Capítulo II
Sin Importancia (Cereza)
Una hermosa rubia estacionó un imponente auto deportivo de color negro frente a los dormitorios femeninos del instituto Hi No Ishi.
–Supongo que aquí comienza la tortura- dijo con una expresión de cansancio la piloto de ojos color avellana.
-Debería mostrar algo más de ánimos Tsunade sama. Acabamos de llegar y parece que ya quiere renunciar- dijo una mujer más joven sentada en el asiento del copiloto.
Tsunade no pudo evitar suspirar profundamente y decir con un tono bastante desalentador -Sabes perfectamente que ni siquiera quería venir a trabajar aquí Shizune. Pero ya que aquel hombre me obligo, no es como si tuviera otra opción-.
La mujer más joven torció los ojos en un gesto de exasperación. Sabía perfectamente que su compañera estaba exagerando.
-No deberías llamar a tu tío-abuelo "aquel hombre". Además de ser tu familia, es la única persona, aparte de mí por supuesto, que te cree medianamente sensata. Por si eso fuera poco, el señor Sarutobi te ha traído aquí para emplearte con la intención de que te familiarices con el instituto. Después de todo, algún día serás la directora-.
La rubia de larga cabellera solo se hundió aún más en su asiento
-Tú misma lo has dicho, algún día. Por lo tanto no es algo en lo que quiera interesarme ahora.-
-Entonces me veo en la obligación de recordarte que este, tu hermoso auto, está registrado a nombre del señor Sarutobi, al igual que todas tus cuentas bancarias-
Tsunade palideció ante las palabras de su amiga –Sin duda aquel hombre es un demonio- pensó. Con una expresión desesperada tomó por los hombros a Shizune –¡Espera! Aún tengo la cuenta de bancaria de mi anterior trabajo. Puedo vivir con eso hasta conseguir otro empleo-.
La castaña miró con lástima a su interlocutora mientras retiraba las manos de esta de sus hombros –Tsunade sama, usted perdió ese dinero apostando-.
Golpeando levemente el volante de su auto tratando de drenar su frustración con la situación, la rubia comentó -Malditos jueces americanos. Maldita corrupción en el Boxeo. ¡Esa pelea era de Pacquiao!-.
Una voz bastante rasposa interrumpió el pequeño berrinche de Tsunade diciendo -Agradecería que no blasfemaran en frente de mi dormitorio, si bien no somos un colegio católico, no me gustaría que mis niñas aprendieran más porquerías de las que ya saben- Dijo una anciana de baja estatura quien sostenía una escoba como quien sostiene una lanza antes de iniciar una batalla.
-¡Chiyo-obaasan!- dijo la rubia mientras bajaba del auto para abrazar a la pequeña abuela de manera cariñosa.
-Ya hace muchos años que eres más alta que yo, Tsunade. Deberías recordar que si te inclinas para abrazarme tus enormes atributos ¡no me dejan respirar!-
Tsunade se apartó inmediatamente.
-Así que aún te acompleja el tamaño de tus senos- continuo con una sonrisa maliciosa la abuela.
- Así que aún sigues encogiéndote cada año un poco más- respondió Tsunade ante el comentario.
Shizume, quien había bajado del auto podía ver miradas de hielo y rayos entre las mujeres que hasta hace un momento se reencontraban cariñosamente.
-Tsk, tan grosera como siempre. La adultez no se llevó tu idiotez- dijo la anciana con un gesto de superioridad.
Tsunade luchaba por contenerse y no seguir en esa discusión. Después de todo ella y Shizune tenían todas las de perder. No es buena idea estar en malos términos con la manager del dormitorio. Esa regla la recordaba muy bien. Ahora a sus 28 años, se veía obligada a vivir en aquel lugar nuevamente, aunque lo haría en calidad de empleada del instituto y no como una estudiante, eso no cambiaba en nada la escala de poder. La anciana Chiyo era Dios en ese edificio.
Luego de respirar profundamente pudo pasar por alto la expresión de victoria que llevaba puesta Chiyo por lograr tener la última palabra.
Aprovechando la oportunidad para interrumpir, Shizune intervino -Mucho gusto, mi nombre es Shizune-Katou, le agradezco que nos deje quedarnos con usted. Espero que nos llevemos bien- dijo al tiempo que le ofrecía una reverencia a la anciana.
-Katou? Acaso tu…-
-Dan-kun era su tío, obaasan.- respondió Tsunade con una expresión fría antes de que Chiyo pudiera terminar la pregunta.
- Ya veo, ahora que lo noto tienes la misma mirada que él… Cambiando el tema, Tsunade, tengo entendido que tu reunión con Hirusen era a las dos de la tarde, te informo que son casi las tres-.
La expresión de la rubia pasó de pensativa a totalmente aterrorizada. No temía que su tío-abuelo le diera un sermón por llegar tarde, ya que este iba incluido por defecto. Más bien se preocupaba por la posibilidad de que, en un momento de total decepción al ver que su protegida no puede ni siquiera llegar a tiempo, él decidiera retirar la oferta de empleo y toda ayuda económica.
-Me matará… ¡Sé que lo hará!- dijo mientras corría en dirección a la puerta del conductor para abordar su automóvil.
-Obaasan, usaré el viejo portón, así me ahorro dar la vuelta entera a la cuadra.-
- Por mí no hay problema, si es que no te importa llevar tu preciado juguete de cuatro ruedas por el camino de tierra. Ciérralo inmediatamente después de cruzarlo. Ya no se usa como entrada al dormitorio, de hecho, ese portón ya no se usa para nada.-
-¡Perfecto entonces! A partir de hoy será mi atajo particular. -
-Sí, eso sumado al hecho de que vivirás en un dormitorio para adolescentes, sin duda te dará status.- dijo sarcásticamente la anciana.
Tsunade hubiera refutado esas palabras, si tan solo tuviera un solo argumento inteligente a la mano, pero no tenía tiempo ni ganas de buscar alguno.
-Shizune, por favor abre y cierra la reja por mí. No es necesario que vayas conmigo por el momento. Seguramente cenaremos con él y para ese entonces ya me habrá sermoneado, así que puedes saltarte esa parte y quedarte a arreglar nuestras cosas con Chiyo-obasan.
- Esta bien Tsunade-sama. Le deseo mucha suerte y por favor, intente no discutir con el señor Sarutobi. Recuerde su posición.-
-Créeme que la recuerdo, de lo contrario no estaría aceptando ser parte de este circo.-
Tsunade condujo su vehículo hasta el portón mientras Shizune comenzaba a abrirlo poco a poco pues el óxido del riel no hacía de esto una tarea fácil. Después de varios chirridos metálicos logró abrirlo lo suficiente para que el auto pasara.
-Juro que no sé cómo fue que mi vida termino así. Bueno, sé perfectamente cómo, pero… ¿estar en la quiebra aún teniendo una carrera y siendo tan jodidamete buena en lo que hago? Vale, sé que no he hecho inversiones (apuestas) inteligentes, pero también creo que mi suerte no es la mejor. Dios, sé que no creo en ti, pero prometo que creeré si haces que la fortuna me sonría al menos por un rato. Me conformo con que Hiruzen no me mate por llegar tarde, aunque si me quieres mandar algo extra, lo acepto con gusto y hasta puede que vaya una vez a la iglesia… aunque no prometo quedarme la misa entera-
Conforme se acercaba al edificio donde impartían clases Tsunade seguía reflexionando sobre su situación hasta que notó en la distancia una figura femenina de pie bajo la sombra de la fachada lateral de la edificación. A medida que se acercaba pudo apreciar más detalles de aquella joven -Lleva uniforme. Claramente se está saltando las clases. ¿Tiene cabellos rosas? Seguro es una rebelde. ¡También tiene un cigarrillo! Definitivamente es una rebelde. Me recuerda a mi cuando era más joven y más estúpida. Espera, cabellos rosa… tiene que ser ella. No creo que haya dos personas con ese peculiar color de cabello viniendo al mismo instituto…mejor le hago un favor-
La rubia detuvo su auto justo en frente de la chica para luego bajar de este y acercarse a la joven estudiante. Entonces pudo ver sus ojos de un tono esmeralda –Definitivamente es la pequeña de aquella foto, aunque ha crecido bastante; de hecho, se ha convertido en una hermosa mujer. ¡Agh! pero que forma tan descuidada de vestir el uniforme. Y para coronarlo, ese asqueroso olor a cigarrillo barato-.
Tsunade sujetó de la muñeca firmemente a la chica quien en consecuencia, levantó la miraba sorprendida.
-Parece que no necesitas esto, pues lo has dejado desperdiciar- Dijo la rubia para luego arrebatarle a la pelirosa lo que restaba de aquel cigarro, acto seguido tomó una fumada y procedió a lanzarlo al suelo para apagarlo haciendo uso de su tacón.
-Deberías dejar esto para los adultos. Las niñas como tú aún pueden ahogar sus penas con postres o salir de compras con sus amigas para lidiar con sus problemas de chiquillas– dijo la rubia mientras se tomaba un momento para apreciar la belleza desarreglada de la joven estudiante.
- Tú no sabes nada de mí, así que deberías dejar de meterte en los asuntos de personas que ni siquiera conoces y que no tienen nada que ver contigo- Le respondió la adolescente obviamente enfurecida.
-Qué gran boca tiene. Ni siquiera le importa que pueda reportarla por conducta inapropiada. Me gusta esa actitud-pensaba algo divertida la rubia mientras buscaba en el bolsillo de su chaleco su inseparable spray de menta. Apuntó a la joven y la roció sin consideración mientras esta tosía y luchaba por respirar. Sabía que en cuanto aquella chica recuperase el aliento la insultaría de lo lindo así que de pronto recordó la prisa que llevaba y decidió irse de inmediato con una sonrisa infantil dibujada en el rostro.
– ¡Desquiciada!- escuchó a la distancia. Esto último le causó una gran satisfacción.
-Algún día me lo agradecerás-pensó para sí misma Tsunade.
Condujo hasta el estacionamiento del edificio administrativo y se detuvo. Antes de bajar del auto se tomó un segundo para chequear su rostro en el retrovisor. No quería que su futuro jefe (y desde siempre familiar metiche) notara que llevaba varios días sin dormir adecuadamente… más por las preguntas que esto desencadenaría que por cualquier otra posibilidad.
–Vaya cara de ganadora-sonrió sin ganas. Fue entonces cuando notó algo de brillo sobre el pálido labial que llevaba como maquillaje –Seguramente se me ha pasado por la boquilla del cigarrillo-relamió su labio inferior y pudo distinguir el sabor. –Cereza-dijo para sí misma, sonriendo de nuevo, esta vez de forma casi inconsciente.
