Iba apresurada a su cita mensual, su caminar era rápido a pesar de que los años comenzaban a hacer mella en su cuerpo: sus pies dolían más al final de día y sólo una caminata apresurada bastaba para quitarle el aliento por un rato. Pero esta vez era diferente, la adrenalina corría por su cuerpo, no sentía ningún signo de cansancio… sólo ansiedad.
Miró el reloj que tenía en la muñeca, ya el otro había llegado a la cita y la debía estar esperando. No podía hacerla esperar, no quería hacerla esperar. Quería estar en el lugar preciso a la hora precisa, sin ninguna interrupción.
Con tan sólo poner un pie fuera de la casa, sintió el aire frío pronosticando que se avecinaba el invierno; pero una brisa no la detendría, ¡ya estaba por llegar!... sólo unos cuantos metros, veía el pequeño cuarto acercarse con cada pisada.
Sin reparar en nada que estuviera a su alrededor, abrió la puerta y quedó frente a la ventana que mostraba a la luna, que hacía cuestión de minutos había salido, dejándose ver y admirar tal como lo había hecho un mes atrás. Su blancura era incomparable y brillaba como nunca, iluminando cada centímetro del cuarto.
La mujer entró en la habitación lentamente, observando cada detalle, cada rasguño, cada golpe que había en las paredes y que traían a su memoria recuerdos. Una fuerte brisa entró por la puerta agitando sus ropas y haciendo que bruscamente recordara cerrarla. Con el mismo paso se devolvió para cerrar la puerta, y volteándose otra vez quedó frente a ella.
Su hipnotizante mirada la observaba desde lejos, desde el espacio, y sus largas manos de luz penetraban por todos lados, por sus ojos, por su boca, por su nariz… su imponente presencia estaba en todos lados jugándole bromas a los incautos ojos.
Tonks se sentía hipnotizada, sin apartar la vista de ella bajó lentamente hasta el suelo y luego estiró hacia atrás sus manos junto con su cabeza. Y mirando el techo, cerró los ojos… escapando de cierto modo del mundo en donde estaba, y entrando al mundo en el que quería estar… aunque a veces le hiciera daño.
—Tonks, no… esto está mal… por favor —pidió Remus a una joven Tonks.
El estaba contra una pared, sus ropas estaba raídas y su cuerpo un poco más delgado de lo normal; mientras que la chica lucia su pelo color chicle y una sencilla vestimenta: unos vaqueros y una blusa.
Tonks tenía ambas manos a los lados de la cabeza de Remus apoyadas en la pared, mientras ella lo miraba seriamente como queriendo penetrar hasta los más profundos secretos, deseos y anhelos del hombre.
—Calla y disfruta —dijo reprendiéndolo. Luego se acercó a los labios del hombre hasta que ambos quedaron unidos por un beso, que el hombre rápidamente paró.
—¡Te dije que no!... esto nunca podrá suceder, simplemente… no, no puede ser —se decía más para si mismo, que para el mundo exterior.
—Sí puede ser, ¿qué te ata?... nada —Remus desvió la mirada, pero ella agarró su cara con ambas manos y volvieron a quedar conectados en la línea visual—. Remus yo te amo, no me importa… tu, tu condición. Tú eres, y serás siempre muy importante en mi vida, aunque no quieras que así sea.
—No es que no lo quiera —se defendió el hombre—, pero es que… te estaría rebajando a ser una simple paria, no quiero… tú te mereces a alguien mejor, no…
—Yo te merezco a ti, y tú a mí —interrumpió Tonks, para luego acercarse de nuevo hasta los labios de Remus. Pero Remus fue más rápido se apartó de ella antes de quedar conectados de nuevo.
Él se encontraba dándole la espalda, apoyado en una ventana que estaba a su derecha. Miraba el ocaso, como las tonalidades se fundían para crear miles y miles de colores en una sola escena. Las pinceladas rojizas recorrían el cielo y se mesclaban con le cielo azul que poco a poco dio paso a un azul más oscuro, mientras la luna salía por el otro extremo. Faltaban sólo pocos días para la luna llena, y ya sus efectos se notaban en el físico y en el estado anímico de Remus.
—Remus —casi olvidaba que la chica estaba allí, a su lado—, por favor, date la oportunidad de ser feliz… de que yo… —una lágrima rodó por la mejilla de la metamorfomaga—… de que ambos, seamos felices.
—No, Tonks —él se volteó y comenzó a caminar lentamente. Luego de unos cuantos pasos, se volteó y la miró por unos segundos, para terminar de destrozar a la chica con una simple frase—. No quiero discutir esto de nuevo —y sin esperar respuesta se marchó.
Un fuerte viento interrumpió su recuerdo, la puerta se abrió estruendosamente… al parecer no la había cerrado correctamente. Fue con parsimonia a cerrar la puerta, y esta vez si se aseguró de trancarla correctamente. Luego se volteó y quedó de cara a un panorama que no le gustó mucho: poco a poco nubes oscuras cubría a la luna, centímetro a centímetro iban ganando terreno para terminar venciendo y cubriendo a la luna en su totalidad. Minutos después vino la ventisca, y comenzó a nevar.
El ánimo de la mujer decreció a pasos agigantados, ahora sólo quería acordarse de la muerte de su marido, de nada más. Para llorar y llorar, sin saber bien el por qué… no tenía muy claro por qué la afectaba tanto si la luna era cubierta por las nubes… o por el simple hecho de que no estuviera visible para ella. Ella quería a la luna para ella sola, pero dándose cuenta de sus pensamientos los borró rápidamente de su mente y se concentró en la habitación: un mundo entero y extraño que recorrer.
En esa habitación Remus pasaban las noches de luna llena. Todas las noches de luna llena, Remus se iba con pesar a su destino, desde temprano entraba en la habitación y no le gustaba que nadie fuera –a pesar de que con la poción no era peligroso–, pero aún así Tonks lo acompañaba varias noches, aunque él se quejara.
—¡Vamos, Remus!... déjame acompañarte, sabes que no me gusta que estés solo —los rasgos juveniles de Tonks habían desaparecido, estar en plena guerra no le hacía bien a nadie, y mucho menos a Remus Lupin, que siempre se negaba a que ella lo acompañase en las lunas llenas.
—¡No Tonks! aunque tome la poción, eso no asegura que no te pueda lastimar… déjame ir de una vez, que ya casi es hora.
El hombre se fue caminando rápidamente hasta la parte trasera de la casa, salió al jardín trasero y el aire fresco del verano le pegó de lleno en la cara, luego de estar unos segundos allí sin moverse, comenzó a caminar hasta el cuarto que estaba al fondo. Entró en el, y cerró mágicamente la puerta.
El tiempo corría lentamente, y todo parecía pasar mucho más lento. El sol no quería terminar de meterse para que la luna saliera. Después de una espera interminable, un destello de luna atravesó la ventana, Remus se tranquilizó un poco, a pesar de que la luna ya hubiera salido, tendría que esperar unos minutos más… era sólo cuestión de minutos.
Mientras tanto, Tonks caminaba rápidamente… iba a mitad del el jardín, estaba por llegar al pequeño cuarto que se encontraba al fondo. Apresuró el paso para terminar el recorrido y quedó justo frente a la puerta. Se acercó lentamente hasta ella e intentó abrirla… pero nada pasó, agitó la varita… pero la puerta quedó igual que antes.
Molesta, Tonks dañó la cerradura con una floritura, y tan sólo con un pequeño empujón la puerta se abrió mostrando el interior. Dentro estaba un gran hombre lobo sentado en un rincón, miraba la luna y al momento en que la puerta se abrió posó su mirada en la mujer que estaba en la puerta. Le lanzó una mirada de reproche –que al parecer la chica captó– pues no dijo nada, sólo se acercó hasta el hombre lobo y sentó a su lado, para luego acurrucarse en su pecho y cerrar lo ojos, aunque sabía que no dormiría.
—¡Mamá! ¿qué haces aquí?... ¿por qué no estás en tu cama? —dijo la voz de Teddy desde la puerta, sacando a la mujer de sus pensamientos.
—Ya, ya… no me hables así, que me haces sentir como a una niña pequeña
—Pero es que a veces lo pareces… ¿mamá, cómo se te ocurre salir en la noche con este frío… y ahora que ha empezado a nevar?
—Ya… es que sólo quería mirar la luna… pero vamos pues a la casa —dijo Tonks parándose y dirigiéndose hasta la puerta.
Antes de salir, se volteó hacia la ventana y por cosas del destino, la luna estaba sin ninguna nube a su alrededor, como despidiéndose de ella, como lo buena amiga que se había vuelto.
