Título: Beyond this wall.

Título del capitulo: Call it home.

Personajes: Young Avengers: Teddy (Hulkling), Billy (Wiccan), Tommy (Speed), Kate (Hawkeye II).

Avengers: Steve (Captain America), Tony (Iron Man). Mecionados - Wanda Maximoff (Scarlet Witch).

Pareja(s): Tedly(Teddy/Billy a.k.a Hulkling/Wiccan) y Stony (Steve/Tony a.k.a Captain America/Iron Man).

Idioma: Español.

Advertencias: Algo de violencia, cursiladas varias, contexto homoerotico entre todo Dios, es un UA no le busquéis la lógica dentro de Marvel y el autor de este fanfic no se hace cargo de los ataques de fangirleamiento o fanboyeamiento de los lectores.

Resumen: Después de salvar la vida al brujo Billy Kaplan y de descubrir que nunca podría volver a llevar la vida de siempre, Teddy acompaña al chico hasta su hogar, el cual le otro dice que a partir de ese momento también será el hogar de él, pero eso no le parece nada bien a cierta persona. Mientras, el ejercito se prepara para salir en busca del príncipe desaparecido, sin Anthony Stark.

Palabras: 4820.


II- Call it home.


El verdor del bosque, el tacto de la madera cuando se apoyaba en los troncos de los arboles, la pureza del aire, los sonidos de los animales y las pequeñas criaturas que nunca en su vida entre los muros del castillo habían visto hacían que se sintiera lleno de vida, lleno de felicidad y lleno de emoción. No solo eso, se había librado de un destino condenado en un trono, observando la los sucesos cotidianos del reino, escuchando los problemas financieros de cada pueblo de la región, permitiendo que sus consejeros pensaran por él, que los sirvientes trabajaran por él, que los escribas redactaran por él, que la gente hablara por él, que los caballeros actuaran por él y que los soldados murieran por él. No era su estilo de vida, no la de él ni tampoco la de la mayoría de hombres que había conocido en su vida. Con dieciséis años y en la más tierna flor de la vida, Theodore solo pensaba en explorar y sentir, en ver todo aquello que los adultos le habían privado desde que era pequeño antes de que llegara el día en el que le obligaran a tomar el cargo que pesaba sobre su cabeza y seguramente participar en una guerra absurda por territorios y poder que no paraban de ocurrir fuera del valle y en las que seguramente su reino se vería envuelto. Él lo único que quería era poder ser feliz antes de que su vida fuera un infierno.

Y por eso llevaba cuatro años intentando escapar, siempre en vano, siempre siendo detenido o pillado por alguien. No se iría para siempre, o eso se decía a si mismo, solamente quería conocer un poco el mundo y volvería antes del día que tuviera que volverse el hombre más importante de Drox. Solamente pedía aquello, pero para todos el que estuviera a salvo durante la regencia era la mayor prioridad de todas las gentes de los dos reinos. Incluso ni siquiera había probado el agridulce y ácido sabor del amor en toda su adolescencia, simplemente conociendo sirvientes y doncellas, aunque también gentes de su edad de casas nobles, que no atraían su atención de ninguna forma. Estaba tan protegido que la mayor parte de las veces que trató de escapar y vivir su vida no llegó ni a los siete pasillos de su habitación, llegando más lejos que nunca dos años, cuando llegó hasta las puertas del castillo un día de mercado y que fue reconocido por una sirvienta que salia del castillo para hacer diversas compras para llenar de nuevo las despensas.

Pero aquel día había sido diferente, había aprovechado el caos de la gente entrando y saliendo del castillo para llegar a una carreta que salía con la arena restante de las gradas artificiales que construyeron temporales dentro del patio delantero de su morada para realizar los torneos de justas que celebrarían en su nombre y bajo su juicio como primer acto de rey y señor. Ya nunca más tendría que arbitrar una justa ni tampoco tenía la intención de regresar al castillo. En cuanto descubrió que Steve había atrasado el estallido de la iglesia junto con su consejero, Anthony, y que ambos, al igual que todas las tropas, esperaban a que tomara la decisión de enfrentarse o no en una batalla abierta contra el reino de más allá de las montañas al momento de ser coronado, no aguantó más y decidió que se largaría antes de que todo el pueblo que debía dirigir hasta el día que muriera pusiera en boca su decisión y tuviera que sufrir las consecuencias de una decisión que no sabía como pensar ni razonar. Steve era mejor para el puesto, porque sabía lo que era luchar en la guerra y las consecuencias que les llevarían ir o no ir a ella, por eso no quería que dejara de ser regente y que las decisiones que tomaran hundieran Kree-Skrull como en sus mayores temores.

Y, lo último en su vida que hubiera esperado que ocurriera, el mismo día que escapó acabó salvando a Billy Kaplan, un brujo que estaba siendo ajusticiado con injusticia y a muerte, y escapando con su magia a un bosque, recibiendo la noticia de que no podía volver a su reino nunca más y que como compensación por haber arruinado su vida a cambio de salvarlo iba a quedarse con él en la que iba a ser la casa de los dos a partir de aquel momento.

Para Teddy, las cosas no podían haber ido mejor nunca.

-¿Vives en el bosque?-preguntó el rubio tras agacharse y pasar debajo de una rama gruesa y baja detrás del moreno.

-La mayoría de los seres mágicos lo hacemos. Otro prefieren cuevas o zonas perdidas de las montañas, la cuestión es que no podemos vivir con los humanos.-dijo el otro mientras se abría paso entre la espesura del bosque como podía, con una gracilidad envidiable al respecto con lo torpe que avanzaba Teddy y lo lleno de fango que se estaba volviendo de rodillas para abajo.

-¿Por qué no?-preguntó, sin entender muy bien nada de lo ocurrido antes.

-Nos tienen miedo y si nos ven...nos queman en nombre de su futuro rey y su casa maldita.-masculló el moreno con algo de enojo en su voz y de estar Theodore frente a él hubiera visto las sombras de la rabia cruzar sus ojos.

-¿Maldita?-jadeó confuso el rubio, algo asustado por como mencionaba Kaplan su casa.

Y el temor de ser descubierto pasó de temer a que le hicieran volver a ese frío y espantoso trono a temer por su vida al lado de aquel chico con poderes mágicos.

-Veo que no te han enseñado nada de historia.-rió el moreno tras girar la mitad de su cuerpo para dedicarle una sonrisa que hizo que Teddy pisara entre dos raíces y se tuviera que apoyar de lleno en un árbol para no devorar el suelo patéticamente.

Billy se tapó la boca para soltar una enorme carcajada ante la mala pata de su salvador y le tendió una mano para ayudar a que se recuperara, pues había quedado con las rodillas flexionadas y todo su apoyo en sus brazos alrededor del tronco de corteza irregular y puntiaguda en diversos lugares de el. El rubio estiró una de sus manos y se ayudó del otro y del impulso de uno de sus pies fuera de entre las dos ramas para poder incorporarse y quedar a centímetros escasos del moreno.

El silencio se hizo entre ambos y se volvieron a mirar a los ojos fijamente como hicieron cuando se encontraban en lo alto de la plataforma, cuando deslizó sus vendas y pudo ver el hermoso rostro del brujo por primera vez. Las marcas de los golpes habían desaparecido ya, seguramente por la magia, y ahora su cara era más suave y perfecta, la más hermosa que en su vida había visto. Mientras, Billy simplemente observaba de nuevo lo cuidado que se encontraba el rostro del rubio a pesar de ser un hijo de plebeyo. No era normal que un chico con ese linaje tuviera unos rasgos tan hermosos, menos aún siendo cuidados y explotados en una belleza natural que podía cautivar a cualquier mujer del reino. No era normal, pero no significaba que hubieran hombres así en el reino.

Teddy alzó su mano y fue acariciar el rostro del chico, pero este dio un paso hacía atrás con su mano aún apresada y bajó la mirada antes de girarse. No comprendió este acto, aunque de hacerlo hubiera podido ver que se trataba de un simple reflejo de Billy, quien ya no se fiaba de ningún que quisiera tocar su rostro o cualquier parte de él. La magia enloquecía a los hombres y les atraía de tal forma, que él ya sabía que algunos eran capaces de intentar apresar a su portador en sus manos una vez la veían por primera vez. Aunque, si había accedido a que compensaría a aquel chico con una nueva vida después de salvarlo, acto que solo pocos magos o brujos habían hecho en la historia de su raza, era porque había sentido que podía confiar en él. Pero no permitiría que por la magia ese pobre niño sufriera la misma suerte que los que habían enloquecido al amar a brujas o brujos o cualquier hechicero. Cuando uno poseía la magia, debía de aprender que nunca podría recibir el amor sincero de alguien que no fuera otro brujo o bruja.

-Estamos cerca, Teddy.-anunció el chico sin cambiar su tono amistoso mientras hacía que el otro avanzara tirando de su mano.

-No te imaginas cuantas ganas tengo de llegar.-confesó el de los ojos aguamarina andando detrás del otro, sintiendo la mano del brujo guiar sus pasos y dándole cierta confianza por ello.

Ambos caminando algo sonrientes y tomados de la mano hasta que, sin haber ningún indicio de luz solar, salieron a una especie de gran claro sombreado por las copas de los arboles más frondosos que había visto en todo el bosque y que tenía en el centro una casa de madera oscura y mucho más humilde que las que había visto fuera del castillo. Se podía ver una puerta y varias ventanas, aunque parecía ser que allí no llegaría mucha luz por la poca luminosidad que había. También notó que, a diferencia de los dibujos de casas de cazadores y brujos, o de habitantes de los bosques, de los cuentos que su tata le contaba no tenía chimenea ni tejado de paja o de madera, era de tejas como las casas de los poblados a pesar de que las paredes estuvieran hechas de troncos gruesos. Y también veía una especie de patio de flores que formaba gran parte del "claro".

-¿Vives ahí?-preguntó animado el rubio.

-Sé que nunca sabrías llegar ni aunque intentaras memorizar el camino, pero prometeme que nunca se lo contarás a nadie.-dijo muy bajo el moreno, mirando fijamente su casa.

Teddy giró su rostro al brujo y le miró fijamente, tras lo que volvió a mirar el que tenía entendido que sería su hogar a partir de aquel momento y ensanchó su sonrisa enormemente antes de presionar con algo de fuerza la mano del otro.

-Guardaré el secreto incluso cuando reciba la fría visita de la muerte, Billy Kaplan.-prometió.

Mientras tanto, en los patios del castillo...

-Mirad bien mi rostro caballeros y creed cuando os digo que nuestro príncipe, nuestro futuro rey, el niño que nuestro anterior y santo rey engendró y nos rogó que protegiéramos con nuestra vida esta ahora en las manos de un brujo.-anunció el rubio alzando la voz por encima de lo normal y el sonido de su armadura nueva, pesada pero muy útil y estética, a cada paso.- Nuestra misión fue y seguirá siendo por siempre el velar por esa criatura con la sangre de los pacificadores. Y por ello, nuestra misión ahora debe ser la de arrancarlo de las manos de esas bestias con formas de hombres y evitar que la tragedia vuelva a asolar. Debemos de salvar al futuro rey, debemos de salvar a los habitantes del valle de Drox.

Los hombres alzaron las armas y vitorearon a su regente y comandante hasta que este alzó la mano para hacerlos acallar, recuperando el silencio tras el cese de golpes de las armas contra el suelo o los escudos. Tony se colocó detrás de Rogers con un escudo del mismo color que la armadura y le colocó este en el brazo, susurrando en su oído un "me da igual si vuelves sin Theodore, solamente vuelve." que arrancó una sonrisa débil al rubio junto a las ganas de besar la frente del moreno con cariño antes de partir a los bosques a buscar a los brujos. Pero no podía, porque la gente lo vería mal porque los brujos eran los únicos que tenían relaciones entre hombres además de el hecho de que fuera en público y que todo el mundo vería algo que él consideraba intimo y privado, como era una muestra de amor.

-Volveré.-prometió poniéndose serio por un momento antes de avanzar entre la fila de soldados que se creó en torno a su camino a la entrada del enorme castillo, montando estos a caballo cuando el comandante pasaba por su lado.

Steve no montaba a caballo, siempre era el único que avanzaba a pie en las expediciones. Él era el que distinguía entre el resto, siendo el hombre que lucha con los pies en la tierra y las manos, sin armas afiladas. Muchos en el reino lo llamaban el superguerrero y no en vano, su nombre ya se había vuelto leyenda y sus hazañas con sus propias manos completos relatos de aventuras y mayoritariamente verdaderos.

-Sabes que eso no me detendrá.-dijo para si el consejero mientras veía como dos hombres llevaban una armadura, más delgada pero más trabajada que la del otro, hasta donde se encontraba.

-Aquí tenéis, señor Stark, vuestra mejor armadura.-anunciaron ambos mientras empezaron a ayudar a colocar las protecciones en sus extremidades.

El herrero asintió y miró la espalda ajena a sus actos perteneciente a su amante que se alejaba perseguido por algunos hombres a caballo, mientras que los más rezagados iban a pie también. No sabía como se le había ocurrido a ese estúpido de Rogers que dejaría que se enfrentara a la magia sin él, cuando precisamente la última vez casi ni sobrevivió a ello. Steve debía de saber que nunca se quedaría quieto, porque nunca lo hizo, por que él también estuvo el día de la muerte de Mar-Vell y porque él también fue uno de los que ayudaron a defender los reinos del valle del egoísmo de los reyes anteriores y de los ataques de los extranjeros intentando aprovechar la confusión y el malestar a su favor. Sabía luchar y sabía defenderse, por eso nunca se quedaría atrás.

En algún lugar perdido del Bosque Escarlata...

Teddy avanzó sin soltar la mano del otro, con miedo a pisar las flores mientras andaba hacía la puerta de la casa que a partir de ahora constituiría su vida y que, ahora que la miraba de cerca, le parecía más pequeña de lo que pensaba. Algo decepcionante para alguien como él, que había vivido toda su vida en un lugar cien veces más grande que aquella pequeña casa de madera de dos plantas apuradas y que estaba hecha de materiales menos resistentes. Pero, de alguna forma, también se le antojaba más acogedor y familiar que los muros vacíos y silenciosos que le protegían incluso de poder respirar un soplo de libertad.

-¿Vives aquí solo?-preguntó algo confuso, recordando que debían de estar algo lejos de cualquier población u otra casa.

-Mmmm...no.-confesó Billy mientras tiró de la puerta con su mano libre y abría dejaba que se viera algo de interior.

-¿Con quién...?-preguntó el rubio antes de ser arrastrado por un sonido más estridente.

Un chico de cabellos grisáceos salió a la puerta rápidamente y agarró al brujo por los hombros, sacudiendo su cuerpo varias veces.

-Meheenteradodequecasite quemanvivoperoquehasescapado , Billy .-dijo a toda velocidad, atropellando las pausas y deteniéndose para respirar al acabar la frase.- Cuéntameahoramismoque demonioshaocurrido.

-Tommy, hablas demasiado rápido.-evidenció Billy, soltando la mano del rubio que se encontraba entre confundido y algo alucinado por la rápida intromisión de aquel chico.- Esta todo bien, este humano me salvó y pude usar la magia para escapar.

-¿Un humano?-preguntó el que debía ser Tommy girando su rostro al rubio, examinando a este de arriba a abajo.- ¿Has traído a un...?

-Arruinó su vida por mí.-añadió seco el moreno.

El de los cabellos canosos abrió la boca para protestar señalando al rubio pero se lo pensó mejor y calló lo que tenía que decir. Billy buscó con su mano la del rubio de nuevo y se abrió paso obligando a su hermano a ceder la entrada pasando al interior del hogar. Este se dejó apartar y miró a su hermano con la boca abierta y una mano levantada, como a punto de decir algo, pero se lo pensó antes de cerrar la boca y cerrar el puño en el aire, como si apresara el aire, y la bajó hasta su costado.

-Ese no es motivo suficiente.-protestó de nuevo.

La puerta se balanceó debido al viento y empezó a chirriar. Antes de que se diera cuenta el rubio ya tenía al de cabellos plata frente a él, deteniendo su avance hacía el interior de la sala principal, que coincidía con la entrada y el salón.

-No eres bien recibido aquí.-espetó.

-¡Tommy!-replicó el moreno.- Si eres bienvenido aquí.-continuó, haciendo énfasis en el "si".

-¡No puedes traer a un humano así como así aquí, idiota!-exclamó Thommas señalando grosera y directamente al príncipe.- No importa que te haya salvado la vida, es un jodido humano. Los humanos no pueden entrar aquí. Si mamá lo supiese...

-No metas a mamá en esto.-amenazó el otro, esta vez siendo él que señalase a su hermano gemelo.- Él es MI invitado y YO tengo el derecho de dejarle pasar a MI casa.-declaró, haciéndole frente sin temor.

-Haz lo que tú quieras.-bufó, cambiando su rostro a uno más cansado y más huraño, como en pocas ocasiones el chico había podido ver.

-Tommy...

Pero antes de que continuara el viento alzó los cabellos y las ropas de ambos y la puerta se cerró haciendo un enorme y profundo sonido que casi parecía como si del golpe se hubiera roto todo el marco. Y Thommas desapareció de la habitación sin decir nada más, haciendo que Teddy se sintiera realmente mal por haber seguido al brujo hasta su casa y haber ocasionado aquel conflicto que no quería que se produjera. Ni quería haber visto tampoco.

-Yo...

-No pasa nada, Teddy.-musitó el moreno dedicando una tierna sonrisa a su invitado.- Últimamente anda algo irascible y se molesta por todo. Creo que es porque le ha tocado la peor parte de los genes. No tiene nada que ver contigo, tranquilo.-anunció, apresando ligeramente la mano del rubio para que no se desanimara y se echara la culpa.

-¿La peor parte de...?

-El no es brujo como yo y mi madre.-explicó.- Pero si tiene algo de esencia mágica tiene la capacidad de moverse a velocidades que ni el ojo humano es capaz de captar subconscientemente.

-¿Subsconcienqué?-preguntó entonces el príncipe.

Tenía que reconocerse a si mismo que, o hablaban idiomas distintos o el otro se inventaba palabras o realmente no sabía nada de nada aun después de haber estudiado tantos años.

-Los humanos no suelen creer en eso pero el subconsciente es eso que explicaríais como innato en el cuerpo por impulso divino.-explicó pero al ver la cara del otro supo que ni aun así había entendido lo que decía.- Olvídalo, anda.-dijo, echando una leve risa.

Y Teddy se sonrojó al ver su perfecta y pequeña sonrisa en aquel dulce y tierno rostro.

-Vamos, siéntate.-dijo él, señalando una mesa con varias sillas a unos pasos de allí.

El blondo obedeció al otro y le acompañó en su camino hacia la mesa, después tomó el respaldo de una silla y la echó hacía atrás para dejar espacio y sentarse. Tenía un leve carmín en sus mejillas, apenas visible aunque, con el ardor que le producía bajo la piel, a Teddy le parecía que su rojo era más notable que el de un tomate maduro y fresco. Y quizás aún peor. Y todo debido a que el brujo no había parado de sonreír en ningún momento, de dedicarle aquella preciosa y agradable sonrisa que no tenía comparación con nada de lo que había visto en su vida. Nunca había visto sonreír a nadie de aquella forma. Su corazón se sentía cálido, como cuando despertaba de aquellos sueños en los que tenía pocos años y veía a sus padres llamándolo y abrazándolo diciendo cuanto le querían.

-¿Quieres un té turquesa?-preguntó con voz suave el otro, casi en un susurró, por lo que el chico salió de su embelesamiento y parpadeó confuso.

Asintió la cabeza antes de organizar sus palabras en su mente. Té. ¿Qué diablos era un té? Turquesa. ¿Algo de aquel azul tan enfermizo? Esperaba que no fuera nada para tomar, pues con ese color uno no se fiaría siquiera de olerlo.

Le volvió a sonreír, esta vez ensanchando más la linea de sus labios. La calidez en el pecho de Teddy se volvió un cosquilleo que avanzó hasta la base de su cuello. Un cosquilleo agradable que le hubiera gustado volver a sentir. Sin poder evitarlo, siguió con los ojos y casi se giró en la silla para verlo alejarse hacía otra sala que apenas se podía ver pues dos telas cubrían a modo de puerta. Telas como puertas. Theodore se sentía fuera de lugar o de lógica completamente.

Se sentó correctamente en la silla y cruzó sus dedos para mirarlas sobre la mesa. No sabía que era aquella sensación que estaba sintiendo con el brujo, pero si de algo estaba seguro era que se se sentía como si le tuviera un gran afecto y una gran confianza, aun cuando tenía poderes sobrehumanos y apenas lo conocía de unas horas antes. También se había ganado parte de ella, a decir verdad, pues le había abierto las puertas de su casa sin pensarlo dos veces y le ofreció de quedarse a vivir allí sino podía volver.

Y no podía volver de ninguna forma. No quería ser rey. Todos los sabían. El regente Steven debería ser el rey.

Miró con detalle la casa, pues con la discusión y el lapsus de embobamiento al verlo sonreír ni había prestado atención a la forma del lugar. Por lo que podía ver, era una casa pequeña y bastante, bastante era quedarse corto millas atrás, simple. La sala en la que estaba era algo grandecita. Tenía como una especie de pequeñis sillones alargados para varias personas puestos contra la pared, muy bajos y con una mesa delante en la que habían varios libros y una planta (por un momento Teddy pensó que era un reposapies y cuando supo que no tuvo el infantil impulso de usarlo como tal). Apenas unos pasos allá había una mesa más alta de madera, con cuatro sillas a su alrededor y un mantel rojizo que hacía contraste con la madera casi verdosa y que era del mismo color que el sillón alargado. No había cuadros, solamente había telas que caían del techo y que se arderían a las paredes, formando varias olas de colores variantes entre el rojo y el granate, con algunos dorados y calabaza intercalados, como si fuera un puro mar de fuego. En cambio el suelo era madera normal, igual que la parte baja de las paredes. Y como contraposición, el techo estaba lleno de hojas doradas de los arboles otoñales. Hojas preciosas, mantenidas frescas seguramente con magia. Dos trozos de tela cubrían el espacio que dejaba el marco de la habitación en la que Billy había desaparecido.

Era un lugar extraño. Pero precioso.

Pero en el campo de tiro artesanal de una pequeña casa al oeste del bosque...

..una flecha cortó el aire produciendo un silbido y se estrelló con fuerza en el mismo centro de la diana, traspasando la mitad del circulo con el elemento arrojado.

La chica de cabellos oscuros abrió los ojos y comprobó con una media sonrisa ávida que había acertado de lleno en la diana y se dispuso a cargar una nueva flecha cuando el aire le golpeó la espalda, alborotando su melena y obligando a que abriera los ojos. Solo había una cosa, más bien una persona, capaz de hacer aquello, de provocar aquel tipo de viento solitario en un día tan soleado y árido como ese.

-¿Venís a acosarme de nuevo?-preguntó antes de cerrar los ojos y cargar correctamente la flecha, esperando volver a acertar como la vez anterior.

-Yo no te acoso, son imaginaciones tuyas.-replicó desganado el peliblanco apareciendo apoyado en el marco de la puerta trasera del hogar de la chica.- Simplemente vengo a pagarte por la carne.

-Ah, si.-murmuró ella.

La flecha silbó de nuevo al salir disparada del arco y cruzó el camino hasta acertar en el mismo punto que la flecha anterior, partiendo la flecha por la mitad y, a diferencia de la otra, quedando con la mitad de la punta clavada en la madera.

-Costó mucho hallar esos dos osos, espero que tengas bastante para pagar.-asintió la chica, abriendo los ojos de nuevo y asintiéndose así misma antes de bajar el arma vacía y girarse al otro.

El chico sostuvo dos bolsitas frente a su rostro, con los labios fruncidos en una mueca de desagrado. Las monedas de su interior se movieron y chocaron entre ellas, produciendo un sonido que a la chica le gustó bastante.

-Quiero las pieles también.-exigió Tommy antes de lanzar ambas bolsas a ella, quién las cogió con destreza usando solo una mano y las sostuvo en su mano derecha para mirarlas bien.

-Siempre es un placer hacer tratos con vos.-burló la chica, sabiendo que al otro el que le hablara como la gente de ciudad y corte le molestaba bastante.- Pero, ¿a qué se debe vuestro mal rostro, mi señor?

-No es asunto tuyo.-espetó el peliblanco.

-¿Billy?-preguntó ella, dejando de usar su tono de voz repipi.

-Siempre atrae a los problemas. Esta vez ha cometido la peor de las locuras.-espetó malhumorado.

-¿Qué ha hecho esta vez? ¿A vuelto a enamorarse de un chico humano?-preguntó rodando los ojos. Billy hacia aquello muy a menudo, veía un chico en el pueblo que le gustaba y lo consideraba un flechazo, una guía del destino para estar con ese chico. Pero por algún motivo siempre acababa deprimiéndose solo y dejando de espiar a aquellos chicos por algún motivo. Y aquello siempre se notaba porque Tommy se volvía agresivo y no la trataba con tanta chulería ni burla como siempre hacía. Ni le mandaba indirectas demasiado directas.

-No. Es peor. Cree que le debe la vida a uno.-suspiró.

-¿Quién fue el salvador?-preguntó la morena mientras, cansada por el tema, comenzó a andar hacía el otro para mostrarle donde había guardado la carne y las pieles.

-Estuve preguntando por el pueblo a la gente por el físico del chico y averigüé quién es.-afirmó su cliente habitual.- El príncipe fugitivo.-anunció él.

Tanto el arco como las bolsitas se encontraron con violencia con el suelo debido al estado de piedra en la que ella quedó.

De vuelta a la casa de Billy...

-El de antes es mi hermano gemelo.-confesó Billy mientras sostenía con ambas manos su taza caliente con el liquido azul en su interior.

El blondo asintió, pues ya había supuesto que eran hermanos por el inscribible parecido físico que tenían además de que el otro había mencionado a la madre de ambos. Ya casi se había terminado el té, lo que resultó ser una bebida con un aroma y un sabor bastante agradable. Olía a flores silvestres y sabía casi a caramelo. Estaba delicioso. Si podía pedir otro, no se iba a contener a hacerlo.

-Él vive en el pueblo ya que puede pasar por humano normal.-explicó.- Pero pasa más tiempo y noches aquí. Se cree con la obligación de cuidarme y de protegerme de todo lo que pudiera pasar.

-Eso es que te quiere.-comentó el rubio, arrancando una pequeña risa de los labios del otro.

De nuevo, aquella sensación de su pecho arder como si se fuera a fundir apareció.

-Y...¿y vuestra madre?-preguntó para desviar el tema y no volverse a embobar, pensando que su cara debería de ser ridícula cuando lo hacía.- ¿No vive von vosotros?

-Mamá se fue...lejos.-respondió el chico.

La sonrisa desapareció. Sus manos buscaron con más ansia el tacto caliente del té. No miraba a los ojos a su invitado ya.

-Lo siento...yo...

-No, no. Está viva.-corrió a aclarar el moreno antes de que el otro se sintiera mal por recordarle un fallecido.- Es solo que tuvo que irse del país.

-¿Por? ¿Por qué se fue?-preguntó confuso el rubio. ¿Quién dejaría a sus hijos solos en aquel bosque?

-La acusaron de traición a la corona y pudo escapar antes de que le prendieran. Mi madre es Wanda Maximoff.

Toda calidez en el pecho de Teddy desapareció y se volvió un dolor frío y profundo, como si un tempano se hubiera clavado en su pecho y lo congelara dolorosamente mientras que por su mente pasaba una frase de un cuento real de su nana que nunca olvidaría:

Y entonces, como castigo, Wanda Maximoff intentó tomar al príncipe, matando a los reyes en su camino a la habitación del niño.

End chapter 2.


N/A: Hola a todos. Siento no haber actualizado tan rápido como esperaba, tuve muchos trabajos de la uni.

Aquí el segundo capitulo de este fic. Espero que os haya gustado. Sé que el estilo de escrito cambia en las últimas dos escenas, es para darle más intriga y sensación al momento en ambos lugares. Aunque la escena Stony también es importante, y tan importante.

¡Sabéis que dejar review es gratis, así que quiero verlos! à_à Y muchas gracias a Lissette Lafrent por los ánimos de su review.

Espero veros a todos de nuevo, nos vemos.

Atte: El Chocobo Cuentacuentos.