1- Cafetera:

Estaba segura que el olor amargo del café inundaría toda la casa. No tenía ni que mover un músculo para notarlo, sabía que cualquier persona de la finca lo notaría. El desayuno, el despertar... un nuevo día.

Miré medio ausente la cafetera dañada y vieja, de color rosa con una parte totalmente negra. En cualquier momento daría el último suspiro de vida. Sasuke miles de veces me había insistido en comprar una cafetera nueva. A decir verdad tenía la extraña obsesión de cambiar de aparatos siempre que uno se dañaba. Prácticamente toda la casa tenía aparatos de última generación, los más nuevos y capaces. Menos la cafetera; esa máquina tenía demasiados recuerdos para abandonarla. Sonreí y acaricie la tapa pegada con celo. Olí el humo que salía de ella y busque una taza. Con calma y parsimonia serví el café, luego le puse azúcar y por último lo bebí con calma. Como si fuera la última cosa que tomaría en la vida.

La cocina estaba en silencio. La casa estaba triste sin él, o lo más seguro era que como él no estaba yo estaba triste. Mi ánimo contagia la casa entera.

- Perdón, perdón...- dije en voz alta deseando que todo mi hogar escuchara mi disculpa. Estaba un poco loca. Lo sabía, pero así era yo.

Después de desayunar, comencé el paseo mensual por la casa. Cada vez que Sasuke venía a casa su fuego interior se encendía, ardiendo todo lo que tocara. Y normalmente ambos terminábamos desnudos en el suelo. Otras veces en el baño, cocina y otros nisiquiera llegábamos a un lugar en concreto. Aquella noche sí; había empezado en la puerta- ahí estaba mi camisa- seguido por la sala – pantalones – y por último en la habitación – bragas y demás-. Sonreí ante la pasión de sus besos y recogí toda la ropa y la doblé encima de la cama. Observé el conjunto y deseé que Sasuke volviera temprano del trabajo. A lo mejor una semana como mínimo... como máximo dos meses. Sentí que mi parte emo iba surgiendo poco a poco. Toda la alegría del café se iba evaporando y la oscuridad se apoderaba de mi mente. Pensaba que ya todo estaba oscuro cuando la puerta de la casa sonó. Corrí hasta ahí y abrí la puerta. Sabía que no era mi marido, pero cualquiera que viniera ayudaría a salir del estado emo. Al abrir la puerta una chica de cabellos largos oscuros y ojos claros me miraba con ojeras enormes. Antes de que pudiera invitarla a pasar entró, camino con pasos largos hasta sentarse en la mesa del comedor, sacó un portátil y comenzó a escribir como si la vida se le fuera en ello. Dos minutos después reaccioné...

- ¿Cuantos capítulos te faltan?- quise saber cuando comprendí que si no decía algo yo ella no hablaría. Levantó la vista de la pantalla y me señaló los cinco dedos de su mano. Trague saliva asustada.- Tu editor te va a matar...- susurré.

- ¡Ah! Es que Naruto es TAN fogoso.- explotó mientras se llevaba las manos a la cabeza y desordenaba su pelo.

- ¿Y que tiene que ver tu vida sexual con tu trabajo?- pregunté tan sólo para molestarla. Me miró con el ceño fruncido y giró la cara mientras seguía escribiendo sin parar.

Un poco más animada observé a Hinata; ella era una amiga de la secundaría alta, que por motivos desconocidos nos hicimos muy amigas, a pesar de nuestros caracteres tan distintos. Aunque ahora nadie lo diría. Las dos nos habíamos presentado en la misma universidad al terminar el instituto, por lo tanto nuestra amistad pudo seguir adelante incluso después años sin vernos. Antes de terminar la carrera ella había debutado como escritora y desde ese momento no había parado de publicar pequeñas novelas, relatos o cualquier pedido que tuviera. La pobre tenía trabajo por los poros, todo lo contrario a mi. Me había graduado de enfermera hacía dos años, pero el trabajo que tenía en una pequeña clínica obstetrica tampoco era que fuera del todo agobiante y mucho menos agotadora. Todo contrario al trabajo de mi marido. Sasuke era piloto, y se pasaba más tiempo en el aire que en casa. No pude contener un suspiro. El tecléo se detuvo y percaté que Hinata me miraba con aquellos ojos claros y profundos. Temblé ante la expectativa de escuchar algún consejo de ella. Su vida sentimental no era mucho mejor que la mía. Hacía tres años que salía con Naruto, un compañero de facultad que se dedicaba al periodismo deportivo. Él también viajaba, pero no tanto como mi marido. Sasuke.

- Volverá.- tan sólo dijo eso y siguió escribiendo.

- Lo sé, pero igualmente … es tan triste...

Antes de que pudiera seguir lamentándome me golpeó con un folió y me obligo a vestirme y marcharme a trabajar. Seguí sus órdenes en mi propia casa, y cuando ya estaba lista me hecho.

Mientras encendía el coche, esperaba que la calefacción se encendiera miré al teléfono. No tenía ningún mensaje, ninguna llamada. Deprimida cerré el móvil y arranqué el coche.

El camino hasta la clínica me sirvió para despejarme la cabeza y poder centrarme en el escaso trabajo que tenía. Al llegar el doctor acababa de llegar. Verlo de espalda me aceleró el corazón...

- Buenos días Sakura.- saludó antes de poder verme.

- Buenos días Doctor...- miré abajo apenada. Jamás me acostumbaría.

- ¡Ughh!- se quejó y puso una mano en el pecho. Asustada corrí a ayudarlo. Cuando estuve cerca de él levantó la mirada para clavarme sus ojos oscuros.- No deberías ser tan frío con tu cuñado ¿No crees?

Estuve apunto de cometer un crimen, pero me contuve. Solté a Itachi Uchiha y entré en la clínica. Jamás me iba acostumbrar que mi jefe fuera el hermano mayor de mi marido, al igual que él sentía algo terriblemente fuerte hacía mi. En mis tiempos de noviazgos con Sasuke, por culpa de él estuvimos apunto de separarnos. Tantas veces que cada vez que los tres nos veíamos un aura hostil se dislumbraba entre los hermanos.

Me encerré en los vestuarios y me cambié mientras sentía que el humo de rabia me salía de la cabeza. Coloqué todas las cosas en mi taquilla y luego salí a ignorar al jefe.

La primera ronda fue tranquila, pero cuando me tocó el descanso el ogro alias Itachi me seguía poco dispuesto a dejarme sola. Siempre que era corriente de que Sasuke se encontraba volando comenzaba sus mañas para seducirme. El sabía que mi marido era poco cariñoso, que no mostraba sus sentimientos y que muchas veces terminábamos discutiendo... por eso se aprovechaba en sus ausencias. Lo peor de todo es que temía que alguna vez fueran a dar resultado...

Cuando la llave giró en el pomo de la puerta y entré al recibidor pude respirar tranquila. Sabía que los encantos de Itachi siempre desaparecían al entrar en casa, pero aún así el corazón me latía con fuerza... con miedo y ansiedad. Dejé caer el bolso en el suelo y vi algo que causó más de un sentimiento en mi cuerpo. Unos grandes zapatos negros. Sin preocuparme de dejar los míos ordenados me los saqué y corrí hasta el salón, donde medio sentado y medio acostado se encontraba Sasuke. Tenía la camisa por fuera, la corbata medio abierta y el pelo desordenado. El corazón me dio un gustoso salto...

- Bienvenida...-ronroneó él mientras sonreía y se levantaba del sofá.

Fue la primera vez en cuatro años casados que el no se iba a volar. Corrí hasta el y me lancé en sus brazos. Su corazón latía con calma, sus fuertes brazos acurrucaban mi cintura y sus labios besaban mi pelo...

- Feliz aniversario...-susurró en mi oído mientras me daba un dulce beso en la frente.

Abrí los ojos como platos al escuchar eso salir de sus labios. Se separó de mi sin quitar un brazo de mi cintura y cogió una bolsa de color marrón. La sujeté y la abrí, dentro había varias cápsulas de café... las mismas que el día que nos conocimos y las mismas que compramos con la cafetera... y no era una casualidad.


Gracias a asami96 por decirme que te gusto el prólogo, me hizo mucha ilu. Espero que el primer capitulo no te disguste. Hasta el próximo capi.