No pudo evitar sonreír. Habían pasado ya esos 4 largos años, ella tenía 21 y él 22 y ese deseo nunca lo abandonó, cada año se ponía más hermosa, si es que era posible, le llovían más admiradores, la contactaban para más sesiones de fotos y su vida amorosa ya era tarea obligada por parte de los medios de comunicación.

El tiempo paso tan rápido que cuando Rupert se enteró que estaban próximos a grabar la escena del tan esperado beso, casi le da un shock nervioso. Y lo peor era que durante esa semana empezarían a hacer la publicidad de la sexta película de la saga, lo que incluía para el pesar de Rupert, las entrevistas. Le incomodaban tanto. En especial cuando salió aquella noticia que afirmaba que él estaba profundamente enamorado de Emma, o aquella donde decían que él y Dan estaban peleando por el amor de su coestrella. "El triángulo amoroso de Harry Potter" habían titulado.

Aun recordaba lo divertida que había sido la reacción de Emma y de Dan ante el titular.

Una tarde en el set, se encontraban los tres protagonistas de la noticia de la semana de todas las revistas gossip, descansando de una larga jornada de grabación. Una sonriente Emma observaba con inquietud a los dos chicos frente a ella. Dan por su parte, no negaba en ningún momento que Emma le atraía, ya se lo había confesado, ella le había dicho que solo lo veía como un hermano, así que no insistió más. Mientras que Rupert en su fuero interno se encogía de la vergüenza si Emma se llegara a descubrir lo que él sentía por ella.

-Bueno chicos, ya que los dos están peleando por mi amor, el primero que me traiga un cappuccino será el privilegiado de acompañarme a mi camerino- dijo una risueña Emma.

Los dos chicos rieron.

-¿Y qué otra cosa se le antoja a la rompe corazones de Harry Potter?-dijo Dan, que ya venía de regreso con el cappuccino y decidió seguirle el juego.

Emma lo miraba con chispas de emoción en sus ojos y Rupert ya podía imaginarse lo que estaba pensando.

-Pues, bueno ya que insistes y además para animar la tarde podrías hacer una interpretación de un cantante de rock en pleno concierto, que me dedica todas sus canciones, y Rupert mientras tanto podría darme un masaje en los pies- término riéndose de nuevo, llevándose sus brazos a sus costillas.

Sí, eso era lo que Rupert esperaba.

-De acuerdo- dijo Dan. -A menos Rupert—se dirigió a él con una sonrisa ladeada-que quieras que nos declaremos la guerra en un ring de boxeo al mejor estilo americano, deberías aceptar la propuesta de Emma—continuó al ver como Rupert sonreía-sabes que tengo un buen gancho-.

Emma se reía tan fuerte que varios actores entre estos Evanna y los gemelos Phelps llegaron a ver lo que ocurría. Mientras, Rupert solo sonreía negando con la cabeza y le lanzaba una mirada de ¿Qué te pasa? a Dan.

"Están locos. Los dos. Ni piensen que entraré a ese juego" contesto un sonriente Rupert. "Además, a mí no me gusta Emma". Aseguró y desvió la mirada.

Emma lo miraba con sorpresa pero aun sonriendo. Dan con fastidio por no querer llevarle la corriente. Evanna con ternura porque sabía que no era cierto, lo veía en sus ojos. Oliver y James lo miraron con incredulidad, ya sabían de los sentimientos de Rupert hacia ella.

Veinte minutos después Dan hacia su aparición con la apariencia de todo un Rey del Rock, llevaba una camiseta ajustada que llevaba las letras QUIDDITCH y encima la capa que usaba Alan Rickman para su papel de Snape, al igual que sus botas de cuero y su peluca, acompañado de una guitarra eléctrica cuyo origen aún era desconocido. Los gemelos consiguieron el sonido, micrófonos y altavoces, e incluso un juego de luces del equipo de efectos especiales. Emma estaba pletórica y Rupert era feliz solo viéndola aunque no hubiese accedido a masajear sus pies, y no era no lo quisiese era porque nunca en su vida le había dado un masaje a alguien y no quería que fuera precisamente Emma quien lo notara, mucho menos con todos los del elenco observándolo. De repente todo el equipo desde los actores hasta los maquilladores y camarógrafos estaban presentes. Las luces se encendieron y el grito "rockero" de Dan con el fondo de Born to Love you de Queen y junto con los aplausos y risas del público en especial de Emma dieron inicio a una inolvidable tarde de verano.

Tantos recuerdos que atesoraría. Observo su reloj. En una hora debía marcharse a la premiere de Harry Potter y las reliquias de la muerte parte 2, se preguntaba cómo podía aun caminar con todo el manojo de nervios encima y su corazón galopando sin piedad porque la volvería a ver. A ella. Siempre ella. Y no era que no la hubiera visto, entre la promoción de la película habían coincidido muchas veces pero sin hablar con ella en ningún momento le perdió el rastro. Seguía con atención cada noticia sobre ella. Y si que encontró.

La contrataron para campañas de perfumes famosos, la nombraron icono de la moda de la década, aparecía en portadas de revistas de moda y seguía todo lo relacionado con la grabación de la película que protagonizaría en The Perks of being a Wallflower. Todo. Sintió rabia cuando las revistas gossip alardeaban sobre una supuesta relación amorosa entre ella y su coestrella Johnny Simmons, publicaban a modo de confirmación unas fotos de ambos caminando por los alrededores donde grababan, ambos con ropa deportiva, Emma se veía un poco incomoda por las cámaras sin embargo trato como siempre de disimularlo, hermosa como siempre.

Ahora, la parte desagradable. El chico. Sintió unos deseos inmensos de ahorcarlo solo por estar cerca de ella. Se calmó. No, no era para tanto, solo son dos compañeros de actuación compartiendo un rato caminando, sonriendo, charlando..riendo..y riendo. ¡Maldita sea! Y volvieron los celos al ataque. Empezó a investigar sobre el chico, que por cierto ya lo odiaba sin conocerlo, podría haberse ganado 10 Oscars, reconocimientos mundiales, tener cientos de fundaciones, trabajar con Angelina Jolie para la ONU en el Africa que ni aun asi, le caería bien.

De su búsqueda en internet saco dos conclusiones: la primera, el chico era americano, y eso, conociendo a Emma le agradaría, ella siempre solía ser muy amable con los extranjeros. Demasiado amable para el gusto de Rupert. En cuanto al físico el chico no era del otro mundo. Bastante normal, pensó. Pero entonces descubrió algo que le llamo la atención. De toda su carrera actoral, la gente solo lo reconocía por su papel en una película tipo thriller junto con unas actrices estadounidenses famosas por su exuberante belleza, entre ellas la protagonista. Megan Fox. La muchas veces nº1 en la lista de las mujeres más sexys de todo el planeta. Sí, y con todas las razones, la chica es hermosísima, dueña de unos grandes y penetrantes ojos azules, unos labios tremendamente bien proporcionados, facciones delicadas y un cuerpo que... Prefirió dejarlo hasta ese punto, igual, si la colocaba al lado de Emma la tal Megan, llevaría las de perder. ¿Y el amor ciega? Por lo visto sí, lo desconocido es como se recupera la vista de nuevo. He ahí el dilema. El caso era que según halló en varios blogs de chismes de celebridades ¿Blogs de chismes? Por Dios Rupert ¡estas tocando fondo! Sí, el amor ciega y entontece a sus víctimas que había tenido un romance con la hermosa Megan. Se preocupó. Si había logrado que una de las chicas más deseadas del mundo se fijara en él, debía ser por algo. Y de seguro que con ese "algo" ya estaba conquistando a Emma. Mentalmente le mando todas las maldiciones posibles y otras más por si las primeras no funcionaban. Pero inmediatamente una vocecita le hablo No de amargues por eso, no es necesario y lo sabes, hasta que ella no confirme nada no puedes andar haciendo conjeturas sin razón. Su conciencia vino al rescate. Alejó esos tortuosos pensamientos y empezó a recordar como de unos meses a acá comenzó a amarla intensamente.

Solo una mujer en toda su vida le había despojado de todas sus defensas, desarmándolo por completo y obligándolo a experimentar sentimientos hasta ahora desconocidos. Toda una experta, esa mujer de ojos chocolate y adorable sonrisa y cuyo segundo nombre era Charlotte. Ese lado francés sí que le gustaba. A veces se imaginaba así mismo con ella, en algún rincón alejado del bullicio de la gente, disfrutando de la caída del atardecer en París. Ambos sentados, ella enseñándole francés mientras él hacía que le entendía pero solo se concentraba en la forma en que sus labios se movían mientras le explicaba cómo lograr el acento, el de seguro lo intentaría, solo para que no lo descubriera en su fingido intento de aprendizaje, pero luego le pediría que le cantase alguna canción en francés mientras el hallaba en su regazo un lugar para descansar. Y así con ella susurrando sus melodías al tiempo que enredaba sus cabellos entre sus dedos, se sentiría el hombre más feliz del mundo.

-Y por eso todo el mundo dice que es muy complicado lograr el acento francés.- terminó una paciente Emma después de explicarle varias veces a su chico que no se decía Mon Cherrí si no Mon Cheríe siempre vocalizando con menos volumen la última silaba.

-Sí, ya lo entendí, es fácil, la verdad, - la miró y sonrió.- Cherí-

-Así que…entendiste todo ¿eh? Y te pareció muy fácil. ¿Cierto?-le pregunto Emma con una mirada de incredulidad en su rostro pero aun guardando su sonrisa.

-Sí.- respondió devolviéndole una hermosa sonrisa. Si para algo le ayudaba el ser actor era precisamente en estos momentos en los que "debía" mentir.

Emma le dedico esa sonrisa ladeada que le nublaba todos los sentidos y hacia que lo único que oyese fuese su estrepitoso corazón latiéndole con fuerza. Se acercó al muy despacio, al parecer disfrutando el efecto que le causaba a Rupert porque no quitaba la sonrisa de su rostro. Mientras que este según los precarios procesos mentales que la cercanía que Emma le permitan hacer, se impacientaba, el ya conocía esa sonrisa, tenía el rotulo: Ahora verás. Y preciso. Cuando Emma rozo su nariz con la Rupert, el inmediatamente cayo en la trampa, cerró los ojos y espero que los labios de ella se posaran sobre los suyos, lo que no se imaginaba era que su cono de helado le quemara del frio toda su boca.

-Mentiroso- fue lo único que Emma pudo decir antes de echarse a reír fuertemente de su divertida hazaña.

Ante esto, Rupert no sabía si devolverle el "favor" o simplemente portarse bien y reírse con ella. Sopesó ambas opciones y se decidió por la última.

-Veo que no vas a tomar represalias—dijo una aun sonriente Emma, alejándose disimuladamente del pelirrojo.

-No veo por qué. Al menos no ahora. Quizás después lo medite y haga algo. Lo que si te puedo asegurar es que será más gracioso que esto.- contesto aun limpiándose los restos de helado que le quedaban en sus mejillas.

Emma lo miro desafiantemente.

-De acuerdo. Tendré que doblar mi vigilancia.—le sonrió y se encogió de hombros.—Estoy tan aterrada.—fingió estremecerse.—un pelirrojo con sed de venganza. Deberías hacer casting para alguna película thriller, ¿no crees?.—y volvió a reír.

La risa de Emma lo obligo a deshacer su maquiavélico plan en unos segundos. Ahora, aprovecharía este lugar y el resto del dia para verla sonreir. Sin embargo, recordó que le había hecho prometer a Emma (después de insistirle hasta el cansancio) que le cantara una de esas canciones francesas que le gustaban.

-Cherí—la llamó.

Ella le sonrió muy enternecida al parecer.

-¿Ouí?—le contestó.

Se acercó a ella y llevo su mano derecha a su mejilla la acarició tiernamente y en cuestión de segundos emitió un agradable calor causado por el sonrojo de su dueña.

-¿Me podrías cantar una de esas canciones en francés que te gustan?—termino, con una mirada tan inocente y dulce, que le costó unos segundos a Emma salir de su estado de trance.

-Ehh...claro..sí.—sacudio su cabeza en un esfuerzo de ordenar sus ideas y de evocar alguna canción. Tarea que resulto algo complicada porque Rupert la seguía "torturando" con esa mirada. Finalmente, tuvo que desviar sus ojos hacia otro lado y en seguida encontró la canción.

Rupert la esperaba, ensimismado observando en cómo mordía sus labios, tratando, imagino él, de recordar algo.

-La tengo—afirmó Emma.—Pero, Rupert, tu sabes que no tengo la voz más hermosa del mundo, y me da un poco de pena.—terminó de confesar posando sus ojos en el suelo.

Aquello no le pudo parecer a Rupert más adorable. Así que decidió ayudarle.

-No es necesario que cantes a viva voz.—le contesto sonriendo.—me la puedes susurrar.

Emma pareció dudarlo, pero al ver esos ojos azules dedicándole esa mirada de nuevo, no tuvo opción.

-De acuerdo.-contesto.—No es justo que me mires así, ¡no te puedo negar nada!—terminó fingiéndose inconforme y haciendo un puchero.

Así que para que no se arrepintiera, Rupert se acercó a ella, recostó su cabeza sobre las piernas de Emma se acomodó hasta quedar acostado, tomó una de sus manos, la besó, entrelazo sus dedos con los de ella y la miró con una sonrisa iluminando su pecoso rostro indicándole que podía iniciar.

Emma aclaro su garganta y empezó a susurrar su canción mientras con sus dedos tomaba unos mechones de cabello de Rupert de su frente y los peinaba para luego despeinarlos. Cerró los ojos dejándose llevar por la melodía que interpretaba y sintiendo el viento rociando levemente su rostro. Rupert la miraba desde su posición y suspiró. Continúo en su tarea de besar la mano de ella que sostenía e imito a su chica dejándose llevar por la paz que sentía en ese instante. El amor es hermoso. Pensó.

Después de varios minutos Emma terminó su interpretación y observo sonriente a un dormido Rupert.

-Rupert—lo llamó.

Nada.

-Rupert, despierta—intento otra vez sin hallar resultado.

Comenzó a zarandearlo. –Rupert—lo llamó un poco más fuerte. Suspiró. Observó a su alrededor, ya era de noche y no distinguía a nadie más que a ellos por esa zona.

Resoplo más fuerte. Y por fin se le ocurrió algo. Si no se despertaba con eso, nada lo haría. Una sonrisa malévola se asomó en su rostro.

-¡RUPERT, ARAÑAS!—exclamó fuerte al mismo tiempo que se levantaba.-¡ARAÑAS!-

-¡AHHH! ¿DONDE?—gritó un de repente muy despierto Rupert. Se había puesto pálido y se levantó a correr.

Volvió en sí, después de imaginar una vez más ese sueño que tuvo con ella. Había sido tan real. Si no hubiera sido por todo lo que vivieron hace unas semanas el de seguro no se encontraría en esa condición. Si no la hubiese besado. si no hubiese vivido tantos momentos maravillosos junto a ella. No estaría así. Suspiró.