Capítulo 2 - Despertar

Videl despertó en un hospital, apenas podía creer que seguía con vida. Desesperada tocaba su cuerpo, que parecía completo, en busca de heridas o golpes. Recordaba demasiado bien el dolor que vino con golpe del camión, como para saber que fue real.

Agradecida de estar viva, no entendía porque no estaba mal herida, o dónde estaba. Con cuidado sacó la intravenosa de su mano y en ese momento notó que no era su mano. La piel era demasiado suave y tersa, la piel dura que había acumulado con sus diferentes trabajos ya no estaba, y en las uñas de los dedos tenía un delicado diseño de esmaltes rosas. Videl jamás había tenido la oportunidad de arreglar sus uñas y si lo hiciera no sería de rosa.

Asustada salió de la cama descalza y entró a un baño abierto al fondo de la habitación. Sus piernas temblaron cuando llegó al espejo, en el reflejo la chica de su sueño la veía a los ojos, a sus ojos.

Confundida videl se dejó caer sobre el suelo frío. Su mente daba vueltas y no dejaba de pensar sin orden.

Ella estaba en el cuerpo de la chica del sueño, lo que significaba que el accidente que vió mientras dormía había sido real. Y la voz que había escuchado probablemente pertenecia a esa chica, la voz que pedía morir.

Se suponía que esas cosas no pasaban en la vida real, ella había sido atropellada quizá habían tenido que arreglar su cara con algún tipo de cirugía, pero no era posible porque este tampoco era su cuerpo. Las piernas que asomaban bajo la bata de hospital eran demasiado delgadas, todo el cuerpo era delgado y mas pequeño que su cuerpo real. La única explicación que tenía era que había cambiado de cuerpo con la niña de su sueño ¿Se debía eso a que ambas habían sido arrolladas por un camión? O tal vez porque en el último momento había deseado con toda su alma seguir viviendo.

¿Entonces que había pasado con su cuerpo? ¿Y con la joven que deseaba morir? ¿Qué debería hacer ahora?

Pensando en todas sus dudas no iba a arreglar nada, lo único que le quedaba era esperar y... seguir el juego de esta situación tan desconcertante.

-Tres meses -dijo el doctor - Mai ha estado inconsciente por tres meses, después del accidente que tuvo en febrero. Además de las heridas menores que recibió y una muy leve hemorragia en el cerebro no presentaba daño cerebral grave. Sin embargo tampoco daba señales de que pudiera a despertar.

Sentada frente al escritorio Videl escuchaba lo que el doctor le decía a los padres de la chica un hombre calvo de baja estatura y una mujer alta de cabellera rubia.

Incrédula recordaba como se había sentido despertar de inmediato después del accidente, a diferencia de los supuestos tres meses que el doctor decía había pasado inconsciente.

-Mai dijiste que no podias recordar nada ¿Pero dónde es exactamente donde tus recuerdos desaparecen? -preguntó el doctor a Videl.

-Yo, no recuerdo nada -mintió Videl - nada acerca de mi familia, ni de mi pasado o sobre mi vida. Absolutamente nada.

A su espalda la mujer rubia no pudo contener el llanto. Y Videl sintió como si estuviera haciendo algo terrible.

-Todo indica que se trata de un caso de amnesia retrógrada bastante severa.

-No puede ser cierto, doctor Mai apenas sobrevivió al accidente y ahora... es demasiado cruel que no nos recuerde, por favor dígame que puede hacer algo -pidió el hombre, mientras su mujer lloraba.

-Lo lamento mucho, pero el porcentaje de personas que logran recuperarse de la amnesia retrógrada es muy baja. Por favor no sean impacientes con Mai deben darle tiempo y espacio es lo único que pueden hacer. Por ahora la dejaremos ir a casa después de unos chequeos y de programar futuros monitoreos.

Saliendo del consultorio a los pasillos del hospital Videl sentía que debía decir algo, pues por mas que lo intentara el hombre calvo no lograba que su mujer dejara de llorar.

-Yo...

Las palabras no querían salir de su boca pero el monosílabo había atrapado la atención de los adultos frente a ella.

-Mai cariño, habla por favor. ¿Hay algo qué quieras decirnos? -preguntó el hombre.

-Lo siento -dijo ocultando el rostro bajo el espeso flequillo negro que ahora tenía.

-¿No... no, nos recuerdas verdad? A tu padre y a mi -sollozó la mujer, Videl negó con la cabeza.

Tener a alguien que se preocupara por ella era nuevo y extraño. Y la hacía sentir culpable ya que no había ninguna manera de que llegará a recordarlos algún día.

-Esta bien Mai -el abrazo que la mujer le dió sorprendió a Videl - el solo hecho de que hayas despertado nos hace muy felices. Vamos a tomar las cosas con calma, si. Tanto tu padre como yo te queremos mucho hija.

Los sentimientos que despertaban estas personas en ella eran muy cálidos, pero no podía corresponderlos. No sabía como hacerlo pues nunca recibió un trato parecido de sus verdaderos padres. Por sobre el hombro de la mujer Videl alcanzó a ver la sonrisa calmada del hombre que decía ser su padre.

Esa tarde la dejaron salir del hospital, la mujer rubia que insistió en que la llamará mamá le llevó ropa y la ayudó a peinar su largo cabello negro. En la salida del hospital su padre las esperaba en un lujoso carro nuevo de aspecto caro. Era la primera vez que Videl se subía a un automóvil que no fuera del transporte público.

-Llegamos a casa Mai, ya puedes bajar.

Durante un segundo Videl se sintió afortunada pues la casa era una mansión enorme. Después recordó que esta no era su vida ni su casa, sino la otra en aquel barrio que conocía tan bien. En silencio siguió a la mujer de cabello corto dentro del lugar y miró con detenimiento todos los detalles de una casa de ese nivel.

-¡Marron, baja tu hermana ya esta aquí!

La llamada sorprendió a Videl, ahora también tenía una hermana.