Capítulo 1

Era una cálida mañana de agosto, en Ohio. Las vacaciones de verano habían terminado, por lo cual las calles estaban abarrotadas de gente que regresaba a trabajar, niños, que eran llevados por sus padres, presumiendo sus útiles escolares nuevos, su ropa nueva, juguetes, etc. Sin duda alguna, como cada principio de año escolar el ambiente se encontraba lleno de nuevas expectativas, metas distintas y una visión de cambio; sin duda también sería un verano extremadamente caluroso.

-La comida está lista, la dejé en el refrigerador.- comentó la señora Judy.

-Está bien, mamá, más tarde la calentaré.- dijo Quinn quien se encontraba apurada buscando algo, aún andaba en pijamas.- ¿Has visto mi cuaderno, el rosa que compré ayer?

-Sí, lo dejé sobre tu escritorio.- respondió.- ¿Segura que lo llevarás bien estando sola? Puedo cancelar y...

-¡No!- gritó Quinn, luego soltó una risita nerviosa.- Estaré bien, mami, no te preocupes, además Frannie vendrá en un par de días.- dijo prestando atención a su mamá, quien estaba por salir de viaje.

-Así es, recuerda cerrar bien la casa, no olvides las ventanas y por favor no te quedes hasta tarde en la escuela si no es necesario.- dijo Judy, luego se acercó a darle un abrazo.- Apenas llegue al hotel te marcaré, ¿de acuerdo?

-Sí.- dijo su pequeña sonriendo.- ¿Cuándo regresarás?

-Al parecer estaré un mes allá, el gerente de banco tiene un par de conferencias que dar, ya sabes, por el taller de ventas y ya que su asistente no podrá ir, tendré que reemplazarla.- Judy agarró sus maletas y salió de la casa.- Por favor come algo cariño, te ves pálida.

-Sí, creo que me haré un cereal antes de irme, adiós mami, cuídate, te quiero.- dijo la joven abrazando nuevamente a su madre, observó como esta subía a un taxi y al arrancar, cerró la puerta y se dirigió a su cuarto.- ¿Comer? ¡Ni de chiste!- pensó.

Quinn Fabray acababa de cumplir sus 17 primaveras, se encontraba por cursar la preparatoria; era de complexión delgada, tez blanca, ojos grandes verdes y llevaba su rubio cabello a media espalda. Había sido el primer lugar de generación en secundaria y fotógrafa oficial del periódico escolar, puestos que estaba dispuesta a conservar, además de que en algunas ocasiones se encargaba de organizar eventos comunitarios en el vecindario. Vivía con su madre, en un pequeño pero modesto departamento a un par de cuadras de la escuela. Su hermana, Frannie, estaba estudiando en la Facultad de economía en la Universidad de Ohio, por lo que iba sólo en vacaciones a visitarlas, casualmente tendría dos semanas libres por temporada de exámenes en las que su mamá le había pedido que fuera para quedarse con su pequeña hermana.

Judy se había separado de su esposo en el otoño de 2004, al darse cuenta de que él la engañaba con una de sus amigas de secundaria, la separación había sido dura para todos en la familia, en especial para la menor, su madre había tenido que buscar empleo vendiendo afores para un banco, aunque su ex esposo seguía cubriendo los gastos de sus hijas; ella tuvo que esforzarse mucho el último año de secundaria para poder conseguir una beca en McKinley High School.

Quinn se dio una ducha y se vistió, para lo cual tardó una eternidad. Nada le quedaba bien. Tenía la sensación de que todo le quedaba pequeño. ¡La ropa estaba hecha para mujeres hermosas y delgadas, no para ella! Iba a tener que arreglárselas como pudiera. Se puso una blusa de cuello "v" rosa, manga corta y unos jeans rotos, a juego con la blusa se puso sus tenis converse del mismo color. Tomó su mochila en la que ya previamente había guardado sus cosas excepto un fólder en el que contenía algunas fotos que había tomado para el periódico de secundaria y la papelería importante que piden al ser nuevo estudiante, como copia de boleta de calificación y acta de nacimiento, y su cuaderno rosa. Algo malhumorada, salió de su casa.

Antes de llegar a la escuela pasó a comprar una botella de agua de un litro, que pensaba rellenar más tarde en un bebedero al terminarla, y un paquete de chicles, pues estos calmaban las ansias de comer. Al llegar a su destino se puso a buscar el aula donde se reunían los del periódico escolar, tenia tiempo de sobra antes de comenzar su primer clase. Todo esto era diferente, entre los pasillos Quinn vio rostros conocidos de sus ex compañeros de secundaria, algunos se veían bronceados, más altos, otros estrenaban ropa, había uno que otro que llevaba collarín y muletas, pero ella le resto importancia a estos; había casilleros a los lados, se preguntó si le darían uno.

Quinn no era el tipo de chica que ansiaba ir a la preparatoria para hacer amigos ni estaba expectante a enamorarse. De hecho, al sentirse "defraudada" en su creencia de que el matrimonio perfecto podía existir, tras el penoso divorcio de sus padres, se había fijado expectativas muy altas que un hombre debía tener para que ella le pudiera abrir su corazón. Entre ellas se encontraba la apariencia, uno de los hombres que le arrancaba suspiros en cada ocasión que le veía era Leonardo DiCaprio*, anhelaba que el hombre del que se fuera enamorar fuese así, rubio, alto y de ojos azules, ella daba por hecho que ese era el principal requisito que debía cumplir y una de las causas del por qué se había rehusado a salir con quienes se lo habían propuesto en secundaria.

Se detuvo frente a la dirección, dudó en si entrar o no, pero ya estaba ahí y nada perdía con preguntar; abrió la puerta, el lugar era amplio, había un sillón, que supuso sería para cuando había mucha gente y se debía esperar para ser atendido. También había allí un escritorio donde estaba una señora, ya grande de edad que vestía un saco rojo y una falda negra, estaba llenando unos papeles, se encontraba muy alterada, había pilas de folders en su escritorio, las dos líneas telefónicas no paraban de sonar; frente a ella se encontraba sentado un joven llenando unas formas. Había dos puertas dentro de la dirección, a lo que Quinn supuso serían la oficina del director y el baño.

-Disculpe.- dijo acercándose al escritorio de la señora, quien volteó a verla.- Estoy buscando el aula del periódico escolar.

-Está al lado de detención.- dijo secamente la mujer y siguió escribiendo, Quinn sonrió.

-Verá, es que soy nueva aquí y...

-Señorita, no quiero parecer grosera pero me encuentro ocupada en estos momentos.- dijo la mujer en tono frustrado, Quinn no dijo palabra alguna, tan sólo le sonrió amablemente.

-Gracias.- dijo y se dio la media vuelta, al salir de la dirección se topó con su mejor amigo, Noah Puckerman, un alto joven de cabello castaño, pero no se percató de él puesto que se le había caído el fólder, los papeles y el cuaderno. Se agachó para recogerlos sin siquiera mirarlo, quien por ende se había agachado para ayudarla a juntar todo.

-Lo lamento mucho, venía distraído.- dijo él tomando el cuaderno rosa, tras juntar algunos papeles se los tendió, ella levantó la mirada y quedó sorprendida.

-¡Puck!- le dio un efusivo abrazo. Ambos se levantaron.- No te preocupes, de igual manera yo vengo distraída.

-¿Puckerman?- preguntó una chica de cabello castaño, se encontraba atrás de Quinn, quien al escuchar su voz reaccionó de inmediato.

-¡Rachel!- dijo dándole un abrazo.

-Quinn, ¡qué bueno que te veo! Tengo mucho que contarte.- dijo la chica sonriendo.

-¡Me imagino! Yo también tengo mucho que contarles.- dijo sonriendo.

-Quinn Fabray.- dijo Puck en un tono serio.- ¿Estás comiendo bien?

-¡Ay no! ¿De verdad luzco tan mal? Estúpida comida, ¡estoy obesa!- pensó.- Mmm sí, ¿por?

-Te ves demasiado delgada.- dijo Rachel, prestando atención a los brazos de ella.

-¡Ay chicos, no jueguen!- dijo Quinn abruptamente cruzando los brazos sobre su pecho.- Sigo igual que hace un mes, o inclusive peor, creo que subí un kilo.

-Pues no se nota.- dijo Puckerman.

-Me tengo que ir, ¿quedamos para el almuerzo?- preguntó Quinn cortando aquella incómoda plática.

-Claro.- dijo Rachel sonriendo también.- Yo separo la mesa.

-¿Puck?- preguntó su mejor amiga con esa sonrisa que lo obligaba a acceder a sus caprichos.

-Vale.- dijo el chico sonriendo.

-Adiós.- dijo Quinn sin más, dándose la vuelta y caminando rápidamente, sentía como si las piernas y el estómago le chorrearan grasa y gordura; se perdió entre los muchachos, cosa que agradeció profundamente puesto que aún sentía el par de miradas posadas en su horrible cuerpo.

Luego de no obtener el éxito requerido optó por entrar a su primer clase, ya iría más tarde a buscar el aula del periódico. Visualizó el salón a lo lejos, le tocaba estudiar Cálculo, algo en lo que era relativamente buena. Abrió la puerta y para su sorpresa el maestro ya había comenzado a dar clase, estaba escribiendo el temario en la pizarra.

-¿Puedo entrar?- preguntó dudosa.

-Usted debe ser Quinn Fabray.- dijo el maestro mientras se levantaba los lentes para observarla de arriba a abajo.

-Así es.- dijo ella aún de pie en el umbral de la puerta.

-Tome asiento en la parte de atrás.- dijo él.- Y por favor, señorita Fabray sea más puntual la siguiente clase, se lo pasaré ésta vez por ser el primer día.- ella se sintió apenada, tanto que sentía sus mejillas rojas. Sus compañeros intercambiaron algunas miradas entre ellos.

-¡Dios mío, qué vergüenza! ¿Por qué tengo que ser obesa y horrible?- pensó Quinn, tomó asiento en la primera hilera, el penúltimo banco, odiaba estar tan atrás y se maldijo por no haber chequeado antes su reloj. Ellos hablaron en voz baja unos segundos, con las cabezas muy juntas.- Están criticándome, estoy segura. Diciéndose unos a otros "¿cómo es posible que una chica así se presente en esas condiciones? ¿No tiene vergüenza de salir a la calle?". No necesitaba oírlos con claridad para saberlo. Era eso. ¿Qué otra cosa podían decir?

Y, una vez más, Quinn veía como todo se derrumbaba. ¡Había pasado todo el fin de semana sin comer, haciendo ejercicio hasta el agotamiento, tratando de deshacerse de todos los kilos que le sobraban y había sido en vano! La gente hablaría de ella siempre, era como una maldición que tenía que cargar: su obesidad.

Tras una mañana normal, en la que la mayoría de las clases consistían en presentarse ante el grupo y soportar las miradas y "críticas" de sus compañeros, llegó la hora del almuerzo. Quinn fue a la cafetería, abarrotada de personas desesperadas por conseguir un bocado; ella pasó de largo entre las mesas hasta formarse en la larga fila para poder comprar un te helado, la verdad es que, aunque le encantaba estar con sus amigos, en la hora de comer prefería estar sola. Vio a una chica que llevaba en las manos una bandeja con una hamburguesa, papas cubiertas de queso, una coca-cola, unos doritos y una rebanada de pastel de chocolate.

-¿Cómo puede comer todo eso?- se preguntó saboreando aquella comida.- Y aún así sigue estando más delgada que yo.- pensó, pero esto tenía de cierto tanto como que la luna es de queso.

Miró por un momento la barra de comida, lo cierto es que olía demasiado bien y ella no había probado bocado desde la tarde del día anterior. Se le hizo agua la boca al ver cómo acomodaban la pizza con el queso derritiéndose.

-¿Va a comprar algo, señorita?- preguntó la cajera, pues había llegado su turno en la fila. La pregunta la sacó de su ensimismamiento.

-Un te helado, por favor.- dijo Quinn, la cajera la miró de reojo.

-¿Eso es todo?

-Así es.- dijo ella sonriendo.

-Son $1.50.- le dio la botella y Quinn salió rápidamente de la fila.

Se alejó de la barra, la comida consistía en una deliciosa tentación con la que luchaba a diario, era imposible ver esos lonches, ese pescado ahumado, las tartas, pasteles, galletas y que no se derritiera la boca. En la mayoría de los casos cuando la tentación ganaba, Quinn iba a verse al espejo desnuda, ¡se odiaba, se odiaba tanto! ¡La comida estaba arruinando su cuerpo! Al tocarse los brazos, las piernas, su cintura, no podía hacer más que sentir repulsión, estaba gorda. Lo mejor que podía hacer era infiltrarse a su baño y vomitar hasta quedar aliviada por dentro.

Al salir de la cafetería Quinn se topó con Puckerman, acompañado por Rachel, ella le sonrió a ambos.

-Quinn, ¿no piensas comer?- preguntó él al ver sólo la botella de te.

-Ah pues... desayuné bien en mi casa, Puck.- mintió sonriendo.- La verdad no tengo mucha hambre.

-¡Bah!- se quejó su amigo.- Ven a comer, anda.- dijo empujándola para entrar en la cafetería.

-Pero no tengo hambre.

-Vamos, tienes que pedir algo. Al menos algo pequeño.- dijo Rachel, no dispuesta a ceder.

Quinn no iba a zafarse tan fácil, así que ordenó una ensalada. Era todo lo que podía llegar a soportar. Y, de todas maneras, iba a tratar de no comerlo, sin que ellos se dieran cuenta. Tenía muchas tácticas. Una de ellas era mover la comida en el plato de forma que parece que falta una buena parte de ella, mientras se distrae al acompañante con una charla interesante. Pero tuvo que desecharla de inmediato, porque le sirvieron la ensalada en un enorme cuenco de vidrio transparente y así era más complicado. Entonces se dio cuenta que nada serviría. No había manera de tirar la comida a un lado sin que ellos o alguien más lo notara y, definitivamente, no iba a meterla en su cartera. No le quedó más alternativa que comer. Y Puck parecía vigilarla. Había algo un poco raro en la forma en que la miraban. Y tuvo la extraña sensación de que, si iba al baño a vomitar, contarían los minutos que se ausentara y le dirían algo al respecto. Estaba absurdamente paranoica.

-Cuando llegue a casa- se dijo a sí misma a modo de consuelo.- Vomitaré cuando llegue a casa. Sólo un poco más, para que no sospechen. Sólo un poco más...

Afortunadamente, no quisieron pedir ni postre, ni café. Eso la alivió sobremanera. No hubiese podido soportarlo más.


*Leonardo DiCaprio es mi actor favorito jiji y tengo que admitir que esos estándares que Quinn tiene yo los tengo! Jajaja son una proyección mía xD

Espero que les esté gustando ^^ dejen review, por favor! :D