María se encerró en su habitación y tapó todos los lugares por los que Alfred pudiese entrar a su habitación. Una vez "bien" sellado el lugar se metió bajo su cama, con la esperanza de que Alfred al no poder abrir la puerta, se marchara pero no fue así.

- Toc toc.- llamaron a la puerta.

- ¡No voy a salir! ¡Me quedaré aquí el resto de mi vida si es necesario!-

- María… por favor sal… esto se puede arreglar.- Francisco estaba intentando convencer a María de que saliera, debería haber una solución a su problema… o eso creía él.

- ¡Dijiste que harías lo que quisiera si me casaba con él, así que ahora mátalo!-

- ¡¿QUÉ?! ¡NO ME PUEDES PEDIR QUE LO MATE!-

- ¡SI! ¡SI PUEDO! ¡MATALO!-

- ¡NO MATARE A NADIE! ¡NO QUIERO IR AL INFIERNO!-

- ¡GALLINA!- eso ultimo ya no le pareció a su hermano y comenzó a forzar la puerta.- ¡NO TE ATREVAS A CONTINUAR!-

- ¡ENTONCES RETRACTA LO QUE ME DIJISTE!-

- ¡SI TE REFIERES A QUE TE PEDI QUE LO MATES NO ME RETRACTERE! ¡PERO SI ES SOBRE LO DE GALLINA NO FUE INTENCIONAL! ¡LO SIENTO! ¡SOLO MATALO!- su hermano dejó de forzar la puerta y dio unos pasos atrás.

- ¡Jajajaja! Se nota que me ama.- Atención: esa parte no lleva sarcasmo.- María ¿estas alistando tus cosas?- preguntó con un tono alegre, deseoso de llevársela de la casa.

- ¡Lo único que quiero alistar es tu retirada de mi casa! ¡Regresa a tu país y déjame en paz!-

- Negado… jajaja… regresaré a mi país contigo no sin ti. No te puedo dejar aquí, eres mi esposa ahora, se vería muy mal.-

- ¡NO ME DIGAS ASI!-

- Bien… si no quieres salir por las buenas, saldrás por las malas.- comenzó a acercarse a la puerta para forzarla pero Francisco se metió en su camino.

- Alfred… por favor vete, regresa luego, dale tiempo a mi hermana por favor.- le rogó.

- No Francisco, regresaré a Estados Unidos con ella.- él se acercó a la puerta y comenzó a forzarla para poder pasar, al notar y oír que Alfred forzaba la entrada María salió aterrada de su escondite, se dirigió a la puerta del balcón para huir por ahí, no era muy buena idea pero al menos habría intentado escapar del loco de Alfred, ahora su esposo. Despejó el área, ya estaba dispuesta a huir cuando el americano logró abrir la puerta de su habitación.

- ¡AAAA!- pegó María un grito espantoso. Rápidamente abrió la puerta del balcón, ya iba a saltar cuando Alfred la abrazó por detrás y la llevó de regreso al interior de la habitación.- Alfred por favor… te pido tiempo… por favor… cuando pase el problema con Francis te prometo que me iré contigo, por favor.-

- No. Tu vendrás conmigo.- la tomó de una de sus muñecas, se dirigió a su ropero, sacó una maleta y comenzó a meter la ropa de María. Vaya que si la quería de esposa, él se decía que cuando estuviera decidida a mostrar su verdadero género para las demás naciones sería demasiado tarde intentar conquistarla, les presumiría que ya sabía que era mujer y que era su esposa, además de que era una mujer muy bonita.

- Francisco ¡Ayúdame!- María forcejeaba, no quería ir con Alfred, nunca había salido de su casa (literalmente), y ahora iría a un lugar que no conocía en lo absoluto. Alfred terminó por cargarla como la primera vez, tomó las maletas de ambos y se dirigió al carruaje que estaba en la parte de afuera esperándolos.- ¡FRANCISCO! ¡POR FAVOR! ¡AYUDAME!-

- Lo siento, no puedo hacer nada… Pórtate bien…- fue lo único que pudo salir de la boca de él, no sabía qué hacer, el intentar recuperar a su hermana podría traerles muchos problemas y eran suficientes con los que tenían por el momento, Francis seguía con su plan de volver a México colonia francesa y recuperar a María… por el momento no podía, ya la ayudaría en otro momento.

Ya cuando ambos estaban en el carruaje, Alfred sacó de quien sabe dónde unas esposas y le puso una a Isabel y otra a él.

- ¡¿POR QUE HACES ESO?!- le preguntó espantada, no pensó que fuera un lunático.

- Porque eres capaz de intentar escapar y así no podrás huir de mi.- María miró a Alfred con mucho odio, quería matarlo y más que nada huir pero de nada le serviría poner resistencia. Ahora solo le quedaría esperar a que llegaran a su nuevo hogar, esperaba que al menos el viaje no fuese tan agitado. Una vez que llegaron a la casa del norteamericano, este les quitó las esposas con cuidado, esta sería la oportunidad para escapar aunque Alfred le arruinó el plan, la tomó de la muñeca y bajaron juntos (Alfred la obligó a ir a su lado) ahí estaba su jefe.

- ¡CHIEF!- gritó el rubio, al oírlo, su jefe volteó y se quedó muy asombrado al ver a la mexicana.

- ¡Alfred! Who is she?- preguntó deseando que no fuese nada malo o raro.

- She's my wife.- su jefe se quedó muy sorprendido por la respuesta de su nación, ¿casado? Imposible, debía ser una broma, pero aun no era el día de los inocentes y faltaba mucho para ese dia.

- It's joke, right?-

- No, it's true.- su jefe no lo creía… pobre chica, ahora tendría que soportarlo y dijera uno serán unos cuantos años, no, lo tendría que soportar toda su vida, aunque él no sabía que ella era una nación.

- Pero…- habló con poco de dificultad el jefe de Alfred.-you… tu… fuiste a visitar a Mario y Francisco…no ha casarte… y menos… con una extraña.-

- Ella es Mario.-

- Pensé que te gustaban las mujeres no los hombres. Tanto es su amor que hasta hiciste que se vistiera de mujer.-

- Disculpe… pero soy mujer… no soy hombre, este par es real.- le contestó señalándolas.

- Luego hablamos… tengo un asunto que atender.- con eso su jefe se retiró sin entender absolutamente nada. Por ahí iba pasando una señora de edad avanzada, a la cual le habló Alfred.

- Jane… ¿podrías llevar esto a mi habitación? Por favor, dile a George que te ayude a llevar las maletas.-

- ¿Las dos a su cuarto?-

- Sí, las dos a mi cuarto y cuando bajes lleva a la señorita a mi habitación por favor.-

- ¡¿A tu habitación?!- preguntó Isabel temiendo lo peor.

- Si, a mi habitación-

- ¿Por qué a la tuya? ¿No voy a dormir sola?-

- No…-

- ¿Por qué?-

- Isabel, se supone que los esposos deben de vivir y dormir juntos, así como pasar tiempo juntos y hacer ya sabes… cosas.-

- No…-

- Si…-

- No…-

- Si…-

- ¡No! Alfred no, todo menos eso.- aquí el estadounidense ignoró a su nueva esposa y vio que la Jane ya iba bajando las escaleras, que mujer tan rápida.

- ¡Jane!- la señora se acercó a él. - Enséñale cual es mi habitación, disculpa por hacerte subir y bajar las escaleras.

- No es ningún problema, ya lo sabe mi niño. Señorita venga conmigo por favor.- Isabel tuvo que obedecer, la señora la guío hasta su nueva habitación, al entrar vio que estaba muy ordenada, para ser hombre Alfred era muy limpio, era una ventaja, no tendría tantos problemas al limpiar la casa.

- Y bien… ¿ya se conocían?- la señora se dirigió a las maletas y comenzó a desempacar mientras que Isabel exploraba la habitación.

- ¿Eh?- dijo Isabel al salir de sus pensamientos.- Realmente no… apenas lo acabo de conocer.-

- ¿Apenas? Pensé que ya se conocían, si me permites y quieres, ¿me podrías contar la historia?-

- Por supuesto, es algo rara pero se la contaré.- Lo que quedó de la tarde ambas se la pasaron platicando, entre historias y consejos se la vivían, pareciera que nunca acabarían, al menos tenia a quien recurrir, por el momento, en caso de que necesitase algún consejo. La señora miró el reloj, se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta.

- Te dejo niña, iré a preparar la cena. Nos vemos.-

- Hasta luego.- la señora cerró la puerta y ella se quedó sola en la habitación, no se sentía incomoda ni nada ya que Alfred no estaba ahí.- Tomaré un baño.- se dijo pero antes de meterse a bañar cerró la habitación con seguro, no quería que Alfred entrara mientras se bañaba.

Mientras tanto en la oficina...

- No le veo fin a esto.-

- Todo ese trabajo se te acumuló nada más de no haber trabajado parte del día.-

- Lo sé, no dormiré hoy, iré a cenar, bañarme y con la misma regresaré al trabajo.-

- Tu sabes que yo ya me voy a ir y el trabajo se queda aquí en tu casa pero descansa… vete…-

- Pero señor hay que acabar esto.-

- Yo lo acabaré, hoy me lo llevaré a mi casa. Vez con tu esposa y si te rechaza dale tiempo, no está acostumbrada a estar con un hombre… sabes a lo que me refiero, se la vivió entre hombres pero no está acostumbrada a estar con alguien amorosamente.-

- Lo se… pero aun así hay trabajo que hacer…- (O-O) tiene sentido de la responsabilidad.

- Insisto, vez con ella.- Alfred se levantó de su asiento, acomodó unas cosas, se dirigió a la puerta y antes de irse…

- Gracias.-

- Que tengas una feliz noche de bodas.- este asintió y cerró la puerta, dejando solo a su jefe.- No creo que la chica se le entregue tan fácil, se ve que es difícil de convencer.-

Alfred se dirigió a su habitación con rapidez, quería ver a su esposa, estaba ansioso. Al llegar jaló la perilla pero no se abrió la puerta, buscó entre sus llaves y así consiguió entrar a su cuarto, entró como si nada, se dirigió a su ropero y una vez allí comenzó a sacar su ropa. Oyó que abrían la puerta del baño, así que volteó a ver quién era *por un momento se olvidó de que estaba casado* y vio la figura de Isabel salir de ahí, solo tenía una toalla enrollada en su cuerpo, él se quedó ido viendo a Isabel, no hacia ningún ruido, ella alzó la mirada y vio que ahí estaba el.

- ¡Salte!- de un momento a otro él ya no estaba en su habitación, ahora estaba parado frente a la puerta de esta. Estaba todo idiota (Más de lo que estaba ya) no podía dejar de recordar la imagen de María envuelta en una simple toalla. Ella no tardó mucho en cambiarse, abrió la puerta y dejó que Alfred pasara. Él le miraba ahí y no en al rostro.- ¿Qué tanto miras ahí?- le preguntó ya sabiendo una posible respuesta.

- Nada… solo… que…pues…- ella rápido entendió las intenciones del ahora su esposo.

- Ni lo pienses, no, ¡Nunca! Así que… te quedaras con las ganas porque conmigo no.- con sus manos se cubrió el par, ya que se dejaba notar un poco.

- Puedo buscarme a otra…- de cierta manera esas palabras le dolieron a María.- Pero no lo haré, aunque no quieras nada conmigo por el momento seré paciente y te seré fiel.- con eso Isabel se tranquilizó y sonrió para sí misma.

- ¿Y qué harás ahorita?- quitó sus manos de donde las tenía.

- Pues me voy a bañar y luego bajaré a cenar ¿Por? ¿Ibas a salir o algo?-

- No, solo preguntaba, iré a ver si Jane necesita que la ayude en algo.-

- Está bien, yo me quedaré aquí por si necesitas algo.-

María bajó a ver a Jane, estaba apurada, aun no acababa de hacer la cena y todavía tenía que recoger unas hojas del patio.

- ¿Puedo ayudarte en algo?- preguntó la morena con un tono amistoso.

- Bien… ¿será que puedas ayudarme a recoger unas hojas del patio?-

- Por supuesto, solo le pido que si será que me pueda dar las cosas con las cuales voy a limpiar, no sé dónde están y no vaya a hacer un relajo.- La señora guío a Mari al patio y le entregó una escoba, un recogedor y un costal.

- ¿Sera que tu marido se enoje conmigo por ponerte a limpiar?-

- No creo, además fue por elección propia.-

- ¿Segura que podrás?-

- Por supuesto, viví entre hombres, peleando casi diario por lo que no creo que recoger unas hojas sea cosa difícil.-

- Bien… si no puedes me avisas.- La mexicana se puso a "recoger" las hojas, no podía.

~~~~~ á ~~~~~

Se acabó de bañar y cambió, simplemente vestía un short y tenía una toalla en el cuello (*derrame nasal salvaje*) Aun estaba algo mojado, no le importó, se dirigió al balcón y desde ahí pudo ver a su esposa.

- ¡Malditas hojas!-gritaba frustrada de no poder recoger las hojas. La escena le dio un poco de risa y dejó escapar una mirada tierna. Ella estaba echando rayos y centellas, maldiciendo a todo lo que tuviera que ver con limpieza y hojas, en eso sintió las manos de alguien en su cintura, se espantó demasiado y le pegó al tipo muy fuerte mandándolo a que se golpeara con la pared de la casa.

- ¡¿Qué te pasa?!- gritó Alfred enfadado por la reacción de María. Se dirigió hacia ella furioso la tomó de una de sus manos y la metió a la casa a la fuerza. Entraron sin hacer ruido a la casa y acabaron en la habitación de ambos. Alfred cerró la puerta y se dirigió furioso a María, la tomó bruscamente de los brazos.

- ¡No tienes por qué andar pegándole a la gente y mucho menos a mí! ¡Que soy tu esposo!-

- ¡Pues no te quejes! ¡Yo no me quería casar contigo! ¡No quería nada contigo! ¡Lo único que quería era seguir con mi vida sin interrupciones! ¡Nunca había estado con un hombre!- al oír eso Alfred la soltó de manera ruda empujándola solo un poquito, ella lo miraba con odio.

- ¡Ahora vienes y me dices que nunca has estado con un hombre! ¡Viviste casi toda tu vida entre ellos y ahora resulta que nunca estuviste con ninguno!-

- ¡Me refiero a que nunca había estado con algunos sentimentalmente! No es lo mismo pasártela entre hombres entrenando para pelear que estar con alguien con quien vas a compartir tu vida, tú me forzaste a compartir mi vida contigo, no puedo decir que te odio porque me has dado una lección: no abrir la boca antes de pensar en lo que vas a contestar.- Alfred se tranquilizó, ella estaba ligeramente molesta, había hablado en un tono serio y lo último fue lo que más rezumbó en los oídos y la cabeza del estadounidense. Ella se dirigió a la puerta y cuando estaba dispuesta a salir…

- ¿A dónde vas?- le preguntó el hombre rubio.

- A recoger el desastre que hice. Espero que no te molestes porque debes en cuando ayude a la señora a limpiar la casa.- Tras decir esto se retiró y el gringo se quedó solo en la habitación.

- Si piensas que portándote así te voy a dejar ir… estas equivocada, de mí no te soltaras tan fácil, ahora eres mía y no te dejare ir, ni tu hermano te podrá sacar de aquí.- dijo para sí mismo.

Mientras tanto la mexicana, luego de un gran esfuerzo, había por fin logrado terminar de recoger las hojas del patio, no eran muchas y no era realmente difícil, era solo que nunca había atendido las tareas del hogar y en sus tiempos libres se dedicaba a ver un poco sobre los problemas del país y leer. Luego de eso, ayudó a Jane a poner la mesa y una que otra cosita en la cocina.

- Veo que no sabes cocinar ni nada.-

- Es una pena que una mujer no sepa hacer nada.- contestó apenada.

- No es tu culpa, creciste como hombre pero yo te enseñare.-

- Muchas gracias, realmente me ayudara mucho… solo espero que me vaya bien.-

- Veras que así será. La cena ya está lista, ¿Por qué no le avisas a Alfred que ya baje?-

- Está bien, iré a avisarle. Pero antes… ¿Ya se va a ir?-

- Sí, ya me tengo que ir, me urge llegar a mi casa.-

- ¿Quiere cenar?-

- No gracias mi niña, enserio me urge irme.- la señora se retiró y le deseó suerte a María, ella subió a la habitación donde dormiría a partir de ese día, abrió la puerta y vio que Alfred estaba sentado en una silla en el balcón, estaba serio. Le dio miedo ver a Alfred así, pensó que tal vez, como estarían solos, el sería capaz de hacerle algo.

- Alfred…- el volteó a verla.- La cena ya está servida, por si quieres comer.- el norteamericano asintió y se dirigió al comedor. Los dos cenaron en completo silencio, una vez que acabaron de cenar ella levantó la mesa y el simplemente se subió a su habitación dejándola sola en la cocina. Andaba sentido por lo que María le había dicho aunque era la verdad, de ahora en adelante pensaría mejor sus respuestas, unas simples palabras fueron las que cambiaron su vida. Deseaba que esta farsa acabara rápidamente, aunque sabía que duraría un buen tiempo pero finalmente volvería a ser libre. Como pudo lavó los trastes y limpió la cocina. Subió a su habitación al entrar pudo ver a Alfred sentado en una silla en el balcón, miraba la luna, se veía muy hermosa, la luz que entraba por el balcón igual. Isabel sacó su ropa para cambiarse, mientras que Alfred la miraba de reojo, ella se dio cuenta, le daba escalofríos la mirada que le tenía puesta, intentado ignorarlo se dirigió al baño, lavó los dientes y su cara, finalmente se cambió de ropa y salió. El seguía ahí, sentado, sin aparentemente no hacer nada. Se acercó a él, le tocó sus hombros y le preguntó.- ¿Te sucede algo?-

- No.- contestó secamente.

- Bien… me voy a dormir…- se dirigió a la cama, notó que Alfred aún estaba molesto.- ¿De qué lado duermes tú?-

- Del lado derecho.-

- Entonces yo dormiré del lado izquierdo.- Isabel se acostó, quería dormir viendo hacia el balcón pero no podía ya que Alfred estaba ahí, viéndola. Así que ella le dio la espalda y cuando él se fuera a acostar, se acomodaría viendo hacia el balcón. Luego de un buen rato el finalmente se acostó y ella le dio la espalda.

- Feliz noche de bodas.-comentó el norteamericano con sarcasmo. Isabel no contestó. Pasó un buen rato, ella seguía sin conciliar el sueño, miraba al techo, un techo diferente, un techo desconocido, estaba en un lugar en el que nunca había estado antes, se sentía rara y tenía miedo.-Aun no puedes dormir, ¿eh?- Isabel no contestó, seguía viendo techo, hubo unos segundos de silencio.-

- No… aun no puedo dormir.- contestó finalmente. Esta volteó a ver al balcón, la luz que entraba por la ventana era realmente hermosa. Por parte del rubio no hubo respuesta alguna. María se levantó de la cama y se dirigió al balcón, por su parte, Alfred se sentó ahí en la cama y la miró.- La luna es la misma en todas partes pero no en todos los lugares se ve igual de hermosa.- dijo para sí misma.

- Lo siento.- La mexicana volteó a verlo y le sonrió.

- Solo vamos a dormir y ya.-

Muchas gracias por los rewiews y por leer, espero que sigan leyendo y que les guste la historia, cual aclaración o sugerencia no duden en preguntarme enviándome un PM o un rewiew. Yo también quisiera estar en su lugar *-* amo a Alfred.