¡Hola! Espero que hayan estado bien. Agradezco a Sedata por comentar.

Traigo el segundo capítulo. No aseguro que el tercero sea el final, es más, sospecho que serán cuatro o cinco, pero no deseo que sea una historia larga en verdad.

Bien, ¡empecemos!


Batalla inesperada.

Unos días habían transcurrido luego de las posesiones que Reptile sufrió por parte de Sardian. En Outworld las posturas eran cuánto menos recelosas, ya que los miembros del consejo no veían a Baraka o Mileena desde que se marcharon del antiguo palacio.

En esos días, Andrae permaneció en Outworld, comentando que sentía algunos chis extraños en la zona, explicando que todos debían vivir, por ende, él tenía que protegerlos; en eso, Daisy—quién también se quedó allí—le dijo que ella se podría quedar, en tanto él podría buscar a esos extraños seres que aquejaban no sólo la calma de él, sino la de ella también. Allí, D'Vorah intervino en la conversación, preguntando si podría acompañar a Andrae, recibiendo una respuesta afirmativa y algo indiferente de la rubia, la cual se mostraba algo cansada de la actitud de la kritiin con el humano.

Andrae mencionó que marcharían ahora mismo, quedándose Daisy a cargo del consejo. Sin perder tiempo, el samurái y la kritiin se fueron, dejando a la rubia junto a los seres de distintas razas en Outworld. Ella ya conocía a la gran mayoría de ellos, con excepción de los centauros, que no han tenido trato alguno con ella, quien saludó amistosamente a los hermanos. Sentándose en dónde una vez estuvo el trono de Shao Kahn, ella notó que las paredes de su reino estaban decoradas con cortinas rojas y púrpuras, con demasiadas columnas simples que mantenían la estructura del lugar; la chica se mostraba muy asqueada por la decoración, dando algunos consejos de cómo mejorarla. Recomendó sacar los cráneos de las columnas, pudiendo dejar las cortinas con algún agregado de decoración, dejando un poco sorprendidos a los seres de otras especies, quienes pensaban como estarían sus amigos tarkatanos.

Por su parte, Daisy se cambió su ropa casual por un traje militar verde, dónde dejaba su ombligo al descubierto.


Andrae salió rápidamente junto a D'Vorah. El samurái pensó que volando se ahorraría muchas molestias; al poder volar a un ritmo moderado, ambos surcaron los cielos, mirando desde allí como se manejaban los habitantes de Outworld, los dos dialogaban un poco sobre la situación actual. Él mostraba una extraña seriedad con ella, quien se animó a preguntarle porque no opinó en lo absoluto sobre su compañía o no; él aclaró que esas esencias son demasiado poderosas y no deseaba exponerla a algún peligro; aunque ella replicó que podía defenderse sola, algo molesta; él esbozó una risilla tenue, descendiendo luego a toda velocidad, la mujer insecto se apuró al notar que su "amigo" le estaba ganando en velocidad, descendiendo con bastante velocidad, siendo en vano, ya que él descendió mucho más rápido que ella. Algo enojada por perder siempre, bufó que algún día le ganaría en una de esas carreras en picada, él le deseó buena suerte en burla.

Ambos habían descendido hacia la entrada a las montañas dónde los tarkatanos vivían; entrando allí, los tarkatanos con sólo ver al humano se escondieron en sus chozas de paja y madera. Un poco serio, Andrae preguntó por Baraka y Mileena, a lo que recibió la respuesta de un tarktano llamado Sodner, quién le desafió a luchar, sacando dos cuchillas que su rival reconoció como bastante pequeñas; otro tarkatano apareció en el aire, listo para clavarle dos cuchillas de Andrae, que desenfundó una de sus espadas para pararlo, así le aplicaría una llave que lo envió a volar contra Sodner. Éste se llamó Sarcox, decidido a luchar contra el humano, que mencionó utilizar una de dos espadas, ya que ninguno de estos valía lo suficiente como para usar ambas. Si bien esto enfureció a los tarkatanos, decidieron luchar con todo.

Por su parte, D'Vorah sacó sus aguijones, por si alguien más deseaba ayudar a los tarkatanos, que solamente observaron como dos de los más débiles eran los únicos que le hacían algo de frente al samurái.

El hombre de cabello oscuro solamente bloqueaba ataques de las dos bestias, buscando dejar algún hueco con el cuál noquearlos, siendo que no tenía intención de matarlos. El samurái rápidamente encontró huecos que dejaban los novatos al concentrarse en atacar y no defender, recibiendo estos un par de golpes que los dejaron en el suelo.

—No intenten levantarse; no deseo lastimarlos.

—¡Mataste a uno de los nuestros, samurái! ¡No permitiremos qué mates a alguien más!

Sarcox se levantó lleno de furia, intentando acertarle un golpe al samurái, haciéndole una llave de brazo para calmarlo; Sodner intentó atacarlo también, utilizando el samurái otra llave de brazo para mantenerlos calmados. Allí, él preguntó por la ubicación de Baraka y Mileena, contestando estos que no sabían nada sobre ellos desde que él estuvo allí la última vez; ellos comentaron que fueron a hacer un viaje a algún lugar, sin saber más. A pesar de apretar un poco más sus brazos, el samurái los dejó, ya que estaban diciéndole la verdad. Él le comentó a D'Vorah que utilice sus insectos, mientras él intentaba detectar su chi vía meditación.

Los tarkatanos simplemente observaban a la pareja trabajar en equipo: mientras ella enviaba insectos a todo pulmón, él utilizaba su meditación intentando encontrar a los tarkatanos en Outworld, siendo en vano. Al pasar un rato, la mujer recibió toda la comunicación de los insectos, diciéndole al samurái que no estaban en ninguna parte de Outworld.

Los tarkatanos se alertaron, aunque el samurái los calmó, alegando que él se encargaría de encontrarlos y traerlos sanos y salvos, mencionando que eran importantes vivos, mas no muertos.

Tanto Andrae como D'Vorah dejaron en silencio el lugar, preguntándole él a ella si quería acompañarlo a la Tierra, siendo que en Outworld no estaban; ella aceptó, decidiendo acompañarle. Él mencionó que sintió sus esencias en un mundo el cual nunca estuvo: El Reino Onírico.

—¡Andrae, es una locura! No lo valen tanto, ¿o crees qué lo valen?

—La verdad que no, pero si Magnus los puso allí es porque son los únicos tarkatanos que tenemos de aliados; debo reconocer que fue inteligente al ayudarlos—respondió él—. El Reino Onírico es un mundo del universo dónde nuestros temores se muestran allí. Recuerdo cuándo Rain luchó contra Liu Kang, mostrando a Kitana ahí.

—Sí, lo recuerdo bien...—murmuró ella—…, temía que me enviarán a luchar allí, sin embargo, ¿no existe la posibilidad qué estén en Edenia?

—Eso es imposible: Edenia pertenece a Outworld aún. La única opción de no ser este lugar es...

D'Vorah le interrumpió, recibiendo un mensaje de una avispa que se posó en la mano izquierda de esta, ella se puso a hablar con el invertebrado, recibiendo una información valiosa. D'Vorah le dijo a Andrae que ellos estaban efectivamente en Edenia, sorprendiendo al hombre de cabello oscuro, que le sorprendió escuchar esto, cruzando sus brazos para expresar grandes dudas sobre esta repentina aparición, siendo que él no los había logrado sentir allá previamente. D'Vorah le animó a ir allá y buscarlos por todos los reinos de ser necesarios, aceptando él algo dudoso.

Ambos se tomaron de las manos, desapareciendo de las afueras de los yermos tarkatanos en un instante.


Daisy se encontraba sentada en el trono de Shao Kahn, mientras los demás integrantes del Consejo le preguntaban distintas cosas, como si ella era más fuerte que Andrae o no, o como pudo ser tan amable con los padres de Baraka y Taven, explicándoles ella que tanto Andrae como D'Vorah y la propia Daisy descubrieron esto previamente por mero accidente—obviando que Shinnok les mostró todo esto—, desconocían todo el asunto de los sueños de Reptile y Baraka, ya que veían poco y nada al saurio en la Tierra. Si bien las preguntas en su gran mayoría no eran gran cosa, algo perturbaba a Daisy... Algo que se estaba acercando muy rápidamente detrás de uno de los integrantes del Consejo.

Ella lo detectó, dándole una patada a Kintaro para correrlo de su silla, cayendo el shokan al suelo, para partirse en dos automáticamente el objeto. Allí se logró ver una catana clavada a la silla de madera, que era sostenida por un hombre parcialmente desconocido para la joven Daisy, quien se preparó para el combate.

Este hombre tenía una chaqueta con una banda amarilla que cruzaba su pecho desde su hombro izquierdo hasta la parte derecha de su cadera; en su cadera utilizaba otro cinto amarillo que servía para sostener unos ajustados pantalones ajustados color gris oscuro, donde colocaba algunas kunais y pequeñas dagas para utilizar en casos necesarios. Su espada parecía tener algunas grietas, causando algo de sorpresa en la muchacha.

El hombre en cuestión tenía la mitad derecha de su rostro totalmente quemada, con su ojo inservible y sin cabello en su cabeza; su lado izquierdo creaba una "corona de picas" como cabello, con un ojo azul y una mirada totalmente fuera de sí, como si de un demente se tratase.

—Vaya, vaya—mencionó él, tomando su arma con suma tranquilidad, lamiendo la poca sangre que logró sacarle a Kintaro—, así que lograste detectarme, ¿eh? Felicitaciones, pues ahora tendré un entretenimiento previo a cercenar sus cuerpos—comentó, con una leve risa tenebrosa.

—¿Quién eres, extraño?—preguntó la rubia, sacando las espadas de sus estuches colocados en la espalda de ella.

—¿Acaso tu noviecito no te dijo quién era en su diario? Vaya, pero si él me odiaba demasiado, ¿no es así, pequeña Daisy?

La mujer se quedó observándolo fijamente unos momentos, hasta que recordó las descripciones realizadas por su amado en aquél diario. Ella solo llegó a decir una sola palabra antes que él salte hacia ella dispuesto a matarla.

—¿Takeda? —preguntó con bastante sorpresa.

Daisy comenzó a luchar contra aquel extraño hombre. El resto se sintió bastante confundido por la situación, sobre todo, cuando escucharon que ella pareció reconocerlo. El hombre comenzó a girar su espada como si fuese una hélice, intentando rebanar a la chica vanamente, que se limitaba a esquivar de momento.

Daisy usó sus armas para cortar a Takeda, ya que lo necesitaba vivo para hacerle unas preguntas, aunque este lograba esquivarla con cierta dificultad. La rubia sabía dónde golpearlo, ya que sus debilidades fueron expuestas en el diario de su amado, quien le advirtió lo peligroso que podría llegar a ser gracias a su locura. Ella arrojaba algunos rayos de energía con mucho cuidado, ya que estaban presentes bastantes aliados de esta, cosa que el espadachín logró detectar.

Si bien Takeda era fuerte, él notó que no era rival alguno para Daisy, ya que logró reconocer cómo y cuándo se contenían sus enemigos desde que conoció a la bestia de nombre Agronomator.

El samurái utilizó una bomba de humo, lo suficientemente efectiva como para hacerle perder a Daisy su rastro por unos segundos, aprovechados por el espadachín para atacar a uno de los miembros del Consejo; la humana intentó salvarla, sin embargo, alguien se interpuso, empujándola para que la catana del espadachín no lograse matarla, cortando su par de brazos derechos sin mucha dificultad.

—¡KINTARO!

El grito de la centauride Hylonome se oyó por todo el lugar. A fin de cuentas, de no ser por su amigo, ella hubiese sido partida en dos por la espada del samurái, que intentó cercenarla, siendo detenido esta vez por las manos de la muchacha, que logró quitarle la espada y clavarla en una pared al arrojarla con suma velocidad, para darle un tremendo rodillazo en su ombligo, cayendo estrepitosamente de rodillas al suelo, recibiendo un violento puñetazo de la rubia en la boca, haciéndole escupir sangre.

En tanto, Kintaro perdía demasiada sangre por las heridas causadas por Takeda; para su suerte, Chirion logró cerrar las heridas con un pequeño haz de energía calórica. Luego, el resto se acercó para ayudarle a levantarse, decidiendo escapar de allí para dejar a Daisy con el espadachín, que se había reincorporado al combate, recuperando su espada y usándola a diestra y siniestra, mientras la chica lograba sacárselo de encima gracias a su destreza, asestándole algunos golpes cargados con energía, afectándole levemente a su enemigo, que tomó su espada, lamiéndola, mencionando cuán deliciosa era la sangre de un shokan inútil, el cual fue asesinado en su universo por Sonya Blade, causándole un gran shock al shokan, que logró oír todo a la par que se retiraba junto al resto, que se esforzaba en cargarlo por su gran peso—a excepción de los centauros, quienes cubrían al resto con sus arcos y flechas listos para usar—. Sin embargo, el espadachín usó su telequinesis, moviendo una columna, que fue arrojada a los miembros del Consejo, quedando todos inconscientes.

Takeda comenzó a pronunciar un extraño conjuro, causando un extraño temblor en el lugar. Si bien Daisy deseaba con todo su ser que el castillo fuese destruido, sus aliados estaban allí, teniendo como prioridad mantenerlos con vida. Al terminar de balbucear esas extrañas palabras, el extraño hombre emitió una macabra y sonora risa, apuntando su espada al techo, que expulsó un rayo rojo tan potente que destruyó el castillo casi al instante. Pero ese instante que Daisy pudo utilizar para salvar a sus aliados. Y ese instante, Takeda logró su cometido.

En dónde debían estar unos restos de concreto aplastando a los inconscientes miembros del Consejo, se hallaba un extraño y hermoso ser. Un extraño fénix humanoide, color blanco; con dos patas de su especie, una cola protegida por plumas y un hocico color dorado con ojos azules se encontraba allí. Lo que más impresionó al humano fue las tres hileras de plumas que descendían desde la parte trasera de su cabeza hasta su cola, simulando ser unas trenzas. Además, notó que la ropa de la mujer estaba hecha arrapos en el suelo, teniendo una idea algo perversa que descartó de momento.

Daisy estaba utilizando su Animality, y si bien no se sentía del todo cómoda con dicha transformación, sintió que era necesaria para detener a ese loco de manera rápida y efectiva. La muchacha emprendió un vuelo rápido con sus alas, embistiendo violentamente a su enemigo, que salió disparado hacia un árbol cercano, destrozando el árbol. Mientras este se levantaba, él logró ver como la mujer estaba volando por los aires, cargando un potente rayo de luz con sus manos. Él sólo llegó a tomar su espada y cubrirse, porque la técnica de la mujer le llegó al instante.

—¡Phoenix Nebula!

Un potente rayo de energía de múltiples colores salió disparado hacia el tuerto, que sólo llegó a cubrirse para no ser evaporado, aunque quedó lleno de heridas y bastante demacrado.

Daisy—aun en su Animality— intentó acercarse al muchacho, apareciendo un repentino portal con un extraño ser parecido a un minotauro, tomando al espadachín para llevárselo, ante la estupefacta mirada del ave, que ni siquiera trató de capturarlo.

Al desaparecer el portal, Daisy decidió hablar con su espíritu animal, Alma, quién respondió amablemente a la conversación.

—¿Podemos mantener la transformación un rato más, Alma? No quiero que nadie de aquí me vea desnuda—se sinceró la voz de la rubia, la voz de Alma asintió, alegando que lo mejor era ir a conseguir algo en algún mercado de Outworld hasta volver a la Tierra.


Baraka y Mileena decidieron marcharse luego que Andrae y D'Vorah se fueran aquel día donde aquella verdad incómoda y dolorosa para ambos salió a la luz. Tanto él como ella tenían motivos como para sentirse desconcertados, asqueados y enojados con muchos, pero sobre todo consigo mismos.

Por el lado de Baraka, su culpa al ayudar en la destrucción de lo que en realidad era su reino, le llenaba de asco y dolor, siendo que él mismo se encargó de matar a cuánto edeniano se cruzase en su camino, todo para seguir las ideas de alguien que consideraba invencible. Ello le llevó a cometer terribles pecados y atrocidades que le carcomían el alma desde que Kahn desapareció por mano de los Elder Gods; todo esto seguía siendo conflictivo, aunque ahora ese dolor lo estaba volviendo un poco paranoico, ya que su idea de ir a Edenia a enmendar las cosas podría ser un error.

En tanto, Mileena no hizo atrocidades contra los edenianos, aunque deseaba saber sobre su madre y la historia de estos. Si bien pensó que podría esperar al retorno de Magnus o buscar a los Elder Gods, decidió acompañar a su pareja con la intención que este calmase un poco la gran culpa que le agobiaba.

El viaje duró unos días, ya que Edenia estaba bastante lejos de los yermos, decidiendo ir por un camino donde nadie pudiese reconocerles, utilizando unas túnicas marrones para escabullirse. En algunos momentos algunos bandidos intentaron atracarlos en vano, terminando muertos y, en alguno que otro caso, con algunos miembros desmembrados para alimentarse los tarkatanos en el camino. Cuando llegaron, no pudieron comprender que había ocurrido con Edenia en realidad.

La última vez que Baraka estuvo allí—puesto que Mileena jamás piso su reino de origen—, era un terreno árido, muerto y lleno de castillos y casas totalmente destruidas. Él pensó haber masacrado a la resistencia edeniana, gracias a las indicaciones de Rain, quien sirvió bastante bien al Emperador Kahn en su momento, desconociendo quién lo mató y cómo pudo hacerlo—aunque una sospecha guardaba—. Ahora Edenia era una cosa totalmente diferente: el reino recuperó su color y esplendor en un plazo de cinco años, logrando ver como estaban reconstruyendo aquellas casas y castillos con minerales que el tarkatano no logró identificar, pero sospechó que estos tenían que ser mucho más resistentes que los utilizados en el pasado por estos, debido a la facilidad que Kahn tuvo para destruirlos. La flora también estaba siendo bastante restaurada, logrando ver pequeños árboles creciendo con un palo enterrado a su lado y atándolos mutuamente, para que así crezcan de manera adecuada.

Dejando de lado las reconstrucciones de su reino, los dos se dispusieron a encontrar a alguien para preguntarles quien mandaba allí. Estos encontraron, increíblemente, a un saurio color verde lima muy parecido a Reptile; al ser preguntado sobre esto, él contestó tener cuatro amos, de los cuáles uno había desaparecido hace años. Escuchar esos nombres tanto para Baraka como Mileena fue totalmente hilarante como sorprendente.

—¡¿Cómo qué tus amos se llaman Amur, Malena, Argadhek y Sardian?! ¡¿De qué rayos hablas, extraño saurio?!—exclamó un tarkatano que no pudo esconder la impresión que le dio escuchar esos nombres.

—En primer lugar, mi nombre es Sindoz; y en segundo lugar, ¿cuál es el problema, extraño?—preguntó, pidiéndole calma al tarkatano encubierto.

—Conozco a los cuatro—mencionó en voz baja.

El saurio cuanto menos sintió impresión por lo mencionado, preguntándole cómo es que conocía a aquellos cuatro guerreros, causando más ganas de saber del saurio, que decidió interrogar al tarkatano sobre estos. Si bien Baraka no deseaba extenderse mucho, mencionó conocerlos del Consejo en Outworld; el saurio se alegró, comentando que admiraba mucho a los integrantes de aquel lugar, especialmente a Baraka y Mileena, ya que ellos son la prueba viviente que nunca era tarde para reformarse.

Las palabras del saurio causaron un efecto en ambos, quienes se miraron algo sorprendidos. Ellos pensaban que eran odiados en aquel reino, encontrándose que tenían un admirador. De manera amable y misteriosa, le pidieron si podría acompañarles por el reino, mostrándose deseosos de conocer aquella región de Outworld. Gustoso, el joven saurio accedió, indicándoles estar detrás de él.

Mientras la pareja tarkatana lograba mantenerse en el anonimato con el joven, este les comentó como fue que su reino logró regenerarse, gracias a la ayuda de sus amos saurios y el pacto que hicieron en el pasado con Amur, el líder de los Ermac, ante aquella explicación, estos preguntaron quiénes eran los Ermac en realidad, al desconocer sus identidades.

El saurio les comentó sobre las novecienta noventa y nueve almas que componían a Ermac junto a Jerrod, siendo estos separados al suicidarse Jerrod para no matar a su hija Kitana; lo que Jerrod desconocía era que "el amo Sardian" pactó un trato en secreto con estas almas restantes, ofreciéndoles nuevos cuerpos con la promesa de servirles a este y su reencarnación humana cuyo nombre desconocía. Luego, estos fueron a Edenia, aliándose a los saurios para reconstruir su reino, decidiendo formar construcciones mucho más resistentes que las anteriores, gracias a las vastas minas de corindón y topacio, dos minerales bastante resistentes como para poder resistir los embates de cualquiera que intente acercárseles con malas intenciones.

Sin embargo, el peligro se estaba acercando a ellos de forma bastante silenciosa y letal...


D'Vorah y Andrae arribaron a Edenia, buscando directamente a alguno de los Ermac, con la intención de descubrir el paradero de Mileena y Baraka. La velocidad del samurái sirvió lo suficiente como para encontrar en uno de los castillos a uno de ellos, cuyo nombre era Muta'al, un hombre de tez negra y extrañamente muy alto, de casi dos metros y medio y una calva prominente. El hombre le preguntó al samurái que hacía allí, explicándole el motivo sin muchos reparos. Muta'al se impresionó un poco, tocándose su mentón libre de vello facial, preguntándose si tendría que ver sobre sus verdaderos orígenes; esto hubiese impresionado al samurái de no saber sobre la conexión de los Ermac previamente contada por Amur. Si bien el hombre desconocía la ubicación de la pareja, mencionó que seguramente debieron encontrarse a algún saurio, así que lo mejor era buscar a los saurios, y por ello pidió a los demás miembros de los Ermac—a excepción de Amur—que buscasen a todos los saurios del reino. Antes de irse, Andrae le recomendó avisarle a Amur que estaban aquí y venga cuánto antes con todo el Escuadrón Ninja y traer buenos aliados de ser necesario; esto causó cierto temor en el robusto hombre, preguntándole porque pedía esto de manera repentina. El samurái sólo contestó de espaldas antes de irse algo que aterró al hombre.

—Presiento que algo muy malo pasará. Es mejor estar prevenido.

El samurái salió casi en completo silencio, seguido por una extrañada D'Vorah, consternada por la extraña actitud de su amado, quien no dejaba de tener sus manos tomadas de sus espadas, listas para desenfundarlas en cualquier momento, en tanto, la kritiin se contactó telepáticamente con algunos insectos del lugar, preguntándoles si vieron a dos tarkatanos por la zona acompañados de alguien. En cuestión de algunos minutos, una libélula se posó en la mano derecha de la kritiin, hablando con ella algo que el samurái no comprendió, siguiendo su marcha en silencio; D'Vorah lo detuvo, gritándole que ya sabía dónde estaban tanto Baraka como Mileena y debían apurarse, porque alguien estaba cerca de allí. Alguien que asustó a todos sus insectos con su sola presencia. Andrae cargó a su compañera con sus brazos, corriendo a toda velocidad por donde ella le indicara, llegando rápidamente al lugar, encontrándose solamente con un saurio, Baraka y Mileena—vestidos con una túnica para no ser reconocidos—; Andrae soltó a D'Vorah, acercándose a los tarkatanos y al saurio, cuestionándole a la pareja por su repentina desaparición. El saurio no toleró mucho la actitud altanera del samurái, a quien le pidió amablemente si podía explicarse correctamente, entonces él tomó las túnicas, quitándolas de los cuerpos de la pareja, delatando sus identidades ante el joven saurio, que se desmayó de la impresión.

Tanto Baraka como Mileena se enfurecieron con el samurái, cuestionándole su accionar, él solo contestó que estaba velando por la seguridad de estos, quienes claramente estaban aún abrumados por la situación presentada unos días atrás. Andrae mostró bastante comprensión en el asunto, comentando que a él también le sorprendió descubrir esto y muchas cosas más, causando incredulidad en los tarkatanos, quienes pidieron una explicación. El samurái les contó que Shinnok le había dicho la verdad a él, Daisy, Rita, Smoke, Nightwof y D'Vorah—que se ganó unas miradas muy poco amigables de sus aliados—, confesando luego que nunca supo cómo decirles ello, aunque él y Daisy pensaron que lo mejor sería encontrar a Taven y Delia, prepararlos para la situación y pensar que ellos se lo tomarían lo mejor posible; allí, el humano confesó que no esperaba tan buena reacción de estos, sino que esperaba un intento de estos por atacar a los edenianos, Baraka negó, confesando haber sentido algo de alivio al saber que Buttlar no era su hermano biológico, dándole la pauta necesaria para matarle en cuánto lo encontrase, siendo que le causó muchos problemas; Mileena confesó sentir felicidad cuándo descubrió que Shao era su padre, mas sintió asco al saber que Sindel y Kitana eran su madre y hermana respectivamente, ya que las odiaba por haberla excluido siempre al no ser como ellas—especialmente Sindel, ya que era su madre a fin de cuentas—; el samurái la consoló, contándole que también tenía un padre muy desastroso y una madre demasiado celosa de lo que este hacía o no, trayéndole muchísimos problemas y un divorcio cuanto menos, escandaloso.

Mientras Mileena y Andrae dialogaban, Baraka escuchaba todo en silencio, viendo en ellos un reflejo que él no tuvo: una mala familia. Si bien fue abandonado por Drahmin para ser protegido de Argus, el tarkatano tuvo buenos padres adoptivos y un mal hermano menor; luego, analizó a su pareja, una mujer bastante bella para los estándares tarkatanos y bastante amigable, a diferencia de la gran mayoría de las mujeres de su especie, características por ser mucho más hostiles que los hombres de "su" especie.

Repentinamente, Andrae aclaró que debía retirarse, prometiendo volver rápidamente, sin saber lo que ocurriría después.

Al irse Andrae, Baraka, Mileena y D'Vorah se quedaron allí, alertas ante lo mencionado por la mujer kritiin, quien explicó por qué el samurái actuaba de manera tan extraña y cautelosa, contándoles acerca del chi desconocido presentido por su "amigo". Ante esto, los dos la observaron, cuestionándole los motivos de no llamarle pareja, D'Vorah comentó que Andrae no tenía problemas en aceptarlo, pero temía alguna mala reacción de la diosa Amaterasu para con ella, a lo que ambos contestaron que deberían preocuparse por ello.

—Es verdad, D'Vorah, no deberías preocuparte.

Ni Baraka, Mileena o la propia D'Vorah supieron de quien era esa voz. Al dar media vuelta los tres, vieron a un extraño ser cargando una gran hoz sostenida con ambas manos, pero su apariencia era lo más extraño de todo.

El ser en cuestión tenía cabeza de toro con dos enormes y filosos cuernos, dos enormes brazos con manos inmensas y peludas, dos patas con dos pezuñas enormes cada una y una cola pequeña con vello en la punta. Sus ojos eran amarillos con pupilas negras, unos dientes bastante filosos y una nariz negra con un anillo grande color ocre colgando.

La armadura de este ser era desconocida para los tres, solo identificando el color plateado de la armadura y la guadaña en la hoz; en tanto, el mango era color marrón. La bestia miró a Mileena, embistiéndola con una violencia letal, clavándole el cuerno derecho en su torso, zamarreándola hasta que esta salió volando. D'Vorah se lanzó con sus aguijones, siendo tomados por la mano izquierda de la bestia toro, la cual se los arrancó, soltando instantáneamente su arma para darle una brutal paliza con severos puñetazos con su mano derecha a la par que la sostenía con su mano izquierda por los brazos.

D'Vorah cayó inconsciente, recibiendo una patada que la envió a volar lejos junto a Mileena, quedando solo Baraka para luchar; sacando sus cuchillas, arrojó rayos de energía de forma consecutiva, alzando su brazo la bestia para parar los ataques de manera efectiva. El ser tomó su hoz, desapareciendo de la vista del tarkatano, para aparecer tras de él; por acto instintivo, Baraka se cubrió con sus armas, siendo sus brazos cortados por el arma de su enemigo, que los pateó lejos, procediendo a tomarlo de la cabeza y estrujarla lo suficientemente fuerte para romperle los huesos de la misma con una violencia inimaginable.

Baraka comenzaba a perder el conocimiento, sin comprender que o quien era la cosa que lo atacaba y por qué lo había hecho. Él no lo conocía, pensando quizás que se trataba de un familiar de alguien asesinado por él en su oscuro pasado. Sintiendo que pagaba sus culpas, lamentaba no poder conocer a su verdadera familia y pasar algo de tiempo por ellos. Pensó en que debió haberle caso a su novia y no moverse de los yermos por el momento. Tal vez no estaría al filo de la muerte.

Perdiendo la consciencia, el toro soltó al tarkatano, tomando su hoz para cortarle la cabeza, aunque fue detenido por una bola de hielo que le congeló temporalmente la mano.

—¿Pero quién osa defender a este sucio tarkatano débil? —preguntó, golpeando el suelo para recuperar la movilidad de su mano, notando allí a algunos viejos conocidos y otros no tan conocidos—. Vaya, vaya; ¿Reptile trabajando en equipo con Ermac y Scorpion? Aunque desconozco quienes son los demás, pero no me interesa.

—¿Qué rayos eres, demonio del Inframundo? —cuestionó Scorpion, quitándose su máscara para mostrar su calavera en llamas.

—¿Ser del Inframundo? No me hagas reír, demonio; mi especie es mucho más avanzada que lo que tú como humano podrías haber hecho—espetó.

Siquiera antes de poder preguntar otra vez, los ninjas debieron esquivar una bola de agua del toro, sintiendo la sensación de haber llegado justo a tiempo para salvar a los tres guerreros moribundos. Aunque eso era lo de menos.

La bestia trató de embestir a los ninjas, fallando por poco; sin embargo, en esos segundos de reacción, logró tomar con una mano a Kia y estamparle la cabeza contra el suelo hasta dejarla inconsciente. El hombre toro tomó su hoz, arrojándola por los aires; de no ser por sus sentidos agudizados, el arma hubiese partido en dos a Reptile, quien saltó hacia un lado, notando como la hoz se clavó en un árbol cercano.

Si bien eran más, el extraño ser derrotó a Kia con muchísima facilidad, posando su vista luego en Surikizu y Jataaka, que habían quedado bastante cerca de él. Ambas sacaron sus armas tratando de clavarlas en alguna zona que pareciera sensible, aunque no lograron nada. Automáticamente, la morena invocó un poderoso chorro de fuego, dirigido al rostro de su rival, que sólo recibió el ataque, el cual no cesaba; en tanto, la asiática decidió utilizar su manejo sobre la arena para combinarlo con el fuego y formar cristales de vidrio que logren lastimar al toro, que recibió los ataques sin hacer mucho.

Por otra parte, los cinco ninjas se estaban reorganizando, comentando que este tipo no parecía ser alguien a ser tomado como un simple enemigo; Reptile y Scorpion se miraron entre sí, sabiendo lo que tenían que hacer, en tanto, el resto iría en ayuda de las damas, que estaban poniendo todo su poder para detenerlo.

Samael sacó sus nunchakus, lanzándolas en las piernas de la bestia, mientras Amur usaba bolas de energía y Kuai Liang bolas de hielo sólido que explotaban si el golpe recibido era potente. Acercándose al ser, el ninja negro trató de asestarle un puñetazo en lo que parecía ser su estómago, siendo detenido por la mano derecha de su rival, quien lo levantó hasta dejarlo a merced del ataque combinado de las mujeres, clavándole grandes porciones de vidrio en distintas partes de su piel, luego le dio una poderosa patada en dirección a las mujeres, cayendo los tres al suelo. Si bien intentaron levantarse, el "demonio" tomó a Samael y comenzó a golpearlo con las chicas, dejándolos fuera de combate a los tres luego de diez potentes impactos.

Notando que eliminó sumamente rápido a tres de sus amigos de una ráfaga, los ninjas rojo y azul trataron de usar sus armas—un hacha y una espada de hielo respectivamente—listos para dañar a su enemigo, que alzó su brazo izquierdo, llamando a su arma hacia él, llegando en segundos con su amo. El hombre toro rió, saltando hacia los ninjas e iniciando un breve pero potente choque de armas, ya que la hoz destrozó la espada de hielo de un solo golpe, clavándola en el pecho de Kuai Liang, para poner una de sus pezuñas y tirar de su arma, sacándola del pecho del ninja azul, el cual comenzó a desangrarse; viendo esto, su amigo lanzó un pequeño haz de energía para cortar la hemorragia... Leve distracción aprovechada por su enemigo, que lo tomó con sus brazos, partiendo en dos su columna al bajarlo para chocar la columna de su enemigo con un rodillazo.

Lanzando al ninja rojo por los suelos, quedando solamente el ninja amarillo y el verde, quienes estaban cargando dos bolas con mucho poder: una de fuego y otra de ácido respectivamente. Su enemigo sólo sonrió, cargando una bola de energía color púrpura en sus manos. Los tres arrojaron su ataque al mismo tiempo, provocando una violenta explosión en la zona, con una onda expansiva lo suficientemente fuerte como para enviar a volar a los inconscientes y caídos guerreros, que desconocían la identidad de su enemigo.

La onda expansiva también envió a volar a Scorpion y Reptile, quienes perdieron la consciencia luego del choque, habiendo usado toda su energía en aquel ataque. Ellos notaron que luchar no funcionaba, por ende, pensaron que el ataque combinado lo acabaría. Ambos solo pudieron rezar por dentro que los salvasen de lo que consideraban una muerte segura e inentendible.

La bestia pensó que todos —a excepción del espectro y el saurio— estaban muertos, en consecuencia, tomó su arma con la determinación de decapitarlos. Y lo hubiese logrado, de no ser por la aparición repentina de un joven samurái mucho más poderoso que el resto.

Andrae no sólo estaba allí, sino que sacó al resto de allí mientras el hombre toro luchaba con los cuatro ninjas restantes. Ganando tiempo, Kia y D'Vorah lograron reaccionar y Andrae les indicó que saquen a los cuatro aliados caídos; si bien la bestia trató de evitarlo en repetidas ocasiones, el humano usaba su velocidad para bloquear los ataques de su hoz con sus espadas.

—Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí? Veo que es el legendario samurái Savage—comentó el extraño ser, arrastrando con su mano izquierda la pesada hoz que cargaba—. O mejor dicho, Andrae.

Impresionado porque supiese su verdadero nombre, este deseó saber el de su enemigo, que sacó un hacha golpeando el suelo con dos golpes de sus pezuñas al suelo, saliendo de la tierra dicha arma con un mango de madera y un filo de lo que parecía ser un metal mucho más resistente que cualquiera del planeta del humano.

Esa extraña criatura no paraba de mirarlo con una sonrisa bastante bestia tomó su arma, mientras el samurái preguntó su nombre.

—Gozujin, el futuro monarca de este mundo y los demás de este universo—sonrió, riendo descontroladamente como si no hubiera un mañana para él—, ¿o crees tener el poder suficiente para detenerme, pequeño Andrae? Un Taushu como yo no puede ser derrotado por un simple humanucho como tú.

Andrae sabía que ese tipo no era para nada de fiar. Quitándose su armadura, el samurái gritó con mucha potencia, iniciando una mutación en su cuerpo, de dónde le creció mucho vello color negro, un prominente hocico, una cola de aproximadamente medio metro y unas orejas por encima de su cabeza.

Lanzando un aullido al cielo, solamente dijo una cosa:

—Estamos listos, Gozujin.

La sorpresa del Taushu fue bastante grande. Al parecer, lucharía contra uno de los usuarios de la Animality, notándolo por escuchar las dos voces salir del mismo ser. Entonces, la sonrisa de confianza en Gozujin se borró, cambiando a otra sonrisa, pero esta vez era una macabra, que le hizo pensar al licántropo que deseaba matarlo y probar su sangre, pero Andrae y Werewolf estaban listos para este nuevo, desconocido y aterrador enemigo.

Continuará...


Bien, terminamos por hoy. Sí, Gozujin es un OC basado en la leyenda desconocida de Gozu, el hombre vaca de la mitología japonesa. En fin, él y esta versión de Takeda aparecen en los primeros capítulos de Los Viajeros de Mundos, y allí se mostrarán sus orígenes (aunque les aseguro que diré algo del hombre toro en el capítulo siguiente) y bueno, sus motivos también se sabrán en el siguiente capítulo (a Gozujin se le suelta un poco la lengua).

Espero actualizar cuanto antes.

¡Saludos!