Quinn continuó conduciendo, ignorando las protestas de Rachel sobre los niveles de energía y compartir responsabilidades. Continuaron escuchando la radio, aunque Brittany insistía en poner los CD's comprados y Santana deseaba tener un móvil y unos auriculares.

Obviamente, Rachel les había prohibido llevar los móviles. Había dicho algo sobre un GPS rastreando y el FBI. Santana puso los ojos en blanco mientras le decía a Quinn que ella había visto CSI y que almenos podría haber puesto su iPhone en modo avión.

Los viajes eran muy aburridos sin música. Cada vez que una canción sonaba en la radio, Rachel o Quinn cambiaban de emisora hasta que encontraban una nueva en la que dieran noticias o simplemente en la que se escucharan personas hablar.

Vale, pasarían el resto de su vida en la cárcel por lo que hicieron. Y vale, tendrían que estar flipando más de lo que lo estaban, pero ahora mismo su mundo era el coche, y el coche la estaba volviendo loca.

Se dirigieron hacia el oeste, girando hacia el sud antes de llegar a Jefferson City, Missouri y parando a Fort Leonard Wood. Estaban cansadas y deseaban una ducha de agua caliente y una cama confortable.

Sin embargo, se tendrían que conformar con sacos de dormir y tiendas.

"Aún no entiendo porqué no podemos quedarnos en un Motel" Gruñó Santana mientras se estiraba en el techo de del coche con los ojos cerrados y absorbiendo los últimos rayos de sol que dejaba el atardecer.

Brittany estaba haciendo la croqueta por todo el campo en el que pararon mientras Quinn y Rachel montaban las tiendas. Cuando Santana habló, Rachel se levantó y puso las manos en sus caderas, asesinando con la mirada a la latina.

"O te bajas del techo de mi coche o te callas"

Santana sin si quiera levantar la cabeza le enseñó su dedo medio mientras decía "Me encanta cuando crees que puedes darme un ultimátum". Rachel resopló en respuesta.

Quinn dio un paso atrás desde las dos tiendas y suspiró. Tenía que compartir una con la enana, aunque tampoco le parecía tan mal teniendo en cuenta la situación y aparentemente, las dos pensaban lo mismo, lo cual le hacía sentirse satisfecha y molesta a la vez.

Cocinaron sopa y espaguetis, aunque Santana y Brittany comieron un paquete de Cacahuetes y Twixt, y ni se preocuparon en desear buenas noches a las otras dos. No es que importara mucho tampoco. Rachel y Quinn estaban mirando las estrellas y estaban demasiado cansadas para hablar mucho.

"Quinn, solo quiero decir…" Susurró Rachel, metida dentro de su saco de dormir y deseando en haber comprado una almohada "…que no me puedo imaginar por lo que estás pasando ahora mismo y que lo siento mucho que nuestras vidas hayan terminado de esta manera. Sé que hemos tenido nuestras diferencias pero esto ha… Lo que quiero decir es que si quieres hablar conmigo estaré callada y te escucharé."

No estaba segura de si la otra chica ya se había dormido, o incluso de si su voz había sonado lo suficientemente alto para que se pudiera escuchar. Podía escuchar las risillas y los susurros provenientes de las otras chicas y esos sonidos la llevaron a pensar en Finn y en lo que él piensa de ellas. De lo que él piensa sobre ella. Una parte de ella deseaba desesperadamente que él estuviera aquí con ellas, alguien que la pudiera abrazar para hacer más ameno el infierno que les esperaba.

"A veces creo que te conozco y luego llegas y dices algo que me confunde completamente"

Rachel abrió la boca para responder, luego la volvió a cerrar. Había prometido que estaría callada.

"Mis padres eran terribles, Rachel. Y mientras no puedo ni pensar en lo que les hicimos, sigo… Es sólo que… Tus padres están en tu casa, vivos y seguramente te quieran. Quiero decir, ¡mira el ridículo de coche que te han comprado! Te quieren, y mejor aún, te conocen. Y aún así, aquí estás, con un grupo de asesinas preguntándome si yo estoy bien."

Hubo un crujido a la vez que Quinn se giró con su cara ilegible en la oscuridad, aunque cuando Rachel se giró hacia la voz casi podía sentir las respiraciones de Quinn en su cara.

"Y no, no estoy bien" La voz de Quinn era tan suave que Rachel apenas podía escucharla. "Antes, en la escuela, evitaba pensar en mi futuro porque, no sé, parecía tan… Limitado. Especialmente contigo ahí, dejándote el corazón en cada canción semana tras semana. Yo sólo… Siempre sabía que no había mucho para mí después de Beth. ¿Y ahora? Ahora no hay nada, Rachel. Quizá sí que hay la posibilidad de ser arrestadas, y quizá la pena de muerte o una vida entre rejas o yo qué sé…"

"Quinn…" La voz de Rachel se rompió.

"Dos de las personas que más quiero están atrapadas conmigo. Atrapadas sin un futuro, como yo. Por mi culpa. Y tú, la próxima Barbra Streisand, estás atrapada también. Así que no, no estoy bien." La voz de Quinn se había roto y Rachel podía escucharla gimotear.

"He destrozado vuestras vidas, he matado a mis padres y no me queda nadie más porque mi hermana me odiaría y además es una zorra. No hay ningún sitio al que podamos ir. Pero he de pensar algo. Lo he de hacer."

Rachel sacó una mano del saco de dormir y la acercó hacia donde creía que la cara de Quinn podía estar. Quinn se alejó del contacto bruscamente y se volvió a escuchar otro crujido mientras ella se daba la vuelta sobre ella misma.

"No. No lo hagas. Todo lo que toco se convierte en nada." Murmuró la rubia. Rachel sintió como su corazón se encogía. Quería consolar a Quinn, quería decirle algo profundo y que le motivara. Sin embargo, no decía nada. Absolutamente nada. Porque la rubia tenía razón: Su future había desaparecido. Sus padres estarían… Dios, no podía ni imaginarse lo que estarían pensado de ella ahora mismo.

Repasó su cerebro en busca de algo que pudiera ofrecer un brillo de esperanza. ¿Había existido nunca un artista mundial con antecedentes criminales? Bueno, a parte del rap. ¿Se les permitía la entrada a los asesinos en Broadway?

¿Y hacia dónde iban? Sud América y Canadá eran sus dos únicas opciones para escapar y las desestimó rápidamente porque lo primero que hacían los criminales en una fuga era acercarse a la frontera, y ahí era donde siempre los cogían. Incluso si aún ni los estaban buscando. Sólo habían sido dos días. ¿Quién sabe lo que la policía no le estaba contando a los medios de comunicación?

Su mejor apuesta era alejarse de las autopistas principales, cambiar o tunear su coche aunque el mero hecho de pensarlo le causaba un dolor de cabeza enorme (menor que el de ir a la cárcel durante una cantidad substancial de tiempo) y, de alguna manera, intentar que Santana parara de ser una estúpida con ella.

Aunque podía darse unas palmaditas en la espalda por haber conseguido que Quinn se abriera con ella. Aquello era algo similar a un logro.

Y quizá, aunque sólo quizá, las cosas se solucionarían. Podrían viajar por el centro de Norte América hasta que encontraran un pequeño pueblo en medio de la nada. Podrían cortarse el pelo y teñírselo, simular acentos, volverse personas totalmente diferentes. Luego, dentro de 5 o 6 años, podría ponerse en contacto con sus padres y no parar de disculparse. Lo entenderían, porque para entonces ellos simplemente la echarían tanto de menos que ni les preocuparía el asesinato del matrimonio Fabray.

Mientras Santana parecía pensar de otra forma, estaba claro que la latina no había visto tantas series criminales como ella había visto (Su papi, Hiram, estaba completamente obsesionado con todos ellos y cada Miércoles por la noche ellos veían un episodio o una película de este género mientras que su padre, Leroy evitaba incluso poner un pie en el salón) Así que ella sabía que su papel era el de una criminal convicta.

Pensar en sus padres le dolía. Pensar en Lima le dolía. ¿Qué deberían estar pensando…?

Aún así, existía la más mínima llama de emoción al ver que se encontraba en medio de la nada estirada al lado de la ex animadora capitana Quinn Fabray.

Después de todo, quizá fuese mejor que Finn no estuviera aquí con ellas. Sólo se interpondría en medio, como siempre lo hacía.

――――――――――――――――――――

Brittany enrolló su cuerpo alrededor del de Santana, suspirando cuando la latina pasó la punta de sus dedos por la espalda de la rubia.

Ella sabía que asesinar no estaba bien, no estaba nada bien. Pero había recuperado a San, casi completamente. No se habían besado desde que ella rompió con Artie, porque la amistad era lo primordial, y sólo eso ya le llenaba el corazón.

Se parecía a aquella vez cuando eran más jóvenes y fueron a acampar juntas, comiendo solamente golosinas, mirando las estrellas, quedándose despiertas después de que sus padres se fueron a dormir… Y ahora se estaban abrazando en la tienda. Santana había bajado la cremallera de ambos sacos de dormir y usó uno para estirarse encima y el otro de sábana.

De todas maneras no hacía falta. Santana era tan cálida… Debería ser por todo el chili que su madre le hacía comer.

A Brittany le encantaba el chili.

A Brittany le encantaba Santana. La quería.

Se preguntó si Quinn y Rachel estaban durmiendo de la misma manera que ellas o si cada una estaba en su propio saco de dormir. Deseaba que fuera la primera opción, todo el mundo necesita alguien con el que puedas abrazarte.

Pero pensar en Quinn le llevaba a pensar en lo que habían hecho. El padre de Quinn se había enfadado tanto y su madre tan solo… Todo esto la hizo sentirse enferma, así que paro de pensar en ello.

Colocó su nariz en la clavícula de Santana y respiro profundamente. Siempre funcionaba cuando tenía pesadillas de pequeña y ahora también, porque sus pensamientos eran como una pesadilla. Excepto que en vez de ser algo espantoso que pudiera pasar, era algo horroroso que había pasado.

Como si leyera su mente, los brazos de Santana la abrazaron más fuerte y tan solo con eso su mente dejó de pensar y sólo se centró en la chica que la acompañaba.

"Me alegra que estés aquí". Murmuró contra la piel del pecho de Santana, incapaz de sacar su nariz de ahí en caso de que las pesadillas volvieran.

Sintió los labios de Santana en su cabeza y otra vez agradeció a Dios, o a Santa, o a cualquiera que estuviese escuchando, de poder volver a estar con ella. Quería a Artie, de verdad que lo quería. Le preocupó el poder romperle el corazón y aunque a veces él se comportaba mal con ella, ella sabía que no lo hacía con esa intención. Él era dulce, y amable, y tenía una sonrisa muy bonita.

Pero también sabía que tenía que quedarse con él hasta que rompieran. Había visto a Finn, Quinn y Rachel pelearse porque Finn seguía indeciso entre ellas dos sin acabar aclarar adecuadamente las cosas, y eso no estaba bien. Hacía que todo el mundo llorara o tirase sillas por el suelo. Era estúpido.

Había visto el final con Artie y ahora estaba de vuelta con Santana. En cierto modo. Casi. Dentro de poco se estarían besándose otra vez y sería incluso más increíble que la última vez.

Lo sabía. No había final con Santana.

Nunca lo habría.

――――――――――――――――――――

Por la mañana, Santana se puso al volante y las dirigió hacia el sud. Quinn evitaba renunciar a su lugar al lado de la radio.

"…Notícias de última hora. Cuatro chicas adolescentes se han dado por desaparecidas en la ciudad de Lima, Ohio, conectadas al asesinato Fabray que nos ha conmovido a todos hace solo unos días atrás. La hija pequeña de la familia y tres amigas del instituto no han sido vistas desde que el asesinato tuvo lugar…"

Brittany y Rachel habían estado hablando de Lord Tubbington en el asiento trasero. Rachel adoraba a los gatos y le habían roto el corazón cuando a los siete años su padre le dijo que él era alérgico a estos animales y que por ello no podían tener ninguno.

Entonces la noticia en la radio sonó.

Quinn había desconectado mirando a través de su ventana a los campos que les rodeaban, preguntándose hacia dónde podían ir y cómo podía hacerlo para que todo saliera bien. Bueno, ella no estaría bien, pero quizá las otras…

Santana tenía apoyado su hombro en la ventana, calculando cuánto tardarían en llegar a la frontera de México. Era su mejor apuesta y ella hablaba español así que… Todos ganaban.

Ahora todas estaban congeladas.

"…La policía pide a cualquier ciudadano que les proporcione información sobre las chicas desaparecidas: Santana Lopez, Brittany Pierce, Rachel Berry y Quinn Fabray…"

"¡Hijo de puta!" Murmuró Santana, golpeando el volante.

Quinn apagó la radio rápidamente.

"Creo…" Empezó Rachel despacio. "...Quizá es el momento más apropiado para llevar pelucas. Tienen nuestros nombres así que no hay duda de que tienen nuestros datos y fotografías"

Santana dio media vuelta con el coche y las volvió a llevar al lugar donde habían acampado la noche anterior. Su paranoia se había desatado, y con un buen motivo: ahora las posibilidades de que un S.W.A.T cayera del suelo eran mucho más grandes.

Rachel hurgó en una bolsa del maletero, victoriosamente sacando una rojiza peluca y alcanzándola a Brittany.

"Estarán buscando a dos rubias y a dos morenas, así que seremos dos pelirrojas, una rubia y una morena. Con tu tono de piel Santana, no creo que fuera muy creíble que tú fueras rubia o pelirroja." Rachel se encogió de hombros y Santana la miró desde el tronco de un árbol en el que se había apoyado con sus brazos cruzados. "Quinn… Tu también serás pelirroja ya que tu foto será a la que más énfasis le darán teniendo en cuenta que fueron tus padres los que asesinamos"

"Vale." Quinn arrastró las palabras, apoyándose en el coche de Rachel. Tenía sus manos en su cadera y estaba mirando cómo uno de sus pies dejaba marca en el suelo del bosque.

"¿Y tu rubia, Berry?" Santana levantó su mano, negando con la cabeza. "A ver, déjame aclarar todo esto. Según tu, no puedo ser rubia porque las latinas no pueden ser rubias, pero ¿tú crees que tu vas a ser más creíble?

"Bueno, yo…" Empezó Rachel, antes de que Quinn se empujara del coche y andara hacia ella.

"Esto es estúpido Berry. Las pelucas no harán que la policía no nos encuentre. Nada lo hará. Necesitamos un plan"

Rachel apretó la peluca rubia más fuerte.

"Pero…"

"Méjico" Santana se empujó del árbol y caminó hasta quedarse al lado de Quinn. Brittany llevaba su peluca y fruncía el ceño.

"No, nos cogerán en la frontera. Es el primer sitio donde se colocan" Quinn se mordió el labio inferior por un momento.

"Las pelucas podrían…"

"Cállate Berry"

"Cállate Troll"

Santana y Quinn se dieron la espalda y Rachel suspiró. Brittany le abrazó con un brazo y le sonrió agradablemente.

"Están en plan organizador, así que es mejor esperar a que acaben, sino se ponen muy quisquillosas."

"Encontramos un sitio al lado de la frontera y nos colamos. En mitad de la noche. No se preocupan de las personas que salen, solo de las que entran." Santana se encogió de hombros. "Luego bajamos más, viajamos a través de Sud América…"

"¿Podremos ir al Machu Pichu?" Brittany apretó el brazo de Rachel con entusiasmo.

"Claro que si, Britts. Te conseguiré incluso un mono."

"¡Voto por esa opción!" Brittany soltó a Rachel y alzó su brazo en el aire.

Quinn frunció el ceño.

"Volviendo al mundo real, tu plan es colarnos en la frontera de Méjico en mitad de la noche y viajar a través de Sud América con una mochila en la espalda?" Quinn alzó sus cejas y Santana sonrió. "¿Y este es el plan para que no nos arresten?" Las otras chicas asintieron otra vez. "Ya sabemos porque nunca fuiste la capitana de las animadoras"

La sonrisa de Santana se desvaneció.

Rachel dio un grito ahogado. Esto era muy dramático. Ella estaba de parte de Quinn. Fuera cual fuera su plan, eso era lo que ella votaba. Eran lo suficientemente parecidas. Si el plan de Quinn no era espectacular conseguiría convecer a la chica en su beneficio, ya que la Opción Mono no era exactamente adecuada.

"Primero de todo, ellos tienen nuestras fotos. Nuestras fotos, Santana. ¿Y a dónde irán primero? A todas las comisarías de policía del país; a todos los aeropuertos y a cada frontera. Si Méjico fuera una opción, lo dejó de ser cuando nos dieron por desaparecidas.

Rachel nunca había visto a Quinn de esta manera. Ella había estado al tanto de la manera en que acaban estas sesiones organizativas, pero nunca lo había vivido como testigo. Esto era Quinn en su esencia, destrozando la sugerencia de otra persona. Destrozándola en pedazos. Rachel se preguntó si esto era lo que la gente sentía cuando la escuchaban cantar.

"Incluso si lo conseguimos, incluso si las pelucas funcionan, ¿Cuánto crees que duraríamos hasta que nos relacionen con el asesinato y les muestres nuestras fotos al resto del mundo? No tenemos pasaportes, no tenemos mucho dinero, todos nuestros carnets son reales desde que Shue nos hizo prometer no volver a beber y desde que la Entrenadora expulsó a Puck del área de serigrafía.

"Perdona que vomitara encima de ti" Dijo Brittany en voz baja.

"No pasa…" Empezó Rachel, pero se detuvo cuando Quinn continuó hablando.

"No nos queda más opción que la de escondernos." Quinn levantó sus manos al aire y Rachel vio su oportunidad para hablar.

"Eso es. Estoy totalmente de acuerdo y, de hecho, ya tengo un plan en mente para nuestros posibles escondites. Si pudiéramos encontrar un pueblo muy, muy, muy pequeño, uno que casi no se pueda situar en el mapa y creamos nuevas identidades, con la ayuda de las pelucas, por supuesto y quizá con uno o dos acentos diferentes… podríamos evitar sin problemas el arresto hasta que ya no le den más importancia y nos archiven el caso. Nos esperamos…" Fingió contar con los dedos. "Cinco", volvió a mover los dedos "Diez años, y luego nos ponemos en contacto con nuestras familias"

Miró a cada chica, dándoles a cada una sonrisa alentadora.

"No." Dijo Santana rotundamente y se volvió hacia Quinn. "Así que te metes con mi brillante idea ¿y tu solo ofreces un 'nos escondemos'? Estás perdiendo tu encanto, Fabray, porque estaba convencidísima que escondernos era dolorosamente obvio.

"Incluso yo lo sabía" Murmuro Brittany.

"Perdona Santana, pero no puedes ignorarme así sin más." Rachel cruzó sus brazos y Santana le lanzó una mirada asesina.

"Siempre lo he hecho y lo seguiré haciendo." Empezó a examinarse las uñas, sonando casi indiferente. "Como iba diciendo, creo que tener un plan es mejor que no tener un plan, porque ¿Q?, Tú no estás ofreciendo ningún plan. Ahora, nos metemos en el súper coche gay y nos dirigimos hacia Méjico. Deberíamos llegar ahí en un día, quizá menos si no nos paramos a dormir, y luego nos pasamos la frontera por el forro."

"Santana estás siendo ridícula. Mi plan tiene muchas más posibilidades de…"

"¿Qué parte del 'no' no pillas, Streisand? No tienes nada que decir en esto. ¿Quieres saber porqué?" Santa apuntó a la cara de Rachel con un dedo, dando un paso hacia delante. "Porque tu no hiciste una mierda. Fuimos yo, Britts y Q. Tú resulta que sólo estabas ahí. Resulta que sólo estabas ahí por tener un coche. No deberías estar aquí. Así que cierra la puta boca y déjanos solucionar esto a nosotras."

"Se llama ser cómplice de asesinato, aunque he asumido que algo tan básico como eso ya existía en tu conocimiento cultural. Fui testigo, incluso ofrecí ayuda. Así que no me digas que no…" Rachel dio un paso más hacia Santana. Estaban casi nariz con nariz.

"Oh, porfavor. Esto es lo que eres. Eres patética, Berry. El anuario de McKinley es como ¿Dónde está Wally? Pero buscando tu judía nariz. Estás en el Club de Renacimiento, en el Glee Club, en el Club de Drama, en la jodida Unión Estudiantil Africana y aún así no tienes amigos. Ni uno. Eres una sanguijuela. Dependes de todo el mundo pero sales con nadie. Sólo te juntas con alguien, pero quedarte al lado de alguien, pertenecer a algún club… Eso no hace que sean tus amigos y por supuesto no significan que te quieran alrededor."

"¡San!" Dijo Brittany.

"Este no es tu sitio, gnoma, porque de lo que estás huyendo tu no es ni la mitad de malo de lo que nosotras estamos huyendo"

Rachel sintió lágrimas alcanzar sus ojos, y aunque la sonrisilla se mantuvo en los labios de Santana, sus ojos se relajaron un poco.

"Tómatelo bien. Eso significa que puedes volver a casa y seguir tus queridísimos sueños"

Rachel negó con la cabeza, sollozando ligeramente mientras se le formaba un nudo en la garganta.

"Solo quería ayudar" Miró a Quinn suplicando algo. Habían estado de acuerdo en cosas, esto no debería ser una excepción.

Quinn la observaba con su mirada perdida.

"Tiene razón" dijo finalmente. "Santana tiene razón. No deberías estar aquí, Rachel"

A pesar del dolor en el pecho que esas palabras causaron, agradeció a Quinn el haber usado su nombre.

"¿Vais a… Vais a matarme?" Rachel tragó saliva y Santana entrecerró los ojos mirándola antes de salir de su espacio personal.

"No, friki. Ya he dicho que podías ir a casa" Santana abrió el maletero del coche de Rachel y empezó a sacar el material de acampada. "Deberíamos quedarnos aquí por ahora. Pensaremos qué hacer con la enana luego."

Brittany frotó la espalda de Rachel, pasándola de largo para ayudar a Santana a montar las tiendas.

"¿Quinn?" Rachel miró esperanzada a la rubia, pero Quinn estaba demasiado inmersa en sus pensamientos como para notarlo.

――――――――――――――――――――

Durante el resto del día Rachel se sentó sola, intentando desesperadamente no llorar. No importa lo que Santana hubiese dicho, la inculparían. ¿Y ahora todas la querían abandonar? Eso sin mencionar las palabras de Santana. Le hicieron daño, en parte porque la chica tenía razón: pertenecía a todos esos clubes y sin embargo no se sentía integrada en ninguno. Excepto en el Glee Club.

Excepto donde esas tres chicas también pertenecían. Todas formaban parte de él. ¿No?

Se suponía que Quinn tenía que darle la razón, sobre todo después del discurso sobre cómo funciona la ley. ¿Sabía Quinn que su papel seguía siendo el de una criminal? Ya no soñaría más con Broadway, ahora soñaría en el día en que su sentencia terminase.

"Quinn, por favor, no hagas esto" Susurró más tarde aquella misma noche en cuanto Quinn entró en la tienda. Rachel había rechazado sentarse con las otras, retirándose tan pronto como fuera de noche.

Quinn suspiró, bajando la cremallera de su saco de dormir y metiéndose en él.

"Es lo mejor, ¿vale?"

Rachel se levantó en un codo, inclinándose hacia donde la otra chica estaba.

"No, no lo es. Voy a ir a prisión, tanto si es contigo o sin ti. Y lo sabes."

"¿Podemos hablar de ello mañana?" Preguntó Quinn. Rachel sintió un rayo de esperanza en su pecho. Al menos Quinn estaba dispuesta a hablar.

"Vale" Respondió Rachel suavemente e intentó lo mejor que pudo dormirse.

――――――――――――――――――――

A la mañana siguiente, Rachel estaba nerviosamente retorciéndose las manos, intentando ser paciente mientras Santana hacía el desayuno. Rachel quería recordar que no derrochase el gas, pero pensó que igualmente no la escucharía.

Las animadoras parecían comer a cámara lenta y Quinn aún tenía esa mirada perdida estampada en la cara.

"Propongo que te llevemos al pueblo más cercano y ya está" Dijo Santana finalmente cuando la pierna de Rachel empezó a parecerse a una excavadora.

"No." Contestó rápidamente. "Tengo una idea mejor"

"Sorpréndeme" Ofreció Santana, gesticulando a Quinn con su mano.

Brittany estaba mordiendo su Twixt y le dio a la rubia su mejor cara de concentración.

Rachel sintió como su corazón se encogía y se preguntó si el constante estrés que había sufrido desde la noche anterior podía llevare a tener un ataque al corazón.

"Nos la llevamos a Ohio de vuelta. No Lima, pero cerca. Nos mantenemos al margen de las principales autopistas, seguimos acampando. Quizá tardemos dos o tres días ya que sólo conduciremos de noche." Quinn miró a Rachel. "Cuando te encuentren, cuéntales que te hemos secuestrado"

"¿Qué coño…?"

Quinn levantó la mano. "Escúchame, S. Berry dice que la hemos secuestrado, no encontraran ninguna evidencia en mis pa… en los cuerpos y no la pueden inculpar si declara que nosotras la forzamos a ayudarnos."

"Ni de coña" Contestó Santana y Quinn volvió a levantar su mano.

"Déjame terminar. ¿Berry quiere ayudar? Esto es lo que hará. Rachel, esto es lo que vas a hacer: Diles qué pasó. Les cuentas nuestra historia, les haces saber que era en defensa propia. Seguiremos arrestadas, pero será con menos cargos. Es lo máximo que podemos conseguir. Tú fuiste un testigo como rehén, no como cómplice."

"No lo entiendo. ¿Por qué alguien me creería?" Rachel estaba intrigada, no había pensado en esto.

"Porque todo el mundo sabe que tú y yo nos odiábamos. No somos amigas, pero ¿Britts, S y yo? Somos la Unholy Trinity. Nadie se creería que viniste con nosotras voluntariamente. Nadie. Así que tú recuperas tu vida y aún así nos ayudas. No podemos dejar el país y sólo podemos escondernos. Así que haremos esto." Hubo silencio. "He terminado."

Santana escaneó a Quinn. Ahí estaba el planning a lo HBIC. (Head Bitch In Charge)

Rachel abrió la boca, luego la cerró. Era un buen plan, aunque realmente sólo la beneficiaba a ella. Las otras seguirían convirtiéndose en reclusas. Seguían limitadas a que su vida se resumiera en trabajos comunitarios y rehabilitación. Tendrían problemas para encontrar un trabajo aceptable y estaría en su registro por el resto de sus vidas.

Pero ella volvería a tener Broadway otra vez. Quizá incluso algo más grande después de que los medios de comunicación hicieran un espectáculo de ello. Tendría que dar entrevistas, no sólo a la policía, sino que también a los medios de comunicación.

"Lo que tú digas" dijo Santana restándole importancia, y Quinn le dedicó una pequeña sonrisa. Era lo más cercano a un sí que recibiría.

Brittany se puso de pie y forzó también a Rachel, abrazándola fuertemente.

"Puedes ir a ver a Lord Tubbington y dile que le quiero mucho y que más le vale que aún siga haciendo dieta".

Rachel estaba entre aliviada y arrepentida. Mientras Brittany le daba un último apretón, el más sincero abrazo que ella jamás había recibido proveniente de otra mujer, Rachel pensó que Quinn y Santana estaban equivocadas, ella sí tenía amigos. Incluso si ellas no pensaban que ella era una de las suyas, éstas tres se habían convertido de repente en las mejores amigas que nunca tuvo.

Bueno, excepto Santana.

――――――――――――――――――――

Mientras Quinn esa noche conducía, mantuvieron la radio encendida para escuchar los últimos acontecimientos y luchaban por mantenerse despiertas.

Todas estaban aún poco seguras del plan que estaban maquinando. Santana insistía a Quinn que reconsiderase al menos encontrar otra destinación que no fuese la cárcel una vez que Rachel se hubiera ido; Brittany estaba intentando averiguar cómo podían cambiar Rachel por Lord Tubbington.

Rachel aún estaba dividida, hasta que:

"…La policía ha confirmado que las adolescentes desaparecidas de Lima, Ohio: Santana Lopez, Brittany Pierce, Rachel Berry y Quinn Fabray están involucradas en el asesinato de Judith y Russel Fabray. La policía urge a los ciudadanos de informarles si ven un VW NewBeetle dorado con la matrícula…"

Todas estaba un poco inseguras del plan hasta esta noticia. Era como si les hubieran tirado encima un granizado y estuvieran empapadas de pies a cabeza.

Quinn tenía razón, esta era su mejor apuesta.

――――――――――――――――――――

Se dirigieron hacia el sud, decidiendo no volver por las carreteras que ya habían cogido. La gente habría visto el coche e incluso si no lo hicieron, la policía quizá averiguaría que se dirigían hacia el oeste. Así que tenían más posibilidades de llegar a Ohio desde el sud.

Santana conducía. Quinn renunció a la radio ahora que había escuchado lo que había estado esperando. Brittany estaba entusiasmada: ¡Ahora podían poner sus CDs!

Con los Backstreet Boys sonando y Brittany bailando felizmente en su asiento, no quedaba mucho espacio para hablar. Rachel no estaba muy segura de qué decir, Quinn había hablado bastante y Santana estaba demasiado ocupada riéndose con Brittany.

Y así continuaron, parando justo antes de la puesta de sol e intentando esconder lo mejor posible el coche.

Quinn era la primera en retirarse aquella noche y parecía ya dormida cuando Rachel se unió.

Santana y Brittany pusieron un saco de dormir en la hierba y vieron el sol nacer, murmurándose cosas suavemente y se reían tontamente con las tonterías que la otra hacía. Era como si ahora que tenían un plan, podían relajarse un poco.

No del todo. Sólo un poco.

――――――――――――――――――――

Necesitaban echar gasolina.

Nadie protestó cuando Rachel sugirió que empujaran el coche medio quilómetro antes de llegar a la próxima gasolinera y que una de ellas fuera a buscar gasolina en un bidón en caso de que el dependiente no fuera tan tonto y reconociera el coche.

Nadie protestó tampoco cuando Rachel declaró que quien fuera a buscar la gasolina debería llevar uno de los disfraces.

Santana, Brittany y Quinn miraban como la diva se acercaba hacia la luz de la gasolinera. Después de todo, Rachel había parecido entusiasmada con el prospecto de poder finalmente llevar una de sus pelucas y no es como si todas estuvieran peleándose para ver quién tenía la oportunidad de arriesgarse a que la cogieran.

Rachel se había atado cuidadosamente su cola y se puso la peluca rubia, larga y rizada. Sacó con una mini-falda tejana y una cazadora a conjunto con las costuras llenas de lentejuelas del maletero y terminó de vestirse con un sombrero de cowboy. Santana ni siquiera protestó cuando se dio cuenta de que la pequeña estaba llevando sus botas.

"¡A los buenos días!" Dijo Rachel alegremente, adoptando un acento sureño en el que había estado trabajando desde que vio Oklahoma! A los diez años.

La gasolinera estaba vacía. El dependiente estaba tumbado con sus pies al aire y sus ojos pegados a la pequeña televisión que se encontraba en el mostrador al lado de sus pies.

"He tenío un problemón ahí en la autopista, ¡Dios mío, qué mala pata! ¡Fíjate tú, justo antes de alcanzar la gasolinera!" Rachel le dio una mirada de alivio al dependiente, aunque él ni la miró. Apenas se movió. "Así que voy a llenar el bidón y me daré el piro. De vuelta a mi granja. En el sur."

Bueno, lo mínimo que el chico podia hacer es prestarle un poco de atención. Estaba esforzándose para meterse en el papel. Sue-Ellen Maybell era un personaje brillante y su acento era magnífico. Quizá podía poner esto en su currículum de alguna forma…

Ella supuso que no tenía derecho a refunfuñar mientras llenaba el bidón, buscando en su bolsillo el fajo de billetes que había puesto anteriormente. Pero algunas personas no aprecian el esfuerzo o lo que había pasado para poder llegar a imitarlo de manera perfecta.

"Bueno, me da a mí que ya estoy. Muchísimas gracias. Cóbrame sólo la gasolina. Y… oh, quizá esto de aquí…" pero las palabras se detuvieron en su boca cuando vio lo que salía en la pantalla de la televisión. Su mano se congeló a medio camino de coger la tableta de chocolate (era parte de su papel, nadie hubiese creído que la vegetariana Rachel Berry compraría a posta un producto hecho a partir del sufrimiento de vacas y sus terneros) porque el Sr. Shue estaba en la pantalla y parecía como si estuviera llorando.

"8.73 $" Murmuró el dependiente, quitando la mirada de la televisión para observarla a ella momentáneamente.

Por supuesto tenía que ser en el momento en que ella salía de su personaje.

"Sí, cl-claro, déjame contar el dinero y… espero haber traído suficiente…" casi soltó un gruñido cuando vio a Sue Sylvester llenando la pantalla, mirándola a través de la televisión como si quisiera penetrar en su alma.

El dependiente volvía a mirar la tele y Rachel deseaba que sus manos pararan de temblar.

"Fumo por vuestra culpa…"

Su cabeza se volvió a girar en dirección a la televisión mientras Noah Puckerman se alejaba de la pantalla. Rápidamente entregó un billete de 5 dólares y cuatro de uno.

"¡Quédate el cambio!" Intentó que su voz volviera a sonar como antes aunque su acento había repentinamente cambiado.

Sintió como su cara se enrojecía a medida que las fotos del anuario que se habían hecho semanas antes aparecían en la pantalla. Quinn y Santana arriba, y ella y Brittany debajo. De repente deseó haber llevado unas gafas de sol.

"¡Vaya con Dios!" Dijo rápidamente, escondiendo su cara a medida que se alejaba a marchas forzadas del mostrador, de las puertas, de la gasolinera.

Volvió a aumentar el paso, corriendo hasta donde había dejado el bidón y cogiéndolo. Las botas de Santana eran un poco grandes, así que se las quitó y empezó a correr otra vez hacia donde estaba el coche.

――――――――――――――――――――

Santana quiso reír a la imagen de Rachel precipitándose sobre ellas con el gorro de cowboy y sus botas en la mano, el bidón de gasolina en la otra y su peluca torcida. Pero entonces se dio cuenta de que siempre quería reírse de la diva.

"Salimos por las noticias… el Señor Sue estaba… ¡La entrenadora Sylvester!" Jadeó Rachel, llenando el depósito de gasolina.

"¡Berry cálmate! ¿Qué ha pasado?" Soltó Quinn, inclinándose a través del asiento trasero de manera que podía ver a la pequeña chica a través de la ventana del coche.

"¡Noah está fumando!" espetó Rachel, y Santana frunció el ceño.

"¿Qué? No, imposible. Nunca lo haría… No despues de que su 'Pappy'… ¿De qué coño estás hablando Dolly Parton?" Santana encendió el coche mientras que el maletero se cerraba y Berry subía apresuradamente en el asiento trasero.

"Había una televisión en la gasolinera y el Sr. Shue, la Entrenadora Sylvester y Noah Puckerman salían en la pantalla. Él estaba fumando y el Sr. Shue llorando. La entrenadora Sylvester estaba igual de psicópata que siempre. Pero iba sobre nosotras - Han enseñado nuestras fotos del anuario – nosotras…" Rachel habla tan rápido que Brittany entendió lo que era un gemido agudo.

"Berry, cálmate." Quinn dejó su mano en el hombro de Rachel. Era del todo inesperado, tan sorprendente que Rachel enmudeció inmediatamente. Quinn estaba tocándola de manera amistosa. A ella. "Esto no arruina nuestro plan ¿Vale?, ¿Podrías volver a decir lo que decían?"

La pequeña respiró profundamente e intentó organizar sus pensamientos.

"Era un especial de noticias, y parecía que la gente a la que conocemos – conocíamos son entrevistadas. El Sr. Shue estaba… no lo sé, echándose la culpa, creo. Dijo algo sobre ¿Abandonarnos? Luego la Entrenadora Sylvester dio el típico discursillo. Ella dice que la culpa es tuya por haber abandonado las animadoras. Y terminaba con Noah culpándonos a nosotras por incitarle a fumar. Había un claro énfasis en la palabra 'culpar'."

Quinn asintió ausentamente, acariciando el hombro de Rachel mientras procesaba la información que la chica les acababa de contar.

Santana fruncía el ceño profundamente. Había estado con Puck cuando su abuelo murió de un Enfisema Pulmonar y aunque ella usara el chico mayormente para olvidarse de los que sentía por Brittany, no podía evitar preocuparse por él.

Brittany sólo se sintió mal. La culpa no era del Sr. Shue. La culpa era de Russel y Judy por ser tan horribles. El Sr. Shue era su amigo.

"No pasa nada, Berry. Ya te he dicho que encaja con el plan. Probablemente hayan entrevistado a todo el Glee Club, quizá incluso a Figgins, y eso ayudará con nuestra historia." Quinn se mordió el labio, deliberando. "Especialmente si han hablado con Finn"

Quinn volvía a tener razón. Era más que…

De repente, lo que iban a hacer, lo que Rachel iba a hacer había cobrado vida. Iba a decir adiós a Quinn y a Brittany. Obviamente también a Santana, aunque Rachel estaba segura que la latina la hubiera echado hace horas si hubiese podido.

Aún así, esto iba a ser el mayor desafío interpretativo de su vida. Porque ella había estado allí y ella creía en que el motivo era defensa propia. Pero ellas no la habían secuestrado y aún sentía como si ella tenía parte de culpa.

"Por cierto, necesitaremos conseguir más gasolina mañana por la noche" Reflexionó Santana desde el asiento del conductor.

"Fantástico" Murmuró Rachel.

"¿Esta vez puedo ser yo la vaquera?" Preguntó Brittany y Santana sonrió antes de volver a poner música.

Quinn mantuvo la mano en el hombro de Rachel. Era igual de cómodo para la rubia que para la morena, y sonrió divertida casi desapercibidamente. La peluca de Rachel estaba de lado y la chica seguía poniendo mechones de pelo rubio detrás de su oreja como si hubiese olvidado de que eran falsos.

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Condujeron a través de Kentucky mientras el cielo estaba oscuro, parando antes de la frontera de Ohio cuando el sol empezaba alzarse.

Construyeron por última vez el campamento para cuatro. Rachel sintiéndose extrañamente más triste por dejar a las otras chicas que por otras cosas, como por ejemplo por asesinar, o por fugarse de la ley, o por tener su futuro arruinado.

Ya no estaba segura de cuáles eran sus prioridades.

Aún así, estaba entusiasmada por volver a ver a sus padres. Entusiasmada por volver a ver a Finn, y volver al McKinley y…

Tenía mucha materia con la que ponerse al día.

Quinn se sintió más relajada de lo que había estado en los últimos días. Su culpa estaba desapareciendo, de alguna manera. La una vez insufrible diva volvía al instituto y la chica a la que dedicó la mitad de sus años en el instituto en hacer su vida imposible tenía una gran oportunidad por volver a hacer las cosas bien.

Aún no se lo había contado ni a Santana ni a Brittany, y no lo haría, pero tan pronto como estuvieran arrestadas, ella iba a cargarse toda la responsabilidad por lo que había pasado. Declararía que las chicas habían venido para defenderla, pero que ella fue quien provoco el asalto contra sus padres. Santana y Brittany se librarían de una condena y ella iría a la prisión.

Lo cual no era exactamente ideal pero tampoco eral o peor que le podía pasar. Podría hacer uno de esas titulaciones universitarias en la prisión y casi suelta una carcajada al darse cuenta que su billete para una carrera era solamente matar a sus padres.

Era un soleado y precioso día y las chicas cocinaron más sopa, aunque Brittany estaba empezando a inquietarse de que la reserva de golosinas se estaba agotando. Durante unas horas en aquella mañana, las chicas sintieron como si las cuatro sólo estuvieran de acampada.

Incluso Santana regaló una sonrisa a Rachel antes de que todas entraran en sus respectivas tiendas para descansar un poco antes de la gran noche que les esperaba. La sonrisa era un poco burlona, pero era una sonrisa.

Después de todo, la enana cantarina era útil.

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"Vale Berry, entras ahí y pregunta si puedes utilizar el teléfono. Llama a tus padres, diles que estás a fuera del Beavercreek…"

Santana soltó una risotada y Quinn puso sus ojos en blanco.

"Cuando hayas colgado, sal otra vez afuera y mueve tu brazo en el aire. Nos iremos y probablemente eso sea todo. Estamos a una hora y media de Lima, aunque tus padres llamaran a la policía así que probablemente seas recogida en unos diez minutos, ¿Si?

Rachel tragó saliva, asintiendo hacia Quinn. Impulsivamente, se abalanzó hacia la rubia forzándola en un abrazo. Quinn torpemente le dio unos golpecitos en la espalda antes de relajarse y devolverle ligeramente el abrazo.

Brittany metió su cuerpo en el espacio que hay entre los dos asientos delanteros y besó a Rachel en la mejilla, poniendo sus brazos alrededor de Quinn y Rachel y encerrándolas a las tres con ellos.

Santana mantuvo sus ojos en la casa rojiza que se encontraba a unos 100 metros del coche donde se encontraban y golpeó con sus dedos al volante. Cuanto más temprano se fueran, mejor.

"Gracias" dijo Rachel con la voz quebrada, separándose de la las animadoras rubias y respirando calmadamente mientras abría la puerta del coche. "Podéis quedároslo todo, el coche, mis pertenencias, las pelucas…"

Quinn le hizo un gesto con las manos para que siguiera adelante, sonriendo alentadoramente. Si Finn pudiera verlas ahora…

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"Perdone, ¿Tiene un teléfono que pudiera usar?" Pregunto Rachel educadamente, intentando no mirar a la decoración del área de servicio lo máximo posible. Era cerca de media noche y a parte del grasiento cocinero al lado de la cocina, tan sólo había otros tres hombres sentados en diferentes mesas.

El cocinero la ignoró y cuando sus ojos se encontraron con los de uno de los clientes, decidió que ella misma encontraría el teléfono y terminaría con todo esto. Aquellos hombres le daban mal rollo.

Paseó por toda la deprimente casa rojiza buscando el teléfono. Lo más probable es que estuviera en la cocina, aunque su pulso se acelero al pensar en entrar ahí dentro. Era estúpido, sabía que lo era, pero las cocinas en los restaurantes eran normalmente sólo para empleados. Primero comprobaría los baños, quizá había un teléfono ahí.

Era un buen plan, agotar todas las posibilidades hasta que no tuviera más opción que entrar en la asquerosa cocina con el asqueroso cocinero.

Sí, era un buen plan. Hasta que el cliente con el que había hecho contacto visual la siguió.

"Hola, niña". Dijo sonriendo, y Rachel de repente deseó haber ido a la cocina.

"No soy una niña, señor. Y apreciaría si usted podría excusar…" Se detuvo al ver que él se acercaba, repasándola de arriba abajo.

"He visto tu foto en las noticias." Retumbó.

Rachel miro detrás de ella viendo solo la pared al final del pasillo.

"No sé qué…" Empezó, antes de aclararse la garganta. "Sí, he sido secuestrada…"

"¿Dónde están tus amigas? ¿O también las has matado?" Lentamente empezó a invadir el espacio personal de Rachel y ella deseó que Quinn o Santana la hubiesen acompañado.

"No maté a nad…" tartamudeó, intentando no respirar por la nariz.

"Con lo pequeña que eres, ¿Cómo lo hiciste, eh? ¿Te gustó apuñalar a ese?" El hombre la había arrastrado hasta la pared, su corazón retumbando en su pecho.

Esto no podía ser. Este mugriento hombre pesaba al menos tres veces más que ella y aún no había visto ningún teléfono.

Levantó su brazo, apoyando la mano justo al lado de su cabeza e inclinándose sobre ella.

"¿Te tocó? ¿Fue eso lo que hizo? ¿Por qué lo apuñalaste?" El esnifó su pelo y ella lucho contra la necesidad de vomitar. Apestaba, parecía que no se había duchado en días y su olor se mezclaba con el de algo más amargo, casi químico, como si fuera aceite de motor.

No podía hablar, su boca abierta pero sin emitir sonido alguno.

Su voz descendió y de repente la agarró, dándole la vuelta de manera q su espalda se apoyaba en él.

"¿Te folló? ¿Eh?, ¿A tí y a tus preciosas zorras asesinas?"

Los brazos del hombre la forzaban a estar inmóvil y consiguió arreglárselas para gritar mientras él la arrastraba hacía el lavabo más próximo.

"Voy a ganarme una recompensa por cazar a una asesina, eso es lo que voy a hacer." Estaba soltando una risotada contra su pelo y seguía respirando de él. "Tan pronto como vi vuestras caras de puta en la televisión pensé: estas chicas necesitan que alguien les dé una lección, y yo sé exactamente qué clase de lección necesitan."

Ya no podía gritar más, algo le estaba apretando la garganta y notó un escozor cuando tragó. Tenía que ser un cuchillo, o algo afilado y algo estaba presionando su zona baja de la espalda entre las caderas del hombre. Su mente entró en pánico cuando se dio cuenta de lo que era.

"Para ser una asesina hueles muy bien"

La cosa dura volvió a apretar contra ella y notó un olorcillo proveniente de su aliento cuando él situó su boca al lado de su cara.

Esto no era lo que se suponía que tenía que pasar. Debería estar hablando con sus padres ahora mismo, llorando por su secuestro y diciéndoles que había conseguido escapar mientras las otras chicas dormían.

No había contado como factor ser violada.

El hombre era alto, casi tan alto como Finn y un recuerdo le apareció de golpe en la cabeza. El disfraz que había llevado en la fiesta que Puck dio al final del verano. Puck se había vestido de Tarzan y ella se había vestido como Sandy para ir a conjunto con Finn, que iba de Danny.

Estaba sentada al lado de la piscina, viendo como Puck empujaba sus caderas hacia Quinn y Santana quienes le ignoraban. La Unholy Trinity había llegado como un ejército, cada una con la parte superior del bikini y reivindicando que eran los Ángeles de Charlie. Parecía como si, desde las Nacionales de Nueva York, las tres habían reconectado.

Mientras que las miraba, preguntándose qué se estaban diciendo para que se estuvieran riendo de esa manera, alguien la agarró por detrás. Su entrenamiento de defensa personal apareció y le clavó un codazo a su asaltante.

Finn había estado cojeando durante una semana y pasó el resto de la fiesta con un pack de hielo en su entrepierna.

En aquel entonces se sintió muy culpable.

Pero ahora estaba agradecida de ese recuerdo. Derrotó el miedo y de repente sabía que había de hacer. Movió sus caderas a un lado, sintiendo como el cuchillo en su garganta cortaba un poco más profundo, y movió su codo dándole con toda la fuerza que tenía en la dureza que notaba.

Y tan solo con eso, el roñoso individuo la dejó ir.

Se dio la vuelta, con su corazón palpitando ferozmente y vio al hombre soltar el cuchillo mientras se retorcía de dolor en el suelo.

Debería haber terminado ahí. Debería haber vuelto corriendo al coche, meterse dentro y decirles que la dejaran en cualquier otro sitio. Debería haberse ido.

Pero la cosa era que su cuerpo estaba en plan luchador. Le acababa de asaltar un sucio y agobiante extraño con un cuchillo en su garganta y que le acababa de insinuar que la iba a violar. No sólo eso, sino que Russel Fabras las había violado a todas ellas y…

Su cuerpo parecía actuar solo cuando agarró el cuchillo del suelo y lo levantó por encima de su cabeza. La cólera le invadía. Su miedo se había transformado en rabia.

¿Cómo se atrevía a amenazarla?

Clavó el cuchillo tan fuerte como pudo en la espalda del hombre

¿Cómo se atrevía a cortar su garganta? Quizá no hubiese podido cantar nunca más.

¿Cómo se atrevía a presionar su erección en su espalda como si no fuera la cosa más asquerosa que pudiera hacer?

Sacó el cuchillo, volviéndolo a clavar. Débilmente notó que estaba chillando.

¿A cuántas chicas les habría hecho esto?

Lo volvió a apuñalar

¿Qué? ¿Pensó que estaría bien violarla porque estaba siendo buscada por asesinato? ¿Que a nadie le hubiese importado?

Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.

Ella era virgen. Iba a hacer el amor con su novio/prometido cuando tuviera 25 años y perdería ese atributo de la manera más bonita y conmovedora. Y este cerdo casi…

La puerta del baño se abrió de golpe y ahí había otro de los clientes que había venido a investigar qué eran los ruidos que había escuchado desde el baño.

"¡Hostia Puta!" Chilló, registrando rápidamente la escena de delante suyo de una adolescente agachada delante de un ensangrentado cuerpo.

Rachel se congeló, respirando fuertemente y luchando para que su mente se ajustara a lo que estaba pasando. Sin embargo, todo en lo que podía pensar era en que se suponía que tenía que llamar a sus padres y salvar a todo el mundo y ahora alguien la había visto y todo se había arruinado.

Corrió detrás del segundo hombre, empujando la puerta y saltando en la espalda del hombre cuando estaba rodeando el mostrador y se dirigía hacia la salida.

Por lo visto el cuchillo seguía en sus manos porque ahora estaba siendo utilizado para apuñalar a otro. Pero era necesario, porque ellas tenían un plan y casi la violan y se supone que no debería haber pasado esto.

Ni siquiera escuchó el timbre sonar cuando una tercera persona salió corriendo por la puerta hacia su camión.

Tampoco se dio cuenta del grasiento cocinero acercándose hacia ella con un cuchillo de cocina en su mano hasta que él se situó a su lado.

"Lárgate de…" Empezó a decir antes de que hubiera un fuerte crack y él se desplomara de rodillas, cayéndose de lado.

Rachel parpadeó, su cólera desvaneciéndose y sintiendo como si acabara de despertarse de un horrible sueño.

Miró al desplomado cuerpo del cocinero, al ensangrentado hombre debajo de él y finalmente subió su cuello para ver qué era lo que había hecho ese ruido.

Ahí, con una salpicadura de gotas de sangre en sus mejillas, estaba Quinn Fabray sosteniendo un bate de softball.

"Vamos" su voz áspera, su pecho agitado. Mientras Rachel se ponía en pié, Quinn miró alrededor del local y entonces se dirigió hacia la caja registradora, dándole al botón 'caja' y llenándose los bolsillos de dinero. Luego se dirigió hacia la salida.

Rachel se quedó inmóvil, mirando a los cuerpos que se encontraban a sus pies. Soltó el cuchillo de su mano, en disgusto y empezó a temblar.

"¡Vamos!" Reiteró Quinn, agarrando el codo de Rachel y arrastrándola hacia la puerta.

Volvieron a trompicones al coche. Santana había encendido el motor tan pronto como Quinn decidió investigar qué es lo que hacía que Rachel tardase tanto, y estaba más que preparada para quemar goma si la diva la había jodido de cualquier manera y ya había llamado a la poli sin apenas avisarlas.

Pero por una parte, ver a Quinn con una mirada aturdida a Rachel y por otra, ver el bate de softball… ¿Era eso lo que Quinn había sacado del maletero antes de dirigirse hacia el edificio?, eliminó cualquier pensamiento anti-Rachel. Porque la chica estaba cubierta de sangre. Un montón de sangre.

Tanta como la que tenía ella encima el día que se dejó la vida apuñalando a Russel Fabray.

"¡Vámonos!" Espetó Quinn, forzando a Rachel a meterse en el asiento trasero y saltando detrás suyo.

Las ruedas del NewBeetle giraron en el barro durante unos segundos antes de que el coche acelerase.

"¿Qué coño ha pasado?" Santana chilló. Brittany se giró para mirar a las chicas con los ojos abiertos como órbitas.

"No preguntes. ¡Y estás yendo en la dirección equivocada!" Chilló Quinn, mirando a Rachel y estremeciéndose cuando vio los cortes en el cuello de la chica.

"¡Joder!" Chilló Santana. Se había olvidado de dar la vuelta y alejarse de Lima en lugar de dirigirse hacia ella.

Las ruedas giraron mientras intentaba un giro con el freno de mano, había jugado al juego Midnight Club: Los Angeles con Puck demasiadas veces desde que dejó de follárselo, lo que provocó que el coche hiciera un sonido chirriante y tambaleó un poco antes de volver a recuperar el control y estabilizó el coche.

"¿Rachel está bien?" Preguntó suavemente Brittany, con preocupación escrita en toda la cara porque Rachel tenía mal aspecto. Muy al aspecto. Llena de sangre y temblando.

"¿Berry, estás bien?" Susurreó Quinn, recorriendo sus manos por los hombros de la chica, intentando forzándola a tener contacto visual. "¿Qué ha pasado?"

Pero Rachel no podía hablar.

"¡Joder! ¡Joder!" Volvió a chillar Santana mientras se acercaban al área de servicio. Quinn la observó viendo como el cocinero se sostenía su nuca y avanzaba torpemente hacia la carretera.

Santana reaccionó por instinto, girando el volante en dirección al cocinero y atropellándolo.

Todo el mundo chilló. Santana con sus manos agarradas al volante, Brittany mientras miraba hacia dónde se estaban dirigiendo; Quinn desde el asiento trasero con sus manos aún agarrando los hombros de Rachel y Rachel, quien de golpe volvió a encontrar su voz.

Santana apretó el freno, puso la marcha atrás y le dio al acelerador.

Volvieron a atropellar al cuerpo del cocinero. En el movimiento Santana sacó el coche de la carretera pero luego volvió a ella.

"Menos mal que íbamos a seguir un plan" dijo Santana con ironía mientras se alejaban del area de servicio.

Sí, todas estaban de acuerdo: Menos mal que iban a seguir un plan.