Tercio Incompleto
Nota: Este One-Shot es totalmente independiente del anterior.
[Shot 2] Summary: Naruto y yo como matrimonio éramos una fracción incompleta. Se supone que los hijos son el ¨mal-buen¨ tercio de una familia, ¿Pero qué pasaba con ambos?
— ¿No sientes que algo le falta a tu matrimonio? — De nuevo aquella maliciosa pregunta resonaba en mis oídos y en los de mi esposo. No era la primera vez, y quizás no fuera la última vez que escuchará tal necio cuestionamiento. Ya no había forma de sobrellevarlo e ignorar que muchas cosas estaban mal. Muchos lo sabían, yo lo sabía, y él lo sabía; Pero claro, tratábamos de ignorarlo.
Apreté el folio con el historial de mis pacientes contra mi pecho, mordiendo mi labio y sintiendo como la frustración calaba cada uno de mis huesos. De un momento a otro sentía que colapsaría por tanto peso sobre mis hombros y que abriría la puerta que me separaba de Naruto y Shion para aclararle a esa rubia oxigenada que nada de eso era su asunto. Pero no lo haría, porque una de las formas de reconocer que hay un problema es actuar como si hubiera uno. No le daría el gusto a ella ni a nadie. Ese era asunto entre él y yo.
—Nop. Con Hinata todo siempre va de maravilla, soy feliz. Tal y como el primer día—respondió con inocencia y podría imaginar una sonrisa en sus labios, sin siquiera impregnar preocupación o interés en su voz. Podría haberme alentado por ello, pero de antemano conocía lo bien que se le daba ocultar sus verdaderas emociones; Naruto por sobre todo era un sol, nunca sería capaz de importunar a otros con sus problemas. Era por eso que lo amaba, sencillamente por eso.
—Humm…supongo que tienen suerte. Dada su situación no sería extraño que las cosas se mantuvieran tensas. Que bien por ambos—Mis dientes chocharon entre sí, rechinando con fuerza y aún mayor frustración. Si antes hubiera dudado que Shion estaba interesada en Naruto, ahora lo tenía claro: Ella jugaba al juego de ¨O quédate con una vida miserable, o divórciate y búscate a alguien mejor, o sea yo¨
Solo esperaba que él no cayera en su juego o siquiera viera sus intenciones, porque antes muerta a verlo terminar con una mujer como Shion: Superficial y sumamente interesada.
Pero en fin, en el hospital no se me pagaba por escuchar a una enfermera meter cizaña, así que de una vez por todas me aleje de la puerta y me olvide de hacerle una visita a mi esposo de 3 años.
Suspiré y trate de mantener mí vista clara, principalmente desprovista de lágrimas que la nublaran. Yo era fuerte. Me repetí mentalmente, tal y como lo hacía desde hacía casi 2 años: Salude a un par de pacientes y mostré mi más falsa sonrisa. Caminar por mi entorno laboral nunca podría ser tan difícil, no cuando salvaba vidas en un dos por tres y mi miserable matrimonio representaba a penas una tercera parte de mi día.
¿Pero qué cosas decía? ¿Miserable matrimonio? Ya podría incluso decirse que me refería a alguna falla de mi esposo. Pero no. Nada de adicciones o algún tipo de abuso físico o emocional. Naruto era perfecto, él estaba bien. Era yo el problema. Era yo. Pero yo era fuerte, lo suficiente como para levantarme todos los días a su lado y pretender que durante toda la noche no estuve apuñalando mi propio corazón, o destrozando mi mente con pensamientos negativos con respecto a mí, o sintiéndome el ser humano más inútil del mundo. No, por supuesto que no: Yo nunca le daría algo más por lo que preocuparse. Si yo era la culpable, yo cargaría con todo. Solo esperaba poder soportarlo por más tiempo, pues a veces sentía que incluso respirar era cada vez más difícil.
Con la palma de mi mano empuje la puerta que me llevaría a emergencias, y moví mis ojos de un lado a otro. Entonces me acerque hacia una pareja de adolescentes que se mostraban más cariñosos de lo éticamente permitido en un lugar donde muchos no llegan a contar sus anécdotas. Sus vestimentas, y piercings en sus labios y orejas me daban el criterio para juzgar que tipo de personas eran, y a cual perspectiva de la vida se apegaban. Me detuve en la evidente venda alrededor de la pierna de esa menuda muchacha de cabellos rojos, que producto de un desmayo, termino rodando por escaleras abajo y varada en el hospital. Le mostré mi mejor sonrisa, tratando de transmitirle que nada malo había con ella. Tome el folio, lo abrí y revise su expediente.
— ¿Qué tal doctorcita?—me saludo su novio de manera informal. Quise rodar los ojos, pero la situación no me otorgaba el derecho. Ninguno de mis pacientes me trataba con el respeto que me merecía, ¿Tenía algo que ver con que recién cumpliera 23 años? Pero bueno, después de todo se trataba de un chico de mi misma edad y de una apariencia un tanto desgarbada y de poco estilo. Pero en fin, no se podía criticar el estilo de vestir de tus pacientes.
Leí el informe del laboratorio, Karin era su nombre, y sentí el sabor amargo de aquello que se leía perfectamente. Vayas ironías, recién escuchaba a Shion hablar a mis espaldas sobre eso con mi esposo y ahora…eso de nuevo. ¡Necesitaba un descanso!
— ¿Pasa algo malo? —Karin cuestiono al percatarse del como mi vista se había congelado en su expediente.
Parpadee un par de veces, y dirigí mi vista hacia ella: —T-todo bien. Excelente a decir verdad. Las radiografías son alentadoras, solo fue una fractura menor. Nada de qué preocuparse—trate de mostrarme serena. Solo era un diagnostico después de todo, la mejor noticia que alguien podía recibir: —La razón por la que te desmayaste fue que…—baje nuevamente mí vista al expediente y entrecerré mis ojos sobre esa simple palabra de 10 letras que se encargaba de torturarme día a día—…fue un simple síntoma de embarazo. Felicidades, estás embarazada—esboce una sonrisa, una que no fue bien recibida por ninguno de ellos.
— ¿Cómo? —él fue el primero en reaccionar, soltando la mano que hacía unos segundos sostenía con cariño y desfigurando su rostro en una mueca de horror e incredulidad.
— ¿Em-ba-ra-za-da? —deletreo ella, aparentemente ignorando la bomba que había explotado en el cerebro de su novio, y mostrándose tan sorprendida como abatida. — ¿C-cómo? ¿E-está segura? —
—Totalmente—
—Doctora…—me llamó con la vista fija en sus zapatos, con un tono de voz que provoco que cada uno de los cabellos de mi brazo se erizaran y me pusiera alerta— ¿En este hospital…hay alguna forma de detenerlo?—
— ¿Detenerlo? —Di un paso atrás y sentí que caería contra el suelo en cualquier momento. Había captado su mensaje.
—Sí, ¿Hay alguna forma de detener que ese bebé crezca? ¿Realizar un aborto? —sonó fastidiado, quizás porque tuvo que referirse a matar a su propio hijo de tres distintas formas. Mi garganta se secó, y podía sentir como mi estómago comenzaba a revolverse.
¿Cómo era posible que quienes tuvieran más suerte fueran quienes renunciaran a ese tipo de sueños? Me daba envidia, rabia y…asco.
Lleve mi mano a mi boca.
— ¿Se encuentra bien doctora? —ahora él sonaba preocupado, vaya ironías de la vida. ¡Se preocupaba por alguien a quien no conocía y no por su propio hijo!
—No…realmente no. P-pueden retirarse, le he dado su alta. Cualquier duda pueden discutirla con la Doctora Haruno—dije rápidamente y me aleje lo más pronto de ellos. Sentía mi desayuno subir por mi esófago: Un par de ¨Tostadas Francesas y Magdalenas a la Uzumaki¨, o mejor dicho, cientos de calorías que Naruto me obligo a comer.
Ya era cuestión de tiempo para que mi estómago se escapara por mis labios. Estuve a punto de tropezar con un paciente herido de bala que cruzaba la puerta de emergencias, si no fuera porque unas manos se encargaron de tomarme por los hombros y evitar una problemática caída.
—Hinata, ¿te encuentras bien? —Era Naruto, con su mirada preocupada sobre mi rostro pálido. Pero bueno, el vómito que amenazaba con salir no me permitió prestarle más atención y me obligue a salir corriendo hacia el baño que estaba justo al lado de emergencias.
.
.
— ¿Ya te sientes mejor? —pregunto, menos preocupado que hacía unos minutos, pero mostrándose tan atento como siempre. Simplemente amaba cuando pasaba una y otra vez su mano por mi cabello, con una delicadeza que me hacía sentir querida. Cerré mis ojos y aspire un poco de aire, contagiándome con la calidez que él desprendía. Abrí mis ojos y tome su mano, sonriéndole levemente.
—Si. Ya estoy mejor, creo que fue la carne que comí anoche. Regrese tan cansada de mi turno que no me pareció oportuno molestarme en calentar tu especialidad en el microondas. Qué clase de doctora soy, ¿verdad? —
—Eres una clase de doctora que debe ser cuidada por otro doctor—acerco nuestras manos unidas a sus labios, y deposito un beso en el dorso de la mía.
Era cierto. A él le debía poder siquiera respirar. Él siempre cuidaba de mí, bueno, especialmente de mi dieta.
Le estaría muy agradecida a quién fuera que se molestara en crear este mundo, por permitirme compartir mi vida con un ser tan maravilloso como él. A veces, incluso, despertaba creyendo que todo era un simple sueño. Pero no, cada que abría mis ojos él siempre estaba ahí, envolviéndome entre sus fuerte brazos y nunca dejándome ir, muy a pesar de mis malos momentos.
No mentiría, como toda pareja ambos habíamos tenido nuestros bajos y altos. Cuando nos conocimos él apenas y me notaba y fue toda una misión conseguir salir con él. Pero ya luego de nuestro primer beso parecía que todo lo malo que sucedería ya había sucedido, y sentía un gran alivio por contar con una historia de amor sencilla y práctica, pero fue entonces que apareció el verdadero…problema.
Él era el esposo perfecto, y muchos podrían catalogarme de una esposa perfecta también. La pasión y el amor aún se percibían en nuestros ojos, aún éramos nuestros confidentes y reíamos de las gracias de la vida todo el tiempo, compartiendo nuestras metas y miedos; Aún compartíamos centenares de noches viendo películas, cenando juntos (La mayor parte del tiempo él asegurándose de que terminará mi plato), hablando y no pudiendo quitarnos las manos de encima, pero…simplemente faltaba algo. Algo faltaba luego de tres años.
En nuestro matrimonio el retrato familiar estaba incompleto. Faltaba una pieza, una cuya accesibilidad quizás estuviera fuera de mi alcance por siempre.
Tal desazón era mi culpa. Todo era mi culpa.
—Pues a veces creo que este doctor se pasa de condimentos en las comidas—me lleve una mano a mi estómago, burlándome de él al simular un retorcijón.
— ¡No critiques mi menú! Se supone que cuando alguien cocina para ti pierdes el derecho a quejarte, la boca que come es más bonita callada—fingió sonar ofendido, y la gracia en su rostro siempre lo delataba. Pero entonces su semblante cambio y me miro con ese brillo en los ojos…ese brillo…Oh no, ya lo veía venir. Siempre era lo mismo: —Además, ¿Quién te asegura que mi comida es la culpable?, llevas casi más de dos semanas con náuseas y mareos, quizás…—
¿Quizás? No existían quizases, solo lo que era y simplemente era.
No lo deje terminar: —No estoy embarazada. Sentir nauseas, mareos y vomitar son síntomas que muchas afecciones comparten—soné dura, pero eso era lo que pensaba. Ya no quería que él continuara dándome esperanzas para tapar algo que ambos sabíamos muy bien: Yo no podía tener hijos.
En el lugar donde antes había una sonrisa se formó una mueca y el brillo de sus ojos se opacó: Ese era mi efecto en él, le hacía daño: — ¿Por qué te empeñas en ser tan negativa? No hay evidencia de que seas infértil, a decir verdad puede que esto sea…—
— ¿Sea una secuela del pasado de una anoréxica? —complete con una pregunta, y su silencio me respondió por sí mismo. — Por favor, ya cortemos este tema. Sabes cuánto odio hablar de esto—Suspiré y me lleve una mano a mi frente, frotando el sudor que se acumuló en mi flequillo y sintiéndome aún más pesada que unos momentos atrás.
—Hinata, mírame por favor y háblame. Se sincera: ¿Qué sucede? Dímelo, sabes que cuentas conmigo. No sabes lo preocupado que estoy por ti, últimamente has estado muy seria e incluso muy distante conmigo, ¿Tratas de evitar a tu propio esposo? —arqueó una ceja y me vio reprobatoriamente. —Tomas turnos extras y apenas consigo verte por las mañanas. Sé que amas demasiado a este hospital, pero ambos sabemos que no lo haces más de lo que me amas a mí. ¿O acaso ya te aburriste de mí?—intentó sonar gracioso, pero lo conocía tan bien como para saber que en el fondo estaba fastidiado por la idea de que estuviera evitándolo. ¿Pero que podía hacer al respecto? Hacia unas semanas atrás se me había metido esa idea de que él estaría mejor sin mí, y quizás terminé alejándome de él para que al final sea él quien desista de este matrimonio. Indirectamente trataba de romper el lazo que nos unió, pero claro, eso sería una tarea muy difícil desde que ambos juramos amor eterno frente a un sacerdote hacía 3 años.
Uh…Cuanto odiaba el número 3. Naruto y yo como matrimonio éramos una fracción incompleta. Se supone que los hijos son el ¨mal-buen¨ tercio de una familia, ¿Pero qué pasaba con ambos? Éramos dos simples tercios de una fracción que debería de ser tres tercios simplificados en 1. El requisito para ser una familia.
¿Y todo por culpa de quién? Oh, sí. Por culpa de la Hinata de 12 años que comenzó a pensar que todo lo que entraba por la boca era veneno y no paro hasta que llego un ángel a su vida 6 años después. Por esa razón diariamente me odiaba más y ya no podía lidiar con la depresión que me azotaba desde el primer momento en que abría mis ojos todas las mañanas. Todos lo notaban y trataban de ayudarme con palabras alentadoras y positivas, sugiriéndome que visitara con mayor frecuencia a Yamato, mi psicólogo. Pero nada de eso funcionaba, cada vez me perdía más a mí misma e incluso sonreír se convertía en toda una diaria misión imposible.
¿Pero podía superarlo? No lo creo. La probabilidad de quedar embarazada en una mujer relativamente normal es de 17% en el primer mes de intentarlo, pero en personas con historiales como el mío esa cifra se reduce a... ¡Por Dios! ¡Llevábamos dos años intentándolo! ¡Dos años!
Dos tortuosos años que me perseguían a diario. Pero es un tipo de maldición que yo intrépidamente me busque.
—Me dices que… ¿Qué que me sucede?... —sonreí amargamente, y él me observo dolido, sabiendo de antemano la respuesta que venía—Sucede que por más que lo desee…no puedo darte un hijo—levante mi vista, y sabía muy bien que mi rostro estaba lleno de lágrimas por que logre captar el momento en que él dio un respingo en su asiento. Tome sus manos antes de que se posaran en mi rostro y limpiaran las lágrimas, tal y como siempre hacía. —Dios…sé cuánto deseas un hijo. Por Dios, lo veo en tus ojos. Y no me mientas, se lo mal que te sienta saber que incluso después de años de intentar no pasa nada. Todos lo saben—Tal y como lo predije él esquivo mi mirada, no tolerando el escrutinio que suponía simplemente fijar mis ojos en él —Dios…deberías considerar seriamente conseguirte otra esposa—reí llena de aflicción.
Hizo una mueca. Pero tal gesto no duro, pues de inmediato me regalo una sonrisa fugaz.
—Hina, tú no lo entiendes. Quiero un hijo, pero un hijo tuyo. Que te quede claro ¿Si? Contigo o con nadie—reí levemente ante eso, y con una leve inclinación de su parte sentí sus labios caer sobre los míos.
.
.
Observe como se freía lentamente, notando como el aceite se consumía y otorgaba un tono dorado a esas pequeñas tortas de pescado: Apostaba lo perfectamente crujientes que estarían entre mis dientes y lo perfectamente ricas en calorías que estaban, sentí asco. Naruto tomo el sartén y repartió tres de ellas en cada plato. Sentí un retorcijón, y tuve que tapar mi boca para evitar vomitar ahí mismo. Él olor inundaba toda la habitación, y aunque en un principio se me hubieran antojado, ahora parecía simplemente no querer estar ni a metros de distancia de ellas.
Y por si no faltará más, él se molestó en añadirle decoración a mí enorme plato: Arroz, tostadas, ensalada con exceso de mayonesa y verduras salteadas en aceite. Demasiado para tratarse del último tiempo del día.
—Una obra de arte, ¿no? Ni siquiera puedes quitarle los ojos de encima, eh—se inclinó y beso mi mejilla, colocándose detrás de mí y tomándome por los hombros, incitándome a tomar el plato—Adelante, come—
Entrecerré los ojos sobre el plato frente a mi.
—Este…ya no se me antoja más—Gire mi cabeza y trate de disculparme con una sonrisa, pero él se limitó a negar con la cabeza.
—Hinata….ya sé por dónde va esto. Conozco tan bien esa mirada…—Sí. Sabía que se había dado cuenta, siempre lo hacía. ¿Y pensar que hacía años ambos pensamos que ya era algo superado? Pero desde que acepté que no podía tener hijos ese tipo de episodios habían vuelto, era un retroceso que la depresión me causaba.
—Pero es que…no tengo hambre, y ¿no crees que te pasaste con los carbohidratos? —
—Es que me gusta verte comer—se rasco la nuca y rio levemente—Y me pareces más sexy rellenita. Aunque, bueno, eso ya lo sabes ¿no?—Movió las cejas sugestivamente y yo me sonroje ante su alusión; Pero pronto se puso serio: —Hinata, no trates de distraerme y… ¡solo come! —Y con júbilo mi jocoso esposo tomo el tenedor por mí y trato de alimentarme tal y como si me tratase del bebé que nunca tendríamos.
Pero antes de que acercará un trozo de torta a mi boca, él la llevo hasta la suya y la comió, haciendo excesivo ruido y énfasis en lo delicioso que estaba—Mira que rico es. Preferiría mil veces ser una ballena a perderme de esto, mira eh—hablo con la boca llena, y yo reí ante su infantil forma de ser. —Además, ¿Qué tienen de malo las ballenas? Pero tampoco es como si un ser humano pudiera realmente convertirse en una… ¡Ah! ¡Estos estereotipos me tienen loco!—y continuo con su plática, haciendo un buen trabajo distrayéndome.
Y como siempre, termine cediendo. No había ¨no¨ valido para Naruto. Cuando se proponía algo, él lo conseguía. Fue por eso que una adolescente como yo, hace algunos años, decidió dejar de escuchar a las voces de su cabeza que le impedían comer con naturalidad. Había sido gracias a él que había buscado ayuda y que actualmente me encontrara rehabilitada. ¿Rehabilitada? Bueno, era una forma de decirlo; pues una anoréxica nunca consigue comer sin pesares. Era una batalla diaria, pero efectivamente, con él a mi lado, una que siempre ganaba.
.
.
—Lo siento por importunarlos, ¿Pero podrían cuidarla? —
—Por supuesto— ¿Cómo negarle eso a Sakura? Haber perdido a Sasuke a manos de un trágico accidente debería de ser suficiente para Sakura, pero no, también tenía que cuidar de una pequeña sana de 5 años que siempre le preguntaba sobre el paradero de su padre.
La admiraba. De verdad la admiraba, y en cierto sentido envidiaba…digo, ella tenía una preciosa hija.
Entonces tome de sus brazos a esa pequeña de cabellos rosas entre los míos. Ella estaba sumida en un profundo sueño.
— ¡Hola Sakura! —saludo Naruto, que recién venía a ver de quien se trataba nuestra visita.
— ¿Qué tal cabezotas? ¿Qué no tenías turno también?—
—Sí, pero decidí tomarme una noche libre por esta princesa—Paso su brazo por mis hombros y beso mi mejilla.
— ¡Oh, sí! ¡Que distraída! ¿Cómo te sientes Hinata? Me contaron que estabas enferma, ¿Qué es? —
—No es nada, solo una mala comida—reí al ver el rostro ofendido de Naruto. De verdad no se lo creía aún.
—No es cierto, lo que pa…—
—Puedo apostar a que fue él quien la cocino. Naruto ¿Qué te dije sobre los condimentos? ¡A mí me recluyeron en mi baño casi por una semana! ¡¿Y luego te preguntarás porque no vuelvo a cenar aquí?! —
— ¡Oye! ¡Eso no fue mi culpa! ¡De seguro no tuviste tiempo para comprar tu propia comida y tuviste que cocinarte tu misma! —
— ¡¿Qué insinúas?! ¡Sasuke adoraba mi comida!—
—Aha… ¿y era por eso que le daba su almuerzo a Akamaru?—
No intente involucrarme sobre sus debates culinarios, pues de más estaba decir que yo no cocinaba o al menos la mayor parte del tiempo evitaba hacerlo; Era Naruto quién se encargaba de eso, y no me quejaba para nada. Bueno, al menos cuando no tenía muchas calorías que podrían alimentar a un ejército entero.
Reí levemente y cargue con la pequeña que dormía plácidamente entre mis brazos. Sakura me había relatado sobre la agitada tarde que había compartido con sus amigos de la escuela, suponía que por eso sus parpados parecían sellados.
.
.
El día siguiente no fue distinto al otro. Parecía que las náuseas no se harían pronto. ¿Qué podría ser?
Era dañino, poco sano e insistente de mi parte, pero no podía evitar convencerme del resultado sin antes verlo con mis propios ojos. Después de todo, en nuestro ¨deprimente¨ matrimonio la cama no podría decirse que se mantuviera fría, más todo lo contrario. Naruto podía ser más pasional de lo que parecía.
Hice una mueca, observando mi reloj de mano. Solo faltaba un minuto.
Paso el minuto restante. Listo. Me acerque a la mesita de noche y tome ese pequeño artefacto de plástico. Me mordí mi labio y lo analice con detenimiento.
La prueba de embarazo tenía dos rayas: Positivo.
Sentí mi mundo dar vueltas.
.
.
—Lo superaremos…como siempre lo hacemos—
—No—
— ¿Qué? —
—Ya no puedo más—tape mi rostro con mi mano, y ahogue un sollozo. Recién recibía el resultado del examen de sangre: Negativo. La prueba casera había dado una falsa y fugaz esperanza de que estuviera en espera—Es suficiente. No puedo quedarme de brazos cruzados cuando te veo sufrir por mi propia maldición. Tú si puedes tener hijos, así que, ¿Por qué quedarte con alguien como yo? No pierdas tu tiempo, por favor—
Me observo, herido. Y yo, tomando ventaja de su shock, continúe: —Sé que te ofrecieron una transferencia a Estados Unidos. Adelante, no te reprocharé nada. Eres libre de irte si quieres—
— ¿Qué? —frunció el ceño— Si no te comente nada es porque no tengo ni las más mínima intención de irme y dejarte. Hinata, eres mi esposa. ¿Por qué me dices todo esto? —
—Porque ya no quiero continuar con esta falla de matrimonio. No hay nada provechoso para ambos. Además…—mordí mi labio, titubeante—…ya no confió en ti. ¿Creías que podría tragarme esa historia sobre el esposo fiel con una esposa seca? No, desde hace mucho sé lo que haces—
— ¿De qué hablas? —
—Naruto, yo he sido consiente de todas y cada una de las veces que Sakura te hace compañía en las noches que tengo turno—
Él abrió los ojos a más no poder: — ¿No estarás insinuando que…?—
—No insinuó nada, estoy segura de lo que pienso. ¿Sabes lo que pienso? Que no debes de desaprovechar la oportunidad de mudarte a Estados Unidos con Sakura, después de todo sé lo muy encariñado que estas con su hija. Podrían ser la familia perfecta—
—No puedo creer lo que dices…—Lo había herido, de nuevo. Pero ahora me encargaría de que fuera la última vez. Debía dejarlo ir.
—P-pues créelo—
— ¿Dónde quedo la confianza? ¿Piensas lo peor de mi sin siquiera considerar la mínima posibilidad de que Sakura solo sea la viuda de mi mejor amigo, una simple amiga? Y esa pequeña… ¿Eres así de egoísta? —No respondí a sus cuestionamientos, y él, furioso, se levantó de su asiento y me vio lleno de incredulidad.
—Hinata, te pasas. ¿Es en serio? ¿Meter a Sakura en esto?, te pasas. Pero está bien. Si esto es lo deseas no me queda de otra. Sé que solo quieres ahuyentarme de ti, pero bueno, si tanto me deseas lejos: Tus deseos son mis órdenes, querida —Entonces salió por la puerta, azotándola en el proceso.
Era la primera vez que discutíamos en quizás años.
Aquel día había decidido mudarme hacia mi viejo apartamento, uno que por suerte aún no había vendido mi padre y cuyas llaves aún estaban en mi poder. En mi celular reposaban miles de llamadas y mensajes, pero él no había venido a verme y me aprovecharía de ello. Suponía que estaba molesto.
.
.
Habían pasados dos semanas, y el vuelo de los médicos aplicantes estaba programado para ese día.
Listo. Ya Naruto nunca estaría a mi lado lamentándose de que se sentiría ver su ADN en el color de cabello, ojos o rasgos faciales de su hijo. Listo: Había liberado a Naruto de la carga, lo había dejado ir por su propio bien y quizás del mío. Nunca podría cuantificar lo doloroso que es ver a quien más amas sufrir por ti, ni todo el amor de pareja del mundo podría compensarlo.
Tome un par de golosinas, snacks y sodas de los estantes. No teniendo siquiera acceso a aquella zona de mi memoria destinada a mis conocimientos médicos sobre lo que diferencia a una sana alimentación de una que no lo es. Al diablo con todo. Ya no más dietas, sería tan gorda como las enfermeras jubiladas; Ya no me negaría de los pocos placeres de la vida si había perdido a mi fuente principal de felicidad. Comería hasta que mi estómago gritara no poder más, mi mandíbula doliera y hasta que el sueño me venciera.
Todo iba en contra mi mis principios, ¿Pero desde cuando está en los principios de un ser humano dejar ir a su felicidad?
Una vez que salí de la tienda me topé con el personaje más inesperado:
— ¿Hinata? —
—Shion—forcé una sonrisa, deseando fervientemente ir a casa, comer y luego vomitar todo crimen cometido en contra de mi estómago. Ese era el resultado de las secuelas de una anoréxica nerviosa con tendencias bulímicas ¨rehabilitada¨—Qué bueno verte, pero ahora mismo estoy ocupada—trate de cortar la ¨conversación¨ y continúe mi camino, pero luego de pasar de ella y captar una fugaz mirada de remordimiento en sus ojos violeta, sentí su firme agarré sobre mi brazo.
—Ya no puedo con la culpa. Oh, Hinata. Hice algo terrible—su tono de voz me puso alerta.
— ¿A qué te refieres? —
—Yo les mentí con respecto a los últimos resultados de…—hizo una pausa—De la prueba de embarazo. Cambie los resultados en la computadora y luego les di una copia de ello—fruncí el ceño, no podía estar hablando de lo que creía que hablaba—Cuando los vi tan emocionados con la posibilidad de que milagrosamente pudieras estar embarazada…morí de celos. Así que…mentí. Mentí, ¡Pero no creas que mis intenciones eran que él se fuera de tu lado! ¡Yo solo quería borrar la sonrisa de sus rostros! ¡Aunque fuera por unos momentos! ¡Tarde o temprano se darían cuenta cuando te pusieras como una ballena! ¡Te juró que no había malicia! ¡Oh, Diablos! ¡Me gusta tanto tu esposo! —Escondió su rostro bajo sus manos, ocultando el bochorno hecho color en sus mejillas—Soy una estúpida. Mi actitud fue totalmente irracional—
—Mientes. Yo no puedo…—trague saliva, no pudiendo digerir ninguna de sus palabras. Era simplemente imposible y demasiado bueno para ser verdad.
—Hinata, no miento. Créeme, no miento. Dime, ¿Cómo te has sentido últimamente? He sabido por algunos de tus colegas que aún sufres mareos, náuseas y tiras prácticamente todo lo que comes, ¿Eso no te dice nada? —
Deje caer la bolsa llena de snacks, y me lleve ambas manos a mi boca. Sentía náuseas y unas terribles ganas de vaciar la pizza que me había zanfado hacia unas horas.
.
.
Observe el positivo entre mis manos y sentí el calor de la risa inundar mi rostro. Era maravilloso, era la mejor sensación de mi vida, pero a la vez sentía que faltaba algo. Nuevamente una pieza faltaba en el retrato familiar, y nuevamente todo era mi culpa.
Tape mi boca con mi mano y me desplome sobre el suelo, dejándome llevar por mis emociones. Al diablo el control, estaba cansada de no sacarlo todo, ¿Y porque no hacerlo ahora que estaba sola? ¡¿Por qué jodidamente no hacerlo?! ¿Qué podía perder?
Lleve una mano a mi vientre, y algo parecido a una sonrisa se dibujó en mi rostro. No todo podía ser tan malo, al final había obtenido mi mayor anhelo.
Dos golpes a mi puerta. Tres golpes. Cinco golpes. Me levante del suelo, y con curiosidad abrí el pomo de la puerta.
La sangre se fue hasta mis pies. Sentía que desfallecería ante lo que estaba ante mí.
—N-naruto…—
Se acercó a mí y me tomo por los hombros: — ¡Nada de tartamudeos! ¿Qué haces aquí? —sonaba frustrado y sofocado por aparentemente haber corrido hasta aquí. Su frente estaba perlada de sudor y su respiración un tanto alterada.
—Nn…—no me dejo terminar de nuevo y parecía a un más frustrado.
— ¡¿Qué haces aquí cuando se supone que yo estaba tomando un avión a millas de distancia de ti?! —Ahora lo entendía todo, las lágrimas en sus ojos y la agudeza de su voz me aclararon el contexto de porque él estaba frente a mí en esos momentos. — Dime Hinata, ¡¿Por qué renuncias a ambos de esta forma?! ¡Tuve que venir hasta aquí para abrirte los ojos! ¡Ya van dos semanas! ¡¿Cómo fuiste capaz de dejarme?! ¡Explícame!—suplicaba, con una tormenta desatada en sus ojos que contagiaba a los míos.
—Pensé que sería lo mejor…—Mordí mi labio inferior para reprimir un sollozo, pero de inmediato me vi silenciada por sus cálidos labios, sintiendo sus manos posadas sobre mis mejillas, acariciándolas con su pulgar con una familiaridad que ambos compartíamos.
—Tonta. Que desconsiderada, inconsecuente y descuidada esposa eres—susurró contra mi boca una vez que me liberó de su cálido contacto.
— ¿Por qué no te fuiste? ¿Qué te detuvo? —
— ¿Qué me detuvo?: Por supuesto que tú, Hinata. En ningún momento me pasó por la cabeza tomar ese avión y decirte adiós, solo estaba esperando a que reaccionaras y te dieras cuenta de que estabas cometiendo un grave error. El peor de todos, acéptalo cariño—Pero yo no respondí a sus palabras, pues unas carcajadas tenían de prisionera a mi boca. Todo era tan gracioso en el sentido más amargo y retorcido de todos. Él había intentado hacerme morder el anzuelo desde hacía dos semanas con semejante chantaje emocional y había venido hasta aquí cuando vio que su plan de hacerme recobrar el ¨sentido¨ había fallado.
Había tomado la decisión correcta en el momento equivocado. Había dejado ir al amor de mi vida cuando ya cargaba en mi vientre con el lazo más fuerte que podría atarlo a mí. Que oportuno era el destino, pero estaba agradecida. Muy agradecida.
Sonreí levemente—Lo sé. Soy una tonta—Ahora fue mi turno de deslizar mis manos por su cuello y besarlo, acariciando unos mechones de su cabello y pasando mis labios de su boca a su mejilla. Tratando de rememorar lo mucho que amaba tocar su rostro.
—Por Dios, te extrañe demasiado. Te amo, Hinata. No vuelvas a hacerlo—dijo y nuevamente acercó sus labios a los míos con posesividad y profundo deseo. Con el anhelo que un esposo besa a su descarriada esposa.
Lo separe de mí al empujarlo por su pecho, y con la respiración entrecortada conseguí articular: —T-tengo que decirte algo. E-es importante…—No podía concentrarme pues él no dejaba de repartir húmedos besos por mi cuello y clavícula, posando su cabeza entre mi cuello y hombro, tal como un hombre derrotado y abatido.
— ¿Que es Hinata? —
—E-estoy embarazada—
En el momento en el que esas palabras salieron de mis labios, con tanto peso impregnado, me sentí libre. Sentí que había cumplido con mi misión, finalmente era una mujer completa. Una mujer apta para Naruto.
— ¿Qué dices? —
Hola! Inesperadamente publico esto! hehe En serio que ni yo me lo esperaba, había comenzado la vaga idea de este shot hace como...uh hace 4 meses pero decidí terminarlo y fue esto lo que salio, espero que les gustara. Y si, lo se, solo escribo cosas deprimentes; pero digo, yo soy deprimente, así que...uh...no importa. He tenido malas semanas T.T
Como dije al inicio: Este shot es totalmente independiente del otro (Aunque nuevamente el escenario sea un hospital, no puedo evitarlo), Simplemente decidí ocupar este espacio solo para one-shots (si es que me animo a escribir mas de estos hehe)
Pero en fin, mañana se supone que tengo que levantarme temprano para ir a clases...así que mejor ya me voy despidiendo.
Hasta la próxima actualización, besos :D
[POSDATA CON SPOILERS] :Solo restan 4 mangas más y ya Naruto termina! T.T Que voy a hacer de mi vida después? (Ejem...estudiar, trabajar, etc...) Pero bueno, estoy que cruzo los dedos con los pairings finales hehe Solo quedan 4 semanas mas para que Kishimoto confirme el naruhina o lo mate por siempre T.T Eso si seria un final trágico (No la muerte de Sasuke; si ese ni va a morir porque ya hasta esta confirmado en la pelicula XD)
8 de Octubre del 2014
