaba.

—Buenas tardes señora Cheng —saludó Adrien siempre formal, alcanzando su billetera y dejando una cuantiosa propina mientras tomaba la enorme bolsa de pan. Debía llevar al menos seis ahí dentro—. Muchas gracias por la molestia.

—No es ningún problema, puedes pedir lo que gustes —murmuré atropelladamente. Mi madre se rió y no supe si fue porque notó mi nerviosismo o porque siempre era tan risueña.

Acompañe a Adrien hacia la salida, deseando extender aquel momento lo más posible.

—Entonces —comencé cuando ya estábamos afuera, esperando no sonar demasiado obvia con mi siguiente pregunta, pero fallando horriblemente en el proceso—. ¿Hay alguien importante en tu vida y por eso es que pediste tiempo para ti?

Perfecto, modo ridícula activado.

Como respuesta, Adrien se rió y negó con la cabeza.

—No, sólo necesitaba un respiro. Y no es que este viendo a nadie de esa manera, tiene que ser… especial, para que suceda.

Asentí sin decir nada, con un puño apretando mi corazón. La esperanza me llenó por completo. Esa fe de que algún día levantaría la vista y me vería como ese alguien especial.

—Seguro… Lo entiendo.

—Suficiente de mí. ¿Qué hay de ti? ¿Estás saliendo con alguien? ¿Alguien al que deba supervisar, para cerciorarme de que te trate bien?

Mi rostro se enrojeció y miré hacia mi vaso, jugueteando con el borde de la tapa.

—No tienes que hacer eso.

No sabía si era algo bueno o malo —que tomara una postura protectora. Si sus motivos eran más egoístas que altruistas, sería bueno. Desafortunadamente, siempre me había cuidado de la misma forma en que cuidaba a Alya o Chloé, como una amiga más. Quería… no, necesitaba que me viera como una chica de carne y hueso… alguien a quien protegería porque me quería para sí mismo.

—Sí. Bueno, cuando conozcas a alguien, cerciórate de que te trate bien. Te lo mereces.

Su mirada se suavizó, pero no por las razones correctas. Al mirarme veía a la amiga de años, no a la chica que era.

—Seguro —carraspeé—. Supongo que le llevaré a Chloé lo que me pidió.

Con la garganta de pronto comprimida, di un paso hacia atrás asegurando mi bolso a mí alrededor. Adrien asintió y me dio un abrazo rápido, con cuidado de no derramar mi vaso.

—Fue bueno charlar contigo.

—Nos vemos, Adrien.

Mi brillante sonrisa se desvaneció cuando se giró. Lo observé moverse por la acera, luego subirse a la brillante limosina negra que siempre lo llevaba a todos lados. Me mantuve allí, bloqueando la entrada de la panadería hasta que ya no pude distinguir el auto. Hasta perderlo de vista.

Todas las emociones, toda la desesperación que sentí anoche, surgieron otra vez en mi interior. Regresaron con mucha más fuerza. Sabía lo que tenía que hacer. Si quería que me mirara de forma diferente entonces eso tenía que ser: diferente.


—Ahí está el tomate —Chloé sacudió la cabeza—. No puedo creer lo cambiado que está. Es caliente —Alya le dio un codazo alentador y agitó una de sus cejas finamente arqueadas—. Me hace considerar el lanzarme sobre él… ¿Dónde está tu hombre?

No hay marcha atrás. Estaba de pie a varios metros lejos de la barra, medio escondida detrás de mis amigas mientras espiaba el lugar sin ser detectada, esperando mirar a Chat Noir en alguna parte. Sus palabras no me perturbaban.

—Supongo que estará en el privado donde lo vi irse la otra vez, iré allá directamente. O quizá le pregunte a Nathaniel, es su amigo también.

—Buena idea —apoyó Alya—. Te ves bien esta noche. Mejor que la mayoría de estas pavas exageradas, que contonean las plumas de su cola alrededor de todos los especímenes. Tú tienes algo que ellas no.

—¿Si?

Miré hacia abajo. Los pantalones vaqueros que llevaba eran nuevos y totalmente apretados, quizá demasiado pero Chloé dijo que era el punto. Resaltar las curvas. Hubiera preferido usar algo más cómodo, pero sencillamente no tenía nada que fuera adecuado para coquetear.

La blusa también era nueva, de hecho una confección mía. Varios tonos de violeta y azul. De estilo muy bohemio y volátil. Alya juró que iba muy bien con mi cabello negro azulado. Era de cuello ancho y cada vez que tiraba de ella sobre un hombro, se deslizaba por el otro. Una vez más, el objetivo, de acuerdo con Chloé.

Alya asintió.

—Sí. Tú tienes… —hizo una pausa, buscando la palabra—… una frescura en ti.

Hice una mueca, sintiendo como si me hubiese dicho "chica buena". Parecía no poder escapar de ese apodo. Respirando con fuerza, decidí que tenía que sobresalir de alguna manera sobre el resto, y estaba convencida de que mi frescura no iba a hacer el truco.

—Muy bien, voy allá —dije con más confianza de la que en realidad sentía.

Me acerque a la barra y saludé a Nathaniel en cuanto estuvo enfrente de mí. Le pregunté si había visto a Chat Noir, porque había quedado con él hoy. Quizá mentí un poco, pero soné tan natural que él no dudo ni un momento.

—Las veces ocasionales que pasa por aquí, siempre permanece en su privado —señaló hacia la derecha, la habitación donde lo vi desaparecer ayer—. En realidad fue raro haberlo visto ayer en la barra. Supongo que tenía la puerta abierta, te miró pasar de casualidad y se acercó a ti.

Esa nueva pieza de información removió algo en mí, pero rápidamente decidir quitarle importancia. Chat tenía un fanatismo por provocarme, no era ninguna sorpresa que se acercara.

Le agradecí a Nathaniel y me dirigí hacia la puerta. A primera instancia el privado parecía vacío, debido a la poca luz dentro que se podía colar debajo de la puerta, pero aun así me aventuré.

—No dar marcha atrás —repetí en mi mente, mi resolución seguía ahí, ardiendo caliente dentro de mí, impidiéndome girar y salir corriendo.

Toqué la puerta, y mi corazón se ralentizó un poco mientras esperé. No había terminado de contar diez segundos cuando la puerta se abrió y pude ver a Chat Noir justo frente a mí.

—Vaya, estoy sorprendido de que vinieras a buscarme por ti misma, princess ¿Cómo va todo?

Esta vez no estaba camuflado, aunque si noté la sudadera y el pantalón en el suelo a lo lejos, por lo que estaba exponiendo su traje negro en toda su perfección. Supongo que solo se camuflaba cuando realmente salía de su espacio privado y pasaba entre la gente.

Él lucía tan bien como siempre. Mejor. Un cuerpo hecho para el pecado y una cara que era demasiado masculina para ser bella.

—En realidad solo venía a preguntarte si querías unirte a nosotras en un juego de billar —dije vacilante, señalando hacia donde Chloé y Alya competían contra tres chicos alrededor de la mesa.

No me respondió de inmediato, en su lugar regresó al sillón para dejarse caer distraídamente. Miré cómo vertía cerveza desde la enorme botella hasta su aun más enorme vaso, admirando la flexión de sus bíceps. Su mirada se levantó hacia mí, de la forma en que noté que lo había hecho anoche. Mirando, evaluando. ¿Tal vez en busca de problemas? Los profundos ojos verdes pasaron sobre mí y miró hacia la puerta, antes de llevarlos de regreso. Él sonrió torcidamente.

—No creo que sea buena idea, princess, mi habilidades en billar llamarían demasiado la atención y no quiero quitarte brillo.

—Bueno, seguro. Como sea.

Tonta. Me sentía como una niña de trece años. Mi cara ardía. Me moví para salir hacia mis amigas cuando de pronto su mano enguantada alcanzo mi muñeca, sujetándome.

—Podrías quedarte conmigo aquí y charlar… si quieres.

Algo en su tono parecía vacilante, como si de pronto su coquetería se hubiera ido por el garete. Parecía necesitar realmente compañía, algo para no sentirse solo. Me conmovió, más de lo que esperaba.

—Sí —dejé salir por fin de mis labios.

Se enderezó y fue hacia mí. Sin decir nada más volvió a sentarse pero esta vez, me arrastró con él de la cintura para que cayera a su lado en el mullido sofá.


Chat Noir y yo estuvimos platicando al menos por una hora, y de no haber sido porque estábamos en el privado, probablemente todas las cabezas del bar habrían girado hacia nosotros por el modo en que yo me reía. No podía evitarlo, Chat era simplemente demasiado para permanecer seria por más de cinco minutos. Y luego estaban esas miradas de soslayo que me daba, contenidas, como si ocultaran un secreto. Enviaba escalofríos a través de mi vientre, y mi corazón se disparaba sin poder evitarlo.

—Tengo que ir al baño —dije luego de su última mirada escrutadora, prácticamente saltando fuera del sillón y fuera de la habitación hacia un lugar donde pudiera tranquilizar mis sentidos un poco.

Crucé hasta el estrecho pasillo que conducía a los baños. Eran de uso individual, y por lo general no había cola. Una vez dentro, puse el pequeño gancho en su lugar, cerrando la puerta. Girándome, vi mi reflejo. Traté de arreglar las hebras de color azul, considerando que tal vez era hora de un corte de pelo. De hacerme capas o algo así.

Momentos más tarde, terminé de lavarme las manos y abrí la gruesa puerta de roble, notando de inmediato a un chico que esperaba fuera. Al principio pensé que estaba en la fila para el baño de hombres, pero la forma en que su mirada se clavó en mí me hizo darme cuenta de que me esperaba.

—Hola —se apartó de la pared.

—Hola —murmuré, dando un paso hacia el estrecho y largo pasillo y deseando que la luz fuera mejor. El espacio en sombras hacía que se sintiera demasiado íntimo. Se puso en mi camino—. ¿Se te ofrece algo?

El tipo le dio una descarada mirada a mi cuerpo antes de nivelar sus ojos con los míos.

—Te he visto pasar y me pareciste muy interesante —dijo con un tono de voz que quizá pretendía ser coqueto, pero a mí me hizo arrugar la nariz—. ¿Por qué no me acompañas a mi mesa y nos conocemos un poco?

Negué con la cabeza.

—Tengo que levantarme temprano —Mañana seria sábado y mi excusa no era cierta, por supuesto, pero él no lo sabía.

—Au. Vamos —se acercó más. Mi espalda chocó contra la pared, haciendo sonar los marcos y las placas redondas que la decoraban. Levanté las manos frente a mí mientras él continuaba acercándose.

—Uh, ¿qué estás…?

Cerró la distancia, plantando sus labios sobre los míos. Me quedé inmóvil, en estado de shock. Su áspera lengua empujó entre mis labios y me atraganté. No sabía si estaba demasiado metido en el beso y no se daba cuenta de que yo no quería, o si no le importaba. O estaba demasiado borracho. En cualquier caso, sus labios se quedaron firmemente pegados a los míos, sucio y descuidado.

Apreté una mano entre nosotros. Doblando mis dedos en un puño, lo golpeé en el hombro con fuerza con mi mano libre. Él me abrazaba con tanta fuerza que no pude conseguir sacar mi otro brazo de entre nosotros.

Luego desapareció. Así sin más.

Me limpié la boca con el dorso de la mano como si pudiera deshacerme del beso no deseado, y me aparté de la pared, centrándome en la escena delante de mí. El tipo estaba en el suelo, y una figura con ropa deportiva ancha estaba encima de él.

Me tomó unos segundos entender que era Chat Noir quien estaba aquí, ayudándome. Rescatándome una vez más. Seguramente había venido a buscarme cuando me tarde en regresar.

Me moví, mis pies acercándose a ellos. Mirando por encima de su hombro, me quedé sin aliento al ver la cara del tipo. Estaba sangrando, sobre todo por la boca. Me aferré al brazo de Chat Noir justo cuando se movía hacia atrás, listo para dar otro puñetazo.

—¡No! ¡Alto!

Él me miró con una expresión salvaje, nada parecida a su diversión habitual. Su mandíbula tensa. Un músculo palpitaba en su mejilla. No supe cuánto tiempo me observó con los ojos brillantes. Se sintió como una eternidad antes de que hablara, antes de sentir su voz, grave y profunda, pulsando a través de mí.

—¿Estás bien?

Asentí. Hice un gesto con la cabeza hacia el muchacho en el suelo.

—Puedes dejar que se vaya.

El tipo en el suelo lloriqueaba ahora. No podía descifrar su discurso. Eran más sollozos que palabras. Los músculos firmemente agrupados de Chat Noir se aliviaron bajo mis dedos y me di cuenta de que todavía estaba aferrada a su bíceps. Sin embargo, no lo solté. No de inmediato. Bajé la mirada hacia su brazo, como si tuviera que ver por mí misma dónde conectaba nuestra carne.

Dejé caer mi mano. Él apartó la mirada y miró al muchacho de nuevo. Levantó la otra mano y señaló al final del estrecho pasillo.

—¡Fuera de aquí ahora mismo!

El chico asintió ferozmente. Hice una mueca. Dolía solo mirarlo. Él se puso de pie, murmurando. Estaba casi fuera de la sala cuando Chat Noir le gritó, indiferente a algunos clientes que miraban con curiosidad en nuestra dirección.

—¡No quiero volver a verte por aquí de nuevo!

A solas con mi salvador, inhalé. Mis pulmones de repente se sentían increíblemente apretados, demasiado pequeños para soportar el aire. Él me miró de frente.

—Gracias —dije de manera atropellada.

Asintiendo, elevo una de sus manos enguantadas hacia mi rostro. Sentí mi corazón retumbar en mis orejas justo en el momento en que Chat peino las hebras de mi cabello con sus dedos.

—Siempre que lo necesites, Marinette —dijo profundamente sin despegar sus ojos de mi rostro, y mi corazón retumbó el doble.

Me alejé un paso de él. La repentina realidad de que realmente no podía hacerlo. ¿Pedirle a Chat que me enseñara el juego previo? Él era mi mejor amigo, y no podía simplemente arriesgar nuestra amistad por un capricho como ese. No importa cuánto lo deseaba.

—Esto es una locura —ignorando su mirada confusa por lo que acababa de decirle sin darle explicaciones, retrocedí hacia la multitud—, Lo siento, me voy.

Me despedí y me volví, empujando mi camino a través de la contracción de cuerpos hasta que salí prácticamente huyendo. Levanté la cara hacia el aire fresco del otoño y contuve el aliento como si acabara de salir de una profunda piscina de hielo. Le envié un rápido mensaje a Alya diciéndole que me iba a casa, y no esperé a su respuesta para guardarlo en el bolsillo de mi pantalón.

Caminando a través del estacionamiento, las suelas de mis botas crujían sobre la grava suelta cuando una mano se posó en mi hombro. Con un grito, me di la vuelta y mi puño voló instintivamente, arremetiendo. Mis nudillos esquivaron un hombro.

—Tranquila, gatita —Chat Noir se quedó allí, con una mano en el aire. Me tapé la boca con ambas manos. Mis palabras se escaparon, ahogadas.

—¡Oh! Lo siento.

—Nah, no lo sientas, debería de haberte llamado. Buenos reflejos —él continuó—. No deberías estar aquí sola por la noche. Hay tipos que se toman unas cuantas copas, ven a una chica bonita caminando sola… —Su voz se desvaneció, su implicación clara—. Voy a acompañarte hasta tu auto.

—Gracias —me volví en dirección a mi auto. Se puso a caminar a mi lado.

Deslicé una larga mirada en su dirección, plenamente consciente de su altura. Yo era diminuta a comparación, la cima de mi cabeza apenas le llegaba al pecho. Era consciente de su brazo, tan cerca del mío mientras caminábamos.

—Lo siento, princess —dijo Chat Noir cuando nos detuvimos junto a mi auto. El tono ronco de su voz continuó—: Ser maltratada fuera del baño podría haber disuadido a algunas chicas de volver de nuevo.

—Yo no soy la mayoría de las chicas. Sé cuidarme sola —él no tenía ni idea. Podía parecer ingenua e inocente pero era fuerte, ser Ladybug me obligaba a ser fuerte. Costaba mucho asustarme. Busqué mis llaves—. Puedo verme como una chica de universidad y no como una de las chicas sexys que trepan a través de la barra cada noche, pero…

Su voz se redujo hasta ser suave y profunda, sin ningún indicio del mal genio que estaba sintiendo yo.

—Tienes razón. Tú nunca serás como las otras chicas —mis dedos se cerraron alrededor del duro acero de mis llaves. Desbloqueando la puerta y abriéndola, levanté la mirada, pero luego me perdí en sus ojos que hicieron que todo dentro de mí se sintiera caliente y débil a la vez. Añadió—. Y eso no es algo malo. Confía en mí.

De repente, mis rodillas se sentían todas temblorosas, y sabía que tenía que sentarme.

Podría haberme reído, excepto que no había ligereza en su expresión. Sus ojos se clavaron en mi cara. Sus dedos se aferraron a mi brazo, dejando una huella ardiente a través de la manga. Entonces esos ojos cayeron a mis labios. Oh Dios. Él va a besarme.

Se acercó a mí. Mi corazón estalló como un tambor en mi pecho. Chat Noir inclinó la cabeza y luego todo el pensamiento de lo que estaba a punto de hacer huyó. No hubo ningún pensamiento. Ninguna lógica calculada. Sólo la pura sensación. La sangre rugía en mis oídos mientras cerraba el último trozo de espacio que quedaba entre nosotros.

No fue rápido. No como en las películas. Observé su rostro acercarse. Su mirada se movió de mi boca a mis ojos varias veces, estudiándome, observando mi reacción. Su mano tocó mi cara, sosteniendo mi mejilla, el roce frío de su palma enguantada en mi cara se sentía muy íntimo. Esto hizo el momento tan real, tan poderoso.

Salté un poco cuando su boca finalmente se estableció sobre la mía en un único toque. Como si el contacto trajera una descarga eléctrica o algo así. Se echó hacia atrás y me miró. Por un momento, pensé que todo había terminado después de sólo ese roce de labios. Luego, su boca se apretó sobre la mía de nuevo y no había nada tentativo al respecto.

Su beso fue confiado, exigente. Pura delicia. Sin soltar mi cara con una mano, la otra se trasladó a la parte baja de mi espalda, acercándome. Sus labios probaron los míos, inclinándose primero a un lado y luego al otro. Como si quisiera probar todas las direcciones posibles. Su lengua trazó la comisura de mis labios y me estremecí, dejándolo entrar en mi boca. Mis manos agarraron sus hombros, mis dedos se cerraron alrededor del spandex negro, disfrutando de la cálida solidez de él debajo de la tela.

Entonces todo había terminado. Demasiado pronto. Me tambaleé, perdiendo el equilibrio. Me agarré de la puerta abierta del auto con una mano, parpadeando como si me hubiera despertado de una especie de sueño. Levanté mi mano hasta mis labios, rozándolos, sintiéndolos, todavía calientes por sus labios.

—Lo siento, no debí haberlo hecho sin tu permiso —dijo Chat Noir atropelladamente, sus ojos abiertos y sorprendidos hacia mí.

Me centré en él, observando con asombro mientras él se volvía y me dejaba de pie al lado de mi vehículo.


Después de sobrevivir a mi examen de estadística, caminé por el patio hacia la cafetería. No había dormido muy bien durante las tres últimas noches. No desde que Chat Noir me besó el viernes. Desde que realmente hubo un contacto, no como en ocasiones anteriores y yo bajo la máscara de Ladybug.

Entré en la cafeteria, contenta de escapar del frío. Tendría que ponerme mi pesado abrigo y mis guantes pronto. Caminando a través del piso de madera, inhalé el aroma de café. La cola era más corta que hace dos horas y me quedé detrás de una chica que estaba hablando en voz alta por teléfono.

—Realmente tenemos que dejar de chocar de esta manera —perdida en mis precipitados pensamientos, salté un poco por la voz cerca de mi oído—. Lo siento. No fue mi intención asustarte.

—No, no hay problema —presione una mano contra mi corazón acelerado al ver a Adrien de nuevo en tan pocos días seguidos. Nerviosa a su alrededor como siempre, coloqué mi cabello detrás de mí oreja, justo en el momento en que el cajero nos llamó como los siguientes en la fila—. Un latte mediano, por favor —le dije a la cajera, sonriendo.

Adrien siguió rápidamente con su orden y le tendió una tarjeta de crédito antes de que yo tuviera tiempo de sacar mi billetera de mi bolso.

—Guarda tu dinero. Tú trabajas duro por ello.

Mi cara se calentó, el calor se arrastró hasta llegar a mis oídos. No me avergonzada de trabajar o de tener una beca completa en la universidad. Estaba preparada para eso. Lo sabía. Era solo el recordatorio de lo diferente que era de él lo que me molestó. Nosotros veníamos de dos mundos totalmente opuestos.

Nos instalamos en dos sillas frente a la acera. La gran ventana de vidrio estaba decorada con hojas de otoño. Dejé mi latte en la mesa frente a mí. Él me sonrió, recostándose en su silla y poniendo un tobillo sobre su rodilla como sí se acomodara para una larga charla.

Mi corazón latió más rápido. Lo que fuera que él tuviera que decir, claramente no tenía prisa, y ahí es cuando me di cuenta de que tal vez sólo quería… pasar el rato.

—Me alegro de haberte encontrado —continuó, su familiar sonrisa apareció de nuevo en su lugar cuando la mirada pensativa se desvaneció—. Me preguntaba si querrías que viajáramos en mi auto para las vacaciones con los chicos en mi casa en Versalles, o si te irías en el auto de Chloé.

—No, puedo ir contigo si quieres —afirme quizá demasiado pronto y con demasiado entusiasmo. Mi corazón latiendo con entusiasmo con esta repentina oportunidad.

—Genial.

—Por supuesto —concordé.

Adrien me dio una significativa mirada, profunda y espontanea. No supe cómo interpretarla. Abrió la boca para decir algo, pero el repentino sonido de su teléfono rompió el contacto y yo casi salte de mi asiento. Le echó una mirada a su teléfono y suspiró. Una mezcla de molestia y decepción que aceleró mi corazón.

—Me tengo que ir —dijo con pesar, y el hecho de que pareciera que prefería quedarse y hablar conmigo me hizo ruborizar, enviando más olas cálidas a mi corazón—. Reunión con la junta de accionistas.

Asentí, sonriendo.

—Está bien, suerte Adrien.

De pie, se colgó la mochila al hombro. Agitó su teléfono a la ligera en el aire.

—Hasta pronto, Marinette.

Lo vi zigzaguear entre las mesas y salir de la cafetería. Pasó por la ventana que había a mi derecha y me saludó a través del vidrio. Sí. Hablaríamos pronto. Lo volvería a ver. Un par de roces más como este y podría empezar a pensar en mí como algo más que una amiga. Él me vería. Finalmente.


Entrar a casa luego de haber estado absolutamente todo el día en la universidad era una de mis cosas favoritas en el mundo. El reloj marcaba las nueve y media de la noche, y Mamá me saludó desde la cocina mientras Manon corría junto a ella y se lanzaba hacia mí.

Me agarré de ella con un jadeo, levantándola del suelo.

—¡Te extrañé!

—Hola, Manon —jadeé—. ¡También te extrañé!

—¿Te gustan mi disfraz? —se bajo para modelar y girar en su traje—. ¡Soy una vaquera!

—¡Impresionante! Es como el mejor disfraz que he visto nunca. Ni siquiera te reconocí hasta que oí tu voz.

Dejé caer mi bolso cerca de la puerta bajo el peso de la niña retorciéndose y reajusté mi agarre sobre ella. Los años la habían hecho crecer hasta convertirse en una bonita niña de diez años, pero aun se comportaba como si fuera la misma pequeña que he cuidado desde los cinco, lo cual me enternecía.

Mamá hizo un gesto con la mano para que me acercara a la barra de la cocina.

—Vamos. Hice espaguetis y tengo pan de ajo en el horno —bostezó, su rostro viéndose repentinamente agotado—. Esto es todo para mí hoy, tu padre se acostó hace diez minutos y yo también debo ir a la cama antes de que me quede aquí dormida de pie.

Me reí y la bese en la mejilla.

—Buenas noches, mamá.

Manon agitó su mano vigorosamente despidiéndose de mi mamá, y luego comenzó a rebotar contra mí. Me tambaleé, cuadrando los pies en el suelo para mantener el equilibrio.

—¡Tengo hambre, Marinette!

—Comeremos enseguida, solo déjame subir a cambiar mis zapatos por algo cómodo ¿De acuerdo?

Manon asintió y corrió a sentarme en la mesa. Sus pies balanceándose desde la silla. Me reí mientras tomaba un contenedor con las galletas que había horneado para Tikki esa mañana, y me apresuré a mi habitación. Abrí mi bolsa donde siempre estaba mi Kwami y ella se precipitó hacia mí.

—Nunca deja de sorprenderme la energía de Manon —dijo alegremente, sus enormes ojos azules mirándome—, creo que me maree mientras la cargabas y ella se movía como si deseara que la llevaras a caballo.

Me reí de acuerdo y acaricie su cabeza.

—Y por ser tan paciente, te hice de tus galletas favoritas —le ofrecí el paquete de mis manos, rápidamente tomando una entre sus pequeños brazos.

—¡Gracias Marinette! —me dio un beso en la mejilla y voló hacia su cama en el cajón de mi escritorio, mordiendo su cena con gusto.

Me quité mis zapatos, reemplazándolos por sandalias.

—Estaré abajo, que descanses Tikki.

Apenas termine de decir eso, cuando escuche un golpeteo en la ventana de mi habitación. Me quedé congelada en mi sitio, sabiendo claramente quien era, dado que nadie más tocaría en mi balcón en la noche. Dude un momento en ir y luego escuche el repiqueteo de nuevo. Me mordí el labio inferior mientras me levantaba a abrir, aun un poco indecisa.

Abrí la escotilla y como por arte de magia, el rostro de Chat Noir se asomó desde el balcón.

—¿Se puede? —preguntó apuntando hacia mi habitación.

No lo había visto desde que nos besamos afuera de Chaton's, tampoco había venido a mi casa a pasar el rato conmigo el fin de semana como a veces lo hacía. El que estuviera aquí el lunes cuando yo pensé que tendría que ir a Chaton's más temprano que tarde a perseguirlo me tomó por la guardia baja.

Di una mirada de reojo hacia Tikki, comprobando que se había escondido en su cajón. Luego asentí en dirección a Chat Noir.

Fui plenamente consciente de la alta figura de Chat Noir cuando entro por completo, su cuerpo envuelto en traje negro resaltando en el centro de la habitación color rosa con azul. Me miró intensamente como saludo y justó cuando abrió la boca para decir algo, la puerta de la habitación se abrió de golpe.

—¡Chat Noir! —chilló Manon, corriendo hacia él con los brazos extendidos. El la recibió sin vacilar, y algo extraño se agitó en mi pecho al verlo así.

—Subí a ver porque Marinette tardaba tanto en bajar —se quejó Manon a Chat—. ¡Qué bueno que estas aquí!

—Oh, ¿En serio? ¿Iban a tener una fiesta sin invitar a este gato callejero?

Chat Noit fingió un puchero, como si la idea fuera absolutamente despreciable. Aunque no era común, si había coincidido que él venía a visitarme cuando yo estaba cuidando a Manon, y se habían tomado cariño mutuamente.

—En realidad vamos a comer fideos con albóndigas. Las mejores albóndigas —dudé un segundo, y luego simplemente lo dije—. ¿Te gustaría acompañarnos?

—Las mejores ¿eh? —Chat se rió y se movió hacia mí—. Imposible negarse a una oferta como esa.

Rápidamente me moví hacia la planta baja, hacia los cuencos que esperaban junto a las ollas de fideos y salsa. Ya en la cocina, cogí un tercer cuenco del interior del gabinete mientras escuchaba a Manon sentarme de nuevo a pocos metros. Girando, salté con un pequeño grito al encontrar a Chat Noir directamente detrás de mí.

Levantó las manos, las palmas hacia fuera.

—Sólo quería ver si podía ayudar.

Asentí, odiando la forma en que mi cara ardía.

—Sí. Gracias. Eh, ¿podrías servir el agua? Hay leche en la nevera para Manon.

Abrió un armario —el correcto; claramente había pasado mucho tiempo aquí en sus visitas a platicar conmigo— y seleccionó tres vasos. Sonreí, notando que tomó un vaso de princesas con tapa deslizante para Manon. Sirvió la leche mientras yo servía los fideos en cada tazón. Por el rabillo del ojo vi como puso los vasos sobre la mesa. Sin que se lo dijera, abrió el horno y sacó el pan de ajo de olor celestial del interior.

Con manos temblorosas, traté de concentrarme en servir la espesa salsa roja sobre los fideos, pero era muy consciente de cada uno de los movimientos de Chat Noir. El débil sonido aserrado del cuchillo mientras cortaba el pan en rodajas. Era un extraño momento doméstico.

—¡Quiero tres albóndigas! —anunció Manon.

—¿Sí? —dijo Chat Noir mientras llevaba el pan a la mesa—. Me voy a comer catorce.

Manon se rió.

—¡No puedes comer catorce!

Mis labios se curvaron mientras vertía una pequeña cucharada de salsa sobre los fideos de Manon. Sólo lo suficiente para cubrirlos. Puse los cuencos delante de ella, y volví a por el mío y el de Chat Noir.

—Lo siento —dije, mirándolo a los ojos mientras me sentaba—. No pude encajar catorce en tu cuenco.

—Siempre se puede repetir, si los fideos están dispuestos.

Mi pulso se disparó cuando dijo esto porque durante el más simple segundo miró a mi boca, y fue como si no estuviera hablando de comida. Manon me proporcionó una bienvenida distracción, echando la cabeza hacia atrás en un ataque de risa. Algo dentro de mi estomago dio un vuelco.

—Mamá dice que comer demasiado da dolor de barriga.

—¿Qué? ¿Esta barriga? —Chat Noir se hundió en su silla y, mirando hacia Manon, palmeó su vientre—. De ninguna miaunera. Está hecha de acero. Tendrías que haber visto lo que comí para el desayuno. Mis panqueques se apilaban… —sostuvo su mano a sesenta centímetros de la mesa— así de alto.

Manon golpeó una mano sobre su boca, ahogando un jadeo.

—Los tiburones comen neumáticos —ofreció en voz alta y no del todo en el tema—. Mamá leyó eso en mi libro de tiburones. Encontraron un neumático en el vientre de un tiburón blanco.

—Podría comerme un neumático envuelto en pescado —respondió Chat con absoluta seriedad lanzando una albóndiga entera dentro su boca y masticando.

Más risas estallaron ante esta declaración. Sonriendo, giré mis espaguetis alrededor del tenedor.

Quizá no debería pensarlo pero esto, Chat Noir y yo sentados en la mesa con una niña pequeña cenando un día cualquiera… simplemente se sentía bien. Como algo correcto.

Algo de lo que si me descuido, podría acostumbrarme.


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Aclaraciones de este capítulo. 1: La mayoría de las autoras refieren que el traje de Chat Noir es de material tipo cuero. Yo lo describí como de Spandex, ya que es una tela altamente resistente, cómoda y elástica, sin duda idónea para el traje de un súper héroe. 2: No estoy segura de la edad de Manon en la serie, pero por fines estratégicos para futuras escenas del fic, la deje en la edad que describí arriba.

Pista sobre el siguiente capitulo: Marinette finalmente le pide a Chat Noir que le ayude con sus lecciones de juego previo, y tienen una interesante y caliente primera sesión. La velocidad de actualización dependerá de la cantidad de reviews recibidos por capitulo ¡Así que depende de ustedes!

Agradecimientos a Dessire, estirden, Earline Nathaly, Charlie'Rocker, Badass v, mafer el panda, mimichanMC, LadyJulianneReader, KarenUrquiiola, tsubasa23, Ana, KANTARIA, MariJo, Marisol y YolotzinTaisho por sus reviews en el primer capítulo de esta aventura. Este capítulo está dedicado a LadyJulianneReader, para que se quede tranquila y con la seguridad de que esta historia va a terminarse pase lo que pase.

Besos, Higushi.

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