Capitulo dos.
El enfermo y demacrado viejo les cuenta a la pareja de aves que él es descendiente del mismísimo Dante Alighieri. De quien se sabe, es el único humano que allá atravesado el infierno estando vivo y que en su travesía vio los horrores y abominaciones del infierno, el cual estaba infestado por almas de bastardos que sufrirían hasta el fin de los tiempos.
- Leí la Divina Comedia- dice Raven haciendo notar que no necesitaba una introducción a la historia.
El nuevo Dante la mira y sonriendo aprieta un botón de su sillón haciendo que se abra una parte del techo y dejando caer una de las cuchillas de Robin al lado del mismo.
-Como conoces la historia podré seguir con los preparativos- dice el viejo sonriendo.
De pronto la maquina de sierras da un movimiento y atrae las cadenas de los grilletes de los jóvenes, pero solo al punto de hacer notar hacia donde iba su función. Robin al notar esto agarra su cuchillas, pero se enfada al notar que no tienen filo, estaban chatas y cuadradas lo que le impedía poder cortar las cadenas de sus ataduras. De pronto el anciano comenzó a hablar nuevamente.
- Veras Robin- dice el anciano –no quiero que te vallas sin un recuerdo de lo que pasara aquí, bueno tendrás muchas memorias, pero quiero algo marcado en ti. –Sonriendo de manera enferma- activare la maquina y atraerá a los dos hacia una muerte muy linda y la única forma de que se apague es que una de sus cadenas llegue primero.- riendo- ¡Así que tendrás que cortarle la mano a tu amiga! ¿No es hermoso? o mejor aun puedes matarla y así ella no hará resistencia contra la cadena y la triturara en una lluvia de sangre –un silencio- ¡Eso seria algo digno de recordar!
Ambas aves estaban aterradas por lo que oían y de las consecuencias que tendrían si no hacían algo rápido. El viejo da un gran respiro de tanta risa enfermiza, luego se acomodo en su asiento y dijo – bueno… comencemos- oprimió el botón que activaba el mecanismo de la trituradora y empezó a halar las cadenas que aprisionaban a los jóvenes, ambos asustados y desesperados pensaban que hacer mientras hacían resistencia a la fuerza de la maquina.
-¡Robin!- grito la bruja- ¡dame tu cuchilla!
-¡No!- dijo el chico- ¡tus poderes y habilidades dependen de tus manos y mucho menos te la pienso pasar para que te suicides! – La chica llorando le grita - ¡No seas idiota, es la única forma o quieres morir también! – el líder vio la desesperación de su amiga y tomo una dura decisión.
Robin le dijo a Raven que sin importar lo que pasara no dejara de hacer fuerza en contra de la maquina. Con su mano derecha tomo sus cuchillas y empezó a machacarse su propia muñeca para deshacerse de su mano izquierda. Aguantando el terrible dolor que se provocaba comenzó a ver sus propios huesos y ligamentos machacados, todo siendo visto por la chica que no podía creer lo que veían sus ojos llenos de lágrimas.
-¡Detente Robin, por favor!- decía llorando la joven viendo como pedazos de carne de sus líder se esparcían en el suelo.
Robin sin hacerle caso y casi fuera de si golpeaba con mas fuerza para poder romper sus huesos y al lograrlo dio un golpe final separando su mano de su cuerpo la cual al estar suelta se mete a toda velocidad en la maquina y es triturada delante de sus ojos por las sierras oxidadas haciendo salpicar sangre y carne por la habitación.
Luego del sacrificio de Robin las ataduras de Raven se sueltan y la maquina se detiene, ella presurosa va a ver a su amigo quien estaba arrodillado aguantando el dolor tratando de detener la sangre de su herida. La chica rompe su capa y envuelve su herida con ella para tratar de parar la hemorragia.
-¡Estúpido, estúpido, estúpido!- decía la chica llorando por lo que había echo su líder.
-Ya lo se- decía el chico- pero era la única forma de mantenerte viva y entera- con una ligera sonrisa.
-¡Cállate idiota!- la chica no podía controlar sus emociones de ninguna forma, jamás había pasado por algo como esto y mucho menos alguien había hecho algo así por ella, así que las emociones que sentía la estaban volviendo loca.
-Cálmate Raven- le decía Robin a la chica quien veía estaba con un ataque de pánico.
- ¡No, no puedo!- llorando- ¡Son demasiadas emociones! – decía llorando amargadamente.
Mientras el chico trataba de poner la situación en orden el holograma de viejo apareció con usa sonrisa inmensa y satisfecha.
-Esto no me lo esperaba- se queda en silencio un momento- ¡Fue mejor de lo que podía esperar! Jajajaja- mientras reía, Robin trataba de levantarse pero su dolor era muy grande, pero cuando comenzó a caer sintió unas manos que lo sujetaron y luego vio a la chica quien ponía su cuerpo de soporte para que él pudiera mantenerse en pie.
-¡Maldito viejo enfermo!- gritaba Robin- ¿que más quieres de nosotros?
El viejo paro su risa endemoniada y miro seriamente a los dos jóvenes y les dijo.
-Ustedes Irán al infierno – con su voz llena de enojo.
-Ya fui al infierno a rescatarla a ella- mirando a Raven –y volví.
Dante enojado por las palabras del chico le grita – Esa estupidez no era el infierno y ese remedo de demonio llamado Trigon no es más que un parasito- volviendo a tomar su compostura el viejo les dice- en muchos universos los demonios tienen otros nombres como Mefistófeles, Malevolia y el mismo Trigon no son mas que bastardos del diablo supremo… Lucifer el caído.
Al escuchar ese nombre Raven abre sus ojos y empieza a tiritar, Robin siente su vibración notando su temor y le pregunta que es lo que pasa, la chica dudando le comienza a contar que había escuchado de ese demonio y que de todos los que existen es ese al que los infernales temen, el manda en el centro de la tierra y es él el que ve las almas de los malditos.
-Como contaste tan bien la historia te daré un premio- jalando una palanca deja caer un aparato- pon tu muñeca en eso y no sangraras, no me sirves muerto- dijo con una voz burlona el anciano.
Raven fue a buscar el aparato y se lo puso a Robin, aunque tuvo de reponerse al ver las tiras de carne y ligamento que colgaban de la herida. Una vez puesto el aparato Dante activo el mecanismo y cauterizo la herida no sin antes hacer sufrir a Robin mas de lo que ya había sufrido.
-¡Maldito! – Le gritaba la chica furiosa- ¡Deja de hacerle daño!
A Dante se le formo una sonrisa en sus labios arrugados y dijo – Bienvenidos al infierno
