Muy bien, es mi primer fic de Once Upon a Time, asi que espero tomatazos y críticas a tutiplén, pero sobre todas las cosas, espero de corazón que os guste.

Es una serie de Viñetas sobre la vida de Rumplestinstkin y Bella en Storybrooke.

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Nuestra vida, nuestra historia

El timbre sonó en mitad de la noche.

Rumplestinstkin tardó en abrir la puerta. ¿Quién llama a estas horas intempestivas? Cuando abrió la puerta de la entrada, se encontró con Bella, que miraba hacia abajo y se tambaleaba. llevaba los tacones en la mano, y desprendía un pequeño olor a licor

"Esa loba..." Pensó Rumplestinstkin al recordar la conversación que había tenido con Bella esa mañana

-Ruby ha organizado noche de chicas!

-Me parece muy bien, querida, pero ten cuidado, ¿De acuerdo?

Bella sólo sonrió y le dio un beso en la mejilla

-Hnn..¿Puedo pasar?- Preguntó Bella con voz adormilada. Rumple sabía que estaba ebria, asi que la sujetó con cuidado mientras pasaba al interior de la casa. Dios, el pelo le apestaba a tabaco del bar...¿Dónde demonios había estado?

-Bella, ¿Te encuentras bien?- Le preguntó el señor Gold. Ella asintió con la cabeza.

-Ruby dice que es normal...Creo que ese té helado no era té del todo...- Dijo con una risita. Rumplestinstkin rodó los ojos, inspirando aire. Le pasó la mano por los hombros, dejando que ella se sujetara en él (Cosa que no ayudaba mucho a su rodilla, por cierto) y emprendió el camino hacia el cuarto. Estando ella ebria, no iba a dejarla en el cuarto de invitados, fuera de su vigilancia, ¿Quién sabía lo que podía pasarle?

-Yo quiero dormir contigoooo- Dijo Bella volviendo a soltar otra risita. Rumple suspiró.

-Claro Bella, pero vamos primero a ponerte un pijama, ¿De acuerdo?-

-Hmmmm...No- De pronto ella se abrazó a él, como una niña que no quiere separarse de su juguete nuevo. -Yo me quiero quedar contigo...

-Bella...- El señor Gold intentó decir algo, pero los labios de Bella se lo impidieron, posándose sobre los suyos. La mujer lo tenía agarrado del cuello de la camisa del pijama y lo besaba apasionada, casi vorazmente. Rumplestinstkin tuvo que sostenerse sobre el bastón para no caer al suelo.

Pero de pronto Bella pareció calmarse, y relajó los labios, dejando por fin respirar al señor Gold. Bajó la cabeza y se quedó apoyada en su pecho, sin soltar el abrazo que antes le había dado.

-Está bien, creo que deber dormir...Bella...¿Bella?

Pero Bella no contestó. En lugar de su voz se oyó un pequeño ronquido, anunciante de que la bibliotecaria de Storybrooke había sucumbido al sueño. Rumplestinstkin suspiró

"La última vez que sales con esa loba...Lo juro!"

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Decían que el color del amor era el rojo, pero para Rumplestinstkin ese color no tenía ningún significado. En cambio había otro que lo significaba todo para él.

Azul.

Como el cielo sin nubes que se veía sobre las montañas nevadas de su castillo

Azul.

Como el agua del mar en un día de verano.

Azul.

Estaba en todas partes. En sus vestidos, en sus zapatos, en su taza desportillada...

Y en su mirada.

Azul claro y cristalino, como la gema aguamarina.

Si, ese era para Rumplestinstkin el color del amor. El color de los ojos de su Bella.

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El libro emitió un sonoro "PLOF" contra la mesa

-LEE- Demandó Bella. Rumplestinstkin enarcó una ceja mirando el libro.

-¿Y qué es esto exactamente?- dijo pasando un dedo por la portada.

-LEE- Volvió a ordenarle Bella.- Me he terminado el quinto y necesito conspirar con alguien, y no conozco a nadie que lea más rápido que tú.

-¿Por qué no se lo pides a Ruby?- Cuestionó el señor Gold.

-Ruby ya está en ello ¡Pero es muy lenta!¡Sólo va por "Choque de reyes"!

-¿Mary Margaret?

-Pffff!- Bella se carcajeó.- ¡No podría leer ni la mitad sin escandalizarse! Porfa Rumple quiero hablar con alguien sobre el próximo liiibrooooo...- Le pidió ella con cara de "porfa porfa porfa". Rumplestinstkin suspiró.

-Está bien. Démosle una oportunidad.- Dijo cogiendo el libro. Miró la portada "Juego de tronos"

-¡BIEN! Vale te dejo tranquilo que leas y me cuentas qué te parece, ¿Vale?- Bell dio una palmada y se fue del salón con un alegre trote. El señor Gold miró el libro de arriba a abajo, como si esperara que le hablase. Abrió la primera página...

...

Bella volvió con la bandeja de té, y se encontró al señor Gold sentado en el sofá del salón, con el libro en las piernas, y una mano en el mentón, con el ceño fruncido concentrado en la lectura.

-Rumple...- Dijo Bella dejando el té en la mesa del salón

-Shhhh...Estoy leyendo a Daenerys...- La chistó él.

-¿La Khaleeshi? Oh me encanta esa parte!- Ella se arrodilló junto al sofá para asomarse al libro también. Al ver por dónde iba Rumplestinstkin, soltó una risita.

-Creo que tú también serías de la sangre del dragón.- Le dijo Rumplestinstkin mientras pasaba una mano distraidamente por los rizos castaños de su amada. Bella sonrió.

-A mi me gustan los Stark.- Dijo sentándose en el reposabrazos.

-¿En serio? Creo que prefiero a los Lannister

-¡OH! ¡Cómo lo sabía! ¡LANNISTER!- Bella frunció los morros, y Rumplestinstkin soltó una carcajada.

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Bella se calzó las botas de pelo, y se miró al espejo. Fuera hacía un día invernal. Casi tan frío como cuando estaba en el castillo oscuro. Eso le trajo recuerdos...Miró por la ventana, los árboles se inclinaban levemente por el viento, y el cielo estaba nublado, amenazando con lluvia.

Cogió el abrigo y se lo puso. El abrigo también tenía un forro por dentro, para mantenerla caliente al menos un rato. Cuando se abrochó el cuello del abrigo, un leve aroma llegó hasta sus fosas nasales. Miró el perchero para darse cuenta de que su abrigo había estado colgado justo encima del de Rumplestinstkin, y el olor de su colonia se había movido del abrigo de él al de ella.

Bella se subió el cuello hasta la nariz, y cerró los ojos. Aspiró una vez más, y sonrió.

-Querida, ¿Qué haces?- Preguntó el señor Gold, que se acababa de asomar al vestíbulo. Bella abrió los ojos y ñe miró alegre.

-Nada.- Respondió. -Me voy un rato a la biblioteca. Volveré para cenar.- Y dicho esto salió por la puerta.

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Rumplestinstkin escuchó ruidos en el desván. Miró al techo extrañado, y decidió subir a ver qué pasaba. Maldijo la combinación de una casa con escaleras y su rodilla mala mientras subía ayudado de su bastón. Cuando abrió la puerta del desván, se encontró a Bella arrodillada en una esquina, sacando y mirando cosas de una caja. Al oirle entrar, ella volvió la vista

-¡Rumple! No sabía que tuvieras tantas cosas curiosas aqui!- Dijo con una sonrisa. El señor Gold se acercó a ella.

-¿Qué es lo que buscas?- Le preguntó curioso. Ella se encogió de hombros

-Nada en especial, solo me pregunté qué tenías y...Eh, ¿Qué es esto?- Dijo cogiendo un pergamino enrollado. Desató el hilo del papel y lo desenrolló, mirándolo con la cabeza ladeada.

Era un dibujo. Una pintura de un niño. De ropajes sencillos, y con una capucha puesta, el niño del dibujo miraba hacia el frente, con los ojos entrecerrados.

Rumplestinstkin lo reconoció al instante. Le arrebató bruscamente y por reflejo el pergamino a Bella.

-¡EH! ¿Pero qué mosca te ha picado?!- Exclamó ella, sorprendida del gesto del señor Gold. Este se quedó en silencio, con la cabeza agachada, y el dibujo apretado contra el pecho.

Bella lo comprendió entonces. Se levantó despacio, y puso suavemente una mano en la de Rumplestinstkin.

-Es...¿Es Baelfire?- Preguntó dubitativa. El señor Gold asintió, aun sin decir palabra

-Oh Rumple...- Bella se abrazó a él, y despues de unos segundos, Rumplestinstkin respondió el abrazo. Cuando se separaron, Bella aun le tenía tomado de los hombros.

-Le encontraremos. Ya lo verás.- Le dijo mirándole y animándole. El señor Gold relajó su expresión, mirando a Bella a los ojos.

-Si...Le encontraremos...-

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Maurice French decidió pasar por la casa de Rumplestinstkin para ver a su hija. No le gustaba nada que ella estuviera viviendo con un monstruo como él, pero su hija era tan cabezota que no pudo detenerla. No entendía cómo su hija podía estar tan ciega y no ver el error que cometía al estar junto a aquel ser oscuro...Junto a aquella bestia.

Iba a llamar a la puerta, pero de pronto escuchó ruidos dentro. Lo identificó como varios objetos cayendo desde una altura considerable. Incluso sonó álgo roto.

Su hija estaba en peligro. Rumplestinstkin la estaría maltratando o algo peor, se dijo a si mismo. Asi que, alarmado, placó la puerta y esta cedió, rompiéndose la cerradura, y abriéndose la puerta de golpe.

-BELLA!- Exclamó él al entrar

-¡PAPÁ!¡Aaaah!- Bella se dio tal susto que se cayó de la mesa donde estaba subida. Rumplestinstkin fue otro sobresaltado, que giró la cabeza bruscamente en dirección al intruso que los había interrumpido.

Maurice se quedó de piedra al ver la escena. Rumplestinstkin tenía la camisa a medio desabrochar, y la corbata aflojada. Miró al suelo, donde Bella se estaba escondiendo tras el mantel de la mesa

-¡PAPÁ!- Le volvió a exclamar ella -¿¡QUÉ HACES AQUÍ?!- Su voz era autoritaria.

-Bella...¿Qué..- Maurice se había quedado de piedra.

-¡SAL DE AQUÍ!- Le chilló Bella. Al señalar la puerta, el mantel que la tapaba se cayó un poco, dejando a la vista el camisón de lencería de encaje que llevaba puesto. ¡Y NO MIRES!- Gritó tapándose de nuevo con el mantel y sin salir de detras de la mesa.

Como si unos hilos lo empujaran, Maurice salió de la casa por donde había entrado. Intentó cerrar la puerta, pero la cerradura no encajaba ya en su sitio, asi que tras dos intentos fallidos, desistió y se concentró en marcharse de allí lo más rápido posible.

En cuanto se fue, Bella suspiró. Se sentó en el suelo con las manos en la cabeza. ¡¿Qué demonios acababa de pasar!?

-Pfff...- Una risita la sacó de sus pensamientos. Mirando hacia arriba, cruzó la mirada con la de Rumplestinstkin.

-Muy bonito, encima te hará gracia...- Le dijo ella. El señor Gold no respondió, sólo la tendió la mano para que se levantara.

-Ha sido una visita un tanto peculiar.- Optó por contestar él, abrazándola de la cintura. Bella frunció el ceño, y él la besó en la frente para que se relajase.

Se miraron, y a ambos les entró la risa.

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Bella estaba exhausta. Miró al techo de la sala del hospital.

El parto había sido más duro de lo que creía. Estaba agotada física y mentalmente.

Escuchó la puerta de la sala abrirse, y luego dos pasos. Supo quien era por el "toc" característico que vino despues de los dos pasos, anunciando que quien había entrado en la sala llevaba un bastón.

Bella giró la cabeza para encontrarse con que Rumplestinstkin la miraba desde la puerta, con el rostro impasible, pero los ojos llenos de preocupación.

-¿Cómo estás?- Le preguntó acercándose a su lado. Bella le dedicó una sonrisa cansada.

-Agotada...- Respondió. El señor Gold se sentó a su lado, y le dio la mano, acariciándole los nudillos de forma cariñosa.

-Mi valiente Bella...- Susurró Rumplestinstkin besándola la mano. Ella sonrió.

Entonces entró el Doctor Whale en la sala. Llevaba en sus brazos un bulto cubierto de una manta de color rosa.

-Señorita French. Aquí la tiene- Dijo tendiéndole a Bella el bulto. -Está sana y tiene el peso ideal. Felicidades.- Y volvió a dejarlos a solas.

Bella acunó a su hija en los brazos, y la destapó un poco, suficiente para verla la cara.

-Es preciosa...- Dijo embelesada. Sintió como se le formaban lágrimas de felicidad en los ojos. Rumplestinstkin tampoco podía apartar la vista del bebé.

-Es tan guapa como su madre- Comentó el señor Gold desviando la vista momentáneamente hacia Bella, quien también lo miró, con los ojos cristalinos, a punto de llorar. Él se inclinó hacia ella, y la besó. Luego se levantó del asiento y se sentó en la cama, pasando una mano por el hombro de Bella. Ambos miraron a la pequeña de nuevo.

El bebé les devolvió la mirada, y se revolvió un poco, acurrucándose en el pecho de su madre.

-Bienvenida...Annabelle-

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-¡Hola Bella!- Saludó Henry.

-Hola Henry. Recuerda que en la biblioteca no se grita.- Le recordó Bella amablemente. Henry se encogió de hombron con una pequeña sonrisa.

-Lo siento- Susurró con voz divertida. Bella rió también. Le gustaba Henry, era un niño muy simpático y amable, y le encantaba la lectura. Henry abrió la cremallera de la mochila y sacó el libro que venía a devolver.

-Oh, ¿Ya lo has terminado?- Preguntó Bella alzando las cejas.

-Si, no pude dejar de leer.- Respondió el pequeño príncipe con una sonrisa. Ambos volvieron a quedar en silencio mientras Bella guardaba el libro. Henry se quedó mirándola, inmóvil, hasta que la bibliotecaria se dio la vuelta, y al verle allí plantado ladeó la cabeza.

-Henry, ¿Ocurre algo?- Le preguntó amablemente. El chico pensó un poco, moviendo la cabeza a los lados, dubitativo, y rascándose el brazo, algo nervioso.

-B-B-Bella, ¿q-q-quieres salir hoy conmigo? Porfa, hoy es San Valentín. Porfa, di que si, porfa.- Pidió nervioso. Bella no pudo evitar reir. Ese niño era una verdadera ricura. Fue a responderle, pero una voz la interrumpió.

-Me temo muchoo joven príncipe...Que la señorita ya tiene una cita hoy...- Rumplestinstkin los miraba desde la puerta. Se acercó con paso lento hasta quedar al lado de Bella.

Henry miró al suelo decepcionado -Bueno...No importa...

Entonces Bella habló.

-¿Qué te parece si nos vamos a tomar un helado? Será nuestra cita. ¿De acuerdo?- Le dijo, y los ojos de Henry brillaron de nuevo.

-¡Claro claro!¡Que bien tengo una cita!- Exclamó contento.

-Henry en la biblioteca no se grita.

-Ups...Perdón...- Dijo el chico tapándose la boca. Salió de la biblioteca con un trote y una vez fuera, Bella pudo escucharle gritar un "YUJUUUUU!"

Rumplestinstkin la tomó de la cintura suavemente, besándola en el cuello. Bella le sonrió con picardía.

-Te has puesto celoso...- Dijo con una risita, apoyando las manos en su pecho.

-¿Yo? Por supuesto que no-

-Claro que si.- Respondió ella, y le dio un beso en los labios.

-Sólo recuerda no retrasarte, querida.- Dijo Rumplestinstkin sin cambiar el gesto impasible de su rostro. Bella se rió, y tras besarle de nuevo, salió de la biblioteca, a buscar a Henry. El señor Gold se quedó allí parado, mirando la puerta.

Tendría que andarse con ojo con el joven príncipe

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-A dormir.- Bella puso los brazos en jarras. Annabelle sacudió la cabeza y se agarró más fuerte a su conejo de peluche

-Noooo pooodfiii mamiiii- Pidió haciendo un puchero. Aun no le habían salido todos los dientes y no hablaba bien, pero su tono era tan risueño y encantador que todo el pueblo de Storybrooke se derretía al oirla.

-Te he dejado ya 10 minutos mas. Toca dormir.

-Poddfaaaaa...Hgamoz un tdatoo! Ci..Ci...- La pequeña abrió la boca pensando qué podría decirle a su madre. Rumplestinstkin, desde el salón, giró la cabeza al oir a su hija proponer un trato, y sonrió orgulloso. Bella por su parte, enarcó una ceja, esperando a ver qué se le ocurría a su hija.

-¡Ya ze! doz "cu-cu" maz...yyy mañana decojo yo zolita miz juguetez!- los "cu-cu" a los que se refería Annabelle eran los "cu-cu" del reloj del salón, que le había regalado Marco por su nacimiento y que tanto le gustaba.

-No hay trato. Andando.- Y negándose en rotundo Bella cogió a Annabelle como un saco de patatas y se la colgó al hombro

-¡Nooooo!¡No quiedo dodmiiiiid!¡Paaaapiiiii!- Pidió ayuda la pequeña al ver que su trato no había funcionado. Rumplestinstkin pasó distraido otra hoja del periódico.

-Sigue practicando cariño, ese trato era muy pobre.- Dijo con una risilla. Aun tenía que mejorar, pero lo llevaba en la sangre

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Continuará

Espero que os haya gustado! Y mil gracias por todas las reviews, sois super amables, y realmente lo agradezco :)

Besitos

Darkii