Capítulo dos
¿Tan pronto piensa irse, joven Gerald?- pregunto la nana Perkins.
Si nana- dijo Gerald mientras la mujer servía el café- tengo permiso durante una semana y bueno, ya que el abuelo tenía todos sus asuntos en regla no hay porque deba pasar más tiempo aquí. Además prometo venir a visitarte cada que este de permiso.
La buena mujer se sonrió.
En ese caso ¿Por qué no me acompaña a la feria del condado esta noche? Como cuando el joven James y usted eran pequeños- dijo la mujer con una tierna sonrisa.
A Gerald no le interesaban esas ferias, habían sido divertidas en su infancia pero ahora hecho ya todo un hombre eso era cosa del pasado; tal vez fue la sonrisa de la noble mujer, tal vez el no querer irse realmente aun, o simplemente el no poder negarse lo que lo hizo finalmente acceder.
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Gerald había convencido a la señora Perkins de que llevaran el Cadillac, la nana lo acepto después de asegurarle que "el buen señor Theo así lo hubiera querido…"
La feria del condado era exactamente como Gerald la recordaba, llena de gente, niños corriendo por todas partes, juegos mecánicos, atracciones pueblerinas, golosinas, parejas de jóvenes enamorados, familias disfrutando de la tarde-noche.
La señora Perkins se entretuvo en los corrales donde enseñaban el cerdo más gordo del condado.
Regresare en un momento nana- dijo Gerald tratando de alejarse de "Panzas, el cerdo de dos toneladas"
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Caminaba tratando de alejarse un poco de tanto bullicio, al parecer todos los niños del pueblo habían ido a la feria esa noche.
Buenas noches Gerald- dijo una voz a su espalda.
Él se giro para ver quien le hablaba, no reconocía de quien se trataba. Era una mujer de cabellera negra adornada con muchas cuentas, Gerald se sonrió era una gitana, ella estaba exactamente a la entrada de su tienda.
¿quieres que te lea la suerte?- preguntó la mujer.
Disculpe señora, pero no creo en esas cosas- dijo Gerald.
¿Y cómo supe tu nombre?- insistió la mujer.
Porque lo tengo en la placa del ejército que tengo al cuello, debo admitir que tiene muy buena vista, señora- dijo Gerald a punto de retirarse.
En ese caso no querrás saber que la señora Perkins sigue viendo a "Panzas" y que James continua en servicio en Medio Oriente y que tú vas a entrar finalmente a mi tienda antes de que el algodón de azúcar caiga al suelo- dijo la extraña mujer.
En ese momento Gerald se sorprendió un poco, la mujer sabía cosas que solamente él sabía, cuando quiso protestar acerca de cómo lo había hecho. Un niño pequeño que paso corriendo junto a él tiro un enorme algodón de azúcar.
Gerald logró atrapar el dulce del niño antes de que este tocara el suelo polvoso, el pequeño agradeció alejándose al momento.
¿quieres otra prueba?- pregunto la mujer.
Digamos que te creo- dijo Gerald entrando a su tienda.
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En el interior que olía a un fuerte incienso, Gerald pudo ver infinidad de botellitas de colores, muchas cartas de diferentes tipos de tarot y una calavera con un cuervo dormido encima.
Bien- dijo la mujer después de barajar las cartas- corta.
Gerald hizo tres montones.
Una familia de renombre- dijo la mujer al voltear la primera carta del primer montón- nos habla de tu pasado, ahora presente- mmmh, recibiste un regalo de alguien que ha partido, alguien que querías mucho, un familiar- Gerald tomaba todo con reservas- bien, ahora veamos el futuro… Conocerás a una mujer de rojo- dijo la gitana pasando la carta de una virgen- interesante, así lo quieren las estrellas y… -la última carta- oh no, no es bueno- Gerald estiro el cuello para ver mejor, era la carta de la muerte- si proteges a esa mujer, tu fin será la muerte, pero si la abandonas el resto de tus días te sentirás miserable.
Vaya usted si que es buena- dijo Gerald poniéndose de pie y sacando unos billetes- ustedes si que saben contar historias para ganarse la paga.
Nadie te ha pedido tu dinero- dijo la mujer.
¿entonces para que lo has hecho?- preguntó Gerald dejando los billetes de todas formas en la mesita con las cartas.
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Gerald no hablo para nada en el trayecto de regreso a la granja del abuelo hasta que dejo el auto en el garage.
Nana Perkins- le llamo Gerald a la mujer antes de que esta subiera a dormir- ¿crees en lo que dicen las adivinas?
La vieja nana se santiguo como solo ella lo hacía diciendo que no tomara en cuenta a esos charlatanes….
Gerald solamente se fue a la cama.
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Estaba profundamente dormido cuando sonó su celular, como pudo estiro la mano a la mesa de noche donde lo había dejado.
¿Sinclair?- contestó más dormido que despierto.
Gerald- dijo la voz de una mujer desde el otro lado de la línea- necesito que vayas a Tranquility, por favor es urgente… lleva tu Cadillac.
Gerald despertó de golpe pero la comunicación se corto.
Al revisar el número en el identificador no había ninguno registrado, la llamada se había conectado por medio del WAP del celular.
Gerald no entendía que era lo que estaba pasando, primero la laptop se acababa la batería en menos de… ¿un momento?, revisó una vez más la conección WAP del celular, la conección había sido realizada desde su computadora.
Ahora estaba más que desconcertado, nadie más podía utilizar su WAP personal, además la computadora portátil estaba en el Cadillac.
¡Rayos!- Gerald se puso en pie tan rápido como cuando estaba en servicio.
Bajo corriendo las escaleras.
Alguien estaba en el garage, y quien fuera que sea, estaba utilizando su computadora, si se apresuraba tal vez encontrara al responsable y pudiera detenerle.
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Azoto con un sonoro golpe la puerta del garage para que lo escuchara quien sea que fuera que estaba en el auto… Nada, no había lugar donde pudiera alguien esconderse, no había nadie ahí.
Solamente una vez más la música de Michael Buble en la computadora portátil, y el portal WAP en línea, aun con el número de celular de Gerald marcado para iniciar comunicación…
Continuara…
