Pensaba publicar esto dos veces por semana pero la verdad es que el mes que entra no tendré tiempo para hacer eso. Así que, para que me hago, mejor lo publico diario ahora que puedo.

Espero que les guste.


Capítulo II

Las horas habían pasado muy lentas. Después de haber estado en el pensadero y al salir del shock inicial, Draco sólo pudo ir e intentar consolar a su padrino; pero la reacción de Severus fue alejarse. No quería que nadie lo tocara. Lo único que pudo hacer por él fue darle una poción para que durmiera. Su padrino estaba en un estado casi catatónico. Debía descansar.

Desde entonces ya habían pasado tres horas y Draco se estaba volviendo loco. Su primera intención al ver a su padrino dormir, fue ir por los malditos y torturarlos hasta matarlo. Lo único que lo detuvo fue precisamente saber que Severus jamás aprobaría que se manchara las manos de sangre. No había trabajado tanto por nada, así que lo único que atinó hacer fue llamar a Anna.

Anna Noel, una bruja con un semblante frio, con unos ojos cafés tan oscuros como su propia alma. Un hermoso cuerpo y una cara que si no fuera tan fría, seguro que parecería angelical. Si Draco hubiese sido hetero, seguro que se habría enamorado de ella. Sabía que Anna podría darle luz en esos momentos.

Draco lo pensó un poco. Quería venganza. La necesitaba; pero tendría que ser de una manera sutil y fría, aunque por eso no menos sanguinaria. Todavía podía escuchar los sollozos quedos de su padrino mientras esos cerdos lo ultrajaban sin ningún motivo. Porque si algo tenía claro era que, ellos no tuvieron ningún motivo para hacerle eso a Severus. No había cuentas pendientes. Severus había luchado de su lado. Protegió a Potter y sólo hizo lo que el viejo loco le había mandado.

Tanto como ellos, Severus había perdido. Vivió casi toda su juventud en una guerra y no pudo conocer el verdadero amor por vivir en medio de dos poderes. La luz y la oscuridad siempre emergieron en su padrino.

Y ahora lo que sentía Draco era impotencia. No podía hacer nada. No pudo hacer nada. Sentía que le había fallado. Sentía que no había estado con la única persona que siempre estuvo para él. Poco a poco, Draco fue acercándose al sofá donde dormía su padrino. Su respiración era pausada, como si nada hubiera pasado; pero eso estaba lejos de la verdad. En los ojos de Severus puedo leer todo el dolor que le causo aquello.

No pudo evitar llorar una vez más. Su cuerpo se sacudía por los sollozos, por el dolor.

Así, frente a su padrino y llorando como un niño desconsolado, le encontró Anna. Enseguida la bruja francesa supo que algo terrible había pasado. Jamás ves a un Slytherin llorar sin que exista una verdadera razón. Caminó poco a poco hasta llegar a lado del rubio, le abrazó con cuidado y Draco de inmediato se sintió protegido y en casa. Anna tenía la particularidad de darle paz.

Calladamente, Anna levitó el cuerpo de Severus hasta la recamara principal de aquella casa, mientras Draco observaba. Cuando su padrino estuvo por fin en su cama, el rubio tuvo las fuerzas para contarle a su amiga todo lo que había sucedido. Con rabia contenida, Anna escuchó todo. La magia de Draco fluctuaba violentamente mientras hablaba y no se podía controlar.

—Quiero venganza Anna. Quiero hacerles pedazos. Les quiero ver sollozando y suplicando por la piedad que no le tuvieron a mi padrino.

—Sabes que este no es el momento. Ahora no somos más que un cero a la izquierda en este mundo mágico. El propio Ministerio pone en duda la lealtad de tu padrino. Sería nuestra palabra contra la de ellos, Dragón.

— ¿Y qué pretendes, que se quede así? Ellos violan a Severus y no tienen castigo porque son los buenos. Porque si eres una Serpiente, eres malo y si eres un León, eres bueno. Blanco o negro. Luz u oscuridad. Potter o Voldemort.

—No digo que sea justo Dragón; pero es lo que hay. La gente es prejuiciosa, no saben de razones. Se dejan guiar por lo que les dicen, viven según las directrices que otros les mandan y hoy por hoy la Orden manda.

—No estoy de acuerdo en eso. Lo que hicieron tendrá castigo, Anna.

Los ojos grises de Draco brillaron con destellos de maldad y Anna supo que él podría ser capaz de todo para conseguir hacerlos pagar. Ella misma quería que pagaran; pero ese no era el momento. Además, Draco tenía que pensar en otra persona, en alguien que le estaba esperando en el lugar en el que llamarían hogar. Anna caminó hasta Draco y lo abrazó con fuerza. El rubio se dejó abrazar una vez más.

—Piensa en él Draco. Nos está esperando, te está esperando. Tendremos venganza, Dragón. Sólo dame tiempo. Cada uno perderá lo que más quiere y vendrán a ponerle el culo a Severus con tal de recuperarlo. Te lo prometo; pero no ahora cariño. Será en un tiempo. Regresaremos aquí siendo amos y señores. Y entonces, sólo entonces, podremos vengarnos.

Draco suspiró y besó delicadamente los labios de Anna. Sabía que tenía razón. Debía regresar con poder, sólo así no expondría a su padrino a todo ese escrutinio que daba la mierda esa a la que llamaban sociedad. Se separó un poco de Anna.

—Tenemos que llevárnoslo, Dragón. Él aquí no tiene nada.

—No quería irse conmigo.

—Eso fue antes, Draco. Vayámonos ahora mismo. La casa esta lista y… Tienes que llegar a verle –la fría mirada de Anna se dulcifico por un segundo.

—No lo sé.

—Estar lejos le ayudará a superarlo.


Sentía un raro malestar en el estómago, algo revuelto, un dolor de cabeza insoportable y en la boca el claro aliento de Whisky de fuego. Habían bebido mucho la noche anterior. Seguro que si se levantaba de la cama tendría que dar un brinco olímpico hasta el baño para vomitar. Si abría los ojos el mundo se le movería, necesitaba un baño para mejorarse.

Abrió los ojos y vio el techo moverse. Parpadeó hasta que la loza se quedó tan inmóvil como debería de estar. De inmediato el malestar en la boca del estomago se intensificó. Se incorporó poco a poco. La saliva le pasaba con dificultad y dolor de cabeza era punzante.

Caminó tambaleante al baño, apurando el paso, sintiendo el escalofrío característico que era el preludio para vaciar lo que tenía en el estómago. Casi pisando el baño sucedió: Bilis y restos de alcohol salieron de su sistema. De verdad había bebido demasiado. Abrió el grifo del lavabo y se mojó la cara. Se tocó la barba, que según Luna le daba un toque sexy. Sonrío ante el recuerdo.

Se observó un poco confuso y se dio cuenta de que estaba aún vestido con la misma ropa. A sus aminorados sentidos les llegó el olor a sexo. ¿Había tenido sexo? No recordaba nada. Esperaba que no. Le recorrió un nuevo escalofrío al pensar que se había visto envuelto en una orgia con los Weasley, Sirius y Harry. Sonrío de nuevo ante su ocurrencia. Eso jamás pasaría. No era de su gusto.

Se desvistió con dificultad. La cabeza le daba vueltas y no tenía mucha idea de cómo manejar su magia con esa resaca. Abrió la ducha y de inmediato se metió en ella. El agua fría rozando su cuerpo provocó un gemido de satisfacción. En cuanto el agua empezó a enfriar su cuerpo, la razón llego a su mente. Las imágenes de la noche anterior se proyectaron en su cabeza como en una secuencia de película de terror.

Sus ojos verdes titanio se abrieron de inmediato. Sintió el agua fría chocar en su rostro y fijó su vista en sus manos. Casi pudo escuchar los sollozos de Severus Snape y las guarradas de los "distinguidos" miembros de la Orden. Harry caminando hasta el cuerpo inerte del ex Profesor y él… Él… Tocándolo, mancillando más ese cuerpo, marcando con sus dientes la cetrina piel. De inmediato, casi pudo ver sus manos llenas de sangre. Había sido partícipe de aquel monstruoso acto.

De nuevo su estómago hizo una revolución y, demostrando el asco que sentía consigo mismo, arrojó todo el contenido de nuevo. El agua seguía corriendo, camuflando las lágrimas que abandonaban los ojos verde oscuro. Una opresión en el pecho lo hizo salir de la ducha. Cerró el grifo y tomó lo primero que encontró: Unos jeans desteñidos y una playera blanca que se le pegaba a los músculos del torso, mojándola con los vellos de su pecho.

Tenía que hablar con Harry. Tenían que hacer algo, entregarse, suplicar, lo que fuera; pero esto no se podía quedar así. Estaba terminando de ajustarse los Converse negros, cuando una lechuza conocida se posó en la ventana de su departamento. Era la lechuza de Sirius Black.

En 15 minutos en Grimmauld Place.

Neville pareció recuperar la coordinación, pues se apareció en un segundo. Grimmauld Place era una de las cosas que más había cambiando después de la guerra. Remus había convertido ese caserón en un verdadero hogar, para Sirius y él. La Mansión se veía acogedora, luminosa y cálida. Neville caminó hasta el despacho de los Black. Al llegar vio a Sirius sentado en la silla de su escritorio, Harry colocado en otra silla frente al escritorio hablando con Black y los Weasley, en un gran sillón de piel blanca. Todos parecían tan tranquilos, como si nada hubiera ocurrido. Por un segundo pensó que tal vez aquello había sido producto de su retorcida mente.

— ¿Poción? –Sirius le tendió un vial. Seguro que con poción anti resaca. Neville negó enérgicamente. La cabeza súbitamente dejó molestarle.

—Harry yo… Ayer nosotros…

—Vamos Neville –Sirius se levantó y le sacó la silla que estaba al lado de Harry –, siéntate –Neville volvió a negar –. Bien, entonces pasemos a lo que hemos venido. Creo que todos concordamos en dejarlo como está, en un silencio muy cómodo. Seguro que Snivellus no hablará y si lo hace es su palabra contra la nuestra. Fue un desagradable error.

Longbottom vio a Harry bajar la mirada, a los Weasley asentir y Sirius tenía esa sonrisilla seductora tan ensayada, que ahora le parecía falsa y repugnante.

— ¿Desagradable error? –susurró y sus ojos verdes se oscurecieron aún más. Fijó su vista de nuevo en Harry y algo dentro de sí rugió – ¡Y una mierda Black, eso no fue un error, fue una atrocidad y tenemos que pagar!

Sirius quitó de inmediato la sonrisilla y se quedó un poco descolocado ante los gritos de Neville, no esperaba esa reacción del tímido león.

— ¿Pretendes encerrarte en Azkaban por culpa de un Mortífago?

— ¡El Profesor Snape no era un Mortífagos, lo que sucedió lo provocó precisamente esto. Creer, intuir, crucificar! ¿Tú estás de acuerdo con esto Harry?

Harry levantó la mirada para encontrarse con unos ojos verdes no tan brillantes como los suyos. La verdad es que no sabía que pensar de todo aquello. Sirius había tomado las riendas de todo y para él era más fácil que alguien más liderara con aquello.

—Nev…

—Mira Longbottom –se le adelantó Sirius –No creo que Snape se quiera ver en el ojo del huracán y enfrentar a tanta gente. Lo que pasó, pasó. Me siento mal por ello; pero ¿Qué podemos hacer? ¿Suplicarle perdón? Eso no remedia nada. Lo mejor es no cruzarnos más en su camino.

— ¿Así de fácil? No Sirius. Puede que pedir perdón no sirva de nada; pero él está en su derecho de hacer lo que quiera con nosotros. Dejarlo así nos pone al nivel de lo que por tantos años luchamos por evitar. Si esto se queda así, dejaremos de ser los leales Gryffindors para convertirnos en algo peor que el mismo Lord Oscuro. Nosotros somos los buenos, los que hacemos lo correcto, los que luchamos por los demás. Severus es nuestra víctima, no podemos dejarlo así como así. Merecemos que nos torture.

Neville volteó a ver a sus compañeros de casa. Los Weasley parecían incómodos; pero no por vergüenza o culpa, más bien porque no compartían la opinión de Neville y luego estaba Harry, que miraba fijamente a su padrino.

— ¿No dices nada, Harry? Todo esto y no dices nada –Neville tenía en la voz un tono de decepción –Ahora más que nunca hubiera preferido ser un Tejón asustadizo. Ustedes no son más que unos cobardes. Y tú, Harry, eres el peor de todos. Él sólo te protegió ¿Y así le pagas? Reniego de la Orden, de Gryffindor y de todos los jodidos prejuicios que dicen que sólo por ser un Slytherin eres un villano. Ruégale a quien se te acomode Black, para que Remus nunca se entere de esto; porque si lo hace, sé que pensará lo mismo que yo. Ahora si me disculpan, me pondré a las órdenes de Severus Snape, para que haga conmigo lo que quiera.

Neville salió enfurecido de aquel despacho, caminando hasta la salida. Necesitaba recuperarse de todo lo que había sucedido. Harry lo vio salir y de inmediato se puso de pie. Caminaba hasta la puerta del despacho cuando sintió que la mano de Sirius lo detenía.

—Espero que salgas para convencer a Neville de que tiene que sujetarse al plan.

—No.

— ¿No? –Sirius enmarcó una ceja y endureció un poco sus facciones.

—Harry esto es una niñería. No podemos hacer nada. Si esto se sabe, sólo habrá un escándalo y a nadie le conviene eso –Harry apartó la mano de su padrino y lo miro a los ojos.

—No soy James, papá murió hace años. No te seguiré ciegamente, sé que si ahora no hago lo correcto más adelante la vida me lo cobrará. Fuimos unos idiotas al actuar por un odio añejo. Neville tiene razón.

—Severus nunca admitirá ante la gente lo que sucedió. Esta encerrado en ese caparazón y ellos, los Slytherin, no muestran sus sentimientos. No dejará que nadie lo vea derrotado.

—Eso es su asunto. Por mi nos puede torturar. Particularmente, no opondré resistencia.

Harry salió del despacho y de aquella casa para buscar a Neville: Juntos irían con Severus Snape y recibirían el castigo que él quisiera. Lo que fuera para no tener en su conciencia aquel acto que manchaba su honor. Encontró a Neville unas calles adelante y corrió hasta alcanzarlo.

— ¡Neville! –el chico volteó y vio a Harry corriendo, pensando que tal vez lo quería detener –Lo siento amigo –Neville le sonrió y le dio un abrazo.

—Gracias, Harry. Sabía que harías lo correcto.

—Fue difícil, amigo. Son demasiados años haciendo lo que otros te dicen; pero sé que le debo mucho a Severus. Lo que hicimos no tiene nombre.

—Lo sé. Vamos, anoche le dejé en la puerta del departamento de Draco Malfoy.

Harry se estremeció un poco ante la mención del rubio. Neville sabia la historia; pero Harry ignoraba la suya con el rubio. Todo había sucedido un poco antes de explotar la guerra, antes de que Draco tuviera que levantar su varita en contra de Dumbledore. Esa historia era la razón para que lo dos conocieran ese diminuto departamento en donde ahora vivía Draco Malfoy. Se aparecieron, tocaron y después de un rato se convencieron de que no había nadie.

Entonces, el único camino que quedaba, era la casa del ex Profesor. Los dos se aparecieron unas calles antes para caminar, para aclarar las ideas. Los dos tenían en la mente a las serpientes que seguro estarían juntas. Tanto Harry como Neville tenían una cuenta pendiente con Draco; pero sólo Neville quería saldarla. Harry por ahora estaba hecho un lío. Su vida no era como la imaginó.

Al llegar a la puerta de Severus Snape, tocaron; pero nadie abrió. Entonces apelaron a su lado Hooligan y abrieron la puerta con un hechizo. Para sorpresa de ambos, la casa estaba desolada, quien había habitado ahí ya no estaba. Severus Snape y Draco Malfoy se habían ido.

—Tenemos que encontrarlos, Harry.

—Ginny está embarazada.

Neville se quedó como una piedra en medio de la solitaria sala. Jamás entendería el extraño arreglo que Harry y Ginny mantenían; pero seguro que se debía a Draco y a ese secreto que sólo Neville conocía. La vida de ambos estaba marcada por las serpientes.

—No podemos dejarlo así, Harry.

—No lo haremos –Harry apoyó una mano en la espalda de Neville infundiéndole ánimo.


Cuando publiqué el fic orginalmente, muchas personas me dijeron que había logrado que odiaran a querido Sirius Black.

En el siguiente capítulo regresa Severus Snape, verán que espera a Draco en Francia. Harry y Neville se intentaran entregar al ministerio por lo que hicieron.

Probablmente publique otro capítulo por la noche.