¡Aquí traigo el segundo capítulo!
En primer lugar, quería dar las gracias a todos aquellos que se han tomado la molestia de leer la historia, comenzar a seguirla y comentar, pero, en especial a HelenMartinelli por haber sido la primera en dejar su opinión.
He decidido que comenzaré a contestar las reviews, ya que, si os tomáis la molestia de escribirlas, qué menos que daros las gracias de esa manera. También he decidido seguir la sugerencia de HelenMartinelli y hacer los capítulos más largos, así que espero haberte hecho justicia ;)
One Piece y sus personajes no me pertenecen, sino a Eiichiro Oda.
Capítulo 2
"Luffy, ¿es que no piensas hacer nada?", Nami miró incrédula a su capitán una vez hubieron salido del restaurante, "Obviamente esa chica quiere ayuda, pero tiene miedo de admitirlo", la navegante apretó los puños y miró de manera desafiante a Luffy. Zoro puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, Nami era una cabezota.
"Has oído lo mismo que el resto. No quiere unirse", Zoro no podía quedarse callado. Luffy se mantuvo inmóvil, todavía con su mirada oculta por la sombra de su sombrero.
"¡Idiota! ¿Es que pensáis quedaros con los brazos cruzados? ¿De verdad vais a dejar que esa chica sea tratada como si fuera un trozo de carne?". Zoro suspiró. La entendía mejor de lo que ella creía. Nami tuvo una infancia traumática trabajando desde niña para otros piratas y todos habían sido testigos del mercado de esclavos de Archipiélago Sabaody. A Zoro le encantaría poder ayudar a esa chica, pero estaba claro que ella no quería.
Luffy comenzó a caminar, ignorando las palabras de Nami. Ella intentó insistir, pero Robin le tomó del brazo para que no lo hiciera. Todos siguieron en silencio a su capitán, que parecía ser de la misma opinión que Zoro: no podían arrastrar a la chica a la fuerza.
"¡Esperad!", todos se giraron. La chica del restaurante corría hacia ellos llevando varias bolsas. Una vez se puso a su altura, se paró frente a Luffy. Durante unos segundos, la mirada de la chica se posó sobre Zoro y, hasta ese momento, el espadachín no se había fijado en sus preciosos ojos verdes. No sabía qué era lo que tenía aquella chica, pero desde el instante en que sus miradas se cruzaron, no le parecía una locura la idea de llevársela por la fuerza. La chica se sonrojó, apartando su mirada de Zoro, y miró a Luffy. "Siento lo que ha sucedido en el restaurante, pero no puedo permitir que te vayas sin probar todos los platos, Monkey D. Luffy", la chica sonrió y le entregó las bolsas.
"Vaya… ¡Gracias!", Luffy sonrió y miró las bolsas con curiosidad, haciendo que sus ojos se iluminaran al ver toda la comida que había en ellas, "¡Nami, tendrás que pagar!", Nami golpeó a Luffy en la cabeza, provocándole un enorme chichón.
"No os preocupéis, yo invito. Es muy bonito por vuestra parte ayudar a gente a la que conocéis, pero tengo que quedarme aquí. Parecen malas personas, pero no lo son. Huro no decía todas esas cosas en serio. Soy especial para él", la chica sonrió, "Debería volver, no quiero que noten mi ausencia", Robin dio un paso adelante.
"Espera, ¿te llamabas Yua, verdad?", la chica se giró y asintió, "¿Por qué quieres quedarte con esa clase de personas?". Zoro contuvo una sonrisa de medio lado. Se imaginaba a qué se refería Robin, pues ella había estado rodeada durante mucho tiempo de personas que no la tenían ningún aprecio real, no hasta que les encontró a ellos.
"Porque les debo mi vida", la chica sonrió y se marchó.
"Luffy, tenemos que ayudarla ¡Es una buena persona!", insistió Nami.
"No", Luffy cogió un trozo de carne de una de las bolsas y le dio un bocado, "Si quiere pagar esa deuda, que lo haga. No podemos hacer nada al respecto. ¡Vamos!", Luffy comenzó a caminar.
"¡Espera, Luffy!", Sanji se puso a la altura de su capitán, "No podemos irnos todavía. No tenemos suficientes suministros. Tenemos que comprar comida"
"Y yo necesito vendas", intervino Chopper. Luffy accedió y juntos caminaron por el pueblo buscando un lugar en el que adquirir todo lo que necesitaban. Curiosamente, ninguno de los puestos que había en la calle tenía comida, sino juguetes y diferentes objetos con los que divertirse o celebrar una fiesta, lo que no paraba de captar la atención de Luffy, que quería comprar absolutamente todo.
"¿Qué clase de isla es esta?", preguntó Franky, visiblemente preocupado. El cyborg necesitaba también cola, así como el Sunny.
"Parece que habrá que viajar sin suministros", Law decidió darse por vencido.
"Quizá Luffy, Chopper y yo podamos pescar algo", Usopp intentó poner solución al problema, pues parecía no haber otra opción. Lo pasarían mal hasta llegar a la siguiente isla, pero, según los cálculos de Nami, no estaba muy lejos, en torno a unos tres o cuatro días.
El puerto y el Sunny ya eran visibles. Alguien les esperaba. Según se fueron acercando, Zoro pudo ver que se trataba de una mujer, concretamente la chica del bar, que caminaba de un lado a otro, inquieta. Luffy la saludó con entusiasmo, haciendo que ésta se detuviera, les mirara y corriera hacia ellos.
"Debéis iros ahora", todos la miraron escépticos, "Vienen a por vosotros. Se han enterado de lo que he hecho, que os he dado la comida gratis, y Huro está furioso… ¡Os matará! Y es todo mi culpa". Zoro sonrió de medio lado y, por la expresión de la chica, supo que los demás también estaban sonriendo.
"No somos el tipo de piratas que huye de una pelea y abandona a una dama", Sanji se encendió un cigarrillo y le ofreció su mano a la chica, invitándola a subir al Sunny. "Les esperaremos en el barco. Te preparé un poco de té". La chica parecía abrumada por la caballerosidad de Sanji mientras sus mejillas se sonrosaban. La chica sonrió y se dejó guiar por el cocinero hasta la cocina. Zoro siguió al resto de la tripulación, pero, tan pronto como puso un pie en la cubierta, Sanji y la chica se habían esfumado ya.
"¡Zoro, leva el ancla!", Nami comenzó a dar órdenes para abandonar cuanto antes el puerto.
"¡No!", todos se giraron para mirar a Luffy, "Si quieren pelear, pelearemos", Luffy sonrió y crujió sus dedos. Zoro sonrió también, posando su mano derecha en sus katanas, listo para actuar cuando los hombres del dueño del bar llegaran.
"Qué chica tan adorable. Está preocupada por nosotros", Sanji salió de la cocina rodeado de corazones, "Le he preparado algo de té y la he dicho que no salga de la cocina", Luffy asintió en aprobación y todos esperaron en silencio.
Todo estaba tranquilo, demasiado, y aquello preocupaba a Zoro. No podía permitirse bajar la guardia. Un silbido cruzó el aire. Zoro saltó, desenvainando una de sus katanas y cortó la bala que se dirigía hacia ellos a gran velocidad. El espadachín cayó al suelo de nuevo y frunció el ceño. Lo sabía. Intentaban pillarles por sorpresa, así que si no hubiera sido por la advertencia de la chica, esa especie de bala de cañón les habría dado de lleno. Todos esperaron en silencio a que se escuchara otro silbido o cualquier indicio de actividad, pero no hubo nada.
"¡Mugiwara!", todos tensaron sus músculos, "¡Mugiwara! ¡No te llamaré una tercera vez!", Luffy se acercó al borde del barco y se asomó, "Me debes lo que no has pagado", una sonora carcajada cruzó el aire, "Sé que mi Yua te dio en secreto la comida que pediste, así que vine para cobrar la deuda. No creas que no sé que esa zorra desagradecida está aquí. Tan pronto como te de su merecido, le tocará a ella", Luffy saltó del barco.
"¡Luffy!", Nami intentó parar a su capitán, pero ya era demasiado tarde. Tampoco tuvieron mucha maniobra de acción, pues cientos de hombres aparecieron en la cubierta del Sunny, listos para atacarles. Uno de esos hombres, armado con un sable, se acercó a Usopp por la espalda, pero antes de que pusiera hacerle algo al tirador de los Sombrero de Paja, Zoro frenó el ataque con dos de sus katanas.
"Atacar por la espalda no es de hombres honorables", según Zoro pronunció aquellas palabras, el hombre escupió en el suelo, provocando una sonrisa de medio lado en Zoro. Le iba a patear el trasero a ese idiota.
Zoro y su oponente se separaron de manera brusca para volver a lanzarse al ataque. Quizá el hombre al que se enfrentaba no fuera habilidoso, ni siquiera cogía bien el sable, pero tenía una fuerza sobrehumana. Zoro se estaba defendiendo más de lo que deseaba y cada estocada de su oponente le hacía retroceder más y más, provocando las carcajadas de su rival. "Daishikan", Zoro saltó, esquivando la posibilidad de que le atravesara con el sable, y se dispuso a lanzar su primer ataque. El hombre lo paró con su espada y, con su mano libre, golpeó a Zoro en la cara, lanzándole contra el suelo. Mierda. Zoro se tocó la mandíbula y contuvo un gruñido de dolor. "Santoryu", Zoro se levantó se colocó en posición para utilizar la técnica de las tres espadas. Aquella lucha estaba durando demasiado para la clase de oponente que tenía enfrente, "Tsuji Rokudou No", Zoro se movió rápidamente, imperceptible para su rival y, tan pronto como Zoro volvió a envainar sus katanas, el hombre cayó al suelo, dibujando un charco de sangre.
Yua continuó moviendo el líquido sin apartar la vista del fondo de la taza. Desde que Sanji le había preparado aquel té, no le había dado ni un solo sorbo. No tenía ganas. Todo había sido por su culpa. Tenía que haberse mostrado más decidido y segura de sí misma para no haberle dado la impresión a Luffy y al resto de su banda de que deseaba escapar de la situación en la que se encontraba. Pero, ¿era eso lo que verdaderamente quería? ¿Quería dejar de trabajar para Huro? Yua contuvo el aliento y comenzó a masajearse la sien. Estaba mentalmente agotada.
Su cuerpo se tensó cuando escuchó la voz de Huro fuera y un nudo comenzó a formarse en su garganta. Él sabía que ella estaba allí y eso tampoco la sorprendía. Nunca le había visto tan enfadado. Cuando Huro se enteró de todo lo que ella había hecho, comenzó a destrozar parte del restaurante, lanzando sillas y mesas en todas direcciones, lleno de ira y recordándole lo mucho que había hecho por ella. Yua, en vez de intentar calmarle como normalmente hacía, disculparse y humillarse frente a él, había huido en búsqueda de los Sombrero de Paja. Ocultó su rostro en sus manos y rompió a llorar. Estaba en la cocina, pero desde ahí podía escuchar los gritos, golpes y maldiciones… Estaba aterrorizada. No quería ser la causa de la muerte o las heridas de alguien, pero, en vez de salir a parar aquella pelea, estaba llorando, agazapada a un lado de la mesa con una taza de té ya frío que ni siquiera había probado.
"¡Cobarde!", se gritó a sí misma y, de un manotazo, rompió la taza en pedazos. Se agachó para recoger los trozos y buscó un trapo con el que limpiar el líquido del suelo. De repente, un destello entró por la pequeña ventana de la puerta de la cocina, como si cientos de relámpagos hubieran caído sobre la cubierta del barco. Yua cayó al suelo, asustada por la violencia del tiempo, pues no recordaba que hubiera nubes cuando se dirigió al puerto y, entonces, solo hubo silencio. Yua se levantó al no escuchar más gritos fuera y se acercó a la puerta. La madera crujió al abrirla, haciendo notar su presencia.
"¿Estás bien?", Yua se giró para saber quién la estaba hablando. Un chico alto y musculoso, de cabello despeinado y oscuro con el cuerpo cubierto de tatuajes la estaba sujetando del brazo. Yua asintió, todavía aturdida por lo que estaba sucediendo. Se había olvidado de que minutos antes había estado llorando y sus ojos estaban hinchados aún.
"¡Luffy!", un grito femenino, que venía del puerto, de fuera del barco, hizo que todos los que se encontraban en la cubierta descendieran. Yua se apoyó en el borde del barco y se asomó, deseando no haber visto lo que había ahí abajo. Huro yacía en el suelo, a unos metros del barco, inmóvil y con el cuerpo cubierto de sangre. Luffy se encontraba algo más cerca y, aunque no parecía herido, estaba inconsciente.
"¡Le dije que no se forzara después de Dressrosa! ¡No está recuperado del todo, podía haber muerto!", aquella especie de ¿reno? comenzó a atender a su capitán.
"Mierda… El barco ha quedado peor de lo que esperaba…", una especie de robot humano comenzó a inspeccionar el barco. Tenía razón, una parte de la cubierta era la zona más dañada del barco. La madera no estaba rota, pero sí algo astillada y algunas piezas se habían soltado, "La solución es fácil, la madera no está muy dañada, pero necesitaré un día entero para repararla para que podamos navegar en perfectas condiciones". Maldita sea… Una vez más, era por su culpa.
"No te preocupes, Luffy se pondrá bien. ¡Tienes la palabra del Gran Usopp!", Yua se giró al notar que alguien la estaba tocando. El chico de la nariz larga había posado su mano en su espalda y la guiñó un ojo, haciéndola sonreír.
"Gra-Gracias…", aquel agradecimiento sonó más bien como un susurro, pero Yua esperaba que todos hubieran podido escucharlo.
"No tienes por qué darlas. ¡El plan del Gran Usopp salió según lo planeado! ¡Hohohoho! Conseguí vencer a los cientos de hombres que se atrevieron a asaltar el barco de un solo golpe", Yua abrió los ojos de par en par, sorprendida. ¿Tantos hombres habían estado peleando en la cubierta? Su mirada se deslizó hacia la mujer morena, la que se había acercado a ella cuando le entregó la comida a Luffy y la mujer ocultó una risa divertida.
"No es buena que os quedéis aquí", todos miraron a Yua, "Luffy necesita recuperarse del todo y vosotros necesitáis provisiones. Puedo enseñaros dónde conseguirlas", Yua bajó las escaleras del barco, seguida de cerca por Usopp.
"Ah Yua-san… Tú siempre tan considerada", Sanji se acercó a ella, rodeado de una atmósfera de corazones y tomó su mano de nuevo. Yua se sonrojó y sonrió nerviosa, poco acostumbrada a que los hombres la trataran así. De repente, la chica pelirroja golpeó a Sanji y miró a Yua con una sonrisa encantadora.
"Te estaríamos muy agradecidos", Yua asintió e inició la marcha, esperando que todos la siguieran. Franky cargaba con Luffy y, a diferencia de lo que había presenciado en el bar, donde todos se hablaban a gritos y formando escándalo, todos la siguieron en silencio. La noche ya había caído sobre la isla y sus habitantes ya se habían encerrado en sus casas, dejando la fiesta y la diversión para cuando la mañana llegara. "Es aquí", Yua señaló a una casa de aspecto poco acogedor. Parte de la fachada estaba desmejorada y le faltaban trozos de pintura. Yua llamó a la puerta y esperó pacientemente a que alguien abriera la puerta.
Y hasta aquí el cap. Espero que os haya gustado. Ya sabéis que sois libres de comentar todo lo que queráis.
No sé cuándo subiré el tercero, espero que pueda ser este fin de semana. Tengo escrito otro más, pero quiero tener algo de margen antes de seguir posteando.
