La vida de Sesshomaru no es la misma desde la muerte de su padre. Después de despedir a diez secretarios en los últimos tres meses, llega Rin, dispuesta a cambiar su mundo. "Soy su nueva secretaria y mi trabajo es ayudarle a encontrar la felicidad" AU. Época actual. RinxSess
Disclaimer: Nada me pertenece, lo que reconozcan es propiedad de Rumiko Takahashi.
Aclaraciones: OoC. Es un pequeño epílogo de la historia, espero lo disfruten.
La sonrisa de un ángel
Epílogo
Agregó unas anotaciones en el borde inferior del cuaderno de apuntes y lo cerró, tomó otro y emprendió a revisarlo como las anteriores. Miró el reloj en su muñeca. Las 17:30 horas. Era increíble cómo transcurría el tiempo cuando uno se encontraba ocupado.
Su trabajo como educadora le fascinaba, pero el momento de revisar las tareas era el que más temía. Tener que corregir los errores de los pequeños o descifrar las palabras que querían decir no era tan divertido, prefería darles clases presenciales y recibir sus dibujos, pero no solamente eso era lo que debía hacer.
Se puso de pie y acomodó sus pantalones negros y blusa de vestir azul. Salió del estudio de su esposo y caminó en el pasillo de su inmensa casa, que sólo les pertenecía a Sesshomaru y su familia, después que Inuyasha y Kagome decidieran mudarse dieciocho años atrás cuando se casaron.
A pesar de tener gente que llegaba a ayudar en las labores del hogar, el lugar seguía sin parecerle adecuado para una familia de cuatro.
Suspiró.
Ella y Sesshomaru habían transformado la mansión para que estuviera acorde a sus gustos, pero secretamente deseaban que estuviera más llena.
"Quizá en unos diez años sea diferente", pensó Rin.
Pasó al lado de un retrato de su familia y sonrió. En él se podía apreciar a su esposo y sus hijos. Sesshomaru con su grandioso porte sonreía levemente, luciendo sus cabellos platinados y sus ojos color ámbar, no aparentaba los cuarenta que tenía en ese entonces, pero no se podía negar que aún permanecía apuesto. Vestía unos pantalones grises y una camisa blanca de botones; tenía un brazo en su cintura y otro en el hombro de un niño pequeño vestido con playera verde y pequeños pantalones color beige. Miró a su hijo menor, el vivo retrato de su progenitor; tenía cuatro años en la foto, pero ya con esa edad se notaba que sería como su padre, tío, primo y abuelo, con los cabellos platinados y piel nívea, aunque sus ojos ámbar tenían una pequeña parte marrón dentro de ellos. La sonrisa de su hijo Keisuke era amplia como la suya, rasgo que su esposo adoraba que tuviera.
Volvió a ver la mano de su esposo y se encontró con ella misma, sonriendo como siempre lo había hecho.
Detalló los rasgos que día a día observaba en el espejo; sus ojos marrones y su largo cabello negro, que ahora tenía unas cuantas hebras blancas a causa de la edad, su figura infundada en un vestido naranja de flores, sus manos delgadas y blancas. Lucía tal como su vida anterior y como se veía cuando era un ángel. Ya hacían diecinueve años de ello.
Recordó cómo en un parpadeo sus antiguos 'jefes' le integraron a la vida en la tierra. Aparecieron registros de la joven de veintisiete años Rin Fujimoto, hija de padres japoneses, proveniente de un pequeño distrito en China, lo suficientemente minúsculo y apartado de la civilización como para no indagar más de ella. Les resultó tan sencillo hacerlo, y si alguien de su vida como Karin Ishikawa se cruzaba en su camino y le reconocía, podía decir que en el mundo existían siete copias de una persona.
Así volvió a la tierra y pudo estar con Sesshomaru.
Siguió la inspección del retrato y miró a su hija.
-¡Mamá!- escuchó el grito de la mencionada y se la encontró frente a sí. A sus dieciséis años, Hitomi era una buena combinación entre su padre y ella, ojos color ámbar y cabellos negros como los de ella, de piel clara y alta como su padre, era delgada y delicada, y al describirla uno no podía olvidar en mencionar la misma sonrisa angelical que compartían.
Sonrisa que en ese momento no tenía.
-¿Qué ocurre, amor?- preguntó de forma maternal.
-¡¿Papá y tú se van a divorciar?! ¿Por qué?- exclamó enojada y con mirada penetrante.
No podía olvidar el temperamento de su padre e Inuyasha. Su hijo de doce años no lo había heredado. ¿Por qué su niña sí?
-Hitomi, ¿quién te ha dicho eso?- cuestionó en tono calmado. ¡¿Dónde escuchó tal barbaridad?!
-¡No importa! ¡¿Por qué?! ¿Ya no se quieren? ¿Tienen a alguien más? ¡Los he escuchado pelear últimamente! ¡¿Quieren hacernos miserables?!- dijo con un tono de reprimenda.
-Hitomi, tu padre y yo no nos vamos a separar -expresó en tono calmado-. Sólo han sido discusiones, pero ninguna de ellas a causa de lo que sentimos el uno por el otro.
-¡No te creo! -reveló su hija con los brazos en alto-. ¡No quiero que me hablen! ¡No nos quieren lo suficiente como para permanecer juntos!
Y salió corriendo, avanzando rápidamente hacia la puerta.
Caminó lo más rápido que pudo pero resonó el golpe que significaba que su hija se había ido.
En momentos como ese extrañaba su habilidad como ángel.
-¿Qué ocurrió?- preguntó preocupado al llegar a casa, la voz de Rin había sonado alterada. Llegó a la sala y miró a su esposa sentada en el sofá, con expresión triste y ojos acuosos. Se acercó a ella y pasó un brazo sobre su hombro.
-¿Quién podría decirle algo así?- le cuestionó ella en un susurro, no entendía a qué se refería.
-Rin, no sé de qué me estás hablando- expresó mirándole a los ojos.
-Ella, Hitomi, cree que nos vamos a divorciar, que hemos discutido mucho últimamente, dice que no le queremos lo suficiente. Se fue y no tengo idea de dónde podrá estar. No contesta mis llamadas.
Apartó unos cabellos que obstruían su cara.
-Creo tener una idea- reveló con la calma que no sentía, su princesa estaba en alguna parte de la ciudad y debían hallarla, pero tenía que aclarar el tema y pensar detenidamente.
-¿Qué sabes?- Rin le miró intensamente. Besó su frente.
-Siento que hayamos discutido estas semanas por cosas sin sentido. He descubierto a la persona que está espiando a la empresa para darle información a Naraku, es un hombre que lleva un par de años con nosotros, y tiene una hija de la misma edad que Hitomi, puede que sea ella quien le dijera eso. Siento descargar toda mi frustración contigo. ¿Me perdonas?
-Yo también siento haberme alterado -le dijo y acarició su mejilla-. Pero tenemos que encontrar a Hitomi.
Ambos se levantaron del sofá y se dirigieron a la puerta.
Era una suerte que Kei estuviera en un campamento todo el fin de semana.
-¡Nada!- exclamó bajando del automóvil de Sesshomaru. Tres horas habían transcurrido desde que comenzaran a buscar a su hija por los lugares más representativos de la ciudad, pero no le habían hallado. Para empeorar la situación, no atendía el teléfono y ninguno de sus conocidos tenía idea de dónde estaría. Ni siquiera había ido con su abuela Irasue.
Sesshomaru dio un portazo.
-Juro que pasará castigada los años que le quedan antes de entrar a la universidad- reveló furioso.
-¿Y si ocurrió algo?- le cuestionó al acercarse. Él le abrazo y depositó un beso en su coronilla.
-No pienses lo peor, esperaremos una hora y llamaremos de nuevo a los padres de sus amigas para preguntar y si no le encontramos tendremos que dar parte a la policía, pero te prometo que la encontraremos -asintió y lo abrazó con fuerza-. Vamos a entrar.
Abrieron las puertas de su hogar y con pasos lentos entraron.
-¡Mamá! ¡Papá! -exclamó la conocida voz de su hija, que rápidamente los envolvió entre sus brazos-. Lo siento mucho- susurró entre sus ropas.
-¡No vuelvas a hacer eso Hitomi Taisho!- le regañó al mismo tiempo que la apretaba fuertemente. Empezó a emitir pequeños sollozos.
Sesshomaru se separó y miró con expresión de enfado a su adorada hija.
-Estarás castigada por largo tiempo Hitomi- la aludida bajo su cabeza en actitud de arrepentimiento y asintió lentamente.
-Lamento haberles preocupado y las cosas que te dije mamá. Estaba muy enojada por todo lo que Kanna dijo.
Caminaron hasta el sofá. Se sentó con ella en el mueble de dos plazas.
-¿Por qué no lo consultaste primero con nosotros corazón?- cuestionó y acomodó un mechón de cabello tras su oreja.
-Fui muy tonta, me ocurrió como otras veces en que hago y digo cosas sin pensar. ¿Pueden perdonarme por pensar que se separarían y no confiar en ustedes?
Sesshomaru suspiró.
-No tenemos nada que perdonarte, admito que las cosas se salieron un poco de control, pero no era motivo para que actuaras de esa forma, te hemos educado diferente.
-Lo sé y lo siento- dijo la joven y se levantó de su asiento para abrazar a su padre, que la recibió con el mismo amor que sólo dedicaba a su familia.
-Hitomi -habló observando a padre e hija abrazarse-. Quiero que quede claro que tu padre y yo no planeamos separarnos, nosotros nos amamos, hija. Que no te quede duda de ello, y también los amamos a ti y a Kei como a nadie más en la tierra, son lo más importante que tenemos, lo último que queremos es dañarles. Si tuviéramos intención de separarnos ustedes serían los primeros en estar al tanto de la decisión.
-No te preocupes, mamá. Ya lo tengo más claro -reveló la joven de ojos ámbar con tono orgulloso-. La mujer me ayudó a entenderlo.
-¿Qué mujer?- preguntó Sesshomaru.
-Una mujer muy bella que me encontré en el parque, me hizo entender que actúe mal y debía disculparme y aclarar las cosas con ustedes. Por eso regresé, mi teléfono tenía la batería agotada y no podía llamarles.
-¿Qué te hemos dicho de tratar con extraños Hitomi?- interrogó.
-Que no debemos hablar con ellos, por muy confiables que aparenten ser. Pero, mamá, tú la conoces.
-¿Quién era?, ¿de qué la conozco?
-No me dio mucha información, sólo me pidió decirte que Kikyou te mandaba saludos.
Sesshomaru y ella intercambiaron una mirada.
Los ángeles seguían haciendo de las suyas.
¡Hola!
Me llegó una pequeña inspiración para concluir ésta historia, espero que les haya agradado.
Gracias por los comentarios que dejaron y el tiempo que tomaron en leer el capítulo anterior. Si en este pequeño escrito tengo algún error discúlpenme, no lo he analizado lo suficiente.
En fin, les dejo.
HoeLittleDuck
PD. Acepto críticas y todo tipo de comentarios.
