Disclaimer.- Nada de lo que ven aquí me pertenece, todo es de JK Rowling.

Agradecimientos.- lucero08, sealiah, Fergie Granger, Tatiana-chan y hp-black las adoro, de verdad.

Nota Importante.- Este fic no va a tener demasiados capítulos, no más de diez, de hecho menos. Es una historia corta, pero espero que les agrade ^0^


Capítulo 2

Guardia

El silencio incómodo se vio roto por el tenedor al caer al suelo. Se agachó con cuidado a recogerlo, pero los criados fueron más rápidos y lo levantaron por ella, con una sonrisa en sus bocas. Lo llevaron a la cocina y trajeron uno nuevo, y ella lo agradeció en silencio.

- ¿El color de los detalles será el oro, señorita?- Fijó la vista en la dama que estaba junto a ella.

- Eh… ajá.- Contestó, sin mucho entusiasmo. Lo único que quería era que ese asunto de la boda quedara olvidado pronto. Se metió una cucharada de fruta con miel en la boca y masticó con lentitud; así no tendría que contestar si le preguntaban cualquier otra cosa.

- ¿Está usted de acuerdo, joven Weasley?- Preguntó, mirando al pelirrojo que desayunaba del otro lado de la mesa.

- Sí, lo que ella diga está bien.- Y se zampó otra pieza de pollo en la boca.

Hermione miró a su nana, Minerva. Sonrió cuando recorrió con disimulo su moño apretado y la mirada dura detrás de las gafas de montura cuadrada, desarrugando con movimientos bruscos su vestido de seda verde, mientras veía los modales de su amigo al comer. No, su prometido. Soltó un suspiro, recordando el tema de conversación. Se casaba. No, no se casaba. La casaban.

Y la casaban con Ronald Weasley, su amigo de la infancia, su casi-hermano, su protector. El chico que temía a las arañas aun a sus veinte años, que era algunos meses más joven que ella y que la conocía de toda la vida. Y no quería.

Pero así había sido arreglado. Por supuesto, lo prefería a él sobre la opción de algún viejo conde o un rey desconocido de alguna tierra lejana, pero seguía sin parecerle correcto. Pero su padre así lo había querido, y ella no tenía a nadie a quien traicionar con ello. Al ser parte de la burguesía, sus relaciones se limitaban a tratar de congeniar con la nobleza.

No entendía demasiado del por qué del repentino casamiento, pero su padre había explicado que la familia Weasley quería tomar parte en el mercado de la joyería, en el que su propia familia estaba muy bien posicionada, así que un enlace matrimonial les vendría como anillo al dedo a las dos familias. Una tendría a su disposición los contactos mercantiles y la otra tendría el prestigio y los roces con la nobleza que había buscado desde hacía tiempo.

- ¡Hermione!- La voz de Ron le despertó de su ensimismamiento. Parpadeó un par de veces y dejó de divagar.

- Disculpa, ¿me decías?- Alejó su plato y los sirvientes se apresuraron a traer el café y la repostería.

- Sí, te estaba comentando que hoy tu padre quiere que te mantengas en el castillo todo el día, pues va a elegir una nueva guardia y va a haber mucha gente. Además que el jardín estará ocupado, y últimamente es tu lugar favorito.

- ¿Nueva guardia?- Preguntó, con curiosidad. Su padre no había cambiado de guardia en los últimos cinco años, por lo que se le hacía extraño que lo hiciera tan de repente.

- De hecho, es para mí y para ti el día de la boda. Como… precaución extra.- Dijo, con incomodidad. También para él era un tema extraño hablar de una boda con su mejor amiga.- Desde hoy y hasta la ceremonia. De ahí en más… ya veremos.

- Perfecto…- Susurró, llevándose con delicadeza una mano a la cara, con una mueca. Ron soltó una risita y se levantó.

- Nos veremos para comer, si es posible.- Rodeó la mesa y ella le extendió su mano por costumbre en cuanto estuvo a su lado. Él la besó y desapareció tras la puerta.

Terminó sin prisa su café, mirando con ojos vacíos hacia el infinito. Hacía algunos días que Ron había ido de visita al pequeño castillo de la familia Granger. Comía siempre con ella y después se iba a recorrer el castillo o el pueblo que serpenteaba colina abajo. Ella contadas veces bajaba ahí, su padre no lo permitía, pero cuando lo hacía, una bandada de sirvientes le acompañaba. Era una cosa que detestaba a tal punto que había renunciado a sus paseos por el pueblo.

Y ahora sería la esposa del próximo conde de Northsville. Genial, si como hija de un comerciante acaudalado no podía mover un dedo, como esposa de un importante noble tendría la misma libertad que un gato en una jaula.

Se levantó de la silla con delicadeza y dio repetidamente las gracias a los sirvientes. Éstos solo le sonrieron y Minerva la acompañó mientras salía del comedor.

- ¿Tiene planes para hoy, señorita?- Preguntó la mujer de gafas cuadradas. Algo escondido entre los matices de la voz le hizo asentir con la cabeza.

- No se preocupe, profesora McGonagall.- ¿Había olvidado decirlo? También era su profesora, a pesar de que eran tiempos donde el buen gusto de las mujeres consistía en no saber casi nada y solo aceptar lo que les dijeran. Sin embargo, había convencido a su padre de que quería aprender, y él no se había negado.- Estaré un rato en la biblioteca y después regresaré para comer.

La mujer sonrió tenuemente y adivinó que la elección de la guardia había arruinado los planes de la joven.

- Estaré en las cocinas si me necesita.- Comentó y Hermione asintió y la dejó atrás para adentrarse en la amplia biblioteca.


Observó a su oponente. Lo miraba con superioridad y caminaba ufano hacia el centro de la pista. Él no se inmutó y su cara no mostró expresión alguna. Sujetó su espada con fuerza y la desenvainó cuando llegó el momento. Una pequeña reverencia de ambos y en seguida comenzó el duelo.

Así como los otros cuatro antes de aquel, no duró mucho más de dos minutos. Los movimientos rápidos y certeros de Draco terminaron por desarmarlo. El rubio se movía con elegancia por la improvisada pista que habían montado, como si conociera cada centímetro desde siempre, y su espada de mango negro y plateado sonaba con fuerza cuando chocaba contra el metal débil de su oponente.

Con un último movimiento, creó una entrada directamente al cuello de su oponente, que dejó caer la espada, vencido. Lo miró unos instantes y retiró la suya, larga y magnificente. La enfundó de nuevo y le dio la espalda al perdedor, alejándose de la pelea entre aplausos.

Un repentino silencio llenó el lugar cuando una joven de rizos castaños enfundada en un precioso vestido azul marino llegó al jardín donde celebraban las peleas para determinar la nueva guardia. El señor Granger se levantó de la silla desde donde observaba y se acercó a ella. El joven Malfoy solo observaba con atención los movimientos de la chica, que parecía pedir algo a su padre.

Así que esa era Lady Hermione. Bonita, sin duda. Tal vez las facciones demasiado infantiles, pero no le quitaba lo bonita. La chica desplegó una gran y feliz sonrisa, y después siguió a su padre al estrado, donde los sirvientes le acomodaron una silla junto a Weasley.

Desvió la mirada cuando los ojos marrones veteados de dorado de la chica lo miraron. Tenían la curiosidad desbordándose. Era normal, de esas peleas saldría su nueva guardia. Alzó la vita cuando gritaron su nombre de nuevo y apretó el mango de su espada. Caminó con elegancia y volvió a pelear, y a ganar. Se desenvolvía en las batallas tan bien como un niño en un parque de juegos; eran simplemente su vida.

Lo que no esperaba, era que Hermione lo notara.

- ¿Quién es él?- Preguntó la joven, mirando a su padre y luego a Ron.

- Draco Malfoy.- Contestó este último, mientras observaban como el rubio lanzaba estocadas certeras al su oponente.- Un huérfano de la provincia del norte, según la información que tenemos. Tiene solo veintidós años, pero sabe manejar la espada mejor que muchos hombres de mayor edad. Todo un prodigio.

- Puedo notarlo.- Confirmó la castaña, observando la firmeza y elegancia de los golpes. La espada negra se batía con sobriedad contra la otra, con golpes definidos y fuertes. Se le veía divertido mientras colocaba los golpes, disfrutaba de hacerlo. De vez en cuando atacaba algún punto abierto de la defensa del contrario, pero la hoja de su espada nunca llegaba a tocar la piel.- Que gran control… llegar a intimidar sin siquiera hacerles un rasguño.

- Ahí va tu parte filosófica.- Comentó su padre, lanzando una sonrisa, pero sin despegar la vista de la pista donde Malfoy acababa de quitarle la espada a su enemigo y le apuntaba al pecho.

- De algún lado la habré heredado.- Contestó alegremente la chica, mirando de nuevo hacia la pista. Ahí, sus ojos chocaron con unos grises que la escudriñaban atentamente, sin dejarla desviar la vista.

El joven la miró un rato con frialdad, sin pudor alguno. Un pequeño sonrojo se asentó en las mejillas de la castaña, sin ninguna razón más que la intensa mirada del rubio; la incomodaba y la hacía sentir inquieta, pero al mismo tiempo quería develar ese halo de misterio que lo rodeaba, sobretodo a sus ojos grises.

Ron fue el culpable de que Malfoy la dejara de mirar, al pronunciar su nombre.

- …co Malfoy será el encargado de la nueva guardia, que se dividirá en dos, para proteger a mí prometida, aquí presente.- la voz atronadora y autoritaria no pegaba mucho con la imagen que tenía de él, pero ¿qué se le iba a hacer? No siempre podía ser el amigable y olvidadizo Ron Weasley que jugaba con ella a las escondidas.

Un murmullo avanzó entre los hombres, todos parecían querer comentar algo. Todos, menos Draco, que permanecía impasible ante la noticia. "Seguramente ya lo había estado esperando… engreído." Pensó Hermione, frunciendo un poco el seño.

Escuchó a Ron dar algunos anuncios más, poco importantes, y poco después, todos los que no habían sido elegidos se habían marchado. Al frente del grupo restante, estaba Malfoy, con una pose despreocupada, son sus botas negras que escondían el final de sus pantalones cafés. El chaleco lo tenía en el brazo, doblado perfectamente, y su camisa blanca no tenía ni una sola arruga.

Frunció el seño. Era… guapo. Demasiado guapo. Podría decirse que perfecto, y eso era precisamente lo que le daba mala espina. Siempre todos tendrían algún defecto, invariablemente. Al escudriñarlo de nuevo, en busca de cualquier imperfección, se llevó un chasco, pues no la encontró.

- Seguramente será un patán.- Susurró para sí misma, mientras esperaba un poco alejada que Ron y su padre arreglaran los asuntos pendientes.

Mientras Hermione refunfuñaba para sus adentros, Draco hacía girar con prodigiosa habilidad su espada entre sus dedos. Ya había hablado con Weasley y le había dicho todo lo que debía saber. Tal vez si supiera que estaba por meter al castillo al próximo asesino de su futura esposa, se lo hubiera pensado dos veces.

La miró a lo lejos, del brazo del pelirrojo, platicando animadamente. Tenía solo diecinueve años y ya se iba a casar. Vaya cosa. No es que fuera muy raro ver a las jóvenes casarse antes de los veinte, de hecho, era de lo más común, pero a él nunca le había agradado demasiado la idea. El amor y esas cosas… ¡Bah! Solo te hacen cometer tonterías.

Enfundó su espada y caminó en dirección contraria. La abordaría pronto, no tenía que divagar de esa forma.

Y sin embargo, no pudo resistir la pequeña tentación de mirar sobre su hombro para verla desaparecer por la puerta del castillo.


¡Hola! Je, muchísimas gracias por los reviews del capi anterior, se los agradezco de verdad. Me dieron ánimos para continuar la historia, ahora que por fin tengo tiempo. Espero actualizar rápido, pero no prometo nada porque me voy de vacaciones y no sé si tendré Internet por unos días. Pero haré lo que esté en mi mano. En fin, éste capi era más explicativo que otra cosa, así que no está muy emocionante, pero da pie a los encuentros que habrá más adelante.

Espero que les haya gustado, y dejen un reviewsito pequeñito. ¡Ah! Y si quieren cooperar con la ensalada de mañana, también sería bienvenido.

¡Bye, bye!