Hola a todos! Gracias a quienes han leído el fic y gracias por tu review Anksunamun Nefertiti . Saludos! :)

"""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""" """"""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""

Capitulo 1

Un ángel en casa.

Castiel no podía creer lo que estaba pasando, ese sujeto apareció de la nada diciendo ser un ángel y que se conocían de antes, no le creyó ni media palabra hasta que esas alas blancas salían de su espalda. Se giró sobre la cama gruñendo despacio, solo había sido un mal sueño, eso era todo, estaba tan cansado que ya alucinaba cosas.

-Como si existieran los ángeles- murmuró al aire y se incorporó para descubrir que estaba solo.

El moreno comprobó que eran las siete, tomó una ducha rápida y bajó al primer para preparar su desayuno pero entonces escuchó un ruido. Avanzó sigilosamente para asomarse a la cocina, el rubio de ayer había preparado todo un banquete, que lucía genial pero eso no era lo más importante.

-¡¿Qué demonios haces en mi casa?!- gritó apuntándolo con el dedo- Dios… estoy alucinando, estoy viendo cosas y ahora hay un puto ángel en mi cocina haciendo el desayuno- dije pasándose las manos por la cabeza- Tendré que ir con un psiquiatra…-

-No creo que haga falta, Cas- dijo el rubio acercándose para colocarle la mano en la cabeza- Estás en perfectas condiciones y con este desayuno que te he preparado, tendrás la energía suficiente para tus actividades diarias-

-Incluso me habla- continuó Castiel convencido que no era real- Tengo que calmarme… debe ser un episodio psicótico, con los exámenes y el trabajo… estoy bajo mucha presión, eso es, cerraré mis ojos y todo estará bien-

Los cerró con fuerza y contó hasta diez antes de abrirlos, comprobando con satisfacción que el rubio ya no estaba, suspiró de alivio pero le duró bien poco cuando un ruido lo hizo voltearse. El ángel estaba corriendo la silla.

-Siéntate, Cas-

-¡¿Todavía sigues aquí?!- gritó manteniendo las distancias- Escúchame… no sé qué demonios seas, ni de que psiquiátrico te escapaste o como hiciste eso de las alas y aparecer pero no te quiero en mi casa-

-Estoy aquí para ayudarte, Cas- respondió el rubio tranquilamente- ¿Me puedo quedar contigo?-

-¡¿Estás loco?! ¿Por qué iba a querer a un ángel en mi casa? Ahora lárgate-

-Pero me escape del cielo para venir contigo- dijo el mayor algo triste y colocó una carita que Castiel no pudo resistir- Por favor… me portaré bien, no te ocasionaré problemas y puedo hacerme cargo de las cosas de la casa-

-¿Crees que quiero una nana con alas? No, gracias, ¿Y qué es eso de que te escapaste del cielo? Del psiquiátrico, de ahí te escapaste- soltó Castiel muy enojado.

-Todas mis facultades mentales están en perfectas condiciones, no hay necesidad de que este en eso que llamas psiquiátrico, ahora por favor siéntate a comer, ¿Tienes clases hoy? Estuve revisando la casa y-

-¡¿Registraste mis cosas?! ¡¿Quién te dio permiso de hacerlo?!- gritó colérico el moreno.

-Tranquilo- pidió el rubio confundido- Solo quería asegurarme que todo estuviera bien, además debo ocultarme para que mis hermanos no sepan que estoy aquí o me llevaran de regreso al cielo y yo quiero quedarme contigo-

Castiel se dio por vencido, era inútil discutir algo con ese ángel-psicótico-mago o lo que sea. Terminó su desayuno con calma y luego fue a la sala de estar por sus cosas. Estaba alistándose para irse cuando el ángel apareció en la habitación. Se sobresaltó un poco pero prefirió ignorarlo, quizás así conseguía que se fuera.

-¿Puedo ir contigo?- pidió Dean mirándolo fijamente.

-No-

-Pero-

-He dicho que no- repitió el menor serio- Escucha ángel… todo esto es muy raro y… si realmente fueras un ángel-

-Lo soy-

-Eso no me consta, además los ángeles no existen, el cielo no existe y Dios no existe-

-Cas…-

-Tengo que ir a la universidad ahora y cuando regrese, tomaré una decisión respecto a ti, no quiero que toques nada, ni te metas en mi cuarto o en cualquier otra habitación, te quedarás aquí- indicó el sillón- Hasta que yo llegue, ¿Quedó claro?-

-Sí- el moreno fue a la puerta- Que tengas un buen día, Cas, te preparé el almuerzo y lo puse en tu mochila-

Castiel gruñó despacio y se marchó cerrando con llave, no sabía en qué pensaba al dejar a ese loco en su casa. El día de clases fue eterno y lo que más lo molestó, fue que el almuerzo que le preparó ese idiota estaba delicioso y se quedó con ganas de más. Al término de la jornada, pasó de sus amigos y la fiesta de la noche para regresar a casa. Hoy no tendría trabajo, así que aprovecharía de dejar todo claro con el ángel. Cuando regresó a casa se quedó mirando como el rubio estaba en el mismo lugar en el cual lo dejó en la mañana.

-¿Has estado ahí todo este tiempo?- preguntó como quien no quiere la cosa.

-Dijiste que me quedara aquí- respondió el rubio sonriendo- ¿Cómo te fue en clases?-

-Eres muy raro- fue todo lo que dijo para dejar su mochila en el suelo y se afirmó en umbral de la puerta mientras se cruzaba de brazos- Digamos que creo tú historia del ser divino, ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el cielo?-

-Así es, por eso te dije que nadie puede saber que estoy aquí, me escapé para venir a verte-

-Sabes que eso suena raro en muchas formas ¿Verdad?- Dean lo miró sin entender- Como sea, ¿Cuándo se supone que tú y yo nos conocimos?-

-Cuando tenías siete años, yo estaba en mi misión y resulté herido, caí en el jardín trasero de tu casa y tú me ayudaste…- el menor vagamente recordaba algunas cosas.

-No lo recuerdo-

-Cas… dijiste que mis alas eran muy bonitas- el menor lo miró fijamente.

-Déjame verlas de nuevo-

Dean asintió para materializar energía antes de que se convirtieran en dos grandes alas blancas que mantuvo extendidas. Castiel se acercó con cautela para tocarlas despacio y el ángel soltó una risita.

-¿Qué te pasa?- preguntó sin entender.

-Lo siento… es que mis alas son sensibles- respondió sonriendo.

Castiel continuo tocándolas con cuidado, eran alas reales y muy suaves al tacto. Se acercó mirando fijamente esas esmeraldas, no parecía estar mintiendo, tenía la certeza que ese hombre decía la verdad. Le indicó que volviera a guardar/ocultar o lo que sea, sus alas.

-¿Me recuerdas ahora?- preguntó el ángel.

-No, no tengo idea de quién eres, ni porque estás aquí pero no creo que mientas-

-Cas-

-Explícame que haces en mi casa-

-Estoy preocupado por ti, Cas- dijo el rubio con algo de tristeza y acarició su rostro.

-¿Eres mi ángel de la guarda o algo así?-

-Sí, se podría decir que si…- Dean lo miró fijamente, no quería decirle toda la verdad aún- ¿Puedo quedarme contigo? Te prometo que no molestaré-

-Está bien- respondió el menor cansado- Puedes quedarte aquí pero no toques nada y deja de hacer eso de aparecer y desaparecer por los cuartos, mientras estés en mi casa, nada de poderes, ¿Quedó claro?-

-Muy claro- dijo el rubio sonriendo ampliamente.

-Bien… puedes dormir en-

-No te preocupes, no necesito dormir-

Castiel asintió sin hacer más preguntas, estaba cansado y ya era suficiente locura por un día. Fue a la cocina para calentar algo en el microondas y comió en silencio mientras Dean lo miraba desde el umbral.

-¿No piensas comer?-

-No lo necesito, gracias- respondió el rubio.

Castiel terminó de comer y dejó la loza limpia antes de ir a la sala de estar para hacer sus tareas. Dean permaneció en todo momento sentado a su lado, sin decir una palabra mientras lo dejaba trabajar. El menor terminó cerca de la media noche, guardó sus cosas y se dispuso a ir al cuarto cuando se percató que Dean lo seguía.

-Un momento- dijo el menor indicándolo- Tú te quedas aquí-

-Cas-

-Hay algo que se llama privacidad, no entras a mi cuarto, entretente en algo o lo que quieras pero no me molestes- el rubio asintió desganado- Bien- se dio la media vuelta para seguir subiendo cuando lo escuchó.

-Buenas noches, Cas, que tengas bonitos sueños-

El moreno se quedó unos segundos quieto y continuó caminando a su cuarto. No estaba tan seguro de lo acertado de su decisión al permitir que Dean se quedaba pero era un ángel, no es como si intentara matarlo mientras duerme o algo por el estilo. Se acurrucó bajo las tapas y disfrutó unos segundos del silencio de la noche mientras la somnolencia se apoderaba de él. Un último pensamiento pasó por su cabeza antes de caer profundamente dormido: Quizás no sería tan malo tener un ángel en la casa y en su vida.